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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Lynneth Lowe, <i>El &aacute;mbar en Chiapas y su distribuci&oacute;n en Mesoam&eacute;rica</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Tom&aacute;s P&eacute;rez Su&aacute;rez*</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico. Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas, Centro de Estudios Mayas, 2004: 171 pp. + figuras, fotos, mapas, gr&aacute;ficas (Cuadernos del Centro de Estudios Mayas, 31).</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Centro de Estudios Mayas, IIFL, UNAM.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda este libro viene a llenar un espacio significativo en el estudio de los materiales arqueol&oacute;gicos precolombinos. A trav&eacute;s de los a&ntilde;os y de las culturas el hombre ha conferido cargas antag&oacute;nicas a las excreciones y secreciones, ya sean &eacute;stas humanas, animales, vegetales, terrestres y aun astrales, pues en muchas culturas de Mesoam&eacute;rica se consideraba que el oro era excremento del Sol y la plata de la Luna. Las resinas, sangre de los &aacute;rboles, como el hule, el chicle y, sobre todo, el copal, eran altamente valoradas; al grado de que el humo de este &uacute;ltimo se ten&iacute;a por comida para los dioses. Es posible que los mesoamericanos igualmente atribuyeran al &aacute;mbar, resina f&oacute;sil que tambi&eacute;n se quema y desprende una sustancia arom&aacute;tica, tuviera el mismo origen que el copal. Cabe se&ntilde;alar que muchos objetos de &aacute;mbar recuperados en las excavaciones arqueol&oacute;gicas, fueron confundidos con copal, como bien se ilustra en las p&aacute;ginas de este interesante trabajo que aqu&iacute; se rese&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La autora, de una manera di&aacute;fana y transparente como el material estudiado, inicia su libro con una serie de conceptos generales pero relevantes para el estudio del &aacute;mbar. En el primer cap&iacute;tulo, titulado "Una gema con historia", da cuenta del origen, composici&oacute;n qu&iacute;mica, formaci&oacute;n geol&oacute;gica, caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas, usos, denominaciones y aspectos culturales de las distintas variedades de esta resina f&oacute;sil, cuya antig&uuml;edad, en el caso del &aacute;mbar chiapaneco, ronda los veinte millones de a&ntilde;os, edad bastante joven si se le compara con otros yacimientos cuyas fechas pueden alcanzar hasta los trescientos millones de a&ntilde;os.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n se hace menci&oacute;n de las distintas localidades del mundo donde se han detectado y explotado yacimientos de esta gema, registr&aacute;ndose el uso, en el Viejo Mundo, desde hace por lo menos treinta mil a&ntilde;os. La constante presencia de artefactos de &aacute;mbar en los registros arqueol&oacute;gicos se&ntilde;ala el aprecio que se le ten&iacute;a en diversas &eacute;pocas y culturas, as&iacute; como sus patrones de distribuci&oacute;n y las cambiantes rutas de comercio a lo largo de la historia. La palabra &aacute;mbar, con la que en castellano se conoce esta resina, es de origen &aacute;rabe. Los griegos le llamaban <i>electr&oacute;n,</i> y los romanos <i>succinum.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Atendiendo a su formaci&oacute;n acad&eacute;mica, la autora recurre a las premisas de la llamada arqueolog&iacute;a sist&eacute;mica, y considera las cuatro diferentes etapas en las cuales puede hallarse un artefacto dentro del contexto arqueol&oacute;gico. Es decir su obtenci&oacute;n y manufactura, distribuci&oacute;n, uso o consumo, y finalmente su desecho, mediante el cual pasa del contexto sist&eacute;mico al contexto arqueol&oacute;gico. En el caso del &aacute;mbar mesoamericano, se reconoce la falta de trabajos enfocados a la etapa de obtenci&oacute;n y manufactura, deficiencia que se puede subsanar mediante la analog&iacute;a etnogr&aacute;fica, ya que se considera probable que los m&eacute;todos tradicionales, practicados a&uacute;n en la actualidad, fueran similares a los utilizados en la &eacute;poca prehisp&aacute;nica y colonial. La informaci&oacute;n que proporcionan las fuentes hist&oacute;ricas complementa este panorama y agrega datos que la arqueolog&iacute;a no posee.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">S&oacute;lidos y sustanciosos son los apartados donde se estudia la procedencia y caracterizaci&oacute;n qu&iacute;mica de este material y sus rutas en la arqueolog&iacute;a del Viejo Mundo. Mediante una exhausta revisi&oacute;n de las t&eacute;cnicas utilizadas por f&iacute;sicos y qu&iacute;micos, que tanto han apoyado los estudios de procedencia, se brinda un amplio panorama de los problemas por los que han atravesado las investigaciones tendientes a esclarecer or&iacute;genes, composici&oacute;n y distribuci&oacute;n del &aacute;mbar. Los resultados de esta revisi&oacute;n le permiten a la autora aseverar que las diversas t&eacute;cnicas aplicadas hasta ahora solamente permiten diferenciar el &aacute;mbar mesoamericano de los del B&aacute;ltico, y aun de los dominicanos, pero que en el estado actual de los conocimientos, no es posible establecer una diferencia entre los de Simojovel y Totolapa, los dos yacimientos m&aacute;s importantes de Chiapas, y al parecer, las fuentes de casi todo el &aacute;mbar prehisp&aacute;nico conocido.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con esta premisa, en el segundo cap&iacute;tulo de la obra, la autora se adentra en el estudio del &aacute;mbar en Chiapas. Destaca que aunque los yacimientos chiapanecos fueron conocidos desde tiempos prehisp&aacute;nicos, y su explotaci&oacute;n continu&oacute; en la &eacute;poca colonial, el primer reporte moderno sobre esta gema fue realizado a fines del siglo XIX. En el apartado denominado "Antecedentes" se revisan todos los reportes modernos que a la fecha se han realizado sobre naturaleza, explotaci&oacute;n y aprovechamiento de este recurso no renovable. Tambi&eacute;n se brindan pormenores de los estudios geol&oacute;gicos y culturales, y se identifica la especie vegetal generadora de esta resina f&oacute;sil: un antepasado del &aacute;rbol que ahora llamamos guapinol (<i>Hymenaea courbaril</i>), de donde se gener&oacute; pr&aacute;cticamente todo el &aacute;mbar chiapaneco.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro apartado de este segundo cap&iacute;tulo se refiere a los yacimientos y su explotaci&oacute;n. Se analizan y describen las minas y las t&eacute;cnicas de extracci&oacute;n, as&iacute; como la edad geol&oacute;gica de los estratos y materiales asociados, donde suelen localizarse las vetas de &aacute;mbar. Las t&eacute;cnicas de limpieza, tallado y pulido, de igual manera se abordan detalladamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Interesante tambi&eacute;n es la informaci&oacute;n sobre el uso tradicional y funci&oacute;n de los objetos de &aacute;mbar entre los pueblos ind&iacute;genas contempor&aacute;neos. Sobre todo como protecci&oacute;n del "mal de ojo". Seg&uacute;n esta creencia, la sustancia tiene la capacidad an&iacute;mica de ser utilizada como remedio preventivo, y es capaz de asegurar la protecci&oacute;n a quien porta estos objetos, por lo que muchos ni&ntilde;os ind&iacute;genas, y mestizos, contin&uacute;an utilizando pulseras o collares con cuentas de &aacute;mbar como amuletos. Esta creencia, si bien puede tener un origen prehisp&aacute;nico, pudo igualmente derivar del uso de los rosarios manufacturados en &aacute;mbar, tan frecuentemente mencionados en las fuentes coloniales. La curiosa oraci&oacute;n del &aacute;mbar, que se incluye en este libro, as&iacute; lo sugiere:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Piedra &aacute;mbar que con la sant&iacute;sima Piedra Im&aacute;n fuiste brotada de la tierra para nuestro beneficio. Por la virtud que deposit&oacute; en ti la Sagrada Mano de Dios Inmortal, yo te conjuro a que libres a mi familia de los males terrenales, cures a los ni&ntilde;os de espanto, aire de la mirada de los malignos y que con tu color de pureza noble libres mi hogar de sobresaltos y del Demonio que acecha. Por eso, &aacute;mbar, yo te llevo conmigo y te pongo en la tierna criatura, as&iacute; como bendigo tus virtudes y poder&iacute;o. Santigu&aacute;ndome contigo rezo Tres Padres Nuestros (p&aacute;g. 57).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer cap&iacute;tulo del libro, "El &aacute;mbar en Mesoam&eacute;rica seg&uacute;n las fuentes hist&oacute;ricas", es el m&aacute;s extenso. Aqu&iacute;, como se dice coloquialmente, la autora tuvo mucha tela de donde cortar. Todas y cada una de las fuentes coloniales, ya sean de tradici&oacute;n ind&iacute;gena o europea, que mencionan el uso de este material, fueron ampliamente analizadas. Tomando como base las obras de fray Bernardino de Sahag&uacute;n y muchos otros cronistas, se brindan y esclarecen conceptos, variedades y yacimientos, seg&uacute;n las creencias de la &eacute;poca prehisp&aacute;nica que a&uacute;n estaban presentes, pero tambi&eacute;n se advierte sobre las ideas europeas que imperaban al momento de contacto y durante la &eacute;poca colonial.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de analizar la etimolog&iacute;a de la palabra n&aacute;huatl <i>apozonalli</i> (espuma de agua), con la que se conoc&iacute;a esta gema entre los pueblos del Altiplano de M&eacute;xico, se mencionan los nombres de las variedades seg&uacute;n su color, mostr&aacute;ndonos con ello el car&aacute;cter po&eacute;tico de los t&eacute;rminos: <i>Coztic apozonalli</i> (&aacute;mbar amarillo, que tiene dentro de s&iacute; una centella de fuego). <i>Quetzal apozonalli</i> (&aacute;mbar verde, como las preciosas plumas del quetzal) e <i>Iztac apozonalli</i> (&aacute;mbar blanco, que no es transparente ni es muy precioso). Diccionarios, vocabularios, descripciones en obras generales y fuentes iconogr&aacute;ficas, son analizadas para brindarnos un amplio panorama del significado de dichas palabras.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rico en datos relevantes para la historia del uso del &aacute;mbar entre los pueblos del Altiplano Central, es el apartado donde se investiga el sistema de tributaci&oacute;n implantado por los mexicas y las v&iacute;as por las que los se&ntilde;ores de Tenochtitl&aacute;n se prove&iacute;an de este apreciado recurso. La escrupulosa revisi&oacute;n de diversas fuentes coloniales permite reconstruir de qu&eacute; manera, en qu&eacute; reinado y cu&aacute;les fueron las v&iacute;as por las que el &aacute;mbar flu&iacute;a desde Chiapas hacia la gran capital del imperio mexica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El valor simb&oacute;lico de esta sustancia, al igual que otros bienes de prestigio como el jade, las plumas, el oro o el algod&oacute;n, determin&oacute; su uso exclusivo en algunos sectores sociales, situaci&oacute;n que se revisa acuciosamente en el apartado "Ornamentos y diferenciaci&oacute;n social", donde se se&ntilde;alan los mecanismos a trav&eacute;s de los cuales se&ntilde;ores, mercaderes y guerreros pod&iacute;an acceder a estos objetos de uso restringido. La informaci&oacute;n que encuentra en las fuentes la autora deja ver el aprecio del &aacute;mbar, llegado por comercio, tributo o regalo desde las provincias sure&ntilde;as hasta la sociedad mexica, para la elaboraci&oacute;n de ornamentos como bezotes, orejeras, narigueras y collares, as&iacute; como el papel simb&oacute;lico asociado a las campa&ntilde;as b&eacute;licas y la jerarqu&iacute;a militar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta revisi&oacute;n etnohist&oacute;rica no se limita a las numerosas fuentes coloniales del Altiplano de M&eacute;xico, sino que rebasa esta regi&oacute;n y se investiga en el &aacute;rea maya, la costa del Golfo de M&eacute;xico, Oaxaca, Michoac&aacute;n e incluso en Las Antillas, m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de Mesoam&eacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a la provincia de Chiapas, &aacute;rea de donde procede esta resina, la autora se&ntilde;ala las primeras descripciones que hicieron los cronistas sobre el uso frecuente de narigueras realizadas con este preciado material y nos brinda, tras una revisi&oacute;n de vocabularios coloniales, el nombre con que tzeltales y tzotziles llaman al &aacute;mbar: <i>pauch</i> o <i>pauchil.</i> Los zoques de lapalapa lo nombran <i>pahcutza,</i> y los cakchiqueles de Guatemala lo denominan <i>mace</i> o <i>macea.</i> Por su parte, los yucatecos lo llaman <i>maatun</i> (piedra preciosa) o <i>zuli mat</i> (&aacute;mbar de Honduras). Los zapotecas, seg&uacute;n el vocabulario de fray Juan de C&oacute;rdoba de 1578, lo denominan <i>pig&aacute;a y&aacute;la,</i> que puede traducirse como "piedra de resina", y los mixtecas le llaman <i>yuu nduta &ntilde;uhu,</i> literalmente "piedra&#45;mar&#45;sagrada", denominaci&oacute;n que coincide con el concepto <i>apozonalli</i> (espuma de agua) con el que los nahuas denominan a esta sustancia. Tambi&eacute;n nos brinda informaci&oacute;n sobre los t&eacute;rminos <i>tzarati</i> (cristal o vidrio) y <i>tecoecha&#45;xunganda</i> (resina de los <i>tecos)</i> con los que tarascos o pour&eacute;pechas de Michoac&aacute;n lo conoc&iacute;an.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo titulado "Evidencias arqueol&oacute;gicas del &aacute;mbar en Mesoam&eacute;rica", se brinda una extensa y acuciosa revisi&oacute;n de los contextos arqueol&oacute;gicos en los cuales han sido recuperados objetos de &aacute;mbar. Los datos se presentan en orden cronol&oacute;gico, desde las evidencias precl&aacute;sicas hasta las coloniales, seg&uacute;n las distintas regiones del territorio mesoamericano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La evidencia m&aacute;s temprana, hasta ahora registrada, la tenemos en el &aacute;rea metropolitana olmeca, concretamente en La Venta. La presencia de &aacute;mbar en este sitio quiz&aacute;s est&aacute; relacionada con un hacha olmeca, que ahora se exhibe en el Museo Nacional de Antropolog&iacute;a, la cual procede de Simojovel, lugar donde se localizan los yacimientos m&aacute;s importantes de este material. Relevante tambi&eacute;n resulta la presencia de objetos de &aacute;mbar en los contextos tempranos de Chiapa de Corzo y San Isidro, ambos sitios localizados a orillas del r&iacute;o Grande de Chiapas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para el per&iacute;odo Cl&aacute;sico se cuenta con evidencias de su uso en Kaminaljuy&uacute; y Nebaj, ambos sitios en las tierras altas de Guatemala, as&iacute; como en Mirador e Izapa, en el estado de Chiapas. Varios casos tambi&eacute;n se reportan en contextos del per&iacute;odo Poscl&aacute;sico. Parad&oacute;jicamente del Altiplano Central, donde mejor tenemos documentado el uso del &aacute;mbar en las fuentes coloniales, los objetos recuperados en las excavaciones arqueol&oacute;gicas son m&iacute;nimos. Solamente se reporta en una ofrenda de Tlatelolco y otra en el Templo Mayor, excavada en el a&ntilde;o 2000.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las exploraciones efectuadas por Agust&iacute;n Delgado en la Chinantla y en el istmo de Tehuantepec, en el estado de Oaxaca, permitieron recuperar varios objetos de &aacute;mbar que formaban parte de ajuares funerarios. Pero sin duda la mayor ofrenda de &aacute;mbar hasta ahora conocida pertenece a la Tumba 7 de Monte Alb&aacute;n, de donde proceden ocho grandes orejeras de carrete, un collar de 29 cuentas globulares con un pendiente en forma de cabeza de pato y varias cuentas sueltas que junto con otras de azabache formaban parte de la rica ofrenda de tan famosa tumba descubierta por Alfonso Caso, en la primera mitad del siglo xx. Como la autora menciona, es importante se&ntilde;alar que &eacute;sta fue la primera ocasi&oacute;n en Mesoam&eacute;rica en que una pieza arqueol&oacute;gica de &aacute;mbar fue sometida a an&aacute;lisis con el fin de averiguar su composici&oacute;n, identific&aacute;ndose el material de las cuentas efectivamente como &aacute;mbar o succino.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De fechas poscl&aacute;sicas son varias evidencias chiapanecas, yucatecas y michoacanas, cada una de las cuales es analizada rigurosamente, en especial las excavadas por la misma autora en el sitio Cimientos, del municipio chiapaneco de Las Margaritas, que fueron determinantes para que ella se abocara a esta investigaci&oacute;n. No podemos dejar de mencionar la excelente tipolog&iacute;a de artefactos de &aacute;mbar con la que Lowe concluye el estudio referente a las evidencias prehisp&aacute;nicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo final del libro ata&ntilde;e a los an&aacute;lisis f&iacute;sico&#45;qu&iacute;micos utilizados en la identificaci&oacute;n y caracterizaci&oacute;n de los objetos de &aacute;mbar. T&eacute;cnicas complejas como la espectroscopia de resonancia nuclear magn&eacute;tica o la emisi&oacute;n de rayos x inducida por part&iacute;culas, dan cuenta de las dificultades que presenta el an&aacute;lisis del &aacute;mbar, y acertadamente se se&ntilde;ala que este trabajo abre nuevas perspectivas para un estudio sistem&aacute;tico de este material. Una recapitulaci&oacute;n a toda esta problem&aacute;tica se presenta en las consideraciones finales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como conclusi&oacute;n, se puede decir que este trabajo proporciona un estudio global, que considera m&uacute;ltiples aspectos alrededor del &aacute;mbar mesoamericano, tanto de las ciencias naturales como desde las perspectivas arqueol&oacute;gica, hist&oacute;rica y antropol&oacute;gica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Consciente del potencial del estudio sobre este preciado recurso natural, la autora finaliza su investigaci&oacute;n apuntando que excavaciones futuras, en las zonas aleda&ntilde;as a los yacimientos, enriquecer&aacute;n nuestra comprensi&oacute;n del proceso de obtenci&oacute;n y distribuci&oacute;n de este material en la &eacute;poca prehisp&aacute;nica.</font></p>      ]]></body>
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