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<journal-title><![CDATA[Estudios de historia moderna y contemporánea de México]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La locura durante la Revolución mexicana. Los primeros años del Manicomio General La Castañeda, 1910-1920]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora  ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Andr&eacute;s R&iacute;os Molina, <i>La locura durante la Revoluci&oacute;n mexicana. Los primeros a&ntilde;os del Manicomio General La Casta&ntilde;eda, 1910&#150;1920</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jos&eacute; Antonio Maya Gonz&aacute;lez* </b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, El Colegio de M&eacute;xico, 2009, 255 p.</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Instituto de Investigaciones Doctor Jos&eacute; Mar&iacute;a Luis Mora</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conmemoraci&oacute;n del bicentenario de la Independencia y centenario de la Revoluci&oacute;n mexicana hizo indispensable revalorar los acontecimientos sociales, culturales y cient&iacute;ficos que dieron forma a la naci&oacute;n, el Estado y la sociedad en su conjunto. En septiembre de 2010 se cumplieron cien a&ntilde;os de haberse fundado el Manicomio General La Casta&ntilde;eda (1910&#150;1968), considerado en su momento un ejemplo de "progreso" para el pa&iacute;s. Ideado por la elite cient&iacute;fica porfiriana, el manicomio buscaba aislar, conocer y curar las enfermedades mentales de la poblaci&oacute;n. Inaugurado un primero de septiembre de 1910 como parte de los festejos del centenario de la Independencia, el manicomio adem&aacute;s busc&oacute; formar a los nuevos m&eacute;dicos mexicanos interesados por las cuestiones mentales y, con ello, inscribirse en el concierto de la ciencia psiqui&aacute;trica mundial.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta obra da cuenta de la vida de aquellas personas que estuvieron encerradas en el manicomio durante sus primeros diez a&ntilde;os de funcionamiento y busca demostrar que la locura fue una realidad que desbord&oacute; las capacidades terap&eacute;uticas de la instituci&oacute;n y del mundo psiqui&aacute;trico en general. Devela las contradicciones ideol&oacute;gicas de psiquiatras y familiares para enjuiciar y recluir a aquellos personajes que consideraron, en su momento, locos y merecedores del confinamiento psiqui&aacute;trico en el contexto de la Revoluci&oacute;n mexicana. El autor de este libro, Andr&eacute;s R&iacute;os Molina, es antrop&oacute;logo e historiador. Ha escrito varios art&iacute;culos acerca de las ideas, pr&aacute;cticas y representaciones de la locura en el Manicomio La Casta&ntilde;eda, y sobre experiencias subalternas de hombres y mujeres en situaci&oacute;n de encierro durante los primeros a&ntilde;os del siglo XX. Fruto de su tesis doctoral en El Colegio de M&eacute;xico, este trabajo est&aacute; dirigido a un sector cada vez m&aacute;s amplio de historiadores y estudiosos de la locura en M&eacute;xico que buscan encontrar, en una sola obra, una novedosa visi&oacute;n de conjunto sobre el fen&oacute;meno simb&oacute;lico de la enfermedad mental.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El autor ha incluido en el libro fotograf&iacute;as del manicomio, poemas y dibujos de la &eacute;poca realizados por los internos, que enriquecen el an&aacute;lisis y la lectura a lo largo de sus 255 p&aacute;ginas. Su estudio es una exploraci&oacute;n general de la construcci&oacute;n social de la locura durante los a&ntilde;os 1910&#150;1920, la orientaci&oacute;n anal&iacute;tica de la obra puede dividirse en cuatro ejes tem&aacute;ticos: examen de las ideas psiqui&aacute;tricas en boga; exploraci&oacute;n de la din&aacute;mica interna de la instituci&oacute;n; estudio de la vinculaci&oacute;n entre el manicomio y las redes familiares, y an&aacute;lisis del sentido y la significaci&oacute;n de las experiencias de locos en su contexto social. El trabajo se apoya en dos fuentes principalmente: art&iacute;culos, tesis y manuales de psiquiatr&iacute;a que se encuentran en el Fondo Antiguo de la Biblioteca Dr. Nicol&aacute;s Le&oacute;n del Departamento de Historia y Filosof&iacute;a de la Medicina, as&iacute; como en archivos de personal m&eacute;dico, expedientes cl&iacute;nicos, libros de registro, cartas, dibujos y poemas resguardados en el Archivo Hist&oacute;rico de la Secretar&iacute;a de Salud. Cuenta adem&aacute;s con una excelente bibliograf&iacute;a nacional e internacional especializada en el tema. En este trabajo, el an&aacute;lisis de los expedientes cl&iacute;nicos es el medio privilegiado para escuchar la voz del loco, el discurso m&eacute;dico y los criterios culturales que defin&iacute;an lo normal y lo patol&oacute;gico durante la Revoluci&oacute;n mexicana. La obra est&aacute; dividida en cinco cap&iacute;tulos, una introducci&oacute;n, conclusiones y un anexo estad&iacute;stico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Escrito en un lenguaje sencillo que para nada resta seriedad y profundidad al tema, el libro trata sobre la historia de la locura en M&eacute;xico y no, como podr&iacute;a considerarse, de la historia de la psiquiatr&iacute;a mexicana. Para esta &uacute;ltima, el manicomio como instituci&oacute;n, la implementaci&oacute;n de reformas y pr&aacute;cticas psiqui&aacute;tricas, los reglamentos y su vinculaci&oacute;n con el Estado forman el grueso de sus objetos de investigaci&oacute;n. En cambio, considero que una historia de la locura en M&eacute;xico pretende enfatizar la dimensi&oacute;n simb&oacute;lica de la enfermedad mental para entender las distintas concepciones socioculturales de la locura. En su estudio, el autor no niega la realidad biol&oacute;gica que pudo existir en la enfermedad mental de aquellos d&iacute;as. No obstante, desde el material analizado se&ntilde;ala la dificultad metodol&oacute;gica para determinar si en verdad los internos estaban o no afectados por alg&uacute;n tipo de psicopat&iacute;a. Es por ello que prefiri&oacute; ubicar su an&aacute;lisis en el campo de la cultura. Por lo tanto, analiza de manera particular las condiciones sociales, actitudes y manifestaciones subjetivas de las personas antes y durante su encierro psiqui&aacute;trico en el Manicomio General. A lo largo del trabajo se demuestra la gran obsesi&oacute;n que ten&iacute;an los primeros psiquiatras del Porfiriato tard&iacute;o por erigir un manicomio en la capital y con ello aislar, definir y explicar la enfermedad mental de la poblaci&oacute;n mexicana. Entend&iacute;an por enfermedad mental una malformaci&oacute;n biol&oacute;gica producto de herencias familiares y sociales, de acuerdo con la teor&iacute;a francesa del degeneracionismo tan en boga. Sin embargo, durante la Revoluci&oacute;n mexicana esta concepci&oacute;n sufri&oacute; algunas rupturas con aquellas ideas que evidenciaron la ausencia de un paradigma de conocimientos cient&iacute;ficos en la psiquiatr&iacute;a mexicana; lo que otrora se hab&iacute;a entendido como malformaciones biol&oacute;gicas y psicosom&aacute;ticas fue transformado en conductas "transgresoras" o "desviadas" del orden social, tales como la histeria, la neurosis y el alcoholismo. Es decir, los conceptos de alcoholismo, neurosis, histeria o man&iacute;a, patrimonio conceptual del mundo m&eacute;dico&#150;psiqui&aacute;trico, se hab&iacute;an convertido en lenguaje de uso cotidiano para buena parte de las familias de los afectados. De ah&iacute; que la sociedad pod&iacute;a se&ntilde;alar como "locura" cualquier tipo de conducta que consideraba "desviada". Por su parte, los psiquiatras transformaban esas conductas sociales que pod&iacute;an ser "peligrosas" para la vida p&uacute;blica y privada en s&iacute;ntomas de "enfermedad mental". De esta manera, dice el autor, se justificaba el confinamiento psiqui&aacute;trico, el acto cl&iacute;nico expresaba la complicidad entre la psiquiatr&iacute;a y la red familiar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante mencionar que la gran aportaci&oacute;n de esta obra est&aacute; en rescatar las historias de aquellos hombres y mujeres que fueron catalogados como "locos". El autor se&ntilde;ala c&oacute;mo los internos rechazaron los diagn&oacute;sticos cl&iacute;nicos, la manera en que enfrentaron los procesos de encierro y su experiencia en el manicomio m&aacute;s all&aacute; de la mirada m&eacute;dica. El grueso del texto presenta en cada cap&iacute;tulo "casos representativos" de locos en su realidad social concreta, descubre qui&eacute;nes eran, de d&oacute;nde ven&iacute;an y qu&eacute; pensaban de su encierro y locura. El autor busca devolver la voz al loco, apartarlo del supuesto silencio que lo atrapa, encierra y reduce a conceptos, nomenclaturas y clasificaciones. Debate la idea de que los internos fueron v&iacute;ctimas del poder psiqui&aacute;trico, condenados a la tipificaci&oacute;n indistinta. La importancia de un trabajo como este es que redime al loco como un actor social que desaf&iacute;a, confronta y rechaza un conjunto de valores sociales, culturales y cient&iacute;ficos que lo mantienen aparentemente cautivo de toda expresi&oacute;n l&oacute;gica y coherente. A lo largo de sus p&aacute;ginas el lector puede reencontrarse con la historicidad, imaginaci&oacute;n y subjetividad de hombres y mujeres con expectativas, anhelos y desilusiones que la misma Revoluci&oacute;n va marcando en sus experiencias de vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El enfoque te&oacute;rico de esta obra tiene la virtud de que se aparta de la historiograf&iacute;a del "control social" inaugurada por Michel Foucault, quien sosten&iacute;a que la consolidaci&oacute;n del Estado moderno hab&iacute;a implicado marginaci&oacute;n, exclusi&oacute;n y encierro psiqui&aacute;trico de individuos "patologizados" como locos, y "estigmatizados" como una amenaza para el resto de la sociedad. La aportaci&oacute;n de este trabajo es que cuestiona la tesis de que el Manicomio General La Casta&ntilde;eda fue utilizado por el Estado para recluir a las disidencias y controlar a la poblaci&oacute;n potencialmente peligrosa. A lo largo del texto, queda claro que durante la Revoluci&oacute;n el Estado era tan d&eacute;bil que no tuvo mayor injerencia en los procesos de encierro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo principal de la obra, como lo he mencionado, es comprender las m&uacute;ltiples experiencias, el sentido y la subjetividad de los internos del Manicomio General de La Casta&ntilde;eda durante los primeros diez a&ntilde;os de existencia de la instituci&oacute;n. Dos objetivos particulares se desprenden de lo anterior; por un lado, examina las condiciones culturales que hicieron posible especificar la locura de hombres y mujeres internados, y por el otro, analiza los factores sociales que definieron su internamiento psiqui&aacute;trico. El autor deja a un lado la importancia de la opini&oacute;n p&uacute;blica y la literatura de la &eacute;poca como espacios simb&oacute;licos para definir la locura y el encierro. En cambio, centra su atenci&oacute;n en la participaci&oacute;n de las familias ya que, seg&uacute;n R&iacute;os Molina, fueron ellas las que en buena medida decidieron qui&eacute;n estaba loco y qui&eacute;n merec&iacute;a el encierro. El autor pretende demostrar dos cosas: que muchos de los individuos encerrados fueron estigmatizados como "locos" por su entorno familiar y, por la falta de orden administrativo en el manicomio y ante la ausencia de un Estado fuerte, las familias utilizaron el espacio manicomial para sus propios fines e intereses.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, la hip&oacute;tesis central es que fueron las familias de los locos las que, la mayor&iacute;a de las veces, "definieron la locura que merec&iacute;a el encierro". Ni el Estado ni la comunidad psiqui&aacute;trica tomaron un verdadero control para definir realmente qui&eacute;n estaba loco y qui&eacute;n no. Las redes familiares se apropiaron del lenguaje psiqui&aacute;trico para establecer sus propios criterios de locura, adem&aacute;s, tejieron diversos v&iacute;nculos con la instituci&oacute;n manicomial que resultaron cruciales para el ejercicio de su poder. En este sentido, considero viable pensar que la concepci&oacute;n de la "locura" como espacio simb&oacute;lico fue un "territorio en disputa", ya que no s&oacute;lo fueron los psiquiatras los que clasificaron, diagnosticaron y encerraron a los enfermos mentales, sino que las familias asumieron el papel de "psiquiatrizar" toda conducta presuntamente "anormal" y "transgresora" en la vida p&uacute;blica y privada durante la Revoluci&oacute;n. Las familias aprovecharon el desconcierto social durante la revuelta y el desorden general del momento, para asumirse como encargadas de velar por la salud mental de la poblaci&oacute;n disidente. Una hip&oacute;tesis secundaria es que un buen n&uacute;mero de hombres y mujeres encerrados en el manicomio no necesariamente estaban afectados por alg&uacute;n tipo de psicopat&iacute;a, el entorno social los consider&oacute; locos por representar una "diferencia" que a la moral burguesa porfiriana no le era posible ni deseable tolerar. El encierro no s&oacute;lo representaba exclusi&oacute;n para una minor&iacute;a social, tambi&eacute;n visibilizaba a un tipo de sujeto que no coincid&iacute;a con el moderno, educado y civilizado hombre del siglo XX que deseaban crear. Visto desde la modernidad mexicana, el nacimiento del manicomio prefigur&oacute; un espacio de "aislamiento" para las disidencias sociales, mientras que para la moral porfiriana represent&oacute; un sitio de purificaci&oacute;n social acorde con las demandas civilizatorias. Finalmente la locura era identificada con el manicomio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, durante los a&ntilde;os de la revuelta social, menciona el autor, los conceptos de locura y enfermedad mental no estaban del todo claros; desde la postura m&eacute;dica, el enfermo mental aparec&iacute;a como un objeto de investigaci&oacute;n extensivo a los conocimientos que proporcionaban las familias; mientras que el "loco", desde lo social, encarnaba esa etiqueta que lo transformaba en disidencia y sujeto de intervenci&oacute;n m&eacute;dica. Es claro que R&iacute;os Molina busca establecer una diferencia te&oacute;rica entre la enfermedad mental y la locura: el primer concepto se corresponde con un cuerpo de conocimientos basados en la experiencia, la observaci&oacute;n y la pr&aacute;ctica m&eacute;dica, en tanto que el segundo se relaciona con valores, ideas y actitudes sociales. Sin embargo, ambos conceptos se nutren dial&eacute;cticamente. De esta manera, exist&iacute;an vasos comunicantes entre la realidad del manicomio y la situaci&oacute;n social exterior, haciendo de las familias agentes que interactuaban con el manicomio por el hecho de conocer el lenguaje cl&iacute;nico y la din&aacute;mica administrativa. Las familias decid&iacute;an el tipo de relaciones que deb&iacute;an establecer con los psiquiatras para definir el historial cl&iacute;nico, tambi&eacute;n resolv&iacute;an los procesos de internamiento y, sobre todo, ofrec&iacute;an conocimientos personales del individuo, los h&aacute;bitos, las costumbres y la historia familiar para que el psiquiatra diagnosticara, de acuerdo con esta informaci&oacute;n, la enfermedad mental que m&aacute;s le parec&iacute;a. Bajo este escenario, no resulta exagerado decir que el manicomio representaba un espacio de usos m&uacute;ltiples en tanto que la locura fuera un territorio disputado por las huestes de la ciencia y la sociedad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El conjunto de la argumentaci&oacute;n es descriptivo y anal&iacute;tico: ah&iacute; radica el principal m&eacute;rito de la obra. Se abordan dos rutas metodol&oacute;gicas que resultan complementarias para los objetivos del autor, una cuantitativa y otra cualitativa. La primera busca ofrecer una realidad estad&iacute;stica y porcentual de los flujos de poblaci&oacute;n psiqui&aacute;trica, las edades de los internos, la procedencia, las entradas y salidas, el sexo, la ocupaci&oacute;n, las defunciones y la enfermedad diagnosticada. El an&aacute;lisis cualitativo refiere a las ideas, los valores y las actitudes psiqui&aacute;tricas y sociales que se esconden entre las clasificaciones m&eacute;dicas y los diagn&oacute;sticos cl&iacute;nicos. El autor busca argumentar la realidad subjetiva de los locos con un mapa estad&iacute;stico general de los internos. Sin embargo, evita fundamentar su objetivo en un determinado modelo estad&iacute;stico, su tarea es recoger esa realidad num&eacute;rica para analizar casos particulares de locos y mostrarlos como representativos de una actitud general hacia la locura. La experiencia de los locos aparece en el marco de una realidad sociocultural que los determina mas no los somete y controla. Empero, el an&aacute;lisis cultural se reduce a lo que las familias opinaban sobre las supuestas psicopatolog&iacute;as de sus locos y no, por ejemplo, a las tipificaciones y se&ntilde;alamientos que pod&iacute;an hacerse desde la prensa o la literatura de la &eacute;poca. Esto &uacute;ltimo podr&iacute;a demostrarse claramente en los encabezados, las opiniones y las notas que aparecieron antes y durante la inauguraci&oacute;n del manicomio. Me parece que el texto adolece de un examen m&aacute;s detallado de lo social y lo cultural.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la introducci&oacute;n se desarrollan los objetivos de la investigaci&oacute;n, la problem&aacute;tica del tema y la justificaci&oacute;n metodol&oacute;gica. En el primer cap&iacute;tulo se muestra el impacto de la psiquiatr&iacute;a francesa en la medicina mental mexicana de finales del siglo XIX y el proceso de institucionalizaci&oacute;n de la locura con la fundaci&oacute;n del Manicomio General. Se menciona que el inter&eacute;s de los primeros psiquiatras mexicanos por las enfermedades mentales constituy&oacute; una "necesidad pol&iacute;tica" ya que su labor era "detectar, aislar y prevenir" a los locos "peligrosos" que atentaban contra el proyecto de naci&oacute;n moderna y civilizada que tanto deseaban. En el segundo cap&iacute;tulo el autor analiza el cambio cualitativo en la concepci&oacute;n psiqui&aacute;trica de la enfermedad mental durante los a&ntilde;os 1910&#150;1913. A trav&eacute;s de algunos casos de "hist&eacute;ricas" y "alcoh&oacute;licos", se&ntilde;ala el v&iacute;nculo ideol&oacute;gico que existi&oacute; entre el saber cient&iacute;fico y las valoraciones familiares para decidir y encerrar a estos locos. Los nuevos "neur&oacute;ticos" no implicaban crisis cr&oacute;nicas o discapacidades f&iacute;sicas, los s&iacute;ntomas ten&iacute;an que ver con comportamientos transgresores que evidenciaban "trastornos morales" que no necesariamente resid&iacute;an en alg&uacute;n &oacute;rgano del cuerpo. En el tercer cap&iacute;tulo el autor expone las argucias que elaboraban las familias para convencer al psiquiatra de la necesidad de encerrar a los locos. En este cap&iacute;tulo se demuestra que los diagn&oacute;sticos cl&iacute;nicos condenaban actitudes, lenguajes y conductas no deseadas por la moral psiqui&aacute;trica y social. En el cuarto cap&iacute;tulo se analiza el impacto de la Revoluci&oacute;n (1914&#150;1916) en la subjetividad patol&oacute;gica de la poblaci&oacute;n psiqui&aacute;trica, asimismo se demuestra la forma en que la revuelta social afect&oacute; la administraci&oacute;n del manicomio. Andr&eacute;s R&iacute;os menciona que durante estos a&ntilde;os los m&eacute;dicos pr&aacute;cticamente no diagnosticaron enfermedades mentales y tampoco hicieron historias cl&iacute;nicas porque muchos de los pacientes que ingresaron en este periodo fallecieron poco despu&eacute;s de su ingreso. La falta de transporte y la toma del manicomio por fuerzas zapatistas y carrancistas impidieron una mejor alimentaci&oacute;n y atenci&oacute;n terap&eacute;utica. Finalmente en el quinto cap&iacute;tulo se&ntilde;ala los a&ntilde;os 1917&#150;1920 como los m&aacute;s cr&iacute;ticos para la infraestructura del manicomio. El proyecto de reconstrucci&oacute;n nacional del gobierno constitucionalista, centrado en recuperar el orden social, contrastaba con la violencia, el miedo y la zozobra que se viv&iacute;a en el manicomio. Muchas familias decidieron retirar a sus locos debido a la enorme desconfianza que sent&iacute;an por el gobierno en turno, otras buscaron hacerse cargo de sus locos o simplemente los abandonaron. El autor concluye que con la fundaci&oacute;n del Manicomio General La Casta&ntilde;eda no se cre&oacute; un nuevo concepto de locura, sino que se modificaron las ideas y los imaginarios sobre "la locura que merec&iacute;a el encierro".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque el libro de Andr&eacute;s R&iacute;os Molina es una referencia indispensable para apreciar las ideas y actitudes socioculturales sobre la locura durante los a&ntilde;os revolucionarios, su trabajo presenta una serie de fisuras que es necesario mencionar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la introducci&oacute;n, Andr&eacute;s R&iacute;os asegura que "los mejores a&ntilde;os de esta instituci&oacute;n coincidieron con la guerra civil" (p. 48). Desde el punto de vista demogr&aacute;fico, parece plausible tal aseveraci&oacute;n ya que la administraci&oacute;n del manicomio aparentemente logr&oacute; equilibrar las entradas y salidas de los internos durante el periodo b&eacute;lico. A partir de 1913, el Reglamento del Manicomio exig&iacute;a para el internamiento un certificado firmado por dos m&eacute;dicos, que avalara la enfermedad del individuo en cuesti&oacute;n. Con esta medida se buscaba controlar los accesos indiscriminados al nosocomio. No obstante, durante los a&ntilde;os treinta el manicomio comenz&oacute; a saturarse por la efectiva aplicaci&oacute;n del certificado. El equilibrio se mantuvo porque no hab&iacute;a una gran demanda precisamente por la guerra. Probablemente en las condiciones que hab&iacute;a durante la Revoluci&oacute;n las familias no ten&iacute;an tiempo, espacio y oportunidad para atender a sus locos. Cabe preguntarse, &iquest;se puede concluir tambi&eacute;n que fueron los mejores a&ntilde;os en la atenci&oacute;n terap&eacute;utica? La ausencia de una comunidad constituida de psiquiatras y de un paradigma unificado de conocimientos, &iquest;no represent&oacute; un problema may&uacute;sculo en el tratamiento de las enfermedades mentales? &iquest;Acaso los locos no fueron la expresi&oacute;n visible de las m&uacute;ltiples contradicciones del sistema de salud mexicano y del proceso de modernizaci&oacute;n nacional? Los casos de estos locos, &iquest;fueron excepcionales respecto a los de otros que nunca estuvieron en el manicomio? Si es verdad que fueron los mejores a&ntilde;os de la instituci&oacute;n, &iquest;por qu&eacute; se conden&oacute; y patologiz&oacute; la "diferencia"? En todo caso, la postura cualitativa de la obra desmiente tal aseveraci&oacute;n. El propio autor ha se&ntilde;alado las dificultades que ten&iacute;an los m&eacute;dicos para clasificar, diagnosticar y atender una determinada enfermedad, y los modos en que las familias interven&iacute;an en el encierro. Considero, pues, poco afortunada la idea de que 1910&#150;1920 hayan sido "los mejores a&ntilde;os" del manicomio y la naciente psiquiatr&iacute;a mexicana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, no queda claro qu&eacute; tipo de familias era el que condicion&oacute; el internamiento de los locos ni cu&aacute;l era su situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica e integraci&oacute;n social, y tampoco resuelve la pregunta sobre cu&aacute;les fueron esos criterios sociales y culturales que usaron para evidenciar la locura de sus allegados. No se muestran los documentos necesarios que ejemplifiquen las opiniones de las familias, sus posibles inconformidades o sus experiencias de vivir con un enfermo mental. Estas ideas las retoma el autor de los expedientes cl&iacute;nicos, donde el m&eacute;dico finalmente decid&iacute;a qu&eacute; deb&iacute;a registrarse y c&oacute;mo. R&iacute;os Molina cree en el poder omn&iacute;modo de las familias pero no demuestra su organizaci&oacute;n interna, actitudes y motivaciones que las orillaron a deshacerse de sus locos. Finalmente, cuando ejemplifica "casos representativos" de historias de locos y sus transgresiones, soslaya, por ejemplo, la dimensi&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica y la representaci&oacute;n literaria en la tipificaci&oacute;n de conductas anormales y actitudes desviadas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al finalizar la lectura de este novedoso estudio, surge la interrogante de si en verdad estamos presenciando "historias de locos" o s&oacute;lo representan dramas sociales de personas que sufrieron la turbulenta Revoluci&oacute;n mexicana y el juicio de la sociedad. Sin embargo, la inc&oacute;gnita no exime al lector de la enorme complejidad que asoma tras la enfermedad mental, todo lo contrario, lo arroja a una problem&aacute;tica que la hace tan actual como hace cien a&ntilde;os: la salud mental en tiempos de violencia, la impunidad, el crimen y la subjetividad, la medicalizaci&oacute;n y la indiferencia por el "otro" diferente. Por todo lo anterior, <i>La locura durante la Revoluci&oacute;n mexicana... </i>es un libro obligado para entender las trampas ideol&oacute;gicas de los diagn&oacute;sticos cl&iacute;nicos y la voluntad de las familias para determinar la reclusi&oacute;n psiqui&aacute;trica. El Manicomio General de La Casta&ntilde;eda fue un gran mosaico de experiencias silenciadas y pr&aacute;cticas inconclusas donde la locura no pudo escapar a la violencia de la interpretaci&oacute;n.</font></p>      ]]></body>
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