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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as y notas bibliogr&aacute;ficas </font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Forn&eacute;s Pallicer, M. Ant&ograve;nia, y Merc&eacute; Puig Rodr&iacute;guez&#45;Escalona, <i>El porqu&eacute; de nuestros gestos. La Roma de ayer en la gestualidad de hoy</i> </b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Alberto J. Quiroga Puertas*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Palma/Barcelona, Ediciones Universitat de les Illes Balears, 2008, 92 p&aacute;gs.</b></font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Doctor en Filolog&iacute;a cl&aacute;sica por la Universidad de Granada (Espa&ntilde;a), actualmente, Honorary Research Fellow de la School of Archaeology, Classics and Egyptology de la Universidad de Liverpool (UK), es estudioso de la ret&oacute;rica y de la literatura griega tardo&#45;imperial. Su campo de investigaci&oacute;n comprende la Segunda Sof&iacute;stica, la Tercera Sof&iacute;stica, la actio/hyp&oacute;krisis en el campo de la ret&oacute;rica imperial, y la relaci&oacute;n cristianismo&#45;paganismo vehiculada a trav&eacute;s de la literatura del siglo IV d. C.</i> <a href="mailto:liverquiroga@hotmail.com">liverquiroga@hotmail.com</a>.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recepci&oacute;n: 25 de agosto de 2008.     <br>     Aceptaci&oacute;n: 25 de noviembre de 2008.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave: </b>gestos, literatura romana, Roma, signos no verbales. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Keywords:</b> gestures, non&#45;verbal signs, Roman literature, Rome. </font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente volumen trata uno de los t&oacute;picos m&aacute;s cotidianos y al mismo tiempo m&aacute;s dif&iacute;cil de estudiar de la civilizaci&oacute;n greco&#45;romana, la gestualidad y los movimientos corporales. Para llevar a cabo el estudio, las autoras se basan en una estructura triple y b&aacute;sica de la comunicaci&oacute;n humana: el lenguaje verbal, el paralenguaje (c&oacute;mo decimos y c&oacute;mo nos expresamos) y el lenguaje cin&eacute;sico (c&oacute;mo nos movemos). Partiendo de esta divisi&oacute;n, Forn&eacute;s y Puig bucean en las fuentes cl&aacute;sicas para determinar hasta qu&eacute; punto la gestualidad y los signos no verbales romanos se han conservado en la cultura occidental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comienza el libro con el gesto del "bla, bla, bla", inspirado en el picotear de la cig&uuml;e&ntilde;a o en su cuello, seg&uacute;n nos relata Persio en su S&aacute;tira, 1, 58: "o Iane, a tergo quem nulla ciconia pinsit". Un escolio a un pasaje de Persio nos provee igualmente con alg&uacute;n ejemplo de imitar las orejas de asno como se&ntilde;al de burla: "apositio temporibus pollice imitantur aures asini aliis digitis".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n tuvo en Roma un sentido burlesco el gesto de sacar la lengua (vid. Aulo Gelio, <i>Noches Aticas,</i> 9, 13, 12&#45;13, y Tito Livio, <i>Ab Urbe Condita,</i> 7, 10, 5). Con todo, llama m&aacute;s la atenci&oacute;n que en ocasiones este adem&aacute;n se interpretara como magia protectora: en representaciones de la Medusa Gorgona con la lengua de fuera, &eacute;sta se interpretaba como un falo y la boca de la Gorgona como una vagina, por lo que en virtud de los poderes apotropaicos de los falos este gesto tambi&eacute;n ten&iacute;a una lectura positiva. Asimismo el acto de levantar el dedo tuvo un sentido similar si nos atenemos a algunos pasajes del epigramista Marcial, de cuyos textos se deduce <i>(Epigramas,</i> 6, 70, 5&#45;6; 2, 28, 1&#45;2) que el dedo cordial erguido imitaba un falo erecto. Y nuevamente, en virtud de su similitud con un falo, volvemos a comprobar que ten&iacute;a un efecto apotropaico para alejar el mal de ojo a modo de <i>fascinum.</i> Tambi&eacute;n parece ser un gesto protector contra el mal de ojo hacer cuernos con la mano, si bien las autoras s&oacute;lo nos proveen representaciones art&iacute;sticas de &eacute;poca etrusca.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el polo opuesto, cruzar las piernas era considerado no s&oacute;lo como de mal gusto sino como un mal presagio. Plinio el Viejo <i>(Historia Natural,</i> 28, 59) comenta que dicho gesto no s&oacute;lo estaba prohibido en reuniones y consejos pol&iacute;ticos, sino que cruzar las piernas ante una embarazada pod&iacute;a propiciar que &eacute;sta tuviera dificultades en el parto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Igualmente curioso resulta el origen de lanzar un beso con la mano, que se encuentra en la etimolog&iacute;a de los verbos <img src="/img/revistas/novatell/v27n1/a11i1.jpg"> y <i>adorare.</i> Lanzar un beso al aire era el modo de adorar a algunos dioses, y este gesto como tal pas&oacute; al acervo cultural cristiano. As&iacute;, un pasaje de Jer&oacute;nimo <i>(Contra Rufino,</i> 1, 19) confirma que "quienes adoran suelen besar la mano".</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El chasqueo de dedos parece tener un sentido muy similar al actual, es decir, llamar la atenci&oacute;n de alguien para dar una orden. Con todo, dependiendo de la fuente a la que recurramos, este adem&aacute;n significaba algo en espec&iacute;fico: ciertos epigramas de Marcial relatan que el chasquido de los dedos se relacionaba con la orden a un eunuco por parte de su due&ntilde;o para que le dirigiera el pene al orinal <i>(Epigramas,</i> 3, 82, 15&#45;17; 6, 89, 1&#45;3).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La acci&oacute;n de llevarse un dedo a la boca para pedir silencio parece no haber sufrido variaci&oacute;n alguna. Es llamativo el hecho de que la inclusi&oacute;n del dios egipcio Horus en el pante&oacute;n greco&#45;romano llevara al error respecto a dicho gesto: muchas representaciones de esta divinidad tienen el dedo en la boca como cualquier ni&ntilde;o, pero al estar en un &aacute;mbito religioso se consider&oacute; que Horus exig&iacute;a silencio a sus adoradores.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, el gesto de tirar de la oreja fue algo distinto. Por principio de cuentas, en Roma simplemente se tocaba el l&oacute;bulo con el fin de hacer recordar algo. En este sentido, resulta curioso que algunos manuales de fisiolog&iacute;a consideraran el l&oacute;bulo de la oreja como la sede de la memoria. Otro uso de este adem&aacute;n atestiguado en Plauto <i>(El Persa,</i> 745&#45;749) y en Horacio <i>(S&aacute;tiras,</i> 1, 9) consist&iacute;a en tocar el l&oacute;bulo de la oreja cuando se requer&iacute;a a alguien para que testificara en un juicio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La mayor virtud de este brev&iacute;simo an&aacute;lisis es el afrontar el estudio de elementos tan dif&iacute;ciles de rastrear como la gestualidad, elemento que obviamente no se puede cotejar. Con todo, hay un peso que se deja notar a lo largo de la obra y que va en contra de su esencia misma: a pesar de que se insiste en la idea de que nuestros gestos son deudores de aquellos de los romanos, al finalizar el libro se tiene la impresi&oacute;n de que se han comparado dos entidades abstractas, sin conexi&oacute;n ni nexo alguno (Roma y la moderna cultura occidental). Desde este punto de vista, se echa de menos alg&uacute;n contenido relativo a la transmisi&oacute;n de los gestos en fuentes medievales o renacentistas.</font></p>      ]]></body>
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