<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-2698</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Perfiles educativos]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Perfiles educativos]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-2698</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-26982006000300009</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Después de la teoría: Terry Eagleton Barcelona, Debate, 2005, 235 pp.]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Leyva]]></surname>
<given-names><![CDATA[Juan]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,UNAM  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<volume>28</volume>
<numero>113</numero>
<fpage>147</fpage>
<lpage>151</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-26982006000300009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-26982006000300009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-26982006000300009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>Rese&ntilde;as</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b><i>Despu&eacute;s de la teor&iacute;a</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Terry Eagleton</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barcelona, Debate, 2005, 235 pp.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Por Juan Leyva*</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Centro de Estudios sobre la Universidad, UNAM.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Correo electr&oacute;nico:</b> <a href="mailto:leyvac@servidor.unam.mx">leyvac@servidor.unam.mx</a></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la teor&iacute;a es una introspecci&oacute;n sobre por qu&eacute; y para qu&eacute; pensamos lo que pensamos y hacemos lo que hacemos en determinado campo del conocimiento, lo que hay despu&eacute;s de la teor&iacute;a son las bases incluso de por qu&eacute; una disciplina o varias son necesarias e importantes para la vida m&aacute;s all&aacute; del puro &aacute;mbito acad&eacute;mico o intelectual. Fuera del laboratorio, del aula, de los congresos de especialistas y de los libros, la vida espera su cuota de reflexi&oacute;n y la apertura o drenado de los canales que la mantienen ligada a aquello que transcurre en el silencio de las p&aacute;ginas o en los &aacute;mbitos m&aacute;s o menos estrechos de la producci&oacute;n de saberes.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, si "la cultura es &#91;...&#93; un nexo vital entre la pol&iacute;tica y la experiencia personal; da a las necesidades y deseos humanos una forma que se puede debatir p&uacute;blicamente, ense&ntilde;a nuevos modos de subjetividad y combate las representaciones recibidas" (Eagleton, 1999, pp. 133&#150;134), no cabe la menor duda , entonces, de que debe ense&ntilde;arse, de que las humanidades, las ciencias sociales y el arte (lo com&uacute;nmente denominado "cultura") deben seguir teniendo cabida en las universidades, a pesar de ciertas oleadas tendientes a se&ntilde;alar que ninguno de esos campos posee utilidad, y de la proliferaci&oacute;n de tecnol&oacute;gicos y otro tipo de escuelas destinadas a hacer m&aacute;s funcional el mercado, en detrimento a veces del funcionamiento social. Para la mayor&iacute;a de quienes sostienen una postura semejante, o se acercan a ella, no se trata de pura ignorancia o desprecio, sino de una intuitiva o clara percepci&oacute;n de que, sencillamente, tales campos disciplinarios son peligrosos, no obstante haber sido poco a poco abandonados al terreno de las tradiciones y los valores m&aacute;s o menos inservibles desde el punto de vista de la utilidad mercantil, que les hizo, para ello, un lugar en las universidades.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Las grandes preguntas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con los movimientos de 1968, sin embargo, una pregunta cada vez m&aacute;s fuerte se hizo sentir en aquellas instituciones que, como dice Eagleton con humor, eran el refugio de gente que a lo largo de tres o cuatro a&ntilde;os no ten&iacute;a otra cosa que hacer "que leer libros y darle vueltas a la cabeza" (2005, pp. 38&#150;39): &iquest;y si la manera de entender y ense&ntilde;ar la cultura no estaba siendo m&aacute;s que otro modo de contribuir al <i>statu quo, </i>un estado de cosas que no requer&iacute;a precisamente demasiadas vueltas para ser cuestionado? Cuando ciertas orientaciones neoliberales, francamente derechistas o autoritarias de cualquier cu&ntilde;o tratan con desd&eacute;n y bajo presupuesto a las ciencias sociales, las humanidades y las artes, lo hacen no s&oacute;lo con la intenci&oacute;n de mejorar las aptitudes productivas, sino porque est&aacute;n conscientes de esta posibilidad transformadora, harto saludable, por lo dem&aacute;s, para el proceso de autocr&iacute;tica y renovaci&oacute;n requerido por toda formaci&oacute;n social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A juicio de Eagleton, no hay duda de que el potencial creativo y transformador de la cultura y las univeridades radica en la claridad con que, pese a los debates habidos particularmente despu&eacute;s de 1968 (en medio de los cuales muchos han perdido el rumbo e incluso la cabeza &#150;o fingen perderlos), desembocan en la conciencia de que su finalidad primera y &uacute;ltima es la b&uacute;squeda de mejores condiciones de vida <i>para todos. </i>Qu&eacute; pueda signicar esto &uacute;ltimo es el foco principal de <i>Despu&eacute;s de la teor&iacute;a, </i>publicado por primera vez en Londres en 2004.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para este autor nacido en Salford, Inglaterra, en 1943, esta pregunta no es de ning&uacute;n modo nueva, sino una de las l&iacute;neas gu&iacute;a de sus libros, entre otros, aquellos dedicados a la explicaci&oacute;n y ense&ntilde;anza de la literatura: <i>Una introducci&oacute;n a la teor&iacute;a literaria </i>(1998 &#91;1996&#93;) y <i>La funci&oacute;n de la cr&iacute;tica </i>(1999 &#91;1996&#93;), obras cuyas primeras versiones datan de 1983 y 1984, respectivamente. Lejos de hacerse preguntas restringidas al &aacute;mbito "literario", cualquiera que pueda ser la connotaci&oacute;n del t&eacute;rmino, Eagleton &#150;en la v&iacute;a de su maestro Raymond Williams&#151;, abre la visi&oacute;n y las interrogantes al campo amplio de la filosof&iacute;a, el psicoan&aacute;lisis, la sociolog&iacute;a y la econom&iacute;a pol&iacute;tica, perspectiva que elabora sobre todo a ra&iacute;z de <i>Walter Benjamin o hacia una cr&iacute;tica revolucionaria </i>(1998 &#91;1981&#93;), donde, a las lecciones del berlin&eacute;s y de Williams, incorpora su propia lectura de Brecht y Bajt&iacute;n. Mi lector, malicioso y avezado como es, dir&aacute; a estas alturas: "&iexcl;Ah, ya te tengo, se trata de los estudios culturales!".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Estudios culturales y universidad</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, Eagleton conoce bien y se mueve con fluidez en ese &aacute;mbito. Procura una visi&oacute;n del arte y la literatura que no sea ajena a las instituciones y la plataforma pol&iacute;tico&#150;econ&oacute;mica que posibilitan su producci&oacute;n y consumo, y estructuran su funci&oacute;n. Quiz&aacute; el mayor reproche que puede hac&eacute;rsele es la atenci&oacute;n reducida que da a los aspectos formales de la representaci&oacute;n art&iacute;stica, pero &eacute;se es un problema que no demerita la pertinencia de su enfoque para la reflexi&oacute;n sobre la cultura en un sentido amplio. De ah&iacute; su importancia. Lo que ocurre, para Eagleton, no es que haya que hacer a un lado la forma art&iacute;stica, sino evitar aislarla de sus bases sociales. Las disciplinas en que la modernidad ha dividido el estudio de las necesidades y deseos humanos tambi&eacute;n pueden ser mejor comprendidas desde esa perspectiva.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los a&ntilde;os sesenta nos legaron, pues &#150;a ra&iacute;z de su inquietud en torno al papel de las universidades y las disciplinas en la reproducci&oacute;n de un <i>statu quo </i>por lo menos discutible&#151;, una preocupaci&oacute;n cada vez m&aacute;s honda por la cultura, aunque el estudio de &eacute;sta se haya convertido poco a poco, despu&eacute;s de las derrotas del '68, en una suerte de refugio para promover un cambio que en el terreno econ&oacute;mico y pol&iacute;tico empez&oacute; a creerse dif&iacute;cil o imposible, tal como ocurri&oacute; tambi&eacute;n con los movimientos de emancipaci&oacute;n colonial, que se toparon con unas clases gobernantes locales cada vez m&aacute;s aisladas de la poblaci&oacute;n en su conjunto y, en contrapartida, socias intermediarias de los intereses mundiales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los estudios culturales, pese a su tendencia a no reconocer ning&uacute;n valor universal o natural, y su inclinaci&oacute;n a limitarse a las condiciones locales, tuvieron, a lo largo de casi cuatro d&eacute;cadas &#150;y de modo paralelo al escepticismo deconstructivo y luego al nihilismo posmoderno&#150;, logros indudables. La teor&iacute;a cultural, escribe Eagleton,</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">nos ha persuadido de que en la construcci&oacute;n de una obra de arte intervienen muchas cosas adem&aacute;s del autor. Las obras de arte tienen una especie de "inconsciente" que no se encuentra bajo el control de sus productores. Hemos acabado por comprender que uno de sus productores es el lector, el espectador o el oyente; que el receptor de una obra de arte es un cocreador de ella, sin el cual la obra no existir&iacute;a. Nos hemos vuelto m&aacute;s sensibles al juego del poder y deseo que hay en los artefactos culturales, a la variedad de formas en que pueden confirmar o refutar la autoridad pol&iacute;tica. Tambi&eacute;n entendemos que esto es al menos una cuesti&oacute;n tanto de su forma como de su contenido. Ha aflorado una sensaci&oacute;n m&aacute;s acusada de cu&aacute;n estrechamente las obras de la cultura pertenecen a sus &eacute;pocas y lugares espec&iacute;ficos; y c&oacute;mo esto puede enriquecerlas en lugar de menoscabarlas. Esto mismo es cierto de nuestras respuestas a ellas, que siempre son hist&oacute;ricamente espec&iacute;ficas. Se ha prestado mayor atenci&oacute;n a los contextos materiales de estas obras de arte, y a c&oacute;mo tanta cultura y civilidad han tenido sus ra&iacute;ces en la infelicidad y la explotaci&oacute;n. Hemos acabado por reconocer la cultura en el sentido m&aacute;s amplio como un territorio en el que los condenados y los despose&iacute;dos pueden explotar significados compartidos y afirmar una identidad com&uacute;n (2005, p. 107).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, es preciso advertir que, m&aacute;s all&aacute; de la literatura y el arte, pr&aacute;cticamente todo tipo de textos y artefactos culturales han recibido tambi&eacute;n esta revisi&oacute;n cr&iacute;tica. Los deconstructivistas y los postmodernistas han enfatizado esta perspectiva, especialmente en lo que se refiere a la pregunta constante sobre los basamentos de las afirmaciones presentes en toda obra o texto y a su carencia de estabilidad, lo que a veces los ha llevado a un escepticismo tr&aacute;gico (dir&iacute;a Eagleton) y a un relativismo c&iacute;nico. A unos y a otros Eagleton les propone sacar jugo, con humor, a la ambig&uuml;edad e inestabilidad del sentido; pero, nos previene, la iron&iacute;a de semejantes posiciones es que, a menudo, acaban siendo copart&iacute;cipes de un <i>statu quo </i>al que se supone cuestionan. Al antiindividualismo pluralista, incluyente, "antijer&aacute;rquico" y combativo de toda norma sostenido por los posmodernos, Eagleton responde:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema que esto tiene como causa radical es que en ella no hay mucho con lo que disintiera el pr&iacute;ncipe Carlos. &#91;...&#93; el capitalismo es un credo impecablemente incluyente: no le importa a qui&eacute;n explota. Es admirablemente igualitario en su buena disposici&oacute;n para menospreciar, sin m&aacute;s, a cualquiera. Est&aacute; dispuesto a codearse con cualquier antigua v&iacute;ctima, por poco apetecible que sea. La mayor parte del tiempo, al menos, se muestra impaciente por mezclarse con tantas culturas diversas como sea posible, de modo que pueda venderle sus mercanc&iacute;as a todas ellas./ Con el &aacute;nimo generosamente humanista del poeta de la Antig&uuml;edad, a este sistema nada humano le es ajeno. En su b&uacute;squeda del beneficio recorrer&aacute; cualquier distancia, soportar&aacute; cualquier penuria, se unir&aacute; a la m&aacute;s detestable de las compa&ntilde;&iacute;as, sufrir&aacute; las humillaciones m&aacute;s abominables, tolerar&aacute; el papel pintado m&aacute;s chabacano y traicionar&aacute; alegremente a sus familiares m&aacute;s pr&oacute;ximos. Es el capitalismo lo que es desinteresado, no los profesores universitarios (2005, p. 30).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Ense&ntilde;anza y ciudadan&iacute;a</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, para este autor, de lo que se trata es de dejarse de antinormatividades contestatarias de apariencia cr&iacute;tica y escepticismos de pretendido rigor metodol&oacute;gico, y hacerse responsables de lo que se propone a la sociedad con semejantes posturas. <i>Qu&eacute; ense&ntilde;ar, con qu&eacute; instrumentos y para qu&eacute; o con qu&eacute; objetivos </i>&#150;las grandes preguntas que subyacen a todo quehacer universitario&#150; confluyen, para Eagleton, en una tem&aacute;tica que bien podr&iacute;amos relacionar directamente con la discusi&oacute;n actual sobre la ciudadan&iacute;a, siempre y cuando no olvidemos que participar de la ciudad y su conjunto de pactos no puede desligarse de la situaci&oacute;n espacial de quien adopta esa ciudadan&iacute;a: &iquest;qu&eacute; tan ciudadano se puede ser cuando se vive en los m&aacute;rgenes de una metr&oacute;poli, aun cuando se transite por ella?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toca, entonces, ahora, volver al punto de la relaci&oacute;n entre las artes, las ciencias y las humanidades, y la b&uacute;squeda de mejores condiciones de vida para todos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En pol&eacute;mica con buena parte de las corrientes actuales, Eagleton &#150;en el que quiz&aacute; sea el cap&iacute;tulo m&aacute;s importante de su libro (5)&#150; regresa al problema de c&oacute;mo se constituye la verdad, la objetividad y, nada menos, la <i>virtud. </i>As&iacute;, como suena y se escribe. El centro de todo es, pues, la moral. Pero nos advierte que no se trata de mojigater&iacute;a ni imposici&oacute;n de normas, sino del hallazgo de las razones &uacute;ltimas de lo humano y de la convivencia. Lejos de quienes plantean que no hay universales, Eagleton sostiene que no debemos negar la base misma de nuestra posibilidad de identificarnos con el vecino y el habitante m&aacute;s lejano de nuestro planeta. Se trata de la corporalidad y sus necesidades (incluido un h&aacute;bitat favorable), entre las cuales se hallan el conocimiento, el amor y la comprensi&oacute;n. Si se ha sostenido que no hay esencias, que todo es cultural y contingente, nuestro autor propone, en cambio, que no debemos olvidar lo caracter&iacute;stico de lo humano: haber nacido para nada en especial (lo que implica un largo periodo de adiestramiento infantil para la vida mediado por los afectos) y, por lo tanto, ser aptos para una transformaci&oacute;n constante que reconstruye a cada momento el sentido de la vida s&oacute;lo a partir de nuestra posibilidad de mejorar, de ser cada vez mejores en aquello que m&aacute;s nos gusta hacer. Eagleton afirma que nuestro principal deber consiste en ofrecer y ofrecernos las &oacute;ptimas condiciones para ello.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si para Arist&oacute;teles la virtud, el ser mejores seres humanos, ten&iacute;a su recompensa en s&iacute; misma, Eagleton se&ntilde;ala que esa perspectiva es irreal por lo que toca a la imprescindible necesidad del otro que entra&ntilde;a, pues no hay posibilidad de mejorar sin reflexi&oacute;n, y no hay reflexi&oacute;n sin la intervenci&oacute;n del otro, que nos define y nos enriquece, y frente al cual tambi&eacute;n nos definimos y al que contribuimos a desarrollar. El conocimiento de s&iacute; y del mundo, que se da en un ir y venir entre ambas instancias (el yo interior y el &aacute;mbito externo), es indisoluble del conocimiento y reconocimiento del otro &#150;quien nos muestra los l&iacute;mites&#150;, para lo cual es indispensable el amor, la amistad o, al menos, una actitud opuesta al odio:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, hay una relaci&oacute;n m&aacute;s profunda entre la objetividad y la &eacute;tica. La objetividad puede suponer una apertura desinteresada a las necesidades de los dem&aacute;s, una apertura que est&aacute; muy cerca del amor. No es lo contrario del inter&eacute;s personal y las convicciones, sino del ego&iacute;smo. Tratar de comprender la situaci&oacute;n de los dem&aacute;s tal como es en realidad es una condici&oacute;n esencial para cuidar de ellos. &#91;...&#93; Lo importante, en todo caso, es que preocuparse genuinamente por alguien no es lo que supone un obst&aacute;culo para entender su situaci&oacute;n tal como es, sino lo que la hace posible. En contra del adagio que dice que el amor es ciego, es precisamente porque el amor lleva consigo una aceptaci&oacute;n radical por lo que nos permite ver a los dem&aacute;s tal como son./ Preocuparse por otro es estar presente para &eacute;l bajo la forma de una ausencia, una determinada atenci&oacute;n olvidada de s&iacute; mismo. Si a cambio uno es amado o los dem&aacute;s conf&iacute;an en uno, es esto en gran medida lo que propoporciona la confianza en uno mismo para olvidarse de s&iacute;, un asunto que de otro modo ser&iacute;a peligroso. En parte tenemos que pensar en nosotros mismos por miedo, el cual podemos superar mediante la seguridad de que se conf&iacute;a en nosotros (2005, pp. 140&#150;141).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por eso el poder tiene tantas dificultades para salir de s&iacute; y reconocer al otro y confiar en &eacute;l, y por eso, tambi&eacute;n, la objetividad es tan dif&iacute;cil. Requiere un esfuerzo moral a toda prueba: "nadie que no est&eacute; abierto al di&aacute;logo con los dem&aacute;s, que no desee escuchar, argumentar con honestidad y reconocerlo cuando est&eacute; equivocado puede hacer progresos reales investigando el mundo" (2005, p. 142):</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si conocer el mundo significa con bastante frecuencia escarbar en los complejos envoltorios del autoenga&ntilde;o, conocerse a s&iacute; mismo significa esto a&uacute;n m&aacute;s. Solo alguien inusualmente seguro de s&iacute; puede tener el coraje de enfrentarse a s&iacute; mismo de este modo sin racionalizar lo que descubre para desecharlo ni quedar consumido por una culpa in&uacute;til (2005, p. 146).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Un mundo para todos</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Preocuparse por otro, en suma, significa darle esa confianza, fincar las condiciones para que la adquiera; y regate&aacute;rsela no habla m&aacute;s que de nuestra propia inseguridad. Preocuparse por otro es trabajar rec&iacute;procamente en la construcci&oacute;n de las condiciones para desempe&ntilde;arnos de lo mejor en lo que m&aacute;s nos gusta, aunque, claro, Eagleton no es ingenuo, y sabe de sobra que este ideal es cabalmente contrario al utilitarismo del dinero, para el que toda ocupaci&oacute;n gratuita resulta ya en s&iacute; misma sospechosa. La aparente gratuidad de las artes y las humanidades es uno de sus rasgos m&aacute;s ominosos a la vista del ego&iacute;smo, el poder o la racionalidad pr&aacute;ctica del capital, pero, con todo &#150;y por eso&#150;, esas &aacute;reas siguen siendo cultivables, ya que es en ellas donde a menudo surge la pregunta de si no ser&iacute;a necesario transformar la realidad para prosperar (2005, p. 51), en vista de la aguda conciencia sobre la calidad de vida en un mundo como el actual; y aunque, por otro lado, sean los artistas los m&aacute;s dif&iacute;ciles de organizar para efecto de acciones sociales y, como dice Eagleton, no sean los mejores a la hora de levantarse de la cama.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la tarea de renovar y mejorar la ense&ntilde;anza no debe menospreciarse nunca el papel del arte o las humanidades, y menos en la de contribuir a la generaci&oacute;n de mejores ciudadanos, pues, recordemos, el reconocimiento y la objetividad &#150;tan importantes para la convivencia&#150;, poseen fuertes lazos con la vida afectiva y la reflexividad (rasgos sobresalientes del arte).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contra los antite&oacute;ricos, que sostienen que no es posible la autorreflexi&oacute;n epistemol&oacute;gica en la medida en que estar&aacute; siempre mediada por el &aacute;mbito al que pretende conocer, y que "no hay que rascar donde no pica", Eagleton les recuerda que ese l&iacute;mite no es obst&aacute;culo sino precondici&oacute;n, de la misma manera que el autoconocimiento es imposible sin la conciencia de que se pertenece no a otra y nada m&aacute;s que a aquella piel en la que estamos contenidos. Los l&iacute;mites, a diferencia de la opini&oacute;n de Lady Macbeth (que, como el capital, odia toda restricci&oacute;n), son creativos, no anuladores del crecimiento humano (Eagleton 2005, p. 128), e implican siempre la conciencia plena de la otredad, del otro irreductible que nos inventa y se reinventa a s&iacute; mismo a partir de nuestra presencia. Lejos de combatirlos, debemos tenerlos siempre en mente y cultivarlos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El poderoso, el ego&iacute;sta, el millonario emprendedor o el ni&ntilde;o mimado no deben sentir ning&uacute;n temor al otro ni a los l&iacute;mites que impone incluso con su mera existencia, pues en la de &eacute;l descansa la suya propia, al modo en que escribi&oacute; Saer en <i>El entenado, </i>acerca del exterminio colonizador:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como ellos &#91;los ind&iacute;genas&#93; eran el &uacute;nico sost&eacute;n de lo exterior, lo exterior desaparec&iacute;a con ellos, arrumbado, por la destrucci&oacute;n de lo que lo conceb&iacute;a, en la inexistencia. Lo que los soldados que los asesinaban nunca podr&iacute;an llegar a entender era que, al mismo tiempo que sus v&iacute;ctimas, tambi&eacute;n ellos abandonaban este mundo. Puede decirse que, desde que los indios fueron destruidos, el universo entero se ha quedado derivando en la nada (1983, p. 125).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para finalizar, dig&aacute;moslo, si se quiere, una vez m&aacute;s: "la cultura es &#91;...&#93; un nexo vital entre la pol&iacute;tica y la experiencia personal; da a las necesidades y deseos humanos una forma que se puede debatir p&uacute;blicamente, ense&ntilde;a nuevos modos de subjetividad y combate las representaciones recibidas".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">EAGLETON, Terry (1999), <i>La funci&oacute;n de la cr&iacute;tica, </i>trad. de Fernando Ingl&eacute;s Bonilla, Barcelona, Paid&oacute;s.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5832524&pid=S0185-2698200600030000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151; (1998), <i>Una introducci&oacute;n a la teor&iacute;a literaria, </i>trad. de Jos&eacute; Esteban Calder&oacute;n, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5832525&pid=S0185-2698200600030000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#151; (1998), <i>Walter Benjamin o hacia una cr&iacute;tica revolucionaria, </i>trad. de Julia Garc&iacute;a Lenberg, Madrid, C&aacute;tedra.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5832526&pid=S0185-2698200600030000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">SAER, Juan Jos&eacute; (1983), <i>El entenado, </i>M&eacute;xico&#150;Buenos Aires, Folios.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5832527&pid=S0185-2698200600030000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[EAGLETON]]></surname>
<given-names><![CDATA[Terry]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Inglés Bonilla]]></surname>
<given-names><![CDATA[Fernando]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La función de la crítica]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[EAGLETON]]></surname>
<given-names><![CDATA[Terry]]></given-names>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Calderón]]></surname>
<given-names><![CDATA[José Esteban]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Una introducción a la teoría literaria]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[EAGLETON]]></surname>
<given-names><![CDATA[Terry]]></given-names>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[García Lenberg]]></surname>
<given-names><![CDATA[Julia]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Walter Benjamin o hacia una crítica revolucionaria]]></source>
<year>1998</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cátedra]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[SAER]]></surname>
<given-names><![CDATA[Juan José]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El entenado]]></source>
<year>1983</year>
<publisher-loc><![CDATA[MéxicoBuenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Folios]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
