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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[A la memoria de Carlos Lenkersdorf (1926-2010)]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad Nacional Autónoma de México Instituto de Investigaciones Filológicas Centro de Estudios Mayas]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Art&iacute;culos</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>A la memoria de Carlos Lenkersdorf (1926&#45;2010)</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>To the memory of Carlos Lenkersdorf (1926-2010)</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a del Carmen Le&oacute;n C&aacute;zares*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas, Centro de Estudios Mayas.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">ye&lsquo;n wa sje&lsquo;a ki&lsquo;tik / ja kermanotik / karlos sb&rsquo;i&lsquo;ili / ti b&rsquo;a chonab&rsquo;i. // ja    <br> 	ye&lsquo;n jel lek / jel lek ja sk&rsquo;ujol / wa xyala kab&rsquo;tik / ja jlekilaltik.    <br> 	El educador / nuestro hermano es / Carlos es aqu&eacute;l / y es de    <br> 	Comit&aacute;n. // Buena gente es &eacute;l / bueno su pensar / nos explica cu&aacute;l    <br> 	/ es la libertad</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="right"><font face="verdana" size="2">"Kurso b&rsquo;a tililte" &#91;"Curso en Tililt&eacute;"&#93;, <i>Indios somos con orgullo.    <br>Poes&iacute;a maya&#45;tojolabal</i>, 74 y 75</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La noche del 23 de noviembre de 2010, el te&oacute;logo, doctor en filosof&iacute;a y ling&uuml;ista pr&aacute;ctico Karl Heinz Herman Lenkersdorf Schmidt, s&oacute;lo Carlos para sus queridos hermanos tojolabales, amigos, colegas y alumnos, alcanz&oacute; el punto final de los sufrimientos corporales y encontr&oacute; la paz completa. Sin embargo, su palabra de expresi&oacute;n sencilla pero inspiradora no ha sido silenciada con el trivial acto de morir. En manos de quienes lo siguen admirando, la mayor&iacute;a de ellos j&oacute;venes universitarios, estudiantes de las humanidades, quedaron sus libros. Textos desde donde su apasionada convicci&oacute;n indigenista seguir&aacute; interpelando a los esc&eacute;pticos y detractores que, con base en la antropolog&iacute;a, la ling&uuml;&iacute;stica o la historia, niegan la posibilidad de la existencia de una comunidad limpia de las lacras que &eacute;l consideraba herencia del individualismo de la sociedad occidental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si se acepta el principio formulado por el notable ex alumno de la Universidad de Marburgo, Jos&eacute; Ortega y Gasset, de que el hombre es &eacute;l y su circunstancia, al tratar de comprender c&oacute;mo Carlos lleg&oacute; a convertirse en el int&eacute;rprete, representante y propagandista de una etnia minoritaria entre las mayanses pobladoras del estado de Chiapas, resulta necesario detenerse a considerar, tanto las peculiares caracter&iacute;sticas de su preparaci&oacute;n acad&eacute;mica, como lo variado, rico y contrastante de sus experiencias vitales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda d&eacute;cada del siglo XX, tras la derrota en la Gran Guerra y frente a las exigencias del tratado de Versalles, se caracteriz&oacute; en la historia de Alemania por el enorme esfuerzo de su diezmada poblaci&oacute;n para lograr la reconstrucci&oacute;n econ&oacute;mica y la estabilidad pol&iacute;tica, bajo el r&eacute;gimen de la Rep&uacute;blica de Weimar. Fue en el a&ntilde;o de 1926, el 7 de agosto, cuando Karl vio la luz en Berl&iacute;n, como hijo segundo y &uacute;ltimo del due&ntilde;o de una panader&iacute;a. Liquidada la rep&uacute;blica, sus primeros a&ntilde;os de escolar transcurrieron a lo largo de la etapa en que Hitler logr&oacute; imponer la dictadura nacional socialista. Entonces aprendi&oacute; el noble oficio paterno y desarroll&oacute; el gusto por la m&uacute;sica cl&aacute;sica que lo acompa&ntilde;&oacute; toda su vida. Ya octogenario, recordar&iacute;a con tristeza la desaparici&oacute;n de su profesor de piano, arrestado durante alguna redada decretada contra los jud&iacute;os. Karl entr&oacute; a la adolescencia en d&iacute;as marcados por el militarismo y el racismo, cuando la victoriosa marcha del ej&eacute;rcito logr&oacute; la expansi&oacute;n del territorio alem&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de las fronteras asignadas por los vencedores en 1919 y cuando desde el gobierno fue planeado el exterminio de la raza aborrecida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La guerra se materializ&oacute; frente a las puertas del hogar de los Lenkersdorf menos de 20 d&iacute;as despu&eacute;s del cumplea&ntilde;os n&uacute;mero 14 de Karl, en agosto de 1940, con los bombardeos de la aviaci&oacute;n brit&aacute;nica que, al paso del tiempo, dejaron su ciudad natal reducida a escombros. Al cumplir los 16 le toc&oacute; dejar la escuela para seguir a su hermano en el cumplimiento del servicio militar obligatorio. Muy pronto el primog&eacute;nito muri&oacute; en el frente oriental polaco y Karl parti&oacute; con un grupo de estudiantes a reforzar las defensas del Rin. De aquellos d&iacute;as recordaba c&oacute;mo su superior les hab&iacute;a asignado distintas tareas tras preguntarles cu&aacute;l era la ocupaci&oacute;n de sus padres. As&iacute; el recluta fue destinado a la cocina. Ante la imposibilidad de detener la ofensiva lanzada por los aliados en la primavera de 1945, el comandante, seguro del desastre inminente y con el fin de evitar que los muchachos cayeran prisioneros, los dio por libres para que regresaran ocultos, dispersos y por sus propios medios a sus lugares de origen. Entonces Karl emprendi&oacute; caminando solo el largo regreso a casa. Todav&iacute;a lejos de Berl&iacute;n, donde ya se combat&iacute;a calle por calle la &uacute;ltima batalla contra los sovi&eacute;ticos, y merced a la compasi&oacute;n de una se&ntilde;ora encontr&oacute; alimento y refugio, mientras buscaba la manera de comunicarse con sus padres. Al viejo Karl, por obvias razones, no le gustaba conversar sobre los sucesos de la contienda; pero resulta imposible soslayar el impacto que debe haber tenido en el desarrollo de su personalidad y la formaci&oacute;n de su pensamiento el hecho de haber alcanzado el estatus de veterano de guerra apenas a los dieciocho a&ntilde;os, en el coraz&oacute;n de una Alemania a la que hab&iacute;a aprendido a venerar como una patria grande y poderosa, ahora derrotada, ocupada y dividida por los extranjeros.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Recobradas, aunque en forma muy precaria, las condiciones de normalidad para la poblaci&oacute;n, en abril de 1946 Karl concluy&oacute; el bachillerato en Hannover y, desechada la idea de convertirse en m&uacute;sico, tom&oacute; la decisi&oacute;n de matricularse en la carrera de teolog&iacute;a, en momentos cuando resultaba penosa en extremo la situaci&oacute;n de los sobrevivientes. Entonces ingres&oacute; a uno de los seminarios protestantes m&aacute;s prestigiados del mundo, entre otras cosas por el rigor del an&aacute;lisis filol&oacute;gico al que sus catedr&aacute;ticos somet&iacute;an los textos b&iacute;blicos, la Divinity School de la Philipps&#45;Universitat de Marburgo. All&iacute; fue disc&iacute;pulo de Rudolf K. Bultmann. El te&oacute;logo que propuso desmitificar el Evangelio para volver su esencia humanista accesible al hombre contempor&aacute;neo. Estos estudios los termin&oacute; en la Evangelisch&#45;Theologische Fakult&auml;t de la Universidad de Bonn, con la defensa de la tesis: "La justitia dei en el comentario de Mart&iacute;n Lutero a la carta de san Pablo a los romanos", el 28 de julio de 1951.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Apenas instalado en Marburgo, el estudiante conoci&oacute; a Gudrun Hildegard Lohmeyer Linder, una joven reci&eacute;n llegada de Bremen para cursar la carrera de f&iacute;sica. Seis d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, Karl recordaba sonriente lo nervioso que se hab&iacute;a sentido al enfrentar, durante su primera exposici&oacute;n p&uacute;blica, a un auditorio formado por muchachas, entre las cuales adem&aacute;s se encontraba Gudrun, su condisc&iacute;pula de los cursos de historia medieval que siempre era tan cr&iacute;tica. En 1952, ella se convirti&oacute; en la esposa y fiel compa&ntilde;era con la que compartir&iacute;a el resto de su vida. La oferta de una beca para realizar el doctorado en la Universidad de Chicago le abri&oacute; la posibilidad de trasladarse al Nuevo Mundo. Al a&ntilde;o siguiente, por el puerto de Bremen, primero Karl y meses despu&eacute;s Gudrun, que no pudo partir hasta titularse, salieron de la apenas fundada Rep&uacute;blica Federal de Alemania, y como tantos otros inmigrantes europeos, no sin sufrir las incomodidades propias de la navegaci&oacute;n, fueron recibidos por la Estatua de la Libertad en Nueva York.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poco m&aacute;s de un a&ntilde;o dur&oacute; aquella primera estancia de los Lenkersdorf en los Estados Unidos; entre otras causas de disgusto, sobresalen los desacuerdos del doctorando con sus nuevos profesores, te&oacute;logos dogm&aacute;ticos, y la desconfianza de la joven cient&iacute;fica respecto de la finalidad, sospechosamente belicista, de las investigaciones realizadas en el Departamento de F&iacute;sica, donde hab&iacute;a empezado a trabajar. Entonces la pareja opt&oacute; por mudarse a Canad&aacute;. De una urbe moderna y cosmopolita como Chicago pasaron a vivir en la poblaci&oacute;n rural de Oliver, en un valle de la monta&ntilde;osa Columbia Brit&aacute;nica, habitada por agricultores evang&eacute;licos, descendientes de los alemanes del Volga, austeros, muy trabajadores y ultraconservadores. All&iacute; Karl ejerci&oacute; la labor pastoral como ministro de la Iglesia Luterana durante los a&ntilde;os siguientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En busca de nuevos horizontes, en 1957 los Lenkersdorf se trasladaron a la ciudad de M&eacute;xico, en esa d&eacute;cada la capital en crecimiento de un pa&iacute;s en pleno desarrollo econ&oacute;mico, a donde Karl hab&iacute;a sido convocado para dar clases de griego en el Centro Augsburgo, establecido en Coyoac&aacute;n por la misma Iglesia y del que lleg&oacute; a ser rector, aunque sus colegas lo tachaban de heterodoxo. Entonces con disciplina y ah&iacute;nco ambos se aplicaron al aprendizaje del espa&ntilde;ol. Durante las vacaciones de la primavera del a&ntilde;o siguiente, la pareja tuvo un encuentro circunstancial con el mundo de los mayas, cuando transitaron por Veracruz y Tabasco hasta el todav&iacute;a selv&aacute;tico Palenque, y luego por Campeche rumbo a M&eacute;rida para visitar Uxmal y Chich&eacute;n Itz&aacute;. Estos viajeros todav&iacute;a estaban lejos de imaginar la importancia que dichos pueblos ind&iacute;genas llegar&iacute;an a alcanzar, m&aacute;s adelante, en el transcurso de sus existencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1960, Karl public&oacute; en la editorial religiosa El Escudo su primer libro, un Comentario sobre la ep&iacute;stola a los g&aacute;latas. Texto redactado ya en espa&ntilde;ol, en cuyas l&iacute;neas volv&iacute;a a reflexionar sobre el tema de las ense&ntilde;anzas de Pablo de Tarso, que hab&iacute;an sido motivo de la ex&eacute;gesis de Lutero.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A principios del a&ntilde;o siguiente, con el prop&oacute;sito de comprender el pa&iacute;s donde ahora resid&iacute;a y de diversificar las actividades acad&eacute;micas en que pod&iacute;a ocuparse, Karl ingres&oacute; a la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico para cursar la carrera de filosof&iacute;a. Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s se titul&oacute; de la licenciatura con la defensa de la tesis: "Epicteto, su metaf&iacute;sica en relaci&oacute;n con la &eacute;tica", el 23 de octubre de 1964. Un estudio dedicado a este filosofo estoico griego del siglo I, que sufri&oacute; el exilio y la esclavitud en Roma, y es en la actualidad reconocido por sus reflexiones sobre moral. Luego, obtuvo su doctorado el 4 de noviembre de 1966 con la tesis: "El concepto del trabajo en el cristianismo primitivo". De aquella su segunda &eacute;poca como estudiante, en una facultad donde se cultivaba la postura cr&iacute;tica frente a las corrientes del pensamiento llegadas de Europa, durante una d&eacute;cada caracterizada por los ideales libertarios de los j&oacute;venes y el deseo compartido entre muchos maestros y alumnos de tener una participaci&oacute;n activa en la transformaci&oacute;n de la sociedad, a la memoria de Karl acud&iacute;an recuerdos sobre tres de sus profesores, todos miembros del grupo de intelectuales exiliados a ra&iacute;z de la derrota de la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola, que tantas aportaciones leg&oacute; a las humanidades en M&eacute;xico: el notable exponente de la reflexi&oacute;n &eacute;tica Eduardo Nicol, el marxista Adolfo S&aacute;nchez V&aacute;zquez (autor de la Filosof&iacute;a de la praxis, un libro gu&iacute;a para la acci&oacute;n social), y el director de su tesis doctoral Wenceslao Roces, militante comunista y profundo conocedor, traductor e int&eacute;rprete de las obras fundamentales de Marx y Engels.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera publicaci&oacute;n del doctor en filosof&iacute;a apareci&oacute; en 1968. Se trata del cap&iacute;tulo: "Religi&oacute;n y revoluci&oacute;n" en el libro colectivo: La Iglesia, el subdesarrollo y la revoluci&oacute;n, impreso por la editorial Nuestro Tiempo. Volumen donde comparte cr&eacute;ditos con el etn&oacute;logo dominico Tom&aacute;s G. Allaz, el polit&oacute;logo V&iacute;ctor Flores Olea, el soci&oacute;logo Horacio Labastida y el obispo de Cuernavaca Sergio M&eacute;ndez Arceo, entre otros. Todos pensadores que expusieron su enfoque desde la Iglesia Cat&oacute;lica, el periodismo o la academia acerca del problema de la justicia social, en el contexto latinoamericano de los pa&iacute;ses agrupados bajo el concepto del Tercer Mundo y de la preocupaci&oacute;n por los pobres expresada en el Concilio Vaticano II.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al mismo tiempo que realizaba su doctorado, Karl trabaj&oacute; como catedr&aacute;tico de filosof&iacute;a en la Universidad de las Am&eacute;ricas, instituci&oacute;n heredera del M&eacute;xico City College, donde ya graduado obtuvo el nombramiento de decano acad&eacute;mico de humanidades, entre 1967 y 1969. (Los mismos dos a&ntilde;os en que se desempe&ntilde;&oacute; como maestro de filosof&iacute;a de la religi&oacute;n y de &eacute;tica en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la UNAM.) Sin &aacute;nimo para permanecer en la ciudad de M&eacute;xico despu&eacute;s de la represi&oacute;n del movimiento estudiantil del 68, los Lenkersdorf, ahora acompa&ntilde;ados por sus dos hijos, partieron de nuevo a los Estados Unidos. Regresaron a la potencia capitalista, porque Karl fue nombrado director de Estudios Latinoamericanos en la Antioch College en Yellow Springs, Ohio. Ese puesto le permiti&oacute; viajar a distintos pa&iacute;ses como Puerto Rico, Colombia, el Chile socialista gobernado por Salvador Allende y a Ecuador, donde tuvo otro acercamiento al mundo campesino ind&iacute;gena al conocer las escuelas rurales para los quechuas. Entonces escribi&oacute; el art&iacute;culo "Iglesia y liberaci&oacute;n del pueblo", aparecido en 1972 en Montevideo, Uruguay, como parte de la obra colectiva: Pueblo oprimido, se&ntilde;or de la historia, cuyo t&iacute;tulo evoca, con la imagen de la esclavitud de los israelitas en Egipto, uno de los temas predilectos de la Teolog&iacute;a de la Liberaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ese mismo a&ntilde;o, durante una estancia en M&eacute;xico, conoci&oacute; al obispo Samuel Ruiz. Aquel encuentro, propiciado por un amigo mutuo, defini&oacute; su futuro. Tras una larga conversaci&oacute;n los dos cristianos, exegetas del Evangelio, se identificaron en el anhelo de coadyuvar al cambio de la sociedad. Entonces el ministro luterano y fil&oacute;sofo marxista acept&oacute; la invitaci&oacute;n del prelado cat&oacute;lico para visitar Chiapas aquel verano, con el prop&oacute;sito de considerar la posibilidad de integrarse como colaborador del proyecto diocesano de organizaci&oacute;n de la Iglesia aut&oacute;ctona. Un proyecto construido sobre los postulados del Concilio Vaticano II y las resoluciones del Consejo Episcopal Latinoamericano celebrado en Medell&iacute;n, Colombia, en 1968. A partir de este hist&oacute;rico s&iacute;nodo, las determinaciones conciliares desbordaron los cauces reformistas propuestos por Juan XXIII, para correr por las v&iacute;as revolucionarias de la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n como base de una Iglesia comprometida con las causas de los desheredados y oprimidos, en busca del establecimiento de la justicia social en este mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la misi&oacute;n jesuita de Bachaj&oacute;n, pueblo de los altos, Karl tuvo su primera aproximaci&oacute;n con hablantes de la familia ling&uuml;&iacute;stica mayanse durante una asamblea de representantes de diferentes comunidades tzeltales. En medio de la tan animada como prolongada discusi&oacute;n en el idioma desconocido, distingui&oacute; sin entender la repetici&oacute;n del sufijo &#150;tik, equivalente a "nosotros". Concepto que con el tiempo interpretar&iacute;a como distintivo de la cultura maya y del que afirmar&iacute;a ser la clave para comprenderla desde dentro.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entusiasmado con la posibilidad de participar en un proyecto de transformaci&oacute;n social, Karl s&oacute;lo regres&oacute; a Ohio para ponerse de acuerdo con su esposa y renunciar al nombramiento acad&eacute;mico que all&iacute; ten&iacute;a. Con el completo apoyo de Gudrun, que tambi&eacute;n dej&oacute; el puesto que ocupaba como docente en la misma instituci&oacute;n educativa, la familia cambi&oacute; su residencia a Comit&aacute;n. Desde 1973, ambos laboraron en La Castalia, Escuela de Promoci&oacute;n Educativa y Cultural para los Ind&iacute;genas de la Regi&oacute;n Tojolabal. Aunque el grupo de trabajo donde se integraron no lo consideraba necesario, por el grado de castellanizaci&oacute;n de los ind&iacute;genas, ellos decidieron que lo primero para poder entenderse con la poblaci&oacute;n a la que deb&iacute;an alfabetizar era aprender su lengua. Entonces solicitaron a los tojolabales les auxiliaran envi&aacute;ndoles alguien que les ense&ntilde;ara. Por acuerdo de la comunidad se atendi&oacute; esta petici&oacute;n y se design&oacute; a los comuneros que, por turnos, se encargar&iacute;an de instruir a los reci&eacute;n llegados. Como los tojolabales, adem&aacute;s de ser mayoritariamente analfabetos, eran &aacute;grafos en su propio idioma, fueron los alumnos quienes empezaron a poner por escrito, frente a los instructores, lo que aprend&iacute;an; este fue un acto que se convirti&oacute; en demostraci&oacute;n evidente, tanto para los hablantes como para los comitecos, de que la lengua tojolabal tambi&eacute;n pod&iacute;a expresarse mediante el alfabeto. Aquel fue el primer paso, calificado por Karl de "di&aacute;logo intercultural", que lo llev&oacute; a la investigaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica y a elaborar su propia interpretaci&oacute;n de la cultura aut&oacute;ctona, enriquecida a lo largo del tiempo como resultado de la vivencia cotidiana en las comunidades de los municipios de las Margaritas y de Altamirano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre 1973 y 1975 (a&ntilde;os marcados en el estado de Chiapas por la organizaci&oacute;n, desarrollo y consecuencias del primer Congreso Ind&iacute;gena, celebrado en honor de fray Bartolom&eacute; de las Casas en la capital del estado), Karl coordin&oacute; la elaboraci&oacute;n y la Escuela public&oacute; los libros de texto en tojolabal para la alfabetizaci&oacute;n y la ense&ntilde;anza de la aritm&eacute;tica, entre otros escritos de orientaci&oacute;n sobre derechos agrarios y garant&iacute;as individuales, adem&aacute;s de creaci&oacute;n literaria. En 1976 empez&oacute; la composici&oacute;n del Diccionario tojolabal&#45;espa&ntilde;ol, que en su primera versi&oacute;n fue publicada en 1979 por la editorial Nuestro Tiempo. Luego, en 1981 vio la luz el Diccionario espa&ntilde;ol&#45;tojolabal, tambi&eacute;n estampado por la misma editorial. Obras que despu&eacute;s de reimprimirse se reeditaron en versiones corregidas y aumentadas, la primera en el 2004 y la segunda en 1996.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el ir y venir de una comunidad a otra y con el af&aacute;n de profundizar en el trasfondo filos&oacute;fico de la lengua, para lograr lo que consideraba la verdadera comprensi&oacute;n de la cultura maya; Karl, como le hab&iacute;a ocurrido a Saulo de Tarso, encontr&oacute; por aquellas veredas, polvorientas bajo el sol o lodosas bajo la lluvia, su propio camino de Damasco. Sufri&oacute; un proceso de conversi&oacute;n, a lo largo del cual luch&oacute; por despojarse de las formas de pensamiento que lo hab&iacute;an constituido intelectualmente para "tojolabalizarse", para integrarse al mundo comunitario del "nosotros"; en fin, para ser reconocido por los ind&iacute;genas como el hermano Carlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces a petici&oacute;n de los propios ind&iacute;genas y del obispo organiz&oacute; un equipo de setenta colaboradores, originarios de diversas comunidades, para traducir el Nuevo Testamento a partir de los textos griegos. Un n&uacute;mero de traductores que de inmediato evoca la elaboraci&oacute;n precristiana de la versi&oacute;n griega de la Biblia. En el caso actual se pretend&iacute;a, m&aacute;s all&aacute; del traslado fiel del sentido de los escritos, la creaci&oacute;n de una versi&oacute;n desde la &oacute;ptica tojolabal. A&ntilde;os despu&eacute;s, Carlos recordaba las expresiones de desacuerdo de los traductores con las ideas del Ap&oacute;stol de los Gentiles, mientras que el Apocalipsis era aceptado sin dificultad, por reconocerlo como un relato de s&iacute;mbolos, visiones y sue&ntilde;os; temas familiares para la cosmovisi&oacute;n maya. Cinco a&ntilde;os de trabajo dieron por resultado la obra: ja yajk&rsquo;achil sju&lsquo; unil ja dyosi b&rsquo;a tojol ab&rsquo;al, editada en Comit&aacute;n por La Castalia y aparecida en dos vol&uacute;menes (uno en 1991 y el otro en 1993).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El levantamiento zapatista sorprendi&oacute; a Carlos en la ciudad de M&eacute;xico. Advertido por el obispo del peligro que corr&iacute;a de ser deportado, en momentos cuando se acusaba a los agentes de la pastoral diocesana de haber fomentado y hasta organizado la rebeli&oacute;n, ya no pudo regresar. Aunque el riesgo no le impidi&oacute; reanudar, en cuanto fue posible, la comunicaci&oacute;n con los tojolabales y tiempo despu&eacute;s volver a Chiapas en distintas ocasiones. Ni la b&uacute;squeda de responsables de la sedici&oacute;n por parte del gobierno, ni la calidad burocr&aacute;tica de extranjero que siempre mantuvo, lo volvieron prudente en cuanto a la expresi&oacute;n de sus denuncias acerca de los abusos cometidos por "los mandones" contra la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las circunstancias inciertas de 1994, el Centro de Estudios Mayas, entonces coordinado por Ana Luisa Izquierdo, le abri&oacute; al doctor Lenkersdorf de nuevo las puertas de la UNAM, para que se integrara como investigador titular en el campo de la ling&uuml;&iacute;stica, en el Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas. Resulta pertinente recordar que ni Carlos ni los tojolabales eran ajenos a este centro acad&eacute;mico. Desde fines de los setenta, a instancias del ling&uuml;ista Otto Schumann y bajo la coordinaci&oacute;n de Mario H. Ruz, se hab&iacute;a realizado un proyecto de car&aacute;cter multidisciplinario, cuyos resultados se dieron a conocer en cuatro vol&uacute;menes titulados Los leg&iacute;timos hombres. Aproximaci&oacute;n antropol&oacute;gica al grupo tojolabal, publicados en 1981, 1982, 1983 y 1986. En el &uacute;ltimo aparec&iacute;a uno de los primeros trabajos de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica de Gudrun Lenkersdorf. Adem&aacute;s, hacia principios de los noventa, el propio Carlos hab&iacute;a empezado a publicar algunos art&iacute;culos en la revista Estudios de Cultura Maya, &oacute;rgano de difusi&oacute;n del mismo centro. Ya como investigador su primer libro coeditado por la UNAM y Siglo XXI Editores en 1996 fue: Los hombres verdaderos. Voces y testimonios tojolabales. Lengua y sociedad, naturaleza y cultura, artes y comunidad c&oacute;smica. La obra hab&iacute;a recibido en 1994 el Premio de Ensayo Literario Hispanoamericano Lya Kostakowsky, y al presente ha alcanzado cuatro ediciones, adem&aacute;s de haber sido traducida al franc&eacute;s.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde que regres&oacute; a M&eacute;xico, con casi setenta a&ntilde;os a cuestas, Carlos realiz&oacute; una actividad incesante, encaminada a difundir su interpretaci&oacute;n de la cultura maya en la versi&oacute;n tojolabal, por medio de conferencias impartidas en diversas instituciones de la Rep&uacute;blica Mexicana y de Guatemala, Alemania, B&eacute;lgica, Italia, Israel y los Estados Unidos, y a trav&eacute;s de la redacci&oacute;n de un gran n&uacute;mero de art&iacute;culos y cap&iacute;tulos de libros editados tanto en nuestro pa&iacute;s como en el extranjero. En cuanto a la publicaci&oacute;n de libros, unos fueron resultado de su coordinaci&oacute;n, como: Indios somos con orgullo. Poes&iacute;a maya&#45;tojolabal (1999, 2004), otros de su trabajo editorial: El diario de un tojolabal. Edici&oacute;n biling&uuml;e, traducci&oacute;n y comentarios (2001), adem&aacute;s de las obras de su autor&iacute;a individual. Entre los libros que escribi&oacute; en espa&ntilde;ol se cuentan: Tojolabal para principiantes. Lengua y cosmovisi&oacute;n mayas en Chiapas (1994, 2002), Filosofar en clave tojolabal (2002), Conceptos tojolabales de filosof&iacute;a y del altermundo (2004), La sem&aacute;ntica del tojolabal y su cosmovisi&oacute;n (2006), y el que recoge sus &uacute;ltimas reflexiones: Aprender a escuchar: ense&ntilde;anzas maya&#45;tojolabales (2008).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una actividad que llen&oacute; de satisfacci&oacute;n los &uacute;ltimos a&ntilde;os de Carlos, cuando se enfrentaba con valent&iacute;a y un optimismo envidiable al c&aacute;ncer, fue la docencia en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la unam, donde imparti&oacute; cursos de lengua y cultura tojolabal destinados a los alumnos de licenciatura y posgrado en los programas de Filosof&iacute;a, Estudios Latinoamericanos y Mesoamericanos, pero abiertos a todos los interesados. Los j&oacute;venes educados en la desesperanza o en la autocomplacencia de la llamada posmodernidad abarrotaban el sal&oacute;n de clases para escuchar sentados hasta en el suelo al anciano maestro que, con voz fr&aacute;gil, les anunciaba, por medio de an&eacute;cdotas de su vida entre los tojolabales, la buena nueva de la existencia de una sociedad basada en relaciones horizontales de respeto mutuo y verdadera democracia, capaz de vivir en armon&iacute;a con la naturaleza y ajena al ego&iacute;smo individualista. Al mismo tiempo les despertaba la conciencia respecto de la necesidad de comprometerse con la construcci&oacute;n de una sociedad nacional m&aacute;s equitativa y tolerante. Inspirados por sus palabras, todos terminaban cantando las canciones compuestas por los indios que lo eran con orgullo. En agosto de 2010, Carlos se despidi&oacute; de los estudiantes, pues aunque su mente se manten&iacute;a l&uacute;cida y combativa, la enfermedad hab&iacute;a avanzado a tal grado que le imped&iacute;a continuar con la que asumi&oacute; como una misi&oacute;n. Tres meses despu&eacute;s, ataviado con la camisa que las tojolabales le hab&iacute;an bordado y portando el bast&oacute;n de autoridad que alg&uacute;n d&iacute;a le entreg&oacute; una comunidad, Carlos emprendi&oacute; la &uacute;ltima jornada. En manos de sus disc&iacute;pulos queda la tarea de trabajar para convertir en realidad la utop&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de colegas en el Centro de Estudios Mayas, Gudrun y Carlos son mis amigos y vecinos. A los dos les agradezco la generosidad que han mostrado, a lo largo de los a&ntilde;os, al haberme hecho part&iacute;cipe de sus recuerdos.</font></p>      ]]></body>
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