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<journal-title><![CDATA[Estudios de historia moderna y contemporánea de México]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Joaquín Varela Suanzes-Carpegna, El conde de Toreno (Biografía de un liberal, 1786-1843)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Joaqu&iacute;n Varela Suanzes&#150;Carpegna, <i>El conde de Toreno (Biograf&iacute;a de un liberal, 1786&#150;1843)</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Roberto Bre&ntilde;a*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Madrid, Marcial Pons, 2005</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* El Colegio de M&eacute;xico</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tal vez ninguna biograf&iacute;a es tan &uacute;til como la de Jos&eacute; Mar&iacute;a Queipo de Llano, VII conde de Toreno, para conocer los avatares pol&iacute;ticos de la Espa&ntilde;a de la primera mitad del siglo XIX. Aunque s&oacute;lo fuera por esta raz&oacute;n, conocer con cierto detalle la trayectoria p&uacute;blica de Toreno nos parece muy importante. El libro de Joaqu&iacute;n Varela Suanzes que rese&ntilde;amos es una contribuci&oacute;n notable a la historiograf&iacute;a sobre este periodo de la historia peninsular.<sup><a href="#notas">1</a></sup> No me refiero al aspecto biogr&aacute;fico de la obra (aunque hac&iacute;a much&iacute;simo tiempo que no se publicaba una vida de Toreno), sino a la manera, clara y rigurosa, en que el autor aborda su pensamiento pol&iacute;tico y constitucional. Es este aspecto el que realmente le interesa a Varela Suanzes; m&aacute;s en concreto, le interesan las transformaciones que sufri&oacute; el liberalismo espa&ntilde;ol a lo largo de los a&ntilde;os que corren entre C&aacute;diz y la d&eacute;cada de 1830:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">la relevancia de Toreno para nuestra historia constitucional reside en haber encarnado de forma paradigm&aacute;tica el cambio que tuvo lugar en el grueso del liberalismo espa&ntilde;ol entre 1814 y 1834, en virtud del cual algunas premisas fundamentales que hab&iacute;an servido de sustento a la Constituci&oacute;n de 1812, enraizadas en la filosof&iacute;a pol&iacute;tica de la revoluci&oacute;n francesa, se sustituyeron por otras m&aacute;s conservadoras, tomadas en pr&eacute;stamo del constitucionalismo europeo postnapol&eacute;onico, decididamente angl&oacute;filo.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata pues de un libro de historia pol&iacute;tico&#150;intelectual que recorre, de la mano de uno de los protagonistas de la &eacute;poca, lo que se conoce como el "primer liberalismo espa&ntilde;ol".<sup><a href="#notas">3</a> </sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como es sabido, Jos&eacute; Mar&iacute;a Queipo de Llano fue el representante m&aacute;s joven en las cortes gaditanas. De hecho, no ten&iacute;a el m&iacute;nimo requerido (25 a&ntilde;os) cuando se abren las cortes, por lo que una comisi&oacute;n tuvo que emitir un dictamen para que pudiera ser diputado. Como se sabe tambi&eacute;n, junto con Arg&uuml;elles y Mu&ntilde;oz Torrero, Toreno fue uno de los diputados liberales m&aacute;s destacados en dicha asamblea.<sup><a href="#notas">4</a></sup> A este respecto, conviene se&ntilde;alar una diferencia de Toreno en relaci&oacute;n con sus correligionarios: su identificaci&oacute;n con el iusnaturalismo racionalista, sobre todo de estirpe rousseauniana. Una diferencia que, sin embargo, no incid&iacute;a sobre las consecuencias que todos los liberales extra&iacute;an del principio de soberan&iacute;a nacional: una potestad originaria, perpetua e ilimitada que reca&iacute;a &uacute;nica y exclusivamente en la naci&oacute;n.<sup><a href="#notas">5</a></sup> En cuanto a la representaci&oacute;n, Toreno defendi&oacute; un concepto puramente individualista de la representaci&oacute;n nacional, en pugna tanto con los diputados realistas (que defend&iacute;an una representaci&oacute;n estamental) como con los diputados americanos (que propugnaron el autogobierno para las provincias americanas). Esta postura lo llev&oacute; a oponerse a todo tipo de federalismo y a insistir en que la &uacute;nica representaci&oacute;n v&aacute;lida era la que ten&iacute;a lugar en el Congreso nacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El exilio que sufri&oacute; Toreno, a causa del regreso de Fernando VII al trono espa&ntilde;ol en 1814, lo llev&oacute; a Par&iacute;s y a Londres, ciudades en las que entr&oacute; en contacto con las principales corrientes pol&iacute;tico&#150;constitucionales de la &eacute;poca: entre ellas, el utilitarismo de Bentham, el positivismo de Comte y el historicismo nacionalista, cuyos principales representantes son tanto alemanes (Hegel) como franceses (Chateaubriand) y brit&aacute;nicos (Park). Todas estas corrientes, as&iacute; como el doctrinarismo franc&eacute;s (Guizot y Royer&#150;Collard) y, sobre todo, Constant, incidieron sobre el pensamiento pol&iacute;tico del conde y moderaron los planteamientos liberal&#150;revolucionarios que hab&iacute;a manifestado hasta entonces.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La vuelta del liberalismo en 1820 signific&oacute; el regreso de Toreno a Espa&ntilde;a, en donde particip&oacute; en las elecciones para las cortes, resultando elegido por Asturias. Desde el principio del llamado trienio Liberal, el conde se inscribe dentro del grupo de los "moderados", en el que destacaban los tres grandes representantes del liberalismo gaditano (Arg&uuml;elles, Mu&ntilde;oz Torrero y el propio Toreno). Sus rivales pol&iacute;ticos eran los "exaltados" (entre quienes sobresal&iacute;an Fl&oacute;rez Estrada, Romero Alpuente y Alcal&aacute; Galiano). Muy revelador, tanto de la trayectoria de Toreno como de la evoluci&oacute;n del liberalismo peninsular de la primera mitad del siglo XIX, es el hecho de que los grandes "revolucionarios" de las cortes de C&aacute;diz<i>, </i>conocidos ahora como "docea&ntilde;istas", durante el trienio formaron parte de aquellos que buscaban un cambio gradual de las instituciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Son muchas las razones que est&aacute;n detr&aacute;s de esta transformaci&oacute;n de los liberales gaditanos. No s&oacute;lo el "esp&iacute;ritu de los tiempos", que se refleja claramente en la expresi&oacute;n que se usa para referirse a ese periodo de la historia europea ("la restauraci&oacute;n"), sino tambi&eacute;n los constantes conflictos que el rey tuvo con sus ministros y &eacute;stos con las cortes. Estos conflictos imped&iacute;an el funcionamiento del gobierno y, m&aacute;s all&aacute; de la poca disposici&oacute;n de Fernando VII, revelaban defectos de dise&ntilde;o institucional que, en opini&oacute;n de los moderados, no pod&iacute;an sino agravarse si se conced&iacute;a a las cortes el poder que los "exaltados" pretend&iacute;an. En cambio, y en contraste incluso con otros "moderados", Toreno defendi&oacute; el sistema parlamentario basado en la cooperaci&oacute;n entre los ministros y la mayor&iacute;a de los diputados. Se trataba de una postura que, como se&ntilde;ala Varela Suanzes, dif&iacute;cilmente pod&iacute;a funcionar en el contexto del trienio, pues para la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz (reestablecida en 1820), el cargo de ministro y la condici&oacute;n de diputado eran incompatibles.<sup><a href="#notas">6</a></sup> La Constituci&oacute;n gaditana presupon&iacute;a una colaboraci&oacute;n estrecha entre el rey y las cortes, algo que nunca se dio durante el trienio. Es &eacute;ste un elemento que, sin ignorar al papel decisivo que tuvo la santa alianza en su ca&iacute;da, explica en buena medida el desprestigio creciente del r&eacute;gimen liberal espa&ntilde;ol instaurado en 1820. En todo caso, durante el mismo, Toreno se destac&oacute; por su oposici&oacute;n a las sociedades patri&oacute;ticas, que los "exaltados" pretend&iacute;an legalizar (con fines pol&iacute;ticos evidentes), y por su defensa de una libertad de imprenta que, sin embargo, deb&iacute;a reprimir los abusos (que &eacute;l ubicaba siempre del lado de los "exaltados").<sup><a href="#notas">7</a></sup> Con la vuelta del absolutismo fernandino, el conde se ve obligado a exiliarse otra vez y, de nueva cuenta, decide instalarse en Par&iacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es durante este segundo exilio que Toreno comienza la obra que le dar&aacute; mayor notoriedad: la <i>Historia del levantamiento, guerra y revoluci&oacute;n de Espa&ntilde;a.</i><sup><a href="#notas">8</a></sup> Este libro, monumental por su extensi&oacute;n pero tambi&eacute;n por su solidez, se convirti&oacute; en la primera y principal referencia para estudiar el periodo 1808&#150;1814. Este lugar, en nuestra opini&oacute;n, no lo ha perdido hasta la fecha, lo que da una idea de su calidad. En cuanto a la evoluci&oacute;n ideol&oacute;gica del conde, y tal como lo refiere Varela Suanzes en el cap&iacute;tulo VIII de su libro, la <i>Historia </i>refleja bien las transformaciones que su pensamiento hab&iacute;a sufrido desde los tiempos de las cortes gaditanas: su escepticismo frente al principio de la soberan&iacute;a nacional, su defensa de una c&aacute;mara alta, su cr&iacute;tica a la no reelecci&oacute;n de los diputados, su cr&iacute;tica a las excesivas restricciones que las cortes de C&aacute;diz hab&iacute;an impuesto al monarca y, por &uacute;ltimo, su "nueva" postura frente a los territorios de ultramar (el entrecomillado es nuestro). A este respecto, Toreno no renegaba de su centralismo, pero s&iacute; reconoc&iacute;a que hab&iacute;a sido un error el hecho de que las cortes hubieran pretendido aplicar exactamente las mismas disposiciones a dichos territorios que a la pen&iacute;nsula. Sin embargo, piensa que esta decisi&oacute;n fue indispensable en su momento para evitar (infructuosamente, como el tiempo mostrar&iacute;a) que los territorios americanos rompieran con la metr&oacute;poli.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ante los sucesos de La Granja de septiembre de 1832, que llevaron a la revocaci&oacute;n temporal de la <i>Pragm&aacute;tica sanci&oacute;n </i>(que derogaba la <i>Ley s&aacute;lica), </i>y el consecuente fortalecimiento de las pretensiones reales de Carlos (el ultraconservador hermano de Fernando), muchos liberales regresaron del exilio, entre ellos Toreno. Esto se debi&oacute; a que la regente Mar&iacute;a Cristina requiri&oacute; de todos los apoyos posibles para mantenerse en el poder y, aunque no se identificaba con el liberalismo, se vio obligada a recurrir a los liberales para fortalecerse ante los embates de los partidarios de Carlos, que se intensifican con la muerte de Fernando (septiembre de 1833) y que dan origen a la primera guerra carlista (1833&#150;1840). Como regente, Mar&iacute;a Cristina sanciona el estatuto real en abril de 1834, documento que plasma la doctrina de la soberan&iacute;a compartida entre el rey y las cortes y que, en palabras de Varela Suanzes, "introdujo en Espa&ntilde;a, por vez primera, el sistema de gobierno parlamentario".<sup><a href="#notas">9</a></sup> Toreno no particip&oacute; en la elaboraci&oacute;n del estatuto (obra principalmente de Mart&iacute;nez de la Rosa, Burgos y Garelly), pero compart&iacute;a sus principios b&aacute;sicos, con la excepci&oacute;n del historicismo jovellanista que caracterizaba al estatuto (y que tan lejos estaba del historicismo gaditano). En todo caso, desde un principio se puso de lado de los liberales moderados, frente a los liberales progresistas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En junio de 1834, Toreno fue nombrado ministro de Hacienda por Mart&iacute;nez de la Rosa, que hab&iacute;a sido designado presidente del Consejo de Ministros por Mar&iacute;a Cristina. Durante su ministerio, que durar&iacute;a poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, pronunciar&iacute;a varios discursos importantes en el parlamento. La mayor&iacute;a de ellos de &iacute;ndole econ&oacute;mica, como correspond&iacute;a a su cargo; sin embargo, tambi&eacute;n se destac&oacute; en la tribuna por sus alocuciones sobre temas estrictamente pol&iacute;ticos.<sup><a href="#notas">10</a> </sup>Cuando Mart&iacute;nez de la Rosa se ve obligado a presentar su dimisi&oacute;n, Toreno es nombrado en su lugar; sin embargo, estar&iacute;a apenas tres meses al frente del gobierno. La raz&oacute;n principal de su ca&iacute;da fueron los avances carlistas y el consecuente fortalecimiento del grupo progresista (as&iacute; como de la Milicia Urbana que controlaban). La s&uacute;bita salida de Toreno de la presidencia no significa que haya tenido una actitud pasiva frente a la iglesia (baluarte del carlismo), pues durante su gobierno se tomaron diversas medidas para reducir su poder (entre ellas, la expulsi&oacute;n de los jesuitas y la supresi&oacute;n de muchos monasterios y conventos). En cualquier caso, Toreno fue sustituido por Juan &Aacute;lvarez Mendiz&aacute;bal, uno de los representantes m&aacute;s destacados del liberalismo progresista.<sup><a href="#notas">11</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toreno, sin embargo, sigui&oacute; ejerciendo funciones pol&iacute;ticas, pues se mantuvo como miembro del estamento de procuradores. Como tal, particip&oacute; en varios debates; sobre todo en la discusi&oacute;n sobre la cuesti&oacute;n electoral que tuvo lugar en los primeros meses de 1836. En &eacute;l, Toreno se manifest&oacute; en favor del voto directo, pero se opuso a incluir en el cuerpo electoral a las profesiones que no fuesen propietarias (ya fuese de tierras o de establecimientos mercantiles o industriales), lo que dejaba fuera a profesiones tan importantes como la abogac&iacute;a y la medicina, adem&aacute;s de excluir a los funcionarios del estado.<sup><a href="#notas">12</a></sup> El resultado final fue un cuerpo electoral de poco m&aacute;s de 16 000 ciudadanos (es decir, el 0.15% de la poblaci&oacute;n espa&ntilde;ola de la &eacute;poca).<sup><a href="#notas">13</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mendiz&aacute;bal dur&oacute; tambi&eacute;n muy poco tiempo al frente del gobierno; Mar&iacute;a Cristina consider&oacute; que sus reformas eran demasiado radicales y lo sustituy&oacute; por Ist&uacute;riz en mayo de 1836. Este pol&iacute;tico, moderado como Toreno, tambi&eacute;n fue v&iacute;ctima de la presi&oacute;n pol&iacute;tica de los progresistas y fue sustituido por Calatrava, otro progresista (en cuyo gabinete Mendiz&aacute;bal ocup&oacute; un destacado lugar). El recelo hacia el estatuto real por parte de los progresistas era cada vez m&aacute;s evidente; las dos razones principales de este recelo, seg&uacute;n Varela Suanzes, eran que este documento hab&iacute;a sido elaborado al margen de la voluntad nacional y que carec&iacute;a de una declaraci&oacute;n de derechos. En la primera mitad de 1836 el retorno de la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz se plantea como una opci&oacute;n por parte del progresismo, lo que se convierte en realidad por el mot&iacute;n de un grupo de sargentos en el palacio veraniego de La Granja en agosto de ese a&ntilde;o, que obliga a la regente a ceder a sus exigencias. Una vez m&aacute;s, Toreno sale al exilio; esta vez, sin embargo, por el triunfo de un liberalismo m&aacute;s "avanzado" que el suyo. Inmediatamente, se realizan elecciones para integrar unas cortes constituyentes y &eacute;stas aprueban una nueva Constituci&oacute;n en junio de 1837.</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El c&oacute;digo de 1837 era, en realidad, una Constituci&oacute;n transaccional entre los dos grandes partidos liberales, el progresista y el moderado. &#91;&hellip;&#93;Se trataba, en definitiva, de establecer una legalidad fundamental equidistante de la Constituci&oacute;n de 1812 y del estatuto real de 1834, una v&iacute;a media entre dos c&oacute;digos, carentes de suficiente fuerza integradora: el uno, por demasiado avanzado; el otro, por demasiado comedido.<sup><a href="#notas">14</a></sup></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Toreno regresa a Espa&ntilde;a para presentarse en las elecciones de noviembre de 1837, las primeras que se realizan bajo la nueva Constituci&oacute;n. El conde fue elegido de nueva cuenta diputado por Asturias, pero esta vez su actividad pol&iacute;tica es menor que en ocasiones anteriores; en la medida en que avanza el nuevo gobierno, sus participaciones parlamentarias son menos frecuentes.<sup><a href="#notas">15</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la vida de Toreno se vieron ensombrecidos por una acusaci&oacute;n de malversaci&oacute;n de fondos que supuestamente hab&iacute;a tenido lugar durante su breve gesti&oacute;n como ministro de Hacienda. En su momento, esta acusaci&oacute;n se resolvi&oacute; en favor de Toreno, pero la historiograf&iacute;a contempor&aacute;nea ha puesto en duda este fallo. Varela Suanzes no resuelve la cuesti&oacute;n, pero en alg&uacute;n momento sugiere que la acusaci&oacute;n s&iacute; ten&iacute;a fundamentos.<sup><a href="#notas">16</a></sup> En todo caso, en 1840 Mar&iacute;a Cristina renunci&oacute; a la regencia, que qued&oacute; en manos de espartero, cuyo desprestigio tampoco tardar&iacute;a en llegar. Antes de que eso sucediera Toreno emigr&oacute; una vez m&aacute;s, junto con muchos otros liberales, cuando la ex regente abandon&oacute; Espa&ntilde;a. En junio de 1843, espartero fue destituido. Para terminar con la inestabilidad, se adelant&oacute; la mayor&iacute;a de edad de Isabel a los 12 a&ntilde;os, quien se convierte as&iacute; en la reina Isabel II en noviembre de 1843. Dos meses antes, el 16 de septiembre para ser exactos, Toreno hab&iacute;a muerto en Par&iacute;s a causa de una congesti&oacute;n cerebral. El conde no vivi&oacute; pues las cortes de 1844, que fueron las que redactaron la Constituci&oacute;n de 1845, documento que restringi&oacute; las libertades considerablemente y al que, por tanto, muy probablemente se hubiera opuesto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la conclusi&oacute;n de su libro, Varela Suanzes plantea la trayectoria pol&iacute;tica de Toreno como un ejemplo paradigm&aacute;tico de los l&iacute;mites del liberalismo espa&ntilde;ol durante la primera mitad del siglo XIX.<sup><a href="#notas">17</a></sup> Unos l&iacute;mites que, en su opini&oacute;n, se revelan en los "prejuicios antidemocr&aacute;ticos" del conde. Sin embargo, estos "prejuicios" fueron el sello distintivo del liberalismo de la &eacute;poca no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a, sino en pr&aacute;cticamente toda Europa. M&aacute;s reveladora nos parece una cita de Larra que aparece como uno de los ep&iacute;grafes del cap&iacute;tulo VIII del libro que rese&ntilde;amos: "por poco liberal que uno sea, o est&aacute; uno en la emigraci&oacute;n, o de vuelta de ella, o disponi&eacute;ndose para otra. El liberal es el s&iacute;mbolo del movimiento perpetuo, es el mar con su eterno flujo y reflujo".<sup><a href="#notas">18</a></sup> Esta inestabilidad de los liberales espa&ntilde;oles de la primera mitad del siglo XIX y esta imposibilidad de hacer pol&iacute;tica en su propio pa&iacute;s constituye, quiz&aacute;, una mejor muestra de los l&iacute;mites o limitaciones del liberalismo peninsular de la &eacute;poca (al mismo tiempo que una de sus causas).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s all&aacute; de esta hip&oacute;tesis que acabamos de hacer, lo cierto es que, como lo muestra Varela Suanzes en su libro, el liberalismo espa&ntilde;ol de la primera mitad del XIX oscil&oacute; entre sus fracasos ante el absolutismo fernandino, sus divisiones internas y su incapacidad por lograr una m&iacute;nima estabilidad pol&iacute;tica. En la conclusi&oacute;n, Varela Suanzes vislumbra una de las razones que est&aacute; detr&aacute;s de este liberalismo (siempre inestable) cuando menciona que ni siquiera un liberal "radical" como Mendiz&aacute;bal plante&oacute; una verdadera reforma agraria (la cual, cabe pensar, le hubiera dado al liberalismo espa&ntilde;ol esos apoyos populares de los que siempre estuvo ayuno). Por lo dem&aacute;s, una econom&iacute;a atrasada en t&eacute;rminos generales y, sobre todo quiz&aacute;, el carlismo y las guerras a las que dio origen, no pod&iacute;an m&aacute;s que incrementar la inestabilidad mencionada. En cualquier caso, a lo largo de la cuarta d&eacute;cada del siglo, desaparecen los liberales moderados como Toreno para dar paso a los conservadores, que, como es sabido, ser&iacute;an destacad&iacute;simos protagonistas de la historia pol&iacute;tica espa&ntilde;ola de la segunda mitad del siglo XIX.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tema da para mucho, sobre todo tomando en cuenta los esfuerzos de la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea por reivindicar el siglo XIX como una centuria liberal. Un buen ejemplo es el volumen 6 de la <i>Historia de Espa&ntilde;a, </i>que coordinan Joseph Fontana y Ram&oacute;n Villares.<sup><a href="#notas">19</a></sup> Este volumen lleva por t&iacute;tulo <i>La &eacute;poca del liberalismo </i>y fue redactado por Fontana. En el pr&oacute;logo, despu&eacute;s de afirmar que en el caso espa&ntilde;ol los partidarios del liberalismo no s&oacute;lo ten&iacute;an enfrente al conservadurismo, sino tambi&eacute;n al absolutismo (que no ser&iacute;a derrotado sino hasta 1876, a&ntilde;o en que concluye la tercera guerra carlista), Fontana escribe: <i>"Por este motivo </i>he pensado que le conven&iacute;a a un libro como &eacute;ste, que se ocupa de los a&ntilde;os de esta pugna, el t&iacute;tulo de 'la &eacute;poca del liberalismo'". Un poco m&aacute;s adelante, a&ntilde;ade:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Las p&aacute;ginas que siguen se han escrito con la intenci&oacute;n de contribuir a la recuperaci&oacute;n de este siglo calumniado y maldito, </i>pero tambi&eacute;n con la de ir m&aacute;s all&aacute; de la imagen tradicional en blanco y negro que lo reduce todo al plano de las intrigas cortesanas, los pronunciamientos y los discursos en las cortes, para tratar de sacar a la luz los problemas, las luchas, las frustraciones y las esperanzas de una inmensa mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles <i>a quienes las reglas del juego del propio liberalismo condenaban a ser simples "habitantes".</i><a href="#notas"><sup>20</sup></a></font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tarde o temprano, toda reivindicaci&oacute;n historiogr&aacute;fica peca de exceso; entre otros motivos, porque est&aacute; inspirada en un "voluntarismo revisionista" que nos parece un p&eacute;simo consejero en cuestiones hist&oacute;ricas. En este caso concreto y para concluir esta rese&ntilde;a, creemos que basta revisar los encabezados de algunos de los cap&iacute;tulos que integran el libro escrito por Fontana para darnos cuenta de que <i>La &eacute;poca del liberalismo </i>no es el t&iacute;tulo que mejor refleja la historia espa&ntilde;ola del siglo XIX: "La revoluci&oacute;n traicionada, 1840&#150;1844"; "La contrarrevoluci&oacute;n moderada, 1844&#150;1854"; "apogeo del liberalismo autoritario, 1854&#150;1863", y "un tiempo de esperanza y frustraci&oacute;n 1873&#150;1874".<sup><a href="#notas">21</a> </sup>Esta &uacute;ltima es una "conclusi&oacute;n" que, aparentemente, corroboran los avatares biogr&aacute;ficos y pol&iacute;ticos del conde de Toreno.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i><b><a name="notas"></a>Notas</b></i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Esta biograf&iacute;a es una versi&oacute;n ampliada y revisada del extenso estudio preliminar que Varela Suanzes escribi&oacute; para la selecci&oacute;n de alocuciones parlamentarias de Toreno que integran el volumen 15 de la colecci&oacute;n Cl&aacute;sicos Asturianos del Pensamiento Pol&iacute;tico; su t&iacute;tulo es <i>Discursos parlamentarios </i>(Oviedo, Junta General del Principado de Asturias, 2003).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>El conde de Toreno (Biograf&iacute;a de un liberal, 1786&#150;1843), </i>Madrid, Marcial Pons, 2005, p. 19. De aqu&iacute; que el libro est&eacute; dividido en dos partes: "El liberal revolucionario" (caps. I&#150;V) y "El liberal conservador" (caps. VI&#150;XII).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> La expresi&oacute;n es utilizada de diversas maneras por los historiadores espa&ntilde;oles contempor&aacute;neos. As&iacute; como se puede adjudicar exclusivamente a los seis a&ntilde;os que van de 1808 a 1814, tambi&eacute;n se emplea en ocasiones para referirse a los avatares del liberalismo peninsular desde 1808 (o 1814) hasta la d&eacute;cada de 1830 o incluso un poco m&aacute;s all&aacute;. Las fechas finales var&iacute;an de acuerdo con el enfoque y los intereses historiogr&aacute;ficos de cada autor, pero normalmente se mueven entre 1833 (a&ntilde;o de la muerte de Fernando VII) y 1843 (a&ntilde;o del inicio del reinado de Isabel II).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> En el libro <i>Discursos parlamentarios, op. cit., </i>el lector puede encontrar una docena de ejemplos de dichas participaciones (pronunciadas entre agosto de 1811 y enero de 1813). Los temas van desde la abolici&oacute;n de se&ntilde;or&iacute;os hasta la abolici&oacute;n de la inquisici&oacute;n, pasando por temas eminentemente te&oacute;ricos como la soberan&iacute;a nacional, la representaci&oacute;n y la reforma constitucional.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Sobre esta cuesti&oacute;n, v&eacute;ase <i>El conde Toreno, op. cit., </i>p. 75&#150;80.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> <i>Ibid., </i>p. 121.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> V&eacute;anse sus discursos sobre las sociedades patri&oacute;ticas y sobre la libertad de imprenta en <i>Discursos parlamentarios, op. cit., </i>p. 125&#150;132 y 151&#150;162, respectivamente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8 </sup>Durante mucho tiempo, esta obra, fundamental para entender el periodo 1808&#150;1814, era pr&aacute;cticamente imposible de encontrar. Actualmente, existen dos ediciones disponibles: la publicada por Urgoiti editores en 2008 con un estudio preliminar de Richard Hocquellet y la edici&oacute;n digital que, tambi&eacute;n en el 2008, puso en l&iacute;nea el Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales; esta edici&oacute;n cuenta con una presentaci&oacute;n de Varela Suanzes (<a href="http://www.cepc.es/bicentenarios.asp" target="_blank">http://www.cepc.es/bicentenarios.asp</a>).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9 </sup><i>El conde de Toreno, op. cit., </i>p. 163.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> V&eacute;anse los discursos XVII&#150;XX, en <i>Discursos parlamentarios, op. cit., </i>p. 165&#150;225.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>11</sup> En opini&oacute;n de Varela Suanzes, adem&aacute;s de Mendiz&aacute;bal, los progresistas m&aacute;s importantes eran Arg&uuml;elles, Calatrava, Sancho, L&oacute;pez y Ol&oacute;zaga <i>(El conde Toreno, op. cit., </i>p. 201).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>12</sup> V&eacute;anse los discursos XXII y XXIII, en <i>Discursos parlamentarios, op. cit., </i>p. 251&#150;285.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>13</sup> Al respecto, Varela Suanzes escribe: "Para Toreno no se era m&aacute;s liberal por el hecho de aumentar el electorado activo y pasivo, sino por asegurarse de que los electores fuesen hombres realmente de juicio independiente y, adem&aacute;s, proclives al nuevo Estado constitucional. Argumento que le llev&oacute; a rechazar tambi&eacute;n el sufragio universal, entonces m&aacute;s una hip&oacute;tesis acad&eacute;mica que una aut&eacute;ntica de manda pol&iacute;tica". <i>El conde de Toreno, op. cit., </i>p. 193. El porcentaje mencionado se elevar&iacute;a a 0.50% con las reformas electorales del a&ntilde;o siguiente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>14</sup> <i>Ibid., </i>p. 204 y 206, respectivamente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>15</sup> Su discurso m&aacute;s importante de esta etapa, sobre la guerra civil, est&aacute; incluido en Discursos <i>parlamentarios, op. cit., </i>discurso XXIV, p. 287&#150;303.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>16</sup> Para &eacute;l, la venalidad de Toreno es "probable, que no segura"; <i>ibid., </i>p. 233. La &uacute;ltima de las alocuciones incluidas en <i>Discursos parlamentarios </i>es la que el conde pronunci&oacute; el 29 de abril de 1840, en la que se defendi&oacute; de la acusaci&oacute;n referida. Discurso XXV, <i>op. cit., </i>p. 305&#150;333.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>17</sup> <i>El conde Toreno, op. cit., </i>p. 232.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>18</sup> <i>Ibid., </i>p. 135; la cita pertenece a "La diligencia", texto publicado por Larra en la revista <i>El Mensajero </i>en abril de 1835.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>19 </sup>Esta magna empresa consta de 12 vol&uacute;menes (que empezaron a ser publicados en Barcelona en marzo de 2007); las dos editoriales implicadas en este proyecto son Cr&iacute;tica y Marcial Pons.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>20</sup> <i>La &eacute;poca del liberalismo, </i>p. XVI (en ambas citas las cursivas son m&iacute;as).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>21</sup> Es a prop&oacute;sito que dejamos de lado los cap&iacute;tulos dedicados al reinado de Fernando VII, durante el cual, m&aacute;s all&aacute; de las repetidas intentonas liberales por terminar con el absolutismo, el liberalismo fracas&oacute; en dos ocasiones: 1814 y 1823. Una cuesti&oacute;n a la que, por cierto, alude expl&iacute;citamente el autor del libro que rese&ntilde;amos: en la p&aacute;gina 155, Varela Suanzes refiere como "fracasos" del Estado constitucional lo acontecido en ambas fechas. Este reconocimiento podr&iacute;a parecer una obviedad, si no fuera por la renuencia de varios historiadores espa&ntilde;oles contempor&aacute;neos a utilizar el t&eacute;rmino "fracaso" para referirse a la revoluci&oacute;n liberal espa&ntilde;ola del primer cuarto del siglo XIX.</font></p>      ]]></body>
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