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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ensayo sobre el movimiento estudiantil de 1968: La fotografía y la construcción de un imaginario]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Alberto del Castillo Troncoso, <i>Ensayo sobre el movimiento estudiantil de 1968. La fotograf&iacute;a y la construcci&oacute;n de un imaginario</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Dante Salgado</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Dr. Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora/Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educaci&oacute;n, 2012, 332 p.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Aut&oacute;noma de Baja California Sur</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Otra mirada al 68</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La fotograf&iacute;a y la construcci&oacute;n de un imaginario. Ensayo sobre el movimiento estudiantil de 1968</i> de Alberto del Castillo Troncoso es un libro intenso. Ning&uacute;n lector, medianamente atento, queda igual despu&eacute;s de su lectura; no s&oacute;lo por el tema, el movimiento estudiantil de 1968, desde entonces dolorosamente actual, sino por el enfoque que el autor propone para mirar desde nuestro presente tanto el hecho hist&oacute;rico incontrovertible de la masacre como la manera en que la prensa, el fotoperiodismo y fot&oacute;grafos independientes y al servicio de agencias de seguridad nacional registraron los acontecimientos que han producido, y producen, lecturas que las posteriores generaciones hemos heredado de aquella noche del 2 de octubre en Tlatelolco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alberto del Castillo ha hecho un inteligente y exhaustivo an&aacute;lisis de uno de los episodios m&aacute;s complejos de nuestra historia reciente; su m&eacute;todo es el uso de im&aacute;genes para la construcci&oacute;n del discurso, es decir, invierte lo que tradicionalmente han hecho otros escritores. Utiliza fotograf&iacute;as publicadas por peri&oacute;dicos y revistas, antes, durante y despu&eacute;s del 2 de octubre, as&iacute; como material fotogr&aacute;fico que, por diversas razones, no publicaron los diarios y quedaron en sus archivos, al igual que fotos que durante lustros se mantuvieron clasificadas en archivos secretos o an&oacute;nimas por sus autores para darle sentido a una historia que marc&oacute; irremediablemente a este pa&iacute;s y sin la cual no se entiende el presente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor llama la atenci&oacute;n sobre la poca importancia que se ha dado a las im&aacute;genes como soporte para forjar explicaciones hist&oacute;ricas. Es cierto, aunque la tendencia, me parece, tendr&iacute;a que ser contraria; de ah&iacute; la importancia de este libro, justamente en momentos en los que las nuevas generaciones, adictas a la tecnolog&iacute;a, acusan una necesidad imperiosa de ver im&aacute;genes. De pronto me imagino este mismo libro en formato electr&oacute;nico, en el cual podamos agrandar detalles del riqu&iacute;simo acervo fotogr&aacute;fico que contienen las 332 p&aacute;ginas. Ojal&aacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quince cap&iacute;tulos estructuran el libro y ninguno tiene desperdicio. Son el reflejo de un trabajo acucioso que se va tejiendo como una novela, pues el recurso de subdividirlos en breves subcap&iacute;tulos hace imperceptible el avance de las p&aacute;ginas y mantiene despierto el inter&eacute;s. Aunque el eje tem&aacute;tico es muy claro &#151;el movimiento estudiantil&#151; la necesidad de explicarlo lleva al autor a repasar temas por dem&aacute;s trascendentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Inicio con la relaci&oacute;n entre la prensa y el poder pol&iacute;tico. Con fotos en mano, para decirlo de manera coloquial, Alberto del Castillo corrobora que el control que ejerc&iacute;a el Estado abstracto, a trav&eacute;s de sus esbirros concretos, sobre la prensa, en los a&ntilde;os sesentas, era f&eacute;rreo. El n&uacute;mero de fotograf&iacute;as publicadas en proporci&oacute;n a la magnitud de la noticia, el contenido de las mismas y sus respectivos pies, reflejan la prepotencia y la inseguridad de un gobierno que se sabe absoluto, pero que cree en los complots. A la distancia todav&iacute;a se huele el miedo y el servilismo de due&ntilde;os y directores de medios que tanto en las p&aacute;ginas de sus diarios, como en cartas privadas manifiestan su lealtad aljefe supremo de la naci&oacute;n. La enorme contradicci&oacute;n que encierran esos a&ntilde;os es que se vivi&oacute;, simult&aacute;neamente, una cierta prosperidad econ&oacute;mica y un terrible autoritarismo pol&iacute;tico. Del Castillo consigna, adem&aacute;s, la pugna que desde esos a&ntilde;os incuba <i>Exc&eacute;lsior</i> y que a la postre llevar&iacute;a al golpe asestado, desde oficinas gubernamentales, a Julio Scherer y su equipo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n detallada le permite al autor advertir que, curiosamente, la censura a la fotograf&iacute;a es menos r&iacute;gida en medios que explotan la nota roja como <i>La Prensa, Alarma</i> o <i>Por Qu&eacute;?</i> Lo explica aduciendo que se permiti&oacute; con fines sutilmente intimidatorios, pues llegaban a un ampl&iacute;simo p&uacute;blico presentando las protestas estudiantiles con una deliberada carga criminal. Los grandes diarios como <i>El Universal</i> &#45;casi en la quiebra en esos momentos&#45;, <i>El Heraldo, El D&iacute;a</i> y <i>Exc&eacute;lsior,</i> creo entender, no estuvieron a la altura de los acontecimientos. Fueron intimidados con la siempre real posibilidad de desaparecer como <i>El Diario de M&eacute;xico</i> que, por la magia de una errata, al invertir pies de fotos, convirti&oacute; a D&iacute;az Ordaz en chimpanc&eacute; y a los chimpanc&eacute;s en presidente y secretarios de Estado. Hijos que fuimos, y somos, de la Inquisici&oacute;n, hemos mamado la censura desde los primeros a&ntilde;os de la Colonia. No puedo dejar de mencionar que la primera novela hispanoamericana fue escrita cuando Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Fern&aacute;ndez de Lizardi entendi&oacute;, desde la c&aacute;rcel, que la libertad de prensa que consignaba la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz era letra muerta.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura de este libro obliga, inevitablemente, a preguntar por la situaci&oacute;n actual de las relaciones entre los medios masivos de comunicaci&oacute;n y el poder. La fuerza de la obra de Alberto del Castillo descansa en la posibilidad, cuando no necesidad, de los contrastes. Cualquier revisi&oacute;n del pasado tiene repercusiones en el presente, y s&oacute;lo recuperando la memoria, iluminando con honestidad los pasajes oscuros, podremos aspirar a un futuro mejor.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro tema muy interesante y trabajado por Del Castillo es el de los s&iacute;mbolos y la lucha por ellos. Cualquier mito para preservarse necesita de un rito y &eacute;ste, sin s&iacute;mbolos, es inconcebible. M&eacute;xico, a partir de su independencia, pero de manera especial desde la Revoluci&oacute;n, forj&oacute; mitos, ritos y s&iacute;mbolos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&iacute;ntesis, sin duda, de la herencia prehisp&aacute;nica y de la hispano&aacute;rabe, nuestro sistema pol&iacute;tico termina siendo m&aacute;s que sui g&eacute;neris cuyo epicentro se advierte en el presidente<i>&#45;tlatoani,</i> pero con una amplia fauna que incluye caudillos mesi&aacute;nicos, tropicales o no, y una vasta burocracia que desde la Colonia mantiene la misma aspiraci&oacute;n: ganar mucho y trabajar poco o nada. Por eso el ejercicio del poder incluye el usufructo de los s&iacute;mbolos, tanto civiles como religiosos: la bandera e himno nacionales, el grito y su espacio natural el Z&oacute;calo, pero tambi&eacute;n la catedral y la virgen de Guadalupe. Es decir, aspectos culturales que, m&aacute;s all&aacute; de nuestras diferencias, nos unen. Quiz&aacute; por ello D&iacute;az Ordaz se empe&ntilde;&oacute; en enfatizar que los j&oacute;venes estudiantes hab&iacute;an agraviado s&iacute;mbolos tan caros a nuestro nacionalismo como la bandera y la catedral metropolitana. Por ello, el acto de desagravio es cubierto por todos los peri&oacute;dicos y <i>El Heraldo,</i> dice Del Castillo, dedic&oacute; 39 fotograf&iacute;as al evento. El simple acto presidencial hablaba ya de una sensibilidad patol&oacute;gica a la cr&iacute;tica; la amplia cobertura de <i>El Heraldo</i> refleja la magnitud de la renuncia al ejercicio de la libertad de opini&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La ocupaci&oacute;n por el ej&eacute;rcito de Ciudad Universitaria y del Polit&eacute;cnico marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s al movimiento, a la historia reciente del pa&iacute;s y con ello al funcionamiento de las universidades aut&oacute;nomas. La marcha del silencio estableci&oacute; una pauta que, desafortunadamente, no supo o no quiso interpretar el gobierno. Y aqu&iacute; se abren todas las interrogantes en torno al papel del entonces secretario de Gobernaci&oacute;n, Luis Echeverr&iacute;a, y al contexto internacional de la Guerra Fr&iacute;a. Y otra vez los s&iacute;mbolos, a decir de Alberto del Castillo, pues la marcha parte del Museo Nacional de Antropolog&iacute;a, depositario de ricos iconos de la cultura prehisp&aacute;nica, hacia el Z&oacute;calo y sus edificios emblem&aacute;ticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el pen&uacute;ltimo cap&iacute;tulo, titulado "Cr&oacute;nica de una conjura anunciada", hay un subcap&iacute;tulo &#45;"La inauguraci&oacute;n de las Olimpiadas"&#45; en el que se cita el poema que Octavio Paz envi&oacute; a los organizadores de la competencia deportiva y que fech&oacute; el 3 de octubre, un d&iacute;a despu&eacute;s de la matanza. Insisto, apenas un d&iacute;a despu&eacute;s, sin internet ni Facebook, en el que reprobaba lo ocurrido y exhib&iacute;a el artero homicidio. Ese breve poema de apenas 22 versos, sin ser est&eacute;ticamente exquisito, desenmascaraba otra de nuestras debilidades hist&oacute;ricas: la simulaci&oacute;n. Detr&aacute;s de la Olimpiada quer&iacute;a esconderse un anquilosado y monol&iacute;tico sistema, reacio al debate y a la cr&iacute;tica. La Olimpiada, dec&iacute;an, nos dar&iacute;a el anhelado lugar en la mesa de los civilizados, pero los dioses nativos estaban sedientos y exig&iacute;an el sacrificio, su cuota de sangre que garantizara su subsistencia. Y en las ruinas de Tlatelolco, flanqueadas por un templo cat&oacute;lico y por los entonces modernos multifamiliares se cumplir&iacute;a el rito que nos recordaba que hay un M&eacute;xico profundo que sigue vivo, latente, que a los pocos a&ntilde;os despert&oacute; a la guerrilla urbana y que en los &uacute;ltimos seis ha quebrado familias enteras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alberto del Castillo deja constancia de su apasionada entrega al hacer este libro y nos obliga a plantearnos la pregunta &iquest;qu&eacute; clase de mexicanos somos? <i>La fotograf&iacute;a y la construcci&oacute;n de un imaginario. Ensayo sobre el movimiento estudiantil de 1968</i> es mucho m&aacute;s que una tentativa por explicar un hecho hist&oacute;rico. Es un homenaje a la memoria y un tributo a la inteligencia: para que el pasado, por m&aacute;s doloroso que parezca, se convierta en la raz&oacute;n de forjar un mejor presente.</font></p>      ]]></body>
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