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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Claude&#45;Fran&ccedil;ois Baudez, <i>Una historia de la religi&oacute;n de los antiguos mayas</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mar&iacute;a del Carmen Valverde Vald&eacute;s</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Antropol&oacute;gicas, Centro Franc&eacute;s de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, Centre Culture et de Coop&eacute;ration pour L'Am&eacute;rique Centrale, 1005: 427 pp. + mapas, figuras, ilustraciones, fotos.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Centro de Estudios Mayas, IIFL, UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siempre es dif&iacute;cil hacer la rese&ntilde;a de un libro sin caer en la tentaci&oacute;n de glosarlo, y en este caso en particular resulta todav&iacute;a mayor la tentaci&oacute;n, por el car&aacute;cter mismo de la obra. Por esta raz&oacute;n, centrar&eacute; mis comentarios en algunos de los puntos que trata el autor y que me parecieron de mayor inter&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si atendemos al t&iacute;tulo, se trata de una historia m&aacute;s de la religi&oacute;n de los antiguos mayas entre tantas otras que, como el mismo autor se&ntilde;ala, se han escrito. Sin embargo, no debemos dejarnos guiar por este enunciado. Estamos frente a un trabajo en gran medida innovador, ya que tiene la particularidad de presentar una interpretaci&oacute;n general, amplia y exhaustiva del universo religioso maya, pero acotada a un tiempo y un espacio determinados, en funci&oacute;n de las evidencias con que se cuentan: por un lado, &uacute;nicamente se analizan las Tierras Bajas (apunta el autor que no incluye Tierras Altas por sus caracter&iacute;sticas particulares), y por otro, s&oacute;lo se estudian los per&iacute;odos Cl&aacute;sico y Poscl&aacute;sico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es necesario se&ntilde;alar que los l&iacute;mites temporales y espaciales de la investigaci&oacute;n atienden al postulado metodol&oacute;gico, o la columna vertebral en la que se sustenta todo el trabajo, que en realidad deber&iacute;a ser el planteamiento de cualquier historiador serio y riguroso; esto es, que se pueden hacer interpretaciones o afirmaciones coherentes y "fidedignas" de un universo cultural determinado, siempre y cuando se cuente con los elementos necesarios para ello, y para cualquier investigaci&oacute;n hist&oacute;rica se requiere de un <i>corpus</i> documental homog&eacute;neo. Por ello las fuentes que Baudez utiliza para analizar el universo sagrado de los mayas, son &uacute;nicamente los testimonios o los vestigios del momento que analiza. As&iacute;, para la &eacute;poca Cl&aacute;sica, interpreta los elementos de los restos arqueol&oacute;gicos de ese entonces, evitando caer en la tentaci&oacute;n de utilizar fuentes coloniales o etnogr&aacute;ficas. Por el contrario, para el Poscl&aacute;sico, conjuntamente con los datos arqueol&oacute;gicos (sobre todo del norte de la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n y la Costa Oriental de la misma), el autor emplea los etnohist&oacute;ricos: c&oacute;dices, cr&oacute;nicas ind&iacute;genas escritas en alfabeto latino y testimonios de los espa&ntilde;oles, aunque no deja de se&ntilde;alar las limitaciones que &eacute;stas tienen producto del momento en que se hicieron, por qui&eacute;n o quienes las escribieron y bajo qu&eacute; condiciones. De cualquier forma, en este caso, Baudez considera que existe homogeneidad, y se puede hablar de un conjunto coherente entre estas distintas evidencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En &uacute;ltima instancia, lo que el libro vuelve a poner sobre la mesa de debate es la discusi&oacute;n, que sigue siendo v&aacute;lida y pertinente pero por dem&aacute;s pol&eacute;mica, entre continuidad y cambios o "disyunciones", para utilizar el t&eacute;rmino de Panofsky, acu&ntilde;ado por Kubler, de las concordancias entre las formas y los significados, en este caso de las im&aacute;genes sagradas, mesoamericanas en general, y mayas en particular, a lo largo del tiempo. Se parte entonces de la base de que conforme transcurre el tiempo, los sistemas simb&oacute;licos cambian y las mismas formas pueden adquirir significados diferentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es as&iacute; que, sin perder de vista la existencia de los grandes temas mesoamericanos comunes, como la bipolaridad del cosmos, los ciclos temporales y las creaciones sucesivas o el enfrentamiento de las fuerzas de la vida y la muerte en el inframundo, y que &eacute;stos se encuentran representados pr&aacute;cticamente a lo largo de toda la historia maya y casi en cualquier regi&oacute;n, el autor expone sus dudas sobre estas asociaciones autom&aacute;ticas y en ocasiones irresponsables, al empe&ntilde;arse en encontrar en la iconograf&iacute;a del Cl&aacute;sico los personajes de los mitos escritos despu&eacute;s de la Conquista (concretamente las "im&aacute;genes" de los gemelos del <i>Popol Vuh</i> en las vasijas pintadas del Cl&aacute;sico). Es cierto que en ocasiones existen algunos elementos en estos escritos que nos puedan dar alguna luz sobre cierta representaci&oacute;n iconogr&aacute;fica, pero Baudez opina que los textos del siglo XVI siempre deben tomarse con reserva y no abusarse del <i>Popol Vuh,</i> como ha venido sucediendo en las &uacute;ltimas fechas. En otras palabras, el autor llama nuestra atenci&oacute;n sobre este hecho, se&ntilde;alando los problemas y las pocas probabilidades que existen de encontrar en im&aacute;genes del Cl&aacute;sico los mismos elementos, como si fueran paradigmas inmutables de los textos coloniales. Se&ntilde;ala que tampoco debe abusarse de la identificaci&oacute;n de dioses o elementos mayas con los aztecas (como G II y Tezcatlipoca), ni preponderarse la "lectura fon&eacute;tica" de los epigrafistas, en detrimento de la imagen; es decir, cualquier lectura deber&iacute;a contemplar los elementos iconogr&aacute;ficos que la acompa&ntilde;an, y a juicio del autor, esto no siempre ha sido as&iacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De igual forma, con las reservas que plantea cualquier objeto descontextualizado, abre las puertas al an&aacute;lisis, estudio e interpretaci&oacute;n de las vasijas pintadas, en donde, como sabemos, no s&oacute;lo se encuentran escenas palaciegas y de la "vida" &#151;incluyendo en este t&eacute;rmino tambi&eacute;n de muerte&#151; de los gobernantes, sino incluso gran cantidad de animales emblem&aacute;ticos, im&aacute;genes cosmol&oacute;gicas y escenas mitol&oacute;gicas; as&iacute; que, repito, tom&aacute;ndolas con reservas ya que en muchas ocasiones se encuentran fuera de contexto, representan una fuente invaluable de conocimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En gran medida, lo atractivo de este libro no es &uacute;nicamente el tema en s&iacute; mismo, de por s&iacute; fascinante, sino tambi&eacute;n el hecho de que a lo largo de todo el texto Baudez nos lleva de la mano por un recorrido, que en ocasiones se antoja m&aacute;gico, a trav&eacute;s de las principales ciudades mayas, se&ntilde;alando en cada momento sus rasgos caracter&iacute;sticos y sus elementos distintivos, y desentra&ntilde;ando sus secretos a partir del an&aacute;lisis de sus formas, sus estructuras, su disposici&oacute;n espacial. A mi juicio, llega a conclusiones s&oacute;lidas a partir de convincentes lecturas de la imagen, de serios an&aacute;lisis iconogr&aacute;ficos, aunque como &eacute;l dice, siempre sea m&aacute;s f&aacute;cil identificar una escena m&iacute;tica que interpretarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando nos adentramos a los recintos religiosos del per&iacute;odo Cl&aacute;sico, lugares definidos como espacios o construcciones cuyo prop&oacute;sito principal era albergar un culto o un ritual, recorremos las cuevas y la representaci&oacute;n arquitect&oacute;nica de sus entradas en los edificios teratomorfos. En este punto, el autor pone en duda la correcta identificaci&oacute;n de los t&iacute;picos mascarones de los estilos Chenes, Puuc o R&iacute;o Bec de la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n, como Chac, dios de la lluvia, y los vincula, a mi parecer con evidencias significativas, m&aacute;s bien con el monstruo terrestre, el <i>cauac</i> del per&iacute;odo Cl&aacute;sico, &eacute;se que se flanquea para ingresar a estos templos&#45;monstruo. Considera que ambos (el monstruo <i>cauac</i> y los mascarones de Chac), lejos de presentar una oposici&oacute;n iconogr&aacute;fica, comparten los mismos rasgos de saurio, de reptil: cocodrilo, sapo o incluso tortuga u otros tantos animales que nos remiten a un entorno anfibio, terrestre, acu&aacute;tico. Para los mayas &#151;seg&uacute;n palabras de Baudez&#151;, tanto la Tierra como el Sol eran entidades tan complejas que no pod&iacute;an tener un rostro propio, por lo tanto la &uacute;nica manera de representarlas era a partir de mascarones con sus atributos esenciales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, la relaci&oacute;n entre el monstruo terrestre y el soberano puede ser din&aacute;mica: "El rey que surge de la hendidura frontal o de entre las fauces del monstruo es asimilado al sol naciente en una met&aacute;fora de entronizaci&oacute;n; paralelamente, quien cae en las profundidades del inframundo, muere cual el sol poniente",<sup><a href="#notas">2</a></sup> y de esta forma, la muerte es una promesa de renovaci&oacute;n, y el soberano, "por m&aacute;s glorioso e importante que sea, representa un eslab&oacute;n de la cadena din&aacute;stica, comparable con el ciclo solar".<sup><a href="#notas">3</a></sup> No es nueva la idea de que el soberano maya se equiparaba al Sol; lo que resulta innovador en este caso es encontrar esta asociaci&oacute;n en la lectura iconogr&aacute;fica de los vestigios arquitect&oacute;nicos o esculpidos, como la interpretaci&oacute;n del programa iconogr&aacute;fico de la cripta del Templo de las Inscripciones de Palenque.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Volviendo a la relaci&oacute;n monstruo terrestre&#45;soberano, tambi&eacute;n se puede indicar con ella que el origen del poder debe situarse en el lugar de los or&iacute;genes, en el umbral del inframundo. As&iacute;, mientras que el linaje surge del inframundo, el lugar del soberano en el mundo de los "vivos" es el cielo. En este sentido, la iconograf&iacute;a en torno a la persona del gobernante, que representa al conjunto de sus s&uacute;bditos, y que est&aacute; ubicado en un entorno c&oacute;smico, al centro de un cosmograma vertical, es decir, en una imagen en elevaci&oacute;n del universo &#151;en las crester&iacute;as de los templos, por ejemplo&#151;, es muy recurrente, e incluso, considera Baudez, existe desde el Precl&aacute;sico Tard&iacute;o, y desde la costa del Pac&iacute;fico y los Altos de Guatemala. Podr&iacute;amos decir que el mandatario, con el rayo entre las manos (el cetro maniqu&iacute;, generalmente conocido &#151;por error, seg&uacute;n Baudez&#151; como dios K) como s&iacute;mbolo de su poder &#151;un poder fertilizante, generador&#151;, es entonces un ser sacralizado que tiene, entre otras virtudes, la facultad de transitar por los distintos niveles del cosmos, y su funci&oacute;n es establecer v&iacute;nculos entre el mundo de abajo y el mundo de arriba, el mundo de los hombres y el de las deidades. Es el poste o el &aacute;rbol c&oacute;smico que sostiene el cielo y ordena el universo. Como ya se ha se&ntilde;alado en otros trabajos, en estelas como las de Cop&aacute;n, estamos frente a este complejo simb&oacute;lico: gobernante&#45;&aacute;rbol&#45;poste&#45;pilar&#45;veh&iacute;culo entre el mundo inferior y el superior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que el autor llama <i>templos din&aacute;sticos,</i> queda de manifiesto el enorme poder&iacute;o de los dignatarios. El car&aacute;cter monumental de estas construcciones no deja lugar a dudas acerca del valor sobrenatural que se les confer&iacute;a, y muy probablemente debieron de haber estado consagrados a los ancestros fundadores del linaje.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro tema que aborda Claude Baudez como un intento de reconstruir una geograf&iacute;a sagrada, y que se puede analizar a partir de la disposici&oacute;n particular de los vestigios arquitect&oacute;nicos, de edificios y plazas, as&iacute; como de las ofrendas de fundaci&oacute;n o incluso de algunas im&aacute;genes (sobre todo las que se han llamado las "danzas del inframundo", que seguramente realizaban tambi&eacute;n los vivos sobre la tierra), es el de la recreaci&oacute;n de un microcosmos, de un universo en el que sin duda los sacerdotes realizaban, entre otras ceremonias, recorridos rituales, donde es probable que se tomaran en cuenta los cuatro rumbos, las cuatro esquinas c&oacute;smicas, con su ponto central. Estos espacios para escenificaciones de car&aacute;cter ritual, analizados en Cop&aacute;n, Palenque y Tikal constituyen, en palabras de Baudez, cosmogramas de vocaci&oacute;n esc&eacute;nica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seguramente uno de estos recorridos rituales deb&iacute;a ser efectuado por el soberano, como parte del proceso de entronizaci&oacute;n. Para esto, el futuro mandatario debi&oacute; de haber llevado a cabo ritos de iniciaci&oacute;n que incluyeran el descenso al inframundo, al &aacute;mbito de las aguas subterr&aacute;neas, de los esp&iacute;ritus de la vegetaci&oacute;n, as&iacute; como la morada del sol nocturno y de los muertos; simb&oacute;licamente el individuo deb&iacute;a morir a la vida profana para posteriormente renacer, cargado de sacralidad. En este sentido, existen configuraciones arquitect&oacute;nicas aptas para este ritual; no resulta descabellado que los subterr&aacute;neos o "laberintos" de algunas ciudades, oscuros, fr&iacute;os y h&uacute;medos, hayan tenido esta funci&oacute;n: que hubieran sido "inframundos," por los que se transitaba y donde posiblemente el futuro mandatario permanec&iacute;a por alg&uacute;n tiempo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero as&iacute; como debi&oacute; de haber habido recorridos inici&aacute;ticos subterr&aacute;neos, debieron de haber existido tambi&eacute;n los que se llevaban a cabo sobre la superficie terrestre; por lo menos en la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n. Estas "peregrinaciones" &#151;por llamarlas de alguna manera&#151; debieron de haberse hecho recorriendo los <i>sac beoob,</i> estas calzadas blancas construidas, ya fuera dentro de las mismas ciudades para transitar de un espacio sagrado a otro, como en Labn&aacute;, San Gervacio en Cozumel, Dzibilchalt&uacute;n o Chich&eacute;n Itz&aacute;, s&oacute;lo por mencionar algunos ejemplos, o bien las que surcaban las selvas mayas, cuyo verde follaje se convert&iacute;a en un espejo del cielo con su v&iacute;a l&aacute;ctea. Por estos caminos, a decir de Mercedes de la Garza, seguramente se realizaban viajes inici&aacute;ticos a regiones sagradas, y se establec&iacute;an v&iacute;nculos, tambi&eacute;n sagrados, entre distintas urbes, creando lazos, "amarr&aacute;ndolas" como si fuesen cuerdas, uni&eacute;ndolas a trav&eacute;s de rituales que seguramente se hac&iacute;an durante el trayecto.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hablar de ritual sin mencionar el sacrificio o el autosacrificio ser&iacute;a dejar fuera un tema fundamental, de manera que aqu&iacute; tambi&eacute;n se abordan. Me parece significativo se&ntilde;alar, adem&aacute;s del hecho en s&iacute; mismo, el car&aacute;cter simb&oacute;lico de los utensilios usados en estas pr&aacute;cticas rituales. As&iacute; por ejemplo, el uso de la espina de la mantarraya se populariz&oacute; no s&oacute;lo por ser un instrumento punzante, y tajante, sino tambi&eacute;n por su procedencia marina.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La dualidad, que perm&eacute;a gran parte del pensamiento sagrado maya, est&aacute; presente tanto en espacios p&uacute;blicos como en el de los juegos de pelota, donde contend&iacute;an las fuerzas de la oscuridad y de la muerte, representadas precisamente por el se&ntilde;or de la muerte, frente a las fuerzas vitales y luminosas encarnadas por el mandatario, como en las representaciones del monstruo c&oacute;smico. Este ser intencionalmente ambivalente, a veces tierra, a veces cielo, muestra que ambos (tierra y cielo) son esencialmente semejantes, cada uno es el espejo del otro. Aunque en opini&oacute;n del autor, el cielo tiene un papel secundario, ya que, aunque sea morada de los ancestros y del rayo personificado que brinda protecci&oacute;n al soberano, carece de esa funci&oacute;n misteriosa de transmutar la muerte en vida, que se lleva a cabo en el laboratorio subterr&aacute;neo. En palabras de Baudez: "su car&aacute;cter dial&eacute;ctico y bic&eacute;falo permite plantear expl&iacute;citamente la oposici&oacute;n bipolar que da fundamento al pensamiento maya".<sup><a href="#notas">5</a></sup> Y as&iacute; como hay un aspecto h&uacute;medo y vivo de la tierra y del mundo subterr&aacute;neo, hay otro muerto y seco, y ambos est&aacute;n representados en los dos polos que componen las dos cabezas contrapuestas del monstruo c&oacute;smico. Entonces, una propuesta interpretativa del autor, y que puede resultar controversial, es que "la dial&eacute;ctica fundamental en torno a la cual se halla organizado todo el pensamiento cosmol&oacute;gico, no se refiere al cielo y la tierra sino a dos aspectos de la tierra. El aspecto h&uacute;medo vivo y f&eacute;rtil, representado por el monstruo <i>cauac,</i> que se opone al aspecto muerto, seco y est&eacute;ril &iexcl;lustrado por el sol nocturno".<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta dualidad o ambivalencia est&aacute; presente de igual forma en otros muchos elementos: los llamados dioses remeros, por ejemplo, o el contraste entre lo claro y oscuro, expresado en las ofrendas de fundaci&oacute;n &#151;im&aacute;genes &eacute;stas del cosmos&#151; por el s&iacute;lex y la obsidiana, la concha y el jade, en donde adem&aacute;s, el simbolismo de los objetos y de los materiales utilizados se ve reforzado por el simbolismo num&eacute;rico. Los mismos materiales y formas de las ofrendas se encuentran tambi&eacute;n en contextos funerarios, en donde existe, aqu&iacute; s&iacute;, una enorme homogeneidad en los entierros y elementos asociados, a lo largo del tiempo y del espacio. A juicio del autor, estar&iacute;amos ante todo frente a una "invocaci&oacute;n a las fuerzas vitales, mediante la manipulaci&oacute;n de sus s&iacute;mbolos." Es probable que tanto en los entierros como en las ofrendas se hubiera buscado "infundir la vida" al templo reci&eacute;n erigido o al individuo reci&eacute;n enterrado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Junto con la tierra, el sol es la otra fuerza o energ&iacute;a a la que se alude en los discursos iconogr&aacute;ficos con mayor frecuencia. De los dos existentes, el diurno y el nocturno, tal parecer&iacute;a que el segundo ser&iacute;a el m&aacute;s importante si atendemos al n&uacute;mero de sus representaciones. Siendo el que algunos investigadores designan como "dios jaguar" o "jaguar del inframundo," nos remite precisamente al sol nocturno, simbolizado tambi&eacute;n con un personaje con arrugas en el rostro, que remite a su edad avanzada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este punto Baudez no duda en hacer todo un replanteamiento de las valencias simb&oacute;licas tradicionalmente atribuidas a la tr&iacute;ada palencana. G I, G II y G III, aspecto que no voy a tratar aqu&iacute;, pero s&iacute; me parece pertinente se&ntilde;alar por el momento que para el autor uno de los ejemplos m&aacute;s claros del modo en que cambia la religi&oacute;n maya con el tiempo, y de que hablar de continuidades resulta problem&aacute;tico, son los distintos significados atribuidos a Gl a lo largo del per&iacute;odo Cl&aacute;sico.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No quiero terminar sin dedicar algunas palabras al Poscl&aacute;sico, cuando con los numerosos cambios que implic&oacute; la llegada de la influencia extranjera a Chich&eacute;n Itz&aacute; la ciudad se convierte &#151;en opini&oacute;n del autor&#151; en el &uacute;nico centro urbano importante en la Pen&iacute;nsula y en la cuna de la transici&oacute;n, ya que en ella se encuentran en forma latente las innovaciones que se hacen manifiestas en el siguiente per&iacute;odo. Las representaciones y creencias, a la luz de las evidencias mostradas por Baudez, sufrieron entonces una modificaci&oacute;n sustancial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es cierto que algunos seres sobrenaturales, como el llamado dios N y los bacabes, que aparecen al lado de las representaciones de los guerreros, ya exist&iacute;an durante el Cl&aacute;sico Tard&iacute;o, pero otros, como el dios K de los c&oacute;dices, al parecer son creaciones locales, y otros m&aacute;s corresponder&iacute;an a personajes importados, como Tezcatlipoca o Cipactli, y ahora todos ellos no son personajes de mitos o representantes de fuerzas c&oacute;smicas, sino que participan activamente al lado de los guerreros, en los ritos en los que adem&aacute;s son beneficiarios. Todo, de alguna u otra manera, expresa la descentralizaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico, militar y sacerdotal, as&iacute; como una nueva divisi&oacute;n del espacio ritual. Esta misma realidad, en la que al parecer hab&iacute;a declinado el poder individual del soberano para dar paso al poder&iacute;o de las familias o los linajes; en la que hab&iacute;an desaparecido los monumentos hist&oacute;ricos; se hab&iacute;a abandonado el gran ciclo calend&aacute;rico y proliferaban &iacute;dolos y dioses, es la que a fin de cuentas encuentran los espa&ntilde;oles en el siglo XVI. Si alguna vez durante el Cl&aacute;sico se pudo haber pensado en cierto tipo de concepci&oacute;n lineal en torno al devenir, plasmada en la vida y muerte de los soberanos, como proponen algunos investigadores, ahora en el Poscl&aacute;sico, el tiempo c&iacute;clico en el que los hombres intentan preservar el orden c&oacute;smico, organizando de la mejor manera posible la transici&oacute;n entre el final de un ciclo y el principio del otro, est&aacute; m&aacute;s presente que nunca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, me gustar&iacute;a se&ntilde;alar que este trabajo es un buen ejemplo de c&oacute;mo a partir del an&aacute;lisis sistem&aacute;tico, cuidadoso e integrador del discurso iconogr&aacute;fico de templos y monumentos, y de textos, cuando &eacute;stos son pertinentes, se puede presentar, con toda seriedad y rigor acad&eacute;mico, una historia de la religi&oacute;n de los antiguos mayas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Op. cit..</i> p. 89.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> <i>Ibid.</i></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> De la Garza, conferencia: <i>"Sacbeoob,</i> 'Caminos Blancos' y rutas de peregrinaci&oacute;n", en <i>Estudios sobre religi&oacute;n en Iberoam&eacute;rica,</i> agosto de 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3390863&pid=S0185-2574200500010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> Baudez. <i>op. cit.,</i> p. 150.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> <i>Ibid..</i> pp. 244&#45;245.</font></p>      ]]></body><back>
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