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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Notas y Rese&ntilde;a</font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Enzo Traverso, <i>Los jud&iacute;os y Alemania. Ensayos sobre la "simbiosis jud&iacute;o&#45;alemana"</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Esther Cohen</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Barcelona, Pre&#45;Textos, 2005.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las leyes de Nuremberg, en 1935, que cancelan todo derecho ciudadano a los jud&iacute;os alemanes, vienen a poner un punto final al sue&ntilde;o de la simbiosis judeo&#45;alemana. La gran ilusi&oacute;n de pertenecer al pueblo alem&aacute;n, de formar parte de &eacute;l a trav&eacute;s de la asimilaci&oacute;n, luego de la secularizaci&oacute;n del esp&iacute;ritu jud&iacute;o, vino a derrumbarse con la llegada de Hitler al poder en 1933 y, de manera m&aacute;s concreta, con las leyes de Nuremberg que negaban toda una trayectoria de pensamiento y de acci&oacute;n: el sue&ntilde;o se convirti&oacute; en pesadilla, lo que una vez fuera ilusoriamente un di&aacute;logo entre jud&iacute;os y alemanes se convirti&oacute; en un mon&oacute;logo jud&iacute;o sin posibilidad de respuesta. Pero, &iquest;existi&oacute; verdaderamente un aut&eacute;ntico di&aacute;logo entre jud&iacute;os y alemanes? &iquest;Dejaron de ser los jud&iacute;os ese pueblo paria como lo describe Max Weber, o fue un mito que los jud&iacute;os quisieron creer, tambi&eacute;n Gershom Scholem se pregunta, "&iquest;Se dirig&iacute;an a s&iacute; mismos, por no decir se ensordec&iacute;an... cuando cre&iacute;an hablar a los alemanes se hablaban a s&iacute; mismos?".</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tesis de Enzo Traverso en su libro <i>Los jud&iacute;os y Alemania. Ensayos sobre la "simbiosis judeo&#45;alemana"</i> viene a apoyar las palabras del estudioso de la c&aacute;bala jud&iacute;a. De la misma manera en que Scholem negaba y neg&oacute; siempre esa anhelada simbiosis, Traverso plantea justamente esta innegable realidad. Las voces que una vez parecieron dar vida a ese di&aacute;logo fueron innumerables. Heinrich Heine, Karl Marx, Franz Kafka, Sigmund Freud, Edmund Husserl, Walter Benjamin, Gustav Mahler, Fritz Lang, Joseph Roth, y much&iacute;simos m&aacute;s, como sabemos, fueron acallados en el intento por sobrevivir esta vez como jud&iacute;os y no, como pretendieron durante a&ntilde;os, como alemanes. Otros, como Hannah Arendt, Max Horkheimer y Theodor Adorno, encontraron refugio en Estados Unidos y desde all&iacute; hicieron o&iacute;r sus voces, pero ni siquiera ellos lograron hacer realidad ese di&aacute;logo tan deseado. En efecto, y visto con el lente de la historia, Traverso nos da la pauta: este di&aacute;logo nunca existi&oacute;, lo que el pasado nos muestra es precisamente que se trat&oacute; de un mon&oacute;logo jud&iacute;o en el que los alemanes nunca fueron aut&eacute;nticos interlocutores. La aceptaci&oacute;n de la alteridad radical nunca se dio, o si apareci&oacute; en momentos, no fue sino un simulacro. El intento por verse incluidos en la esfera de la cultura y tradici&oacute;n alemanas, no fue m&aacute;s que eso: un mero intento, un sue&ntilde;o que tard&oacute; poco tiempo en derrumbarse. El hecho es que, en realidad, los jud&iacute;os vivieron en una no <i>man's land</i> y que su asombrosa producci&oacute;n literaria, filos&oacute;fica y musical no tuvo nada que ver con esa deseada simbiosis. En realidad, los jud&iacute;os alemanes estuvieron siempre solos como solo estuvo Franz Kafka al escribir su obra. A la pregunta de qu&eacute; tan solo se sent&iacute;a Kakfa, &eacute;l mismo respondi&oacute; "Solo como Franz Kafka". As&iacute; estuvieron, aunque en el autoenga&ntilde;o, la gran mayor&iacute;a de los intelectuales y no intelectuales jud&iacute;os&#45;alemanes desde mitad del siglo XIX hasta 1933.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo inesperado lleg&oacute; sin aviso previo, o m&aacute;s bien, con avisos de antisemitismo que nunca estuvieron ausentes, pero que los jud&iacute;os hab&iacute;an vivido como meros accidentes. La cuerda se rompi&oacute; por lo m&aacute;s delgado: el odio al jud&iacute;o, al diferente, a quien ocupaba un lugar importante en la cultura de Alemania. Como escribe Traverso: "Ser&iacute;a sin duda exagerado afirmar siguiendo la pauta de algunos historiadores, que sin jud&iacute;os la 'cultura de Weimar' no habr&iacute;a existido jam&aacute;s, pero es cierto que en ella jugaron un papel de primer orden. Una verdadera 'simbiosis jud&iacute;o&#45;alemana' pareci&oacute; esbozarse entonces, pero, en el fondo, no ata&ntilde;&iacute;a m&aacute;s que a un medio social de intelectuales inconformistas y marginales...". Tomaba as&iacute; forma una figura nueva, la del jud&iacute;o no jud&iacute;o o "jud&iacute;o ateo": "Ser hombres, como los otros, fuera de casa y jud&iacute;os en casa". Este desdoblamiento de la personalidad de los jud&iacute;os alemanes cre&oacute; nuevas figuras: la del paria y la del <i>parven&uacute;.</i> Desde el siglo XIX ya se ven&iacute;an perfilando estas dos modalidades de la judeidad: el pueblo paria como hu&eacute;sped que vive en un entorno extra&ntilde;o del cual est&aacute; separado ritual, formal y efectivamente; y el <i>parven&uacute;,</i> el advenedizo, el que rechazaba su identidad, su tradici&oacute;n y su historia con la ilusi&oacute;n de ser admitido en el seno de las clases dominantes. El que remarcar&iacute;a, como escribe Traverso: "al orgullo y al esp&iacute;ritu del paria para conocer las humillaciones y el desprecio que los pudientes reservan a aquellos que no pertenecen a su linaje... Producto de la asimilaci&oacute;n, el jud&iacute;o <i>parven&uacute;</i> sufr&iacute;a cuando se le recordaba su origen; estaba avergonzado de su pasado y su tragedia se originaba en la imposibilidad de huir de su raza, cualquiera que fuera la infamia que tuviera que perpetrar para hacerse digno de la canalla cristiana."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Paria o <i>parven&uacute;,</i> el jud&iacute;o nunca se encontr&oacute;, en el fondo, en casa. Incluso la Primera Guerra, que dio la oportunidad al jud&iacute;o de mostrar su amor por la patria luchando en el frente como cualquier alem&aacute;n, no logr&oacute; cancelar el estigma de su origen. En este sentido, me viene a la mente la pel&iacute;cula del realizador h&uacute;ngaro Szabo, "El amanecer de un siglo" (<i>Sunshine</i>) donde se muestra con gran lucidez la evoluci&oacute;n del jud&iacute;o emancipado, paria y despu&eacute;s <i>parven&uacute;,</i> para volver nuevamente a la &uacute;nica verdad: el jud&iacute;o no dej&oacute; de ser, muy a su pesar, eso, un jud&iacute;o a lo largo del siglo. Los Sonershein, que cambian su apellido a Shor, para borrar las marcas de un origen no aceptado por el otro, motivo de verg&uuml;enza, terminan, despu&eacute;s de la guerra y la dictadura estalinista, por recuperar el apellido. El personaje central de la pel&iacute;cula acaba en los cincuenta, por regresar a su nombre Sonershein, lo &uacute;nico aut&eacute;ntico que queda despu&eacute;s de atravesar la odisea de la barbarie del siglo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comprender la historia del "breve siglo veinte" como la del siglo de la barbarie, como lo llama el historiador Eric Hobsbawn, implica romper con ficciones, con verdades cre&iacute;das a medias y volver los ojos a una necesaria lectura renovada de esa misma historia. Walter Benjamin ve&iacute;a, detr&aacute;s de las alas de su &aacute;ngel, un mont&oacute;n de escombros que respond&iacute;an a la cat&aacute;strofe del pasado y a las que una fuerza incontenible lo empujaba hacia el futuro. Detr&aacute;s de esas alas, tambi&eacute;n deber&iacute;a estar el historiador, aquel que, como el narrador benjaminiano, fuera capaz de hacer justicia a los pueblos. Ese historiador deber&aacute; poner las cosas en su lugar, ordenar los hechos y darles un nuevo sentido. Enzo Traverso, al mostrarnos la dura realidad que llev&oacute; a la cat&aacute;strofe hitleriana, nos muestra el camino del historiador: hacer justicia d&aacute;ndole un nuevo sentido a la historia y a la barbarie, hacerla comprensible para las generaciones porvenir.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Esther Cohen Dabah.</b> Doctora en Filosof&iacute;a por la UNAM, Es investigadora del Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas de la UNAM, en el Seminario de Po&eacute;tica, en el cual fue coordinadora (2002&#45;2005). Es tambi&eacute;n profesora en la licenciatura y el posgrado de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UNAM, y ha impartido cursos en distintas universidades extranjeras. Ha publicado, adem&aacute;s de art&iacute;culos especializados y traducciones (como la traducci&oacute;n, en colaboraci&oacute;n con Ana Casta&ntilde;o, del <i>Zohar: libro del esplendor</i> &#91;CONACULTA&#93;), varios libros, entre los cuales cabe destacar <i>La palabra inconclusa</i> (4<sup>a</sup> ed. UNAM, 2005) y <i>Con el diablo en el cuerpo: fil&oacute;sofos y brujas en el Renacimiento</i> (Taurus, 2005). Actualmente trabaja sobre la literatura de los campos de concentraci&oacute;n (acaba de aparecer su libro <i>Los narradores de Auschwitz</i> &#91;Lilmod/Fineo, 2006&#93;), y coordina un seminario sobre pol&iacute;ticas de la memoria.</font></p>      ]]></body>
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