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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Entrevista con una mariposa inteligente</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Esther Cohen</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Mariana Frenk, <i>Mariposa, eternidad de lo ef&iacute;mero,</i> M&eacute;xico, Porr&uacute;a, 2003</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la <i>Entrevista con una mariposa inteligente,</i> Mariana escribe:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;Si me acuerdo? Ya lo creo. Mis tiempos de oruga y cris&aacute;lida, &iexcl;qu&eacute; horror! &iexcl;Qu&eacute; humillaci&oacute;n tener que arrastrarse sobre la fr&iacute;a y h&uacute;meda tierra! &iexcl;Qu&eacute; sufrimiento sentirse encerrada en la c&aacute;rcel de un vestido estrecho! En una palabra: el infierno de la juventud. Ahora, &iexcl;qu&eacute; feliz estoy! Al fin he llegado a ser yo misma. &Eacute;ste es el tiempo de volar, de gozar, de amar. En una palabra: el para&iacute;so de la vejez (76).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mariana Frenk es esa mariposa cuya sabidur&iacute;a no surge s&oacute;lo de su inteligencia, la inteligencia no da para tanto, sino de su relaci&oacute;n &iacute;ntima con el tiempo, ese tiempo a la que nuestras sociedades nos han obligado a mirar con temor, a defendernos a toda costa de su transcurso y de su violento atravesar nuestros cuerpos. Kafka prefer&iacute;a la posici&oacute;n horizontal para &eacute;l y sus personajes: &eacute;sta les permit&iacute;a escapar &#151;dec&iacute;a&#151; del yugo del poder, al tiempo que s&oacute;lo desde ah&iacute; pod&iacute;a admirarse tranquilamente el cielo y las estrellas. Mariana se ha dejado atravesar por los a&ntilde;os, ha ocupado el espacio del horizonte alojando al tiempo como en su casa, impidi&eacute;ndole de esta manera, parad&oacute;jicamente, someterla a su decurso. Su trato familiar con los meses, los a&ntilde;os y los d&iacute;as le permiten seguir contemplando las estrellas, desde sus <i>aphorismos</i> que no son sino lo que su etimolog&iacute;a dice: l&iacute;mites, al igual que el <i>horizo,</i> el horizonte, desde donde contempla el mundo, limita y encuadra lo que vemos. Horizontal es su espacio vital en la medida en que se deja recorrer y penetrar por sus propios l&iacute;mites, por esos aforismos que le dan vuelta al tiempo, a la soledad, a los espejos que le devuelven im&aacute;genes a veces fracturadas y asim&eacute;tricas con respecto a la mujer que se mira.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los espejos son esos objetos crueles que nos muestran los efectos del tiempo, pero basta mirarse en ellos como lo hace Mariana para que &eacute;stos se conviertan en aliados, en formas capaces de acompa&ntilde;arnos en la traves&iacute;a por la vida, basta, como digo, aprender a alejarse un poco de ellos, mirarse con ese sentido del humor, pero tambi&eacute;n con ese amor que se desprende de cada uno de sus aforismos, para hacer de ellos el lugar donde el alma se encuentra consigo misma en esa especie de paz a la que Mariana llama felicidad, felicidad hecha, como ella misma escribe, de peque&ntilde;as renuncias. S&oacute;lo aprendiendo a renunciar se llega a encontrar en ese espejo, obsesivamente presente en su escritura, la armon&iacute;a y el sosiego, s&oacute;lo amando aquello que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la superficie, se llega al amor por ese otro que somos nosotros mismos. "Esta ma&ntilde;ana me mir&eacute; al espejo. La persona del espejo de pronto me pareci&oacute; tan simp&aacute;tica, tan cerca de m&iacute;, que de pronto sent&iacute; un vehemente deseo de abrazarla. Sin reflexionar, entr&eacute; en el espejo tan r&aacute;pidamente que aqu&eacute;lla no tuvo tiempo de retirarse. Nos abrazamos y nos dimos dos besos, uno en cada mejilla y, tan r&aacute;pidamente como hab&iacute;a entrado, sal&iacute;. A la otra la vi en su lugar, sonriendo como yo" (107). Y es esa sonrisa, a la que la autora nos invita en su pr&oacute;logo, la que nos acompa&ntilde;a a lo largo de todo el libro. Pero no se trata de ese sonre&iacute;r de quien encuentra la vida f&aacute;cil y ligera, sino de otro tipo de sonrisa, que surge de una actitud amable y generosa, pero por sobre todo, de una posici&oacute;n cr&iacute;tica frente al mundo. En cada uno de sus aforismos encontramos esta agudeza cr&iacute;tica, esta fina burla del mundo de las apariencias en que hemos aprendido a luchar ferozmente contra el tiempo y sus efectos. Mariana ha adquirido un saber que no se encuentra s&oacute;lo en los libros, se trata de un saber excepcional de la experiencia, que quiz&aacute;s su paso por tres siglos le ha dado. Sabe que de nada sirve adoptar la posici&oacute;n vertical frente al tiempo, como Kafka, se sabe mucho m&aacute;s vulnerable en esta lucha frontal y prefiere, de nuevo, la perspectiva del horizonte. S&oacute;lo desde &eacute;sta es posible hacerle frente al tiempo, sin desgastarse, sin sucumbir a &eacute;l en el intento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero hay algo m&aacute;s que esa fina burla del mundo en sus mil aventuras por la escritura, hay esa capacidad de distanciarse de s&iacute; misma para volcar su humor sobre su propia vida, sobre su propia muerte. "Desde hace mucho tengo una colecci&oacute;n de primeras veces. Ya no aumenta tan r&aacute;pidamente como antes, pero s&iacute;, sigue creciendo. Es obvio que la ficha de la &uacute;ltima pieza que va a entrar no la podr&eacute; hacer yo misma". La narradora sabe que la &uacute;nica forma de salir airosa de esta conflictiva relaci&oacute;n con el tiempo, que es por otra parte la vida, es aprender a burlarse de s&iacute; misma, ir en este sentido, s&iacute; a contracorriente de la mayor parte de esa especie de g&eacute;nero llamado "escritor", rest&aacute;ndole toda solemnidad al acto de escribir, jugueteando as&iacute; con la experiencia y con el mundo maravilloso de las palabras. Es esta actitud antisolemne la que hace de su lectura el espacio y el tiempo de una experiencia &uacute;nica, que recuerda en buena medida la funci&oacute;n del narrador de la que hablaba Walter Benjamin. Seg&uacute;n Benjamin, el arte de la narraci&oacute;n estaba llegando a su fin. "Dir&iacute;ase, escribe, que una facultad que nos pareciera inalienable, la m&aacute;s segura entre las seguras, nos est&aacute; siendo retirada: la facultad de intercambiar experiencias" (112). Las mil aventuras de Mariana bien podr&iacute;an contarse entre las escasas excepciones: sus aforismos nos transmiten su experiencia vivida y, en este sentido, todos ellos tienen algo que ense&ntilde;ar a quien lee. "En todos los casos, el que narra es un hombre que tiene consejos para el que escucha. Y aunque el "saber consejo" nos suene pasado de moda, eso se debe a la circunstancia de una menguante comunicabilidad de la experiencia", insiste Benjamin. Esto no nos sucede cuando leemos a Mariana Frenk, &iquest;ser&aacute; acaso que su agudeza y sensibilidad narrativas le vienen de muy lejos, de un inicio de siglo donde comunicar ten&iacute;a que ver a&uacute;n con la transmisi&oacute;n de experiencias y no con la tarea de informar? &iquest;Ser&aacute; su obra un ejemplar de una especie en extinci&oacute;n? Y si lo fuera, he aqu&iacute; este libro para ense&ntilde;arnos de nuevo lo que significa internarse en el mundo de la narraci&oacute;n. "El narrador, termina diciendo Benjamin, es admitido junto al maestro y al sabio. Y ello porque le est&aacute; dado recurrir a toda una vida. (Por lo dem&aacute;s, una vida que no s&oacute;lo incorpora la propia experiencia sino, en no peque&ntilde;a medida, tambi&eacute;n la ajena. En el narrador, lo sabido de o&iacute;das se acompa&ntilde;a junto a lo m&aacute;s suyo). Su talento es de poder narrar su vida y su dignidad: la totalidad de su vida (134). Y es esa la dignidad del sabio, la dignidad de la escritura de Mariana Frenk. Por esto, dec&iacute;a yo al inicio que la inteligencia de la mariposa no era suficiente, hab&iacute;a algo m&aacute;s del orden de la sabidur&iacute;a, de este saber al que se refiere el fil&oacute;sofo alem&aacute;n, en la escritura de esta narradora. Pero hay tambi&eacute;n, en sus cuentos y aforismos, en particular en su cuento "La instituci&oacute;n", un aire de familia con los escritores alemanes que he citado aqu&iacute;. Es cierto que la presencia de un M&eacute;xico en el que ha pasado la mayor parte de su vida se refleja en su obra, pero es indiscutible el trasfondo profundo de sus virtudes narrativas, de sus fuentes quiz&aacute; de infancia. En sus cuentos se respira el aire familiar de las instituciones descritas por Robert Walzer, el sarcasmo agudo de Kafka y la nostalgia narrativa de un Benjamin. Aunque en ella, la sonrisa siempre presente desdibuje su pasado y muestre algo que quiz&aacute; ella misma ha aprendido del M&eacute;xico que la acogi&oacute;. "Hay muchas y muy diversas maneras de expresar sufrimiento. La m&aacute;s elegante, en M&eacute;xico muy com&uacute;n, es sonre&iacute;r" (101).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todo, lo que queda de sus mil aventuras, es ese placer y ese o&iacute;r consejo de quien a trav&eacute;s de una escritura l&iacute;mpida pero rigurosa logra transmitirnos su experiencia de vida y hacernos entrar en el universo, en nuestra sociedad tab&uacute;, de la vejez, con la frescura y vivacidad de quien entra en una fiesta. "Acepta a la vejez como otra aventura que te brinda la vida y g&oacute;zala con el esp&iacute;ritu aventurero de tu juventud y con la sonriente sabidur&iacute;a que te han regalado tus muchos a&ntilde;os". Gracias Mariana.</font></p>      ]]></body>
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