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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Martha Ilia N&aacute;jera Coronado, <i>'Los cantares de Dzitbalch&eacute;' en la tradici&oacute;n religiosa mesoamericana</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Silvia Lim&oacute;n Olvera</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico: UNAM, Coordinaci&oacute;n de Humanidades, Unidad Acad&eacute;mica de Ciencias Sociales y Humanidades, Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas, Centro de Estudios Mayas, 2007.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Investigaciones sobre Am&eacute;rica Latina y el Caribe, UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siempre, el que un manuscrito colonial sea publicado es de gran importancia, sobre todo si ese documento, adem&aacute;s de los datos hist&oacute;ricos que proporciona, constituye por a&ntilde;adidura un documento literario de uno de los pueblos ancestrales de M&eacute;xico con una gran tradici&oacute;n cultural: el maya. Este es el caso de <i>Los cantares de Dzitbalch&eacute;,</i> documento resguardado en la Biblioteca Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, que Alfredo Barrera V&aacute;zquez rescat&oacute; en 1946 y tradujo al castellano, con notas explicativas que lo enriquecen, y que en este libro se recogen junto con la transcripci&oacute;n de aquel documento en maya yucateco y el facs&iacute;mil de los originales. Aunado a esto, la obra ahora publicada ofrece, adem&aacute;s, un mayor aporte que supera a las ediciones anteriores, ya que ofrece un estudio que tiene como base la perspectiva de la historia de las religiones, a trav&eacute;s de la cual Martha Ilia N&aacute;jera Coronado aborda las antiguas creencias y ritos mayas a que se refieren los cantares que datan del siglo XVIII, analiza el complejo simbolismo de la religi&oacute;n maya y establece comparaciones con elementos semejantes de otras culturas de Mesoam&eacute;rica, como los nahuas del Altiplano Central o los mixtecos de Oaxaca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, <i>'Los cantares de Dzitbalch&eacute;'</i> <i>en la tradici&oacute;n religiosa mesoamericana</i> constituye la publicaci&oacute;n de una importante fuente maya de primera mano de origen colonial que deja ver tanto su raigambre prehisp&aacute;nica como la modificaci&oacute;n que experiment&oacute; el pensamiento maya a ra&iacute;z de la conquista espa&ntilde;ola. Por otro lado, N&aacute;jera interpreta los cantares, tarea nada f&aacute;cil por el lenguaje cr&iacute;ptico en el que est&aacute;n escritos, para lo cual se requiere un amplio conocimiento de la cultura y la religi&oacute;n de los mayas coloniales, ya que los cantares no abordan de manera expl&iacute;cita el mundo sagrado, aunque est&aacute;n imbuidos en &eacute;l. Esto implica conocer el antiguo corpus religioso que estuvo vigente en la &eacute;poca prehisp&aacute;nica, los cambios a los que fue sometido como consecuencia del contacto de los grupos originales con los europeos, proceso que implic&oacute; la incorporaci&oacute;n de elementos del cristianismo, resultando de ello una nueva religi&oacute;n sincretizada, que muestra la manera en que los mayas, a partir del periodo colonial, modificaron su manera de percibir y explicar el mundo. As&iacute;, el an&aacute;lisis que nos ofrece la obra desentra&ntilde;a la complejidad del simbolismo que compone los cantares para hacerlos asequibles al lector, aunque &eacute;ste no sea especialista en la materia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta edici&oacute;n la autora propone una nueva ordenaci&oacute;n de los cantares, diferente al que guarda el documento original, pues de acuerdo con la tem&aacute;tica que contienen los estructura en tres apartados, cada uno de los cuales presenta una secuencia interna. De esta manera, el estudio inicia con el cantar 8, de car&aacute;cter l&iacute;rico, que se refiere al canto lastimoso de las desventuras de un hu&eacute;rfano y la fragilidad emocional que le provoca su situaci&oacute;n. En el siguiente apartado incorpora los cantos que se refieren a los dioses y los mitos, mientras que en el &uacute;ltimo los correspondientes a los rituales. En estos dos cap&iacute;tulos, abundantes en informaci&oacute;n de contenido religioso, N&aacute;jera Coronado analiza las creencias y las ceremonias mayas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo del libro la autora aborda el tema de la caracterizaci&oacute;n de los principales dioses mayas, con lo cual introduce al lector en el complejo mundo de lo sagrado. As&iacute;, hace referencia al dios creador Hunab Ku, "Dios Uno", que representa la unidad y a quien los mayas dirig&iacute;an diversas oraciones que ten&iacute;an como finalidad agradecerle los beneficios y dones recibidos. Sobre esta deidad, Martha Ilia N&aacute;jera se pregunta si por sus rasgos fue una creaci&oacute;n de la &eacute;poca colonial o fue una divinidad maya que se asimil&oacute; con el dios cristiano. Este dios supremo, al igual que en diversas religiones, fue una deidad alejada de los seres humanos, que cre&oacute; a otros dioses para que realizaran la creaci&oacute;n, como fue el caso de Ometeotl entre los antiguos nahuas o de Viracocha entre los incas. Igualmente, presenta diversas manifestaciones y asociaciones con otras deidades, como Itzamn&aacute; (dios celeste), Bolon Dz'acab' (relacionado con la vegetaci&oacute;n y la regeneraci&oacute;n), Chaak (dios de la lluvia) y K'inich Ahaw (deidad solar que ha sido identificada con Jesucristo); mientras que Kis&iacute;n, dios de la muerte que habita en el inframundo, fue igualado a partir de la evangelizaci&oacute;n con el diablo del catolicismo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el extremo opuesto de los dioses se encuentran los seres deformes o disminuidos, a los que alude el cantar 10 como habitantes de edades anteriores, es decir, los intentos fallidos de las deidades para crear al hombre "ideal", capaz de alabar a las deidades. Dichas creaciones previas, que resultaron imperfectas, son personificadas en los <i>Los cantares de Dzitbalch&eacute;</i> por gigantes y enanos corcovados. Con respecto a los hombres de tama&ntilde;o desmedido que habitaron la tierra antes de que la humanidad actual fuera creada, existen diversas menciones en textos de origen nahua del Altiplano Central de M&eacute;xico, as&iacute; como entre los Incas de Per&uacute;, quienes cre&iacute;an que los grandes monolitos de Tiahuanaco, Bolivia, eran los restos de la humanidad anterior, quienes por no haber cumplido con los dioses recibieron una lluvia de fuego que los transform&oacute; en piedra. En la tradici&oacute;n maya, los enanos corcovados fueron destruidos por las deidades mediante una inundaci&oacute;n. Por otro lado, los <i>Anales de Tlatelolco</i> describen a Moctezuma II como un enano corcovado, con lo cual manifiestan su desprecio por el gobernante tenochca que ten&iacute;a sometidos a los tlatelolcas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cantares 2 y 6 se refieren a la relaci&oacute;n del hombre con la divinidad. El primero de ellos muestra la reverencia y el respeto al dios superior de los antiguos mayas, ahora identificado con el dios cristiano, y la forma en que el ser humano se comunica con la divinidad la cual, a pesar de su omnipotencia, puede ser accesible a cualquier individuo estableci&eacute;ndose, as&iacute;, un trato interpersonal. Por su parte, el cantar 6 se refiere a una pr&aacute;ctica sumamente com&uacute;n en Mesoam&eacute;rica: la abstinencia sexual, que implica un proceso de purificaci&oacute;n, y que frecuentemente era acompa&ntilde;ada del ayuno, la oraci&oacute;n y, en algunos casos, la suspensi&oacute;n del ba&ntilde;o como penitencia, pr&aacute;cticas que eran necesarias para que un ritual tuviera buenos resultados, ya que de lo contrario la ceremonia que se realizaba se contaminar&iacute;a con energ&iacute;a negativa, los dioses quedar&iacute;an ofendidos y, como consecuencia, enviar&iacute;an al transgresor enfermedades en sus partes sacras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Igualmente, el cantar 9 constituye una oraci&oacute;n dirigida al dios de la medicina Kit Bolon Tun, a la deidad celeste Itzamn&aacute; y a la divinidad creadora Hunab K'u, que era pronunciada por un especialista en la herbolaria para que las plantas medicinales no se agotaran. Destaca el concepto de los antiguos mayas sobre la salud y la enfermedad, generadas por las entidades sagradas a quienes hab&iacute;a que orar para contrarrestar los males y restituir el equilibrio corporal con el fin de recuperar la salud, a lo cual ayudaba, de acuerdo con las concepciones mesoamericanas, el empleo de algunas plantas probadas durante cientos de a&ntilde;os. En el proceso de curaci&oacute;n, como bien se&ntilde;ala la autora, el m&eacute;dico, que era un individuo con capacidades especiales que le permit&iacute;an acceder y dialogar con la divinidad, introduc&iacute;a al doliente en el tiempo m&iacute;tico de los dioses (en el momento de la creaci&oacute;n), acto ritual mediante el cual el enfermo era reconfortado por los dioses. En palabras de Martha Ilia N&aacute;jera, "la vida no puede ser reparada si no se recurre a un retorno a las fuentes originales" (20). Por tanto, nos se&ntilde;ala que medicina y religi&oacute;n estaban &iacute;ntimamente relacionadas en la ideolog&iacute;a de los antiguos pueblos mesoamericanos, concepto a&uacute;n presente en algunas comunidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo dedicado a los rituales, la autora analiza los cantares que se refieren a los ritos, los cuales est&aacute;n conformados por una serie de acciones simb&oacute;licas, significativas, concatenadas, que son determinadas por la tradici&oacute;n, es decir, por la sociedad a lo largo del tiempo con base en sus creencias y en la forma en que concibe a la divinidad. El ritual constituye la forma por medio de la cual un individuo o un grupo se relaciona con los dioses y est&aacute; conformado por una serie de actos que deben realizarse de una manera espec&iacute;fica para que tenga el efecto esperado, pues de lo contrario se corre el riesgo de, adem&aacute;s de no obtener el resultado adecuado, provocar la ira de los dioses y, as&iacute;, atraer consecuencias nefastas. Por ello, los ritos deben efectuarse en los espacios y tiempos precisos y estar dirigidos por un especialista en el contacto con lo divino o sobrenatural.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los ritos que est&aacute;n expresados en los cantares son clasificados por la autora en tres grupos: "Rituales de iniciaci&oacute;n femenina", "Rituales de final de periodo" y "Sacrificio por flechas". De ellos nos ofrece un minucioso an&aacute;lisis de los diversos s&iacute;mbolos implicados como las aves, el venado, el drag&oacute;n celeste, el jaguar, la ceiba, las flores, el agua, la noche y la luna, elementos que son manifestaciones de diversos dioses y de los cuales explica sus significados. De esta manera, desglosa para el lector el misterioso lenguaje de los cantares, con lo cual nos hace inteligible su contenido expresado en forma po&eacute;tica. Igualmente, para una mejor comprensi&oacute;n de los ritos, la autora presenta una comparaci&oacute;n de las ceremonias mayas que aparecen en los cantares con aqu&eacute;llas descritas en otros documentos y c&oacute;dices, as&iacute; como con ritos semejantes que practicaban diferentes grupos mesoamericanos en la &eacute;poca prehisp&aacute;nica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El rubro "Rituales de iniciaci&oacute;n femenina" se refiere a los llamados ritos de paso por medio de los cuales las j&oacute;venes cambiaban su estatus y ontolog&iacute;a de ni&ntilde;as a mujeres. N&aacute;jera comienza con el an&aacute;lisis del cantar que se refiere al ritual de iniciaci&oacute;n a la vida madura y f&eacute;rtil de la mujer. En esta ceremonia, seg&uacute;n nos explica, las j&oacute;venes ejecutaban una danza en el bosque durante la noche, tiempo dominado por la luna que correspond&iacute;a, seg&uacute;n la cosmovisi&oacute;n mesoamericana, al &aacute;mbito de lo femenino, adem&aacute;s de que la noche simbolizaba el regreso a la oscuridad de los or&iacute;genes. Por eso, "las j&oacute;venes se identifican con la luna, por ser la fuente de toda fertilidad y que nutre los ciclos vitales" (48). Asimismo, al participar en este ritual, las j&oacute;venes mor&iacute;an simb&oacute;licamente como ni&ntilde;as para renacer como mujeres, con todo el potencial de ser fecundadas para constituirse en reproductoras del ser humano y creadoras de vida, al igual que la diosa madre. En el cantar hay menciones de diferentes elementos significativos, como los instrumentos del hilado, actividad productiva propia de la mujer que se relaciona tambi&eacute;n con la capacidad de creaci&oacute;n; la presencia de un pozo, cuya agua tiene la facultad de purificaci&oacute;n pues representa las aguas primordiales, y la ropa nueva para las iniciadas que representa la forma de existencia que tendr&aacute;n a partir de ese momento. El an&aacute;lisis del ritual al que se refiere el canto est&aacute; basado en otras ceremonias que, con el mismo motivo, son descritas en documentos coloniales. Sin embargo, es necesario el conocimiento de estos &uacute;ltimos y de la antigua tradici&oacute;n maya para poder llevar al cabo la interpretaci&oacute;n del complejo simbolismo que nos ofrece la autora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otro lado, al comentar el cantar 4 N&aacute;jera expone el rico significado de la flor, elemento que encierra los conceptos del amor, del placer y de la reproducci&oacute;n. Nos aclara que el j&uacute;bilo que describe el canto se refiere al inicio, para la mujer, de la vida en pareja para cumplir con el designio de los dioses: la reproducci&oacute;n humana, que es equivalente a la regeneraci&oacute;n de la naturaleza. Igualmente, se&ntilde;ala que el simbolismo contenido en el canto y la menci&oacute;n de los dioses proyectan el acto de la reproducci&oacute;n al &aacute;mbito de lo divino. Finalmente, el cantar 15 se refiere al rito de paso del matrimonio, mediante el cual las j&oacute;venes alcanzaban el estatus de mujeres maduras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el apartado "Rituales de final de periodo", la investigadora analiza los cuatro cantares que se refieren a las ceremonias de terminaci&oacute;n de a&ntilde;o. El cantar 5 muestra la preocupaci&oacute;n por el transcurrir del tiempo, concepto que fue de gran importancia para los mayas desde la &eacute;poca prehisp&aacute;nica, seg&uacute;n se observa en los vestigios de las estelas del periodo Cl&aacute;sico y en los c&oacute;dices del Poscl&aacute;sico. Asimismo, el documento hace patente el inter&eacute;s del escriba por dejar asentado todo aquello que merece conservarse en la memoria y ser transmitido a las generaciones futuras, preocupaci&oacute;n que es evidente desde el periodo Cl&aacute;sico. La conciencia hist&oacute;rica de los mayas tambi&eacute;n aparece en los <i>Cantares</i> <i>de Dzitbalch&eacute;,</i> ya que sus autores, es decir, los miembros de la comunidad, hacen una evocaci&oacute;n de los antepasados que construyeron los grandes monumentos p&eacute;treos y son plenamente concientes de ser parte de su descendencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con respecto al Cantar 3, la autora hace un interesante an&aacute;lisis de los <i>wayeb',</i> es decir, los &uacute;ltimos cinco d&iacute;as sobrantes o vac&iacute;os del a&ntilde;o a los que se refiere dicho texto, d&iacute;as que eran considerados por los mayas y otros pueblos mesoamericanos como nefastos, ya que por reinar en ellos el dios de los muertos Kis&iacute;n pod&iacute;an suceder desgracias. Esos d&iacute;as, nos explica la investigadora, ten&iacute;an un simbolismo de muerte y significaban un regreso a la oscuridad y al desorden que antecedi&oacute; a la creaci&oacute;n; por eso lo importante y delicado de los rituales que se realizaban en ellos, ya que se retornaba a los or&iacute;genes para poder renacer. Pero al finalizar dicho periodo, la sociedad resurg&iacute;a renovada para iniciar el siguiente a&ntilde;o, con lo que se dejaba atr&aacute;s un tiempo desgastado que daba paso a uno nuevo lleno de posibilidades. Seg&uacute;n los mayas, en los d&iacute;as nefastos arriba mencionados se pod&iacute;a acabar el mundo; por eso era el tiempo de purgar los pecados, momento de penitencia y purificaci&oacute;n en el que s&oacute;lo se cumpl&iacute;a con la veneraci&oacute;n a los dioses. El significado que daban los mayas a esos d&iacute;as es complementado por la autora con el concepto que sobre ellos ten&iacute;an los nahuas, quienes los llamaban <i>nemontemi,</i> "d&iacute;as demasiados, sin necesidad", que carec&iacute;an de <i>tonalli,</i> es decir, "sin carga ni suerte", por lo que eran desdichados. Igualmente describe y expone los rituales que, de acuerdo con diferentes documentos coloniales, realizaban los mayas durante esos d&iacute;as delicados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cantar 12, que se refiere al anochecer del &uacute;ltimo d&iacute;a de los <i>wayeb',</i> lleva por nombre "el apagamiento del anciano sobre el monte", lo cual la autora equipara con la ceremonia del fuego nuevo que realizaban los nahuas cada 52 a&ntilde;os, y los mayas cada k'atun o periodo de 20 a&ntilde;os. Esta ceremonia, explica, marcaba el fin de un ciclo y el inicio de otro nuevo, siempre y cuando los dioses hubieran decidido que el mundo y la humanidad deb&iacute;an continuar. Por eso, durante el rito se reviv&iacute;a el tiempo anterior a la creaci&oacute;n, la sociedad se encontraba en un momento de indefinici&oacute;n entre la vida y la muerte. En relaci&oacute;n con &eacute;sto el cantar 11, en palabras de la autora, "es un himno de j&uacute;bilo por el renacimiento del astro solar" (83), pues se celebraba la regeneraci&oacute;n y el inicio de un nuevo ciclo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, Martha Ilia N&aacute;jera analiza el sacrificio por flechas descrito en los cantares 1 y 13, ceremonia que formaba parte de los rituales de fin de periodo y sobre el cual la autora realiza un estudio cuidadoso. Al ritual por flechamiento era expuesto un joven que deb&iacute;a ser casto y puro, y que era amarrado a una columna p&eacute;trea pintada de azul. &Eacute;sta representaba el &aacute;rbol del centro del cosmos, punto donde conflu&iacute;an las fuerzas de los cuatro extremos terrestres y de los tres pisos c&oacute;smicos: el cielo, la tierra y el inframundo, por lo cual constitu&iacute;a el <i>axis mundi</i> que simbolizaba el espacio atemporal de los dioses.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El canto establece que la muerte que sufr&iacute;a el joven no era un castigo, sino la oportunidad para reunirse con el dios supremo; adem&aacute;s era el encargado de llevarle las s&uacute;plicas de los hombres. El sacrificado, d&iacute;as antes de su inmolaci&oacute;n, era acompa&ntilde;ado por doncellas con las que ten&iacute;a trato sexual, con lo cual se generaba una energ&iacute;a fertilizadora que se trasladaba a la naturaleza. De esta manera, la investigadora establece que la ofrenda de la v&iacute;ctima era un acto por el cual la comunidad establec&iacute;a contacto con los dioses y constitu&iacute;a el don necesario para que las deidades permitieran la supervivencia de la sociedad. El drama ritual, expresado en el cantar como si se tratara de una cacer&iacute;a (pues los guerreros asaeteaban a la v&iacute;ctima), implicaba un intercambio sagrado. La muerte del sacrificado, que era una ofrenda a los dioses, aseguraba la supervivencia del grupo, las flechas simbolizaban los rayos del sol que fecundaban la tierra y la sangre del individuo, el semen divino del dios solar. Por ello el sacrificio se iniciaba al amanecer.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sacrificio por flechas, descrito de manera literaria en los cantares 1 y 13, es contextualizado por la autora dentro del proceso hist&oacute;rico de Mesoam&eacute;rica, pues explica que era practicado desde el Cl&aacute;sico Tard&iacute;o seg&uacute;n se observa en un grafiti del Templo II de Tikal. Asimismo, hay menciones de &eacute;l en cr&oacute;nicas coloniales tempranas que se refieren a diversos grupos mayas. Una de las grandes aportaciones del libro es que la autora rastrea dicho sacrificio entre los diversos grupos mesoamericanos, como los mixtecos y los nahuas, y encuentra que esa ceremonia est&aacute; relatada en manuscritos y dibujada en c&oacute;dices. Incluso, identifica esa pr&aacute;ctica entre los chichimecas y hasta en los pawnee de las grandes praderas de los Estados Unidos, quienes ofrec&iacute;an como v&iacute;ctima a una mujer al lucero de la ma&ntilde;ana. De esta manera, al analizar el rito entre diferentes grupos, aclara sus diversos significados y desentra&ntilde;a su complejo simbolismo en tanto confluencia y lucha de los principios opuestos complementarios. Lo clasifica como acto ritual asociado principalmente a la fecundaci&oacute;n que los rayos del sol provocan en la tierra para la producci&oacute;n de los alimentos. Igualmente, establece la relaci&oacute;n entre cacer&iacute;a, guerra y agricultura presente en la ceremonia, as&iacute; como su asociaci&oacute;n con el fin de ciclos y su objetivo de fortalecer al astro rey en periodos de crisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por todo lo anterior, el libro constituye una gran aportaci&oacute;n, ya que Martha Ilia N&aacute;jera analiza la estructura y el significado de los ritos y de las creencias que aparecen en los <i>Cantares,</i> y los ubica dentro del contexto mesoamericano para mostrarnos las bases comunes existentes entre los diversos grupos que habitaron la regi&oacute;n. En este mismo tenor, la autora muestra c&oacute;mo algunos de los conceptos y pr&aacute;cticas referidas en el documento no fueron exclusivos de los mayas, sino que formaron parte del complejo pensamiento, cosmovisi&oacute;n y religi&oacute;n de Mesoam&eacute;rica. Igualmente, destaca que los <i>Cantares de Dzitbalch&eacute;</i> son una muestra del pensamiento religioso maya colonial; en ellos se puede apreciar la forma en que diversos conceptos del periodo fueron heredados de &eacute;pocas anteriores, as&iacute; como la manera en que se integraron con algunas ideas cristianas tra&iacute;das por los espa&ntilde;oles.</font></p>      ]]></body>
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