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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Sergio Mart&iacute;nez, Xian Huang y Godfrey Guillaumin (compiladores), <i>Historia, pr&aacute;cticas y estilos en la filosof&iacute;a de la ciencia: hacia una epistemolog&iacute;a plural</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Xavier de Donato</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Universidad Aut&oacute;noma Metropolitana&#45;Unidad Iztapalapa/Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a, M&eacute;xico, 2011, 356 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Facultad de Filosof&iacute;a, Universidad de Santiago de Compostela.</i> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:xavier.dedonato@usc.es">xavier.dedonato@usc.es</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro que ahora rese&ntilde;o es una compilaci&oacute;n de textos sobre pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas de diversa &iacute;ndole, todos ellos &#151;salvo dos, publicados originalmente en ingl&eacute;s&#151; escritos para la presente edici&oacute;n. Las dos excepciones pertenecen a dos de los autores m&aacute;s reconocidos entre quienes escriben sobre pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas. Me refiero a Stephen Turner y Joseph Rouse. Del primero se incluye el texto titulado "Pr&aacute;ctica, ciencias cognitivas y epistemolog&iacute;a social", que corresponde a la introducci&oacute;n, aunque corregida y revisada, de su libro <i>Brains/Practices/Relativism,</i> publicado por The University of Chicago Press en 2002. Del segundo se recoge un trabajo titulado "La filosof&iacute;a de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas de Kuhn", el cual no es sino una traducci&oacute;n de la contribuci&oacute;n de Rouse a un libro sobre Thomas Kuhn compilado por Thomas Nickles y publicado por Cambridge University Press en 2003.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Ambos trabajos, el de Turner y el de Rouse, se incluyen como cap&iacute;tulos 2 y 3, respectivamente, del presente volumen en espa&ntilde;ol. En general, &eacute;ste debe entenderse como una importante contribuci&oacute;n en nuestra lengua a un &aacute;mbito que, m&aacute;s all&aacute; de modas y predilecciones por uno u otro enfoques, se ha ido revelando como un interesante y fruct&iacute;fero tema de investigaci&oacute;n. El tema en cuesti&oacute;n, desde luego, no es nuevo. Desde que, en la d&eacute;cada de 1970, los autores vinculados a la llamada Escuela de Edimburgo (David Bloor, Barry Barnes y Steven Shapin) y Harry Collins en Bath comenzaron a desarrollar estudios sobre sociolog&iacute;a de la ciencia centrados en la pr&aacute;ctica de la ciencia y en la "vida de los laboratorios", han sido muchos los fil&oacute;sofos de la ciencia que, inspirados por una decidida voluntad naturalista y convencidos de la trascendencia de lo social para la comprensi&oacute;n de la naturaleza del conocimiento cient&iacute;fico, han contribuido de un modo u otro al estudio de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas. Bruno Latour, Steve Woolgar y Andrew Pickering son algunas referencias ineludibles. Como hacen notar Pickering (1992, p. 3) y los propios compiladores del libro que ahora nos ocupa (<i>cfr.</i> introducci&oacute;n, pp. 10 y ss.), este inter&eacute;s en las pr&aacute;cticas no era algo nuevo ni siquiera entonces. Autores como Ludwig Fleck, Michael Polanyi y Thomas Kuhn ya hab&iacute;an manifestado un inter&eacute;s espec&iacute;fico y novedoso en las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas, en el c&oacute;mo se practica la ciencia de hecho. En efecto, estos autores parecen clamar por que se ponga en las pr&aacute;cticas la atenci&oacute;n que no se les hab&iacute;a puesto o que no se les estaba poniendo en la filosof&iacute;a de la ciencia "cl&aacute;sica", centrada excesivamente en las teor&iacute;as cient&iacute;ficas y sus componentes b&aacute;sicos. A los nombres que acabo de citar como precursores, los compiladores de la presente obra a&ntilde;aden a Otto Neurath. Y, a mi entender, lo hacen correctamente, pues, aun cuando Neurath "no utiliz&oacute; de manera expl&iacute;cita el concepto de pr&aacute;ctica" (p. 15), parece claro que cuestion&oacute; la irrelevancia de las pr&aacute;cticas para el estudio filos&oacute;fico de la ciencia y, m&aacute;s en particular, la idea reduccionista de que la normatividad epist&eacute;mica puede traducirse en normas formalizables de un modo espec&iacute;fico. La idea de Neurath de los lenguajes cient&iacute;ficos como "jergas", al igual que las nociones de "estilo" y "colectivo de pensamiento" de Fleck, "conocimiento personal" de Polanyi, y "paradigma" y "ciencia normal" de Kuhn, suponen el desplazamiento de una filosof&iacute;a de la ciencia normativo&#45;reconstruccionista, "sin sujetos" y centrada en las teor&iacute;as, a una filosof&iacute;a de la ciencia descriptiva, centrada en las pr&aacute;cticas y progresivamente m&aacute;s interesada en la dimensi&oacute;n social y subjetiva del conocimiento cient&iacute;fico. Puede que el papel concreto de Kuhn en todo esto resulte debatible, pero la noci&oacute;n kuhniana de "ciencia normal" presupone que la actividad cient&iacute;fica es algo comunitario, definido por un conjunto de presupuestos compartidos y modos de proceder al resolver enigmas o rompecabezas, ya instituidos como tales &#151;al igual que el tipo de soluciones que se buscan&#151;. La ambig&uuml;edad que puede darse en la lectura de Kuhn muy bien puede venir de la ambig&uuml;edad inicial de su propia noci&oacute;n de paradigma, pero es claro que en Kuhn hay un replanteamiento sustancial de muchos presupuestos acerca de la normatividad y la racionalidad cient&iacute;ficas que aboga en favor de que se lo presente, junto con los autores citados, como un notorio exponente de una filosof&iacute;a de la ciencia "que toma las pr&aacute;cticas como recurso explicativo" (p. 37) y comienza a poner &eacute;nfasis en la dimensi&oacute;n social de la ciencia. Una relectura de Kuhn en funci&oacute;n de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas es la que propone precisamente Rouse en su contribuci&oacute;n al presente volumen.<sup><a href="#notas">2</a></sup> A Kuhn se le suele etiquetar como "historicista" junto con Norwood Hanson, Paul Feyerabend, Imre Lakatos y Larry Laudan, y quiz&aacute; vaya siendo hora de presentarlo m&aacute;s como un precursor de lo que podr&iacute;amos llamar un giro pragm&aacute;tico y "sociologizante" en la filosof&iacute;a de la ciencia de las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas (el resto de autores asociados al historicismo quedar&iacute;an, en mi opini&oacute;n, desprovistos de todos los elementos que har&iacute;an de Kuhn un precursor en este sentido). Pero dejo ya estos comentarios iniciales y paso a la discusi&oacute;n m&aacute;s o menos detallada del contenido del libro que nos concierne.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El volumen abre con una introducci&oacute;n escrita por dos de los compiladores, la cual nos presenta un &uacute;til y clarificador panorama de la filosof&iacute;a de la ciencia centrada en las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas. Los compiladores son conscientes del problema que se les plantea de entrada, pues no hay ninguna noci&oacute;n clara de pr&aacute;ctica cient&iacute;fica que pueda presentarse como una definici&oacute;n compartida com&uacute;nmente por los fil&oacute;sofos de la ciencia de hoy, y se apresuran a admitir desde el principio que "&#91;p&#93;retender buscar un concepto de pr&aacute;ctica com&uacute;n no entra en los intereses de este tipo de proyecto" (p.8). El enfoque o incluso &#151;dir&iacute;a yo&#151; los presupuestos defendidos por los compiladores se enmarcan dentro de un pluralismo que reconoce la diversidad de tipos de teor&iacute;as y pr&aacute;cticas en la ciencia y que sostiene que tal reconocimiento est&aacute; en la base de una comprensi&oacute;n adecuada del propio conocimiento cient&iacute;fico. Puedo admitir que esto es as&iacute;, pues adoptar <i>apriori</i>un enfoque monista o reduccionista puede resultar sospechoso en casi cualquier disciplina, al d&iacute;a de hoy; lo que me resulta m&aacute;s dif&iacute;cil de admitir es, sin embargo, que el esclarecimiento de la noci&oacute;n de pr&aacute;ctica resulte irrelevante en el estudio del tema que nos ocupa. Es decir, puedo entender que no sea necesario ver tal esclarecimiento como una <i>precondici&oacute;n</i> para abordar dicho estudio, como afirman los compiladores, pero entiendo que tal esclarecimiento es deseable e, indudablemente, ha de figurar entre los resultados de un discurso filos&oacute;fico sobre las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas; incluso ser&iacute;a &uacute;til disponer de dicho esclarecimiento de antemano para comenzar a encontrar claridad entre tantas concepciones diferentes, incluso contrapuestas, de las pr&aacute;cticas y los estilos de pensamiento. Es m&aacute;s, tal esclarecimiento resultar&aacute; necesario tarde o temprano si acaso se ha de conceder a la noci&oacute;n de pr&aacute;ctica un papel aut&eacute;nticamente explicativo. Los autores de la introducci&oacute;n apelan a la pluralidad de las propias pr&aacute;cticas para justificar la diversidad de enfoques y aproximaciones a los problemas relacionados con ellas (p. 58). En este punto, hay que observar que nuestro diagn&oacute;stico depender&aacute; de si alguno de los enfoques se propone como una teor&iacute;a general de las pr&aacute;cticas. Si as&iacute; fuera, nuestro diagn&oacute;stico debe estar en funci&oacute;n de si dicho enfoque capta o no la pluralidad de las pr&aacute;cticas, adem&aacute;s de si lo hace adecuadamente. Lo que los compiladores parecen querer decir es que los diversos enfoques existentes responden a conceptos de pr&aacute;ctica distintos, pero entonces tales enfoques no podr&iacute;an presentarse como teorizaciones generales acerca de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas e incluso cabr&iacute;a preguntarse por la posibilidad de una concepci&oacute;n unitaria que pudiera capturar los distintos conceptos de pr&aacute;ctica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los autores de la introducci&oacute;n intentan articular el discurso filos&oacute;fico acerca de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas con base en dos tesis centrales, la primera de las cuales consiste en ver la "filosof&iacute;a de la ciencia centrada en teor&iacute;as &#91;como&#93; una filosof&iacute;a muy limitada que pasa por alto muchos factores que entran en la construcci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico" (p. 9). De acuerdo con la segunda, "el rechazo de una filosof&iacute;a de la ciencia centrada en teor&iacute;as no implica &#91;...&#93;el rechazo de la centralidad de la epistemolog&iacute;a para entender lo que es la ciencia" (p. 9). Podemos estar de acuerdo con la primera tesis sin problemas, pero es la segunda la que podr&iacute;a parecer m&aacute;s controvertida de entrada. Las razones para la compatibilidad entre la epistemolog&iacute;a y el rechazo del "centralismo" de la noci&oacute;n de teor&iacute;a se aprecian m&aacute;s adelante, cuando los compiladores describen su proyecto de una <i>epistemolog&iacute;a naturalizada social,</i> "que insiste en que los mecanismos cognitivos cuyo an&aacute;lisis interesa a la epistemolog&iacute;a tienen un car&aacute;cter irreductiblemente social" (p. 41) y que los autores describen como un modo de superar la dicotom&iacute;a entre el individualismo, que conduce a un modo de ver el conocimiento cient&iacute;fico excesivamente estrecho, y la epistemolog&iacute;a social radical, la cual conduce al relativismo. Dicha dicotom&iacute;a plantear&iacute;a, por lo tanto, un falso dilema, pues habr&iacute;a al menos una opci&oacute;n que ir&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de ella, superando, adem&aacute;s, sus inconvenientes. Seg&uacute;n esta epistemolog&iacute;a naturalizada social, el concepto de pr&aacute;ctica resultar&iacute;a indispensable para la epistemolog&iacute;a de la ciencia, ya que es lo que nos permite entender correctamente la naturaleza de la normatividad epist&eacute;mica y la que "nos ofrece una mejor manera de modelar la racionalidad cient&iacute;fica" (p. 43). M&aacute;s en particular, la noci&oacute;n de pr&aacute;ctica "permite a la epistemolog&iacute;a social explicar c&oacute;mo los elementos cognitivos socialmente estructurados juegan un papel epist&eacute;mico" (p. 41). Al margen de que estas afirmaciones acaso requerir&iacute;an abundar m&aacute;s en su justificaci&oacute;n, creo que har&iacute;a falta matizar el alcance de esta propuesta epistemol&oacute;gica, aclarando si se trata de una tesis fuerte, que afecta a <i>todas</i> las nociones epist&eacute;micas relevantes en el estudio del conocimiento cient&iacute;fico y no &uacute;nicamente a algunas, o de una tesis m&aacute;s moderada, compatible con un tipo de an&aacute;lisis de la normatividad de <i>algunas</i> nociones epist&eacute;micas cl&aacute;sicas, donde ni el concepto de pr&aacute;ctica ni el aspecto social llegan a desempe&ntilde;ar un papel decisivo. Parece que los autores de la introducci&oacute;n se comprometen con la tesis fuerte. Si as&iacute; fuera, en la medida en que la normatividad de dichas nociones se entienda como algo constituido socialmente, como parece ser el caso, se podr&iacute;a pensar que su posici&oacute;n quedar&iacute;a afectada por el relativismo. Los autores, conscientes de este peligro, defienden un modelo de racionalidad situada, basado en la adopci&oacute;n de reglas heur&iacute;sticas de naturaleza contextual. As&iacute;, la idea de la racionalidad basada en c&aacute;nones universales se abandona en favor de una idea evolucionista de la racionalidad, seg&uacute;n la cual "nuestras capacidades biol&oacute;gico&#45;cognitivas &#91;est&aacute;n&#93; estructuradas socialmente y articuladas en artefactos e instituciones que son parte de un proceso de evoluci&oacute;n de normas muy complejo" (p. 51). Esta idea de la racionalidad que defiende Mart&iacute;nez (2003) se a&uacute;na con una visi&oacute;n en la que las pr&aacute;cticas no se identifican con regularidades, sino que &#151;siguiendo a Rouse (2002, p. 161)&#151; se consideran procesos normativos. Al igual que Rouse, los autores apelan a la pragm&aacute;tica normativa de Brandom (1994) para trasladarla del &aacute;mbito del an&aacute;lisis de las pr&aacute;cticas ling&uuml;&iacute;sticas al de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas.<sup><a href="#notas">3</a></sup> No creo que fuera tan dif&iacute;cil admitir que la normatividad de por lo menos algunas pr&aacute;cticas y conceptos cient&iacute;ficos, especialmente aquellos que tienen componentes netamente contextuales y pragm&aacute;ticos, puedan explicarse de este modo; la cuesti&oacute;n es saber si absolutamente todos permitir&iacute;an este tipo de explicaci&oacute;n. En cuanto a la aproximaci&oacute;n evolucionista de la racionalidad, &eacute;sta es la parte m&aacute;s discutible del proyecto de los compiladores. Aunque trabajos recientes, como el de De Cruz y De Smedt (2012), muestran la utilidad que una explicaci&oacute;n de tipo evolucionista puede tener a la hora de dar cuenta de la transmisi&oacute;n de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas, soy m&aacute;s esc&eacute;ptico acerca del papel que podr&iacute;a tener esta estrategia en la justificaci&oacute;n de la normatividad cient&iacute;fica, pues nada impedir&iacute;a que este tipo de argumento sirviera para justificar otras pr&aacute;cticas no cient&iacute;ficas por el mero hecho de que se han acabado imponiendo. En cualquier caso, lo que queda claro es que se trata de una hip&oacute;tesis de trabajo interesante y prometedora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Precisamente el cap&iacute;tulo 4 de esta compilaci&oacute;n, cuyo autor es Godfrey Guillaumin, est&aacute; dedicado a la problematicidad de la relaci&oacute;n entre normatividad epist&eacute;mica y pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas, centr&aacute;ndose en las nociones de pr&aacute;ctica cient&iacute;fica de Pickering y Rouse. Guillaumin explora las dificultades en el an&aacute;lisis y la explicaci&oacute;n de la normatividad epist&eacute;mica del conocimiento cient&iacute;fico que gener&oacute; la transici&oacute;n de la historia y la filosof&iacute;a de la ciencia a los estudios socioculturales del conocimiento cient&iacute;fico. El autor se&ntilde;ala, correctamente a mi entender, el error que ha supuesto, en el &aacute;mbito de dichos estudios, confundir normatividad epist&eacute;mica y normatividad social, por un lado, y ciencia como proceso y ciencia como resultado, por otro. Tambi&eacute;n acierta al se&ntilde;alar que dichos estudios se centraron en la noci&oacute;n de <i>pr&aacute;cticas</i> cient&iacute;ficas antes que en estudiar qu&eacute; es aquello que las hace <i>cient&iacute;ficas.</i> El cap&iacute;tulo 6,escrito por Ricardo V&aacute;zquez, es una cr&iacute;tica a la teor&iacute;a material de la inducci&oacute;n de John Norton y una defensa, inspirada en Nelson Goodman, del papel de los aspectos contextuales y pragm&aacute;ticos en la justificaci&oacute;n de las inferencias inductivas. La idea no es excluir la dimensi&oacute;n material, sino mostrar que por s&iacute; sola no tiene car&aacute;cter normativo. En este sentido y en consonancia con la tesis defendida por los compiladores, el trabajo de V&aacute;zquez supone una contribuci&oacute;n en la l&iacute;nea de explicar la normatividad en virtud de normas impl&iacute;citas en nuestras pr&aacute;cticas inferenciales, normas que ser&iacute;an sensibles al contexto y variar&iacute;an en el tiempo, acomod&aacute;ndose a nuestro modo de aprender de la experiencia. De la misma manera, el trabajo de Xian Huang acerca de la epistemolog&iacute;a m&iacute;nima social de Philip Kitcher parte de la necesidad del uso de reglas heur&iacute;sticas en los mecanismos de decisi&oacute;n y de la importancia de los factores externos del entorno de los sujetos para mostrar lo inadecuado y ficticio de la teor&iacute;a de la racionalidad de Kitcher, basada en una idea de sujeto excesivamente estrecha, de manera que se suma a muchas de las cr&iacute;ticas que la epistemolog&iacute;a de este fil&oacute;sofo ha cosechado hasta ahora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">David Casacuberta y Anna Estany se toman muy en serio la importancia de los factores externos y abogan por un modelo de cognici&oacute;n socialmente distribuida basado en la idea de "mente extendida", defendida por autores como Clark (2003). Partiendo de la idea de sost&eacute;n cognitivo, los autores exploran las implicaciones del modelo extendido de la mente en la filosof&iacute;a de la ciencia, y proponen entender el laboratorio como una mente extendida. Todav&iacute;a no se ven bien las ventajas que esto podr&iacute;a comportar para el an&aacute;lisis de la normatividad de la ciencia entendida como producto, aunque se comprende sin dificultad la novedad que esta nueva concepci&oacute;n comportar&iacute;a con respecto al estudio de los componentes cognitivos de la ciencia como proceso. Por otro lado, las dificultades no resueltas del modelo de la mente extendida en el &aacute;mbito de las ciencias cognitivas hacen que, de momento, haya que tomar esta propuesta como una hip&oacute;tesis de trabajo, aunque sea muy prometedora e interesante. En el cap&iacute;tulo siguiente, Sergio Mart&iacute;nez defiende un modelo interaccionista como parte de un modelo evolucionista de la cognici&oacute;n, y lo aplica a la comprensi&oacute;n del papel epist&eacute;mico de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas, inspir&aacute;ndose en modelos cognitivos elaborados en la rob&oacute;tica. El modelo interaccionista niega que la cognici&oacute;n pueda modelarse de arriba hacia abajo como lo pretende la concepci&oacute;n cl&aacute;sica "cartesiana", rechaza la idea de procesamiento central y se compromete con la idea de una cognici&oacute;n distribuida. La trascendencia que estos modelos tendr&iacute;an en la comprensi&oacute;n de la evoluci&oacute;n de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas como resultado del aprendizaje y la interacci&oacute;n social ser&iacute;a tal que nos obliga a saludar esta idea como algo tambi&eacute;n renovador y de resultados prometedores. En su texto "Hacia una filosof&iacute;a de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas: de las teor&iacute;as a las agendas cient&iacute;ficas", Javier Echeverr&iacute;a y Francisco &Aacute;lvarez nos proponen una de las tareas, a mi entender, m&aacute;s importantes y necesarias de toda la compilaci&oacute;n. Lo que proponen es un an&aacute;lisis te&oacute;rico del concepto de pr&aacute;ctica y una teor&iacute;a general de las acciones cient&iacute;ficas, de la cual s&oacute;lo nos presentan los elementos b&aacute;sicos en este trabajo. De su an&aacute;lisis se desprende que la estructura de las acciones cient&iacute;ficas no es l&oacute;gica en el sentido de seguir reglas formales definidas, sino que es <i>racional,</i> determinada por una normatividad axiol&oacute;gica (los autores hablan de una racionalidad "valorativa"). Se ocupan tambi&eacute;n de la din&aacute;mica de la pr&aacute;ctica cient&iacute;fica, en la que distinguen tres grandes fases: preacciones (por ejemplo, el dise&ntilde;o de un experimento), acciones (el experimento como tal) y postacciones (las consecuencias que se siguen de tal experimento). Esta distinci&oacute;n les permite analizar un nuevo concepto, el de <i>agenda cient&iacute;fica,el</i> cual es de gran trascendencia para la comprensi&oacute;n de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas, dado que &eacute;stas estar&iacute;an organizadas en cada momento en unas cuantas agendas, de mayor tama&ntilde;o y complejidad y que, obviamente, no podr&iacute;an circunscribirse a teor&iacute;as aisladas. Todas estas agendas tendr&iacute;an sus propios tipos de actividades, cursos de acci&oacute;n, secuencias y acciones concretas. Los cambios de agenda suponen cambios de pr&aacute;cticas y, a su vez, cambios de teor&iacute;as. Una comprensi&oacute;n adecuada de la din&aacute;mica de estas agendas ser&iacute;a, pues, decisiva para el estudio de la actividad cient&iacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el estudio de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas la noci&oacute;n de estilo ha devenido central. El trabajo de Rasmus Winther es precisamente una revisi&oacute;n cr&iacute;tica de la noci&oacute;n de estilos de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica y en &eacute;l se defiende que la categor&iacute;a de estilo resulta una estrategia m&aacute;s inclusiva para la comprensi&oacute;n conjunta de teor&iacute;a y pr&aacute;ctica. Winther aborda no s&oacute;lo la noci&oacute;n de estilo en I. Hacking y A.C. Crombie, sino tambi&eacute;n los an&aacute;lisis de Arnold Davidson y Winifred Wisan, que presentan la novedad de proponer una metodolog&iacute;a para taxonomizar estilos. Estoy de acuerdo con el autor en que la noci&oacute;n de estilo, aun siendo vaga en comparaci&oacute;n con las nociones teoricoc&eacute;ntricas, resulta &uacute;til para la clasificaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas y los modos de acci&oacute;n en la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, si bien quedan todav&iacute;a muchas preguntas por resolver en lo que respecta a la noci&oacute;n misma de estilo y a su uso en el estudio de la din&aacute;mica de la ciencia. Los dos &uacute;ltimos cap&iacute;tulos de la compilaci&oacute;n est&aacute;n dedicados a las pr&aacute;cticas en el &aacute;mbito de las matem&aacute;ticas y las ciencias formales. V&iacute;ctor Rodr&iacute;guez dedica su contribuci&oacute;n a la compleja tarea de llevar a cabo una taxonom&iacute;a de los tipos de pr&aacute;cticas y estilos de pensamiento en las matem&aacute;ticas contempor&aacute;neas. Esta tarea resultar&iacute;a de gran ayuda para una valoraci&oacute;n adecuada de la din&aacute;mica propia de las teor&iacute;as y las pr&aacute;cticas en las matem&aacute;ticas contempor&aacute;neas. Por su parte, Axel Barcel&oacute; analiza el papel que tiene la explicitaci&oacute;n de reglas formales y su representaci&oacute;n, un papel &#151;a su entender&#151; democratizador y facilitador del conocimiento y el aprendizaje. Tomando como caso de estudio la formalizaci&oacute;n de la teor&iacute;a de conjuntos, Barcel&oacute; argumenta en favor del papel legitimador de la formalizaci&oacute;n para constituir una pr&aacute;ctica matem&aacute;tica en cuanto pr&aacute;ctica <i>objetiva.</i> Su conjetura de que este diagn&oacute;stico se puede trasladar al &aacute;mbito de la ciencia emp&iacute;rica se debe tomar <i>cum grano salis</i>, habida cuenta de las dificultades flagrantes con que se ha topado el proyecto de una formalizaci&oacute;n de reglas expl&iacute;citas en la legitimaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas de las ciencias emp&iacute;ricas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">He dejado para el final el comentario sobre los trabajos de Rouse y Turner, que siguen inmediatamente a la introducci&oacute;n de los compiladores. El cap&iacute;tulo de Rouse presenta dos interpretaciones de Kuhn: una, la m&aacute;s com&uacute;n y apegada al texto, es teoricoc&eacute;ntrica, en tanto que la m&aacute;s novedosa y visionaria, que el propio Rouse favorece, es una visi&oacute;n de la ciencia centrada en las pr&aacute;cticas, seg&uacute;n la cual los cient&iacute;ficos <i>usan</i> los paradigmas m&aacute;s que creer en ellos. En la lectura que Rouse hace de Kuhn, la obra de &eacute;ste supone una reorientaci&oacute;n de la filosof&iacute;a de la ciencia hacia una explicaci&oacute;n de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas m&aacute;s que hacia una explicaci&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico. Seg&uacute;n dije l&iacute;neas antes, tiendo a simpatizar con esta manera de interpretar a Kuhn a pesar de su heterodoxia, ya que, si bien implica forzar un poco la letra, tambi&eacute;n es cierto que con ella se consigue detectar aspectos novedosos que ya estaban impl&iacute;citos en la filosof&iacute;a de Kuhn. Las ideas que se desprenden del texto de Turner me parecen mucho m&aacute;s cuestionables. Si su manera de entender las pr&aacute;cticas como meros h&aacute;bitos individuales supone un retorno al individualismo que se ve en dificultades a la hora de dar cuenta de los aspectos comunitarios del conocimiento cient&iacute;fico, su apelaci&oacute;n a modelos conexionistas para explicar el aprendizaje y las actitudes cognitivas de los cient&iacute;ficos tampoco est&aacute; exenta de problemas. El gran interrogante aqu&iacute; es si esta suerte de disoluci&oacute;n de lo social en patrones conexionistas de aprendizaje resulta suficientemente explicativa de la emergencia de lo social a partir de lo individual, por no hablar de su dimensi&oacute;n normativa. En verdad, la idea de Turner suena a&uacute;n muy hipot&eacute;tica para aventurar una respuesta con cierto fundamento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como advierten los propios compiladores, "no puede decirse que los diferentes autores en esta antolog&iacute;a apunten a un concepto de pr&aacute;ctica definido por un n&uacute;cleo com&uacute;n de significado" (p. 58), pero lo que s&iacute; es cierto es que el presente libro es una compilaci&oacute;n de materiales imprescindible para todos aquellos que quieran acercarse al tema de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brandom, R., 1994, <i>Making It Explicit: Reasoning, Representing, and Discursive</i> <i>Commitment,</i> Harvard University Press, Cambridge, Mass.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838768&pid=S0185-2450201300020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Clark, A., 2003, <i>Natural&#45;Born Cyborgs: Minds, Technologies, and the Future of</i> <i>Human Intelligence,</i> Oxford University Press, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838770&pid=S0185-2450201300020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Cruz, H. y J. de Smedt, 2012, "Evolved Cognitive Biases and the Epistemic Status of Scientific Beliefs", <i>Philosophical Studies,</i> vol. 157, no. 3, pp. 411&#45;429.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838772&pid=S0185-2450201300020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Donato, X., 2011, "T.S. Kuhn y el cambio te&oacute;rico revolucionario: &iquest;la racionalidad cient&iacute;fica puesta en cuesti&oacute;n?", en A.R. P&eacute;rez Ransanz y A. Velasco (comps.), <i>Racionalidad en ciencia y tecnolog&iacute;a: nuevas perspectivas iberoamericanas,</i> Secretar&iacute;a de Desarrollo Institucional&#45;UNAM, M&eacute;xico, pp. 281&#45;292.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838774&pid=S0185-2450201300020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">De Donato, X. y J. Zamora, 2012, "Explanation and Modelization in a Comprehensive Inferential Account", en H. de Regt, S. Hartmann y S. Okasha (comps.), EPSA <i>Philosophy of Science: Amsterdam</i> 2009, Springer, Nueva York, pp. 33&#45;42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838776&pid=S0185-2450201300020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2009, "Credibility, Idealisation, and Model Building: An Inferential Approach", <i>Erkenntnis,</i> vol. 70, no. 1, pp. 101&#45;118.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838778&pid=S0185-2450201300020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mart&iacute;nez, S.F., 2003, <i>Geograf&iacute;a de las pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas: racionalidad, heur&iacute;stica y normatividad,</i> Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas&#45;UNAM, M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838780&pid=S0185-2450201300020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pickering, A. (comp.), 1992, <i>Science as Practice and Culture, The</i> University of Chicago Press, Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838782&pid=S0185-2450201300020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rouse, J., 2003, "Kuhn's Philosophy of Scientific Practice", en Th. Nickles (comp.), <i>Thomas Kuhn,</i> Cambridge University Press, Cambridge, pp. 101&#45;121.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838784&pid=S0185-2450201300020000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, 2002, <i>How Scientific Practices Matter: Reclaiming Philosophical Naturalism,</i> The University of Chicago Press, Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838786&pid=S0185-2450201300020000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Turner, S., 2002, <i>Brains/Practices/Relativism: Social Theory after Cognitive Science,</i> The University of Chicago Press, Chicago.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2838788&pid=S0185-2450201300020000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Curiosamente, mientras la procedencia de la versi&oacute;n original del texto de Turner se se&ntilde;ala convenientemente, este &uacute;ltimo hecho no se recoge en el caso del cap&iacute;tulo de Rouse en la edici&oacute;n que nos ocupa. <i>Cfr.</i> Rouse 2003.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> La interpretaci&oacute;n de que la dimensi&oacute;n social se convierte en un aspecto crucial del conocimiento cient&iacute;fico ya ha sido subrayada, adem&aacute;s de por otros autores, por m&iacute; en De Donato 2011, donde presento a Kuhn como si defendiera un nuevo modelo de racionalidad cient&iacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Curiosamente, los compiladores coincidir&iacute;an en esto con el autor de esta rese&ntilde;a, que ha defendido la adopci&oacute;n de un modelo inspirado en el de Brandom para el an&aacute;lisis de la normatividad de la representaci&oacute;n y la explicaci&oacute;n cient&iacute;ficas en De Donato y Zamora 2009 y 2012.</font></p>      ]]></body><back>
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