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<journal-title><![CDATA[Estudios de historia moderna y contemporánea de México]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los amos del tiempo, los artificiales vivientes y los sujetos de la resistencia: los relojes públicos de la ciudad de México 1861-1910]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="4"><b>Luis Arturo Torres Rojo, <i>Los amos del tiempo, los artificiales vivientes y los sujetos de la resistencia: los relojes p&uacute;blicos de la ciudad de M&eacute;xico 1861&#45;1910</i></b></font></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b><font face="verdana" size="2">Sebasti&aacute;n Rivera Mir</font></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b><font face="verdana" size="3">M&eacute;xico, Praxis/Cuadernos Universitarios de la Universidad Aut&oacute;noma de Baja California, 2012, 158 p.</font></b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2"><i>* El Colegio de M&eacute;xico.</i></font></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">La experiencia de la temporalidad no s&oacute;lo ha llamado la atenci&oacute;n de la mayor&iacute;a de las disciplinas sociales, sino que se ha convertido en el centro de muchas de sus reflexiones y propuestas. Sin embargo, es dif&iacute;cil encontrar an&aacute;lisis que se detengan en los procesos hist&oacute;ricos mediante los cuales dicha experimentaci&oacute;n se articula con su contexto social, pol&iacute;tico y cultural. De ese modo, podemos mencionar una serie de tratados sobre la percepci&oacute;n del tiempo o sobre la relaci&oacute;n te&oacute;rica entre tiempo e historia. Pero carecemos de estudios concretos, hist&oacute;ricamente situados, sobre c&oacute;mo los sujetos sociales modificaron o conservaron sus nociones temporales.</font></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">La novedad del libro de Luis torres rojo radica precisamente en desarrollar un an&aacute;lisis sobre las formas en que la sociedad porfiriana despleg&oacute; conflictos y consensos en torno a sus formas de percibir el tiempo. Una de las propuestas centrales del autor es vincular los procesos de urbanizaci&oacute;n con el despliegue de relojes p&uacute;blicos por parte del ayuntamiento de la ciudad de M&eacute;xico durante la segunda mitad del siglo XIX. En este contexto la b&uacute;squeda de la <i>simultaneidad</i> en el anuncio del horario, a su juicio, fue un reflejo de la obsesi&oacute;n que atraves&oacute; a la elite mexicana por controlar y uniformar. De ese modo se desarroll&oacute; un estrecho v&iacute;nculo entre los mecanismos de control pol&iacute;tico y el discurso institucional por el "inter&eacute;s p&uacute;blico".</font></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">El autor recupera los planteamientos de James C. Scott sobre la <i>resistencia</i> y la noci&oacute;n de <i>injusticia</i> que despliega Barrington Moore, para intentar explicar los conflictos que surgieron en torno a las definiciones temporales durante este periodo. El elemento articulador del relato es el constante debate entre patrones y obreros sobre los l&iacute;mites de las jornadas laborales. Por supuesto, esta mirada tambi&eacute;n se vincula con las propuestas elaboradas por los historiadores europeos que se han enfocado en el an&aacute;lisis de las <i>m&aacute;quinas del tiempo,</i> como Jacques Attali, E. P. Thompson y</font> <font face="verdana" size="2">Benjamin Coriat. El conflicto central es que por un lado encontramos una valorizaci&oacute;n moral del tiempo, donde los sectores dominantes abogan por su uso racional, o sea, laboralmente productivo. Mientras que por su parte los subordinados mediante sus pr&aacute;cticas como el <i>San Lunes,</i> o simplemente la embriaguez, resisten y desaf&iacute;an las normas que se les tratan de imponer. Este problema, que se hab&iacute;a mantenido al interior de la f&aacute;brica o de los espacios laborales, en el Porfiriato rebas&oacute; dichos l&iacute;mites y se despleg&oacute; a lo largo y ancho de la urbe.</font></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de una larga introducci&oacute;n, que revisa el desarrollo de los relojes y su fabricaci&oacute;n desde el siglo XVI hasta el Porfiriato, el autor logra situar la problem&aacute;tica sobre la valoraci&oacute;n de lo temporal como parte constitutiva de la sociedad mexicana. En su revisi&oacute;n destaca la idea de la simbiosis entre el tiempo sagrado y el tiempo profano, aquel de las campanas y el de los relojes. Esta uni&oacute;n s&oacute;lo comenz&oacute; a fracturarse cuando las autoridades decidieron priorizar los espacios c&iacute;vicos para instalar los nuevos relojes, desplazando a las iglesias de dicho privilegio. Aunque, a mi juicio, esto se deber&iacute;a continuar profundizando, pues no me parece que este cambio impulsara una ruptura "sistem&aacute;tica y definitiva" como propone Torres Rojo. M&aacute;s bien, podemos ver que los vecinos continuaron solicitando que se instalaran relojes en las c&uacute;pulas de las iglesias. Aunque esto no fue solamente por motivos religiosos, sino que tambi&eacute;n por condiciones pr&aacute;cticas, pues pese a los influjos de ciudad moderna, las construcciones eclesi&aacute;sticas continuaban siendo los edificios m&aacute;s altos y visibles. Incluso, la relaci&oacute;n sagrado/profano, se mantuvo presente a nivel simb&oacute;lico. Esto podemos verlo en un par de relojes p&uacute;blicos, cuya instalaci&oacute;n se realiz&oacute; en el ocaso del Porfiriato: el reloj chino y el otomano. Ambos, regalos de las respectivas legaciones extranjeras, ten&iacute;an sendas campanas sobre las esferas de sus cron&oacute;metros. El reloj p&uacute;blico que evidentemente se puede relacionar con un giro definitivo fue aquel instalado a fines de la d&eacute;cada de 1920 en el Parque Espa&ntilde;a, que incluy&oacute; un radiotransmisor a cambio de campanas. De todas maneras, la estrecha relaci&oacute;n entre los tiempos sagrados y civiles podemos rastrearla f&aacute;cilmente hasta nuestros d&iacute;as.</font></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">Finalmente, el autor intenta responder qu&eacute; signific&oacute; para la ciudad el despliegue de estas m&aacute;quinas en zonas industriales, en el centro c&iacute;vico, educacionales o incluso en las puertas de la c&aacute;rcel. Para analizar este proceso se concentra en los expedientes producidos por el ramo de relojes</font> <font face="verdana" size="2">p&uacute;blicos del ayuntamiento de la ciudad, que van desde 1860 hasta las postrimer&iacute;as del Porfiriato. A su juicio, el sistema de relojes p&uacute;blicos del ayuntamiento se consolid&oacute; hacia 1880, en conjunto con otros procesos relacionados con la urbanizaci&oacute;n de la metr&oacute;poli. Aunque este proceso involucr&oacute; una serie de problemas pr&aacute;cticos que los relojeros y regidores debieron resolver.</font></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A<font face="verdana" size="2">hora bien, a mi modo de ver la proliferaci&oacute;n de relojes p&uacute;blicos no se desarroll&oacute; solamente por el empuje de las autoridades del ayuntamiento, sino que tambi&eacute;n se vio impulsada, y quiz&aacute; con mayor vehemencia, por parte de lo que hoy d&iacute;a llamar&iacute;amos sociedad civil. De ese modo, relojer&iacute;as, panader&iacute;as, pulquer&iacute;as, hombres adinerados, estaciones de ferrocarril, comerciantes, astr&oacute;nomos y tambi&eacute;n obreros se vieron interesados en la uniformidad social del tiempo. Cada sector tuvo sus propios objetivos detr&aacute;s de este requerimiento. Por ejemplo, algunas pulquer&iacute;as quer&iacute;an evitar que los inspectores las multar&aacute;n por cerrar a deshora. Los astr&oacute;nomos buscaron acoplarse a las din&aacute;micas internacionales que empezaban a fijar husos horarios a nivel global. Y as&iacute;, cada uno de los implicados tuvo sus propios intereses en juego, los cuales no pueden leerse exclusivamente en virtud de la din&aacute;mica dominaci&oacute;n/resistencia.</font></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">Podemos entonces preguntarnos hasta qu&eacute; punto las autoridades gubernamentales lograron controlar la explosi&oacute;n de temporalidades en la ciudad. Seg&uacute;n las fuentes que he revisado, el constante requerimiento por la <i>unificaci&oacute;n social</i> del tiempo puede dar cuenta precisamente de la incapacidad de los actores para construir este tipo de consenso. Por ejemplo, los ferrocarriles, de propiedad extranjera, no ajustaban sus horarios al tiempo de la ciudad de M&eacute;xico, y pese a las constantes presiones para que efectuaran este arreglo segu&iacute;an acopl&aacute;ndose al horario estadounidense. De hecho, desde la perspectiva de las autoridades gubernamentales podr&iacute;amos establecer que el proceso de unificaci&oacute;n social del tiempo fue un fracaso. Los problemas de esta frustraci&oacute;n incluso se agudizaron en momentos cr&iacute;ticos, como a principios de la d&eacute;cada de 1920, cuando una sequ&iacute;a provoc&oacute; la falta de electricidad en la ciudad y las autoridades decretaron que los habitantes deber&iacute;an adelantar una hora los relojes para ahorrar energ&iacute;a. El desorden lleg&oacute; a tal grado que ni siquiera las dependencias del gobierno se pusieron de acuerdo en c&oacute;mo efectuar este tipo de cambio.</font></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">Esta ineficiencia de las autoridades nos lleva a dos elementos importantes. Por un lado, tenemos el tema de las fuentes pues, si fueron muchos los actores envueltos en este proceso, un estudio sobre el tema necesariamente exige recurrir a un amplio abanico de documentos. Si bien la riqueza del ramo <i>Relojes P&uacute;blicos</i> del archivo Hist&oacute;rico de la ciudad, en el que se basa este libro, es innegable, avanzar en el an&aacute;lisis hist&oacute;rico de esta tem&aacute;tica nos obliga a penetrar imaginativamente en otros discursos y pr&aacute;cticas. No s&oacute;lo son relevantes en este caso las diversas argumentaciones cient&iacute;ficas, relacionadas con las diferentes formas de medici&oacute;n, como el sistema m&eacute;trico decimal o con la idea de <i>censar,</i> sino tambi&eacute;n las discusiones relacionadas con las ciencias sociales, entre otras. Por ejemplo, desde otra perspectiva, hay que recordar que Homi Bhabha propone que detr&aacute;s de la configuraci&oacute;n de un <i>tiempo lineal</i> existi&oacute; una idea de naci&oacute;n moderna, que romp&iacute;a con las simultaneidades y con posibles lecturas alternativas. La unificaci&oacute;n del tiempo social tambi&eacute;n intent&oacute; debilitar la idea de la <i>patria chica</i> y empujar hacia la identificaci&oacute;n de los habitantes de M&eacute;xico con un pa&iacute;s unitario y cohesionado.</font></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">En segundo lugar, otro de los problemas del libro es establecer con demasiada linealidad la relaci&oacute;n entre el control del tiempo y la dominaci&oacute;n social. La sociedad disciplinar que proyecta Michel Foucault es retomada tal vez con demasiado ah&iacute;nco por el autor. Pero, si bien en muchas ocasiones podemos encontrar que los sectores dominantes desplegaron a trav&eacute;s de la uniformidad temporal sus l&oacute;gicas de poder, en otros momentos este camino no fue tan terso como manifiesta Torres Rojo. Las negociaciones y consensos dieron sinuosidad a un proceso donde la "simultaneidad" y los relojes no eran m&aacute;s que herramientas que pod&iacute;an ser utilizadas por todos los actores. Esto involucra la necesidad de incorporar en el an&aacute;lisis la heterogeneidad tanto de los dominantes como de los dominados.</font></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">Hasta qu&eacute; punto la actitud de los subordinados se bas&oacute; en hacer menos "agraviante" el proceso, o por el contrario, ciertos grupos decidieron conscientemente apropiarse de la b&uacute;squeda de regulaci&oacute;n y uniformidad. En muchas ocasiones, el discurso moral sobre el empleo del tiempo no s&oacute;lo fue articulado desde los sectores dominantes, sino tambi&eacute;n fue utilizado por los subordinados en pos de conseguir sus propios objetivos pol&iacute;ticos. En este mismo sentido, otra pregunta que podemos derivar de las propuestas de Torres Rojo es en qu&eacute; momento los relojes p&uacute;blicos, o la uniformidad</font> <font face="verdana" size="2">horaria, se transformaron en un derecho capaz de ser socialmente demandado, como el agua potable o la electricidad.</font></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">Para concluir, uno de los mayores aportes que nos presenta este libro es la posibilidad de continuar explorando una serie de alternativas en torno a la percepci&oacute;n de la temporalidad hist&oacute;ricamente situada. Podemos retomar frases como la de Walter Benjamin, sobre las revoluciones que siempre han buscado hacer saltar el <i>continuum</i> de la historia. Si los relojes fueron los primeros objetivos de los revolucionarios en Francia o en Rusia, qu&eacute; pas&oacute; en el M&eacute;xico posterior a 1910. C&oacute;mo incidi&oacute; la Revoluci&oacute;n mexicana en la manera en que se comprend&iacute;a el tiempo es una pregunta que a&uacute;n busca ser analizada.</font></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><font face="verdana" size="2">Finalmente, queda abierta otra tem&aacute;tica, aunque mucho m&aacute;s amplia: por qu&eacute; la historia, tan preocupada de periodizaciones y temporalidades, se ha interesado tan poco en las pr&aacute;cticas culturales, sociales y pol&iacute;ticas asociadas a la medici&oacute;n del tiempo. Y por qu&eacute;, cuando lo ha hecho, su acercamiento ha sido m&aacute;s bien abstracto, lejos de la cotidianidad de nuestras sociedades.</font></font></p>      ]]></body>
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