<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-2620</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Estudios de historia moderna y contemporánea de México]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Estud. hist. mod. contemp. Mex]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-2620</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-26202009000100008</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Max Parra, Writing Pancho Villa's Revolution: rebels in the literary imagination of Mexico]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[San Miguel]]></surname>
<given-names><![CDATA[Pedro L.]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad de Puerto Rico-Río Piedras  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2009</year>
</pub-date>
<numero>37</numero>
<fpage>162</fpage>
<lpage>169</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-26202009000100008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-26202009000100008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-26202009000100008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Max Parra, <i>Writing Pancho Villa's Revolution: rebels in the literary imagination of Mexico</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Pedro L. San Miguel*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Austin, University of Texas Press, 2005, 185 p.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Departamento de Historia, Universidad de Puerto Rico&#150;R&iacute;o Piedras</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los l&iacute;deres mexicanos de la Revoluci&oacute;n, posiblemente ninguno suscit&oacute; tanto revuelo ni ha generado pasiones encontradas tan intensas como Pancho Villa. Desde los momentos en que el Centauro del Norte cabalgaba junto a sus tropas efectuando audaces ataques militares, su figura adquiri&oacute; matices legendarios. La propaganda pol&iacute;tica de simpatizantes y adversarios, la prensa, la oralidad y hasta el cine contribuyeron a difundir sus acciones, percibidas por unos como gestos heroicos de proporciones &eacute;picas y, por otros, como actos incalificables que rayaban en la barbarie. Con el paso del tiempo, al ser incorporado al altar estatal de iconos revolucionarios, Pancho Villa pas&oacute; a ocupar un lugar crucial en la discursiva oficial. Como redentor de pobres, rotos, campesinos y trabajadores, la figura del caudillo norte&ntilde;o fue manipulada con el fin de generar una m&aacute;s amplia hegemon&iacute;a para un r&eacute;gimen que se eternizaba sobre las cenizas de &eacute;l y de otros caudillos revolucionarios de origen popular, como Emiliano Zapata.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obviamente, las narraciones hist&oacute;ricas han contribuido de manera notable a nutrir su recuerdo. La erudita y monumental obra de Friedrich Katz, <i>The life and times of Pancho Villa </i>(Stanford, 1998; edici&oacute;n en espa&ntilde;ol de 1998); la no menos voluminosa "biograf&iacute;a narrativa" <i>Pancho Villa </i>(M&eacute;xico, 2006), escrita por Paco Ignacio Taibo II; la reedici&oacute;n de sus memorias con el t&iacute;tulo de <i>Pancho Villa: retrato autobiogr&aacute;fico, 1894&#150;1914 </i>(M&eacute;xico, 2003), labor efectuada por Guadalupe y Rosa Helia Villa; y la detallad&iacute;sima investigaci&oacute;n <i>La Divisi&oacute;n </i><i>del Norte: los hombres, las razones y la historia de un ej&eacute;rcito del pueblo </i>(M&eacute;xico, 2006), de Pedro Salmer&oacute;n, son algunos de los ejemplos m&aacute;s recientes de la fascinaci&oacute;n que contin&uacute;an ejerciendo el legendario guerrero y sus gestas. Por otro lado, ya sea difundiendo sus proezas, haza&ntilde;as y gallard&iacute;as, o sus entuertos, vilezas y tropel&iacute;as, la literatura tambi&eacute;n ha jugado un papel nada despreciable en la profusi&oacute;n de imaginarios acerca del singular adalid mexicano. Entre las obras literarias recientes en torno suyo se destaca <i>Itinerario </i><i>de una pasi&oacute;n: los amores de mi General </i>(M&eacute;xico, 1999), de Rosa Helia Villa, novela centrada en los numerosos amores y amor&iacute;os del ardiente Villa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es precisamente a partir de la literatura que Max Parra escudri&ntilde;a las representaciones de Villa y el villismo en la cultura del M&eacute;xico posrevolucionario, espec&iacute;ficamente entre 1924 y 1940. Fue &eacute;se, en efecto, un periodo fruct&iacute;fero en obras literarias centradas en el l&iacute;der norte&ntilde;o y en el movimiento capitaneado por &eacute;l. De acuerdo con Parra, en los a&ntilde;os veinte y treinta se publicaron m&aacute;s de dos decenas de obras referidas a Villa y el villismo. La mayor&iacute;a de esas obras fueron escritas por personas "educadas" que vivieron o presenciaron la Revoluci&oacute;n y que escribieron sus memorias, si bien, con el fin de validar sus alegatos, con frecuencia recurrieron a otras fuentes, entre ellas testimonios orales (tanto de las elites como de los sectores populares), informes militares y la prensa. Pese a la diversidad de fuentes empleadas, Parra alega que, en su mayor&iacute;a, dichas obras expresaron principalmente las percepciones y los puntos de vista de las elites. As&iacute; que, aunque algunas de esas obras aluden a la intervenci&oacute;n de las clases populares en el movimiento villista, se trata en esencia de las "versiones de la elite" acerca de la participaci&oacute;n de los sectores subalternos en la Revoluci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A Parra, por el contrario, le interesa ante todo explorar c&oacute;mo las obras literarias recogen, expresan o denotan la "cultura de la violencia" de los sectores subalternos y "c&oacute;mo ella fue representada, debatida e incorporada a la cultura posrevolucionaria" (p. 5; mi traducci&oacute;n del ingl&eacute;s). Partiendo, pues, de una doble perspectiva &#151;por un lado, la ofrecida por los "estudios subalternos" y, por el otro, la brindada por la &oacute;ptica regional&#151;, Parra pretende examinar las "identidades locales" y las "pol&iacute;ticas populares" con el fin de problematizar las ideas heredadas acerca de la violencia popular y la conciencia pol&iacute;tica. Para cumplir esta ingente tarea, escudri&ntilde;a tambi&eacute;n "la posici&oacute;n de los intelectuales <i>vis&#150;&agrave;&#150;vis </i>la cultura popular y los movimientos sociales en la historia moderna de M&eacute;xico" (p. 6).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en estos criterios, Parra distingue, entre 1924&#150;1940, tres etapas en la literatura referente al villismo. La primera de ellas corresponde a los a&ntilde;os 1924&#150;1928 y se caracteriza porque inicia, en la literatura, el debate en torno a Villa. Marcadas por nociones sobre las masas rurales que se remontaban a la &eacute;poca prerrevolucionaria, las obras representativas de esa primera etapa fueron <i>Los de abajo, </i>de Mariano Azuela, y <i>El &aacute;guila y la serpiente, </i>de Mart&iacute;n Luis Guzm&aacute;n. Por su parte, en la segunda fase, que abarca los a&ntilde;os 1929&#150;1935, emergi&oacute; una visi&oacute;n m&aacute;s radical acerca de Villa y la Revoluci&oacute;n, afincada en los mitos populares de la cultura regional. Como obras emblem&aacute;ticas de este periodo Parra menciona &iexcl;<i>V&aacute;monos con Pancho </i><i>Villa</i>!, de Rafael F. Mu&ntilde;oz, y <i>Cartucho: Relatos de la lucha en el norte </i><i>de M&eacute;xico, </i>de Nellie Campobello. En ambos casos, las formas culturales y pol&iacute;ticas villistas ocupan el centro de atenci&oacute;n. Finalmente, entre 1934 y 1940 &#151;fase que coincide con la presidencia de L&aacute;zaro C&aacute;rdenas&#151; la literatura en torno al villismo fue en esencia un derivado de las medidas populistas implementadas por el Estado, que intent&oacute; incorporar a Villa "a la memoria oficial de la naci&oacute;n" (p. 9). Este nuevo imaginario se evidenci&oacute; en un renovado Mart&iacute;n Luis Guzm&aacute;n, quien edit&oacute; entonces las <i>Memorias de Pancho Villa, </i>y en <i>Villa ante la historia, </i>obra en la que su autora &#151;Celia Herrera&#151; cuestion&oacute; los intentos oficiales por institucionalizar la figura de Villa.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A tono con tales lineamientos, Parra analiza varias de las obras se&ntilde;aladas. En lo que respecta a <i>Los de abajo, </i>resalta que Azuela present&oacute; en ella una imagen de los campesinos revolucionarios que concordaba con las nociones de las clases medias urbanas. Tales ideas estaban cargadas de prejuicios acerca de las "sociedades tradicionales"; en consecuencia, la "subjetividad pol&iacute;tica subalterna es reducida a una serie de arquetipos" que, a partir de la obra de Azuela, fueron repetidos e imitados por los "novelistas de la Revoluci&oacute;n" (p. 47). As&iacute;, <i>Los de abajo </i>actu&oacute; como una obra fundacional en la cual la rebeli&oacute;n de las masas fue representada como una acci&oacute;n instintiva, ingenua, irracional y hasta b&aacute;rbara. En tal sentido, su comportamiento es contrastado con el de los intelectuales, que en la obra de Azuela representar&iacute;an la raz&oacute;n, la prudencia y la civilizaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, <i>Cartucho, </i>de Nellie Campobello, se diferencia de la obra de Azuela porque "los eventos narrados no est&aacute;n subordinados a un sistema de valores externo al mundo cultural regional de sus personajes". Esta obra, arguye Parra, manifiesta "empat&iacute;a y solidaridad" con la perspectiva del mundo de "los de abajo" (p. 49). Entre otras cosas, Campobello destaca en sus narraciones los lazos familiares y locales, y c&oacute;mo tales fidelidades y apegos contribuyeron, m&aacute;s que las filiaciones pol&iacute;ticas, al surgimiento de los v&iacute;nculos entre los revolucionarios. Sus relatos, a&ntilde;ade Parra, responden a valores &eacute;ticos y est&eacute;ticos de origen "popular" y "localista", perceptibles incluso en el estilo de Campobello, que reproduce elementos de la oralidad popular y la iron&iacute;a propias de las narraciones tradicionales (p. 52). Gracias a todo esto, Campobello restituy&oacute; "la imagen revolucionaria de Pancho Villa" (p. 53); en esa redenci&oacute;n del villismo, los relatos de Campobello cumplieron una funci&oacute;n mitologizante que contribuy&oacute; a "salvaguardar la identidad rebelde" de quienes fueron derrotados en la Revoluci&oacute;n (p. 75). Esa dimensi&oacute;n mitologizante de <i>Cartucho, </i>concluye Parra, establece una "conexi&oacute;n metaf&oacute;rica entre el pasado narrado y la escritura del presente", que confiere a dicha obra una relevancia pol&iacute;tica ya que remite a los imaginarios y los debates contempor&aacute;neos sobre la naci&oacute;n (p. 75).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el siguiente cap&iacute;tulo del libro se analiza <i>El &aacute;guila y la serpiente, </i>obra signada por profundas consideraciones personales ya que, mediante ella, su autor, Mart&iacute;n Luis Guzm&aacute;n, intent&oacute; justificar su papel en el proceso revolucionario, defendi&eacute;ndose de la acusaci&oacute;n de haber sido un "falso revolucionario". Como parte de esa reivindicaci&oacute;n personal, Guzm&aacute;n realiza una condena del militarismo y de los hombres de armas, mientras que resalta el "papel moral y pol&iacute;tico" de los intelectuales, sobre todo en la construcci&oacute;n de una cultura pol&iacute;tica civilista (p. 79). De hecho, la aproximaci&oacute;n de Guzm&aacute;n a la Revoluci&oacute;n se realiza desde "la ideolog&iacute;a elitista del Arielismo" (p. 80). A tono con tal postura, Guzm&aacute;n parte de una visi&oacute;n espacial dicot&oacute;mica &#151;similar en muchos sentidos a la propuesta por Sarmiento en su <i>Facundo</i>&#151; seg&uacute;n la cual el mundo rural representa la barbarie mientras que la ciudad emblematiza la civilizaci&oacute;n. En consecuencia, Villa y el villismo encarnan la incultura, la irracionalidad y la fuerza bruta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pese a ello, la visi&oacute;n de Guzm&aacute;n en torno a las clases subalternas no estaba exenta de contradicciones. Seg&uacute;n Parra, &eacute;sta oscilaba entre sus concepciones acerca de la civilizaci&oacute;n y la barbarie &#151;en la cual los subalternos representaban la barbarie y el atraso&#151;, y sus ideas acerca de la "mexicanidad", fundadas en nociones esencialistas seg&uacute;n las cuales "los combatientes revolucionarios" constitu&iacute;an la m&eacute;dula de "lo mexicano" (p. 94). La ambig&uuml;edad con la cual Guzm&aacute;n construye a los "sujetos subalternos" se evidencia plenamente en las formas en que aparece Pancho Villa en su obra, que fluct&uacute;a entre una postura aprensiva debido a la fuerza ciega y descomunal que personaliza el caudillo y la admiraci&oacute;n de su astucia, audacia, hombr&iacute;a y solidaridad. Con todo, esta oscilaci&oacute;n entre un Villa, por un lado, &eacute;pico y hasta "espiritual" y, por otro, b&aacute;rbaro e incivilizado, posibilita que Guzm&aacute;n se sienta espiritualmente vinculado con el "Otro popular", que representar&iacute;a la esencia de la mexicanidad, a la vez que "lo deslegitimiza pol&iacute;ticamente" (p. 97).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta visi&oacute;n acerca de Villa y del villismo se contrapone en buena medida a la que prevalece en la novela <i>&iexcl;V&aacute;monos con Pancho Villa!, </i>de Rafael F. Mu&ntilde;oz, obra que se benefici&oacute; del creciente inter&eacute;s por narraciones de la Revoluci&oacute;n que resaltaran sus aspectos m&aacute;s dram&aacute;ticos, excitantes y espectaculares. Mu&ntilde;oz, indica Parra, estaba excepcionalmente calificado para cumplir tales expectativas ya que creci&oacute; en una de las zonas de guerra del estado de Chihuahua. As&iacute; que en los a&ntilde;os veinte y treinta public&oacute; una serie de relatos en la prensa que posteriormente recogi&oacute; en varias antolog&iacute;as y que eventualmente sirvieron de fundamento a <i>&iexcl;V&aacute;monos con Pancho Villa! </i>Inserta en una &eacute;poca en la cual la ideolog&iacute;a oficial del "nacionalismo revolucionario" estaba en proceso de gestaci&oacute;n, la obra de Mu&ntilde;oz gir&oacute; en torno a una idea acerca de Villa que ya estaba fuertemente arraigada en la cultura popular y que ratificaba su proyecci&oacute;n como el arquet&iacute;pico "macho" mexicano. Esa relaci&oacute;n discursiva entre Villa, la mexicanidad y el machismo seguramente contribuy&oacute; a ampliar la aceptaci&oacute;n del caudillo entre sectores m&aacute;s amplios del p&uacute;blico mexicano, atra&iacute;dos no tanto por consideraciones sociales o pol&iacute;ticas sino por las haza&ntilde;as, la bravura y las muestras de hombr&iacute;a del combatiente. A los ojos de no pocos lectores, la fascinaci&oacute;n por Villa radicaba no en lo que significaba ideol&oacute;gicamente sino en lo que proyectaba del "car&aacute;cter mexicano" (p. 101).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Parra, Mu&ntilde;oz adopta una postura ante el villismo que contrasta con la expuesta por Guzm&aacute;n ya que, para el primero, la "masculinidad revolucionaria" constitu&iacute;a un avance respecto de las expresiones de conciencia social prevalecientes durante el Porfiriato. Tal figuraci&oacute;n de las subjetividades masculinas tiene varias implicaciones, como la construcci&oacute;n de "im&aacute;genes hiperb&oacute;licas de machismo", correspondientes a "la creaci&oacute;n de un mito nacional" (p. 109). En la novela de Mu&ntilde;oz, esa visi&oacute;n mitol&oacute;gica, por un lado, subraya los rasgos violentos y hasta bestiales de Villa, mientras que, por otro, apela a imaginarios que lo identifican como un redentor de los desvalidos. En cualquier caso, se apela a sus caracter&iacute;sticas de "macho", lo que acarrea una segunda consecuencia: la "supresi&oacute;n de la figura femenina" en la constituci&oacute;n de la identidad mexicana (p. 107). Parra llega a afirmar que, entre los escritores villistas, Mu&ntilde;oz es quien expresa de manera m&aacute;s categ&oacute;rica "la convergencia entre masculinidad y nacionalismo" (p. 118).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En alguna medida, las ideas positivas sobre Villa y el villismo contenidas en la obra de Mu&ntilde;oz prefiguraron la rehabilitaci&oacute;n del revolucionario durante la presidencia de C&aacute;rdenas. En esos a&ntilde;os, el populismo estatal &#151;perceptible en la ampliaci&oacute;n de la reforma agraria y en un vuelco al mundo del trabajo en general&#151; gener&oacute; un clima ideol&oacute;gico y cultural que propici&oacute; la revaloraci&oacute;n de la figura de Villa. Desde esa nueva perspectiva, Villa "representaba una tradici&oacute;n revolucionaria alternativa anclada en luchas de base <i>(grassroots struggles) </i>que hasta entonces no hab&iacute;an sido reconocidas oficialmente" (p. 123). En ese contexto se publicaron varias obras de importancia referentes a Villa; entre ellas sobresalen las <i>Memorias de Pancho Villa, </i>editadas por el ubicuo Mart&iacute;n Luis Guzm&aacute;n, y <i>Villa ante la historia, </i>producto de la pluma de Celia Herrera.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el ambiente de los a&ntilde;os treinta, el Villa presentado por Guzm&aacute;n fue muy diferente del que hab&iacute;a elaborado previamente en <i>El &aacute;guila y la serpiente, </i>que resaltaba los rasgos bestiales y atroces del guerrero. Ahora Villa aparec&iacute;a como un individuo de gran humanidad, redimido por su participaci&oacute;n en "una lucha armada de liberaci&oacute;n nacional" (p. 127). Para lograr ese prop&oacute;sito, Guzm&aacute;n recurri&oacute; a tropos comunes en la literatura rom&aacute;ntica, como el del hombre humilde que logra sobreponerse a las circunstancias de opresi&oacute;n e injusticia que lo rodean y que lo convierten en redentor de los oprimidos. Por dem&aacute;s, al construir su obra dentro del g&eacute;nero de la <i>memoria </i>o <i>autobiograf&iacute;a, </i>Guzm&aacute;n "foment&oacute; un nuevo tipo de autoridad &#91;literaria&#93; basada en la habilidad del escritor para reproducir convincentemente la voz del pueblo" (p. 130&#150;131).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta postura apolog&eacute;tica, no obstante, fue confrontada por Celia Herrera en su obra <i>Villa ante la historia, </i>que Parra denomina "la m&aacute;s virulenta diatriba jam&aacute;s escrita contra Villa" (p. 131). La autora pertenec&iacute;a a una familia que mantuvo por a&ntilde;os una fiera discordia contra el caudillo, por lo que la propuesta de erigir un monumento en su honor la acicate&oacute; a escribir su invectiva contra Villa. Elaborada desde una perspectiva clasista &#151;Herrera deplora sobre todo las acciones de Villa que afectaron a las clases acomodadas&#151;, esa obra represent&oacute; la ant&iacute;poda de los esfuerzos, en los a&ntilde;os treinta, por enaltecer la memoria de Villa. A diferencia de las <i>Memorias </i>editadas por Guzm&aacute;n, que fueron el mejor ejemplo de la "pol&iacute;tica conciliatoria y del populismo cultural" del cardenismo, la obra de Herrera fue una "reacci&oacute;n enconada" a dichas medidas, que en &uacute;ltima instancia aspiraban a crear una "memoria nacional que pretend&iacute;a soslayar los recuerdos desdichados de los sobrevivientes desolados por la pena" (p. 136).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La pervivencia de esa ambivalente memoria en torno a Villa posiblemente impidi&oacute; que, pese al populismo de la &eacute;poca, el Centauro del Norte fuera incorporado al pante&oacute;n oficial de la Revoluci&oacute;n durante la presidencia de C&aacute;rdenas. Ese estado de cosas perdur&oacute; hasta los a&ntilde;os sesenta, cuando el presidente Gustavo D&iacute;az Ordaz lo integr&oacute; a su discurso y lo reconoci&oacute; como un h&eacute;roe nacional; una d&eacute;cada m&aacute;s tarde, los restos del caudillo finalmente fueron trasladados al Monumento a la Revoluci&oacute;n. Parra aduce que, en el &aacute;mbito de la literatura, ocurri&oacute; un fen&oacute;meno similar: con el fin del cardenismo, disminuy&oacute; el inter&eacute;s por Villa. Pese a ello, muchos de los t&oacute;picos elaborados por las obras del periodo previo mantuvieron su vitalidad e, incluso, pasaron a conformar el canon discursivo acerca de las clases subalternas y de su vinculaci&oacute;n con la Revoluci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s a&uacute;n: en las d&eacute;cadas de los veinte y los treinta se plasmaron las l&iacute;neas fundamentales de la discursiva letrada acerca de las masas rurales, conceptuadas por autores como Guzm&aacute;n y Azuela a partir de una doble perspectiva. Por un lado, de la necesidad de "rescatar y representar" a los sectores populares rurales debido a que constitu&iacute;an la fuente de la identidad mexicana; y, por el otro, de modificar dichos sectores de manera que se adecuaran a los proyectos modernizadores impulsados por el Estado y los sectores urbanos. En contraposici&oacute;n, las obras de Campobello y Mu&ntilde;oz contribuyeron a mitologizar la revoluci&oacute;n desde la perspectiva de las clases subalternas. Parra alega que estos &uacute;ltimos autores "introdujeron una &eacute;tica de la violencia, asociada con las luchas subalternas" (p. 138), que estaba ausente en las abstracciones liberales desde las cuales escrib&iacute;an Azuela y Guzm&aacute;n. En consecuencia, en el periodo estudiado por Parra surgieron "dos genealog&iacute;as narrativas distintas". As&iacute;, las obras de Azuela y Guzm&aacute;n se convirtieron en las "narrativas maestras" de una "tradici&oacute;n literaria en la cual la otredad cultural es celebrada y endosada a la vez que, parad&oacute;jicamente, es desacreditada y suprimida" (p. 139&#150;140). Por otro lado, Campobello y Mu&ntilde;oz representan una "tradici&oacute;n narrativa alternativa" que reconoce la "riqueza y la complejidad" de las experiencias de los sectores subalternos, sobre todo en el proceso revolucionario.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De m&aacute;s est&aacute; se&ntilde;alar que el libro de Parra constituye una valiosa aportaci&oacute;n al estudio de la literatura mexicana en el siglo XX, sobre todo en la impronta de la Revoluci&oacute;n en la cultura y en la pol&iacute;tica nacionales. Por otro lado, sugiere la posibilidad de efectuar pesquisas similares en otras disciplinas y &aacute;mbitos de la cultura; por ejemplo, en la historiograf&iacute;a. Por tal raz&oacute;n tambi&eacute;n me parece una obra valiosa, cuya lectura puede ser aprovechada tanto por los interesados en la literatura como por quienes se inclinan m&aacute;s por la disciplina de la historia.</font></p>      ]]></body>
</article>
