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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Dossier: En torno a la traducci&oacute;n</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Glosolalia? (Respuesta a Ana Casta&ntilde;o)</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pura L&oacute;pez Colom&eacute;</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiero comenzar esta peque&ntilde;a y modesta respuesta a tu ensayo en torno a la glosa con un poema de Enrique Fierro que &#151;cosa que despu&eacute;s no te extra&ntilde;ar&aacute; en lo m&aacute;s m&iacute;nimo&#151; "se dej&oacute;" traducir al ingl&eacute;s (por Alastair Reid) casi tan fluidamente como muchos de los poemas de Borges:</font></p>         <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>De traducciones y tradicionales confusiones</i></font></p>           ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">robaremos hoteles y museos    <br>       de formas como colores    <br>       colores como ojos    <br>       ojos como epidemias    <br>       de traducciones y tradicionales    <br>       confusiones de formas    <br>       como colores    <br>       como ojos    <br>       como epidemias    <br>       de traducciones y tradicionales    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>       confusiones</font></p>     </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Translations and Traditional Confusions</i></font></p> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">we will steal from hotels and museums    <br> 	    forms like colours    <br> 	    colours like eyes    <br> 	    eyes like epidemics    <br> 	    of translations and traditional    <br> 	    confusions of forms    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	    like colours    <br> 	    like eyes    <br> 	    like epidemics    <br> 	    of translations and traditional    <br> 	    confusions</font></p> 	</blockquote>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acostumbrado que est&aacute; uno a encontrar la pluralidad de sentido, sobre todo en ingl&eacute;s, debido a la flexibilidad de sus usos preposicionales, f&aacute;cilmente pasar&iacute;a por alto lo que un simple "de" puede lograr (al irse <i>de</i> la boca, y no por deslenguado o pertenecer al gremio de las malas lenguas, sino por hacerse <i>de</i> la vista gorda). En el original en espa&ntilde;ol, las formas mencionadas en el segundo verso pertenecen a los hoteles y a los museos; el traductor <i>decide</i> robar, extraer no las formas propias de los hoteles, sino sacarlas de su interior, y todo gracias a un <i>from</i> que a&ntilde;ade, en vez de la postura m&aacute;s cautelosa y conservadora de una literalidad que, en este caso en particular, por medio de un <i>of,</i> coincidir&iacute;a con el deliberado <i>of</i> de unos versos m&aacute;s adelante, y que el autor quiso as&iacute; en su poema. Tenemos, como resultado, un poema transformado. Dado que el traductor es quien es, maestro en estas artes si los hay, nadie pensar&iacute;a que no entendi&oacute; el uso original o, menos a&uacute;n, que lo pas&oacute; por alto sin querer. Estamos, entonces, ante un acto de subrepci&oacute;n, "ocultaci&oacute;n de un hecho para obtener lo que de otro modo no se conseguir&iacute;a". &iquest;Con qu&eacute; derecho?, preguntar&iacute;an quienes el propio Alastair llama "the translation police". Con el que asiste al buen entendedor, al verdadero y atento degustador de las mieles art&iacute;sticas; al capaz de dar en el clavo de uno de tantos <i>quid pro quo</i> autorizados por la gran diosa, la justicia po&eacute;tica, y crear a un "amado en amada transformado".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alastair Reid ha sido uno de mis grandes faros en la zona, con frecuencia minada, de la traducci&oacute;n po&eacute;tica. Y he tenido la suerte personal de trabajar a su lado, haciendo confeti de la literalidad mal entendida. Comparada con este sumo traductor de Borges y Neruda, entre tantos otros, yo resulto francamente conservadora, miedosa, fr&aacute;gil. Los riesgos que la vida le ha ense&ntilde;ado a correr son, a estas alturas, francas haza&ntilde;as. Hace poco me cont&oacute; que Neruda le dec&iacute;a: "No olvides, querido Alastair, que no quiero que traduzcas mi poes&iacute;a; quiero que la mejores". Sin envanecerse para nada por esta confianza ciega que <i>sus</i> autores le han conferido, ha ido aprendiendo, a lo largo de ochenta a&ntilde;os, que sin desaf&iacute;o &#151;siempre y cuando implique creaci&oacute;n, arte, enaltecimiento&#151; la traducci&oacute;n simple y sencillamente carece de sentido. Y esto conlleva, huelga decirlo, una integridad y una moral a prueba de balas (incluso policiacas).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toda esta larga introducci&oacute;n viene al caso por mi traducci&oacute;n del poema de Seamus Heaney que con tu bien entrenada lupa y tu impecable gusto literario has tenido a bien tomar en cuenta. Como sabes, el poema original pertenece a una serie en homenaje al poema medieval, escrito en ga&eacute;lico, titulado <i>Buile Suibhne</i> o, como Heaney lo prefiere, <i>Sweeney Astray</i> (que yo, a mi vez, nombrar&iacute;a quiz&aacute;s <i>El desvar&iacute;o de Sweeney</i> o <i>La locura de Sweeney</i> o <i>Sweeney desquiciado).</i> El poema en torno al rey&#45;p&aacute;jaro exiliado a las copas de los &aacute;rboles por motivo de una maldici&oacute;n inspir&oacute; en Heaney, nada menos que su traductor, poemas en reconocimiento a los personajes medievales, cuyo papel, poco reconocido, resultaba esencial en la creaci&oacute;n: el escriba, el artista, el cl&eacute;rigo, el ermita&ntilde;o, el maestro. Y desde luego que <i>su</i> escriba tiene un poco de todos los otros, as&iacute; como los otros algo de &eacute;l. Todos, de alguna manera, encarnan al glosador, quien consagra su vida a la labor del <i>scriptorium</i> haciendo honor a la glosa. El traductor y luego poeta, no conforme con el acto recreativo de su traducci&oacute;n, al dedicarle un poema propio al poema <i>Buile Suibhne</i> no hace otra cosa que despojar a <i>su</i> glosa de cualquier acepci&oacute;n negativa. De haber traducido yo ese primer poema de la serie como "La primera glosa" todo habr&iacute;a sido aceptable y as&eacute;ptico. &iquest;Y el famoso desaf&iacute;o? &iquest;Y la justicia po&eacute;tica? En &eacute;stas me hallaba cuando la palabra misma, merced a su otro significado (lustre, brillo), me ofreci&oacute; una opci&oacute;n con m&aacute;s luz, m&aacute;s connotaci&oacute;n y, claro, m&aacute;s riesgo ante la "translation police". As&iacute; pues, subrepticiamente, a la Reid, me lanc&eacute; al vac&iacute;o. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a la respuesta de Heaney?: todo un privilegio, de esas ocasiones &uacute;nicas que lo hacen a uno seguir adelante en tareas tan de suyo ingratas: me envi&oacute; su ensayo titulado <i>Earning a Rhyme</i> que, cosa curiosa, acababa de publicar en la revista <i>Poetry Ireland,</i> y giraba en torno a su experiencia como traductor de... <i>Buile Suibhne.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brevemente he de contarte que, en el ensayo, Heaney se pone a s&iacute; mismo en tela de juicio. Habla de su primera traducci&oacute;n, demasiado vehemente y apasionada, en la que se permit&iacute;a a&ntilde;adir, agregar de su cosecha y as&iacute; enmendar el poema medieval, que le parec&iacute;a un poco sordo y, en momentos, demasiado seco. Bueno, para ayudarle al lector, Heaney llegaba a llamar L&aacute;zaro al monarca, llen&aacute;ndolo de connotaciones ausentes en el original, en su mayor&iacute;a producto de interpretaciones de un traductor que se sent&iacute;a con derecho a ir "m&aacute;s all&aacute;", con tal de dar a conocer lo magn&iacute;fico que s&iacute; hab&iacute;a visto. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s cay&oacute; en la cuenta de que todo lo verdaderamente interpretable se dar&iacute;a a partir de una lectura m&aacute;s sobria, apegada a esa sequedad del primer texto. Las rimas que en un principio le molestaban, y a las que se permiti&oacute; sustituir por aliteraciones y otras filigranas, probaron ser esenciales para el rescate <i>real:</i> no se hab&iacute;a imaginado siquiera la riqueza encerrada en ese quehacer. Tuvo, pues, que hacerse digno de esas formas, <i>gan&aacute;rselas</i> a cabalidad, para ver que eran consustanciales al fondo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde luego que, aprovechando la afortunada posibilidad de dialogar con el autor, incurr&iacute; en la obviedad de preguntarle si pensaba que mi "resplandor", en vez de "glosa", no ca&iacute;a precisamente en los terrenos de la vehemencia interpretativa. Para mi consuelo y desahogo, Heaney estuvo de acuerdo contigo, Ana, en que la justicia po&eacute;tica hab&iacute;a dado su lugar, su "trono olvidado", a los escribas que arrojaban luz sobre el texto con su glosas, haci&eacute;ndolas resplandecer. Me daba, de esta manera, dos lecciones: cuidado con la vehemencia, pero arriesga <i>siempre y cuando</i> exista una confirmaci&oacute;n por parte de la diosa... que consista en un don de m&aacute;s proporcionado por la lengua anfitriona, algo reconocible como, en palabras de Heaney, un <i>extra bonus.</i> Acaso ese dividendo haya sido un cierto <i>resplandor.</i></font></p>     ]]></body>
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