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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Métodos, aparatos y máquinas para la enseñanza en México en el siglo XIX. Imaginarios y saberes populares: JOSEFINA GRANJA CASTRO Estado de México, Pomares/CESU-UNAM, 2004]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2" face= "Verdana">R E S E &Ntilde;    A</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><b><i><font size="4">M&eacute;todos,    aparatos y m&aacute;quinas para la ense&ntilde;anza en M&eacute;xico en el siglo    XIX.    <br>   Imaginarios y saberes populares</font></i></b></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"> JOSEFINA GRANJA    CASTRO</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"> Estado de M&eacute;xico,    Pomares/CESU-UNAM, 2004</font></p>     <p>&#8226;</p>     <p><font size="2" face="Verdana">POR JULIA PRECIADO    ZAMORA<a href="#unas">*</a></font></p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Llevada por el    t&iacute;tulo ,m&aacute;s que por la curiosidad, entr&eacute; a las p&aacute;ginas    del libro de Josefina Granja. Ya en las primeras l&iacute;neas me top&eacute;    con el pr&oacute;logo de Mar&iacute;a Esther Aguirre Lora y ca&iacute; en la    cuenta de que la idea que tenemos de m&eacute;todos, aparatos y m&aacute;quinas,    se aleja por mucho de la concepci&oacute;n que ten&iacute;an nuestros antepasados.    Por eso explico con palabras de la autora que &#8220;la primera impresi&oacute;n    que pueden producir los materiales seleccionados para este libro se asocia justamente    con la percepci&oacute;n de estar frente a objetos y vestigios que no encajan    f&aacute;cilmente en las categor&iacute;as tradicionales de clasificaci&oacute;n&#8221;.    Cuando se habla de m&eacute;todo uno se refiere al sistema para lograr el aprendizaje,    mientras que aparatos y m&aacute;quinas son los instrumentos creados para facilitar    la ense&ntilde;anza. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El libro que comento    transcribe material did&aacute;ctico que tanto profesores como inventores de    diversos oficios crearon para facilitar el proceso de la educaci&oacute;n, que    en tiempos pasados se llamaba &#8220;instrucci&oacute;n&#8221;. Pero la autora    va m&aacute;s all&aacute; de ser la mediadora entre el archivo y el lector,    pues como bien lo se&ntilde;ala, este libro contribuye &#8220;al estudio de    la dimensi&oacute;n sociohist&oacute;rica y epistemol&oacute;gica de la educaci&oacute;n,    dando elementos que permitan reconstruir la lenta y dif&iacute;cil, pero [a    la vez] apasionante configuraci&oacute;n de concepciones educativas de una &eacute;poca&#8221;.    </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El libro est&aacute;    dividido en dos partes. La primera, &#8220;Genealog&iacute;a de un tema olvidado:    historia epistemol&oacute;gica y an&aacute;lisis conceptual&#8221;, est&aacute;    separada a su vez en dos apartados: 1)&#8220;Vestigios marginales y saberes    sometidos&#8221;, y 2)&#8220;Sobre los textos&#8221;. La segunda parte del libro    intitulada &#8220;Selecci&oacute;n de textos exhumados&#8221;, se fragmenta    en cinco secciones: 1)&#8220;Iniciativas para la ense&ntilde;anza de un ramo    particular&#8221;; 2)&#8220;Iniciativas para la ense&ntilde;anza de varios ramos&#8221;;    3)&#8220;Iniciativas relacionadas con la ense&ntilde;anza objetiva&#8221;; 4)&#8220;Espectros    de un texto&#8221;, y 5)&#8220;Destejer los textos: una invitaci&oacute;n a    desplegar m&uacute;ltiples lecturas&#8221;. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La invitaci&oacute;n    de la autora no est&aacute; reservada a lectores especialistas en el tema: a    este libro se pueden acercar tambi&eacute;n los no iniciados, quienes irremediablemente    evocar&aacute;n sus primeros ejercicios caligr&aacute;ficos, adem&aacute;s les    reconfortar&aacute; enterarse de los esfuerzos que realizaron los inventores    decimon&oacute;nicos por llevar el beneficio de la instrucci&oacute;n a todos    los sectores de la poblaci&oacute;n. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La serendipia,    que se une a la labor detectivesca que exige el oficio de historiar, permiti&oacute;    a Josefina Granja encontrar en dos archivos, sin buscarlos, dos diferentes textos    que comenzaron por otorgarle vida y cuerpo a su libro. Es decir, mientras la    autora realizaba la investigaci&oacute;n para su tesis doctoral, conoci&oacute;    las &#8220;Cajas enciclop&eacute;dicas&#8221; y la &#8220;M&aacute;quina intuitiva&#8221;.    Seducida por esos dos textos, decidi&oacute; buscar m&aacute;s de su tipo en    sendos acervos: en la serie Patentes y marcas del Archivo General de la Naci&oacute;n,    y en el ramo Instrucci&oacute;n p&uacute;blica, del Archivo Hist&oacute;rico    de la Ciudad de M&eacute;xico. Estoy convencida de que los documentos salieron    al encuentro de la autora, gracias a las preguntas que ella se formul&oacute;    antes de adentrarse a los archivos: &#8220;&iquest;Por qu&eacute; y c&oacute;mo    emergen distintos esquemas de inteligibilidad sobre el medio escolar?, &iquest;cu&aacute;l    fue el instrumental conceptual que dio asidero a las formas de entender los    procesos de la escuela y la educaci&oacute;n, y c&oacute;mo ha cambiado?&#8221;.    Estos interrogantes se los plante&oacute; Granja Castro, lo repito, antes de    comenzar su pesquisa. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En cuanto al rescate    de materiales, los &#8220;m&eacute;todos, aparatos y m&aacute;quinas&#8221;    suman 14 textos que dan buena cuenta de una &eacute;poca y de sus desasosiegos,    y todos estos fueron presentados a las autoridades (no siempre educativas) entre    1857 y 1890. Perm&iacute;taseme enumerar uno a uno dichos textos: 1)&#8220;M&eacute;todo    de escribir Castillo&#8221;; 2)&#8220;M&eacute;todo de escribir Murgu&iacute;a&#8221;;    3)&#8220;Nuevo m&eacute;todo para ense&ntilde;ar a escribir letra inglesa&#8221;;    4)&#8220;El copiador popular&#8221;; 5)&#8220;M&aacute;quina para estarcigencias    de escritura&#8221;; 6)&#8220;Pizarras calmantes&#8221;; 7) &#8220;Aparato para    ense&ntilde;ar a leer, llamado Silabario mec&aacute;nico&#8221;; 8)&#8220;M&aacute;quina    para resolver cualquier problema aritm&eacute;tico, llamada Contador infalible&#8221;;    9) &#8220;M&eacute;todo pr&aacute;ctico recreativo para aprender simult&aacute;neamente    la geograf&iacute;a y la aritm&eacute;tica&#8221;; 10)&#8220;Sistema de ense&ntilde;anza    en las escuelas&#8221;; 11) &#8220;M&aacute;quina intuitiva para la ense&ntilde;anza    en las escuelas&#8221;; 12)&#8220;Caja enciclop&eacute;dica para la ense&ntilde;anza    intuitiva&#8221;; 13) &#8220;Sistema de ense&ntilde;anza objetiva&#8221; y 14)&#8220;Arte    de ense&ntilde;ar a leer, reducido en seis lecciones&#8221;. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Josefina Granja    encontr&oacute; diferencias entre los materiales de uno y otro archivo, y esto    vale la pena se&ntilde;alarlo. Por ejemplo, en el Archivo de la Ciudad de M&eacute;xico    localiz&oacute; las propuestas de m&eacute;todos o de aparatos que los creadores    dirig&iacute;an al Ayuntamiento de la ciudad de M&eacute;xico solicitando se    autorizaran para utilizarlos en las escuelas. Cada solicitud pasaba a una comisi&oacute;n    que analizaba el caso. En el AGN hay innumerables solicitudes de patentes: los    inventores reclamaban el derecho de autor, ya como creadores, ya como introductores.    Gracias a que los solicitantes deb&iacute;an presentar la informaci&oacute;n    completa del producto que pretend&iacute;an patentar o introducir en las escuelas,    llegaron hasta nosotros sus noveles m&eacute;todos y sus extra&ntilde;os inventos:    algunos de ellos, acompa&ntilde;ados de im&aacute;genes; otros, como bien dice    la autora, que nos fuerzan a apelar a la imaginaci&oacute;n para concebirlos.    </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Apunta Granja Castro:    &#8220;bajo la designaci&oacute;n de &#8216;aparatos&#8217; o &#8216;m&aacute;quinas&#8217;    para la ense&ntilde;anza tenemos un grupo de materiales que dan cuenta del dise&ntilde;o    de diversos &#8216;inventos&#8217; que siguieron un patr&oacute;n com&uacute;n:    dispositivos m&oacute;viles rudimentarios, casi siempre giratorios, que permit&iacute;an    diversas combinaciones de elementos como letras para formar s&iacute;labas y    diptongos, n&uacute;meros para formar cifras, combinaciones de n&uacute;meros    y palabras para propiciar aprendizajes simult&aacute;neos&#8221;. Hay inventores    que informan a las autoridades su origen o vecindad. Gracias a ello se puede    trazar el mapa geogr&aacute;fico de los creadores: &eacute;ste se circunscrib&iacute;a    a la ciudad de M&eacute;xico y sus alrededores (Puebla y el Estado de M&eacute;xico),    aunque por all&iacute; logr&oacute; colarse un inventor del vecino estado de    Jalisco. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los materiales    que tienen como objetivo la ense&ntilde;anza de la escritura representan la    mayor&iacute;a en el libro que rese&ntilde;o. Son los casos del &#8220;M&eacute;todo    de escribir Castillo&#8221; y del &#8220;M&eacute;todo de escribir Murgu&iacute;a&#8221;.    Sus autores los presentaron a la autoridad con algunos d&iacute;as de diferencia,    y al establecerse las comparaciones se cay&oacute; en la cuenta de que eran    iguales. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Al verse descubierto    (o al menos eso me imagino), Murgu&iacute;a desisti&oacute; de su empe&ntilde;o,    no as&iacute; Castillo. El atractivo que presentaban estos m&eacute;todos reside    en que el arte de la escritura &#8211;seg&uacute;n Castillo y Murgu&iacute;a,    si se me permite hermanarlos en la misma l&iacute;nea&#8211; se pod&iacute;a    aprender sin necesidad de maestro. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Por su parte, el    &#8220;Nuevo m&eacute;todo para ense&ntilde;ar a escribir letra inglesa&#8221;    de Juan de Dios Ordaz, ofrec&iacute;a la ventaja de que los espacios en las    plantillas estaban cuidadosamente calculados para que &#8220;cualquiera ligaz&oacute;n    que se presente, ya sea curva, ya recta, est&eacute;n convenidas sus distancias    con toda la exactitud posible&#8221;. Para asegurar el &eacute;xito de dicho    m&eacute;todo se deb&iacute;an tomar al pie de la letra las siguientes indicaciones:    &#8220;El cuerpo deber&aacute; estar recto, un poco sesgado, a fin de que el    pie derecho quede por el costado del asiento. Si se escribe con el papel derecho,    el brazo quedar&aacute; la mitad fuera de la mesa; si sesgado, solamente el    codo; el izquierdo quedar&aacute; dentro de la mesa bien afirmado. Se procurar&aacute;    con mucho cuidado que la pluma, al bajar por encima del diagonal, siente los    dos puertos, cargando un poco sobre la derecha&#8221;. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El &#8220;Copiador    popular&#8221; de Antonio P. Castilla consist&iacute;a en cuadernos de escritura,    y su caracter&iacute;stica era tambi&eacute;n el aprendizaje sin maestro. En    su defecto, un solo profesor pod&iacute;a ense&ntilde;ar a escribir a mil ni&ntilde;os    a la vez. Con su m&eacute;todo, Antonio P. Castilla pretend&iacute;a adem&aacute;s    implementar la letra nacional llamada tipo anglo-mejicano. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Florencio Maya    y C&iacute;a. propusieron la &#8220;M&aacute;quina para estarcigencias de escritura&#8221;.    La funci&oacute;n de esa m&aacute;quina puede parecer ins&oacute;lita, pero    seg&uacute;n el diccionario estarcir significa &#8220;reproducir un dibujo pasando    una brocha o cisquero por un modelo previamente picado o recortado&#8221;. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Las &#8220;Pizarras    calcantes&#8221;, obra de Aurelio Andrade, mec&aacute;nico de oficio, eran pizarras    de cristal en las cuales se pod&iacute;a aprender a escribir copiando. El m&eacute;todo    era sencillo: se pon&iacute;a una muestra bajo la pizarra y el ni&ntilde;o la    copiaba en el cristal. El &#8220;Aparato para ense&ntilde;ar a leer, llamado    Silabario mec&aacute;nico&#8221;, de Valeriano Lara, pretend&iacute;a &#8220;facilitar    a los ni&ntilde;os el conocimiento de las letras y la formaci&oacute;n de las    s&iacute;labas&#8221;, &#8220;haciendo girar gradualmente el circulo superior,    en el espacio inmediato al centro se forman los diptongos, &#8216;duplicaciones&#8217;    y s&iacute;labas inversas simples; tambi&eacute;n directas simples, mixtas simples    directas, inversas y mixtas compuestas&#8221;. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El licenciado Manuel    Ignacio Loaiza present&oacute; a las autoridades una m&aacute;quina para resolver    cualquier problema aritm&eacute;tico, llamada &#8220;Contador infalible&#8221;,    que en nuestros d&iacute;as no se vender&iacute;a ni como t&iacute;tulo. El    licenciado contaba con larga experiencia en las cuentas, es decir en la aritm&eacute;tica.    Y esto lo condujo a concebir esta m&aacute;quina. Ignoro si &eacute;ste, como    los dem&aacute;s inventos, se pusieron en pr&aacute;ctica, pero Manuel Ignacio    Loaiza vio en su m&aacute;quina un medio seguro para llegar a una vejez sin    sobresaltos econ&oacute;micos (y, sin desearlo, lleg&oacute; tambi&eacute;n    sin sobresaltos a la historia, gracias a Josefina Granja). Loaiza escribi&oacute;:    &#8220;Respetuosamente digo que una inclinaci&oacute;n natural &aacute; la Aritm&eacute;tica:    la necesidad de practicarla con frecuencia; el deseo de simplificar mis operaciones,    y asegurar su resultado; y el proporcionarme para mi vejez, si llegaba &aacute;    ella, un recurso seguro, y legar a mi familia su utilidad, ya que no podia pensar    en formarle un capital, en que librase su suerte: me desidieron &aacute; emprender    la construcci&oacute;n de una m&aacute;quina, que con ahorro de tiempo, y con    infalible seguridad, me diese los resultados que deseara en toda clace de cuentas&#8221;.    </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Lamento que Manuel    Ignacio Loaiza no haya previsto que su invento se perder&iacute;a por m&aacute;s    de cien a&ntilde;os y estoy convencida de que, con &eacute;l, escap&oacute;    toda posibilidad de recibir el beneficio econ&oacute;mico que en su contador    infalible calcul&oacute; para toda una vida. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En su &#8220;M&eacute;todo    pr&aacute;ctico recreativo para aprender simult&aacute;neamente la geograf&iacute;a    y la aritm&eacute;tica&#8221;, el se&ntilde;or Pomposo Becerril propuso una    forma divertida de aprender jugando. Don Pomposo sac&oacute; a relucir una preocupaci&oacute;n    constante de la &eacute;poca decimon&oacute;nica, la instrucci&oacute;n del    ind&iacute;gena, y se&ntilde;al&oacute; que en virtud de su m&eacute;todo &eacute;sta    era posible &#8220;pues la inteligencia m&aacute;s insignificante [ sic] puede    sacar el mismo provecho que la que no lo sea&#8221;. Segu&iacute; las indicaciones    detalladas del m&eacute;todo y lo confieso: me result&oacute; bastante dif&iacute;cil    aprender a jugarlo. Se juega con cuatro cartas y cuatro dados, se anotan las    sumas, y a cada n&uacute;mero le corresponde una pregunta que se deriva de una    explicaci&oacute;n anterior. Me alegro que este m&eacute;todo no haya subsistido    hasta nuestros d&iacute;as, pero me averg&uuml;enzo al tiempo de no contar,    entre mis herramientas metodol&oacute;gicas, con la m&aacute;s &#8220;insignificante&#8221;    de las inteligencias. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">&#8220;Sistema    de ense&ntilde;anza en las escuelas&#8221; y la &#8220;M&aacute;quina intuitiva    para la ense&ntilde;anza en las escuelas&#8221; son de la autor&iacute;a de    Clemente Neve. Entre uno y otro m&eacute;todo median cinco a&ntilde;os. Con    el sistema de ense&ntilde;anza en las escuelas, Neve pretend&iacute;a iniciar    a los alumnos en la lectura, la aritm&eacute;tica, la gram&aacute;tica, la geograf&iacute;a    y la historia. Todo por medio de juegos. Basaba su m&eacute;todo en explicar    las mencionadas materias &#8220;con mu&ntilde;ecos y otras figuras pintadas    y de bulto para que, halagados, los ni&ntilde;os se dediquen contentos a aprender    y no les sirva de enfado, como se observa en la actualidad, caus&aacute;ndoles    su imaginaci&oacute;n con largas lecciones de memoria. No habr&aacute;, en consecuencia,    sobre esto, necesidad de privarles del recreo, y de impedirles que se alimenten    en las horas de costumbre&#8221;. M. Bustamente fue el desalmado que, con dureza,    dictamin&oacute; el m&eacute;todo de Neve, y afirm&oacute; respecto a su gram&aacute;tica:    &#8220;si el disc&iacute;pulo ha de formar operaciones correctas con las bolitas    que representan las partes de la oraci&oacute;n es preciso que conozcan las    reglas de la sintaxis y &eacute;stas no sabe la secci&oacute;n [es decir, Bustamante]    c&oacute;mo podr&aacute;n ense&ntilde;arlas las susodichas bolitas. El inventor    se desentiende de todos los accidentes de las palabras as&iacute; que no hay    signo para distinguir el g&eacute;nero, el n&uacute;mero, ni el cero, ni tampoco    los tiempos de los verbos ni si &eacute;stos son activos, pasivos o impersonales,    etc&eacute;tera&#8221;. Finalmente el cruel dictaminador, torcido el brazo bajo    el peso de la evidencia (o de la duda), propuso que se le otorgara al m&eacute;todo    de Neve el &#8220;privilegio&#8221; por seis a&ntilde;os, aunque no con ello    dejara de afirmar que el m&eacute;todo estaba incompleto. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pero no todo fue    desgracia para don Clemente. Con la m&aacute;quina intuitiva gan&oacute; una    condecoraci&oacute;n en la Exposici&oacute;n industrial de Missouri, y un premio    en un certamen en la ciudad de Puebla. Neve se preciaba con su m&aacute;quina    de ense&ntilde;ar lectura, aritm&eacute;tica, gram&aacute;tica, geograf&iacute;a,    historia y geometr&iacute;a. </font><font size="2" face="Verdana">La    m&aacute;quina intuitiva consist&iacute;a en un cubo que med&iacute;a un metro.    En sus cuatro caras laterales iban colocadas varias figuras movibles, de bulto    o estampas. Tambi&eacute;n hab&iacute;a mapas geogr&aacute;ficos. Todo permit&iacute;a    practicar los ejercicios de las materias, lo que permit&iacute;a observar la    intuici&oacute;n del educando, que representaba &#8220;la base del sistema natural    &uacute; objetivo y el oficio de la &#8216;m&aacute;quina escolar&#8217;&#8221;.    </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La &#8220;Caja    enciclop&eacute;dica para la ense&ntilde;anza intuitiva&#8221; de Ildefonso    Estrada y Zenea, consist&iacute;a en un caj&oacute;n con 100 pomos de cristal,    debidamente numerados y etiquetados, que conten&iacute;an &#8220;materias o    sustancias que corresponden a los tres reinos de la naturaleza y &aacute; las    principales industrias humanas&#8221;. Cada pomo de cristal estaba dise&ntilde;ado    para una lecci&oacute;n. Debo mencionar que el inventor prefiri&oacute; llenar    los frascos con objetos de producci&oacute;n nacional antes que extranjera.    Las cajas enciclop&eacute;dicas eran semejantes a un bur&oacute;, con seis cajones.    Sus medidas eran de un metro de alto y 50 cent&iacute;metros de ancho. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">El &#8220;Sistema    de ense&ntilde;anza objetiva&#8221; de Jos&eacute; Isabel Cort&eacute;s, aunque    para nuestros d&iacute;as carece de novedad, pues recuerda a la sopa de letras,    resultaba en aquel entonces, apetitoso. Este sistema propon&iacute;a elaborar    letras, signos ortogr&aacute;ficos, n&uacute;meros, figuras y cuerpos geom&eacute;tricos    con pan, dulces y chocolate. Su inventor estaba convencido de que al consumir    esos signos, los ni&ntilde;os adquirir&iacute;an el conocimiento que representaban.    Por cierto el inventor envi&oacute; dos cajas con modelos de pan, dulce y chocolate    junto con su petici&oacute;n de patente. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El &#8220;Arte    de ense&ntilde;ar a leer reducido en seis lecciones&#8221; es una propuesta    que, en 1836, el profesor Guillermo Roussy puso a consideraci&oacute;n de las    autoridades del Ayuntamiento de la Ciudad de M&eacute;xico. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Josefina Granja    Castro tan s&oacute;lo encontr&oacute; los dict&aacute;menes de los evaluadores:    Luis Chousal (abuelo seguramente de uno de los secretarios m&aacute;s cercanos    a Porfirio D&iacute;az) y Manuel Calder&oacute;n, pero no as&iacute; el m&eacute;todo    de Roussy. Fue gracias a las referencias de sus dos evaluadores que Josefina    Granja pudo reconstruir el m&eacute;todo con el que Roussy aseguraba que un    ni&ntilde;o mayor de 10 a&ntilde;os podr&iacute;a f&aacute;cilmente aprender    a leer y a escribir, &#8220;y copiar un libro con bastante limpieza&#8221; en    tan s&oacute;lo un mes. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Josefina Granja    Castro coloca al inicio y al final del libro m&uacute;ltiples provocaciones    a los posibles lectores. Lo hace no s&oacute;lo para llenar vac&iacute;os existentes    en la historia de la ense&ntilde;anza durante el siglo XIX, sino tambi&eacute;n    para activar nuevos temas. A los viejos documentos hay que acercarnos con preguntas    nuevas: s&oacute;lo as&iacute; tendr&aacute;n la bondad de conversar con nosotros.    Si no me creen, vean el &iacute;ndice del libro y escuchar&aacute;n el di&aacute;logo    entre amigas muy queridas entre s&iacute;, como la pedagoga Mar&iacute;a Esther    Aguirre Lora y la soci&oacute;loga Josefina Granja Castro: mujeres del siglo    XXI que departen con hombres e inventores del siglo XIX que no se conocen entre    ellos, como Antonio P. Castilla, Manuel Murgu&iacute;a, Valeriano Lara, Pomposo    Becerril, Clemente A. Neve, Ildefonso Estrada Zenea, Jos&eacute; Isabel Cort&eacute;s    y Guillermo Roussy, por citar algunos. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Que la autora haya    arrancado estos materiales a las fr&iacute;as cajas de archivo no es circunstancial:    este libro reci&eacute;n nacido de las m&aacute;quinas nos espera en las librer&iacute;as,    para llevarlo por los caminos.</font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana"><a name="unas"></a>*    Es doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Archivo Hist&oacute;rico    del Municipio de Colima y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Correo    electr&oacute;nico: <a href="mailto:julia_preciado@ yahoo.com">julia_preciado@    yahoo.com</a></font></p>     <p>&nbsp; </p>      ]]></body>
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