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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Recuerdos y notas del siglo XX: Hermann Hesse y los jóvenes en los sesenta]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article deals with different aspects concerning the writer Hermann Hesse. Hesse's work and the teenagers in Mexico during the sixties. His short novels, inspired on his childhood, adolescence and youth. His search of conscious liberty. Hesse rebellious and anticonformist. His attitude towards the First Wold War and his rejection of german national socialism. Hesse as an outsider, his influence on both Timothy Leary and the hippie mouvement.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos&#47;Literatura</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Recuerdos y notas del siglo XX. Hermann Hesse y los j&oacute;venes en los sesenta</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Annunziata Rossi</b>*</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas, UNAM.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este art&iacute;culo se abordan diversos aspectos relacionados con el escritor Hermann Hesse: la obra de este autor y los j&oacute;venes preparatorianos de los a&ntilde;os sesenta en M&eacute;xico; las novelas cortas de Hesse, inspiradas en su infancia, adolescencia y juventud; su b&uacute;squeda de la libertad conciente; Hesse, como un ejemplo de rebeld&iacute;a y anticonformismo; su relaci&oacute;n con la primera guerra mundial; su rechazo al nacionalsocialismo alem&aacute;n; Hesse <i>outsider,</i> su influencia en Timothy Leary y en el movimiento hippie.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Abstract</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">This article deals with different aspects concerning the writer Hermann Hesse. Hesse's work and the teenagers in Mexico during the sixties. His short novels, inspired on his childhood, adolescence and youth. His search of conscious liberty. Hesse rebellious and anticonformist. His attitude towards the First Wold War and his rejection of german national socialism. Hesse as an outsider, his influence on both Timothy Leary and the hippie mouvement.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mediados de los a&ntilde;os sesenta del siglo pasado, mis alumnos de preparatoria llegaban a las clases llevando consigo, casi enarbol&aacute;ndolas, las novelas cortas de Hermann Hesse: <i>Peter Comenzind</i> (1904), <i>Bajo la rueda</i> (1905), <i>Demian</i> (1919), <i>Siddhartha</i> (1922), <i>El lobo estepario</i> (1927). De Hesse, yo s&oacute;lo hab&iacute;a le&iacute;do <i>Narciso y Goldmundo</i> y <i>El juego de los abalorios.</i> Curiosa por conocer el porqu&eacute; de tanto inter&eacute;s por el escritor alem&aacute;n, me puse a leer sus primeras novelas (con excepci&oacute;n de <i>Peter Comenzind,</i> que no encontr&eacute; en ninguna librer&iacute;a).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las novelas de Hesse entran en la tradici&oacute;n alemana del <i>Bildungsroman</i> (novela de educaci&oacute;n), cuyo ejemplo m&aacute;s grande es el <i>Aprendizaje de Wilhelm Meister</i> de Goethe. Son historias de juventud (el <i>Demian</i> tiene como subt&iacute;tulo <i>Historia del joven Emilio Sinclair),</i> novelas fundamentalmente autobiogr&aacute;ficas, inspiradas en la adolescencia inquieta y rebelde del escritor y en su laborioso aprendizaje para llegar a la madurez; tal como su autor las llama, son "biograf&iacute;as del alma" de adolescentes y j&oacute;venes sedientos de cambio, que emprenden el largo camino a la b&uacute;squeda de s&iacute; mismos, dirigida a lo que Hesse llama "desarrollo del alma", "esa alma que se ha perdido en el mundo mecanizado del dinero y de la desconfianza". El religioso Hesse, que no se adhiere a ninguna confesi&oacute;n y m&aacute;s bien rehuye cualquier tipo de iglesia y sus sectarismos, usa, sin embargo, las antiguas palabras cristianas para preguntar: "&iquest;De qu&eacute; te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu alma?"</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Crecido en un ambiente pietista, hijo y nieto de piadosos protestantes que hab&iacute;an estado al servicio de una misi&oacute;n cristiana en India (la madre de Hesse naci&oacute; all&iacute;), el escritor alem&aacute;n vivi&oacute; la religi&oacute;n en dos formas, el cristianismo y el hinduismo. Se sent&iacute;a m&aacute;s atra&iacute;do por el hinduismo que no acosaba como el protestantismo, del que cuestionaba la moral judeo&#45;cristiana autoritaria y opresiva, la rigidez, "sus pulpitos sombr&iacute;os", sus "pastores y predicadores tediosos en su mayor&iacute;a". Su inter&eacute;s por el hinduismo lo llev&oacute; en 1911 a un viaje a la India, de cuya experiencia naci&oacute; el <i>Siddartha</i> de 1922. Posteriormente se interes&oacute; mucho en el pensamiento chino, sobre todo en Lao&#45;Tse y Confucio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todas las novelas hessianas son variaciones del mismo tema, de la misma obsesi&oacute;n: la exigencia de la formaci&oacute;n individual para una libertad conciente; por eso respond&iacute;an perfectamente a las inquietudes de nuestros j&oacute;venes preparatorianos que despertaban a la conciencia de s&iacute; mismos y de la dura realidad que los rodeaba. Sus personajes son arquetipos con los que se han identificado en occidente millares de j&oacute;venes y de adolescentes en los umbrales de la juventud, cuando empiezan a vislumbrar una "verdad" m&aacute;s all&aacute; de la hipocres&iacute;a burguesa y de sus valores obsoletos. Su obra, que se ha traducido a cuarenta idiomas, ha tenido difusi&oacute;n tambi&eacute;n en Oriente; <i>Siddhartha,</i> por ejemplo, ha sido traducida a varias lenguas de la India.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vida misma de Hermann Hesse (1877&#45;1963) no pod&iacute;a dejar de ofrecer una respuesta de anticonformismo y contestaci&oacute;n a las generaciones j&oacute;venes sedientas de cambio, sobre todo en coincidencia con una grave crisis social y pol&iacute;tica como la que enfrentaba en M&eacute;xico la generaci&oacute;n del '68. Hermann hab&iacute;a tenido una adolescencia muy turbulenta: a los trece a&ntilde;os, cuando ya albergaba el &uacute;nico deseo de ser poeta, empez&oacute; a rebelarse ante la "cobarde superioridad" de los maestros. En conflicto con la escuela, fue varias veces recluido en una celda, en una ocasi&oacute;n golpeado (no hay que olvidar que en aquellos tiempos los maestros, para mantener la disciplina, recurr&iacute;an a castigos corporales) y expulsado de cada escuela a la que los padres lo iban transfiriendo. En una ocasi&oacute;n fue encarcelado por haber tratado de incendiar un bosque y, durante cuatro a&ntilde;os, entre huidas, castigos y expulsiones, no dur&oacute; en ninguna escuela. En 1891 inclusive intent&oacute; suicidarse, y fue internado en una cl&iacute;nica psiqui&aacute;trica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tampoco fue f&aacute;cil la relaci&oacute;n de Hermann con sus padres. Los amaba pero, como confiesa en una breve autobiograf&iacute;a, los hubiese amado m&aacute;s tiernamente de no haberle "inculcado el cuarto mandamiento desde la primera edad" (Honrar&aacute;s a tu padre y a tu madre). Escribe: "S&oacute;lo al o&iacute;r 'deber&aacute;s', todo mi ser se trastocaba y me obcecaba." A los quince a&ntilde;os, tras fracasar en la escuela, empez&oacute; su propia formaci&oacute;n en la rica biblioteca de su abuelo, en donde ensay&oacute; tambi&eacute;n sus primeros escritos. Fue aprendiz de varios oficios: primero, en un taller mec&aacute;nico; luego, como ayudante de su padre; despu&eacute;s trabaj&oacute; en una f&aacute;brica de relojes de campanario, pero en ninguno dur&oacute;; por fin, fue librero, actividad que le gust&oacute; y en la que permaneci&oacute; cuatro a&ntilde;os, para dedicarse luego al negocio de antig&uuml;edades, en el que se mantuvo "para ir tirando". Entre tanto public&oacute; algo logrando cierta popularidad, pero no fue sino hasta su primer &eacute;xito literario que adquiri&oacute; la independencia econ&oacute;mica necesaria para dedicarse de manera exclusiva a la escritura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s del &eacute;xito de sus obras, lleg&oacute; para Hesse la amarga experiencia de la guerra de 1914, que lo hundi&oacute; en una grave crisis. Apol&iacute;tico "hasta el fanatismo", "hasta la muerte", mantuvo toda su vida esa hostilidad hacia la militancia pol&iacute;tica, porque "bajo el signo de la militancia pol&iacute;tica el hombre no se siente obligado a seguir sentimientos y m&eacute;todos humanos, sino a obedecer solamente las consignas partidistas y pol&eacute;micas " Individualista declarado, en una carta a Andr&eacute; Gide se despide as&iacute;: "Reciba una vez m&aacute;s el saludo de un viejo individualista que no tiene intenci&oacute;n de adaptarse a ninguna de las grandes maquinarias." Sin embargo, aunque apol&iacute;tico y pacifista, no se aisl&oacute; de los problemas de su tiempo, en los que particip&oacute; activamente con sus escritos, tomando posici&oacute;n en contra del odio entre los pueblos y colaborando intensamente con la Cruz Roja suiza en apoyo de los prisioneros de guerra. Al igual que Romain Rolland, se manifest&oacute; con violencia contra la irrupci&oacute;n ilegal de las tropas alemanas en la neutral B&eacute;lgica, contra la destrucci&oacute;n de la hist&oacute;rica ciudad de Lovaina y contra el bombardeo a la catedral de Reims. Reacio a la "partidocracia", siempre en defensa de su libertad personal, tuvo, sin embargo, simpat&iacute;a por el socialismo y gran desconfianza hacia la rep&uacute;blica burguesa de Weimar, constituida en Alemania despu&eacute;s de la derrota de 1918. A la ca&iacute;da de &eacute;sta escribe a Thomas Mann en una carta de 1931: "Se ha derrumbado algo que no estaba del todo vivo." Hab&iacute;a sido favorable, al igual que Rilke, a la "revoluci&oacute;n" de 1918, y en otra carta a Mann lamentar&aacute; el asesinato de los miembros de la Liga Espartaco: "Los pocos esp&iacute;ritus buenos de la 'Revoluci&oacute;n', que no fue tal, perecieron asesinados con la aprobaci&oacute;n del noventa y nueve por ciento de la poblaci&oacute;n", concluyendo que Alemania "hab&iacute;a perdido su oportunidad de hacer su revoluci&oacute;n y encontrar su propia forma."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las dos guerras, fue uno de los pocos que no se dej&oacute; arrastrar por el entusiasmo nacionalista y los deseos de revancha del pueblo alem&aacute;n. Vio con ojos prof&eacute;ticos la amenaza de la Segunda Guerra y reprob&oacute; el clima de pogrom antisemita, el delirio de supremac&iacute;a de la raza aria que dominaban en el pa&iacute;s, as&iacute; como su carrera armamentista. En abril de 1933 (despu&eacute;s de la subida al poder de Hitler) en otra de sus cartas a Thomas Mann declara su "completa renuncia a la Alemania oficial". Su oposici&oacute;n le procur&oacute; violentos ataques y la acusaci&oacute;n de traidor a la patria, as&iacute; como el rechazo, por parte de los editores, de las obras que hab&iacute;a enviado a Alemania. En 1939 el gobierno nazi prohibi&oacute; toda su obra. S&oacute;lo despu&eacute;s de la guerra fue rehabilitado, y en 1946 recibi&oacute; el premio Goethe y el premio Nobel. En esa ocasi&oacute;n Hesse, esquivo como siempre a las celebraciones y a todo tipo de acontecimientos oficiales, no acudi&oacute; a Francfort ni a Estocolmo para recibir los premios.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por la sencillez y la precisi&oacute;n de su estilo, por la armon&iacute;a entre forma y contenido, las novelas de Hesse son de lectura asequible a pesar de la complejidad y la profundidad en el an&aacute;lisis psicol&oacute;gico de sus personajes. Las vivencias personales y el contacto con el psicoan&aacute;lisis (se sujet&oacute; a tratamiento psicoanal&iacute;tico en dos ocasiones, la segunda con C. G. Jung), agudizaron la natural sensibilidad de Hesse para ahondar en la psicolog&iacute;a profunda de sus protagonistas. Cada una de sus novelas cortas, desde <i>Bajo la rueda</i> (1905) hasta <i>El lobo estepario</i> (1927), analiza en <i>crescendo</i> las diferentes etapas de la vida (las mismas etapas por las que hab&iacute;a pasado &eacute;l mismo), el desarrollo espiritual gradual desde la pubertad hasta la plenitud de la edad madura, el camino que, a trav&eacute;s de crisis y transformaciones, lleva al encuentro con uno mismo; etapas que concluyen en la madurez de Harry Haller (el "lobo estepario") y del <i>magister ludi</i> Joseph Knecht, protagonista de su &uacute;ltima novela, <i>El juego de los abalorios.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hesse sabe perfectamente que el cambio social es una dial&eacute;ctica individuo&#45;sociedad, pero da prioridad a la transformaci&oacute;n individual; como dice en su <i>Regreso de Zarathustra</i> de 1919: "Respecto a la naci&oacute;n y a la colectividad, que cada hombre act&uacute;e como le dictan sus necesidades y su conciencia, pero si durante la acci&oacute;n se pierde a s&iacute; mismo, a su esp&iacute;ritu, cualquier cosa que haga no valdr&aacute; nada. Si queremos tener mentes y hombres capaces de asegurar nuestro futuro, no tenemos que empezar por el final, con reformas y m&eacute;todos pol&iacute;ticos, sino m&aacute;s bien por el comienzo, por la construcci&oacute;n de la personalidad. Si queremos tener mentes y hombres que nos garanticen el futuro, tenemos que sembrar nuestras ra&iacute;ces profundamente, y no s&oacute;lo agitar las ramas." En fin, para Hesse la revoluci&oacute;n de la conciencia individual es una <i>conditio sirte qua non</i> para la creaci&oacute;n de una nueva cultura, una nueva realidad, una nueva &eacute;tica, la transformaci&oacute;n de la sociedad. El repudio de Hesse a la sociedad burguesa es radical: una burgues&iacute;a, dice, aniquiladora del individuo, que "envenena" a sus j&oacute;venes con la exaltaci&oacute;n de los valores morales para luego ense&ntilde;arles a traicionarlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cr&iacute;tica de Hesse a la burgues&iacute;a se puede condensar en las dos p&aacute;ginas iniciales de <i>Bajo la rueda,</i> en el rotundo retrato, lapidario, de un t&iacute;pico campe&oacute;n de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a, el respetable Sr. Jos&eacute; Giebenrath. Comerciante y corredor de bienes, Jos&eacute; Giebenrath une a una innata capacidad para los negocios un "marcado afecto por el dinero" y la sumisi&oacute;n frente a la autoridad, junto con una acendrada hostilidad hacia todo lo singular e ins&oacute;lito, hacia todo lo selecto y lo intelectual. Con las palabras de Hesse: "Si (Jiebenrath) hubiera cambiado su nombre y su domicilio por los de alguno de sus vecinos, nadie habr&iacute;a notado la menor diferencia." Sin embargo, Giebenrath tiene la suerte, que se convertir&aacute; en desgracia, de haber procreado un hijo, Hans, de talento excepcional y de una gran sensibilidad, que se destaca entre todos sus compa&ntilde;eros. No s&oacute;lo su padre, sino los profesores y el director de la escuela esperan de &eacute;l grandes cosas, un brillante porvenir. Se le env&iacute;a como candidato al celebre Colegio Teol&oacute;gico Protestante de Tubinga, y Hans obtiene el segundo lugar en el dif&iacute;cil examen de admisi&oacute;n. La ambici&oacute;n del padre, que sue&ntilde;a con hacer de &eacute;l un alto funcionario, y la de sus profesores, no tiene l&iacute;mites. El adolescente, en la pubertad, de constituci&oacute;n gr&aacute;cil y sujeto a frecuentes migra&ntilde;as, en los meses de vacaciones, cuando hubiera tenido que renovar sus fuerzas, es sujeto a otro <i>tour de forc&eacute;</i> inhumano: clases y m&aacute;s clases privadas, de las que sale "demacrado por el mucho trasnoche y con obscuras ojeras bajo sus ojos cansados". Sujeto a otra dura disciplina en el Colegio de Maulbroon (el mismo que hab&iacute;a frecuentado el adolescente Hesse y al que empieza a ver con ojos cr&iacute;ticos), Hans se enferma y regresa a su casa con la salud quebrantada. Ab&uacute;lico y desesperado, acaricia la idea del suicidio que no realiza por inercia. Ahora tiene que escoger un oficio y entra como aprendiz en un taller mec&aacute;nico. De regreso del festejo de cantina en cantina que un obrero ofrece a sus compa&ntilde;eros, lo vemos arrastrarse de noche colina arriba para llegar a su casa, ebrio y temeroso del padre. Un d&iacute;a despu&eacute;s su cad&aacute;ver es encontrado en el r&iacute;o donde amaba pescar de* ni&ntilde;o...</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hermann Hesse fue un verdadero <i>outsider,</i> el "lobo estepario" de la Monta&ntilde;ola (el lugar que escogi&oacute; para vivir en Suiza, su patria adoptiva, de la que obtuvo la nacionalidad en 1923). De esto tuvo plena conciencia y, en una carta a E. Korrodi de 1936, ubica su lugar "en esa dimensi&oacute;n del <i>outsider</i> neutro e imparcial, en la que uno es vapuleado y ridiculizado por ambos frentes: la derecha y la izquierda." Vivi&oacute; apartado, alejado del mundo de la pol&iacute;tica, sin ning&uacute;n inter&eacute;s por el dinero y en contra de los ideales de vida ordenada y respetable de la sociedad burguesa, hostil a la publicidad (no ten&iacute;a en su hogar ni radio ni televisi&oacute;n), anticonformista e indiferente al dinero y a los honores de la vida p&uacute;blica, defendi&eacute;ndose de las visitas de los curiosos inoportunos que a menudo lo acosaban. En la puerta de su jard&iacute;n estaba un cartel: "Nada de visitas, por favor"; para quien lograra penetrar en el jard&iacute;n, estaba listo en la puerta de la casa otro cartel con un poema de Men Hsich:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Cuando uno es viejo y ha terminado su trabajo, tiene derecho de entablar amistad con la muerte, en quietud. No necesita de los hombres. Los conoce, los vio demasiado. Lo que necesita es la tranquilidad. No est&aacute; bien buscar a este hombre, abordarlo con labias. Es correcto pasar frente a la puerta de su casa, como si en ella nadie viviera."</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre las pausas de la escritura, Hesse se dedicaba al dibujo y a la pintura de acuarela, o cuidaba de su jard&iacute;n donde cultivaba flores y hortalizas, saboreando de vez en cuando una buena botella de vino tinto, y tambi&eacute;n cultivando "con m&eacute;todo y gran placer el <i>dolcefar niente".</i> Hab&iacute;a vivido en un ambiente r&iacute;gidamente protestante y, sin embargo, fue completamente ajeno al anhelo de la &eacute;tica de trabajo t&iacute;pico del protestantismo. Se abandona con gozo al "arte de la ociosidad", "en contra del traj&iacute;n forzoso al que est&aacute;n sometidos los seres desde su m&aacute;s tierna edad, sin una pausa de respiro (una situaci&oacute;n considerada ideal)", como escribe en un art&iacute;culo de 1904, intitulado precisamente "El arte del ocio. Un cap&iacute;tulo de higiene est&eacute;tica", publicado en <i>Die Zeit</i> de 1904, en donde lamenta que desgraciadamente "la pereza convertida en arte ha sido practicada en Occidente s&oacute;lo por tristes aficionados " Confiesa c&aacute;ndidamente que es holgaz&aacute;n e indisciplinado (todo lo opuesto a su amigo Thomas Mann con quien se carteaba). Ya en edad madura se dio a experimentaciones de magia blanca (que se extendieron "hasta el aspecto negro de la misma"), lo que lo llev&oacute;, a los sesenta a&ntilde;os, cuando dos universidades lo hab&iacute;an honrado con la dignidad de doctor <i>honoris causa,</i> a la c&aacute;rcel donde &#151;narra divertido&#151; habiendo obtenido el permiso de pintar, se puso a decorar la pared de su celda con un paisaje. As&iacute; lograba Hesse la liberaci&oacute;n en la fantas&iacute;a y en el juego, en la dimensi&oacute;n est&eacute;tica de la vida, realizando lo que Schiller hab&iacute;a sostenido: que el impulso al juego suprime la constricci&oacute;n y pone al hombre, f&iacute;sica o moralmente, en un estado de libertad. De sus escritos no se desprende que Hesse haya recurrido a alguna droga, pero no me sorprender&iacute;a que lo hubiese hecho, libre como era de prejuicios y abierto a todo tipo de experimentaci&oacute;n que le permitiera entrar en otros mundos, como su protagonista del <i>Lobo estepario,</i> Harry Haller, que s&iacute; lo hace para penetrar en el Teatro m&aacute;gico. En esta obra, Hesse da rienda suelta a la imaginaci&oacute;n, que se desborda a tal punto que recuerda a Hoffmann, el autor que, junto a Mozart, Hesse m&aacute;s admira.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fin, Hesse supo conciliar en toda su vida el principio de la realidad con el principio del placer, esos principios que Freud, en su <i>Malestar de la cultura</i> de 1927, hab&iacute;a considerado antag&oacute;nicos e irreconciliables, ya que el sacrificio de los instintos humanos era una condici&oacute;n inderogable para la supervivencia de la cultura. Hesse, en cambio, no acepta la fatalidad de la renuncia y de la represi&oacute;n en contra de la que se rebela. La libertad que Hesse logr&oacute; en la esfera individual, Herbert Marcuse la plantear&aacute; como posible para la humanidad entera. Partiendo de la tesis pesimista de Freud para confutarla, Marcuse sostiene en su <i>Eros y civilizaci&oacute;n</i> de 1955 &#151;el manual de los j&oacute;venes opositores del '68&#151; que en las sociedades industriales avanzadas la lucha entre los dos principios de la realidad y del placer no era un hecho ya necesario e irreversible y que pod&iacute;a ser resuelta arm&oacute;nicamente, poniendo a la humanidad en condici&oacute;n de aprender la gaya ciencia, en una dimensi&oacute;n est&eacute;tica (por cierto, tambi&eacute;n Marcuse cita muchas veces a Schiller).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s del Nobel de 1946, la obra de Hesse tuvo un par&eacute;ntesis de olvido, hasta su irrupci&oacute;n a principio de los a&ntilde;os sesenta. No s&eacute; c&oacute;mo lleg&oacute; a M&eacute;xico. En esos a&ntilde;os, Juan Garc&iacute;a Ponce introduc&iacute;a la narrativa de lengua alemana, interes&aacute;ndose particularmente y de manera brillante en Thomas Mann y en los centroeuropeos como Robert Musil. A Hesse no le dedic&oacute; ning&uacute;n ensayo ni, que yo recuerde, lo mencion&oacute; en alguno de sus escritos. Supongo que su <i>silencio</i> se debi&oacute; a la misma reticencia de la cr&iacute;tica respecto a la obra hessiana, considerada en sentido restrictivo demasiado did&aacute;ctica, literatura para j&oacute;venes, como si la intencionalidad educativa pudiera de por s&iacute; excluir de una obra su calidad de arte. Dante en su <i>Comedia</i> y Goethe tambi&eacute;n tuvieron intenciones "did&aacute;cticas", al igual que Jean Paul, considerado "bi&oacute;grafo de la adolescencia" (para Jean Paul la &uacute;nica edad digna de ser vivida era la adolescencia), y eso no ha determinado juicios negativos sobre sus obras. Por otro lado, est&aacute; bastante generalizada la sospecha de que la obra hessiana pertenece al <i>mid&#45;cult</i> por su divulgaci&oacute;n a nivel masivo, y la convicci&oacute;n de que la difusi&oacute;n y el favor de la masa banalizan la obra, la desacreditan. Hoy no existe ya una separaci&oacute;n a priori entre la obra de "consumo" y la obra de arte, pero en ese momento estaba todav&iacute;a presente la larga tradici&oacute;n occidental eminentemente aristocr&aacute;tica. Al escritor le gustaba escribir para los <i>happyfew</i> (pero, al mismo tiempo, quer&iacute;a vivir de la venta de su obra).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Apocal&iacute;pticos e integrados</i> de 1964, Umberto Eco enfrenta el viejo problema de la divulgaci&oacute;n masiva de una obra como factor negativo para la cr&iacute;tica, atribuyendo la distinci&oacute;n entre el "esp&iacute;ritu" y la "masa", entre la lucidez del intelectual y la cerraz&oacute;n del hombre&#45;masa, a los j&oacute;venes hegelianos que en el siglo xix sosten&iacute;an que "el peor entusiasmo a favor de una obra de arte es el entusiasmo con el que la masa se dirige a ella. Todos los grandes acontecimientos de la historia han sido fundamentalmente equ&iacute;vocos y faltos de &eacute;xito efectivo porque la masa se entusiasm&oacute; por ellos. Ahora el esp&iacute;ritu sabe donde buscar a su &uacute;nico adversario: en las frases, en las auto&#45;ilusiones y la falta de nervio de la masa". Es evidente, comenta Eco, que la cr&iacute;tica de los j&oacute;venes hegelianos se dirige s&oacute;lo aparentemente a la cultura de masa; de hecho, se dirige en contra de la masa, sin distinguir entre la masa como grupo gregario y la comunidad de individuos responsables, sustra&iacute;dos a la masificaci&oacute;n y absorci&oacute;n de la grey. En el fondo, concluye Eco, subsiste "la nostalgia de una &eacute;poca en la que los valores de la cultura eran atributos de clase y no se pon&iacute;an al alcance de todos " En suma, una cultura clasista y no del esp&iacute;ritu.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los Estados Unidos la obra de Hesse fue redescubierta por Timothy Leary, ex profesor de filosof&iacute;a de la universidad de California de la que hab&iacute;a sido expulsado por sus experimentos de droga con los estudiantes. Te&oacute;rico de la cultura psicod&eacute;lica y <i>underground,</i> Leary recomendaba a los hippies la lectura de Hesse, al que consideraba como "el profeta del <i>underground":</i> "Lean diez p&aacute;ginas de Hesse antes de tomar una pastilla de LSD." Ya en los a&ntilde;os cincuenta, el jefe de los "j&oacute;venes iracundos" Colin Wilson, en su <i>The Outsider</i> de 1957, hab&iacute;a designado a Hesse como jefe de su grupo. La <i>Psicodelic Review</i> declaraba que nadie hab&iacute;a descrito con tanta lucidez el viaje al interior de la conciencia. Una joven de Nueva York explicaba de este modo la influencia de Hesse: "Hesse es el fermento antimaterialista que Am&eacute;rica necesita " La problem&aacute;tica hessiana respond&iacute;a en muchos aspectos a las exigencias de renovaci&oacute;n individual y de paz &#151;eran los a&ntilde;os de la guerra de VietNam y de la generaci&oacute;n hippie. El llamado de Hesse a no conformarse con el mundo burgu&eacute;s y a rechazarlo logr&oacute; fomentar la rebeld&iacute;a de no pocos j&oacute;venes desesperados y en crisis, y no s&oacute;lo en los Estados Unidos. Muchas fueron las generaciones del siglo XX a las que el escritor alem&aacute;n ayud&oacute; a entenderse, a "dimensionar" como "normales" vivencias hacia las que los "bienpensantes" burgueses mostraban desprecio o iron&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la influencia de Hesse hay que a&ntilde;adir el ejemplo que los hippies ten&iacute;an de la generaci&oacute;n <i>beat</i> que los hab&iacute;a precedido en los a&ntilde;os cincuenta. De cierto modo, me atrever&iacute;a a decir que los protagonistas de Hesse se hab&iacute;an adelantado en decenios a los grupos de la <i>Beat Generation,</i> el movimiento literario cuyos portavoces fueron Jack Kerouac con su <i>On the road</i> y Alien Ginsberg con su poema <i>Howl:</i> vagabundos, anarquistas, adolescentes inquietos o adultos frustrados, gente "descarrilada" que cuestionaba el modo de vida americano, la sociedad opulenta, la existencia burguesa y su moral, en contra de cualquier tipo de autoridad de la que no reconoc&iacute;an la consistencia, en contra de la "disciplina pr&oacute;spera para el hombre mediocre, com&uacute;n y corriente", como lo expresa Hesse.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El movimiento hippie fue un fen&oacute;meno social de grandes proporciones que logr&oacute; aglutinar a su alrededor dos millones, y quiz&aacute; m&aacute;s, de j&oacute;venes. Surgi&oacute; a inicios de los a&ntilde;os sesenta en San Francisco y en California, se propag&oacute; a Chicago y a Nueva York, y luego trascendi&oacute; las mismas fronteras estadounidenses. El problema que Hesse hab&iacute;a sentido m&aacute;s urgente, de la transformaci&oacute;n individual y la construcci&oacute;n de la personalidad, del "individuo &uacute;nico que no ha sido reducido a una norma", tuvo un eco extraordinario en la forma de vida de los hippies (hay que recordar que hippie viene de <i>hip,</i> consciente).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La generaci&oacute;n hippie estuvo atormentada por el problema de la identidad, de la relaci&oacute;n con los dem&aacute;s, fue rebelde ante la autoridad de los padres y de la sociedad opulenta, ante el <i>american way of Ufe</i> al que logr&oacute; oponer una nueva forma de vida. Para aumentar la percepci&oacute;n, para una expansi&oacute;n de la conciencia que estimulara la individualidad, los hippies recurr&iacute;an al uso de la droga (que hab&iacute;an usado tambi&eacute;n los <i>beatniks</i> para desengancharse de las leyes morales e intelectuales): marihuana, alucin&oacute;genos, sobre todo LSD. "Entrar en onda" era para ellos un medio para liberarse de las superestructuras morales e intelectuales recibidas e impuestas, para buscar nuevos valores y nuevas razones de vida, en pocas palabras, para "desacondicionarse" de lo establecido, para "de&#45;culturizarse". Aun cuando proced&iacute;an de diferentes extracciones sociales, la mayor&iacute;a pertenec&iacute;a a la peque&ntilde;a burgues&iacute;a, y no pocos a la alta burgues&iacute;a; sin embargo eligieron un modo de vida contra la corriente, opuesto al burgu&eacute;s. Tambi&eacute;n el vestuario que adoptaron fue ins&oacute;lito y pol&eacute;mico: muchos de ellos iban descalzos, con el pelo largo y suelto, con t&uacute;nicas hechas a mano sobre desgarrados pantalones y largos collares de cuentas que ellos mismos engarzaban; se adornaban con flores que ofrec&iacute;an a los pasantes, incluso a los polic&iacute;as, en signo de amor y de paz (eran los a&ntilde;os de la guerra de Vietnam). Su escenario era la calle, especialmente el distrito de Height&#45;Ashbury, en San Francisco, a pocas cuadras del Golden Gate Park, otro de sus lugares fijos de encuentro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ni&ntilde;os de las flores, <i>flowers children</i> viv&iacute;an s&oacute;lo con lo indispensable, vendiendo collares, amuletos y artesan&iacute;a hecha por ellos mismos. Entre sus producciones, publicaciones locales, <i>comics,</i> etc., destacan los carteles publicitarios en los que lograron un estilo personal que merecer&iacute;a, quiz&aacute;, un estudio aparte. Crearon un mundo diferente, una contracultura a trav&eacute;s de un r&eacute;gimen comunitario aut&oacute;nomo &#151;si se quiere primitivo y tribal&#151; dentro del <i>establishment,</i> que les permiti&oacute; subsistir: comunas rurales autosuficientes en los desiertos de California, viviendas y cocinas comunales en las ciudades; siempre eran ayudados por los <i>diggers</i> voluntarios que se encargaban de recolectar v&iacute;veres &#151;y que, por lo general, rehusaban el dinero&#151;; ayudaban a los que el <i>establishment</i> ignoraba y recog&iacute;an a numerosos ni&ntilde;os que hab&iacute;an huido de su hogar. Dispon&iacute;an de cl&iacute;nicas libres que terminaban invariablemente en bancarrota por falta de dinero. Los <i>diggers</i> organizaban tambi&eacute;n grandes fiestas en el Golden Gate Park, ofreciendo conciertos, de jazz, de rock y comida, todo gratuito. Los hippies dispon&iacute;an inclusive de una guardia espont&aacute;nea, los <i>Hells Angels</i> (&aacute;ngeles del infierno) que en motocicleta los defend&iacute;an de la polic&iacute;a con mucha energ&iacute;a y eficiencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su rechazo al <i>establishment,</i> que aplasta lo individual y lo espiritual, los hippies se mantuvieron apartados de todo, alejados y hostiles a la pol&iacute;tica y a la vida intelectual (inclusive exhortando a los estudiantes a abandonar las universidades). Estaban en contra de la sociedad sin querer reformarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sus consignas eran: "Haz lo tuyo" y "Vivir". Cuando se le pregunt&oacute; al m&uacute;sico Joe McDonald, cu&aacute;l era el programa pol&iacute;tico hippie, contest&oacute;: "M&uacute;sica gratis en el parque." Y a la pregunta: &iquest;Qu&eacute; hay con la organizaci&oacute;n social de la sociedad?, contest&oacute; bruscamente: "A la chingada." Nunca entablaron contactos con los movimientos paralelos radicales de izquierda ni con los universitarios que hicieron tentativas para atraerlos. En esos mismos a&ntilde;os, los estudiantes de la universidad de Berkeley de la generaci&oacute;n del '68, desfilaban contra la guerra y, bajo la gu&iacute;a de Herbert Marcuse, luchaban por una transformaci&oacute;n de toda la sociedad, como sus coet&aacute;neos mexicanos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El auge del hippismo dur&oacute; varios a&ntilde;os hasta su ocaso en 1967 (su &uacute;ltimo gran acontecimiento fue el festival Monterey&#45;pop en ese mismo a&ntilde;o.) El anuncio de su muerte lo dio, con una buena dosis de iron&iacute;a, el <i>San Francisco Chronicle</i> el 5 octubre de 1967. Hubo un f&eacute;retro simb&oacute;lico, al parecer con una procesi&oacute;n. Siguieron, es verdad, los festivales hippies de Woodstock, agosto de 1969 (con medio mill&oacute;n de j&oacute;venes), y el de Av&aacute;ndaro de 1971, en el Estado de M&eacute;xico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No creo que de la ceniza del hippismo haya salido alguna ave f&eacute;nix. Sm embargo, dej&oacute; en herencia cierto estilo de vida entre los j&oacute;venes y una profunda huella en el imaginario juvenil. Mientras tanto, los j&oacute;venes contin&uacute;an leyendo a Hesse...</font></p>      ]]></body>
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