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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The glories of the Republic of Tlaxcala: Art and Life Viceregal Mexico]]></article-title>
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	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Jaime Cuadriello, <i>The glories of the Republic of Tlaxcala: Art and Life Viceregal Mexico</i></b></font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ilona Katzew</b></font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Translation of Christopher J. Follet, Austin, Texas, University of Texas Press, 2011 (edici&oacute;n original <i>Las glorias de la Rep&uacute;blica de Tlaxcala o la conciencia como imagen sublime,</i> M&eacute;xico, Museo Nacional de Arte, Instituto de Investigaciones Est&eacute;ticas, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 2004)</b></font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Los Angeles County Museum of Art.</i></font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra de Jaime Cuadriello representa un original aporte a los estudios de la historia regional y del arte novohispano del siglo XVII desde una perspectiva interdisciplinar. A m&aacute;s de ser una aportaci&oacute;n de primer orden a los estudios coloniales, recupera la perspectiva ind&iacute;gena tan pocas veces delineada en toda su dimensi&oacute;n corporativa. La obra rescata la historia del patronazgo de una familia caciquil de la regi&oacute;n de Tlaxacala, poniendo de manifiesto los intereses no s&oacute;lo individuales y familiares de don Ignacio Faustino Mazihcatzin, su interacci&oacute;n con los pintores locales, sus amplios y bien sopesados conocimientos de teolog&iacute;a al servicio de la Iglesia local, as&iacute; como sus finalidades corporativas a favor de la naci&oacute;n ind&iacute;gena.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde los albores de la conquista hasta bien entrado el per&iacute;odo colonial (e incluso m&aacute;s all&aacute;), se ten&iacute;a a la naci&oacute;n ind&iacute;gena por abatida y demasiada nueva en la fe para ser considerada plenamente cristiana, lo que equival&iacute;a a decir "civilizada". &Eacute;sta es una cuesti&oacute;n en la que hasta cierto punto se sustentaba la presencia hisp&aacute;nica en el Nuevo Mundo. La Iglesia local se amparaba en su labor evangelizadora para bien "paternal" de los indios. Su misi&oacute;n consist&iacute;a en sacar a los ind&iacute;genas de las tinieblas del paganismo y convertir a las ne&oacute;fitos en cristianos ejemplares. De muchas maneras esta ideolog&iacute;a, con todas las paradojas impl&iacute;citas, era lo que justificaba el poder de la Iglesia local. Dicho de otro modo, y siguiendo al padre jesuita Jos&eacute; de Acosta quien hablara de un "evoluci&oacute;n continua" de las naciones b&aacute;rbaras de todo el orbe, el dilatado proceso de conversi&oacute;n ten&iacute;a la finalidad de civilizar y forjar una hermandad cristiana universal.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La Iglesia local criolla vivi&oacute; esta paradoja de muchas manera. Por una parte, quiso exaltar el tema de la providencia divina en tierras americanas, de all&iacute; que surgiera toda una constelaci&oacute;n de devociones locales en las que figura el indio como receptor o conductor de las apariciones milagrosas (no hay m&aacute;s que mencionar, entre los bastiones religiosos m&aacute;s notables de la Nueva Espa&ntilde;a, a la mism&iacute;sima Virgen de Guadalupe y la Virgen de Remedios en la ciudad de M&eacute;xico, y a San Miguel del Milagro y la Virgen de Ocotl&aacute;n en la regi&oacute;n de Puebla&#45;Tlaxcala, devociones sobre las que Cuadriello tambi&eacute;n se ha ocupado en otros estudios cuando, por ejemplo, describi&oacute; a la Nueva Espa&ntilde;a como una "Tierra de prodigios".</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este recurso, tanto discursivo, teol&oacute;gico y art&iacute;stico (hay que recordar, por parad&oacute;jico que parezca, que las im&aacute;genes, m&aacute;s que la palabra escrita, pod&iacute;an alcanzar un mayor n&uacute;mero de personas, ayudando con ello a edificar memoria), ten&iacute;a por objetivo subrayar el destino providencial de la Nueva Espa&ntilde;a. Ello era importante, entre otras cosas, en aras de crear una imagen del virreinato, una imagen tan a menudo cuestionada por te&oacute;logos y pensadores hisp&aacute;nicos y protestantes, como una meca aparicionista, una m&aacute;quina no solo civilizadora sino <i>civilizada.</i> Y aqu&iacute; cabe recordar que a menudo se ligaba a los criollos con la supuesta "inferioridad" de los ind&iacute;genas. Subrayar la encomienda y los logros de la Iglesia local ten&iacute;a la doble funcionalidad de promover a la Iglesia local as&iacute; como exultar la materia prima de la que se val&iacute;a: los mismos indios.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, dicho recurso no estaba exento de contradicciones. Si los indios eran merecedores de tantos y tan especiales favores, &iquest;no querr&iacute;a esto decir que dicha rep&uacute;blica ya hab&iacute;a alcanzado al m&aacute;ximo grado de civilizaci&oacute;n? &iquest;No significaba ello, entonces, que la presencia hisp&aacute;nica quedaba en entredicho? La notable aportaci&oacute;n del libro de Cuadriello que comentamos aqu&iacute;, de muchos modos se acerca a estas cuestiones. Mazihcatzin, se&ntilde;ala el autor, patrocin&oacute; un programa pict&oacute;rico ejemplar en Yehualtepec, rico y complejo, que funcionaba como un manifiesto ideol&oacute;gico pero sin llegar a faltar al decoro ni a oponerse a los preceptos del rey y sus representantes. Su objetivo m&aacute;s preclaro fue demostrar la ranciedad de la pr&eacute;dica cat&oacute;lica en tierras americanas &#45;de all&iacute; la inclusi&oacute;n de una obra se&ntilde;era ilustrando la predicaci&oacute;n de Santo Tom&aacute;s en Tlaxcala, mucho antes del arribo de los espa&ntilde;oles&#45; y por supuesto, demostrar que la naci&oacute;n ind&iacute;gena era parte incontestable del gremio de la Iglesia cat&oacute;lica. Es decir, la naci&oacute;n ind&iacute;gena no era tan nueva en la fe como algunos as&iacute; lo quisieron hacer ver.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De forma inteligente, poderosa y sublime, Mazihcatzin se vali&oacute; de los propios recursos y discursos de las esferas del poder &#45;lo que podr&iacute;amos describir como una especie de "remedo concientizado" &#45; para dejar bien asentado que el abatimiento no era lo que caracterizaba a los indios, como tampoco lo era su falta de piedad. Es decir, con este proyecto Mazihcatzin pone de relieve que no estamos ante un caso de "indios miserables" (una expresi&oacute;n ampliamente utilizada para describir la supuesta condici&oacute;n de los indios como "menores" y necesitados de la protecci&oacute;n regia),2 sino ante una corporaci&oacute;n plenamente <i>cristianizada</i> y <i>civilizada.</i> El lenguaje de la Iglesia es aqu&iacute; el discurso, el ciclo pict&oacute;rico el recurso, y todo ello esbozado mediante el sutil pero poderoso lenguaje de la alegor&iacute;a.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ya Cuadriello, en la introducci&oacute;n a su libro, se&ntilde;al&oacute; con plena raz&oacute;n exhortativa: "Quiz&aacute; el lector est&eacute; de acuerdo en que ya es tiempo de referirnos a una categor&iacute;a gen&eacute;rica de comprensi&oacute;n (si bien arbitraria como todas las ideol&oacute;gicas) hasta hoy impronunciable de nuestra bibliograf&iacute;a art&iacute;stica: el indigenismo pict&oacute;rico y aleg&oacute;rico del siglo XVIII". Para afirmar esto el autor se ampara en una larga trayectoria de investigaci&oacute;n. Muchos recordamos varias de sus exposiciones m&aacute;s se&ntilde;eras, que van desde su fascinaci&oacute;n por el mundo emblem&aacute;tico y el lenguaje de los signos, hasta su espl&eacute;ndida serie de <i>Los pinceles de la historia,</i> en donde rescat&oacute; varias obras y propuso nuevas formas de lectura de un cuerpo de im&aacute;genes que durante mucho tiempo se desde&ntilde;&oacute;.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y, es que, como se sabe, el siglo XVIII se caracteriz&oacute; por un supuesto exceso de dulzura, por el acartonamiento y repetici&oacute;n de sus modelos y la end&eacute;mica falta de originalidad, lo que los historiadores del arte denominamos "invenci&oacute;n". As&iacute; lo dej&oacute; asentado don Manuel Toussaint en su importante libro publicado en 1965, <i>Pintura colonial en M&eacute;xico</i> (pero concluido antes, en 1934), cuyo cap&iacute;tulo XXII se titula nada menos que "La decadencia en M&eacute;xico". Y aunque es importante se&ntilde;alar que dichas apreciaciones se remontan al siglo XIX y a la cr&iacute;tica del barroco y rococ&oacute; en general a ambos lados del Atl&aacute;ntico, es decir, que en gran medida son producto de su &eacute;poca, varios historiadores se han empe&ntilde;ado en difundir esta visi&oacute;n de la pintura dieciochesca.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, como la espl&eacute;ndida obra que comentamos aqu&iacute; lo demuestra, al igual que el trabajo de una generaci&oacute;n joven de estudiosos en M&eacute;xico, Estados Unidos, Europa y Sudam&eacute;rica, la pintura del siglo XVIII, ya plenamente cuajada tanto en lo art&iacute;stico como en lo iconogr&aacute;fico, se trata en realidad, de una de las aportaciones m&aacute;s esplendorosas y vitales de la pintura novohispana. El propio Bernardo Couto en sus <i>Di&aacute;logos sobre la historia de la pintura en M&eacute;xico,</i> una importante obra de 1860&#45;1861, en la que provey&oacute; la primera verdadera s&iacute;ntesis de la pintura novohispana, bien hizo notar que el concepto de la pintura colonial como un especie de Edad Media nac&iacute;a de los empe&ntilde;os nacionalistas tras las guerras de independencia, y se refiri&oacute; al esplendor dieciochesco, comentario que lamentablemente durante mucho tiempo cay&oacute; en saco roto. Por todo ello y m&aacute;s, la publicaci&oacute;n de <i>Las glorias de la Rep&uacute;blica de Tlaxcala,</i> y su reciente traducci&oacute;n al ingl&eacute;s, es motivo para celebrar.</font></p>
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