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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Mares y puertos. Navegar en aguas de la modernidad: María Esther Aguirre Lora México, CESU/ Plaza y Valdés/ Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación, 2005, 267 pp.]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b><i>Mares y puertos. Navegar en aguas de la modernidad</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">Mar&iacute;a Esther Aguirre Lora</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">M&eacute;xico, CESU/ Plaza y Vald&eacute;s/ Instituto Michoacano de Ciencias de la Educaci&oacute;n, 2005, 267 pp.</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><i>Por Josefina Granja Castro*</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Investigadora del Departamento de Investigaci&oacute;nes Educativas (DIE)&#150;Centro de Investigaci&oacute;n y de Estudios Avanzados (CINVESTAV) del Instituto Polit&eacute;cnico Nacional (IPN).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El presente libro tiene como punto de partida diversos trabajos presentados por la autora entre 2000 y 2004 en los que aborda temas centrales del debate educativo contempor&aacute;neo: rezago educativo y exclusi&oacute;n, el curr&iacute;culo, el campo de los estudios sobre g&eacute;nero, el imperecedero anhelo de lograr transformar la sociedad mediante la alquimia de la educaci&oacute;n, adem&aacute;s de debates te&oacute;ricos cruciales como el encarnado en los conceptos de sujeto y actor o el que ocupa el primer cap&iacute;tulo dedicado a reflexionar sobre el sentido de la historia en el an&aacute;lisis de los procesos de la educaci&oacute;n. Con inagotable creatividad la autora transforma cada una de estas piezas, las sustrae de sus coordenadas espacio temporales originales, para recogerlas bajo la idea de traves&iacute;as por los mares y puertos de la modernidad. Son siete traves&iacute;as en las que explora, con nuevos ojos e instrumentos, territorios de la tarea educativa que si bien no son ignotos, s&iacute; adquieren tonalidades novedosas al ser abordados desde su peculiar modo de practicar la historia cultural y la anal&iacute;tica geneal&oacute;gica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su primera traves&iacute;a nos lleva a explorar el ineludible lazo entre el campo de los estudios en educaci&oacute;n y la historia. Narrando su propia trayectoria intelectual y acad&eacute;mica nos abre una ventana para recrear los debates y las representaciones en el ambiente acad&eacute;mico mexicano respecto a los encuentros y desencuentros entre historia y educaci&oacute;n. El relato autobiogr&aacute;fico como una forma de entendimiento en el que se establece un ir y venir entre lo propio y lo ajeno del autor y del lector es un g&eacute;nero altamente valorado en los estudios literarios, el psicoan&aacute;lisis y la historia, as&iacute; que uno se sorprende al encontrar de inicio a la autora pidiendo la benevolencia del lector por el tinte autobiogr&aacute;fico del texto. En realidad se trata de una operaci&oacute;n bastante m&aacute;s compleja de lo que a primera vista parece, pues en la narraci&oacute;n autobiogr&aacute;fica subyace una doble estructura especular: el autor se declara sujeto de su propio entendimiento, y en un segundo momento el lector establece un intercambio con el autor que implica diferenciaci&oacute;n y similitud, conocimiento de s&iacute; mismo mediante el conocimiento del otro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde esta voz autobiogr&aacute;fica se nos propone una reflexi&oacute;n acerca de la necesidad de que los estudios sobre educaci&oacute;n no se queden anclados en el presentismo y la inmediatez y desarrollen miradas de largo aliento que permitan el reconocimiento de la multiplicidad de tiempos, espacios y procesos que se condensan y sedimentan en las pr&aacute;cticas educativas en sentido amplio. Abrevando en grandes figuras del pensamiento social y filos&oacute;fico (Durkheim, Weber, Elias, Braudel, Nietzsche, Heidegger), nos muestra no s&oacute;lo el puerto de desembarco sino el camino recorrido hasta enraizar el pensar hist&oacute;rico en los estudios sobre educaci&oacute;n. La historia necesaria para la educaci&oacute;n a los ojos de la autora no es la historia anecd&oacute;tica ni la erudita, sino aquella que nos aporte elementos, herramientas metodol&oacute;gicas que nos permitan escudri&ntilde;ar a la distancia las maneras en que hemos configurado las memorias sobre la educaci&oacute;n: la historia como un observatorio de la educaci&oacute;n. Resulta entonces comprensible el hermanamiento que hace entre historia y psicoan&aacute;lisis: ambos permiten dar forma a visiones retrospectivas que integran experiencias fragmentadas, desordenadas, d&aacute;ndoles sentido desde el presente. Las posiciones asumidas toman cuerpo en una l&iacute;nea de estudios espec&iacute;fica "Genealog&iacute;a de pr&aacute;cticas y discursos en educaci&oacute;n y cultura" que desarrolla desde el cesu y comparte con otras instituciones de diversos estados del pa&iacute;s (Michoac&aacute;n, Chiapas, Tabasco, Puebla). En 1971 Foucault expresaba a prop&oacute;sito de la genealog&iacute;a que su tarea indispensable consiste en percibir la singularidad de los sucesos, encontrarlos donde menos se espera y en aquello que pasa desapercibido &#150;los sentimientos, el amor, la conciencia, los instintos&#150;reencontrar las diferentes escenas en las que los sucesos han jugado diferentes papeles, definir incluso el punto de su ausencia, el momento en que no han tenido lugar. La genealog&iacute;a, nos dice Foucault, trabaja sobre sendas embrolladas, garabateadas, muchas veces reescritas. (Nietzsche, la genealog&iacute;a y la historia). Encuentro en <i>Mares y puertos </i>un di&aacute;logo silencioso entre Foucault y las posiciones asumidas por la autora. </font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda traves&iacute;a, "En el pa&iacute;s de la palabra", me llev&oacute; a recordar una expresi&oacute;n de Derrida: el pensamiento es un alma cuyo cuerpo es el lenguaje. A prop&oacute;sito de esto, seguramente habr&aacute; quien rememore a Octavio Paz y su "habitamos en la casa del lenguaje", o quien se vaya incluso a los or&iacute;genes heideggerianos de la met&aacute;fora. Detr&aacute;s de estas magn&iacute;ficas figuras ret&oacute;ricas lo que encontramos es un problema de corte filos&oacute;fico, cultural y &eacute;tico tan antiguo como el hombre mismo: el lenguaje como forma fundamental de intelecci&oacute;n en la esfera p&uacute;blica y privada, el lenguaje como hecho polifac&eacute;tico, multiforme, relacionado con diversos dominios: construcci&oacute;n social enraizada en el entrecruce de sustratos culturales y racionalidades epistemol&oacute;gicas, problema filos&oacute;fico paradigm&aacute;tico en torno a la intersubjetividad de los signos y la significaci&oacute;n. Navegando en esos mares, la autora puntualiza su inter&eacute;s en la palabra que es tambi&eacute;n un territorio multifac&eacute;tico: como programa civilizador de Occidente que deposit&oacute; en la ense&ntilde;anza de la lectura y la escritura el modo de arribar a la sociedad moderna encomendando a la escuela la empresa alfabetizadora, la palabra como pr&aacute;ctica cultural en la que se tensa la oralidad y la escritura, pero sobre todo su inter&eacute;s por la palabra est&aacute; volcado aqu&iacute; en el hecho de que el formador, el maestro, es un artesano de la palabra: "aquel cuyo oficio es la educaci&oacute;n &#150;nos dice la autora&#150; habita en el centro del territorio de la palabra, desde ah&iacute; funda su compromiso, ese es su lugar". Movi&eacute;ndose al filo de las grandes concepciones filos&oacute;ficas sobre el lenguaje: como espejo de la mente (Descartes), como ciudad laber&iacute;ntica (Wittgenstein) y de las formas en que a lo largo de la historia la palabra fue ocupando el p&uacute;lpito, la c&aacute;tedra y la tarima, despliega ante la mirada del lector&#150;navegante un recorrido que nos conduce al coraz&oacute;n mismo de la tarea del educador vehiculizada en el medio del lenguaje como terreno dial&oacute;gico por excelencia y reconocimiento de la alteridad; ah&iacute; se dan o deber&iacute;an darse los modos de acci&oacute;n formativa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro de los puertos al que nos conduce en su viaje personal es el del entramado conceptual de dos nociones centrales en los estudios sobre educaci&oacute;n: sujeto y actor. Se trata sin duda de una de las coordenadas te&oacute;ricas fundamentales en el campo no solo de la educaci&oacute;n, sino de las ciencias sociales en general en la &eacute;poca contempor&aacute;nea. A pesar de tratarse de conceptos complejos que llevan en s&iacute; las huellas de muchas edades, la autora los deconstruye identificando las distintas configuraciones epist&eacute;mico&#150;filos&oacute;ficas e hist&oacute;rico culturales que dan cuenta de su gestaci&oacute;n y transformaciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El viaje de reconocimiento en el territorio del concepto de sujeto inicia con la transici&oacute;n desde la cosmovisi&oacute;n teoc&eacute;ntrica del mundo hacia los ambientes iluministas de los siglos XIV y XV. La autora encuentra en esa transici&oacute;n la emergencia de nuevas representaciones sociales que llevaron a una reubicaci&oacute;n del hombre en el cosmos y, con ello, a la configuraci&oacute;n de un modo de concebir al hombre como sujeto. Pasando por Descartes y Hegel, el itinerario del viaje de la autora nos lleva hasta el siglo XIX donde el concepto de sujeto del humanismo renacentista, el sujeto moderno de la Ilustraci&oacute;n, es puesto en crisis por corrientes de pensamiento como el psicoan&aacute;lisis, el marxismo, Nietzsche y yo agregar&iacute;a Heidegger quien puso bajo sospecha el car&aacute;cter trascendente del ser al mostrarlo en su historicidad. Los reacomodos producidos en el umbral epist&eacute;mico que sostuvo al sujeto encuentran en las corrientes estructuralistas de inicios del siglo XX un espacio de reconfiguraci&oacute;n del sujeto al insertarlo en las tramas de sentido de las estructuras sociales, pero el descentramiento del sujeto se concreta en el postestructuralismo del &uacute;ltimo cuarto del siglo XX con pensadores como Lyotard, Foucault, Derrida, Lacan, etc.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El itinerario sobre el concepto de actor, por su parte, comienza al situarlo como un t&eacute;rmino adoptado en el siglo XIX por la sociolog&iacute;a cl&aacute;sica que desde sus inicios se vio obligada a lidiar con la tensi&oacute;n entre individuo y sociedad con todas sus variantes: sujeto y estructuras, subjetividad y normas y valores externos, etc. En ese contexto el recurso al actor permiti&oacute; elaborar distintas mediaciones para comprender los complejos v&iacute;nculos entre el mundo social objetivado y los mundos intrasubjetivos. Su recorrido nos lleva a visitar a Durkheim, Weber y Marx, en el origen de las teorizaciones sociol&oacute;gicas del siglo XIX, y m&aacute;s recientemente a Elias, Parsons, Giddens y Tourien. Acometer una empresa de tal envergadura no es para nada una tarea sencilla, los vericuetos y bifurcaciones al interior de los desarrollos te&oacute;ricos de cada uno de estos autores vuelven real la posibilidad de extraviarse en el camino, perder la ruta y llegar a otro lado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Imposible comentar cada una de las traves&iacute;as que componen los siete cap&iacute;tulos del libro. En lugar de ello voy a detenerme en la primera, donde la autora plantea la necesidad del pensar hist&oacute;rico en la comprensi&oacute;n de los procesos de la educaci&oacute;n. Los estudios sobre educaci&oacute;n han sido desde su nacimiento un campo h&iacute;brido, disciplinariamente hablando. Diversas disciplinas convergen en la construcci&oacute;n de este objeto de estudio aportando sus aparatos conceptuales y metodol&oacute;gicos, sus diversas formas de entender e interrogar a la educaci&oacute;n. La convivencia de ese espectro disciplinario ha sido fruct&iacute;fera para el campo de conocimiento educativo, y nadie pondr&iacute;a en duda actualmente la pertinencia de abordajes que rebasen las fronteras disciplinarias: las zonas m&aacute;s sensibles al avance y la formulaci&oacute;n de problemas son precisamente las que nacen en los entrecruzamientos de miradas y l&oacute;gicas disciplinarias. Pero tambi&eacute;n ha sido una convivencia no exenta de tironeos y roces en el reparto de territorios entre las tribus acad&eacute;micas, como design&oacute; Tony Becher a las comunidades acad&eacute;micas en un libro publicado en los a&ntilde;os ochenta y que pronto se volvi&oacute; un punto obligado de referencia <i>(Tribusy territorios acad&eacute;micos: la indagaci&oacute;n intelectual y las culturas disciplinarias).</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hace unos d&iacute;as tuve la oportunidad de conocer los resultados de la evaluaci&oacute;n hecha al &uacute;ltimo congreso nacional de investigaci&oacute;n educativa a partir de una encuesta aplicada a los asistentes (fundamentalmente maestros y estudiantes) y me llam&oacute; la atenci&oacute;n el hecho de que el campo tem&aacute;tico de historia es uno de los que menor inter&eacute;s despert&oacute; entre los participantes al congreso. Me pregunto si esto ser&aacute; consecuencia del estereotipo que a&uacute;n persiste de la historia como cosa del pasado, no s&oacute;lo entre amplios sectores de la sociedad, sino incluso entre los que se sienten interpelados por el trabajo que se realiza en el campo de la investigaci&oacute;n educativa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el punto opuesto a esas valoraciones <i>Mares y puertos </i>nos conduce de lleno a una reflexi&oacute;n que revitaliza el sentido de la historia y la vuelve imprescindible.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Los que nos desplazamos en el campo de la educaci&oacute;n, dice la autora, necesitamos explicaciones sobre su cambio, qu&eacute; es lo que la mueve, qu&eacute; es lo que permanece, c&oacute;mo se transforman las pr&aacute;cticas y los discursos, por qu&eacute; se transforman o bien por qu&eacute; no se mueven, cu&aacute;les son los focos de resistencia, de qu&eacute; manera persisten diversas tradiciones en nuestro diario hacer y pensar la educaci&oacute;n".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para observar desde ese &aacute;ngulo se requiere una mirada de largo alcance que explique c&oacute;mo surgen los objetos y se constituyen los problemas, c&oacute;mo emergen las tem&aacute;ticas, c&oacute;mo se forman y transforman los discursos y las pr&aacute;cticas. El pensar hist&oacute;rico consiste precisamente en este modo de encarar la educaci&oacute;n o cualquier otro &aacute;mbito de procesos de la sociedad: la ciencia, el arte, los valores, la pol&iacute;tica. As&iacute; trazado el problema, la historia, sin dejar de ser una disciplina con m&eacute;todos y teor&iacute;as propios, ocupa el lugar de una forma de racionalidad que gu&iacute;a el conocimiento, una forma de teorizar que permite desplegar otras miradas sobre nuestros objetos de estudio. Es ese pensar hist&oacute;rico para el campo de los estudios sobre educaci&oacute;n por el que aboga la autora.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero &iquest;c&oacute;mo trabajar desde ah&iacute;, desde el pensar hist&oacute;rico, con los problemas actuales acuciantes tales como el rezago y la exclusi&oacute;n o las nuevas pol&iacute;ticas de desarrollo curricular y sus nuevas sem&aacute;nticas como "educaci&oacute;n basada en competencias"? La respuesta est&aacute; en las p&aacute;ginas de este libro, pues cada uno de los cap&iacute;tulos nos muestra ejemplarmente el modo de operar del pensar hist&oacute;rico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es un modo de proceder que inicia con las preguntas en torno a los or&iacute;genes o momentos de emergencia del objeto de estudio: pr&aacute;cticas, conceptos, discursos, etc., desplegando una mirada de largo alcance que igual nos remonta a la antigua Grecia y el Medioevo, que a la Am&eacute;rica precolombina y el complejo proceso de construcci&oacute;n de una identidad nacional. "No me interesa indagar &#150;dice la autora&#150; a partir de siglos acotados que pueden convertirse en c&aacute;rceles, sino desplazarme libremente en una perspectiva de largo alcance guiada por la b&uacute;squeda de las sucesivas configuraciones del objeto de estudio y su despliegue en el tiempo y en el espacio". Para los fil&oacute;logos, entender lo que una palabra significa requiere hurgar en sus or&iacute;genes, hacer el levantamiento de las distintas capas de sentido que la han arropado, capas que, como la piel de cebolla, son cada vez m&aacute;s finas conforme se avanza hacia el centro. La autora asume esta labor como horizonte de observaci&oacute;n y recurso de m&eacute;todo imprescindible para el abordaje geneal&oacute;gico de las pr&aacute;cticas y los discursos en el campo de la educaci&oacute;n. Gracias a ello nos enteramos de lazos y hermanamientos insospechados para quienes no tenemos un conocimiento filol&oacute;gico extenso, por ejemplo que teor&iacute;a y teatro comparten la ra&iacute;z griega <i>teao </i>que significa ver, o que en la Edad Media pedagog&iacute;a era un hospicio de caridad para estudiantes universitarios pobres y que por asumir tareas de vigilancia y conducci&oacute;n de los becarios, cumpl&iacute;an una acci&oacute;n pedag&oacute;gica, o que la ret&oacute;rica griega nace vinculada a la medicina en un momento en que ambos &aacute;mbitos se influ&iacute;an de manera natural: palabras y f&aacute;rmacos actuando a favor de la salud del esp&iacute;ritu y del cuerpo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de una labor de excavaci&oacute;n arqueol&oacute;gica que exige el despliegue de una gran variedad de hilos y fibras siguiendo sus huellas a lo largo del tiempo. La posici&oacute;n geneal&oacute;gica asumida da por resultado textos de gran erudici&oacute;n y densidad, pero no por ello dif&iacute;ciles de leer, al menos en el caso de este libro, pues su autora tiene ese don de la palabra que seduce al lector y lo atrapa entre sus l&iacute;neas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La relaci&oacute;n entre el autor y su obra es, aunque no lo parezca a primera vista, laber&iacute;ntica y compleja; "nuestro territorio es incierto e inasible" nos recuerda la autora. En el caso de Mar&iacute;a Esther Aguirre y su libro <i>Mares y puertos </i>este lazo queda profunda y fielmente descrito a prop&oacute;sito precisamente del maestro como artesano de la palabra hablada y escrita: "la palabra activa regiones insospechadas respecto al otro, respecto a uno mismo, y esto hace que la tarea siempre est&eacute; emplazada en el umbral entre lo que se dice y lo que se calla; entre lo que se quiso decir, lo que se dej&oacute; de decir, lo que se dijo de m&aacute;s, lo que se debi&oacute; haber dicho, lo que qued&oacute; en la penumbra de las incomprensiones y de los malos entendidos. Tarea siempre insatisfecha, siempre anhelante, nunca acabada, nunca concluida".</font></p>      ]]></body>
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