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<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El poder de las imágenes y los riesgos de la imaginación: La imagen y el estereotipo en el primer episodio de Medea]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[During the first scene of Euripides tragedy, Medea and Creonte face each other. The encounter of these two characters indicates the opposition of two universes, which, as the tragedy develops, and after its dramatic purposes, evolves around the contrasts image / stereotype, and crátos / acráteia. This article is looking for the understanding of the remarkable significance of the barbarian character of the protagonist, in relation to the other characters, antagonists by nature, all of them Greek.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El poder de las im&aacute;genes y los riesgos de la imaginaci&oacute;n. La imagen y el estereotipo en el primer episodio de <i>Medea</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Magdalena Okhuysen Casal</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la primera escena de la tragedia de Eur&iacute;pides, se enfrentan Medea y Creonte. El encuentro de estos dos personajes indica la oposici&oacute;n de dos universos, que, en el transcurso de la tragedia y en funci&oacute;n de su prop&oacute;sito dram&aacute;tico, se desarrolla en torno a los contrastes <i>imagen</i> / <i>estereotipo</i> y <i>cr&aacute;tos</i> / <i>acr&aacute;teia.</i> El art&iacute;culo busca entender la significaci&oacute;n relevante del car&aacute;cter b&aacute;rbaro que se atribuye a la protagonista, en relaci&oacute;n con los otros personajes, antagonistas por origen, todos ellos helenos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> tragedia, Eur&iacute;pides, Medea, imagen, estereotipo, b&aacute;rbaro.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">During the first scene of Euripides tragedy, Medea and Creonte face each other. The encounter of these two characters indicates the opposition of two universes, which, as the tragedy develops, and after its dramatic purposes, evolves around the contrasts <i>image / stereotype,</i> and <i>cr&aacute;tos / acr&aacute;teia.</i> This article is looking for the understanding of the remarkable significance of the barbarian character of the protagonist, in relation to the other characters, antagonists by nature, all of them Greek.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Qu&eacute; es lo m&aacute;s vivo de <i>Medea?</i> Sin duda, el misterioso poder con que Eur&iacute;pides hace gravitar todo alrededor de su personaje. Esto convierte a <i>Medea</i> en una obra muy compleja, donde la estructura se condensa, de principio a fin, en torno a la protagonista, de tal manera que la reflexi&oacute;n sobre cualquiera de sus aspectos nos lleva de una escena a otra, como en una espiral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera dificultad de <i>Medea</i> consiste en explicar su naturaleza tr&aacute;gica. La s&iacute;ntesis m&aacute;s escueta de esta tragedia nos dir&iacute;a: Medea, despu&eacute;s de haber traicionado violentamente su casa y su patria entera y de haber renunciado a todo su universo por amor a Jas&oacute;n, se encuentra en Corinto, atormentada por la sinraz&oacute;n de la boda de su marido con la hija del rey de esa tierra. Antes de estar siquiera en disposici&oacute;n para asimilar su infortunio, se presenta ante ella Creonte, el rey, para ordenar su inmediato destierro; sin embargo, ella consigue un d&iacute;a de plazo porque, antes de dejar Corinto, tiene que vengarse de toda aquella afrenta (aunque busca y encuentra, por supuesto, otro pretexto). En medio de una compleja convulsi&oacute;n emocional (intercambios nada amables con el rey y con Jas&oacute;n) y de situaciones del todo inesperadas (aparece de repente Egeo para brindarle en Atenas el refugio que necesita), Medea va definiendo los trazos de su venganza, con el prop&oacute;sito de ocasionar el mayor sufrimiento posible para Jas&oacute;n. As&iacute;, el plan definitivo consiste en matar a la novia y a Creonte con poderos&iacute;simos venenos, y luego a sus propios hijos, con una espada. Y as&iacute; sucede; la tragedia consiste en ver <i>c&oacute;mo</i> se concreta el plan que las palabras de Medea perfilan. Pero ah&iacute; no terminar&aacute; todo: quiz&aacute; como parte del plan de Medea, y, sin duda, como parte del plan de Eur&iacute;pides, al final la veremos suspendida en el aire, la famosa Medea <i>ex machina,</i> dispuesta todav&iacute;a a celebrar su victoria sobre Jas&oacute;n con palabras airadas, casi aladas, salvo porque pesar&aacute;n para siempre sobre &eacute;l.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es v&aacute;lido preguntarse si podemos definir este argumento como propiamente tr&aacute;gico; es, sin duda, terrible, &iquest;pero tr&aacute;gico? La obra presenta un final muy inesperado y pone un intenso acento sobre el derrumbe de la figura de Jas&oacute;n; por ello, hay que reflexionar, a partir del t&iacute;tulo mismo de la tragedia, <i>Medea,</i> sobre la peculiaridad de este 'nuevo modelo' de h&eacute;roe.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el desarrollo de la situaci&oacute;n dram&aacute;tica, se subvierten ciertas l&iacute;neas del g&eacute;nero, bastante curiosas: Jas&oacute;n no s&oacute;lo desciende de la proyecci&oacute;n heroica transmitida por el mito, sino que representa a un hombre incluso mediocre, dominado por una ambici&oacute;n y un oportunismo demasiado ordinarios.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Agreguemos a esto su contrastante opacidad respecto de la resplandeciente figura de Medea,<sup><a href="#notas">3</a></sup> a quien asiste en todo momento una fuerza de car&aacute;cter y una aguda lucidez con la que parece conducir los hilos de la construcci&oacute;n tr&aacute;gica, y tendremos como resultado una suspensi&oacute;n de los criterios de valor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consideremos tambi&eacute;n la venganza, abiertamente reducida al absurdo con la parte filicida del plan, y acentuada en sus horrores por los tintes de nota roja del relato con que un mensajero describe la muerte de los soberanos. Esta venganza se consuma, adem&aacute;s, de manera perfecta: una perfecci&oacute;n siniestra, pero con pleno sentido: Medea culmina su triunfo en la hip&eacute;rbole del efecto apote&oacute;sico que genera la escena del &eacute;xodo, donde aparece en lo m&aacute;s elevado del &eacute;ter,<sup><a href="#notas">4</a></sup> en <i>un camino que no es para los mortales.<sup><a href="#notas">5</a></sup></i> Esta mujer, capaz de maquinar y consumar una venganza de tal naturaleza, y de abandonar el escenario impunemente despu&eacute;s de haberla consumado, es la protagonista de esta tragedia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eur&iacute;pides muestra las variaciones impredecibles de la voluntad de este personaje, que responden a la incesante variaci&oacute;n de las circunstancias que se le presentan, y nos enfrenta, a lo largo de toda la obra, con los m&aacute;rgenes difusos de la imagen de Medea. Con este procedimiento, el dramaturgo da a Medea una intensa dimensi&oacute;n de singularidad, y destaca su figura, indudablemente extranjera sobre el evidente escenario heleno que la circunda. Esta dimensi&oacute;n del personaje como <i>imagen</i> es lo que propongo analizar en este ensayo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la cr&iacute;tica imagol&oacute;gica, el concepto de "imagen" se ubica dentro del marco de estudios que se centran especialmente en "las formas de la representaci&oacute;n de elementos de lo extranjero" en un texto (Pageux 1994, 101). En la obra de Eur&iacute;pides, la caracterizaci&oacute;n de Medea como extranjera est&aacute; dada desde los primeros versos, cuando el dramaturgo, en la intervenci&oacute;n de la nodriza, remite a su p&uacute;blico a ese <i>otro mundo</i> del que es originaria Medea, de manera que este aspecto de la protagonista queda se&ntilde;alado como relevante.<sup><a href="#notas">6</a></sup> Medea no s&oacute;lo es extranjera, sino "b&aacute;rbara"; el drama enfrenta a todos los personajes con las reacciones detonadas por una delicada irregularidad jur&iacute;dica que pretende suspenderle a Medea cualquier tipo de garant&iacute;a c&iacute;vica, abandon&aacute;ndola as&iacute; a la incertidumbre del destierro.<sup><a href="#notas">7</a></sup> La agudeza de esta crisis hace que el perfil del personaje sea marcado con todas las connotaciones que el adjetivo <i>b&aacute;rbaro</i> implica; sin embargo, en la obra, esa palabra m&aacute;s bien parecer&iacute;a susurrarse<sup><a href="#notas">8</a></sup> cuando se alude a los or&iacute;genes de Medea y a la anomal&iacute;a de su car&aacute;cter y costumbres. Conviene, entonces, centrarnos en las formas de representaci&oacute;n con que este personaje es incorporado a la din&aacute;mica de la puesta en escena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dado que "la imagen sigue siendo una palabra comod&iacute;n, un objeto impreciso", la cr&iacute;tica sugiere reflexionar "sobre una forma particular de la imagen: el estereotipo" (Pageux 1994, 107); de esta manera, es posible evidenciar las ideolog&iacute;as, o l&iacute;neas de supuestos, que se manifiestan cuando una colectividad recibe el impacto de elementos ajenos que confrontan las inconsistencias de su sistema, y se ve obligada a interactuar con ellos. De acuerdo con Pageux, el estereotipo "no es &uacute;nicamente el indicio de una cultura bloqueada; revela una cultura tautol&oacute;gica de la que en lo sucesivo se excluye todo enfoque cr&iacute;tico en beneficio de algunas afirmaciones de tipo esencialista, discriminatorio" (1994, 109).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre los estudiosos de <i>Medea,</i> se ha debatido lo que implica la caracterizaci&oacute;n del personaje como b&aacute;rbara y como hechicera. Una parte importante de este debate se encuentra en las p&aacute;ginas de dos acad&eacute;micos: en 1938, Denys Page present&oacute; su edici&oacute;n de <i>Medea,</i> y, por otra parte, en 1977, la revista de estudios cl&aacute;sicos de la Universidad de Yale public&oacute; un estudio de Bernard Knox titulado "The <i>Medea</i> of Euripides": el art&iacute;culo de Knox refuta la perspectiva de Page, de manera que los dos estudios presentan dos visiones del personaje completamente opuestas entre ellas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Page analiza el personaje de Medea desde una de las m&aacute;s evidentes convenciones teatrales: los clich&eacute;s o estereotipos. Re&uacute;ne para este an&aacute;lisis una serie de referencias que nos remiten a pasajes de Her&oacute;doto y Plat&oacute;n, por una parte, y de Esquilo y S&oacute;focles, por la otra, donde se contienen observaciones sobre los <i>b&aacute;rbaros</i> y sus extra&ntilde;as costumbres. Con esto, Page se&ntilde;ala que hay una idea general entre la sociedad ateniense en torno a los <i>b&aacute;rbaros,</i> y que, en los rasgos propios de los extranjeros que su p&uacute;blico (los atenienses del siglo V a.C.) puede reconocer f&aacute;cilmente, Eur&iacute;pides tiene la materia prima para construir la caracterizaci&oacute;n de su protagonista.<sup><a href="#notas">9</a></sup> Las mujeres extranjeras eran especialmente raras y se consideraban poco femeninas: las egipcias, por ejemplo, sal&iacute;an a la calle mientras los hombres se quedaban en casa a cargo de las tareas dom&eacute;sticas. Cita tambi&eacute;n los h&aacute;bitos muy peculiares de las amazonas. Y Medea, nos dice Page, encaja en estos patrones respondiendo exactamente a lo que el p&uacute;blico espera de los h&aacute;bitos de una princesa extranjera; re&uacute;ne pr&aacute;cticamente todas las caracter&iacute;sticas: es excedida en sus lamentos, se muestra r&aacute;pida a la subordinaci&oacute;n frente a las figuras de autoridad, tiene poderes m&aacute;gicos, su sorpresa frente a la traici&oacute;n de los juramentos es pueril.<sup><a href="#notas">10</a></sup> As&iacute; se considera a los <i>b&aacute;rbaros:</i> <sup><a href="#notas">11</a></sup> a partir de las invasiones persas, el estereotipo del "b&aacute;rbaro" concentra los rasgos que esos autores recogieron como propios de los "extranjeros", de los "otros".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Knox se impacienta con esta complacencia de Page,<sup><a href="#notas">12</a></sup> porque, en su opini&oacute;n, resulta superficial el analizar la obra a partir de estereotipos, siendo que en ella se encuentran problemas de la sociedad ateniense que preocupaban profundamente a su &eacute;lite intelectual. As&iacute; pues, explicar la tragedia de Eur&iacute;pides tomando los estereotipos como punto de partida, dice Knox, es un af&aacute;n tan simple como el estereotipo mismo; es un clich&eacute; que impide abordar el verdadero sentido art&iacute;stico con que Eur&iacute;pides imprime al personaje de Medea una relevancia emblem&aacute;tica de los problemas sociales de la mujer ateniense. Dar a Medea el diluido perfil del estereotipo no responde a nada que no sea una lectura aprior&iacute;stica. Este an&aacute;lisis de Page, nos dice Knox, se reduce m&aacute;s o menos a la siguiente f&oacute;rmula:<sup><a href="#notas">13</a></sup> Medea es b&aacute;rbara, por lo tanto es hechicera, y puesto que es las dos cosas, puede matar a sus hijos sin ninguna misericordia y escapar en un carro de serpientes sin sorprender a los espectadores que van al teatro a confirmar lo que ya saben y a ver solamente lo que esperan ver. El que Page explique la obra soslayando tanto sus dificultades estructurales<sup><a href="#notas">14</a></sup> como lo desconcertante de su atm&oacute;sfera, y afirme que todo estaba dictado por la tradici&oacute;n,<sup><a href="#notas">15</a></sup> o por los clich&eacute;s del teatro,<sup><a href="#notas">16</a></sup> de manera que el auditorio estaba preparado para cualquier cosa que pasara en el escenario, es quedarse en la superficie de la obra y no reconocer su relevancia como creaci&oacute;n art&iacute;stica, m&aacute;s all&aacute; de las convenciones teatrales.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Knox define dos aspectos muy    importantes de la caracterizaci&oacute;n de Medea: su firme trazo de h&eacute;roe    tr&aacute;gico y su <i>soph&iacute;a.</i> Medea, insiste Knox, no est&aacute;    caracterizada como hechicera. Es, en todo caso, <i>soph&eacute;,</i> es decir,    <i>sabia.</i> Eur&iacute;pides se cuida de no evidenciar en ella nada sobrenatural;    si fuera relevante para la obra este aspecto del personaje, se le hubiera dado    realce. En cambio, parece haber un esfuerzo notable por contener este rasgo    y, salvo en las &uacute;ltimas escenas, son pocas o vedadas las referencias    a las habilidades m&aacute;gicas de Medea.<sup><a href="#notas">17</a></sup>    Por otra parte, los aspectos que, seg&uacute;n el estudio de Page, presentan    la figura de Medea a partir del estereotipo de los excesos del car&aacute;cter    de los b&aacute;rbaros, son, para Knox, paralelos a la configuraci&oacute;n    del h&eacute;roe de las tragedias de S&oacute;focles, especialmente el ilustrado    en <i>&Aacute;yax.</i><sup><a href="#notas">18</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consideremos brevemente la relaci&oacute;n entre las ambig&uuml;edades de la protagonista y la peculiar estructura dram&aacute;tica de la <i>Medea.</i> &Eacute;sta es la primera dificultad para su an&aacute;lisis y lo que, entre otras cosas, obliga a recurrir al apelativo de <i>at&iacute;pica</i> que Knox critica.<sup><a href="#notas">19</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si el teatro tiene un rasgo distintivo, &eacute;ste es el de su naturaleza din&aacute;mica en relaci&oacute;n con la presencia de sus receptores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta din&aacute;mica combina m&uacute;ltiples detalles de m&uacute;ltiples elementos: el coro, los personajes, el escenario, la trama, el vestuario, la caracterizaci&oacute;n, la estructura esc&eacute;nica y, por supuesto, el p&uacute;blico. Sin embargo, la integraci&oacute;n del p&uacute;blico como uno m&aacute;s de los elementos del teatro da lugar a situaciones singulares en el simulacro de universo en que est&aacute; convertido el espacio teatral durante el tiempo de la obra, sobre todo si consideramos las elipsis que, con la naturalidad propia de ese espacio, definen la relaci&oacute;n escenario&#45;espectador en funci&oacute;n de una serie de supuestos que no es posible determinar con precisi&oacute;n, pero que, de alguna manera, suponemos que promueven lo que se ha llamado 'efecto est&eacute;tico'.<sup><a href="#notas">20</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, conviene analizar los estereotipos de <i>Medea</i> dentro de todas las sutilezas que se generan en el devenir de las din&aacute;micas esc&eacute;nicas, pues estos estereotipos no se explican en t&eacute;rminos de los espectadores (o de los lectores), sino en los t&eacute;rminos de la construcci&oacute;n interna del drama, de lo que cada personaje condensa y de la forma en que es percibido y reconocido como posible <i>por los otros personajes;</i> estas condiciones de verosimilitud son asimiladas por el p&uacute;blico s&oacute;lo despu&eacute;s, o al menos <i>mientras</i> se cumplen en sus recorridos de ida y vuelta hacia las gradas. A fin de cuentas, el dramaturgo genuino <i>no</i> compone su obra <i>para</i> el p&uacute;blico, como si se tratara de oyentes extra&ntilde;os a &eacute;l, sino <i>en funci&oacute;n del</i> p&uacute;blico y de su indefinible heterogeneidad, considerando que &eacute;l es uno m&aacute;s entre esos individuos que lo integran.<sup><a href="#notas">21</a></sup></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre la realidad de Eur&iacute;pides como individuo y las ficciones de su creaci&oacute;n po&eacute;tica media una intensa actividad est&eacute;tica, basada en la percepci&oacute;n de las cadenas de supuestos que tejen la complejidad de su sistema social &#151;un sistema en crisis&#151;, en gran medida ya estereotipado, asimilado y asumido a partir de sus propias definiciones. Como dramaturgo, Eur&iacute;pides condensa estos registros y los agrupa en diferentes categor&iacute;as que despu&eacute;s desglosa en la <i>puesta en escena.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, los rasgos del car&aacute;cter del <i>b&aacute;rbaro</i> contenidos en los pasajes de Her&oacute;doto o de Plat&oacute;n no son los elementos que conforman el car&aacute;cter de Medea, pues Eur&iacute;pides no hace una caracterizaci&oacute;n directa del personaje. Esos rasgos conforman m&aacute;s bien los estereotipos, es decir, los limitados marcos de referencia con que act&uacute;an los personajes antagonistas de esta obra, helenos todos ellos. Lo que en apariencia es el estereotipo de la mujer <i>b&aacute;rbara,</i> es la <i>imagen</i> de Medea; sin duda, el estereotipo (sus rasgos de barbarie) es insuficiente para la comprensi&oacute;n de su imagen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Medea es la imagen de una singularidad notable: a Eur&iacute;pides no le interesaba pintar una hechicera fant&aacute;stica asistida por el poder de Helios; a Eur&iacute;pides, como griego, le preocupaba la profunda descomposici&oacute;n de los valores de su ciudad, que se encontraba ya en claras v&iacute;speras de guerra, y la ausencia de sentido que envolv&iacute;a el discurso de la sociedad de la &eacute;poca.<sup><a href="#notas">22</a></sup> <i>Medea</i> representa la violencia con que una entidad ajena irrumpe en el espacio axiol&oacute;gico del mundo heleno, en esa aguda crisis que se detona por la suspensi&oacute;n arbitraria de sus garant&iacute;as c&iacute;vicas.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, puesto que la <i>imagen</i>    es todav&iacute;a algo muy pr&oacute;ximo a lo que Pageux califica como "una    palabra comod&iacute;n, un objeto impreciso", se puede considerar la definici&oacute;n    de <i>imaginario</i><sup><a href="#notas">23</a></sup> que da Pageux (1994,    107): "la capacidad morfopoi&eacute;tica que supone toda cultura o manifestaci&oacute;n    cultural", y contrastarla con esta caracter&iacute;stica del estereotipo (Pageux    1994, 109): "el estereotipo no estar&iacute;a del lado mitopoi&eacute;tico sino    del lado mitag&oacute;gico (componentes enajenantes o irracionales)".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eur&iacute;pides, como artista tr&aacute;gico, conforma un universo fictional a partir de la fluctuaci&oacute;n constante que transmite el mito a trav&eacute;s de sus <i>im&aacute;genes,</i> y no se sustrae a la din&aacute;mica de significaci&oacute;n que reporta la 'imprecisi&oacute;n' de una imagen como la de Medea. As&iacute;, este personaje conserva la cualidad de fluctuaci&oacute;n, y todo el movimiento dram&aacute;tico se vincula a la din&aacute;mica que engendra la falta de definici&oacute;n de esa imagen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dem&aacute;s personajes podr&iacute;an considerarse como estereotipos de la sociedad ateniense: &eacute;stos ser&iacute;an la figura del rey, la del pol&iacute;tico ambicioso, representado por Jas&oacute;n, y la del coro, que representa al conjunto de la sociedad, enfrentada, con enorme relevancia para el sentido de la obra, a situaciones in&eacute;ditas.<sup><a href="#notas">24</a></sup> Estos personajes se oponen a Medea, y la dificultad que ella les presenta los obliga a traducirla en estereotipo, esto es, a asimilar, en una f&oacute;rmula de familiaridad, esa imagen ajena que los desconcierta.<sup><a href="#notas">25</a></sup> Medea, por su parte, sabe que la incomprensi&oacute;n de los otros la reduce a un p&aacute;lido reflejo saturado de inconsistencias, y encuentra en ello la naturaleza de su poder.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sentido tr&aacute;gico de <i>Medea</i> radica en reconocer que las pasiones pueden ser m&aacute;s fuertes que la raz&oacute;n, esto es, en reconocer la sutileza del poder asociado a la <i>acracia,</i> la falta del propio dominio. En el universo de esta tragedia, la <i>acracia,</i> m&aacute;s que un estado privativo del <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i13.jpg"> (la fuerza, el dominio), es el impulso de un nuevo poder, una manifestaci&oacute;n de la libertad: Medea elige su acci&oacute;n y el filicidio es un acto efectuado en la plenitud de facultades de su voluntad.<sup><a href="#notas">26</a></sup> Que la naturaleza de la <i>acracia</i> est&eacute; asociada a su vez a aspectos muy oscuros, a motores irracionales de la naturaleza humana, es innegable: lo vemos recogido en los temores expuestos por Creonte.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando Creonte llega a buscar a Medea para comunicarle su inmediato destierro, ya ha o&iacute;do hablar de ella; seg&uacute;n &eacute;l mismo dice, le llegan rumores y relatos. N&oacute;tese la construcci&oacute;n impersonal: <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i14.jpg"> (287), 'me han dicho', o 'me informan' (pues los reyes tienen informantes). Lo que le han informado son los planes de venganza de Medea, en forma m&aacute;s bien vaga: "oigo decir que amenazas con hacer algo contra el padre que ha concedido en matrimonio a su hija, contra el esposo y la esposa" (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i15.jpg">... 287&#45;289).<sup><a href="#notas">27</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el principio, Creonte confiesa abiertamente sentirse atemorizado, y le aclara a Medea: "muchos motivos contribuyen a mi temor; eres sabia y experta en muchos maleficios" (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i16.jpg"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i17.jpg">..., 284&#45;285). El temor de Creonte se expresa en forma reiterada, casi compulsivamente, como si su miedo lo envolviera: "Temo que t&uacute;..." (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i18.jpg">, 282); "este temor..." (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i19.jpg">, 284), "temo que maquines algo malo..." (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i20.jpg">, 317). Es notable que Creonte se presente con estos motivos para desterrar a Medea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ella responder&aacute; con un breve discurso (292&#45;315) que se refiere, b&aacute;sicamente, a las dificultades que le ha acarreado su fama de mujer sabia:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iexcl;Ay, ay! No es ahora      la primera vez, sino que ya me ha ocurrido con frecuencia, Creonte, que me      ha da&ntilde;ado mi fama y procurado grandes males. Nunca hombre alguno, dotado      de buen juicio, debe hacer instruir a sus hijos para ser demasiado <i>sabios,</i>      pues, aparte de ser tachados de holgazaner&iacute;a, se ganar&aacute;n la      <u>envidia</u> hostil de sus conciudadanos. Y, si ense&ntilde;as a los ignorantes      nueva <i>sabidur&iacute;a,</i> pasar&aacute;s por <u>in&uacute;til</u>, no      por un <i>sabio.</i> Si, por el contrario, eres considerado superior a los      que pasan por poseer conocimientos variados, parecer&aacute;s a la ciudad      persona <u>molesta</u>. Yo misma participo de esta suerte, ya que, al ser      <i>sabia,</i> soy <u>odiosa</u> para unos; para otros, <u>indolente</u>; para      otros, de temperamento contrario, y, para otros, <u>hostil</u>. Y, la verdad,      no soy lo bastante sabia. Como quiera que sea, <i>t&uacute; tienes miedo</i>      de que yo te proporcione alg&uacute;n da&ntilde;o. <i>No tiembles ante m&iacute;,</i>      Creonte, no estoy en condiciones de cometer un error contra el tirano. Y adem&aacute;s,      &iquest;en qu&eacute; me has ofendido t&uacute;? <i>Diste a tu hija a quien      te plac&iacute;a.</i> A mi esposo es a quien odio, pero t&uacute;, as&iacute;      lo creo, <i>has obrado con sensatez.</i> No siento envidia ahora de que todo      te salga bien. Celebrad la boda, <i>que os acompa&ntilde;e la felicidad,</i>      pero <i>permitidme habitar esta tierra. Mantendr&eacute; en silencio</i> la      injusticia recibida, pues <i>he sido vencida</i> por quienes son <i>m&aacute;s      poderosos.</i><sup><a href="#notas">28</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En sus palabras no s&oacute;lo est&aacute; contenido el lamento por los males que le ha reportado su fama. El discurso provoca una curiosa reacci&oacute;n en Creonte, sobre todo si nos detenemos en su respuesta inmediata: "dices cosas dulces de o&iacute;r" (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i21.jpg">..., 316), a lo que agrega enseguida: "pero me da miedo que maquines algo malo, y por eso ahora me f&iacute;o menos de ti, pues de una mujer de &aacute;nimo irritado, lo mismo que de un hombre, es m&aacute;s f&aacute;cil guardarse que de un sabio silencioso" (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i22.jpg"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i23.jpg"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i24.jpg">, 317&#45;320).</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es ocioso preguntarse qu&eacute;    es lo que Creonte oy&oacute; casi fugazmente. En los 24 versos del discurso    de Medea se aprecia una diferencia de tonos que permite dividirlo en dos partes.    En la construcci&oacute;n de la primera parte de este discurso (versos 292&#45;305),    hay un eje marcado claramente por los t&eacute;rminos <i>soph&iacute;a&#45;soph&oacute;s.</i><sup><a href="#notas">29</a></sup>    En torno a este eje se relaciona una serie de t&eacute;rminos de car&aacute;cter    peyorativo que denuncian, seg&uacute;n lo entiende Medea, el verdadero valor    que el hombre com&uacute;n concede a la <i>sabidur&iacute;a,</i> as&iacute;    como la forma en que es vista una persona <i>sabia: phthonos,</i> envidia (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i26.jpg">,    297); <i>achreios,</i> in&uacute;til (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i27.jpg">, 299); <i>lypr&oacute;s,</i>    molesto (&#955;&#965;&#960;&#961;&ograve;&#962;, 301), odioso; <i>ep&iacute;phthonos</i> (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i28.jpg">,    303); <i>hesychaios,</i> indolente (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i29.jpg">, 304); <i>prosantes,</i>    hostil (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i30.jpg">, 305).</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda parte del discurso    (306&#45;315) es lo que a Creonte le parece "agradable de o&iacute;r". Podemos    suponer que Creonte coincide, al menos en parte, con algo de lo que dice Medea.    Lo &uacute;ltimo que Creonte escucha, lo que todav&iacute;a est&aacute; resonando    en sus o&iacute;dos cuando cesan las palabras, es que Medea <i>ha sido vencida</i>    y que &eacute;l es <i>el m&aacute;s poderoso</i> (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i31.jpg">,    315); claro, &eacute;l es el rey. Eso es grato de o&iacute;r (y eso es lo que    oye, a pesar de la fuerte carga de iron&iacute;a de esas palabras).<sup><a href="#notas">30</a></sup>    Un poco antes ha escuchado que esa mujer le pide, asegurando <i>mantenerse en    silencio</i> (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i32.jpg">, 314&#45;315), <i>quedarse en su    reino</i> (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i33.jpg">, 313&#45;314); tambi&eacute;n ha escuchado    que <i>le desea buena fortuna</i> (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i34.jpg">, 313); que <i>le    parece que act&uacute;a prudentemente</i> (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i35.jpg">, 311&#45;312),    pues <i>ha casado a su hija con quien le ha parecido mejor</i> (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i36.jpg">,    309&#45;310). Sin embargo, lo ha llamado <i>tirano</i> (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i37.jpg">,    308),<sup><a href="#notas">31</a></sup> y ha dicho tambi&eacute;n: <i>t&uacute;    tienes miedo... no tiembles ante m&iacute;, Creonte</i> (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i38.jpg">,    306 y <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i39.jpg">, 307). Sin embargo, estas palabras est&aacute;n    ya lejos de lo &uacute;ltimo que Creonte ha escuchado, y, sin duda, no es &eacute;ste  &eacute;l responde: "dices cosas dulces de o&iacute;r".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Cu&aacute;nto tiempo le habr&aacute; llevado a Creonte tomar aliento para articular sus palabras? Su respuesta no deb&iacute;a demorar; los reyes no titubean. Sin embargo, aunque quiz&aacute; le haya quedado oscuro, Creonte reconoce que lo que Medea dijo al principio de su discurso, sobre el verdadero valor que el hombre com&uacute;n concede a la sabidur&iacute;a, sobre las incomodidades que provoca a la ciudad una persona sabia, est&aacute; formado de la misma materia que el miedo que le provoca esa mujer extra&ntilde;a. Por ello, el rey reitera su temor y desconfianza hacia Medea, esa mujer "sabia y experta en muchos maleficios", en un parlamento que constituye un discurso vac&iacute;o, lleno de frases hechas (versos 324&#45;340), entre las que destaca la de su amor de padre: "nada, salvo mis hijos, me es m&aacute;s querido &#91;que la patria&#93;" (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i40.jpg">, 329). En ese discurso, Medea encuentra ocasi&oacute;n y recursos para pedir la gracia de un aplazamiento de su destierro:</font></p>      <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">D&eacute;jame permanecer un solo d&iacute;a y pensar de qu&eacute; modo me encaminar&eacute; al destierro, y encontrar recursos para mis ni&ntilde;os, ya que su padre no se digna ocuparse de sus hijos. &iexcl;Compad&eacute;cete de ellos! T&uacute; tambi&eacute;n eres padre, y es natural que tengas benevolencia. No me preocupa si yo soy desterrada, pero lloro por aqu&eacute;llos y por su infortunio.<sup><a href="#notas">32</a></sup></font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, Medea se ajusta a las circunstancias generadas por el curso de la acci&oacute;n dram&aacute;tica, y transforma el destierro inmediato en un d&iacute;a de plazo. Creonte, aunque permanece r&iacute;gido y dominado por su miedo, concede el d&iacute;a de plazo, incluso viendo y sintiendo el error que comete:</font></p>  	    <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La naturaleza de mi voluntad no es la de un tirano y sentir compasi&oacute;n muchas veces me ha sido perjudicial. Ahora veo que me equivoco, mujer... <sup><a href="#notas">33</a></sup></font></p>  	</blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El rey sale de escena movido por los mismos impulsos que lo llevaron hasta ah&iacute;; es posible que imagine que los "maleficios" de que Medea es capaz son tan elaborados que no puede tener tiempo para ejecutarlos en un solo d&iacute;a: "si has de quedarte, qu&eacute;date por un d&iacute;a, pues nada peligroso har&aacute;s en &eacute;l de esas cosas que temo" (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i42.jpg">, 355&#45;356).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La concesi&oacute;n de ese d&iacute;a de plazo es fundamental para la construcci&oacute;n po&eacute;tica de esta tragedia. El rey Creonte ha ca&iacute;do en la trampa, aunque tal vez sea m&aacute;s preciso decir que fue &eacute;l mismo quien se enred&oacute; en la red que su propia imaginaci&oacute;n hab&iacute;a construido alrededor de la imagen de Medea. Todos los elementos que construyen esa red se encuentran en la progresi&oacute;n de la escena y, a medida que la situaci&oacute;n se extiende, Creonte se reafirma en sus prejuicios. La capacidad de su imaginaci&oacute;n se ha visto rebasada por el flujo de esa imagen desconocida que tiene delante, y el tejido de la red se cierra sobre &eacute;l.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un aspecto relevante del car&aacute;cter de Creonte es su simpleza, y la simpleza con la que entiende el poder: es un rey que no quiere ser tirano, sino un buen rey, justo, prudente y dotado de todas las cualidades que deben tener los reyes buenos. Es, adem&aacute;s, seg&uacute;n &eacute;l mismo dice, un padre amoroso; tambi&eacute;n es demasiado compasivo, y eso le ha reportado m&aacute;s males que bienes, pero los reyes buenos deben ser compasivos, a pesar del costo, que en parte se compensa con el poder que los distingue.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, Creonte es, sobre todo, temeroso.<sup><a href="#notas">34</a></sup> Este aspecto del personaje define su naturaleza; en esta escena, su &aacute;nimo est&aacute; dominado por una confusi&oacute;n que le resultar&iacute;a imposible aclarar con la rapidez requerida por las circunstancias, pues est&aacute; motivada por el miedo <i>(ph&oacute;bos),</i> una fuerza muy compleja que lo impulsa a avanzar y a retroceder al mismo tiempo. Aunque sabe que tiene miedo, pues lo repite una y otra vez, no sabe por qu&eacute;, y no tiene ni inter&eacute;s ni tiempo para averiguarlo; por una parte, las palabras que emplea para hablar de ese miedo son imprecisas; est&aacute;n marcadas por la indefinici&oacute;n; por la otra, tiene una prisa urgente por regresar a su palacio y olvidar toda la escena lo m&aacute;s pronto posible: "si has de quedarte, qu&eacute;date por un d&iacute;a... " Es, adem&aacute;s, demasiado convencional; necesita del consenso para sentirse seguro, as&iacute; que apela a todos los valores sociales en su forma m&aacute;s simple; por ello es sentencioso. Y parece creer que su poder es suficiente para contener esa sensaci&oacute;n tan rara que lo estremece y que lo hace declarar imprudencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La salida de Creonte cierra la primera escena del primer episodio. Mucho despu&eacute;s, en el quinto episodio, el mensajero relatar&aacute; los detalles de la muerte de la princesa y de la del rey. A partir de este anuncio, el caos se precipita sobre el escenario: con la muerte de los soberanos vemos desmoronarse la casa real, el s&iacute;mbolo de la c&uacute;spide social. El origen de este derrumbe es el error de Creonte; un peque&ntilde;o error de c&aacute;lculo, solamente; &iquest;qu&eacute; puede pasar en un d&iacute;a? Pero el plazo concedido fue suficiente para hacer realidad los peores temores del rey.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volvamos al sentido tr&aacute;gico de <i>Medea,</i> al poder que radica en la <i>acracia.</i> Las situaciones esc&eacute;nicas presentan un marcado contraste entre <i>cratos</i> y <i>acracia.</i> La acracia se asocia, sobre todo, al personaje tr&aacute;gico, pero no es Medea sola quien provoca los acontecimientos, ni la acracia es un aspecto que le corresponda exclusivamente, aunque en ella se desborde.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consideremos a Creonte, exponente de un poder especial, puesto que es un rey. En esta primera escena, se manifiesta que el rey tiene un poder superficial, pues s&oacute;lo responde al atributo que autom&aacute;ticamente le otorga el t&iacute;tulo de 'el rey'; consiste solamente en la ilusi&oacute;n de una palabra, y conforme progresa la escena, la ilusi&oacute;n se desvanece. Los reyes deben ser fuertes, poderosos, justos, y tambi&eacute;n compasivos, prudentes y sabios. Adem&aacute;s, parte de la fuerza de un rey debe estar en la seguridad de decidir lo justo y lo pertinente, y, con esa convicci&oacute;n, ejecutarlo. En el encuentro con Medea, Creonte descubre que no es verdaderamente poderoso y se retira consciente de su derrota; su orden era: "he dispuesto que vayas fuera de esta tierra... , y que no te demores, que yo soy &aacute;rbitro de este decreto y no regresar&eacute; al palacio sin haberte expulsado de los l&iacute;mites de esta tierra" (versos 272&#45;6).<sup><a href="#notas">35</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, Creonte ni siquiera duda de si estar&aacute; procediendo o no con justicia; sabe que procede injustamente. No se trata de que la boda de Jas&oacute;n con su hija provoque en Medea ese dolor que las mujeres b&aacute;rbaras experimentan inmoderada y peligrosamente cuando una flecha hiere su coraz&oacute;n y lo inunda con la frustraci&oacute;n del amor; lo importante es que esa boda suspende el compromiso jur&iacute;dico garantizado por el juramento de matrimonio que el mismo Jas&oacute;n le hab&iacute;a dado a Medea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; pues, Creonte enfrenta una situaci&oacute;n dif&iacute;cil, porque quiere ignorar lo que de una u otra forma sabe; el impulso de lo que quiere, de lo que le gustar&iacute;a ser, es m&aacute;s fuerte y m&aacute;s atractivo que la evidencia que se lo refuta. A la pregunta de Medea: "&iquest;por qu&eacute; motivo me destierras, Creonte?" (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i45.jpg">; 281), &eacute;l responde: "no hay por qu&eacute; alegar pretextos..." (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i46.jpg">, 282); literalmente: "no es necesario dar rodeos a las palabras". Aun as&iacute;, Creonte da un enorme rodeo a la situaci&oacute;n impl&iacute;cita en esta escena mientras expone todos sus temores, y sit&uacute;a los peligros asociados al abuso del poder en la figura estereotipada de la la tiran&iacute;a, propia de la barbarie. Cuando dice: "la naturaleza de mi voluntad no es la de un <i>tirano</i> y <i>sentir compasi&oacute;n</i> muchas veces me ha sido perjudicial", opone y anula las dos afirmaciones. A esto, a&ntilde;ade inmediatamente: "pero te advierto que si la pr&oacute;xima luz del sol te ve a ti y a tus hijos dentro de los confines de esta tierra, morir&aacute;s" (<img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i47.jpg"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i48.jpg">, 351&#45;354). Parece que no ha concedido el plazo de un d&iacute;a por ser compasivo, sino s&oacute;lo para dar la apariencia de magnanimidad; el verdadero motivo de su falsa compasi&oacute;n es el mismo que tiene para desterrarla: le tiene miedo; imagina que es due&ntilde;a de un poder especial que &eacute;l desconoce, que es capaz de muchos maleficios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a Medea, la conciencia de las inconsistencias del discurso de sus enemigos (el del rey, el de Jas&oacute;n y el de la princesa, que recibe los regalos que Medea le env&iacute;a) le permite prever, en cada caso, el curso de los acontecimientos; esta conciencia, muy &aacute;spera en verdad, le da el poder con que se impone sobre el resto de los personajes y le garantiza margen amplio a su d&iacute;a de plazo. Medea se conoce; frente a ella misma, sabe que est&aacute; fuera de s&iacute;, pero no la ata el af&aacute;n por las apariencias. Las mujeres del coro le han dicho que lo piense bien, que no mate a sus hijos, porque el sufrimiento es incalculable; ella responde: "Bien comprendo qu&eacute; clase de males voy a cometer, pero es m&aacute;s poderosa mi pasi&oacute;n que mis razonamientos: es causa de los mayores males para los hombres" (vv. 1078&#45;1080).<sup><a href="#notas">36</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El poder de Medea es, por supuesto, un poder aberrante, y, m&aacute;s que poder, se trata de una intensa fuerza que no se mantiene en equilibrio; s&oacute;lo que ella lo sabe siempre y no le importa. De hecho, la tragedia ilustra los amargos sinsabores de su derrota, una derrota que se distorsiona con la ilusi&oacute;n del triunfo, una ilusi&oacute;n que nos hace percibir a la protagonista como due&ntilde;a de las circunstancias. Desde el principio, Medea reconoce que no es lo bastante sabia; quiz&aacute; por esto, su prioridad es evitar que se burlen de ella y, al final, se impone al agravio. Esta ilusi&oacute;n de poder nos hace percibir a la protagonista como due&ntilde;a de las circunstancias, pero el poder que vemos desbordarse en la tragedia, resultado de que la pasi&oacute;n sea m&aacute;s fuerte que la raz&oacute;n, lleva al caos: la acracia se apodera completamente de Medea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al final de Medea, en medio del desolador escenario, una de las situaciones que le ha valido a Eur&iacute;pides el t&iacute;tulo de 'el m&aacute;s tr&aacute;gico de los poetas', encontramos un &uacute;nico saldo favorable, suficiente, sin duda, para compensar el resto. Despu&eacute;s del magnicidio, del filicidio y de todo el estupor que abruma a Jas&oacute;n hasta el paroxismo, Medea se va; hasta es impreciso decir que escapa, pues no tiene que hacer ning&uacute;n esfuerzo, nadie en ning&uacute;n momento est&aacute; a punto de darle alcance: Helios, su abuelo, le ha enviado su carro, un recurso divino. Este final nos confronta con la hip&eacute;rbole del absurdo; mediados por la conciencia de esta hip&eacute;rbole, junto con todas sus condiciones, es posible reintegrar lo absurdo a una dimensi&oacute;n m&aacute;s amplia. El universo de Medea est&aacute; dotado de los motores de la libertad, aunque a veces la libertad resulte muy &aacute;spera y se presente bajo la forma indeseable de la acracia. A partir de la comprensi&oacute;n multidimensional de la imagen, el sentimiento tr&aacute;gico de Eur&iacute;pides acepta, sin optimismo, que la libertad, bajo cualquiera de sus formas, est&aacute; plenamente al servicio del movimiento, del flujo constante que se manifiesta como inevitable.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ediciones</font></p>  	     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DIGGLE, J., <i>Euripidis Fabulae,</i>    I&#45;II, Oxford, Oxford University Press, 1981&#45;1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215063&pid=S0185-3082200800010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ELLIOTT, A., <i>Euripides' Medea,</i> Oxford, Oxford University Press, 1969.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215065&pid=S0185-3082200800010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">HEADLAM , C. E. S., <i>The Medea of Euripides,</i> Cambridge, Cambridge University Press, 1897.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215067&pid=S0185-3082200800010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&Eacute;RIDIER, L., <i>Euripide,</i>    Paris, Les Belles Lettres, 1923.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215069&pid=S0185-3082200800010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MURRAY, G., <i>Euripidis Fabulae,</i>    I&#45;III, Oxford, Clarendon Press, 1902&#45;1909.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215071&pid=S0185-3082200800010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PAGE, D. L., <i>Euripides' "Medea",</i> Oxford, Oxford University Press, 1938.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215073&pid=S0185-3082200800010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SESTILI, A., <i>La Medea di Euripide,</i>    Torino, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215075&pid=S0185-3082200800010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estudios</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ARIST&Oacute;TELES, <i>Po&eacute;tica,</i> Gredos, Madrid, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215079&pid=S0185-3082200800010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">ARNOTT, P. D., <i>Public and Performance in the Greek Theatre,</i> London and N. Y., 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215081&pid=S0185-3082200800010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; , <i>An Introduction to the Greek Theatre,</i> Macmillan Press, London and Basingstoke, 1a. ed. 1959; reimpr. 1978.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215083&pid=S0185-3082200800010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BURNETT, P., "Medea and the Tragedy of Revenge", <i>Classical Philology</i> 68 (1973); pp. 1&#45;24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215085&pid=S0185-3082200800010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">BUTTREY, T. V., "Accident and Design in Euripides' <i>Medea", American Journal of Philology</i> 79 (1958); pp. 1&#45;17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215087&pid=S0185-3082200800010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">COLLINGE, M., "Medea ex machina", <i>Classical Philology</i> 57 (1962); pp. 170&#45;172.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215089&pid=S0185-3082200800010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CONACHER, D. J., <i>Euripidean Drama: Myth, Theme and Structure,</i> Toronto, 1967.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215091&pid=S0185-3082200800010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Rhetoric and Relevance in Euripidean Drama", <i>American</i> <i>Journal of Philology</i> 102 (1981); pp. 3&#45;25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215093&pid=S0185-3082200800010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">CUNNINGHAM, M. P., "Medea &#945;&#960;&#959; &#956;&#951;&#967;&#945;&#957;&#951;&#962;", <i>Classical    Philology</i> 49 (1954); pp. 151&#45;160.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215095&pid=S0185-3082200800010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">DI BENEDETTO, V., <i>Euripide: Teatro e Societ&aacute;,</i> Einaudi, Torino, 1992.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215097&pid=S0185-3082200800010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Il tragico fra sofferenza e consapevolezza", en Euripide, <i>Medea;</i> introduzione e premessa al testo, tr. Ester Cerbo; Biblioteca Universale Rizzoli, Milano, 1997; pp. 5&#45;82.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215099&pid=S0185-3082200800010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">EASTERLING, P. E., <i>The Cambridge Companion to Greek Tragedy,</i> Cambridge University Press, Cambridge, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215101&pid=S0185-3082200800010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FLORY, S., "Medea's Right Hand: Promises and Revenge", <i>Transactions of the American Philological Association</i> 108, 1978; pp. 70&#45;171.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215103&pid=S0185-3082200800010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">FOLEY, H. P., "Medea's Divided Self", <i>Classical Antiquity</i> 8 (1989); pp. 61&#45;85.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215105&pid=S0185-3082200800010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "The Conception of Women in Athenian Drama", <i>Reflections of Women in Antiquity,</i> N.Y., London, Paris, 1981; pp. 127&#45;168.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215107&pid=S0185-3082200800010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GALEOTTI, D., "Problemi testuali e azione scenica in <i>Medea</i> 1019&#150;1080", <i>Hermes</i> 119 (1991); pp. 294&#45;303.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215109&pid=S0185-3082200800010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">GUTHRIE, W., <i>Historia de la filosof&iacute;a griega,</i> Gredos, Madrid, 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215111&pid=S0185-3082200800010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KITTO, H. D. F., <i>Greek Tragedy,</i> London, 1961.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215113&pid=S0185-3082200800010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">KNOX, B. M. W., "The <i>Medea</i> of Euripides", <i>Yale Classical Studies</i> 25 (1977); pp. 193&#45;225.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215115&pid=S0185-3082200800010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MARCH, J., "Euripides the misogynist?", en <i>Euripides, Women and Sexuality,</i> editado por A. Powell, Routledge, London, 1990; pp. 32&#45;75.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215117&pid=S0185-3082200800010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MCDERMOTT, E. A., <i>Euripides' Medea: The Incarnation of Disorder,</i> University Park, London, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215119&pid=S0185-3082200800010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, "Medea, line 37: a note", <i>American Journal of Philology</i> 108 (1987); pp. 158&#45;161.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215121&pid=S0185-3082200800010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MILLS, S. M., "The sorrows of Medea", <i>Classical Philology</i> 75, 1980, pp. 214&#45;265.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215123&pid=S0185-3082200800010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MERIDOR, R., "Euripides, <i>Medea</i> 639", <i>Classical Quarterly</i> 36.1 (1986), pp. 95&#45;100.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215125&pid=S0185-3082200800010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">MICHELINI, A. N., "Neophron and Euripides' <i>Medeia</i> 1056&#45;80", <i>Transactions of the American Philological Association</i> 119 (1989) ; pp. 115&#45;138.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215127&pid=S0185-3082200800010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NEWTON, R., "Ino in Euripides' <i>Medea", American Journal of Philology</i> 106 (1985); pp. 496&#45;502.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215129&pid=S0185-3082200800010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; , "Medea's Passionate Poison", <i>Syllekta Class</i> (Iowa) 1 (1989); pp. 13&#45;20.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215131&pid=S0185-3082200800010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">NETZSCHE, F., <i>El nacimiento de la tragedia,</i> Alianza, Madrid, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215133&pid=S0185-3082200800010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OLSON, S. D., "Euripides' Medea 926&#45;31", <i>Classical Quarterly</i> 38 (1988); pp. 324&#45;327.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215135&pid=S0185-3082200800010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PAGEUX, D., "De la imaginer&iacute;a cultural al imaginario", en <i>Compendio de literatura comparada,</i> Siglo XXI, M&eacute;xico, 1994; pp. 101&#45;131.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215137&pid=S0185-3082200800010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">PUCCI, P., <i>The Violence of    Pity in Euripides' Medea,</i> Cornell University Press, Ithaca, 1980.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215139&pid=S0185-3082200800010000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">RECKFORD, K. J., <i>"Medea's</i> First Exit", <i>Transactions of the American Philological Association</i> 99 (1968); pp. 126&#45;359.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215141&pid=S0185-3082200800010000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">REES, R. B., "Euripides, <i>Medea</i> 1021&#45;1080", <i>American Journal of Philology</i> 82 (1961); pp. 162&#45;181.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215143&pid=S0185-3082200800010000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">REEVE, M. D., "Euripides, <i>Medea</i> 1021&#45;1080", <i>Classical Quarterly</i> 22 (1972); pp. 51&#45;61.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215145&pid=S0185-3082200800010000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SEGAL, Ch., "On the Fifth Stasimon of Euripides' <i>Medea", American</i> <i>Journal of Philology</i> 118, No. 2 (Summer, 1997), pp. 167&#45;184.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215147&pid=S0185-3082200800010000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">WORTHINGTON, J., "The ending of Euripides' <i>Medea", Hermes</i> 118 (1990) ; pp. 502&#45;505.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=215149&pid=S0185-3082200800010000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Sobre este rasgo de la 'caracterizaci&oacute;n' de Medea, cf. Knox 1977, y Di Benedetto 1992.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> V&eacute;anse, por ejemplo, las inconsistencias de su discurso en el segundo episodio, as&iacute; como los comentarios de la cr&iacute;tica a los versos 522&#45;525.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Hay que considerar este resplandor no s&oacute;lo en funci&oacute;n de la fuerza e inteligencia con que se ha dotado al personaje, sino, sobre todo, a la luz de la escena del &eacute;xodo: quien dio a Medea el carro en que est&aacute; suspendida fue su abuelo, Helios, es decir, el Sol.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i2.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Cf. Knox , p. 206: al referirse a Medea y el lugar que ocupa en la escena del &eacute;xodo, cita este pasaje del coro de <i>Electra:</i><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Cf. Di Benedetto, "La polemica contro il mondo dei maschi" (1997, 47&#45;62).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Siempre que aparece el adjetivo <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i5.jpg"> el registro es el&iacute;ptico, dado su matiz claramente peyorativo. Incluso Medea hace uso de esta calificaci&oacute;n, sobre todo con sentido ir&oacute;nico, por ejemplo, en los versos 255&#45;256. El pasaje en el que m&aacute;s claramente se percibe esta nota despectiva, helenocentrista, es en el segundo episodio, en el parlamento de Jas&oacute;n, versos 536&#45;541.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Cf. Page 1938, XVIII-XIX.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> Cf. Page 1938,    XIX, notas 1&#45;10; XX, notas 1&#45;9, y XXI, nota 1. Por ejemplo, Page se&ntilde;ala    que P&iacute;ndaro describe a Medea como <i>"extranjera</i> conocedora de todos    los f&aacute;rmacos" <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i6.jpg">, y no como  <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i7.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> En el texto de Eur&iacute;pides, la palabra <i>b&aacute;rbaro</i> est&aacute; empleada en sentido peyorativo: el t&eacute;rmino supone una total alteridad. El adjetivo <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i8.jpg"> define tambi&eacute;n la posici&oacute;n social de ciertos extranjeros en la H&eacute;lade. Hay una distinci&oacute;n entre <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i9.jpg"> y <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i10.jpg"> por ejemplo, Jas&oacute;n es <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i11.jpg"> en Corinto, pues es de origen heleno, aunque no pertenece a esa ciudad; Medea es <img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i12.jpg">, pues es del todo ajena a la H&eacute;lade.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> Cf. Knox 1977, 211&#45;212, n. 59.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Cf. Knox 1977, 211&#45;212.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> Especialmente la escena de Egeo y la escena final, cuando aparece Medea <i>ex machina.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Cf. Page 1938, XXIX, notas 3 y 4. La escena de Egeo es relevante en la obra, sobre todo, por lo que el mismo Page llama 'dramatic power'.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Cf. Page 1938, XVII-XXI: Medea como b&aacute;rbara / hechicera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> Cf. Knox 1977, 223, n. 60, que remite al ap&eacute;ndice ('Medea as a sorceress', pp. 105&#45;107) de la edici&oacute;n de Headlam (EYPI&#928;I&#916;OY MH&#916;EIA) para Cambridge en 1904; cf. March1990, 38&#45;39, notas 30&#45;31, y Mills 1980, 235, n. 15.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> Cf. Knox 1977, 196&#45;206.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19</sup> Knox afirma que es err&oacute;neo que esta tragedia se considere 'at&iacute;pica', teniendo como &uacute;nico argumento el presentar como protagonista a una mujer b&aacute;rbara y hechicera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> Entre la multitud de espectadores de la tragedia del siglo V a. C., algunos se distingu&iacute;an como los jueces del certamen, los cr&iacute;ticos; otros, como personajes que ya desde entonces eran famosos; pero todos y cada uno de los que estaban ah&iacute; eran individuos de una sociedad muy heterog&eacute;nea, y muy dif&iacute;cil de simplificar en cuanto a las reacciones de una pretendida entidad abstracta llamada "p&uacute;blico". Elliot 1969, en su <i>Periegesis</i> (pp. 112&#45;117), registra a los famosos que hubieran podido presenciar la obra: Her&oacute;doto, Tuc&iacute;dides, Pericles, Aspasia, Arist&oacute;fanes, S&oacute;focles; tal vez tambi&eacute;n Alcib&iacute;ades y S&oacute;crates.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Cf. Nietzsche (2001, 108 ss.), sobre la dimensi&oacute;n de Eur&iacute;pides como espectador.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>22</sup> En este sentido, es notable la semejanza con el clima pol&iacute;tico que describe Tuc&iacute;dides. Sobre el estado general de la sociedad ateniense en los momentos previos a la guerra, cf. Page 1938, VII-XIII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>23</sup> El t&eacute;rmino <i>imaginario,</i> junto con todos los sentidos que asocia, deber&iacute;a ofrecer suficiente evidencia de lo inapropiado que resulta emplear el t&eacute;rmino <i>imagolog&iacute;a</i> para hablar de estudios que se "centran especialmente en las formas de la representaci&oacute;n de elementos de lo extranjero en un texto", pues la misma definici&oacute;n de <i>imagen</i> o <i>imaginario</i> desborda el objeto de estudio propuesto. Esta misma definici&oacute;n da al t&eacute;rmino <i>imagen</i> un registro muy amplio y, sobre todo, muy complejo, que nos remite a los juegos de reflejos de la representaci&oacute;n entendida en sentido filos&oacute;fico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>24</sup> Esta situaci&oacute;n in&eacute;dita, "la famosa dificultad del coro" (Kitto 1961, 194), se da en el quinto est&aacute;simo, cuando Medea sale de escena para entrar en la casa y dar muerte a los ni&ntilde;os. Las mujeres del coro se quedan fuera, escuchando a los ni&ntilde;os gritar y pedir ayuda, sin poder hacer otra cosa. Cf. Segal 1997, 167&#45;184.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>25</sup> Cf. Pageux 1994, 108: "Si admitimos que toda cultura puede considerarse, por un tiempo, un lugar de invenci&oacute;n, de producci&oacute;n y de transmisi&oacute;n de signos..., el estereotipo se presenta no como un 'signo' (como una posible representaci&oacute;n generadora de significaciones), sino como una 'se&ntilde;al' que remite autom&aacute;ticamente a una sola interpretaci&oacute;n posible. El estereotipo es el indicio de una comunicaci&oacute;n un&iacute;voca, de una cultura en v&iacute;as de bloqueo".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>26</sup> Quiz&aacute; sea interesante considerar el momento de la obra que da origen al plan filicida de Medea. Normalmente, la motivaci&oacute;n de este plan se asocia a la entrada de Egeo en escena: es probable que la preocupaci&oacute;n del rey por su descendencia ofreciera a Medea una clara se&ntilde;al de lo que significar&iacute;a para un hombre perder a sus hijos; sin embargo, McDermott (1989, 127, n. 24) piensa que <i>el personaje</i> planea el filicidio desde el principio de la obra, y que los anuncios preliminares, en los que dice que matar&aacute; a Creonte, a la princesa y a Jas&oacute;n, s&oacute;lo son un artificio con el que Medea enga&ntilde;a a las mujeres del coro para mantener su complicidad, y con el que Eur&iacute;pides "arrulla" al p&uacute;blico para sorprenderlos despu&eacute;s, en el momento exacto, con el anuncio definitivo. En mi opini&oacute;n, este asunto est&aacute; ligado a la naturaleza del flujo dram&aacute;tico: Eur&iacute;pides construye un simulacro de azar del que la voluntad de Medea forma parte, y lo que Eur&iacute;pides acent&uacute;a de una escena a otra es la habilidad del personaje para ajustarse a las circunstancias, comprenderlas y aprovecharlas: las circunstancias son azarosas, pero el personaje sabe no oponerse al azar, y tiene la capacidad de ajustarse a &eacute;l.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>27</sup> Cf. Elliott, <i>ad.    loc</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i25.jpg"></font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>29</sup> Cf. Elliott    <i>ad. loc</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>30</sup> La iron&iacute;a de estos versos no s&oacute;lo remite a los resultados de la acci&oacute;n dram&aacute;tica, pues Medea se mostrar&aacute; "m&aacute;s poderosa" al cumplir su venganza; incluso en la escena misma resulta claro que Medea es m&aacute;s 'fuerte' que Creonte: &eacute;l se ha mostrado imprudente e incapaz de contener su miedo, mientras que Medea es capaz de contener su ira ante el rey.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>31</sup> Podr&iacute;amos incluso imaginar que el uso de la palabra <i>tirano</i> confirma la idea de que los <i>b&aacute;rbaros</i> se distinguen por su r&aacute;pida subordinaci&oacute;n a las figuras que representan el poder; no deja de ser sugerente el hecho de que, cuando Creonte concede a Medea el d&iacute;a de plazo, aclara que su voluntad no es la de un <i>tirano:</i> "En la H&eacute;lade, mujer, no hay tiranos; hay reyes, gente civilizada, compasiva" (verso 349).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i41.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i43.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>34</sup> Sobre este aspecto de la caracterizaci&oacute;n de Creonte, cf. Sestili, comm. al verso 274.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i44.jpg"></font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ap/v29n1/a5i49.jpg"></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre el    autor</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Magdalena Okhuysen Casal</b>.    Licenciada en letras cl&aacute;sicas por la UNAM, con tesis &quot;La im&aacute;gen    de Medea en Eur&iacute;pides. La hechicera en espiral&quot;. Termin&oacute;    los estudios de maestr&iacute;a en Letras en esa misma instituci&oacute;n, y    actualmente est&aacute; elaborando su tesis sobre el personaje de Medea. Ha    publicado algunos art&iacute;culos sobre cine, como &quot;El texto dram&aacute;tico    de Eur&iacute;pides en la escena cinematogr&aacute;fica&quot; (<i>Trans&#150;revue    de litt&eacute;rature g&eacute;n&eacute;ral et compar&eacute;e</i>).</font></p>      ]]></body><back>
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