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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reformismo borbónico y educación: El Colegio de San Ildefonso y sus colegiales (1768-1816)]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ 
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>M&oacute;nica Hidalgo Pego, <i>Reformismo borb&oacute;nico y educaci&oacute;n. El Colegio de San Ildefonso y sus colegiales (1768&#45;1816)</i></b></font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Enrique Gonz&aacute;lez Gonz&aacute;lez</b></font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>M&eacute;xico, UNAM&#45;IISUE, 2010, 328 p. ISBN: 978&#45;607&#45;02&#45;1450&#45;9.</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educaci&oacute;n, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la vista del libro de M&oacute;nica Hidalgo m&aacute;s de un lector podr&iacute;a preguntarse: &iquest;Otro libro sobre el colegio jesu&iacute;tico de San Ildefonso de M&eacute;xico? S&oacute;lo en la bibliograf&iacute;a, y sin duda se queda corta, la autora enuncia m&aacute;s de una docena de t&iacute;tulos relacionados expresamente con el colegio, sin contar a los propios cronistas de la Compa&ntilde;&iacute;a, de los siglos XVI al XVII, ni a autores, como el padre Decorme o Pilar Gonzalbo, que se han referido a &eacute;l en obras de car&aacute;cter m&aacute;s general. Pero si vemos con detenimiento el libro de M&oacute;nica Hidalgo, advertiremos que no se trata de "otro", sino de un nuevo trabajo cuyo car&aacute;cter y originalidad conviene destacar.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al menos desde el siglo XVII, se introdujo un estilo de escribir la historia de los colegios y las universidades en tono apolog&eacute;tico. Un antiguo colegial, alumno o catedr&aacute;tico de cierta instituci&oacute;n, elaboraba un libro o apuntes interminables acerca de los "varones ilustres" que hab&iacute;an pasado por su establecimiento. La totalidad o el perfil general del conjunto de tales individuos no interesaba, era suficiente con realzar a los arzobispos y a otros grandes dignatarios seculares y eclesi&aacute;sticos hospedados en tales claustros o formados en sus aulas. Si la n&oacute;mina inclu&iacute;a a personalidades que con el paso del tiempo fueron tachados de herejes, traidores o de personas indignas, se los pasaba en silencio y a veces incluso se borraba su nombre de los registros institucionales. Otras veces, sobre todo a partir del siglo XIX y, hasta casi el final de la pasada centuria, aparte de la n&oacute;mina de prohombres, se escrib&iacute;a una historia de la instituci&oacute;n consistente en glosar sus documentos de car&aacute;cter legal, en particular, bulas, c&eacute;dulas reales y constituciones. Para estudiosos as&iacute;, el pasado de la ilustre casa hab&iacute;a transcurrido tal y como estaba ordenado por sus constituciones, como si entonces, o en la actualidad, las normas estatutarias se llevasen a la pr&aacute;ctica al pie de la letra. Ese estilo apolog&eacute;tico de escritura de la historia se resiste a morir, y todav&iacute;a hoy no dejan de publicarse libros en tono meramente alabancioso.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, con la irrupci&oacute;n de la historia social, a partir de los a&ntilde;os sesenta del siglo XX, los estudios acerca de la educaci&oacute;n en el pasado se replantearon en t&eacute;rminos de interrogar sobre el papel social jugado por una instituci&oacute;n educativa o un conjunto de ellas. Ya no importaban tan s&oacute;lo las aulas o los pr&oacute;ceres, sino tambi&eacute;n el lugar que unas y otros ocuparon en determinada sociedad, en un tiempo dado, y de qu&eacute; manera la propia sociedad intervino en la marcha de un colegio o universidad. Y si se trataba de estudiar individuos (estudiantes o catedr&aacute;ticos), se empez&oacute; a buscar el n&uacute;mero de individuos a lo largo del tiempo y las caracter&iacute;sticas de todo el colectivo, no &uacute;nicamente de los supuestamente ilustres. Adem&aacute;s, se volvi&oacute; objeto de investigaci&oacute;n la cuesti&oacute;n acerca del tipo de saberes impartidos o fomentados por la instituci&oacute;n en cada momento.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el campo espec&iacute;fico de las universidades, a partir de los a&ntilde;os setenta surgieron trabajos como los de Lawrence Stone, Richard Kagan y Mariano Peset, que revolucionaron profundamente la historia tradicional. Desde entonces se abri&oacute; un amplio abanico de posibles enfoques, cuyo com&uacute;n denominador fue la insistencia en examinar el marco social en que se desarrollaba determinada instituci&oacute;n. Por lo que hace a los colegios, en el &aacute;mbito espa&ntilde;ol, a partir de los a&ntilde;os ochenta, aparecieron estudios renovadores en torno a los colegios "mayores" de Salamanca, Alcal&aacute; de Henares, Valladolid, y el de espa&ntilde;oles de Bolonia. Su centro de atenci&oacute;n principal estuvo en la prosopograf&iacute;a, o biograf&iacute;as colectivas de un determinado conjunto social, en este caso, de los colegiales. Ya no interesaba tan s&oacute;lo destacar a los miembros "ilustres", sino documentar y analizar al conjunto. Cu&aacute;ntos eran, de d&oacute;nde proced&iacute;an, cu&aacute;l era su estrato social, qu&eacute; estudios cursaron, los grados que obtuvieron o no en determinada universidad y la carrera extraescolar a partir de que abandonaban los claustros colegiales. Si hallaron colocaci&oacute;n, cu&aacute;ntos de ellos y con qu&eacute; resultados. Si en el campo de la administraci&oacute;n civil o la eclesi&aacute;stica, o tambi&eacute;n, como era frecuente en el antiguo r&eacute;gimen, si hicieron carrera en la Iglesia y, a la vez, en el gobierno secular, en calidad de jueces o consejeros reales. Pero si bien ha habido un apreciable inter&eacute;s en los seis colegios <i>mayores</i> castellanos y en el bolo&ntilde;&eacute;s, los estudios sobre los <i>menores,</i> al menos en Espa&ntilde;a, no han abundado. Tal vez, en el fondo, y por parad&oacute;jico que parezca, porque los primeros hicieron carreras m&aacute;s "ilustres" que los <i>menores.</i> O simplemente, porque aquellos resultan m&aacute;s f&aacute;ciles de documentar.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el caso de M&eacute;xico, la renovaci&oacute;n de los estudios en torno a los colegios virreinales y decimon&oacute;nicos tuvo como punto de partida el Centro de Estudios Sobre la Universidad (hoy IISUE). En 1998 V&iacute;ctor Guti&eacute;rrez public&oacute; un art&iacute;culo que result&oacute; muy orientador. Plante&oacute; que, en vista de la diversidad de colegios en el antiguo r&eacute;gimen, y el complejo car&aacute;cter de cada uno de ellos, no bastaba con aplicarles una sola calificaci&oacute;n, como la de colegio <i>mayor</i> o <i>menor;</i> antes bien, deb&iacute;an ser examinados a la luz de un conjunto de aspectos relevantes, a fin de comprender mejor su estructura y sus funciones. Propuso que, en relaci&oacute;n con cada colegio, se deb&iacute;an explorar, de modo paralelo, cuatro o cinco cuestiones: 1) qui&eacute;n gobierna y administra a cada instituci&oacute;n concreta; 2) qui&eacute;n y de qu&eacute; modo la financia; 3) qui&eacute;nes son los beneficiarios, es decir: qu&eacute; clase de individuos acoge bajo su techo; 4) y qu&eacute; saberes imparte. De una forma u otra, dichos cuatro aspectos han sido objeto de estudio en los trabajos de Rosalina R&iacute;os sobre Zacatecas, de Ricardo Le&oacute;n sobre San Nicol&aacute;s, de Michoac&aacute;n, y en este campo se incluyen los de M&oacute;nica Hidalgo sobre San Ildefonso. Ese cu&aacute;druple enfoque permite un mejor acercamiento a la complejidad que tales instituciones revest&iacute;an, y ha inspirado, en parte, otros trabajos como los de Rosario Torres, sobre Puebla, y aun el de Cristina Vera de Flachs, sobre el colegio jesuita de C&oacute;rdoba, Argentina.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como la misma M&oacute;nica Hidalgo admite, en su libro sobre San Ildefonso tom&oacute; en cuenta esos cuatro aspectos, pero fue m&aacute;s all&aacute; de ellos. Por una parte, plante&oacute; una cuesti&oacute;n central, derivada de su cronolog&iacute;a: &iquest;qu&eacute; ocurre con el colegio de San Ildefonso de la capital novohispana durante los a&ntilde;os posteriores a la expulsi&oacute;n de los jesuitas, es decir, entre 1768 y 1816? Estamos, pues, ante un libro que, a diferencia de los estudios previos, se ocupa en exclusiva del San Ildefonso postjesu&iacute;tico. La importancia del periodo por ella elegido es trascendental: con anterioridad, quienes se centraron en los dos siglos de administraci&oacute;n jesuita del colegio conclu&iacute;an, de modo impl&iacute;cito o expl&iacute;cito, que san Ildefonso muri&oacute; al ser abandonado por la Compa&ntilde;&iacute;a. Nuestra autora demuestra que no fue as&iacute;. Que, apenas partir los regulares, el colegio pas&oacute; a manos del clero regular, quien lo reestructur&oacute; y administr&oacute;. Desde entonces vivi&oacute; un nuevo periodo de auge, interrumpido por las secuelas de la guerra de independencia. Al demostrar que San Ildefonso volvi&oacute; pronto a poblarse de numerosos internos y de estudiantes externos, plantea que la salida de los ignacianos formaba parte de una pol&iacute;tica general de la monarqu&iacute;a borb&oacute;nica en relaci&oacute;n con sus dominios peninsulares y americanos, de corte secularizador. Esto la lleva a plantear la cuesti&oacute;n capital de su libro, enunciada en el t&iacute;tulo mismo: tomando a San Ildefonso como marco de referencia, en qu&eacute; consisti&oacute; el reformismo borb&oacute;nico en el campo de la educaci&oacute;n?</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro es claro en sus objetivos y en su desarrollo. Dividido en tres partes, en la primera da cuenta del azaroso proceso de reorganizaci&oacute;n del colegio, apenas ocurrido el extra&ntilde;amiento de los jesuitas. Compara la situaci&oacute;n de San Ildefonso antes y despu&eacute;s de &eacute;ste y analiza el papel jugado por las nuevas autoridades. Destaca, algo que muchos estudiosos ignoran, que San Ildefonso, durante el periodo jesu&iacute;tico, s&oacute;lo fue una hospeder&iacute;a, pues los colegiales sal&iacute;an diariamente a estudiar al Colegio M&aacute;ximo. En cambio, en su nueva etapa, los internos, a m&aacute;s de alojarse en sus claustros, empezaron a recibir ense&ntilde;anza regular en la propia casa, donde acud&iacute;an a las distintas c&aacute;tedras. Al tratar de finanzas M&oacute;nica destaca otro aspecto no siempre atendido. Los jesuitas &uacute;nicamente ten&iacute;an a su cargo el gobierno y la administraci&oacute;n de San Ildefonso, pero no eran due&ntilde;os del colegio, que pertenec&iacute;a al rey. Por lo mismo, cuando ellos salieron desterrados el monarca autoriz&oacute; su reapertura y reorganizaci&oacute;n. Le fueron devueltas (al menos en parte) las rentas privativas del colegio &#45;confiscadas en un primer momento por la Junta de Temporalidades&#45;, y de este modo pudo seguir funcionando, al disponer de recursos propios.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte la autora se ocupa de los colegiales, se&ntilde;alando que los hab&iacute;a de dos clases: quienes gozaban de alguna beca para financiar su manutenci&oacute;n y sus estudios, y los que pagaban una colegiatura para ser admitidos como internos. Una vez planteada esa fundamental distinci&oacute;n da cuenta del lugar que correspond&iacute;a a cada colegial en el seno de la instituci&oacute;n, en raz&oacute;n de si pagaba o no pensi&oacute;n. Y en relaci&oacute;n con los becarios los agrupa en funci&oacute;n del tipo de beca obtenida, pues las hab&iacute;a de distinto rango, y explica su lugar jer&aacute;rquico dentro de la instituci&oacute;n. Analiza los flujos de poblaci&oacute;n colegial y busca dar una explicaci&oacute;n a los altibajos. Al tratar del origen geogr&aacute;fico de los internos constata que casi la mitad proced&iacute;an de la misma ciudad de M&eacute;xico. A mi modo de ver, la autora debe profundizar en esa cuesti&oacute;n en estudios posteriores. Si muchos estudiantes pod&iacute;an vivir en la propia ciudad, en casa de sus padres o parientes, y si la asistencia a los cursos del colegio y de la universidad era gratuita, &iquest;cu&aacute;l era la raz&oacute;n de que sus progenitores hicieran un esfuerzo econ&oacute;mico para pagarles los gastos de su internamiento en el colegio, o que se valieran de sus influencias para obtener una beca? Sin duda, pero esto s&oacute;lo es una respuesta muy general, el hecho de que los j&oacute;venes acudieran a un colegio que gozaba del prestigio de San Ildefonso, o a otro colegio cualquiera, era para ponerlos en camino de la promoci&oacute;n social. Los hijos de un minero, o del recaudador del impuesto del pulque, pod&iacute;an ser muy ricos, pero sol&iacute;an carecer de prestigio social. En ese sentido, la dedicaci&oacute;n a las letras, tanto en los colegios como en las aulas universitarias, elevaba socialmente al individuo que las estudiaba. El grado de doctor en una universidad equival&iacute;a al rango de caballero, por eso los doctores, al igual que los nobles, estaban exentos de impuestos. En consecuencia, si yo me vuelvo noble al recibir el birrete doctoral, tambi&eacute;n mi familia se ennoblece, pues &iquest;c&oacute;mo admitir que yo sea noble y ella, plebeya? Vestir una beca colegial era ya un factor de distinci&oacute;n social que los grados universitarios reafirmaban. &iquest;De qu&eacute; modo los colegiales y sus familias hac&iacute;an uso de esa distinci&oacute;n? Ante todo, buscando colocaciones "dignas" a sus hijos, revestidos del doble honor de una beca y un grado universitario, mejor a&uacute;n, el de doctor. M&oacute;nica Hidalgo explica con coherencia la relaci&oacute;n entre los estudios y los grados acad&eacute;micos, y la importancia de &eacute;stos.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La parte tercera y final trata de "La formaci&oacute;n en virtudes y en letras". En ella examina el tipo de formaci&oacute;n moral que se pretend&iacute;a inculcar a los internos. Al propio tiempo, la autora se interroga por el car&aacute;cter de los saberes que se impart&iacute;an en San Ildefonso a ra&iacute;z de que abri&oacute; diversas c&aacute;tedras para sus internos y para los estudiantes externos que quisieran acudir. Los nuevos planes de estudios adoptados por el clero secular al inaugurar los cursos de San Ildefonso, &iquest;implicaban una visi&oacute;n de car&aacute;cter m&aacute;s "ilustrado" respecto de la ense&ntilde;anza que los jesuitas impartieron durante sus dos siglos de docencia en el Colegio M&aacute;ximo? En otras palabras, la introducci&oacute;n del reformismo borb&oacute;nico en San Ildefonso, &iquest;se tradujo en una ense&ntilde;anza m&aacute;s moderna y abierta a los nuevos tiempos que la dictada por la Compa&ntilde;&iacute;a hasta antes de su expulsi&oacute;n? Si bien la autora se plantea la cuesti&oacute;n y ofrece elementos para analizarla, se trata de un asunto que exige una investigaci&oacute;n m&aacute;s profunda, tal vez un estudio espec&iacute;fico, a partir del an&aacute;lisis comparado de los numerosos cursos manuscritos de los jesuitas llegados hasta nosotros y los nuevos manuales impresos adoptados por el clero secular. Quede al juicio del lector decidir si semejante estudio comparativo debi&oacute; ser realizado aqu&iacute; por M&oacute;nica Hidalgo, o si se trata de una tarea que sobrepasa los objetivos de su investigaci&oacute;n. En cualquier caso, no nos ofrece "otro" libro sobre San Ildefonso, sino uno nuevo, rico en planteamientos y en desarrollos, y con enfoques que ojal&aacute; estimulen investigaciones sobre otros colegios novohispanos, una tarea en la que tanto queda por hacer.</font></p>
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