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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	         <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La cultura institucional de g&eacute;nero en la Universidad de Guadalajara<a href="#nota">*</a></b></font></p>              <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Adri&aacute;n Acosta Silva**</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">** <i>Profesor&#45;investigador del Departamento de Pol&iacute;ticas P&uacute;blicas, CUCEA&#45;Universidad de Guadalajara. Correo e: </i><a href="mailto:aacosta@cucea.udg.mx.">aacosta@cucea.udg.mx.</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>      <p align="right"><font face="verdana" size="2">No, no proteste, no me censure,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 	palabra de honor que hago lo posible y con todo,    <br> 	qu&eacute; se le va a hacer,    <br> 	la memoria tiene su mecanismo propio, su ritmo, sus leyes, sus caprichos...</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Antonio Lobo Antunes, <i>El orden natural de las cosas</i></font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro es una exploraci&oacute;n sociol&oacute;gica dentro y en los alrededores de un tema complejo, que suele suscitar confusiones y emociones encontradas, a veces algunos debates, y que tambi&eacute;n es utilizado frecuentemente por gobernantes, por las elites pol&iacute;ticas y las autoridades institucionales como parte del arsenal ret&oacute;rico ya habitual de lo pol&iacute;ticamente correcto: la equidad de g&eacute;nero. Como es sabido, un ingrediente infaltable en el discurso pol&iacute;tico contempor&aacute;neo para presentar una imagen s&oacute;lida de modernidad y democracia es incorporar las alusiones al g&eacute;nero como parte de las preocupaciones &eacute;ticas y est&eacute;ticas, pol&iacute;ticas y c&iacute;vicas de pol&iacute;ticos y funcionarios en los distintos campos de la acci&oacute;n p&uacute;blica, incluyendo por supuesto la que ocurre en la vida universitaria. Ese discurso, arraigado en diversos grados entre partidos de izquierda y de derecha, de gobiernos panistas, priistas o perredistas, sin embargo, no parece corresponderse con las pr&aacute;cticas cotidianas que ocurren en las organizaciones e instituciones sociales, p&uacute;blicas y privadas. Y ello es la expresi&oacute;n de un viejo h&aacute;bito pol&iacute;tico mexicano: cambiar la realidad a fuerza de palabras, pensar que enunciar buenas intenciones bastan para cambiar inc&oacute;modas realidades; para el caso que nos ocupa, los deseos de equidad como recursos cuasi&#45;m&aacute;gicos de cambio en las pol&iacute;ticas de g&eacute;nero. Nombrar palabras como exorcismo para tratar de cambiar el <i>orden natural de las cosas,</i> para decirlo en palabras del escritor portugu&eacute;s Antonio Lobo Antunes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta tensi&oacute;n entre discursos y pr&aacute;cticas, entre deseos y realidades, est&aacute; en el origen y en el fondo de la investigaci&oacute;n que nos ofrece la investigadora de la U. de G., Cristina Palomar. Y lo hace a partir de examinar un contexto institucional espec&iacute;fico: el universitario, un mundo donde se supondr&iacute;a que la vida acad&eacute;mica contempor&aacute;nea, el lugar donde se practica la racionalidad fundada en el saber, en el debate y la pluralidad, es el lugar "natural" donde las relaciones de g&eacute;nero tender&iacute;an quiz&aacute;s a ser m&aacute;s equilibradas que en otras zonas de la vida social. Sin embargo, como veremos m&aacute;s adelante, ello no ocurre necesariamente as&iacute;. No hay una suerte de excepcionalidad universitaria en este tema, como tampoco en muchos otros (la cultura pol&iacute;tica, por ejemplo). La autora explora cuidadosamente esa dimensi&oacute;n poco conocida de nuestras instituciones universitarias: el peso de las relaciones de g&eacute;nero en la estructuraci&oacute;n de las creencias, los significados y las pr&aacute;cticas de sus actores y espectadores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n, organizo en algunos puntos mis impresiones sobre el texto, que no tienen m&aacute;s intenci&oacute;n que convertirse en la invitaci&oacute;n hacia una ruta de entrada para quienes deseen mirar con mayor profundidad y detenimiento su libro.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. <b>El tema y el objeto.</b> Obviamente, el tema tiene que ver con los estudios de g&eacute;nero, una perspectiva cultivada sistem&aacute;ticamente desde hace ya casi dos d&eacute;cadas por la autora, y cuyos productos hemos le&iacute;do en diversas publicaciones y trabajos. Sin embargo, el objeto de este libro posee el atractivo irresistible de la novedad: la configuraci&oacute;n de ciertos comportamientos institucionales en torno al tema de g&eacute;nero, vistos a trav&eacute;s de lo que la autora denomina, "la cultura institucional de g&eacute;nero", en una universidad p&uacute;blica, la U. de G. La pregunta inicial de Palomar es: "&iquest;Cu&aacute;l es la precisa forma de convivencia que, a partir del orden de g&eacute;nero, se construye en el mundo universitario como parte de la cultura institucional de la Universidad de Guadalajara?" (p.12&#45;13)</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para evitar confusiones y malos entendidos, en el texto se ofrece desde el principio una definici&oacute;n espec&iacute;fica de sus categor&iacute;as centrales: g&eacute;nero y cultura institucional. G&eacute;nero "como principio simb&oacute;lico de ordenamiento social, cuyo origen se basa en el sexo de los sujetos, y que se concreta en pr&aacute;cticas, normas, s&iacute;mbolos.. .que conforman una estructura invisible y naturalizada, con efectos en todas las dimensiones de la vida cotidiana institucional" (p.13). <i>Cultura institucional</i> como la "particular red de signos, pr&aacute;cticas, tradiciones, costumbres, rutinas, rituales e inercias propias de una instituci&oacute;n, en las que se encuentran tejidos tambi&eacute;n los conflictos y negociaciones entre los distintos agentes, dando lugar a los diversos juegos de poder generados por las pr&aacute;cticas cotidianas institucionales." (p. 25)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas definiciones precisan la perspectiva anal&iacute;tica de la autora, sus lentes conceptuales: se trata de mirar las pr&aacute;cticas que habitan el orden socio&#45;institucional de todos los d&iacute;as, una suerte de sociolog&iacute;a de la vida cotidiana vista desde la ventana del g&eacute;nero, en una casa que por exigencias t&eacute;cnicas es la Universidad de Guadalajara, pero que podr&iacute;a ser tambi&eacute;n una oficina de gobierno, una empresa, un comercio, tal vez una familia. Con ello, me parece que Cristina se aleja de los lugares comunes del feminismo m&aacute;s ortodoxo, pero tambi&eacute;n del activismo que basa su combustible en la denuncia de todos los machismos y sexismos imaginables. Su inter&eacute;s no es denunciar o moralizar, sino tratar de comprender la complejidad de un fen&oacute;meno rebelde a las simplificaciones y a las intencionalidades pol&iacute;ticamente correctas que hemos observado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en distintos campos de la acci&oacute;n social.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. <b>La mirada.</b> Como narra la propia autora, el origen de esta investigaci&oacute;n parte de un esfuerzo convocado hace unos a&ntilde;os por la SEP, ANUIES e Inmujeres para "introducir la perspectiva de g&eacute;nero en todos los niveles institucionales del &aacute;mbito educativo como perspectiva de democratizaci&oacute;n de sus instituciones" (p.7). El supuesto obvio de tal iniciativa &#45;y bien mirado, de todo discurso generista&#45;, es que la inequidad de g&eacute;nero es una realidad incontrovertible, obvia, cuyas sombras se extienden por las universidades y por todo el sistema educativo, y donde la expresi&oacute;n cotidiana es la dominaci&oacute;n masculina como el producto natural e invisible de todas las instituciones de la sociedad contempor&aacute;nea. Este supuesto implica discriminaci&oacute;n, violencia de g&eacute;nero, desigualdades y exclusiones, especialmente hacia las mujeres, pero tambi&eacute;n hacia homosexuales, travestis o bisexuales. En otras palabras, la iniciativa descansa en el supuesto de que la inexistencia de una perspectiva de g&eacute;nero en las universidades explica un comportamiento antidemocr&aacute;tico de las mismas. Sin embargo, como se&ntilde;ala la Dra. Palomar, antes que decidir c&oacute;mo instrumentar acciones de equidad, y qu&eacute; tipo de pol&iacute;ticas son las m&aacute;s adecuadas, los primero era dilucidar c&oacute;mo se comportan las instituciones (en este caso la universidad) en la vida cotidiana respecto a las relaciones de g&eacute;nero; saber los significados, las pr&aacute;cticas, las creencias y las rutinas de negociaci&oacute;n de los conflictos entre g&eacute;neros, y el grado de naturalizaci&oacute;n de los &oacute;rdenes de g&eacute;nero en estas instituciones.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En otras palabras, se trataba, m&aacute;s que de actuar, de comprender; m&aacute;s que de tomar acciones pr&aacute;cticas para introducir ciertas pol&iacute;ticas institucionales favorecedoras, te&oacute;ricamente de la equidad de g&eacute;nero, de entender primero c&oacute;mo se desarrollan dichas pr&aacute;cticas en las universidades, a partir de una exploraci&oacute;n de las evidencias emp&iacute;ricas disponibles.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para ello, la autora formula una hip&oacute;tesis general, que le permite organizar su estudio a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de cierta informaci&oacute;n cuantitativa y cualitativa: en la U. de G. existe una cultura institucional que implica, "de manera naturalizada, una pr&aacute;ctica cotidiana discriminatoria, sexista y homof&oacute;bica acorde con el contexto cultural en el que se ubica la instituci&oacute;n, en tanto que dicho contexto cultural, sus valores y pr&aacute;cticas penetran en todos los niveles de la vida universitaria y reproducen diversos fen&oacute;menos de inequidad de g&eacute;nero" (p. 46). Este argumento coloca en perspectiva dos fen&oacute;menos fuertemente interrelacionados, y, para el ojo com&uacute;n, invisibles, indistinguibles: el "orden natural" de las cosas en la vida institucional, y la construcci&oacute;n simb&oacute;lica de un orden social que reproduce y legitima la inequidad de g&eacute;nero. En otras palabras, la s&oacute;lida conformaci&oacute;n de un orden natural de patrones sexistas que impone su invisibilidad cotidiana al orden socio institucional en el &aacute;mbito pol&iacute;tico, acad&eacute;mico y laboral de la universidad.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. <b>Los hallazgos.</b> Es un hecho que la universidad p&uacute;blica mexicana ha experimentado un claro proceso de feminizaci&oacute;n de su matr&iacute;cula y de su personal acad&eacute;mico desde finales de los a&ntilde;os sesenta del siglo pasado. Como ha sido estudiado desde hace tiempo, la incorporaci&oacute;n masiva de las mujeres a la educaci&oacute;n superior se ha constituido como uno de los motores de la expansi&oacute;n educativa general en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Hoy, visto el conjunto de la educaci&oacute;n superior en M&eacute;xico, uno de cada dos estudiantes universitarios son mujeres, lo mismo que en el caso del personal administrativo, y i de cada tres acad&eacute;micos son mujeres. Tambi&eacute;n y aunque en mucha menor proporci&oacute;n, hay mujeres que ocupan puestos medios y altos en la estructura burocr&aacute;tica y de autoridad en la universidad. Sin embargo, dice la autora, este proceso se desarrolla sobre el "principio simb&oacute;lico de g&eacute;nero", de los c&oacute;digos de la dominaci&oacute;n masculina de los rituales, las estructuras y las pr&aacute;cticas cotidianas universitarias (p.98). A partir de estas consideraciones, se explora la cultura de g&eacute;nero entre personal acad&eacute;mico, entre el personal administrativo y entre el estudiantado.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En aras del tiempo, me concentrar&eacute; solamente en los hallazgos respecto a la cultura de g&eacute;nero entre el personal acad&eacute;mico. En este segmento, dice la autora, encontramos un panorama contradictorio, un patr&oacute;n doble: uno "tradicional" en t&eacute;rminos de g&eacute;nero en lo que se considera la vida privada, y un "patr&oacute;n de avanzada" en el &aacute;mbito profesional. El primero implica que las mujeres tienden a intercambiar o a sacrificar sus trayectorias acad&eacute;micas por la dedicaci&oacute;n de tiempo a las tareas familiares y dom&eacute;sticas, mientras que, a la vez, hay un reconocimiento institucional cada vez mayor a los logros acad&eacute;micos, independientemente del g&eacute;nero. (194&#45;195). La delimitaci&oacute;n de la frontera entre lo privado y lo profesional es m&aacute;s "borrosa y el&aacute;stica" en el caso de las mujeres que en el de los varones.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La existencia de matrimonios entre acad&eacute;micos revela la fuerza de estas determinaciones privado/profesionales, donde el peso de los hijos, la escuelas y guarder&iacute;as tiende a caer bajo la responsabilidad principal de las mujeres y no de los hombres.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. Algunas consideraciones y nuevas interrogantes. Como se&ntilde;ala la autora, el discurso de g&eacute;nero en la vida institucional cumple dos funciones contradictorias: por un lado, legitima a las autoridades institucionales y a las elites pol&iacute;ticas universitarias, pues las coloca en una posici&oacute;n de modernidad y democracia, pero por otro lado tambi&eacute;n puede ser un discurso que favorece la discriminaci&oacute;n y ahonda las desigualdades de g&eacute;nero. "Hemos visto secretarias sindicales, funcionarias de alto nivel y coordinadoras acad&eacute;micas, esgrimiendo discursos sobre la equidad de g&eacute;nero para asegurar su metas y disimular el pragmatismo de sus objetivos personales, aunque el resto de los agremiados no disfrute ning&uacute;n beneficio pr&aacute;ctico de dicho discurso" (139140). En otras palabras, es un discurso que produce la legitimaci&oacute;n cotidiana de dos imposturas: una impostura pol&iacute;tica, y una impostura de g&eacute;nero. La primera cae en el &aacute;mbito de lo pol&iacute;ticamente correcto, mientras que la otra tiene que ver m&aacute;s con los c&oacute;digos de la competencia por el poder y los reconocimientos que con la equidad de g&eacute;nero.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro punto que resaltar&iacute;a como aportaci&oacute;n del libro tiene que ver con un tema viejo de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas: la factibilidad de las pol&iacute;ticas, en este caso de g&eacute;nero. Es indudable que las distintas generaciones del feminismo mexicano han colocado en la agenda p&uacute;blica mexicana el tema del g&eacute;nero como preocupaci&oacute;n pol&iacute;tica, intelectual e institucional. Eso forma parte del lento, quiz&aacute; silencioso y conflictivo pero persistente proceso civilizatorio mexicano de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Adem&aacute;s, el campo de investigaci&oacute;n en torno al tema ha ganado fuerza y legitimidad acad&eacute;mica y cient&iacute;fica en la educaci&oacute;n superior de nuestro pa&iacute;s. Ello no obstante, la formulaci&oacute;n, el proceso de dise&ntilde;o e implementaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas de g&eacute;nero padecen de los mismos problemas de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en general: su inconsistencia, sus supuestos, sus confusiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como dice el axioma del sentido com&uacute;n, buenas intenciones no son buenas acciones. En t&eacute;rminos de pol&iacute;ticas, los deseos y las intenciones no anticipan realidades. M&aacute;s a&uacute;n, las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas sulene conllevar efectos no deseados o contraf&aacute;cticos, es decir, contrarios a las intenciones y objetivos declarados. El problema suele consistir en que el voluntarismo pol&iacute;tico de las pol&iacute;ticas (enmarcados en discursos m&aacute;s o menos extensos o intensos) no contempla el problema pr&aacute;ctico de las capacidades de las instituciones para transformar pr&aacute;cticas y h&aacute;bitos de individuos y grupos. Esa distinci&oacute;n entre palabras y hechos, entre dichos y hechos, parece estar en el centro de esa baja permeabilidad de las pol&iacute;ticas de g&eacute;nero en las vidas institucionales. Y el libro de Palomar nos ofrece, de manera clara, un conjunto de nuevas interrogantes, sospechas e hip&oacute;tesis para tratar de descifrar la complejidad de las relaciones entre las dimensiones pol&iacute;ticas, simb&oacute;licas y culturales que subyacen a las pr&aacute;cticas de g&eacute;nero en aulas, pasillos y cub&iacute;culos de las universidades mexicanas. Ello tiene una aportaci&oacute;n significativa a un campo emergente de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en M&eacute;xico: el dise&ntilde;o e implementaci&oacute;n de pol&iacute;ticas basadas en evidencias, una forma de aproximaci&oacute;n que enfatiza el conocimiento de los fen&oacute;menos sociales antes de tratar de actuar sobre ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto tambi&eacute;n conduce a una l&iacute;nea de reflexi&oacute;n asociada a la relaci&oacute;n entre las ideas y las pol&iacute;ticas. &iquest;C&oacute;mo traducir una buena idea &#45;entendida como sistema de creencias&#45; en pol&iacute;ticas p&uacute;blicas realistas y factibles? Para el caso de las perspectivas de g&eacute;nero: &iquest;C&oacute;mo articular el potente discurso del g&eacute;nero &#45;un conjunto de ideas claras&#45; con la transformaci&oacute;n de cierto orden simb&oacute;lico y pr&aacute;ctico dominado por la desigualdad y la discriminaci&oacute;n, de maneras visibles e invisibles? Creo que ah&iacute;, es esa perspectiva, libros como el de La cultura institucional del g&eacute;nero. ayudan a reconocer la complejidad de un territorio institucional que, gracias, entre otras cosas, a los reclamos pol&iacute;ticos y pr&aacute;cticos de la perspectiva de g&eacute;nero, ya no es, desde hace tiempo, lo que sol&iacute;a ser.</font></p> 	    <p align="justify">&nbsp;</p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="nota"></a>Nota</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Palomar Verea, Cristina. (2011) La cultura institucional de g&eacute;nero en la Universidad de Guadalajara. M&eacute;xico, D.F.: ANUIES, 160 p.</i></font></p>      ]]></body>
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