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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Spectacle of the Late Maya Court: Reflections on the Murals of Bonampak]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mary Ellen Miller y Claudia Brittenham, <i>The Spectacle of the Late Maya Court. Reflections on the Murals of Bonampak</i></b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Daniel Ju&aacute;rez Coss&iacute;o*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico: University of Texas Press, Austin / Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* <i>Museo Nacional de Antropolog&iacute;a, INAH</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">&#9;&#9;La noche es verde, vasta y silenciosa.    <br> 	La noche es morada y azul.    <br> 	Es de fuego y es de agua.    <br> 	La noche es de m&aacute;rmol negro y de humo.    <br> 	En sus hombros nace un r&iacute;o que se curva,    <br> 	una silenciosa cascada de plumas negras.</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">Octavio Paz, <i>El desconocido</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Tel&oacute;n corto</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cesare Pavese sosten&iacute;a que "las cosas se descubren a trav&eacute;s de los recuerdos que se tienen de ellas", y, en efecto, incursionar en la senda que Mary Ellen Miller y Claudia Brittenham trazan en este libro removi&oacute; sedimentos de mi memoria. Recordaba, casi sin temor a equivocarme, que a Mary la conoc&iacute; en 1981 cuando lleg&oacute; a Bonampak para iniciar su proyecto, el cual ten&iacute;a como prop&oacute;sito documentar la pintura mural del Edificio 1. Llegan a mi mente im&aacute;genes de una calurosa ma&ntilde;ana a principios del mes de mayo, esperando en el campo de aviaci&oacute;n de Tenosique para que la avioneta me trasladase a Yaxchil&aacute;n, donde colaboraba con Roberto Garc&iacute;a Moll en los trabajos de excavaci&oacute;n. Para matar el tiempo, me entreten&iacute;a observando pacientemente el oscuro perfil de la sierra que se filtraba a trav&eacute;s de la humareda que la cubr&iacute;a, a la espera de que se disipara un poco para poder volar. Era la &eacute;poca de quema, cuando los ganaderos limpian sus potreros y los campesinos preparan las tierras para iniciar el ciclo agr&iacute;cola con las primeras lluvias de junio. As&iacute; debi&oacute; ocurrir tambi&eacute;n hace muchos a&ntilde;os, cuando los antiguos mayas poblaron estas regiones. Pero asuntos m&aacute;s seculares no pod&iacute;an distraer mi atenci&oacute;n, aquella ma&ntilde;ana deb&iacute;a hacer una escala en Bonampak para bajar algunas provisiones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el medio d&iacute;a, el viento ayud&oacute; a dispersar el humo y al poco rato lleg&oacute; Pedro Joaqu&iacute;n Mandujano, el piloto y muy estimado amigo, con quien emprend&iacute; el vuelo. Cruzamos la sierra y desde el aire avistamos el horizonte: pleno, como una tupida alfombra verde apenas salpicada por el inconfundible amarillo vibrante de los guayacanes que florecen en &eacute;sa &eacute;poca del a&ntilde;o y rasgada por el impresionante caudal de color ocre que traza el Usumacinta en su camino. M&aacute;s adelante, observamos los raudales de San Jos&eacute;, la bell&iacute;sima cascada del Budsij&aacute; y sobrevolamos por los parajes donde se localizan Piedras Negras, El Cayo y la Laguna de Santa Clara. Al poco rato aterriz&aacute;bamos en Bonampak. A pesar de su cercan&iacute;a con Yaxchil&aacute;n, entrar a Bonampak para visitarlo no era algo que hici&eacute;ramos con frecuencia y siempre depend&iacute;amos de que hubiese alg&uacute;n espacio disponible en la avioneta. De tal manera que mientras descargaban las provisiones, me encamin&eacute; hacia el Edificio 1 para procurarme su sombra fresca y apreciar las pinturas, aunque s&oacute;lo fuese por un momento. Fue all&iacute; donde me encontr&eacute; con una mujer muy joven, delgada, de cabello corto y quebrado, era Mary Ellen Miller, con quien tuve oportunidad de charlar brevemente y conocer su proyecto.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por aquellos a&ntilde;os, llegar a estos sitios era realmente una tarea compleja y azarosa. Generalmente viaj&aacute;bamos de Tenosique a Yaxchil&aacute;n o Bonampak en avioneta durante cerca de 40 minutos. Tenosique era un poblado peque&ntilde;o con alrededor de 5,000 habitantes, en cuyo &uacute;nico mercado p&uacute;blico nos aprovision&aacute;bamos. Era necesario pararse alrededor de las cinco de la ma&ntilde;ana para esperar la llegada de los pescadores en sus cayucos al "paso" y comprar alguno de los enormes robalos o un sartal de pig&uuml;as. Era interesante tambi&eacute;n encaminarse hasta la orilla del pueblo, donde llegaban los camiones que ven&iacute;an desde Balanc&aacute;n recorriendo las numerosas rancher&iacute;as, para observar c&oacute;mo descargaban todo tipo de mercanc&iacute;as. Estos recorridos para abastecerse de provisiones para el campamento permit&iacute;an hacerse una idea sobre los recursos de la regi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En aquel entonces Tenosique contaba s&oacute;lo con tres hoteles. Hab&iacute;a dos casetas telef&oacute;nicas de larga distancia para comunicarnos con el "exterior"; el peri&oacute;dico <i>Excelsior</i> llegaba en el ADO de las 19:00 horas y era pr&aacute;cticamente nuestra &uacute;nica referencia sobre lo que acontec&iacute;a en el pa&iacute;s y el resto del mundo, pues a&uacute;n no se hab&iacute;an instalado las antenas repetidoras para recibir la se&ntilde;al televisiva. Entre los atractivos tur&iacute;sticos de la localidad estaba la vieja construcci&oacute;n del Hotel Central que ya no funcionaba, pero que debi&oacute; albergar, sin lugar a dudas, tanto a empresarios madereros como a viajeros estudiosos de la cultura maya, como Heinrich Berlin, quien trabaj&oacute; en la regi&oacute;n al iniciar la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cincuenta. Destacaban la casa donde vivi&oacute; Jos&eacute; Mar&iacute;a Pino Su&aacute;rez, techada con su bell&iacute;sima teja marsellesa y una placa met&aacute;lica en alusi&oacute;n al distinguido ocupante; la tienda "departamental" de don Chema Silva, personaje ampliamente conocido por su interesante colecci&oacute;n arqueol&oacute;gica que a&ntilde;os m&aacute;s tarde fue donada al Museo de Pomon&aacute;, y la Escuela Secundaria Isidoro Pedrero Sumohano, dirigida por don Armando Sol&aacute; Quintana, y en donde se resguardaba la colecci&oacute;n de monumentos de Pomon&aacute;, los cuales hab&iacute;an sido confiscados a un grupo de saqueadores. Este otro recorrido daba un poco de color a las tediosas tardes que ve&iacute;amos transcurrir en Tenosique, saturadas por el bochorno del verano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Apenas en 1978, en mi primer viaje a Yaxchil&aacute;n, comenzamos a utilizar la brecha para llegar a Frontera Corozal a orillas del Usumacinta, para desde all&iacute; descender por r&iacute;o hasta Yaxchil&aacute;n. De Tenosique tom&aacute;bamos el camino asfaltado rumbo a Gregorio M&eacute;ndez, Arena Hidalgo y P&eacute;njamo, tres poblados que constitu&iacute;an los l&iacute;mites estatales y municipales, donde iniciaba la brecha maderera que pasaba a un costado del caser&iacute;o Chinikih&aacute; para seguir hasta Chancal&aacute;, lugar donde se encontraba el aserradero que manejaba la COFOLASA (Compa&ntilde;&iacute;a Industrial Forestal de la Lacandona, S. A.). Cruz&aacute;bamos el r&iacute;o Chocolj&aacute; siguiendo la brecha que corr&iacute;a paralela con el r&iacute;o Santo Domingo y pasaba al lado del poblado Nueva Palestina o Velasco Su&aacute;rez. M&aacute;s adelante, en el extremo sur de la Sierra de la Cojolita, el crucero de San Javier donde se bifurcaba el sendero: a la izquierda rumbo a Frontera Corozal y a la derecha hacia Bonampak y Lacanh&aacute;&#45;Chansayab.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A pesar de que la colonizaci&oacute;n de aquella enorme regi&oacute;n selv&aacute;tica hab&iacute;a iniciado en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cincuenta, a&uacute;n eran escasos los caser&iacute;os que uno encontraba en el camino. Hab&iacute;a choles, tzeltales y tzotziles llegados de los Altos de Chiapas, as&iacute; como ladinos procedentes de otras regiones del pa&iacute;s atra&iacute;dos por la b&uacute;squeda de una parcela. Colonizar esta selva fue la pol&iacute;tica mexicana instrumentada a trav&eacute;s del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonizaci&oacute;n, para resolver los conflictos desencadenados por numerosos campesinos para poseer un pedazo de tierra. Quiz&aacute;s resulte interesante recordar que en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os sesenta, Gustavo D&iacute;az Ordaz firm&oacute; el primer decreto para dotar de tierras a los ejidos de Las Ca&ntilde;adas. Pese a ello, para 1972, Luis Echeverr&iacute;a expidi&oacute; uno nuevo en favor de la Comunidad Lacandona, mediante el cual se otorgaba poco m&aacute;s de 600 mil hect&aacute;reas a 66 familias lacandonas. Obviamente, esta dotaci&oacute;n afect&oacute; a numerosas familias que se distribu&iacute;an en 37 comunidades; resulta claro que se desconoc&iacute;an las condiciones de la regi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En realidad, tras el decreto de 1972 se ocultaban los intereses de NAFINSA y un peque&ntilde;o grupo de empresarios, quienes por medio de la COFOLASA firmaron un contrato con los lacandones para explotar 35,000 m<sup>3</sup> de madera anual durante 10 a&ntilde;os, sin fijar precios. Para 1978 se suma el decreto de Jos&eacute; L&oacute;pez Portillo, creando la Reserva Integral de la Biosfera de Montes Azules, lo que motiv&oacute; la reubicaci&oacute;n de numerosos ejidatarios hacia nuevos centros de poblaci&oacute;n y el consecuente deterioro ambiental. Resulta dif&iacute;cil olvidar que en 1994 estall&oacute; la rebeli&oacute;n en Chiapas con la irrupci&oacute;n del EZLN, lo que motiv&oacute; que Yaxchil&aacute;n fuera tomado por la comunidad chol de Frontera Corozal, y Bonampak por los lacandones, con las consecuencias que esto actual&#173;mente tiene para el desarrollo de los programas de mantenimiento e investigaci&oacute;n en ambos sitios y el saqueo en la regi&oacute;n. Esta guerra y sus consecuencias resuenan como un eco lejano de los conflictos territoriales y &eacute;tnicos que hace poco m&aacute;s de 1 200 a&ntilde;os vivi&oacute; la regi&oacute;n y se alcanzaron a retratar en los murales de Bonampak.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien el tratar de comprender este panorama nos acerca a la problem&aacute;tica que viven los actuales pobladores de la selva, por otra parte, las estrategias de supervivencia que instrumentaron los primeros colonos de alguna manera nos aproximan a valorar las posibilidades que tiene la selva para sustentar poblaciones y estimar sus densidades para el periodo Cl&aacute;sico. &Eacute;ste es, a grandes rasgos, el escenario en que trabaj&oacute; y lo ha seguido haciendo Mary Miller junto con otros investigadores, a los que ahora tambi&eacute;n se suma Claudia Brittenham, y cuyos aportes, sin lugar a dudas, han sido importantes para el conocimiento de la regi&oacute;n. Pero &eacute;ste tambi&eacute;n es el paisaje que alguna vez poblaron las cortes mayas. Jos&eacute; Saramago, en <i>El a&ntilde;o de la muerte de Ricardo Reis</i>, apunta: "Las piedras tienen una vida larga, no hemos asistido a su nacimiento y no asistiremos a su muerte &#91;&#8230;&#93; la piedra queda, si se&ntilde;ores, se salv&oacute;, pero el nombre, si no se va a leer todos los d&iacute;as, se borra, se olvida, no est&aacute; aqu&iacute;". Y esto es justamente lo que las autores expresan en esta obra: el recuerdo de las piedras, el espect&aacute;culo de una de las &uacute;ltimas cortes mayas que all&iacute; habitaron, para que no olvidemos aquellos sucesos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulte interesante, pero a la vez inquietante, reflexionar sobre lo que alguna vez fue una de las selvas tropicales con poco m&aacute;s de mill&oacute;n y medio de hect&aacute;reas de enrome riqueza y diversidad. No debemos olvidar que este paisaje fue habitado por numerosas comunidades mayas del a&ntilde;o 100 al 900 d.C. Es decir, &#173;durante poco m&aacute;s de 800 a&ntilde;os, y cuyo impacto contribuy&oacute; a su deterioro. Tampoco debemos perder de vista que el lugar permaneci&oacute; casi deshabitado, logrando recuperarse durante un lapso de tiempo pr&aacute;cticamente similar al que permaneci&oacute; ocupado por los antiguos mayas. Pese a ello, las generaciones que vivimos durante el breve siglo XX, hemos asistido a su apertura para la explotaci&oacute;n maderera, albergar centros de poblaci&oacute;n y abrir campos de cultivo que tras su agotamiento se transformaron en potreros para ganado, y que poco a poco se han convertido en grandes extensiones dedicadas al cultivo de palma tica para la producci&oacute;n de biocombustibles. Quiz&aacute;s, en esta visi&oacute;n c&iacute;clica del mundo, como ocurri&oacute; en el imaginario de los antiguos mayas, la selva se halla una vez m&aacute;s amenazada y al borde del colapso. Al menos as&iacute; lo prefiguraron quienes plasmaron en sus muros el fasto de la corte y la crudeza de la guerra. Tal vez si escudri&ntilde;amos en el libro <i>El espect&aacute;culo de la &uacute;ltima corte maya</i> encontraremos algunas claves para comprender nuestro presente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Tel&oacute;n de foro</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin lugar a dudas, uno de los temas centra&#173;les que han acaparado la atenci&oacute;n de los investigadores que se han ocupado de las pin&#173;turas de Bonampak ha sido el tratar de comprender la narrativa que exponen, la cual, por otra parte, se ha interpretado como una estructura lineal cuya secuencia inicia en el cuarto 1. En &eacute;l asistimos a la presentaci&oacute;n del heredero al trono y los ritos asociados; contin&uacute;a en el cuarto 2 con la batalla, la toma de cautivos y su sacrificio para legitimar al heredero, y culmina en el cuarto 3 con una gran celebraci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las autoras ofrecen una lectura alternativa, y esto es quiz&aacute;s uno de los aportes centrales del libro. Ellas perciben, m&aacute;s que una cr&oacute;nica ordenada de sucesos, un complejo entramado de historias que van emergiendo a manera de vi&ntilde;etas y que no necesariamente mantienen unidad estructural, en las cuales, acaso, el &uacute;nico denominador com&uacute;n en las escenas representadas lo constituye la propaganda pol&iacute;tica. Esta percepci&oacute;n sobre la narrativa que reflejan las pinturas, recuerda el trabajo de Victoria R. Bricker, <i>El Cristo ind&iacute;gena, el rey nativo</i>. En esa obra, la investigadora sugiere que la concatenaci&oacute;n temporal de ciertos acontecimientos, que se presentan como equivalentes y permutables, parece constituir una deformaci&oacute;n frecuente en la tradici&oacute;n oral, cuya estructura est&aacute; regida por esta visi&oacute;n c&iacute;clica del tiempo. Sabemos, a trav&eacute;s de las inscripciones, que los antiguos mayas manipulaban y ajustaban los hechos para hacerlos coincidir con eventos hist&oacute;ricos y astrol&oacute;gicos. &Eacute;sta era la manera de darles trascendencia, no en el plano de la representaci&oacute;n simb&oacute;lica, sino de su atemporalidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es probable tambi&eacute;n que la percepci&oacute;n de una estructura lineal en la narrativa provenga de la manera en que leemos la arquitectura, como lo sugieren &eacute;stas investigadoras. Para sustentarlo, nos hacen notar que la batalla ocurri&oacute; cinco a&ntilde;os antes de los acontecimientos consignados en el Gran Texto de la Serie Inicial del cuarto 1. Los dinteles tambi&eacute;n reflejan estas aparentes "inconsistencias" en la secuencia de sucesos, ya que los dos primeros muestran al gobernante Yajaw Chaan Muwaan de Bonampak y a su contempor&aacute;neo, el descendiente de Escudo Jaguar de Yaxchil&aacute;n, tomando cautivos en fechas alrededor del a&ntilde;o 780 d.C. No as&iacute; el tercer dintel, donde se represent&oacute; al padre de Yajaw Chaan Muwaan en un hecho similar ocurrido unos treinta a&ntilde;os atr&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta manera de entender la forma en que fue estructurado el discurso la denominan "disonancia creativa entre texto e imagen", la cual quiz&aacute;s podemos traducir como una serie de simetr&iacute;as y alternancias. La m&aacute;s evidente es quiz&aacute;s la que asume la forma de danza&#45;batalla&#45;danza que parece fundirse con aqu&eacute;lla que nos sumerge al pasado&#45;presente&#45;pasado. Como si se tratara de un juego de espejos, y para describirla con mayor precisi&oacute;n, le robo una vez m&aacute;s una imagen a Saramago: "El espejo, superficie dos veces enga&ntilde;osa porque reproduce un espacio profundo y lo niega mostr&aacute;ndolo como una proyecci&oacute;n, donde verdaderamente nada acontece". Bajo esta perspectiva, las autoras nos proponen pr&aacute;cticamente la lectura de un poema, fincando su estructura en la figura ret&oacute;rica del quiasmo, cuyo prop&oacute;sito es enfatizar la idea que se pretende trasmitir a partir de la aliteraci&oacute;n. Al parecer, esta estructura es com&uacute;n en la literatura maya como tambi&eacute;n lo ha percibido Allen Christenson en el estudio introductorio a una de las ediciones m&aacute;s recientes del<i> Popol Vuh</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En t&eacute;rminos de su organizaci&oacute;n arquitect&oacute;nica, no parece haber muchas dudas de que el cuarto central acapar&oacute; la jerarquizaci&oacute;n de las relaciones espaciales, mediante su configuraci&oacute;n en planos contiguos y aislados. Centralidad que se reforz&oacute; en la disposici&oacute;n no centrada de los accesos a los cuartos laterales y que percibimos hasta que ingresamos a ellos. A esto habr&iacute;a que agregar el descubrimiento de una cripta funeraria que en 2010 realiz&oacute; Alejandro Toval&iacute;n. Si bien sabemos que &eacute;sta alojaba los restos de un hombre de alrededor de 40 a&ntilde;os, hasta el momento desconocemos su identidad, aunque Miller y Brittenham especulan que pudiese tratarse de Yajaw Chaan Muwaan. De ser correcta esta impresi&oacute;n en cuanto a la centralidad y jerarqu&iacute;a, tanto arquitect&oacute;nica como simb&oacute;lica, tampoco parece haber duda respecto al despliegue del programa iconogr&aacute;fico: la guerra. Ello est&aacute; en consonancia con los dinteles y el &uacute;nico estuco que a&uacute;n conserva la fachada. De tal manera que, para las investigadoras, el t&oacute;pico central es la victoria que se alcanz&oacute; en la batalla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las im&aacute;genes, entonces, no constituyen la ilustraci&oacute;n de lo que refieren los textos, generalmente breves. En la lectura que nos presentan del Gran Texto de la Serie Inicial se narra tanto la entronizaci&oacute;n de un gobernante de Bonampak acaecida en el a&ntilde;o 790 d.C. bajo el patrocinio de Escudo Jaguar de Yaxchil&aacute;n, como la dedicaci&oacute;n del edificio. Quiz&aacute;s resulte oportuno aclarar dos aspectos. Los jerogl&iacute;ficos asociados al gobernante entronizado est&aacute;n muy erosionados, raz&oacute;n por la cual no es posible identificarlo; pese a ello, es evidente que no se trata de Yajaw Chaan Muwaan. Por lo que toca a Escudo Jaguar, este personaje es un hom&oacute;nimo y aparentemente el nieto de Itzamnaaj B'ahlam, a quien Tatiana Proskouriakoff identific&oacute; hace muchos a&ntilde;os como Escudo Jaguar El Grande, bajo cuyo gobierno se planific&oacute; y construy&oacute; la Peque&ntilde;a Acr&oacute;polis, as&iacute; como el Edificio 23 con sus impresionantes dinteles que dedic&oacute; a su principal consorte, la Se&ntilde;ora K'abal Xook.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, si los breves textos que se asocian a los diferentes personajes no ilustran la escena dentro de la cual participan &#191;Qu&eacute; es entonces lo que indican al espectador? La obra nos devela el nutrido mundo cortesano de los antiguos mayas y el papel que cada personaje desempe&ntilde;&oacute;, a la vez que destaca el protagonismo de tres adolescentes miembros de los linajes din&aacute;sticos. Resulta significativo, como indican las autoras, que Yajaw Chaan Muwaan (quien ascendi&oacute; al poder en el a&ntilde;o 776 d.C.) s&oacute;lo es el protagonista de la batalla. Avanzan la hip&oacute;tesis de que para el 790 d.C., cuando se dedic&oacute; el edificio, quiz&aacute;s ya estuviese muerto. De tal manera que su personificaci&oacute;n como Deidad Solar pudiese en realidad tratarse de un ritual que lo incorpor&oacute; al mundo de los ancestros deificados. Elementos que tambi&eacute;n las llevan a inferir que el entierro descubierto por Toval&iacute;n pudiese corresponder a &eacute;l, y que las ceremonias descritas en los cuartos 1 y 3 correspondiesen a sus exequias, las cuales, es importante destacar, fueron protagonizadas precisamente por estos tres j&oacute;venes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Obviamente, la pregunta obligada es &#191;qui&eacute;nes eran estos adolescentes? A uno lo identifican como Aj Bahlam Chok Ch'ok, cuyo nombre incluye un murci&eacute;lago que posiblemente se lea como Xukalnaah, un top&oacute;nimo que parece referirse al territorio que comprend&iacute;an Bonampak y Lacanh&aacute; durante este periodo. El segundo es un personaje llamado P&aacute;jaro Jaguar, entre cuyos t&iacute;tulos se indica que es <i>k'uhul ajaw</i> de Bonampak y Lacanh&aacute;. Finalmente, el tercero es en apariencia el m&aacute;s importante, ya que se le represent&oacute; al centro de los danzantes y tambi&eacute;n detr&aacute;s de Yajaw Chaan Muwaan durante la batalla. Su nombre no se ha descifrado, pero se le conoce como Boca de Puma, <i>ajaw</i> de Usiij Witz o Colina de Buitre, lugar aparentemente asociado con Bonampak.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los murales sintetizan entonces la arena pol&iacute;tica que caracteriz&oacute; a la cuenca del Usumacinta durante el siglo VIII y uno de los momentos m&aacute;s cr&iacute;ticos que vivi&oacute; la regi&oacute;n. Diversos investigadores han se&ntilde;alado el desproporcionado crecimiento de la &eacute;lite, as&iacute; como el acendrado antagonismo entre las numerosas entidades pol&iacute;ticas emergentes que finalmente culminaron con el colapso. Te&oacute;ricos de la complejidad social como Joseph Tainter o investigadores como Arthur Demarest han puesto el acento en que estos factores sociales, aunados a la sobrepoblaci&oacute;n, la degradaci&oacute;n ambiental y los cambios clim&aacute;ticos, confluyeron en este proceso que se ha venido estudiando al menos desde la d&eacute;cada de los a&ntilde;os setenta del siglo pasado.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como parte del proceso, las autoras proponen que precisamente fueron &eacute;stos los que propiciaron la renovaci&oacute;n e innovaci&oacute;n en la producci&oacute;n art&iacute;stica de la regi&oacute;n. Distinguen en este sentido las diferencias observadas en los ejemplos pict&oacute;ricos anteriores al siglo VII, donde la figura del rey es el centro de atenci&oacute;n y ocupa espacios menos abigarrados, como ocurre en la Estructura B&#45;XIII de Uaxact&uacute;n, que tambi&eacute;n ofrece un retrato de la corte. Es diferente lo que ocurre despu&eacute;s del siglo VIII, como en el caso de Bonampak, donde la figura del rey se diluye, prefigurando las transformaciones y cambios pol&iacute;ticos inherentes a la organizaci&oacute;n y control territorial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#9;Es palpable el resquebrajamiento de la cuenca del Usumacinta despu&eacute;s de la segunda mitad del siglo VIII, uno de cuyos ejes de conflicto fue la a&ntilde;eja confrontaci&oacute;n entre Piedras Negras y Yaxchil&aacute;n. Al respecto, los reconocimientos de Charles W. Golden y su equipo de trabajo en el Parque Nacional Sierra del Lacand&oacute;n han puesto en evidencia las fortificaciones que ambas entidades colocaron a lo largo de sus fronteras para controlar el paso y estrechar relaciones estrat&eacute;gicas con las poblaciones subalternas. Las excavaciones en Yaxchil&aacute;n, a lo largo de varios a&ntilde;os, tambi&eacute;n parecen evidenciar ambos fen&oacute;menos de transformaci&oacute;n art&iacute;stica y crisis pol&iacute;tica. Por una parte, la renovaci&oacute;n arquitect&oacute;nica iniciada con Kokaaj B'ahlam II o Escudo Jaguar el Grande, fundamentalmente entre la d&eacute;cada de los a&ntilde;os veinte y cuarenta del siglo VIII, entre cuyas obras destacan la Peque&ntilde;a Acr&oacute;polis as&iacute; como los Edificios 23 y 40; los dos &uacute;ltimos por cierto, decorados con pintura mural. Por otra parte, el vac&iacute;o de poder que desencaden&oacute; su muerte. Fue entonces cuando la se&ntilde;ora K'abal Xook, su principal consorte, condujo el destino de Yaxchil&aacute;n hasta que finalmente logr&oacute; entronizarse Yaxuun B'ahlam, momento en que la regi&oacute;n ya acusaba un severo desajuste pol&iacute;tico. Incluso, Kathryn Josserand propuso, a partir de la lectura del Dintel 23, que Yaxuun B'ahlam pudo haber ordenado el asesinato de su medio hermano y leg&iacute;timo heredero al trono de Yaxchil&aacute;n, conjura en la cual parecen haber participado las cortes de Piedras Negras y Dos Pilas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute; era como se jugaban las lealtades pol&iacute;ticas, y Bonampak tampoco fue la excepci&oacute;n. Miller y Brittenham revisan una parte de su historia y nos refieren que Aj Sak Teles, padre de Yajaw Chaan Muwaan, inici&oacute; su carrera pol&iacute;tica como <i>sajal</i> subordinado a un gobernante a quien se le conoce como Jaguar Anudado o bien al gobernante de Sak Tz'i'. El Dintel 3 de Bonampak lo retrata capturando a un vasallo de Jaguar Anudado en 748 d.C. Podr&iacute;amos especular que Yaxuun B'ahlam tuvo un papel activo en la esfera pol&iacute;tica de Bonampak, participando en la ruptura de Aj Sak Teles con sus antiguos aliados, quiz&aacute;s bajo la promesa de otorgarle el rango de <i>k'uhul ajaw.</i> Yaxuun B'ahlam limpiaba h&aacute;bilmente el camino. As&iacute;, mientras conspiraba en la corte de Piedras Negras y urd&iacute;a la muerte de su medio hermano, s&oacute;lo le quedaba esperar pacientemente la muerte de K'abal Xook para no confrontarse con los clanes din&aacute;sticos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el a&ntilde;o 776 d.C. Yajaw Chaan Muwaan se convirti&oacute; en <i>k'uhul ajaw</i> de Bonampak y transform&oacute; la ciudad en el centro de la entidad pol&iacute;tica de Ak'e&#45;Xukalnaah. Mantuvo una alianza muy cercana con Yaxchil&aacute;n, mediante su enlace matrimonial con la Se&ntilde;ora Conejo, probablemente la hermana del gobernante descendiente de Escudo Jaguar. En los Dinteles 1 y 2 ambos fueron retratados en la victoriosa campa&ntilde;a que emprendieron contra Sak Tz'i'. De tal manera que la batalla aludida en el cuarto 2 es s&oacute;lo el reflejo de los conflictos que viv&iacute;a la regi&oacute;n al declinar el siglo VIII, que culminaron con el paulatino abandono de la regi&oacute;n a consecuencia del colapso. Esta es la obra para la que Miller y Brittenham disponen la escenograf&iacute;a: atisbemos entonces el crep&uacute;sculo de la &uacute;ltima corte maya, antes de que el silencio y la oscuridad cayeran sobre el mundo.</font></p>      ]]></body>
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