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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Editorial</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>La educaci&oacute;n en la encrucijada mundial</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante los d&iacute;as en los que este n&uacute;mero de <i>Perfiles Educativos</i> estuvo listo para la imprenta, vivimos d&iacute;as aciagos: no s&oacute;lo los editores ni los universitarios, o los habitantes de la ciudad de M&eacute;xico, o aun los del pa&iacute;s o los latinoamericanos, sino todos de forma global, desde los globalizadores hasta los antiglobalizadores. Se viv&iacute;an, entonces, tiempos de guerra; de una particularmente in&uacute;til, desesperante, prepotente y brutal, pero sobre todo de una tan socialmente inadvertida como injusta.</font></p>  	     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La agresi&oacute;n infame del    aparato militar y gubernamental de Estados Unidos en contra del pueblo de Iraq tuvo connotaciones directamente militares, pol&iacute;ticas, sin duda econ&oacute;micas    y energ&eacute;ticas, pero aun de mayor alcance &#151;porque en el momento se    hablaba poco de ello&#151; tuvo otras tremendamente impactantes sobre la educaci&oacute;n,    sobre la ciencia y la cultura social de un nuevo desarrollo, en el eje de la    articulaci&oacute;n fundamental para hacer posible la superaci&oacute;n de problemas    end&eacute;micos de pobreza, alimentaci&oacute;n y mejoramiento del medio ambiente,    as&iacute; como para alcanzar mejores niveles de bienestar, y contribuir tambi&eacute;n    al avance de la democracia, de la equidad y de la justicia. Por ello, el contexto    de la guerra que vivimos revela la negaci&oacute;n directa de estos avances    y posibilidades de la educaci&oacute;n, de la ciencia, de la tecnolog&iacute;a    y de la cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si la frase cl&aacute;sica de la guerra dice que &eacute;sta no es m&aacute;s que la extensi&oacute;n de la pol&iacute;tica, para el caso se trata de la m&aacute;s aberrante contradicci&oacute;n, pues lo que se hab&iacute;a prometido &#45;desde hace por lo menos unas dos d&eacute;cadas&#45;como el aseguramiento de un orden estable irreversible en donde las fuerzas del mercado y de la democracia ser&iacute;an los soportes (desde el derrumbamiento del r&eacute;gimen sovi&eacute;tico) de este "nuevo" orden, &eacute;stas resultaron ser las bases m&aacute;s contradictorias e inadecuadas para construir una nueva civilizaci&oacute;n, porque derivaron en una condici&oacute;n de barbarie, de imposici&oacute;n autodestructiva y de un virtual nuevo holocausto, como de una suerte de venganza hist&oacute;rica contra los inermes pero no directamente culpables de k otrora tragedia humana. En efecto, esta guerra no fue la extensi&oacute;n de la pol&iacute;tica sino de su fracaso.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las consecuencias desde entonces empezaron a mostrarse como desastrosamente irreversibles, sobre todo desde la perspectiva del desdibujamiento abominable de los organismos internacionales, manifiestamente el de la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas (ONU), que no tuvo ni defendi&oacute; alguna integridad ni legitimidad frente a una superpot&ecirc;ncia aislada, agresiva y verdaderamente vengativa. Tambi&eacute;n porque por encima de las justificaciones blandidas entonces, prevaleci&oacute; el m&aacute;s puro economicismo de la ganancia y de la recuperaci&oacute;n por la v&iacute;a m&aacute;s directa y expedita de las fases cr&iacute;ticas de los ciclos largos. Asimismo, porque apareci&oacute; en su forma m&aacute;s desarrollada la barbarie moderna, cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gicamente sustentada.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y aqu&iacute; viene el nudo gordiano del asunto que nos conmocion&oacute; en la primavera del 2003: el impacto y la trascendencia educativa, cient&iacute;fica y cultural de esa guerra de agresi&oacute;n y de barbarie.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La educaci&oacute;n, la ciencia y la cultura, y las instituciones que les dan vida, como las universidades, est&aacute;n cada vez m&aacute;s relacionadas con el poder. Los investigadores, t&eacute;cnicos y profesionales que se forman en las universidades y en las diferentes instituciones de educaci&oacute;n superior, est&aacute;n abriendo nuevos caminos para la comprensi&oacute;n de los misterios de la naturaleza y reduciendo las distancias para combatir enfermedades tr&aacute;gicas; la instrumentaci&oacute;n de la ciencia y las nuevas tecnolog&iacute;as se nos aparecen, cotidianamente, de forma asombrosa.</font></p>         <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La educaci&oacute;n se ha convertido en la base social de un nuevo desarrollo, en el eje de la articulaci&oacute;n fundamental para hacer posible la superaci&oacute;n de problemas end&eacute;micos de pobreza, alimentaci&oacute;n y mejoramiento del medio ambiente, as&iacute; como para alcanzar mejores niveles de bienestar, y contribuir tambi&eacute;n al avance de la democracia, de la equidad y de la justicia. Por ello, el contexto de la guerra que vivimos revela la negaci&oacute;n directa de estos avances y posibilidades de la educaci&oacute;n, de la ciencia, de la tecnolog&iacute;a y de la cultura.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El punto fue recogido de manera puntual durante la Segunda Reuni&oacute;n de Rectores de las Macrouniversidades de Am&eacute;rica Latina y el Caribe, que tuvo como sede la UNAM, y que se expres&oacute; de la siguiente manera en la declaraci&oacute;n hecha p&uacute;blica en contra de la guerra (5 de marzo de 2003), suscrita por m&aacute;s de una veintena de rectores de la regi&oacute;n:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En pleno siglo XXI, la utilizaci&oacute;n de los avances cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos con fines de destrucci&oacute;n y muerte de decenas de miles o millones de v&iacute;ctimas, constituye una negaci&oacute;n de la inteligencia, del derecho y de la &eacute;tica, que son los medios hist&oacute;ricos de la pol&iacute;tica para limitar el abuso del poder &#91;...&#93; Conscientes del riesgo que enfrenta hoy la humanidad entera, condenamos de forma categ&oacute;rica la posibilidad de una guerra y convocamos a unir esfuerzos en defensa del derecho de los pueblos a vivir en paz y en defensa del uso del conocimiento, de la ciencia y de la t&eacute;cnica para beneficio de la humanidad.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La guerra escupi&oacute; con su inclemencia y brutalidad una realidad que se volvi&oacute; aguda para ser comprendida: la de que nos encontr&aacute;bamos justificando una educaci&oacute;n que no permit&iacute;a comprender los problemas globales, los conflictos esenciales y sus contradicciones, y que hac&iacute;a predominar la manipulaci&oacute;n inform&aacute;tica, el dominio, monop&oacute;lico de una verdad unilateral, la incomprensi&oacute;n entre culturas y la fragmentaci&oacute;n y la compartimentaci&oacute;n de nuestros conocimientos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n fue bochornoso reconocer que los misiles y las m&aacute;s sofisticadas bombas ten&iacute;an atr&aacute;s a&ntilde;os de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y de desarrollo tecnol&oacute;gico, y que hab&iacute;a que volver a reconocer que muchas e importantes universidades estaban contribuyendo en estos desarrollos que estaban matando a poblaci&oacute;n civil (ni&ntilde;os, mujeres inermes y ancianos) en espect&aacute;culos verdaderamente dram&aacute;ticos. Pero sobre todo costaba aceptar daba hecha a&ntilde;icos bajo la forma de un supuesto predominio de los valores occidentales m&aacute;s puros, pero tambi&eacute;n de los m&aacute;s b&aacute;rbaros.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto nos conmocionaba como educadores y como investigadores, viviendo a la par una tragedia humana inconcebible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, asumimos la tarea de presentar, a partir de este n&uacute;mero, el contenido editorial de <i>Perfiles Educativos.</i> Queremos, por ello, dejar constancia de nuestro reconocimiento a quienes nos precedieron en la tarea de dar continuidad a esta revista y proyectarla hacia el futuro, para hacer patente nuestro agradecimiento por los esfuerzos realizados, que no fueron pocos. Desde el Centro de Investigaciones y Servicios Educativos (lugar en donde naci&oacute; esta revista) hasta el actual CESU (que la hizo suya y que la ha proyectado y consolidado), debemos reconocer que la misma ha alcanzado ya un lugar en el espacio de los investigadores, de los profesores y de los intelectuales de la educaci&oacute;n, porque ha sido posible mantenerla viva hasta la presente publicaci&oacute;n. Por ello, deseamos ahora hacer patente nuestro compromiso con nuestros lectores, con las instituciones que nos acogen y con los investigadores y acad&eacute;micos que han hecho de esta publicaci&oacute;n una herramienta de su propio trabajo, para decirles que nos esforzaremos por garantizar la continuidad de este espacio de confluencia, y que nos propondremos hacerlo siempre mejor.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right"><font face="verdana" size="2"><i>Axel Didriksson</i></font></p>      ]]></body>
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