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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Presentaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Patricia Villase&ntilde;or Cuspinera</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este n&uacute;mero de <i>Acta Po&eacute;tica</i> tiene como n&uacute;cleo la antig&uuml;edad cl&aacute;sica. En sus p&aacute;ginas se encontrar&aacute;n reflexiones sobre la teor&iacute;a po&eacute;tica de los antiguos, tal como la expres&oacute; Arist&oacute;teles, entre los griegos, y Horacio o Quintiliano, entre los latinos; sin embargo, en los art&iacute;culos no se trata solamente de examinar esa teor&iacute;a, sino de mostrar la forma en que se plasm&oacute; en los textos literarios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siempre, dec&iacute;an los griegos, hay que empezar "desde Zeus", el dios que ha originado todo y que llena el cosmos y todos sus espacios. Si se habla de literatura occidental, el origen, sin duda, es Homero; por esto, el primero de los art&iacute;culos analiza el pasaje de la <i>Odisea</i> en que el porquero Eumeo sostiene un interesante di&aacute;logo acerca de Odiseo con un mendigo, sin saber que se trata precisamente de Odiseo, su amo disfrazado. Mucho antes de que fueran prescritas las normas ret&oacute;ricas, el mendigo Odiseo y su porquero intentan convencerse el uno al otro con recursos que, inscritos en la forma po&eacute;tica de la epopeya, corresponden a la estrategia de los oradores. En ese di&aacute;logo po&eacute;tico, los personajes se presentan: por un lado, est&aacute; Odiseo, que desea preparar el &aacute;nimo del porquero para su llegada y su venganza; por el otro, se halla un fiel servidor, de noble linaje, que no quiere dejarse enga&ntilde;ar por un mendigo astuto que presume de haber conocido a Odiseo. Mediante una esmerada t&eacute;cnica filol&oacute;gica, Pedro Tapia nos convence de que, en este di&aacute;logo er&iacute;stico, el vencedor es Eumeo, porque Odiseo no utiliza correctamente sus argumentos, a pesar de decir, entre un c&uacute;mulo de mentiras, una verdad: que Odiseo volver&aacute; pronto y vengar&aacute; las afrentas de los pretendientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de la &eacute;pica, la l&iacute;rica: en el ensayo de Mauricio L&oacute;pez Noriega sobre Anacreonte, se muestra c&oacute;mo comienzan a cambiar los valores aristocr&aacute;ticos cuando los poetas, al intentar reflejar la voz de su comunidad, hacen surgir la conciencia de un <i>yo.</i> Anacreonte canta en la corte de los tiranos, en el &aacute;mbito del simposio, y, aunque su poes&iacute;a tiene un tono juguet&oacute;n y er&oacute;tico, su intenci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de ese &aacute;mbito; &eacute;l pretende configurar una sociedad nueva, con nuevos valores que a veces se oponen a los intereses de los tiranos. El art&iacute;culo examina la posibilidad de que algunos de los fragmentos que tenemos de sus cantos contengan alusiones pol&iacute;ticas, pues el poeta lamenta la crueldad de la guerra y desprecia la riqueza, manifestaciones, una y otra, del poder del tirano; sin embargo, las cr&iacute;ticas al poder deb&iacute;an disimularse para evitar conflictos, y ello se logra mediante la figura del &eacute;nfasis, es decir, disimulando esas alusiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; la cumbre de la poes&iacute;a griega sea la tragedia, y Arist&oacute;teles bas&oacute; su po&eacute;tica en el estudio de este g&eacute;nero. Desafortunadamente, nos han quedado unas cuantas tragedias completas y fragmentos de otras tantas. Sin embargo, es posible conocer mucho de la po&eacute;tica a partir del an&aacute;lisis de lo que tenemos de la tragedia: de ello se ocupan dos de los art&iacute;culos de este n&uacute;mero de <i>Acta Po&eacute;tica;</i> ambos tratan a Eur&iacute;pides; el primero se refiere a <i>Melanipa sabia,</i> una tragedia que s&oacute;lo conocemos por fragmentos y testimonios, pero que fue famosa en la antig&uuml;edad; el segundo, en cambio, indaga sobre uno de los aspectos de <i>Medea,</i> uno de los mitos fundamentales del mundo occidental. En los dos art&iacute;culos, es central la importancia del car&aacute;cter femenino de cada protagonista y de su impropiedad dentro de la perspectiva po&eacute;tica griega.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Francisco Barrenechea examina detalladamente el discurso de Melanipa, mediante el cual ella intenta salvar a sus hijos de la muerte, decretada por el rey, su propio padre, que piensa que los infantes son monstruos. El discurso, que ejemplifica el recurso del &eacute;nfasis, termina por acusar a la oradora precisamente de lo que intenta disculpar: el discurso, que trastorna el orden normal de las cosas, es monstruoso en s&iacute; mismo, y es un monstruo la misma Melanipa, que lo pronuncia. Su discurso pone de manifiesto el exceso de sabidur&iacute;a de la protagonista (en un momento, ella dice "yo soy mujer, pero tengo inteligencia"); sin duda, ello deb&iacute;a suscitar asombro e incredulidad en los espectadores de la tragedia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir del concepto de "imagen", el art&iacute;culo de Magdalena Okhuysen estudia la forma en que Eur&iacute;pides presenta a Medea: a lo largo de la tragedia, se va modelando la imagen perturbadora de una mujer extranjera, sabia, entendida en hechizos, resuelta a vengar sus agravios. Seg&uacute;n la autora, para los espectadores atenienses de la tragedia, Medea debi&oacute; de representar la descomposici&oacute;n de los valores de la ciudad&#45;Estado, pues la fuerza del personaje radica en su incapacidad de dominar sus impulsos y en aceptar que sus pasiones son m&aacute;s fuertes que la raz&oacute;n: esa falta del propio dominio logra parad&oacute;jicamente que su voluntad se imponga, aunque ello implique sufrimiento y desolaci&oacute;n para la propia Medea.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La competencia comunicativa es el tema del siguiente ensayo, donde Manfred Erren plantea una tesis novedosa: a fin de tener derecho a ser o&iacute;do dentro de un determinado c&iacute;rculo social, los oradores antiguos deb&iacute;an ser capaces de hablar de una manera especializada, que se distingue por el uso de ciertos giros y por el sentido de ciertos vocablos; ese lenguaje especializado constituye lo que entonces se conoc&iacute;a como griego &aacute;tico o como latinidad y que hoy podr&iacute;amos reconocer como lenguaje correcto, o lenguaje castizo. Esa correcci&oacute;n no es m&aacute;s que la pr&aacute;ctica y la aceptaci&oacute;n de cierta forma de hablar propia de un grupo. Manfred Erren ejemplifica su teor&iacute;a con un breve y excelente an&aacute;lisis de los discursos en la <i>Conjuraci&oacute;n de Catilina</i> de Salustio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cicer&oacute;n afirma que, en todo discurso, la tarea fundamental del orador es el decoro, que consiste en adecuar el lenguaje al g&eacute;nero, al tema y a la condici&oacute;n de los oyentes. A partir de esta afirmaci&oacute;n, Bulmaro Reyes propone que el decoro debe buscarse en la interrelaci&oacute;n entre las personas que hablan y las que escuchan y, en su ensayo, divide a los emisores y a los receptores en cinco clases, de acuerdo con su actitud ante el acto del habla; &eacute;l concluye que s&oacute;lo los emisores "engre&iacute;dos", que conocen bien su tema y su lengua, y valoran ese conocimiento, logran cabalmente el decoro, y nos ense&ntilde;an a comunicarnos efectivamente: son ellos los herederos del orador perfecto que buscaba Cicer&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jos&eacute; Tapia examina en su art&iacute;culo la pr&aacute;ctica de introducir discursos de los personajes hist&oacute;ricos dentro de una narraci&oacute;n, a partir de un caso espec&iacute;fico: en los <i>Anales</i> se encuentra un discurso del emperador Claudio donde aboga por la extensi&oacute;n de la ciudadan&iacute;a romana a los galos; sin duda, se trata de un discurso elaborado por T&aacute;cito. Existe tambi&eacute;n el original de ese discurso, preservado en una tabla de bronce que fue descubierta en el siglo XVI. El ensayo consiste en el an&aacute;lisis del discurso de T&aacute;cito, puesto en relaci&oacute;n con el discurso original, para establecer el grado de la reelaboraci&oacute;n del narrador. El autor concluye que T&aacute;cito utiliza el discurso de Claudio con el objetivo de manifestar sus propias opiniones respecto a ese tema. Este caso se vuelve paradigm&aacute;tico para comprender la forma en que los autores se apropian del discurso ajeno, lo integran en la totalidad de su obra y lo manipulan para alcanzar sus propios fines.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Amalia Lejavitzer rastrea la tradici&oacute;n literaria grecolatina de dos palabras que designan los alimentos b&aacute;sicos que se han convertido en el s&iacute;mbolo de la vida simple y elegante: el pan y la sal. Sin duda, el pan es sin&oacute;nimo de frugalidad y sencillez, pero tambi&eacute;n es caracter&iacute;stico de la civilizaci&oacute;n; la sal, por otro lado, es el m&iacute;nimo condimento de la comida, y representa el ingenio, ese necesario adorno que hace amenos el discurso y la vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jos&eacute; Molina presenta una disquisici&oacute;n para comprender el hecho de que el fil&oacute;sofo J&aacute;mblico haya tomado la persona de un sacerdote egipcio, Abam&oacute;n, para hablar acerca de la teolog&iacute;a, de la adivinaci&oacute;n y de los ritos, en el tratado que se conoce como <i>Sobre los misterios de los egipcios.</i> En el art&iacute;culo, se propone que el uso del seud&oacute;nimo puede explicarse si se toma en cuenta que Plat&oacute;n emplea diversos personajes para expresar sus ideas en los di&aacute;logos socr&aacute;ticos, y se considera la doctrina de Arist&oacute;teles sobre el car&aacute;cter en la narraci&oacute;n, que se logra si se hace hablar a otro. La obra de J&aacute;mblico es una especie de di&aacute;logo, porque es una respuesta a otro fil&oacute;sofo, Porfirio, y probablemente J&aacute;mblico quiso utilizar la persona de un sacerdote para que sus palabras sobre cosas divinas tuvieran la autoridad y el car&aacute;cter preciso.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este repaso del mundo antiguo termina con el art&iacute;culo de C&eacute;sar Gonz&aacute;lez. En los di&aacute;logos de Plat&oacute;n hay abundantes notas aritm&eacute;ticas y geom&eacute;tricas, y, al parecer, la especulaci&oacute;n m&aacute;s enigm&aacute;tica y compleja se encuentra en el octavo libro de la <i>Rep&uacute;blica,</i> donde se menciona el n&uacute;mero que explica la decadencia fatal de todos los Estados. En el Renacimiento, cuando se cre&iacute;a en la armon&iacute;a del mundo, y se pensaba que esa armon&iacute;a universal se expresa mediante los n&uacute;meros, Marsilio Ficino escribe un comentario al pasaje plat&oacute;nico. En este ensayo, a trav&eacute;s de fascinantes especulaciones aritm&eacute;ticas, C&eacute;sar Gonz&aacute;lez indaga el valor de ese n&uacute;mero fatal, que tiene implicaciones en la pol&iacute;tica, la astronom&iacute;a y la cosmolog&iacute;a: ese n&uacute;mero fatal es un sublime instrumento del destino que incide en cada uno de los niveles del mundo: el firmamento estelar, las esferas planetarias y el mundo sublunar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los art&iacute;culos restantes no se refieren a la antig&uuml;edad grecolatina; sin duda, tratan de asuntos que ya interesaban a los griegos y romanos, como el teatro, las relaciones entre literatura y pol&iacute;tica y la utilizaci&oacute;n del discurso ajeno, pero se estudian en otros &aacute;mbitos y desde perspectivas distintas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Cecilia Cort&eacute;s podr&iacute;a considerarse como un puente entre los ensayos que tratan propiamente de la literatura cl&aacute;sica y los que se refieren a obras literarias modernas: en &eacute;l se examinan, desde una perspectiva hermen&eacute;utica, los dos niveles de interpretaci&oacute;n que existen en la <i>Traducci&oacute;n y glosas de la Eneida,</i> obra de Enrique de Villena. El primero, la traducci&oacute;n, consiste en la comprensi&oacute;n y asimilaci&oacute;n del poema virgiliano; mediante el segundo, las glosas, se explica a los lectores, quienes son el referente constante de Villena, el proceso de la interpretaci&oacute;n, y se definen para ellos los puntos de indeterminaci&oacute;n. En conclusi&oacute;n, lo que hace Villena, seg&uacute;n explica la autora de este art&iacute;culo, es lo que intenta todo fil&oacute;logo: comprender el mundo cl&aacute;sico, aunque esa comprensi&oacute;n est&eacute; limitada por los medios que tiene a su alcance y por el condicionamiento que le impone su horizonte hist&oacute;rico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el siguiente art&iacute;culo, Genoveva Castro examina la recepci&oacute;n en Occidente de la obra dram&aacute;tica titulada <i>El reconocimiento de Sakuntala,</i> escrita en s&aacute;nscrito por el poeta Kalidasa. El art&iacute;culo incluye una exposici&oacute;n clara de los or&iacute;genes y caracter&iacute;sticas del teatro s&aacute;nscrito y una descripci&oacute;n precisa del poema de Kalidasa, que ha sido objeto de muchos estudios y traducciones en Occidente. La autora se propone se&ntilde;alar las etapas del descubrimiento de la literatura de la India por los intelectuales europeos, y considerar los efectos de ese hallazgo. La literatura s&aacute;nscrita, que abri&oacute; en el &aacute;mbito occidental nuevas corrientes de pensamiento, fue recibida con ambivalencia: por un lado, el desconocimiento de sus caracter&iacute;sticas esenciales hizo que las obras fueran recibidas con cierto desprecio; por el otro, se admiraba en ellas la trama amorosa, los elementos fant&aacute;sticos y la manera en que se ensalza la naturaleza.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Patrice Giasson establece un paralelo entre la literatura y el arte que tienen como tema la Revoluci&oacute;n mexicana, y la cultura popular, especialmente en su aspecto sat&iacute;rico. En el arte de la Revoluci&oacute;n, los autores buscan el "inocultamiento", es decir, tratan de revelar, de quitar el sello de lo oculto a las contradicciones, defectos y anomal&iacute;as sociales de ese momento. Por ello, es importante destacar el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico que abunda en las manifestaciones art&iacute;sticas de ese tipo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &uacute;ltimo art&iacute;culo de la revista se investiga la t&eacute;cnica de incorporar los discursos de otros al propio discurso, esto es, los distintos estilos del citar. Juan Nadal se da aqu&iacute; a la tarea de clasificar, en los titulares de los peri&oacute;dicos mexicanos de m&aacute;s circulaci&oacute;n, las formas en que se presenta el discurso ajeno, y su an&aacute;lisis deja al descubierto los distintos comportamientos de dichos peri&oacute;dicos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, los art&iacute;culos que conforman este n&uacute;mero de <i>Acta Po</i>&eacute;<i>tica</i> muestran, todos, el quehacer filol&oacute;gico. Cada uno de los autores examina sus textos en forma rigurosa y objetiva, y, con ello, responden al prop&oacute;sito de esta revista: dar cuenta de los estudios que, con multiplicidad de temas y enfoques te&oacute;ricos, tratan sistem&aacute;ticamente las manifestaciones culturales que se actualizan en los textos.</font></p>      ]]></body>
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