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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Adriana Rocher Salas, <i>La disputa por las almas. Las &oacute;rdenes religiosas en Campeche, siglo XVIII</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gerardo Lara Cisneros</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2010, 468 p.</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico / Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En 1933, en la Universidad de la Sorbona, en Par&iacute;s, un jurado presidido por Henri Hauser examin&oacute; la defensa de una tesis sobre historia de M&eacute;xico cuyo t&iacute;tulo puede traducirse al castellano como <i>La conquista espiritual de M&eacute;xico.</i> El autor de dicho trabajo segu&iacute;a el camino trazado por Marcel Bataillon y a la postre esta obra ser&iacute;a muy influente en la historiograf&iacute;a mexicanista pues servir&iacute;a de inspiraci&oacute;n a un buen n&uacute;mero de investigadores posteriores. Este trabajo ser&iacute;a traducido y publicado por primera ocasi&oacute;n en espa&ntilde;ol en M&eacute;xico en 1947 y luego reimpreso hasta en ocho ocasiones. El nombre de su autor fue Robert Ricard, y su libro es conocido en espa&ntilde;ol como <i>La conquista espiritual de M&eacute;xico. Ensayo sobre el apostolado y los m&eacute;todos misioneros de las &oacute;rdenes mendicantes en la Nueva Espa&ntilde;a de 1523&#45;1524 a 1572.</i> Uno de los puntos relevantes en la obra de Ricard fue que recogi&oacute; una a&ntilde;eja tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica en la que las &oacute;rdenes mendicantes que establecieron la Iglesia mexicana gozaban de cierto aire de santidad y eran equiparados a los santos varones de la patr&iacute;stica cristiana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La visi&oacute;n id&iacute;lica de Ricard sobre el clero mendicante fue muy influyente en la historiograf&iacute;a posterior y entre otras cosas propici&oacute; cierta inhibici&oacute;n al estudio sistem&aacute;tico del clero secular, por lo que esto fue postergado hasta fechas relativamente recientes. No obstante, no toda la historiograf&iacute;a sobre clero regular posterior a Ricard tuvo el mismo tono que este autor, existen algunas interesantes investigaciones de corte cr&iacute;tico en las que los integrantes de las &oacute;rdenes son presentados como humanos sujetos a intereses y pasiones, textos en los que las agrias disputas pol&iacute;ticas que se vivieron al interior de la orden llegaron a extremos de alarma. Un buen ejemplo de ello es el trabajo de Antonio Rubial sobre el gobierno interno de la orden agustina durante el siglo XVII. Otros estudiosos han abordado el estudio de la secularizaci&oacute;n de regulares y los intensos conflictos que esto provoc&oacute;, por ejemplo la obra de Jonathan Israel sobre el tema en el obispado de Puebla del siglo XVII. Es en esta corriente, que analiza desde una posici&oacute;n cr&iacute;tica la historia del clero novohispano, que se inserta <i>La disputa por las almas. Las &oacute;rdenes religiosas en Campeche, siglo XVIII,</i> obra de Adriana Rocher Salas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta obra no s&oacute;lo debe insertarse en la historiograf&iacute;a sobre temas eclesi&aacute;sticos pues incide de manera notable entre los que han construido la historiograf&iacute;a peninsular yucateca, y en especial entre aquellos que han abordado el apasionante mundo de la vida religiosa de sus habitantes ind&iacute;genas. As&iacute;, autores como Pedro Bracamonte o Gabriela Sol&iacute;s, por ejemplo, son interlocutores a los que Rocher alude cuando de la relaci&oacute;n entre indios y clero se refiere, si bien la autora aborda este asunto desde una perspectiva anal&iacute;tica diferente a la de aquellos investigadores, posici&oacute;n que enriquece de manera destacada el paisaje historiogr&aacute;fico y te&oacute;rico de los estudios sobre la regi&oacute;n peninsular yucateca, pero muy especialmente, el de la porci&oacute;n campechana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la obra de Rocher hay varios personajes importantes que, como en una buena obra teatral, entran a escena en diferentes momentos para ir construyendo una trama en la que todos tienen voz de distinto calibre, pero finalmente cada uno lleva una parte importante en la historia. As&iacute;, en esta narraci&oacute;n encontramos cuatro personajes que aparecen a lo largo de las m&aacute;s de 400 bien escritas p&aacute;ginas y estos son: los franciscanos, los jesuitas, los juaninos y los diocesanos encabezados por sus obispos. Otros personajes, aunque secundarios, tienen una presencia constante: me refiero a los indios, a los miembros del gobierno regional e imperial, y a los integrantes de las sociedades campechana y yucateca. Nuestra autora ha tenido el buen tino de presentar la historia de la Iglesia campechana como un asunto social m&aacute;s que algo estrictamente institucional o dogm&aacute;tico, y con ello ha logrado hacer de esta historia una narraci&oacute;n del drama humano y mundano, asunto que no siempre es f&aacute;cil de lograr.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con precisi&oacute;n de cirujano Adriana Rocher disecciona las entra&ntilde;as del clero regular campechano para mostrarnos sus tejidos, sus huesos y sus &oacute;rganos internos haciendo evidentes sus fortalezas y sus enfermedades. Con esa misma precisi&oacute;n delinea la composici&oacute;n de sus integrantes y los intereses que los mueven, as&iacute; como las estructuras econ&oacute;micas en las que las instituciones regulares de Campeche se sostienen y que tantos conflictos generar&iacute;an al interior de la orden ser&aacute;fica y entre &eacute;stos y el clero diocesano; o la manera en que los jesuitas, contrario a lo que sucedi&oacute; en otras regiones, fueron presa de sus propias torpezas e incapacidades administrativas que terminaron por llevarlos casi a la quiebra; o la manera en que los dieguinos lograron mantenerse con mayor estabilidad durante m&aacute;s tiempo que sus otros dos vecinos regulares y c&oacute;mo construyeron un buen prestigio para su hospital, a&uacute;n contando con menos recursos que su contraparte en M&eacute;rida. La cantidad y calidad de informaci&oacute;n que Rocher Salas reuni&oacute; sobre cada uno de estos temas con facilidad le habr&iacute;a dado la opci&oacute;n de escribir un libro sobre cada uno de los tres casos, pero en su lugar entreteji&oacute; sus historias para darnos un panorama mucho m&aacute;s completo de la Iglesia campechana del convulso siglo XVIII novohispano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra de Rocher va m&aacute;s all&aacute; de presentar un proceso de evangelizaci&oacute;n complejo y arduo. En realidad ese es un tema que aparece en el trasfondo de su trabajo pero que, como resulta claro en su investigaci&oacute;n, ya para el siglo XVIII no era el asunto que m&aacute;s ocupaba la atenci&oacute;n de los religiosos, aunque si era su principal argumento y en ocasiones casi un pretexto, por lo menos entre los ser&aacute;ficos, para defender sus muchos privilegios. En este sentido, la investigaci&oacute;n que nos ocupa es uno de esos, por desgracia, a&uacute;n pocos trabajos que hacen de la historia de la Iglesia del siglo XVIII su tema de estudio. Y es que una de las graves herencias de la historiograf&iacute;a liberal decimon&oacute;nica, que no ha empezado a ser subsanada sino hasta hace unos treinta o cuarenta a&ntilde;os por autores como Farriss, Brading, Taylor, Maz&iacute;n, Zah&iacute;no, Pilar Mart&iacute;nez o Rodolfo Aguirre (s&oacute;lo un par de ellos mexicanos), es la falta de inter&eacute;s por la Iglesia dieciochesca, pues durante un buen tiempo la evangelizaci&oacute;n fue casi el &uacute;nico tema de la historia religiosa de las colonias espa&ntilde;olas en Am&eacute;rica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La disputa por las almas</i> es un libro sobre el conflicto, raz&oacute;n por la que podr&iacute;a ser vista como una obra de car&aacute;cter pol&iacute;tico m&aacute;s que sobre religi&oacute;n: en ese sentido, esta investigaci&oacute;n demuestra, contrario a lo que nuestra tradici&oacute;n laica ilustrada pretender&iacute;a, que el estado clerical no invalida el quehacer pol&iacute;tico. En otras palabras, Arist&oacute;teles ten&iacute;a mucha raz&oacute;n al afirmar que el hombre es un animal pol&iacute;tico por naturaleza. En esta investigaci&oacute;n se llega incluso m&aacute;s all&aacute;, pues es evidente que la religi&oacute;n, el culto y el dogma, o la evangelizaci&oacute;n, quedaron relegados a un segundo plano por los miembros del clero regular y secular campechano del siglo XVIII frente a la disputa pol&iacute;tica y, en consecuencia, "el control de las almas ind&iacute;genas" pas&oacute; a ser el mero pretexto para continuar detentando el poder. Los indios, o sus almas, fueron rehenes de una disputa entre las diferentes corporaciones religiosas campechanas que basaban en ellos su prestigio, pero tambi&eacute;n su acceso a recursos econ&oacute;micos. As&iacute;, los nobles principios de salvaci&oacute;n de las almas ind&iacute;genas que Corona e Iglesia pregonaban defender como su raz&oacute;n de ser en Am&eacute;rica quedaron relegados cuando del control de los dineros se trataba.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda los franciscanos jugaron el papel principal en la historia eclesi&aacute;stica de Campeche en los siglos XVI y XVII, y es a ellos y a su disputa contra el clero diocesano y su esp&iacute;ritu secularizador a quienes el libro destina mayor atenci&oacute;n y algunas de sus mejores p&aacute;ginas. Fueron las transformaciones sociales, pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas que ocurrieron durante el siglo XVIII el punto de arranque y conflicto que marcaron el siglo ilustrado y que son punto de inflexi&oacute;n en la historia de la Iglesia campechana del XVIII. Nuestra autora describe con nitidez c&oacute;mo la vida religiosa se hab&iacute;a convertido en una buena alternativa para que muchos individuos aseguraran una rentable y segura forma de vida, sobre todo si en turno les tocaba administrar alguna de las misiones de mayor densidad demogr&aacute;fica en la provincia franciscana de San Jos&eacute; de Campeche.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Campeche los franciscanos aprovecharon sus puestos para tejer redes de complicidad en la explotaci&oacute;n del trabajo ind&iacute;gena, as&iacute; como para aprovechar los recursos que la tierra daba, eso sin contar los pingues ingresos que las obvenciones y derechos parroquiales les dejaban. Estos frailes menores dieciochescos estaban muy lejos del ideal de pobreza y humildad que hab&iacute;a santificado a su fundador. Las acusaciones contra los frailes iban desde su falta de celibato, hasta la denuncia de su afici&oacute;n por los juegos de azar, pero lo m&aacute;s com&uacute;n fueron los se&ntilde;alamientos de que no reparaban en mentir, ocultar y sobornar a quien fuera necesario para mantener el control de la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena. Su control sobre la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena les arrop&oacute; en una zona de confort y para dominarla protagonizaron enfrentamientos entre facciones que buscaban el control interno de la orden. Adem&aacute;s de sus disputas internas, Rocher describe con claridad los conflictos de los regulares campechanos contra sus obispos, ayudando as&iacute; a completar un panorama historiogr&aacute;fico sobre el mapa de las secularizaciones en la Provincia de M&eacute;xico del siglo XVIII. Las estrategias pol&iacute;ticas franciscanas fueron camale&oacute;nicas pues no dudaron en formar bandos rivales o aliados seg&uacute;n conviniera a sus intereses, as&iacute; como tampoco chistaron en buscar aliados/socios/c&oacute;mplices fuera de la orden para enfrentar a la otra facci&oacute;n que proced&iacute;a exactamente de la misma manera que sus contrincantes. As&iacute;, la relaci&oacute;n de los frailes menores con el resto de la clerec&iacute;a, con las autoridades coloniales y con algunos sectores de la poblaci&oacute;n campechana oscil&oacute; entre la alianza y la confrontaci&oacute;n. Sin duda su signo pol&iacute;tico fue el pragmatismo.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">A lo largo del siglo que Rocher los estudia, los franciscanos enfrentaron altibajos y vivieron etapas de abundancia y de decadencia, aunque aprendieron a moverse seg&uacute;n los tiempos que viv&iacute;an y en ocasiones contaron con suerte, por ejemplo en 1761 cuando sus fundaciones estaban a punto de ser secularizadas estall&oacute; la rebeli&oacute;n de Jacinto Canek que se localiz&oacute; en zonas bajo el dominio de los seculares, dejando a &eacute;stos muy mal parados y presentando a los franciscos como salvadores, tomando as&iacute; un nuevo aire y retrasando el impulso secularizador. Algo similar sucedi&oacute; cuando se suscit&oacute; la expulsi&oacute;n de los jesuitas en 1767. No obstante, la determinaci&oacute;n secularizadora de la Corona termin&oacute; por consumir de manera considerable la influencia ser&aacute;fica a lo largo y ancho de la pen&iacute;nsula yucateca.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras la l&iacute;nea trazada hace ya varias d&eacute;cadas por Nancy Farriss, Adriana Rocher nos dibuja el contorno de la compleja relaci&oacute;n que las &oacute;rdenes religiosas y el clero secular mantuvieron con la Corona en Campeche, demostrando c&oacute;mo, a pesar del &eacute;nfasis que Farriss dio siempre al sometimiento de la Iglesia ante el r&eacute;gimen de los Borb&oacute;n, en realidad siempre hubo una relaci&oacute;n de dependencia mutua, si bien, eso s&iacute;, esta relaci&oacute;n se complic&oacute; en la segunda mitad del siglo XVIII.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El devenir jesuita en Campeche fue el de la bancarrota, historia contrastante con la imagen de grandes administradores que la historiograf&iacute;a ha forjado sobre ellos en otras latitudes. Aunque eso s&iacute;, su prestigio como educadores bien lo defendieron en Campeche, lo que &#151;al igual que sucedi&oacute; en casi todos los lugares en los que se asentaron&#151; los lig&oacute; con los sectores m&aacute;s poderosos y acomodados de los &aacute;mbitos urbanos. La relaci&oacute;n de jesuitas y franciscanos con la poblaci&oacute;n campechana se bas&oacute; en una especie de salom&oacute;nico acuerdo en el que los franciscanos controlaban los espacios rurales en tanto que los jesuitas lo hac&iacute;an dentro de la ciudad amurallada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro tambi&eacute;n dedica algunas p&aacute;ginas, aunque menos que las dedicadas a jesuitas y franciscanos, al Hospital de San Juan de Dios. Quiz&aacute;s las razones de la menor atenci&oacute;n se deban al muy focalizado &aacute;mbito de acci&oacute;n de esta orden hospitalaria. A juzgar por las palabras de Rocher los juaninos fueron menos conflictivos que los mendicantes y los hijos de Loyola y se concentraron m&aacute;s en su funci&oacute;n hospitalaria, cumpliendo as&iacute; una importante tarea social. Al parecer sus conflictos fueron m&aacute;s contra la constante carencia de recursos que en muchas ocasiones amenazaron su subsistencia y m&aacute;s bien les imprimieron un sello de permanente austeridad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os la Iglesia se ha convertido en un tema de inter&eacute;s renovado. Se han expuesto las razones que han motivado a que varios historiadores se dediquen, particularmente, a estudiar la situaci&oacute;n de la Iglesia en el siglo XVIII frente a las reformas borb&oacute;nicas y luego frente al proceso independentista. Ha quedado claro, sin embargo, que sin los avances producidos por la historiograf&iacute;a que se ocupa de estudiar a la instituci&oacute;n en periodos previos o posteriores a la d&eacute;cada de 1810, nuestra comprensi&oacute;n sobre la Iglesia tardocolonial ser&iacute;a mucho menor. La historia eclesi&aacute;stica del siglo XVIII novohispano no se entiende por completo sin considerarla parte de un largo proceso que no se cierra con la Independencia, sino con la Reforma Liberal del siglo XIX. En ese sentido, el libro de Rocher Salas sobre la Iglesia de Campeche en el siglo XVIII debe mirar con mayor intensidad al siglo que le sigui&oacute; y quiz&aacute;s ser&iacute;a deseable un mayor di&aacute;logo con la historiograf&iacute;a que en la &uacute;ltima d&eacute;cada, o un poco m&aacute;s, ha producido investigaciones respaldadas por un amplio caudal de documentos provenientes de archivos que antes no estaban disponibles o bien que han sido estudiados desde perspectivas novedosas. En parte, esto mismo ha propiciado la aparici&oacute;n de libros cuyo sello distintivo es el empleo de un an&aacute;lisis sistem&aacute;tico y cuidadoso de dichas fuentes, como es el caso de la obra rese&ntilde;ada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde luego hay a&uacute;n mucho por discutir y mucho por avanzar en la riqueza de fuentes, temas y regiones para la indagaci&oacute;n. <i>La disputa por la almas</i> nos plantea la posibilidad de abrir nuevas vetas de saber y se&ntilde;ala la importancia de replicar estudios regionales sobre la Iglesia mexicana de los siglos coloniales para entender mejor sus complejidades y particularidades. Es tambi&eacute;n un llamado de atenci&oacute;n a darnos cuenta que no siempre las conclusiones derivadas de los estudios sobre la Iglesia del centro del virreinato pueden ser aplicadas sin m&aacute;s a las regiones, en especial a las que, como Campeche o Yucat&aacute;n, constituyeron su propio eje peninsular. Es en este sentido una invitaci&oacute;n urgente a replicar investigaciones semejantes para otras regiones del pa&iacute;s. Podr&iacute;amos sospechar que la existencia de obras como la de Rocher no ser&iacute;an pensables sin el concurso de disciplinas como, por ejemplo, la etnolog&iacute;a o la antropolog&iacute;a cultural. En este sentido este libro puede ser el inicio de un puente entre trabajos previos de acento antropol&oacute;gico y un nuevo impulso por la historia institucional en Campeche y la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n, es decir que hay m&aacute;s continuidades y complementariedades que rupturas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de trabajos como el que aqu&iacute; se rese&ntilde;a nos damos cuenta de la necesidad cada vez m&aacute;s apremiante de diversificar nuestra mirada sobre la Iglesia colonial pues nos percatamos de sus m&uacute;ltiples centros de existencia simult&aacute;nea. Nos obliga a mirar a esta instituci&oacute;n clave en la historia de M&eacute;xico como un complejo entramado de intereses globales, pero matizados por contextos locales que muchas veces pesaron tanto como los afanes dictados desde las distantes cabeceras imperiales o coloniales. Clasificar una obra como &eacute;sta no es tarea f&aacute;cil pues es un trabajo de historia eclesi&aacute;stica, pero tambi&eacute;n de historia regional y de historia pol&iacute;tica, y a&uacute;n m&aacute;s que la suma de esto. Es m&aacute;s bien una obra de historia cultural, de historia de la cultura pol&iacute;tica del clero en Campeche, pero seguramente tambi&eacute;n ser&iacute;a un tanto injusto limitarlo a eso.</font></p>      ]]></body>
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