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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><i><b>La libertad acad&eacute;mica</b></i></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ver&oacute;nica Mar&iacute;n Fuentes</b>*</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Conrad Russell Buenos Aires, Universidad de Palermo, 2009</b></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Licenciada en Psicolog&iacute;a (UNAM), con estudios de maestr&iacute;a en Pedagog&iacute;a (UNAM). Becaria del IISUE y participante en el proyecto "An&aacute;lisis y fortalecimiento de las pol&iacute;ticas de equidad y cohesi&oacute;n social en la educaci&oacute;n superior mexicana".</i> CE: <a href="mailto:anasofia_psic@yahoo.com.mx">anasofia_psic@yahoo.com.mx</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Pocas formas de libertad acad&eacute;mica son m&aacute;s importantes    <br> 	que la libertad de escoger temas de investigaci&oacute;n.    <br> 	Sin duda sin esa libertad, la libertad de publicar opiniones    <br> pol&eacute;micas e impopulares tiende a convertirse en letra muerta.</font></p>     <p align="right"><font face="verdana" size="2">Conrad Russell</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este texto representa una fuente de conocimiento para los interesados en la educaci&oacute;n superior inglesa, la libertad acad&eacute;mica y la autonom&iacute;a universitaria. Fue escrito a prop&oacute;sito del proyecto de Ley de Educaci&oacute;n Superior impulsado en 1988, cuando Margaret Tatcher se desempe&ntilde;aba como primera ministra en el gobierno brit&aacute;nico (1979&#45;1990). Para cuando fue escrito, en 1991, el debate ya se hab&iacute;a cerrado, y muchas de las presiones gubernamentales que en &eacute;l se discutieron finalmente fueron incluidas en la Ley de Educaci&oacute;n T&eacute;cnica y Universitaria.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El texto se desarrolla en cinco cap&iacute;tulos: el primero trata acerca de la libertad acad&eacute;mica; el segundo de los l&iacute;mites de dicha libertad; el tercero de la delimitaci&oacute;n de las fronteras entre la universidad y el Estado; el cuarto aborda la cuesti&oacute;n de los costos unitarios y el &uacute;ltimo recoge las conclusiones del autor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Conrad Russell, profesor del King's College de la Universidad de Londres, existe una esfera de juicio y gesti&oacute;n que corresponde a las universidades y en la cual el Estado no debe entrometerse, pues para que una universidad pueda cumplir su funci&oacute;n requiere de libertad acad&eacute;mica. Sin embargo, al depender del financiamiento del Estado, &eacute;ste, adem&aacute;s de exigir de manera leg&iacute;tima rendici&oacute;n de cuentas, tambi&eacute;n presiona para incrementar la eficiencia sin tener suficientemente en cuenta las consecuencias que ello trae en materia de calidad. En un contexto de dependencia financiera existe siempre el riesgo de caer en la tentaci&oacute;n de incrementar el control sobre las universidades, de lo que pueden derivar conflictos de libertad acad&eacute;mica. En t&eacute;rminos generales, a lo largo del texto se desarrollan supuestos que permiten ubicar la libertad y los l&iacute;mites de las universidades y del Estado, mismos que aportan una luz acerca de c&oacute;mo distinguir las atribuciones de cada instituci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con el autor, la libertad tiene or&iacute;genes y significados distintos: uno es el que data de la &eacute;poca medieval, y que se relaciona con el t&eacute;rmino <i>libertas</i>, como un testimonio de independencia del mundo exterior, por lo que es una afirmaci&oacute;n de soberan&iacute;a; el otro naci&oacute; de los ideales de la revoluci&oacute;n francesa y su origen es el vocablo <i>libert&eacute;</i>. No obstante, se emplean como si fuesen uno, lo que provoca una mala interpretaci&oacute;n del vocablo, debido a que "...en el mundo moderno, se fuerza la defensa del primero de estos ideales con el lenguaje del segundo..." (p. 22).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La libertad acad&eacute;mica hace referencia a contar con libertad, dentro de la legalidad, para cuestionar y poner a prueba los conocimientos recibidos, proponer nuevas ideas y sostener opiniones pol&eacute;micas o impopulares sin correr el riesgo de perder el cargo o las prerrogativas adquiridas dentro de las instituciones. Si bien las universidades del siglo XIX gozaron de amplia libertad &#151;sostiene Conrad Russell&#151; hoy reciben ataques similares a los que recibi&oacute; un cl&eacute;rigo en tiempos de Enrique VIII. El proyecto de Ley de Libertad Acad&eacute;mica de 1988 en la Gran Breta&ntilde;a promovi&oacute; un sistema que permite la intervenci&oacute;n de la administraci&oacute;n de gobierno e introdujo mecanismos para hacer m&aacute;s responsables a las universidades (p. 28), lo que ha provocado un distanciamiento entre el Estado y la universidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema del financiamiento siempre alberga la posibilidad de alg&uacute;n conflicto en la relaci&oacute;n Estado&#45;universidad, particularmente cuando la dependencia financiera es casi total, como en el caso de las universidades brit&aacute;nicas. Esta dependencia aumenta la tentaci&oacute;n de incrementar el control sobre los recursos, lo que sin duda puede derivar en conflictos de libertad acad&eacute;mica. La libertad acad&eacute;mica es necesaria para que la investigaci&oacute;n se concentre en la b&uacute;squeda del conocimiento por el valor del conocimiento mismo, sin que el acad&eacute;mico deba temer su destituci&oacute;n y sin que haya necesidad de someterse a los contratos gubernamentales, llenar planillas o doblegarse ante cualquier credo o moda (p. 32).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de que la libertad acad&eacute;mica estaba siendo amenazada como resultado del proyecto en cuesti&oacute;n provoc&oacute; en los acad&eacute;micos una fuerte reacci&oacute;n a favor de la autonom&iacute;a, misma que para el gobierno fue desproporcionada, pues, argument&oacute;, s&oacute;lo se trataba de rendir cuentas del dinero p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro tema que sali&oacute; a debate a ra&iacute;z del citado proyecto de ley fue el de la inmovilidad en las universidades, cuya problem&aacute;tica se resume en la pregunta &iquest;deben contar los profesores con definitividad o trabajo de por vida? Para Russell el meollo del problema consiste en poder investigar sin miedo, aunque a &eacute;ste se suma el argumento de la particularidad del trabajo acad&eacute;mico que deriva en un riesgo que amerita garant&iacute;as. Al gobierno le conviene contar con la seguridad de que quienes realizan investigaci&oacute;n sean los mejor preparados para la b&uacute;squeda de la verdad, y que esto sea lo que ense&ntilde;en a sus estudiantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la perspectiva del autor, si bien no es posible argumentar en contra del principio de rendici&oacute;n de cuentas de quien recibe dinero p&uacute;blico, este principio puede perder sentido cuando se trata de la investigaci&oacute;n, ya que "...s&oacute;lo el que est&aacute; investigando es capaz de juzgar c&oacute;mo debe llevarse a cabo su investigaci&oacute;n..." (p. 55), porque, de hecho, la gran mayor&iacute;a de las veces no sabe de antemano qu&eacute; es lo que va a encontrar. Esto es lo que hace de la investigaci&oacute;n una actividad arriesgada, cuyo financiamiento tambi&eacute;n es arriesgado. El gobierno, por tanto, debe asegurarse de que quienes est&aacute;n haciendo la investigaci&oacute;n sean los mejor preparados para ello.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a los <i>l&iacute;mites de la libertad acad&eacute;mica</i>, Russell reconoce que un principio fundamental es que la b&uacute;squeda del conocimiento sea por el conocimiento mismo, lo cual va de la mano de un deber de veracidad. Por ello, quien plagia o falsea un trabajo, abusa de la confianza o provoca da&ntilde;o moral a un tercero, no tiene defensa alguna. Al mismo tiempo, la libertad acad&eacute;mica atiende a la libertad de expresi&oacute;n tanto de opiniones pol&eacute;micas como impopulares, cuyo l&iacute;mite est&aacute; establecido por la ley. Se puede decir que el l&iacute;mite est&aacute; dado por el deber: quien recibe un salario por ense&ntilde;ar e investigar, debe dedicarse realmente a ello. Aun con las garant&iacute;as que el gobierno reciba por el trabajo desarrollado en las universidades, seg&uacute;n Russell, resulta importante se&ntilde;alar que ninguna universidad tiene derecho de existir, como derecho natural; m&aacute;s bien, el gobierno tiene el derecho de desaparecer una universidad en cualquier momento. No obstante, como anta&ntilde;o, dicha entidad necesita de la universidad y tiene todo el derecho de pedirle alguna vez que realice una determinada investigaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que hace a la delimitaci&oacute;n de las fronteras<i>,</i> la pol&iacute;tica impuesta en los a&ntilde;os ochenta, el autor se pronuncia por una total defensa de la libertad acad&eacute;mica,<sup><a href="#notas">1</a></sup> que no es el caso de la autonom&iacute;a del criterio acad&eacute;mico, pues aparece en su lugar el de eficiencia. Esta &uacute;ltima entendida como la reducci&oacute;n de los costos por unidad, con lo cual se descuidan los criterios de calidad acad&eacute;mica y se pugna por las decisiones m&aacute;s baratas, y no necesariamente las m&aacute;s correctas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Conrad Russell, el asunto de la delimitaci&oacute;n de las fronteras se puede resolver con la imposici&oacute;n de un principio general absoluto: <i>el gobierno no debe formular juicios acad&eacute;micos, debe reconocer su l&iacute;mite.</i> Por ejemplo, el hecho de no reconocer los indicadores de desempe&ntilde;o formulados por el gobierno es una muestra de este l&iacute;mite, lo que no ocurre con los indicadores de excelencia acad&eacute;mica reconocidos tradicionalmente por las universidades.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Russell, el principio de <i>no formular juicios acad&eacute;micos</i> se ilustra en los siguientes aspectos: el gobierno no puede juzgar la calidad de las publicaciones, los est&aacute;ndares de ense&ntilde;anza y el valor de los grados de los alumnos, ni las calificaciones, ni los requisitos para ingresar a la universidad. No puede exigir cuotas de matr&iacute;cula para sostener carreras, ni tampoco tiene potestad para decidir cu&aacute;l debe ser el est&aacute;ndar de un t&iacute;tulo ni para juzgar cu&aacute;nto tiempo de estudio se necesita para obtenerlo. Tampoco puede juzgar cu&aacute;nto tiempo requiere un estudiante para prepararse para un examen. El gobierno no cuenta con autoridad para prescribir m&eacute;todos de ense&ntilde;anza ni intervenir en los calendarios.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque el gobierno no debe formular juicios acad&eacute;micos con la justificaci&oacute;n de incrementar la eficiencia, se ha visto que intenta establecer indicadores de desempe&ntilde;o en el n&uacute;mero de publicaciones; limitar los a&ntilde;os de t&eacute;rmino de carreras y de doctorados; imponer cuotas de lugares para financiar carreras; establecer el n&uacute;mero de profesores por departamento; e intervenir en la organizaci&oacute;n de los calendarios. Es entendible que el gobierno quiera que m&aacute;s personas puedan obtener m&aacute;s f&aacute;cilmente un t&iacute;tulo estudiando medio tiempo o a plazos, pero es un deber decir que estas modificaciones traen consecuencias negativas sobre la calidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante los embates del gobierno, Russell solicita protecci&oacute;n para que la demanda de un curso no sea un criterio de valor intelectual que decida sostenerlo o eliminarlo, que se mantenga, adem&aacute;s, una base de investigaci&oacute;n en campos que no parecen urgentes para el futuro inmediato, y que se puedan mantener asignaturas que parecen poco pr&aacute;cticas. Finalmente, se&ntilde;ala que una amenaza que se ci&ntilde;e sobre la libertad de investigaci&oacute;n es el financiamiento por medio de contratos de organismos externos, ya que se corre el riesgo de emprender investigaciones con preguntas de otro, y no con las propias; sesgar resultados por temor a poner en peligro una fuente de financiamiento; y la prohibici&oacute;n de publicar resultados para no afectar intereses, lo cual puede repercutir en un freno a los avances cient&iacute;ficos y el deterioro del principio de la b&uacute;squeda del conocimiento por s&iacute; mismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los <i>costos unitarios,</i> Russell expone que para la administraci&oacute;n de gobierno el elemento central es la eficiencia, la cual en realidad hace referencia a reducir los costos unitarios; o lo que es lo mismo, prestar mayor cantidad de servicios por una misma cantidad de dinero o por menos; desde esta perspectiva, aparecen encontrados dos principios: por un lado, que los acad&eacute;micos no tienen un derecho "autom&aacute;tico" a recibir dinero p&uacute;blico, y por otro, que el gobierno no puede imponer la eficiencia sin considerar los efectos que &eacute;sta tiene sobre la calidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un ejemplo que expone el autor es el de los recursos destinados a la biblioteca y los laboratorios. La decisi&oacute;n de cu&aacute;les libros comprar y cu&aacute;ntos no se rige por un indicador est&aacute;ndar, sino por un juicio acad&eacute;mico; en cuanto a los laboratorios, Russell reconoce que las universidades que tienen los laboratorios mejor equipados son las que cuentan con los mejores investigadores. Si bien reconoce que no todos los costos de las universidades son materia de juicio acad&eacute;mico, afirma que por lo menos 20 por ciento de ellos s&iacute; lo son. En este sentido, dice el autor, la soberan&iacute;a sobre los costos unitarios no es un asunto de libertad acad&eacute;mica sino de libertad de los acad&eacute;micos, o lo que es lo mismo, de autonom&iacute;a de gesti&oacute;n, misma que incluye la reparaci&oacute;n y el mantenimiento de los edificios, la limpieza y la provisi&oacute;n de energ&iacute;a, entre otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una pregunta que se hace el autor y que nos parece interesante es: &iquest;hasta d&oacute;nde puede llegar el principio de rendici&oacute;n de cuentas? Desde su punto de vista el inter&eacute;s leg&iacute;timo del gobierno es el control de la totalidad del dinero gastado; sin embargo, el principio de rendici&oacute;n de cuentas no debe dar pie a que el gobierno se convierta en juez y tome decisiones que corresponden s&oacute;lo al juicio acad&eacute;mico. Decidir cu&aacute;nto dinero gastar en la contrataci&oacute;n de un nuevo docente o en reemplazar los marcos de las ventanas son asuntos que corresponden a la universidad en nombre de la autonom&iacute;a de gesti&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Russell, adem&aacute;s, las instituciones de servicio p&uacute;blico no est&aacute;n obligadas a generar ganancias a trav&eacute;s de su funci&oacute;n primaria, y los gobiernos no deben imponer la reducci&oacute;n de costos unitarios; los problemas de presupuesto que enfrenta la universidad para responder al gasto s&oacute;lo podr&aacute;n resolverse si el gobierno incrementa el financiamiento, y no mediante el aumento de matr&iacute;cula o el detrimento de la calidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para concluir<i>,</i> el autor se&ntilde;ala que las universidades son las que mejor saben c&oacute;mo administrar sus propios asuntos, y ante el cuestionamiento de c&oacute;mo podr&iacute;an mantener los est&aacute;ndares, la respuesta para el autor es la competencia, la cual est&aacute; garantizada &#151;seg&uacute;n sus propias palabras&#151; por la existencia de un mercado internacional cuyo m&oacute;vil no es el dinero, sino el prestigio. En este sentido es enf&aacute;tico al afirmar que las motivaciones para los acad&eacute;micos no son, ni deben ser, el miedo a perder el trabajo u obtener altos puntajes en los indicadores del gobierno, pues la din&aacute;mica interna de la profesi&oacute;n los obliga a actualizarse, lo cual no ocurrir&aacute; por una mera orden del gobierno o como resultado del control externo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el <i>ep&iacute;logo</i> el autor se&ntilde;ala que con la Ley de Educaci&oacute;n T&eacute;cnica y Universitaria y el nuevo plan de financiamiento, el gobierno ingl&eacute;s decidi&oacute; cambiar la idea misma de la universidad y quitarle su esencia al arrebatarle en una medida sustancial el margen de decisi&oacute;n basado en el juicio acad&eacute;mico, lo que constituye una erosi&oacute;n significativa de la libertad acad&eacute;mica. Una universidad que no hace investigaci&oacute;n no es una universidad, aunque se diga lo contrario, y lo &uacute;nico que se consigue es que se desacredite a s&iacute; misma.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, para Russel, con todos los cambios que el gobierno implement&oacute; s&oacute;lo resta preguntar &iquest;qu&eacute; libertad acad&eacute;mica se dej&oacute; a las universidades brit&aacute;nicas? Por cuestiones de espacio no profundizaremos en ello; antes bien, sugerimos a los interesados adentrarse en el texto que hemos rese&ntilde;ado en estas l&iacute;neas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La libertad acad&eacute;mica</i>, de Conrad Russell, constituye una contribuci&oacute;n singularmente valiosa al estudio y reflexi&oacute;n de una de las dimensiones cruciales de la autonom&iacute;a universitaria, tan amenazada en nuestros d&iacute;as por la l&oacute;gica pragm&aacute;tica de muchos administradores de la educaci&oacute;n superior en el mundo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTA</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> No obstante es una defensa meramente ret&oacute;rica, pues lo que a fin de cuentas cuestiona el autor es que con tantos mecanismos de control externos en pro de la disminuci&oacute;n de costos unitarios, los cuales han arrebatado a los acad&eacute;micos la decisi&oacute;n sobre los estudiantes que deben ser admitidos, las decisiones sobre las formas de ense&ntilde;anza, la determinaci&oacute;n del tama&ntilde;o de las instituciones y el est&aacute;ndar de sus t&iacute;tulos, entonces se pregunta: "&iquest;Qu&eacute; libertad acad&eacute;mica se les deja a profesores e investigadores?".</font></p>      ]]></body>
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