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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Educación para una ciudadania responsable y participativa? Inés De Castro (Coord.) México, CESU-UNAM/Plaza y Valdés, 2006, 236 pp.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>&iquest;Educaci&oacute;n para una ciudadania responsable y participativa?</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>In&eacute;s De Castro (Coord.) </b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>M&eacute;xico, CESU-UNAM/Plaza y Vald&eacute;s, 2006, 236 pp. </b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Por Horacio Cerutti Guldberg* </i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">*Doctor en Filosof&iacute;a. Investigador del Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos, y profesor en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, UNAM.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <b>Correo electr&oacute;nico:</b> <a href="mailto:cerutti@servidor.unam.mx">cerutti@servidor.unam.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es muy raro toparse con un libro colectivo que no tenga una sola p&aacute;gina de desperdicio. La &uacute;nica explicaci&oacute;n que se me ocurre -complementaria de que el volumen re&uacute;na a un selecto grupo de brillantes colegas- tiene relaci&oacute;n con el hecho de ser el producto de un grupo de investigaci&oacute;n con un seminario permanente de regulares encuentros quincenales. Sin menoscabo de la demostrada capacidad de las autoras, el prohijar un espacio de encuentro, debate e intercambio me parece fundamental. Sin espacios-tiempos de interlocuci&oacute;n cr&iacute;tica generosa y compartida no es posible producir nada pertinente en el &aacute;mbito intelectual. Y s&oacute;lo as&iacute; es posible hacerlo, enfrentando decididamente la inercia rutinaria de una competencia individualista (incluso desleal) instalada como columna vertebral de nuestra vida acad&eacute;mica, la cual vulnera de cuajo la posibilidad misma de creatividad y ejercicio fecundo del ingenio (en su mezcla excitante de raz&oacute;n y sentimiento o, para decirlo de otro modo, en tanto inteligencia apasionada). </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las cualidades del volumen que nos ocupa complican extraordinariamente su presentaci&oacute;n, en la medida en que parecieran reiterar el reclamo de citar incansablemente fragmentos con reflexiones imprescindibles. Ante la evidente imposibilidad de proceder de esa manera y agobiado por la seguridad de dejar en penumbras importantes aristas de los aspectos tratados cuidadosamente por las autoras, me ha parecido pertinente adoptar la estrategia de centrarme s&oacute;lo en algunos t&oacute;picos o n&uacute;cleos condensadores de reflexiones fecundantes, para intentar cubrir dos objetivos: invitar a paladear los aportes de nuestras colegas y aventurar una primera recepci&oacute;n, ojal&aacute; cr&iacute;tica, de los mismos. Subrayo lo de cr&iacute;tica porque es el mejor homenaje que se puede hacer y uno la ans&iacute;a cuando produce algo. Pero, adem&aacute;s, porque resulta muy dif&iacute;cil ejercerla cuando uno se identifica y se siente como en familia, inmerso conceptual e ideol&oacute;gicamente en el texto. Reconozco, por supuesto, la dificultad de hacerle justicia en los marcos de esta breve rese&ntilde;a a los aportes de cada uno de los trabajos incluidos en este volumen, aunque procurar&eacute; aventurarme en el intento de efectuarlo m&iacute;nima y provisoriamente en relaci&oacute;n con el esfuerzo de conjunto que testimonia. Quiz&aacute; compartir el modo en que realic&eacute; la lectura podr&iacute;a facilitarme las cosas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Le&iacute;, en primera instancia, una colaboraci&oacute;n por cada una de las tres partes en que aparece organizado el material. Y las eleg&iacute; a partir de los datosconsignados en la presentaci&oacute;n y de una lectura del &iacute;ndice. No sab&iacute;a que morder&iacute;a el anzuelo, &iexcl;y c&oacute;mo! Por distintas razones, los textos de Tere Yur&eacute;n, Sylvia Schmelkes y Mar&iacute;a In&eacute;s Castro me atraparon y me condujeron a una ulterior lectura meticulosa del resto de la obra, trabajo por trabajo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tere Yur&eacute;n, despu&eacute;s de una muy buena s&iacute;ntesis de las propuestas principales de la tradici&oacute;n filos&oacute;fico pol&iacute;tica "occidental", resalta los conceptos de moralidad y eticidad y enfatiza -no por casualidad atenta a la situaci&oacute;n de los migrantes- el lugar irreemplazable del sujeto (siempre social y no un supuesto Robinson o, mucho menos, un precario Viernes).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sylvia Schmelkes resalta que la noci&oacute;n de interculturalidad cualifica la relaci&oacute;n o interrelaci&oacute;n entre personas. Esta precisi&oacute;n es muy destacable respecto de infinidad de consideraciones que privilegian -a prop&oacute;sito de las disputas entre multi-, trans-, in- o inter-culturalidad- las culturas. &iexcl;Como si se tratara de mantener en conserva las culturas, en lugar de apreciar las dificultades y potencialidades de las personas implicadas en los conflictos sociales, y constructoras, reproductoras o modificadoras de esas matrices culturales!</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mar&iacute;a In&eacute;s Castro, por su parte, coloca nuevamente sobre la mesa de discusi&oacute;n un tema que se reitera desde diferentes facetas y con esclarecedores abordajes en todo el volumen: el de la identidad. Su propuesta ayuda a dilucidar dos encrucijadas esterilizantes: la igualdad no se opone a la diferencia en la construcci&oacute;n de la identidad y el &eacute;nfasis excluyente en la diferencia suele destacar desmesuradamente lo cultural, al tiempo que relega la arena decisoria de lo pol&iacute;tico y del ejercicio efectivo del poder.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de esta probadita, a manera de primera zambullida en el texto, no me qued&oacute; m&aacute;s que bucear en todas sus profundidades, procurando advertir sus m&uacute;ltiples aristas. Ya ten&iacute;a claro que el volumen recog&iacute;a algo m&aacute;s que los consabidos avances de investigaci&oacute;n, por lo general irrelevantes o excesiva e interminablemente program&aacute;ticos. Aqu&iacute; estamos frente al fruto de reflexiones asentadas en un continuado esfuerzo de recuperaci&oacute;n cr&iacute;tica de tradiciones intelectuales de las m&aacute;s diversas procedencias, enfrentando coyunturas in&eacute;ditas y desafiantes, a partir de un reiterado y compartido intento por sacar todo el jugo posible a complejas experiencias docentes. &iexcl;Para algo deber&iacute;a servir despu&eacute;s de todo, nuestra larga experiencia en la docencia! No s&oacute;lo, como felizmente se puede constatar en este libro, para una extensa e interminable retah&iacute;la de quejas anecd&oacute;ticas. Y no porque las an&eacute;cdotas sean sin m&aacute;s despreciables, sino por la pereza contumaz para extraer de ellas las consecuencias te&oacute;rico pr&aacute;cticas, que brindan a manos llenas, si se las sabe aprovechar. Ese aprovechamiento se disfruta paso a paso en este libro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo sugestivo es que estas miradas m&uacute;ltiples resultan, en m&aacute;s de un aspecto, convergentes y mutuamente provocativas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero no quiero adelantar v&iacute;speras. Antes me gustar&iacute;a aludir a lo que vivimos cotidianamente y que confronta hasta sus &uacute;ltimos fundamentos cualquier intento honesto y bien-pensante de educaci&oacute;n en valores, de formaci&oacute;n de ciudadanos participativos y de moralizaci&oacute;n de las relaciones humanas, cualquiera sea el significado que se atribuya a estos t&eacute;rminos. Seguramente los huesos de Plat&oacute;n se remover&iacute;an en su tumba...</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo educar en valores de participaci&oacute;n y responsabilidad ciudadana en una cotidianidad donde lo regular, lo que ocurre casi como si fuera "natural", es que la actividad pol&iacute;tica sea padecida en tanto espect&aacute;culo? Este espect&aacute;culo lo ofrecen quienes s&iacute; tienen vida y presencia, llam&eacute;moslas p&uacute;blicas, mientras los dem&aacute;s tenemos cada vez menos acceso a los &aacute;mbitos p&uacute;blicos y nos vemos forzados a recluirnos, cual presos sin juicio previo, bajo el arrullo de la caja idiota. Como si esto fuera poco, y no lo es, ellos -los integrantes de la denominada "clase" pol&iacute;tica- malgastan enormes cantidades de dinero -&eacute;se s&iacute; p&uacute;blico y salido de nuestros bolsillos- en insultarse, en contarnos cuentitos inveros&iacute;miles, en viajes y pachangas muylucidas. Antes y despu&eacute;s de sus desmanes somos convocados a firmar un chequecito en blanco del cual no se puede exigir nada, ni siquiera que tenga validez. Y as&iacute; legalizado lo ileg&iacute;timo, seguimos como si nada, sobre el supuesto de que si todo va como est&aacute; perfectamente calculado, alg&uacute;n d&iacute;a todo ir&aacute; m&aacute;s de maravilla que ahora. Ma&ntilde;ana es ese d&iacute;a que nunca llega. En fin, as&iacute;podr&iacute;amos seguir en relaci&oacute;n con el respeto al medio ambiente, la posibilidades de ingreso y estabilidad en el mercado laboral, la satisfacci&oacute;n de necesidades, el trato a ni&ntilde;os y ancianos, la no discriminaci&oacute;n racial y de g&eacute;nero, la tolerancia, como m&iacute;nimo, en vez del fundamentalismo religioso, etc&eacute;tera.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leticia Moreno enfoca los aportes de la psicolog&iacute;a del desarrollo, lo cual le permite perfilar ciertos n&uacute;cleos b&aacute;sicos de reflexi&oacute;n. Mirado desde esta perspectiva, educar en valores es una "redundancia". No se puede, ni se ha podido nunca, educar sin valores, aunque no se los mencione ni se los tome en cuenta, ni se tenga conciencia de ello (p. 31). Lo cual se podr&iacute;a extender a la educaci&oacute;n &eacute;tica y moral. Que no nos guste o no podamos compartir la &eacute;tica y la moral vigentes, no implica que no la haya o que se pueda o deba introducirla desde fuera en la cotidianidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo relevante no es aprender o lo que se aprende, sino "ser ense&ntilde;ado" por otros (p. 49).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La compleja relaci&oacute;n -ineludible- entre lo cognitivo y lo afectivo se revela de modo patente en relaci&oacute;n con la formaci&oacute;n del juicio moral. Por ello conviene atender a lo se&ntilde;alado conclusivamente por la autora: "no podemos negar que para alcanzar un nivel de desarrollo moral es necesario un desarrollo cognitivo; pero &eacute;ste no lleva directamente al desarrollo moral, por tanto, son m&aacute;s importantes, a nuestro juicio, los factores de la experiencia social en general y en espec&iacute;fico las oportunidades de adopci&oacute;n de perspectivas" (p. 51).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Azucena Rodr&iacute;guez Ousset nos brinda la oportunidad de saborear un Rousseau a la mexicana, a partir del examen de ciertas expresiones literarias del XIX. Al recordarnos la relevante distinci&oacute;n entre naci&oacute;n &eacute;tnica y naci&oacute;n en el sentido de Estado naci&oacute;n, nos previene frente al error de anticipar la constituci&oacute;n de lo nacional respecto del proceso independentista y, adem&aacute;s, a prestar atenci&oacute;n al proceso de "invenci&oacute;n" liberal de la naci&oacute;n y de la identidad nacional (pp. 66-67). Esto nos deja en ascuas al constatar, una vez m&aacute;s, la capacidad de invenci&oacute;n latente en la vida, que es siempre social y, en alg&uacute;n sentido, colectiva. Las utop&iacute;as requieren, entonces, ser examinadas con mucho cuidado como partes de un proyecto educativo -siempre social, no nos cansemos de insistir en ello- que no puede circunscribirse al &aacute;mbito del aula o de la escuela (p. 69).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Silvia Conde nos ayuda a superar la ingenuidad del "civismo" concentrado en una asignatura como apuesta para la formaci&oacute;n de ciudadan&iacute;a (p. 83). Nos recupera la definici&oacute;n de educaci&oacute;n ciudadana, centrada en las competencias para participar en la toma de decisiones que afectan colectivamente y en privilegiar, por tanto, el aprender a aprender, con toda la inmensa carga de reivindicaci&oacute;n democr&aacute;tica en serio que estas convicciones comportan (p. 89). Y no duda en delimitar, con toda precisi&oacute;n, una encrucijada en que ha naufragado m&aacute;s de un especialista, para decirnos con todas las letras que "la &eacute;tica es la reflexi&oacute;n sobre la moral" (p. 91, n. 2), lo cual conlleva asumir la cascada de derivaciones te&oacute;rico pr&aacute;cticas que esta constataci&oacute;n supone. Por ello, la educaci&oacute;n, si se asume en su integral dimensi&oacute;n p&uacute;blica, no puede separarse de la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica y exige examinar con todo cuidado -y proceder en consecuencia- respecto de los mil y un aspectos del ejercicio del poder y de las caracter&iacute;sticas del poder de que se dispone para ejercerlo, para "hacer pol&iacute;tica" (p. 101). Y en este sentido, la autora nos sugiere hacer un "gui&ntilde;o" a los gobiernos en turno para que, en lugar de centrarse en la represi&oacute;n supuestamente en pro de la seguridad ciudadana, reconduzcan sus esfuerzos a prohijar el desarrollo pleno de la juventud (p. 109).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n anota, en una enumeraci&oacute;n que podr&iacute;a extenderse largamente, las "causales de discriminaci&oacute;n" de las que no podemos desentendernos, porque nos aluden a todas y a todos en una u otra forma: "ser joven, viejo, mujer, feo, ind&iacute;gena, homosexual, gordo, protestante, jud&iacute;o, pobre, desempleado, miope, moreno, discapacitado, inteligente, enfermo de sida" (p. 100). A lo que podr&iacute;amos a&ntilde;adir "mexicano", si se logra traspasar la frontera, ya sea con visa o sorteando muro y fuerzas armadas como "espalda mojada".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mar&iacute;a Eugenia Luna anota que es a partir de 1993 cuando se articula civismo con educaci&oacute;n en valores (p. 116), aunque los antecedentes se encuentran en la rica tradici&oacute;n pedag&oacute;gica mexicana y nos recuerdan los ejemplos de los profesores Rafael Ram&iacute;rez y Carlos A. Carrillo a inicios del siglo XX, tan poco tomados en cuenta por la labor pedag&oacute;gica ulterior a ellos. Las identificaciones diversas y hasta divergentes complican la cuesti&oacute;n de la identidad y esto lleva a prestar atenci&oacute;n a la decisiva dimensi&oacute;n de la "inclusi&oacute;n" en la formaci&oacute;n y, sobre todo, en la vivencia de lo nacional-cultural-identitario-moral-educativo-etc&eacute;tera (p. 120), lo cual pone de relieve el enmara&ntilde;ado asunto de las relaciones entre s&iacute;mbolos y valores (p. 122). Actualmente, con el desarrollo de la inform&aacute;tica, estas dimensiones deben ser reconceptualizadas. &iquest;C&oacute;mo lidiar con la abrumadora cantidad de informaci&oacute;n disponible en bruto para hacerla manejable por las personas? (pp. 125-126).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Susana Aguirre y Rivera nos reconduce al siglo XIX, a la formaci&oacute;n de las ni&ntilde;as en ese siglo mexicano. La labor pedag&oacute;gica aparec&iacute;a centrada en la "domesticidad" supuestamente "natural" de las educandas, especialmente de los sectores hegem&oacute;nicos de "clases media y alta" (pp. 135-136). Por fatalidad de ese destino impuesto no pod&iacute;an salirse de uno de sus dos marcos preestablecidos: o "la vida religiosa o la matrimonial" (p. 137). El papel educador del grupo de las "amigas" se va mostrando en todo su peculiar calado. La mujer es prejuzgada como "d&eacute;bil" y necesitada de protecci&oacute;n, su instrucci&oacute;n es "precaria", a las "pobres" no les resta m&aacute;s que ser "sirvientas o buenas esposas", y supongo que muchas a&ntilde;orar&iacute;an -en un acto de transgresi&oacute;n incalculable- ser "viudas" con el fin de "gozar de su plena capacidad civil" (p. 141). Para nada hab&iacute;a que educarlas en sentido fuerte o m&aacute;s pleno, no fuera la de malas de perder la autoridad sobre ellas o de que pretendieran competir por fuentes de trabajo. (p. 142). El listado de aquellas labores dom&eacute;sticas para las que necesitaban prepararse y, por encima de todo, habituarse cubre desde la limpieza hasta la gastronom&iacute;a, pasando por el tejido y la decoraci&oacute;n (p. 143). El clero intervendr&iacute;a para soldar la relaci&oacute;n entre decencia y virginidad, para subrayar la maldad de la carne y para poner por los cielos las virtudes de la sumisi&oacute;n y la abnegaci&oacute;n (p. 146). Esta &eacute;tica de ciertas virtudes reclamaba una disciplina estricta (p. 151) y la supuesta educaci&oacute;n c&iacute;vica no era m&aacute;s que una "prolongaci&oacute;n" de las responsabilidades dom&eacute;sticas (p. 153). Y aqu&iacute; me entran dudas de si habl&aacute;bamos del siglo XIX o si todav&iacute;a en muchos aspectos ese siglo no se ha terminado.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marcia Smith coloca sobre la mesa el tema de la formaci&oacute;n profesional en relaci&oacute;n con el mercado laboral, que opera siempre con insumos desechables. Se plantea la espinosa cuesti&oacute;n de c&oacute;mo establecer una "relaci&oacute;n inteligente" con la sociedad y el mercado de trabajo (p. 163). Nos llama la atenci&oacute;n sobre esos curiosos "hiperciudadanos" globalizados, llamados a transitar al modo de los flujos caprichosos de las evasivas inversiones (p. 165). Despu&eacute;s de las relativas promesas de seguridades de la sociedad moderna industrial, a la que nunca llegamos en plenitud, &iquest;qu&eacute; sobreviene? No est&aacute; muy claro, pero un listado de calificativos sugiere m&aacute;s de un soporte para perplejidades hasta paralizantes: destradicio-nalizaci&oacute;n, posmaterialismo, post-industrializaci&oacute;n, posmodernismo, modernizaci&oacute;n tard&iacute;a, poscolonialismo o sociedades de flujo o redes de informaci&oacute;n, sociedad de riesgo, modernidad l&iacute;quida y aun sociedades agotadas (p. 168). La misma procedencia de clase aparece relativizada frente a otras dimensiones que adquieren relieve: etnia, g&eacute;nero, edad, opci&oacute;n sexual, ingreso por empleo estable, etc. (p.169). El medianamente alcanzado estado de <i>welfare, </i>donde lo fue, qued&oacute; sin efecto al caducar las modalidades productivas encarnadas en el fordismo y el taylorismo. No puedo dejar de consignar queme encant&oacute; reencontrar entresus reflexiones una referencia a la querida colega brasile&ntilde;a Vanilda Paiva, quien nos ense&ntilde;ara en su momento, con gran valent&iacute;a, a no eludir las debilidades "desarrollistas" del enfoque pedag&oacute;gico inicial de Paulo Freire.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leticia Barba retoma el tema de la &eacute;tica de la civilidad en un intento sugerente de articulaci&oacute;n entre la herencia de las virtudes aristot&eacute;licas y la de la formaci&oacute;n kantiana en y para la justicia, buscando la conjugaci&oacute;n de vida buena y vida justa. &iquest;C&oacute;mo formar en una ciudadan&iacute;a participativa y responsable m&aacute;s all&aacute; de los marcos del Estado naci&oacute;n encrisis y socavada su soberan&iacute;a? Quiz&aacute; el punto medular de semejante intento te&oacute;rico pr&aacute;ctico lo constituya el relativo a un Estado que ya no es lo que era y, sin embargo, no es prescindible (p. 205). Las irresueltas cuestiones social y nacional resurgen as&iacute; reiteradamentesobre la mesa de la discusi&oacute;n. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Margarita Noriega insiste en recordarnos la "irracionalidad del modelo de desarrollo impuesto" (p. 214). Este modelo condena a la esterilidad todo intento de menguar la pobreza frente a los efectos demoledores de "la selecci&oacute;n natural y la mano invisible del mercado". Frente a esto, si ya a inicios del siglo XIX resultaba bastante ingenua la confianza desmedida de la llamada generaci&oacute;n de los "emancipadores mentales" en la capacidad modeladora de la educaci&oacute;n, en nuestros d&iacute;as se vuelve "aberrante esa <i>fe </i>inconmensurable en la educaci&oacute;n y la incuestionabilidad de los mecanismos irracionales de la sociedad en que &#91;sobre&#93;vivimos" (p. 219, cursivas en el original). Entre tantos nuevos muros, uno relativo al conocimiento se erige sin piedad (p. 220) y la empleabilidad aparece como una disposici&oacute;n indispensable en un mercado de trabajo regido por la restricci&oacute;n de su acceso y por su carencia de toda seguridad o estabilidad (p. 221). En este contexto, la figura de los maestros adquiere nuevos perfiles y una relevancia quiz&aacute; inadvertida. Frente a proyectos "vendibles" su margen de maniobra y de cumplimiento de expectativas m&uacute;ltiples se estrecha considerablemente, pero no se aniquila. Es en ese margen donde podemos (debemos) todav&iacute;a ocuparnos y actuar (p. 228). El &eacute;nfasis, por tanto, no puede menos que recaer en los sujetos que efectivamente somos y en la "sujetidad", tambi&eacute;n efectiva, de aquellos a quienes pretendemos formar. Quiz&aacute; la regla podr&iacute;a ser, adem&aacute;s de adoptar un cierto humanismo ecologista, la de que "no preguntar es la peor de todas las respuestas" (p. 233).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antes de terminar no me resisto a recordar unos p&aacute;rrafos con los que el colega y amigo peruano, Jos&eacute; Carlos Ball&oacute;n, bosqueja la situaci&oacute;n tal como la ve&iacute;a hace casi una d&eacute;cada y culminaba un suge-rente texto suyo sobre filosof&iacute;a de la ciencia. Estos p&aacute;rrafos me parecen sintonizar de un modo sorprendente con el enfoque medular que exhibe el texto que hoy nos re&uacute;ne.</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cambios paradigm&aacute;ticos conllevan tambi&eacute;n una revoluci&oacute;n decisiva en la noci&oacute;n de educaci&oacute;n, an&aacute;loga a la de productividad. Aqu&iacute; tambi&eacute;n el problema de individuaci&oacute;n social es una condici&oacute;n necesaria.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vieja noci&oacute;n de productividad se encontraba &iacute;ntimamente ligada a la noci&oacute;n artesanal de educaci&oacute;n como "entrenamiento" o "instrucci&oacute;n". En los anteriores sistemas educativos, el conductismo, el pragmatismo y la reflexolog&iacute;a eran hijas ideol&oacute;gicas directas de las nociones fordistas y tayloristas de incremento de la productividad (multiplicaci&oacute;n del trabajo simple y repetitivo). Su objetivo era entrenar nuestros reflejos condicionados puntuales o nuestras <i>respuestas autom&aacute;ticas, </i>no nuestra capacidad anal&iacute;tica de interlocutores.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La instrucci&oacute;n era para obedecer, no para crear; era autoritaria y alienante de las capacidades humanas. La escuela militar era el s&iacute;mbolo de dicha educaci&oacute;n exigente. Se educaba al individuo para una &eacute;tica de premio-castigo (como los perros de Pavlov), no una &eacute;tica de la responsabilidad individual &#91;...&#93; La vigilancia del instructor-docente era la clave. Esto hac&iacute;a imposible desarrollar la <i>ilustraci&oacute;n </i>en los procesos de modernizaci&oacute;n en el &#91;T&#93;ercer &#91;M&#93;undo, por m&aacute;s recursos que se invirtieran en la educaci&oacute;n p&uacute;blica y por m&aacute;s masiva que &eacute;sta fuese.</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los sistemas de comunicaci&oacute;n en redes, la noci&oacute;n de productividad depende de la capacidad de creaci&oacute;n y decisi&oacute;n individual, y &eacute;sta es imposible de desarrollar en condiciones de un r&eacute;gimen social de producci&oacute;n y educaci&oacute;n servil. Asistimos a los comienzos del agotamiento de los modelos educativos autoritarios como modelos de "eficiencia".</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la expansi&oacute;n de las redes inform&aacute;ticas, la masa y velocidad de la informaci&oacute;n disponible -que se duplica cada cuatro a&ntilde;os- ya no puede ser abordada mediante la simple memorizaci&oacute;n de instrucciones simples y repetitivas definitivas. Ello replantea la noci&oacute;n misma de "aprendizaje" en un nivel m&aacute;s abstracto. La noci&oacute;n de educaci&oacute;n se refiere ahora no al desarrollo de un aprendizaje concreto sino al desarrollo de la sola capacidad de aprendizaje continuo. Ello acent&uacute;a el proceso de individuaci&oacute;n educativa. Es s&oacute;lo en tales condiciones que comienza a hacerse visible el ideal de una asociaci&oacute;n libre de productores; de lo contrario, la comparaci&oacute;n de Foucault entre la escuela, el ej&eacute;rcito, la c&aacute;rcel y el manicomio seguir&aacute; vigente (De <i>la f&iacute;sica moderna a la f&iacute;sica contempor&aacute;nea. Un cambio en nuestro paradigma de ciencia, </i>Lima, CONCYCEC, 1999, pp. 421-422, cursivas en el original).</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A este &uacute;ltimo listado a&ntilde;adir&iacute;a: el hogar, la cama, el convento, el asilo de ancianos, etc. Y dir&iacute;a que el ideal es visible en el imaginario, pero todav&iacute;a bloqueado en su viabilidad en la realidad sociohist&oacute;rica. Pero, adem&aacute;s, no podemos dejar de prestar atenci&oacute;n a todos y todas, quienes fueron formados y formadas en el anterior modelo educativo -aqu&iacute; estamos todav&iacute;a- y que ya han sido declarados desechables por el sistema socioecon&oacute;mico vigente, con todas las consecuencias psicol&oacute;gicas, sociales, mentales, etc., en la misma cotidianidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En fin, nuestras colegas ponen estos y muchos otros temas ineludibles sobre la mesa de la discusi&oacute;n y en la agenda de acciones urgentes de modos sumamente provocativos. Como lector me top&eacute; con algunas erratas, que convendr&iacute;a corregir en una futura edici&oacute;n, y ech&eacute; de menos datos curriculares para ubicar mejor a las autoras en sus quehaceres actuales. Debo reconocer que me produjo una tensi&oacute;n fecunda la convergencia de disciplinas implicadas en este esfuerzo colectivo y, por ello, no puedo terminar sin preguntarme -y preguntarnos- si se han logrado esos sujetos sociales comprometidos, participativos y responsables pretendidos para el logro de una ciudadan&iacute;a que vaya avanzando en plenitud. Y no podr&iacute;a menos que responderme -provisionalmente y a sabiendas de que mejores son las preguntas- que se los ha buscado incansable y hasta obsesivamente, aun cuando nos restan cicl&oacute;peas tareas que incluyen la escuela, pero que la rebasan ampliamente y a las que, por vocaci&oacute;n y -no eludamos el resbaladizo t&eacute;rmino- por &eacute;tica profesional, no podemos ni podremos renunciar.</font></p>      ]]></body>
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