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<journal-title><![CDATA[Estudios de historia moderna y contemporánea de México]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[María Aspe Armella, La formación social y política de los católicos mexicanos. La Acción Católica Mexicana y la Unión Nacional de Estudiantes Católicos, 1929-1958]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mar&iacute;a Aspe Armella, <i>La formaci&oacute;n social y pol&iacute;tica de los cat&oacute;licos mexicanos. La Acci&oacute;n Cat&oacute;lica Mexicana y la Uni&oacute;n Nacional de Estudiantes Cat&oacute;licos, 1929&#150;1958</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jorge E. Traslosheros*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana/ Universidad Iberoamericana, 2008.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de la doctora Mar&iacute;a Aspe Armella, <i>La formaci&oacute;n social y pol&iacute;tica de los cat&oacute;licos mexicanos. La Acci&oacute;n Cat&oacute;lica Mexicana y la Uni&oacute;n Nacional de Estudiantes Cat&oacute;licos, 1929&#150;1958, </i>abre camino a la comprensi&oacute;n de un cap&iacute;tulo hasta ahora casi inexplorado de la historia pol&iacute;tica y religiosa de M&eacute;xico en el siglo XX. Se trata de una investigaci&oacute;n sugerente, llena de aciertos y que nos pone frente a una serie de retos que ser&aacute; necesario resolver en el futuro inmediato.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema central del libro es la formaci&oacute;n y la participaci&oacute;n de los cat&oacute;licos mexicanos en el &aacute;mbito p&uacute;blico desde los acuerdos que dieron fin a la llamada guerra cristera, que no a la persecuci&oacute;n religiosa, hasta 1958. Nuestra autora escoge como su objeto de estudio la vida de la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica Mexicana (ACM) en el arzobispado de M&eacute;xico. La tesis que orienta esta investigaci&oacute;n es que, a partir de los arreglos de 1929, los cat&oacute;licos mexicanos vieron bloqueada su participaci&oacute;n pol&iacute;tica por partida doble: por el Estado mexicano y por la misma Iglesia, quienes prohib&iacute;an de manera expl&iacute;cita la militancia pol&iacute;tica de los cat&oacute;licos. Esta doble prohibici&oacute;n implic&oacute; una seria contradicci&oacute;n para los fieles pues, por un lado, se les formaba en la convicci&oacute;n de que era necesario restaurar un orden pol&iacute;tico&#150;social cristiano, lo que supon&iacute;a llevar la cultura cat&oacute;lica a cada uno de los campos de la actividad p&uacute;blica, pero se les prohib&iacute;a participar en pol&iacute;tica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nos explica Aspe que, para implantar y desarrollar esta l&iacute;nea de acci&oacute;n, las jerarqu&iacute;as eclesi&aacute;sticas de Roma y M&eacute;xico buscaron centralizar las iniciativas, procurando organizar a los laicos en la ACM. As&iacute;, se estableci&oacute; una clara jerarqu&iacute;a en su interior: en primer plano, las organizaciones que le eran propias y, en segundo, las confederadas que eran los "patitos feos", aquellas que no gozaban de la confianza de los obispos. La ACM se form&oacute; con cuatro organizaciones: la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica de J&oacute;venes Mexicanos, la Uni&oacute;n de Cat&oacute;licos Mexicanos (UCM), la Juventud Cat&oacute;lica Femenina Mexicana y la Uni&oacute;n Femenina Cat&oacute;lica Mexicana. Entre las confederadas destac&oacute; la Uni&oacute;n Cat&oacute;lica de Estudiantes Mexicanos. Fue en esta &uacute;ltima donde se formaron muchos j&oacute;venes que s&iacute; participaron en pol&iacute;tica activa anticipando los tiempos, es decir, ya no en la formaci&oacute;n de partidos cat&oacute;licos, sino de cat&oacute;licos formando partidos pol&iacute;ticos aprovechando los espacios de una sociedad secular y democr&aacute;tica en formaci&oacute;n, o mejor dicho, en proyecto. En otras palabras, coadyuvando a la construcci&oacute;n de esa sociedad democr&aacute;tica, un principio de acci&oacute;n que s&oacute;lo despu&eacute;s del Concilio Vaticano II qued&oacute; claro para la catolicidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n nos explica Mar&iacute;a Aspe, en todo este proceso la presencia de los jesuitas fue inocultable y jam&aacute;s pretendieron esconderla. Por igual participaron e influyeron en los organismos centrales de la ACM que en las organizaciones confederadas, sobre todo en la UCEM. Su influencia se dej&oacute; sentir a trav&eacute;s de su red de colegios, sonadamente el Patria &#151;que todav&iacute;a no comprendo por qu&eacute; lo cerraron&#151;, en su obra pastoral directa, por medio de la editorial Buena Prensa, de la revista <i>Christus </i>y de los ejercicios ignacianos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos ante una investigaci&oacute;n muy s&oacute;lida que, en mi opini&oacute;n, se fundamenta en tres aspectos. Primero, entiende que la religi&oacute;n es un fen&oacute;meno cultural por excelencia y que es propio del fen&oacute;meno religioso estar constituido por diversidad de voces dentro de su unidad doctrinaria y org&aacute;nica. As&iacute;, la Iglesia cat&oacute;lica se manifiesta como un conjunto plural de voces que no se desdice de su unidad sino que la confirma. A partir de esta comprensi&oacute;n se da a la tarea de reconstruir la historia, o mejor dicho, se deja cuestionar por sus propias fuentes. As&iacute;, la ACM bien pudo representar la postura hegem&oacute;nica dentro de la Iglesia, pero de ninguna manera fue la &uacute;nica voz. Esta comprensi&oacute;n tan b&aacute;sica, con parecer algo obvio, es cosa rara en el mundo acad&eacute;mico mexicano que, cuando se trata de la Iglesia y la religi&oacute;n parece perder toda serenidad y proporci&oacute;n en el m&eacute;todo y en el an&aacute;lisis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segundo: Mar&iacute;a Aspe tiene muy claro que la Iglesia se compone de distintos cuerpos. Esto es que, si bien es cierto que la relevancia de la jerarqu&iacute;a es innegable, tambi&eacute;n lo es que la Iglesia no se reduce a la jerarqu&iacute;a y que tambi&eacute;n se hace sentir la voz de los laicos y otros cuerpos eclesi&aacute;sticos intermedios, como los institutos de vida religiosa, en este caso los jesuitas. Este hecho social nos obliga, en buen an&aacute;lisis sociol&oacute;gico e hist&oacute;rico, a prestar mucha atenci&oacute;n a todas las manifestaciones dentro del cuerpo eclesi&aacute;stico con independencia de la &eacute;poca que estudiemos. En el tiempo que ocupa la investigaci&oacute;n de Aspe se puede decir que todas se dejaron sentir con intensidad, lo que no niega los esfuerzos de la jerarqu&iacute;a episcopal y romana por mantener el control y dirigir los esfuerzos. Por atender estas dos realidades descritas &#151;la pluralidad de voces en la diversidad de las organizaciones&#151;, Mar&iacute;a Aspe nos entrega una obra construida de di&aacute;logos, en ocasiones dif&iacute;ciles y r&iacute;spidos, a trav&eacute;s de los cuales se va configurando un camino para la participaci&oacute;n pol&iacute;tica de los cat&oacute;licos mexicanos. No se debe pasar por alto que esta pluralidad se hizo presente justamente cuando m&aacute;s temor se le ten&iacute;a a la diversidad en el escenario p&uacute;blico: la tem&iacute;a el Estado, la Iglesia jer&aacute;rquica y tambi&eacute;n, es necesario decirlo, muchos ciudadanos y fieles laicos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tercero: Mar&iacute;a Aspe comprende que la religi&oacute;n es, primordial y sustancialmente, un fen&oacute;meno cultural, que es uno de los pocos fen&oacute;menos sociol&oacute;gicos que podemos calificar de "totalizantes", por abarcar toda la experiencia humana, desde la m&aacute;s &iacute;ntima hasta la m&aacute;s p&uacute;blica. Por lo mismo, pretender contener su fuerza, ya sea el Estado o la misma Iglesia, es como querer ponerle puertas al monte. La participaci&oacute;n pol&iacute;tica de la persona religiosa se puede encauzar, se puede llenar de contenidos doctrinarios y &eacute;ticos, se puede orientar desde lo &iacute;ntimo del ser humano, pero no se le puede contener o anular. La investigaci&oacute;n de Aspe Armella demuestra que, en lo primero &#151;pretender contenerla&#151;, el Estado y la jerarqu&iacute;a fracasaron, y que lo segundo, su encauzamiento, fue precisamente lo que hicieron los jesuitas en aquellos a&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n de Mar&iacute;a Aspe es pionera. Casi nada se ha escrito de la ACM. Adem&aacute;s, la historiograf&iacute;a y los an&aacute;lisis pol&iacute;ticos sobre la &eacute;poca y el tema son escasos y limitados. Tienden a reducir el fen&oacute;meno religioso al &aacute;mbito de lo pol&iacute;tico. En parte esto &uacute;ltimo se explica porque el conflicto dominante en la &eacute;poca fue con el Estado debido a la persecuci&oacute;n religiosa, y en parte porque ese fantasma nos ha acompa&ntilde;ado desde entonces incrust&aacute;ndose en nuestro imaginario pol&iacute;tico, eclesial, social, acad&eacute;mico e intelectual.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es necesario tomar en cuenta que estamos ante la primera investigaci&oacute;n que se realiza desde el interior de la ACM y sus organizaciones. En otras palabras, vali&eacute;ndose de documentaci&oacute;n de primer&iacute;sima mano. En este sentido hay que destacar la riqueza de las fuentes consultadas y el excelente tratamiento que se les otorga. Desfila ante nuestros ojos informaci&oacute;n emanada de los archivos de la ACM, de la revista <i>Christus, </i>del archivo de la presidencia de la Junta Central de la ACM, del Bolet&iacute;n de la Junta Central de la ACM, de los archivos de la ACJM, UCM, JCFM, UFCM, enc&iacute;clicas papales de P&iacute;o XI y XII, cartas pastorales del arzobispado de M&eacute;xico, archivos de las organizaciones confederadas de la ACM, sobre todo la de la UNEC, algo del Archivo de la Provincia Mexicana de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, m&aacute;s una exhaustiva revisi&oacute;n de la bibliogr&aacute;fica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, la obra de Aspe Armella viene a poner el eslab&oacute;n que hac&iacute;a falta para tener una visi&oacute;n m&aacute;s o menos completa de la historia de la Iglesia desde la reforma eclesi&aacute;stica de 1862 hasta la celebraci&oacute;n del concilio Vaticano II. El estudio de Aspe Armella se suma, en soluci&oacute;n de continuidad, a los que han venido realizando Jorge Adame Goddard, Manuel Ceballos, Jean Meyer y V&iacute;ctor Gabriel Muro, sin dejar de lado la obra biogr&aacute;fica de Javier Sicilia y el esfuerzo de s&iacute;ntesis de Jos&eacute; Miguel Romero de Sol&iacute;s. En virtud de estos estudios ahora tenemos una ruta bien marcada.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No debe sorprender a nadie que, por ser pionera en su g&eacute;nero, por su aguda comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno religioso y por su excelente reconstrucci&oacute;n, la investigaci&oacute;n de Aspe nos conduzca casi de manera natural a una serie de retos y cuestionamientos que no podemos pasar por alto y que est&aacute;n esperando a avezados estudiantes de posgrado dispuestos a clavarle el diente a tan apetitoso platillo. Los cuestionamientos y posibles l&iacute;neas de investigaci&oacute;n que se abren son m&uacute;ltiples y entre ellas quisiera destacar tres posibilidades a modo de conclusi&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Primera: adem&aacute;s de las muchas y muy interesantes personalidades mencionadas a lo largo del libro, qu&eacute; otros personajes relevantes hubo en aquella &eacute;poca cuyas biograf&iacute;as nos puedan ayudar a comprenderla de mejor manera. Un posible camino ya lo ha marcado Javier Sicilia con las excelentes biograf&iacute;as que reci&eacute;n ha publicado sobre Concha Armida y F&eacute;lix de Jes&uacute;s Rougier, fundadores de distintas instituciones y promotores de una renovaci&oacute;n cultural y espiritual en el catolicismo de aquel turbulento M&eacute;xico. De igual suerte, hace mucha falta informaci&oacute;n y an&aacute;lisis sobre aquella generaci&oacute;n de obispos, de entre los cuales est&aacute;n los de Veracruz, San Rafael Gu&iacute;zar y Valencia, que constituyen tan s&oacute;lo un ejemplo distinguido.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segunda: adem&aacute;s de los jesuitas, qu&eacute; otros institutos de vida religiosa participaron, habida cuenta de que es una &eacute;poca de crecimiento visible en el surgimiento y consolidaci&oacute;n de las obras de la Cruz, sonadamente los Misioneros del Esp&iacute;ritu Santo, por no decir de los colegios lasallistas, maristas y de las Hermanas del Verbo Encarnado, cuyo panorama nos ha pintado con gran calidad Valentina Torres Septi&eacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tercera: necesitamos adentrarnos en lo que sucedi&oacute; con la m&aacute;s grande e importante porci&oacute;n de la Iglesia que es el laicado de a pie, ajeno a debates, dimes y diretes pol&iacute;ticos; esos de la vida cotidiana que hacen de su relaci&oacute;n con Dios algo tan sencillo y simple como salir a trabajar, criar una familia, besar a sus hijos, rezar, ir a misa, invocar y confiar en Cristo, en la Virgen y sus santos. &iquest;C&oacute;mo se vivi&oacute; la religiosidad ordinaria, cotidiana, la de cada d&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo se organiz&oacute; la pastoral en todos sus aspectos a nivel parroquial y diocesano? Y por cierto &iquest;qu&eacute; pas&oacute; con la obra misionera? En otras palabras, &iquest;c&oacute;mo se desarrolla la cultura cat&oacute;lica mexicana en su m&aacute;s amplio sentido? Cabe preguntarnos si la pol&iacute;tica de contenci&oacute;n pol&iacute;tica promovida por el episcopado logr&oacute; mejores condiciones para el desarrollo de la pastoral y la religiosidad cotidiana, que tal parece haber sido su objetivo. Por un lado, la fuerza que todav&iacute;a tiene la religiosidad popular en M&eacute;xico parece indicar que as&iacute; fue, pero no lo podemos saber a ciencia cierta. Por otro lado, la ausencia de una intelectualidad cat&oacute;lica en el escenario p&uacute;blico en nuestros d&iacute;as parece indicar lo contrario. Aqu&iacute; hay un gran campo de investigaci&oacute;n.</font></p>      ]]></body>
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