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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La Reconquista: Una construcción historiográfica (siglos XVI-XIX)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ 
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mart&iacute;n R&iacute;os Saloma, <i>La Reconquista. Una construcci&oacute;n historiogr&aacute;fica (siglos XVI&#45;XIX)</i></b></font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Antonio Rubial Garc&iacute;a</b></font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico&#45;Madrid, Instituto de Investigaciones Hist&oacute;ricas, UNAM, Marcial Pons Historia, 2011</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una concepci&oacute;n muy generalizada fuera de los &aacute;mbitos acad&eacute;micos, tanto en Espa&ntilde;a como en Am&eacute;rica, considera la conquista isl&aacute;mica de la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica s&oacute;lo como un avance territorial de los &aacute;rabes y bereberes norteafricanos que oblig&oacute; a los pobladores, hispanos y cristianos, a replegarse en las monta&ntilde;as cant&aacute;bricas y pirenaicas; desde esas regiones, estos "espa&ntilde;oles" llevaron a cabo un largo proceso consciente y premeditado de recuperaci&oacute;n territorial que dur&oacute; ocho siglos y que termin&oacute; con la expulsi&oacute;n de los musulmanes y con el triunfo de los cristianos; a ese proceso se le conoci&oacute; como la Reconquista.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&iquest;C&oacute;mo se convirti&oacute; una concepci&oacute;n tan simplista e imprecisa en una verdad hist&oacute;rica irrefutable? El libro que hoy presentamos explica con gran claridad el proceso de elaboraci&oacute;n de esa idea a lo largo de cuatro siglos y las cargas que se le dieron a conceptos como restauraci&oacute;n y reconquista nacidos de las necesidades de cada &eacute;poca. El primero, aparecido en un contexto en el que las identidades colectivas en Espa&ntilde;a se constitu&iacute;an con base en el sentimiento religioso (siglos XVI y XVII), evidenciaba el hecho de que el objetivo de los monarcas medievales, en especial Pelayo, era restaurar el culto y la libertad del pueblo cristiano. La segunda, aparecida en ambientes m&aacute;s secularizados e impregnados de sentimientos nacionalistas (siglos XVIII y XIX) privilegiaba, no tanto la liberaci&oacute;n del yugo musulm&aacute;n como la recuperaci&oacute;n del territorio perdido a manos de unos enemigos extranjeros.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro est&aacute; dividido siguiendo un orden cronol&oacute;gico comenzando por el siglo XVI y trata la manera c&oacute;mo cada una de las etapas entendi&oacute; los mitos fundadores de la p&eacute;rdida de Espa&ntilde;a, la batalla de Covadonga y la coronaci&oacute;n del rey don Pelayo. Esas construcciones presentaban un car&aacute;cter fuertemente centralista castellano, por lo que las otras provincias espa&ntilde;olas tambi&eacute;n intentaron reivindicaciones sobre la participaci&oacute;n de sus territorios en el proceso de reconquista.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante la segunda mitad del siglo XVI y la primera mitad del XVII se escribieron en castellano cinco cr&oacute;nicas generales de Espa&ntilde;a cuyos autores ten&iacute;an como objetivo explicar el proceso hist&oacute;rico por el cual la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola se hab&iacute;a convertido en la m&aacute;s poderosa del mundo. En todas ellas se insiste en una explicaci&oacute;n providencialista, en la cual la p&eacute;rdida de Espa&ntilde;a por mano de los musulmanes se debi&oacute; a los vicios de los reyes visigodos. En ellas se destacan tambi&eacute;n los hechos milagrosos acontecidos durante la batalla de Covadonga y se muestra a don Pelayo como el fundador de la monarqu&iacute;a hisp&aacute;nica, dispuesto a dar su vida por la religi&oacute;n y por la libertad. Frente a esas pretensiones generalizadoras, que centraban el inicio de la monarqu&iacute;a en el reino astur leon&eacute;s, surgieron muy pronto cr&oacute;nicas regionales en Arag&oacute;n y Catalu&ntilde;a dirigidas a resaltar el movimiento de resistencia pirenaico y a considerarlo tan importante como aquel para explicar los inicios del reino y del principado que formaban la otra parte de la monarqu&iacute;a. Estos autores no ten&iacute;an empacho tampoco en mostrar admiraci&oacute;n por la participaci&oacute;n de los francos en la contienda contra los musulmanes y se&ntilde;alarlos como colaboradores de los visigodos en la lucha por la libertad. Ese sentimiento se nota m&aacute;s fuertemente arraigado en Catalu&ntilde;a donde se exalta la continuidad ininterrumpida con el reino visigodo y el papel central que jug&oacute; Wifredo el Velloso en la conquista del territorio.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Mart&iacute;n R&iacute;os los postulados providencialistas comenzaron a cambiar durante los siglos XVII y XVIII. A partir de entonces se privilegiaron las luchas por el poder en lugar de los vicios dentro del reino visigodo. En ese sentido los musulmanes dejar&iacute;an de ser vistos como infieles y m&aacute;s como invasores, por lo que la lucha iniciada por Pelayo dejar&iacute;a de tener una naturaleza exclusivamente religiosa para convertirse en una lucha pol&iacute;tica para recuperar el territorio. As&iacute; se har&aacute; m&aacute;s frecuente en los textos el uso de t&eacute;rminos como "patria" y "espa&ntilde;oles". Las nuevas propuestas nac&iacute;an tambi&eacute;n de la necesidad de reforzar la preeminencia de Castilla sobre las dem&aacute;s regiones espa&ntilde;olas y de mostrar el porqu&eacute; de la hegemon&iacute;a de Espa&ntilde;a sobre las dem&aacute;s monarqu&iacute;as europeas. Pelayo se convert&iacute;a as&iacute; para los autores de este periodo en el rey que legitimaba la continuidad de la monarqu&iacute;a hisp&aacute;nica desde los visigodos hasta los Habsburgo, lo que la convert&iacute;a en la m&aacute;s antigua de las de Europa. Con ello, para muchos de los historiadores de este periodo los godos se identificaban con los verdaderos espa&ntilde;oles, incluso para los catalanes que ve&iacute;an en ellos el pasado com&uacute;n que un&iacute;a al condado con el resto de Espa&ntilde;a. Hab&iacute;a sin embargo algunos que consideraban a los godos como otros invasores m&aacute;s y que s&oacute;lo daban el t&iacute;tulo de espa&ntilde;oles a los nativos iberos.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la llegada de la Ilustraci&oacute;n el discurso hist&oacute;rico afianz&oacute; esta necesidad de descubrir las esencias nacionales y se ver&aacute; cada vez con mayor claridad que la empresa de restauraci&oacute;n fue una obra com&uacute;n que se desarroll&oacute; en todos los reinos hisp&aacute;nicos. Por otro lado, la cr&iacute;tica hist&oacute;rica despoj&oacute; los relatos fundacionales de su car&aacute;cter m&aacute;gico y religioso para darles un sentido m&aacute;s pol&iacute;tico, lo que trajo consigo la sustituci&oacute;n paulatina del t&eacute;rmino restauraci&oacute;n por el de reconquista.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Fue labor del siglo XIX, sobre todo a partir de la invasi&oacute;n napole&oacute;nica en Espa&ntilde;a, que ese t&eacute;rmino tom&oacute; carta de naturalizaci&oacute;n. Es por ello que Mart&iacute;n R&iacute;os le da a este periodo el mayor peso en su libro. Para &eacute;l, dos movimientos muy relacionados entre s&iacute; influyeron en las nuevas concepciones, el nacionalismo y el romanticismo. Ambos encontraron en la historia un medio para construir sentimientos de pertenencia e identidad y para forjar un pasado com&uacute;n para todos los pueblos que conformaban Espa&ntilde;a. En este proceso incidieron poderosamente tanto la profesionalizaci&oacute;n de la historia como la formaci&oacute;n de Academias y Ateneos.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esos dos movimientos se pueden insertar las corrientes historiogr&aacute;ficas conservadoras y liberales que se prolongar&aacute;n hasta principios del siglo XX. Las primeras destacar&iacute;an el papel fundamental de la monarqu&iacute;a y la Iglesia en el devenir hist&oacute;rico nacional y propondr&iacute;an que la soluci&oacute;n a los problemas de Espa&ntilde;a estaba en la recuperaci&oacute;n de dichas instituciones. En cambio, las corrientes liberales (que R&iacute;os clasifica en moderadas y progresistas), consideran que el pueblo es el verdadero protagonista de la historia, aunque no niegan el papel desempe&ntilde;ado por la monarqu&iacute;a y la Iglesia. Esta tendencia liberal foment&oacute; la aparici&oacute;n de historias locales en el Pa&iacute;s Vasco y en Catalu&ntilde;a, marcadas por un nacionalismo alternativo al que prevalec&iacute;a en las historias generales, centrado en el castellanismo. Estas corrientes se reforzaron con los esencialismos derivados de los fil&oacute;sofos alemanes, sobre todo Herder, que hablaban de abstracciones como "el esp&iacute;ritu de los pueblos". Con ello, personajes como Pelayo se volvieron paradigmas de las virtudes que constitu&iacute;an la esencia hisp&aacute;nica: valor, religiosidad, lealtad a la patria, esp&iacute;ritu de resistencia, etc&eacute;tera.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX un nuevo factor fue determinante en la construcci&oacute;n historiogr&aacute;fica sobre los hechos fundacionales y en la total aceptaci&oacute;n del t&eacute;rmino reconquista: el positivismo. Bajo esta &oacute;ptica, se&ntilde;ala R&iacute;os, "los discursos estuvieron marcados por un criterio de cientificidad que pretend&iacute;a, por una parte, alcanzar el mayor grado de objetividad posible y, por otra, establecer siempre la verdad de los hechos". Con este criterio s&oacute;lo fueron aceptados aquellos suficientemente probados con documentaci&oacute;n fidedigna, aunque no se menospreciaban las leyendas que formaban parte de la tradici&oacute;n popular. A pesar de la pretendida objetividad de esta visi&oacute;n, el nacionalismo segu&iacute;a determinando los discursos de liberales y conservadores que exaltaban el car&aacute;cter indomable del pueblo espa&ntilde;ol, su resistencia ante la invasi&oacute;n extranjera y la supuesta continuidad de una idea reconquistadora iniciada con Pelayo y concluida por los Reyes Cat&oacute;licos.</font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque durante este &uacute;ltimo periodo el nacionalismo fue patrimonio com&uacute;n de liberales y conservadores, exist&iacute;an profundas diferencias entre ambas posturas. Adem&aacute;s de que el papel asignado en la reconquista a la Iglesia y a la religi&oacute;n en unos y otros era muy diferente, su actitud ante el mundo isl&aacute;mico era radicalmente opuesta; mientras que algunos historiadores liberales reconoc&iacute;an la importancia fundamental que ten&iacute;a la cultura andalus&iacute; para la formaci&oacute;n de Espa&ntilde;a, por sus logros en las ciencias y las artes, para los conservadores &eacute;sta no merec&iacute;a reconocimiento alguno. En cuanto a la importancia atribuida a la reconquista pirenaica, hay posturas castellanistas y catalanistas en ambos bandos. Existen, por otro lado, autores liberales que consideran que todos los movimientos que pugnaban por independizarse del islam en la pen&iacute;nsula fueron contempor&aacute;neos y que todos ellos pueden ser considerados forjadores de la nacionalidad espa&ntilde;ola.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro de Mart&iacute;n R&iacute;os est&aacute; construido de una manera l&oacute;gica y con una argumentaci&oacute;n impecable, concluyendo en cada cap&iacute;tulo con las l&iacute;neas generales que se discuten en cada &eacute;poca. Siguiendo esta l&oacute;gica, el texto termina con unas conclusiones generales entre las que se propone regresar al uso del t&eacute;rmino restauraci&oacute;n, que contempla el ideario de los reinos por regresar al orden pol&iacute;tico y eclesi&aacute;stico anterior a la invasi&oacute;n musulmana. El autor considera &eacute;ste t&eacute;rmino m&aacute;s apropiado que la palabra reconquista, pues &eacute;sta s&oacute;lo se refiere al avance territorial.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La lectura de este libro nos permite llegar a varias conclusiones. La primera, que la exaltaci&oacute;n de los nacionalismos, que a la larga est&aacute;n detr&aacute;s del t&eacute;rmino reconquista, ha ocultado la conformaci&oacute;n de dos realidades hisp&aacute;nicas, una musulmana y otra cristiana, complementarias y que se influyeron mutuamente; en segundo lugar, confundir lo espa&ntilde;ol con lo cristiano y lo musulm&aacute;n con lo extranjero, ha impedido ver que los que huyeron a las monta&ntilde;as no fueron "todos los espa&ntilde;oles" y que muchos campesinos iberos mal cristianizados no tuvieron ning&uacute;n inconveniente en pasarse a las filas del islam. En tercer lugar, considerar que el ideario reconquistador y restaurador estuvo presente desde Covadonga y que se mantuvo id&eacute;ntico en todo el territorio durante ocho siglos impidi&oacute; contemplar la complejidad de los cambios tanto regionales como cronol&oacute;gicos del proceso. Por &uacute;ltimo, que en aras de la b&uacute;squeda de una nacionalidad espa&ntilde;ola se sacrific&oacute; la realidad de una fragmentaci&oacute;n pol&iacute;tica y la diversidad de proyectos y monarqu&iacute;as existentes en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica durante el medioevo, aunque al mismo tiempo se utiliz&oacute; la historia para avalar las posturas nacionalistas como la catalana. Las investigaciones llevadas a cabo durante el siglo XX han subsanado estas fallas y han mostrado la complejidad de ese proceso reconstruyendo los hechos m&aacute;s all&aacute; de los mitos. El aporte fundamental del libro de Mart&iacute;n R&iacute;os dentro de este contexto consiste precisamente en mostrar c&oacute;mo se fueron elaborando tales mitos, que a pesar de los avances en la investigaci&oacute;n siguen estando presentes en la conciencia colectiva de los espa&ntilde;oles de hoy.</font></p>
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