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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Raquel Urroz Kan&aacute;n, <i>Mapas de M&eacute;xico. Contextos e historiograf&iacute;a moderna y contempor&aacute;nea</i></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Guadalupe Pinz&oacute;n*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Instituto Veracruzano de Cultura, 2012, 394 p.</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El uso de los mapas en las investigaciones hist&oacute;ricas ha venido modific&aacute;ndose a &uacute;ltimas fechas. De ser un objeto com&uacute;nmente utilizado para complementar (e incluso s&oacute;lo adornar) los textos o bien para ejemplificar un determinado periodo, paulatinamente se ha venido reinterpretando su importancia y han surgido estudios en los que el mapa es una de las fuentes utilizadas o bien el principal objeto de an&aacute;lisis. No obstante, a&uacute;n falta mucho por hacer sobre este tema pues todav&iacute;a se discute si los mapas deben ser usados como im&aacute;genes o documentos hist&oacute;ricos. De ah&iacute; que sea bienvenido un trabajo como el de Raquel Urroz, <i>Mapas de M&eacute;xico. Contextos e historiograf&iacute;a moderna y contempor&aacute;nea,</i> que permite retomar y discutir el tema de la importancia de los mapas en las investigaciones de car&aacute;cter social y cultural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora explica que el origen de este libro fue revisar investigaciones que han contribuido a abrir el camino para el estudio sistem&aacute;tico y la construcci&oacute;n de la historia de la cartograf&iacute;a mexicana, pero al hacerlo se dio cuenta de que existen pocos trabajos que proponen metodolog&iacute;as para el estudio de los mapas o que dejen ver el estado actual de este tipo de investigaciones. As&iacute; que se dio a la tarea de elaborar un repertorio en forma de inventario para mostrar ordenadamente lo que se ha hecho con respecto al tema, es decir sobre los autores que han incursionado en el estudio de los mapas que hacen referencia a los espacios mexicanos. Esto llev&oacute; a Raquel Urroz a hacer un inventario de estudiosos que a trav&eacute;s de libros, art&iacute;culos o cap&iacute;tulos de libro han desarrollado investigaciones sobre mapas antiguos del territorio mexicano o los han utilizado como apoyo documental. Pero dicho inventario no implic&oacute; hacer un mero listado, sino que m&aacute;s bien signific&oacute; hacer un an&aacute;lisis sobre la historia de la cartograf&iacute;a en el que se explican los distintos tipos de mapas que surgieron sobre este territorio desde el siglo XVI, sus contextos, sus caracter&iacute;sticas o funciones, as&iacute; como las distintas posturas ideol&oacute;gicas y metodol&oacute;gicas de los autores que han estudiado los mapas; esto &uacute;ltimo oblig&oacute; a elaborar rese&ntilde;as cr&iacute;ticas de los trabajos seleccionados. El resultado: una historia de la cartograf&iacute;a de M&eacute;xico a trav&eacute;s de sus autores y de un ejercicio historiogr&aacute;fico en el que se estudiaron los criterios te&oacute;ricos y metodol&oacute;gicos de dichos autores que permiten hacer un balance general del estado en que se encuentra la historia de la cartograf&iacute;a en M&eacute;xico, dar pauta a futuras discusiones sobre este tema y mostrar la necesidad que existe de revalorar los mapas como fuente documental que debe ser sujeta a escrutinios (como cualquier otro documento) en las investigaciones culturales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el apartado introductorio, Raquel Urroz explica de forma general las partes que componen el libro, pero es en el cap&iacute;tulo primero, "El mapa antiguo y el mapa hist&oacute;rico", donde en realidad la autora expone con m&aacute;s detalle los objetivos y la relevancia de su trabajo. Explica que en M&eacute;xico poco se ha explorado o discutido la definici&oacute;n de cartograf&iacute;a hist&oacute;rica distingui&eacute;ndola de historia de la cartograf&iacute;a, lo que evidencia que hace falta mayor reflexi&oacute;n sobre el estudio y el an&aacute;lisis de los mapas. Bas&aacute;ndose en discusiones diversas, Urroz muestra que el mapa debe entenderse como un documento que no necesariamente registra un paisaje verdadero, sino que "es un instrumento activo en la producci&oacute;n de dicha representaci&oacute;n considerada verdadera". Por ello las reflexiones en torno al mapa antiguo deben relacionarse "con su lectura y con la propia manera ideol&oacute;gica de entender el mundo y acceder al conocimiento" (p. 15). Esto evidencia que es necesario analizar los mapas no &uacute;nicamente como representaciones ver&iacute;dicas del espacio, sino tambi&eacute;n por sus significados sociales y culturales. Para hacer esto, primeramente hay que comprender y diferenciar al mapa antiguo del mapa hist&oacute;rico. Para la autora el mapa hist&oacute;rico es un documento u objeto del pasado que puede ser interrogado dependiendo de su recuperaci&oacute;n y mirada que sobre &eacute;l se plasme; es decir que el mapa antiguo se vuelve hist&oacute;rico cuando su lector lo dota de sentido (p. 17). As&iacute;, el mapa hist&oacute;rico puede ser uno de esos documentos que contienen datos susceptibles de ser captados y utilizados por el investigador, y como cualquier objeto del pasado puede ser interrogado y por tanto tener valor documental. Urroz explica que no existen descripciones objetivas de los mapas, pues desde que fueron seleccionados e interpretados se parti&oacute; de la mirada subjetiva de cada investigador. Como en M&eacute;xico ha existido una larga tradici&oacute;n en la elaboraci&oacute;n de mapas con objetivos que pueden ser pol&iacute;ticos, utilitarios o culturales, es necesario analizar los distintos enfoques te&oacute;ricos o posturas ideol&oacute;gicas con las que fueron hechos y posteriormente estudiados; esto explica las divisiones tem&aacute;ticas de los siguientes apartados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo cap&iacute;tulo de este trabajo, "Sobre la idea y teor&iacute;a del mapa", se exponen algunas de las aproximaciones ideol&oacute;gicas y metodol&oacute;gicas en las que se ha concebido al mapa y que implican comprender tanto al espacio como al tiempo. Seg&uacute;n la autora, los ge&oacute;grafos no s&oacute;lo han trabajado para la localizaci&oacute;n exacta de fen&oacute;menos en el espacio, sino que han buscado relacionar el territorio con su &aacute;mbito cultural. As&iacute; que concebir al espacio culturalmente implica reconocer la dimensi&oacute;n hist&oacute;rica en los procesos territoriales. Por su parte el historiador ha venido buscando un nuevo equilibrio entre los hechos, los documentos, su literalidad y las interpretaciones simb&oacute;licas de los mapas a fin de reconocer el peso que tiene el espacio geogr&aacute;fico en el an&aacute;lisis hist&oacute;rico. As&iacute; que las relaciones entre la historia y la geograf&iacute;a han venido restructur&aacute;ndose en nuevas corrientes de estudios culturales en las que el mapa no s&oacute;lo es un auxiliar, sino que puede convertirse en el propio objeto de estudio. Esto se debe a que el mapa no se explica &uacute;nicamente a partir de lo que representa geogr&aacute;ficamente, sino que tambi&eacute;n es una imagen que refleja una visi&oacute;n del espacio en un momento determinado, por lo que debe ser visto como documento producido socialmente que comunica ideas que pueden ser decodificadas en relaci&oacute;n con su contexto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es a partir del tercer cap&iacute;tulo, "Mapa como memoria", donde comienza la relaci&oacute;n de autores e investigaciones; es aqu&iacute; tambi&eacute;n donde inicia la divisi&oacute;n tem&aacute;tica de &eacute;stos a partir de la visi&oacute;n que han tenido de los mapas y la forma en la que los han abordado. En este apartado se inicia haciendo referencia a las tareas de resguardo de las fuentes cartogr&aacute;ficas como memoria y que llev&oacute; a la conformaci&oacute;n de repositorios especiales para ello. Pero esto implic&oacute; una clasificaci&oacute;n de los materiales que se ha hecho a partir de los intereses de los autores o instituciones y que pueden relacionarse con las representaciones del espacio, la temporalidad y las tem&aacute;ticas, entre otros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto apartado, "El mapa como ciencia", se enfoca en analizar trabajos que hacen referencia al mapa desde una perspectiva a la que la autora ha denominado "positivista y t&eacute;cnica". Se explica que esto se debe a que para el ge&oacute;grafo el mapa era una representaci&oacute;n reducida, generalizada y matem&aacute;ticamente determinada de una superficie terrestre, una manifestaci&oacute;n gr&aacute;fica a escala que hab&iacute;a servido como herramienta de car&aacute;cter t&eacute;cnico que permit&iacute;a conocer las caracter&iacute;sticas del territorio; es decir, eran representaciones espaciales con exactitud, de car&aacute;cter objetivo y cient&iacute;fico. Lo anterior llev&oacute; a que durante mucho tiempo se valorara a la cartograf&iacute;a por la fidelidad con la que representaba la realidad geogr&aacute;fica y por ello se le relacion&oacute; con la historia de la ciencia y la tecnolog&iacute;a, aunque se dejaban de lado representaciones m&aacute;s art&iacute;sticas por consider&aacute;rseles carentes de rigor. Por ello Urroz relaciona lo anterior con el t&eacute;rmino positivista y el apego a "los datos precisos"</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El quinto cap&iacute;tulo, "El mapa como representaci&oacute;n social", es el m&aacute;s extenso y rico. En &eacute;l se explica c&oacute;mo las miradas culturales sobre los mapas se han desarrollado en trabajos m&aacute;s novedosos que parten de la geograf&iacute;a cultural y de la historia de la cartograf&iacute;a. Dichos trabajos han abierto nuevas posibilidades para el estudio del espacio en m&uacute;ltiples dimensiones que examinan diversas concepciones de la realidad y cosmovisiones culturales en las que es necesario hacer referencia a los cambios y continuidades de las sociedades, as&iacute; como a sus expresiones simb&oacute;licas. Es decir, dentro de las fuentes primarias usadas en diversas investigaciones se ha vendido echando mano de las im&aacute;genes y en ellas el mapa ha sido considerado tambi&eacute;n. La riqueza de este tipo de estudios llev&oacute; a la autora a subdividir este apartado en los temas que consider&oacute; m&aacute;s recurrentes. En primer lugar, menciona los mapas de tradici&oacute;n ind&iacute;gena que sobre todo han sido analizados en relaci&oacute;n con los materiales de los siglos XVI y XVII y que se han tomado como representaciones cargadas de influencias ind&iacute;genas y del proceso de occidentalizaci&oacute;n que &eacute;stos sufrieron; se explica el papel de los c&oacute;dices u otras representaciones pictogr&aacute;ficas que fueron usados durante el periodo colonial y que muestran problemas de propiedad, identificaci&oacute;n de &eacute;lites gobernantes, estructuraci&oacute;n administrativa o religiosa, entre otros temas. El segundo punto hace referencia a la cartograf&iacute;a del siglo XVIII y se considera que &eacute;sta es m&aacute;s de corte occidental, pues es la &eacute;poca en la que se hicieron reestructuraciones a la geograf&iacute;a, cuando en cierta medida se comenz&oacute; a construir una historia de la cartograf&iacute;a cient&iacute;fica de este territorio y cuando esto se relacion&oacute; con nuevas t&eacute;cnicas que se utilizaron en las exploraciones mar&iacute;timas, en el reconocimiento del territorio del norte novohispano, en mapas regionales o de desarrollo urbano, as&iacute; como en mapas generales del virreinato; el ejemplo principal usado por Urroz sobre este punto es el trabajo cartogr&aacute;fico de la obra de Alejandro de Humboldt. Y en el tercer apartado se hace referencia a la cartograf&iacute;a de los siglos XIX y XX, la cual deja ver c&oacute;mo despu&eacute;s de constituida la nueva naci&oacute;n se vio la necesidad de crear una pol&iacute;tica que unificara y legitimara el nuevo territorio, por lo que mucho del trabajo cartogr&aacute;fico realizado se hizo por &oacute;rdenes del Estado y bajo perspectivas militares o comerciales, las cuales fueron la forma de administrar y estructurar su defensa; adem&aacute;s, se fomentaron los programas de ense&ntilde;anza de geograf&iacute;a retomando el papel de los ingenieros militares y posteriormente con las especializaciones que esta disciplina sufri&oacute; y que mucho se vincularon con instituciones cient&iacute;ficas de esas centurias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, el libro cuenta con unas conclusiones y un apartado de im&aacute;genes a trav&eacute;s de las cuales se ejemplifica alguno de los trabajos analizados y para ello se incluye la correspondiente referencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si algo puede criticarse al libro es que en ciertos momentos suele ser repetitivo, pero tambi&eacute;n puede comprenderse esto en funci&oacute;n de la necesidad de reiterar algunos de sus postulados. Por otro lado, el apartado de conclusiones es m&aacute;s bien una s&iacute;ntesis enlistada de las ideas expuestas a lo largo del trabajo. No obstante, es una investigaci&oacute;n que vale la pena revisar a detalle porque, adem&aacute;s de ser un aporte para la historia de la cartograf&iacute;a y una historiograf&iacute;a sobre &eacute;sta, permite poner sobre la mesa de discusi&oacute;n la necesidad y la importancia de recurrir a los mapas como fuentes documentales, por ser &eacute;stos capaces de transmitir informaciones que deben ser decodificadas y que responden al momento en se hicieron, a los intereses de sus autores y a las razones que llevaron a su elaboraci&oacute;n. As&iacute;, debe abrirse un di&aacute;logo con los mapas antiguos por ser &eacute;stos una fuente documental que no debe ser dejada de lado en los estudios culturales.</font></p>     ]]></body>
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