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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[De la decisión a la acción: estudio sobre el imperium en Tomás de Aquino]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Mar&iacute;a Teresa Enr&iacute;quez, <i>De la decisi&oacute;n a la acci&oacute;n: estudio sobre el</i> imperium <i>en Tom&aacute;s de Aquino</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Francisco J. Romero Carrasquillo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Georg Olms, Z&uacute;rich/Nueva York, 2011, 412 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Panamericana</i> <a href="mailto:fromero@up.edu.mx">fromero@up.edu.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>De la decisi&oacute;n a la acci&oacute;n</i> es, de acuerdo con las palabras mismas de la autora, un estudio "sistem&aacute;tico&#91;,&#93; intratextual, &#91;y&#93; exhaustivo" (p. 16) del concepto de imperio <i>(imperium)</i> en Tom&aacute;s de Aquino, noci&oacute;n con la cual este autor se refiere principalmente al acto del intelecto pr&aacute;ctico seg&uacute;n "manda" a las dem&aacute;s facultades a actuar. Como se explica en la introducci&oacute;n, el libro no es un estudio hist&oacute;rico &#151;es decir, el fin no es realizar una doxograf&iacute;a diacr&oacute;nica del fil&oacute;sofo que narre hist&oacute;ricamente los desarrollos de su pensamiento a trav&eacute;s de su carrera acad&eacute;mica&#151;, sino un an&aacute;lisis sincr&oacute;nico en el que se propone una visi&oacute;n coherente y sint&eacute;tica de todo lo que Tom&aacute;s de Aquino ense&ntilde;a en sus obras respecto del concepto de imperio. Adem&aacute;s, la autora no se limita a los textos de este pensador, sino que a&ntilde;ade profundidad a su an&aacute;lisis ahondando en las obras de los autores y comentadores de la tradici&oacute;n tomista, desde Domingo de Soto hasta Garrigou&#45;Lagrange, para resolver problemas interpretativos que no quedan claros directamente desde las fuentes primarias. En varias ocasiones ofrece incluso contrastes entre la posici&oacute;n de Tom&aacute;s de Aquino y las de los escol&aacute;sticos posmedievales, particularmente las de V&aacute;zquez y Su&aacute;rez, quienes niegan el <i>imperium</i> por considerarlo innecesario e imposible <i>(cfr.</i> p. 32). Obviamente, la literatura filos&oacute;fica contempor&aacute;nea tambi&eacute;n desempe&ntilde;a un papel relevante en su ex&eacute;gesis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Luego de una breve introducci&oacute;n que detalla la naturaleza y el prop&oacute;sito de la obra, la autora divide el libro en dos partes que, juntas, suman siete cap&iacute;tulos, todos de m&aacute;s o menos la misma longitud (de entre treinta y cincuenta p&aacute;ginas cada uno). La divisi&oacute;n de la obra en dos partes no se encuentra en el &iacute;ndice, pero la explica la autora en la introducci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera parte est&aacute; constituida por los primeros tres cap&iacute;tulos: el primero titulado <i>"Imperium,</i> acto de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica", el segundo "La voluntad y el principio del imperio" y el tercero "Los actos voluntarios imperados". Estos tres son los cap&iacute;tulos fundamentales de los cuales se deriva toda la discusi&oacute;n subsecuente. La segunda parte de la obra, que incluye los cap&iacute;tulos del IV al VII, se enfoca en los corolarios de la doctrina fundamental establecida en la primera parte: el cuarto cap&iacute;tulo trata sobre "El imperio de lo debido, el <i>praeceptum",</i> el quinto sobre "El imperio de lo universal, la ley", el sexto sobre "Imperio y virtudes" y el s&eacute;ptimo y &uacute;ltimo sobre "Virtudes imperantes". En estos &uacute;ltimos cap&iacute;tulos vemos mejor el impresionante kilometraje doctrinal del concepto central de imperio, pues en ellos encontramos sorprendentes aplicaciones del tema. Por ejemplo, en los cap&iacute;tulos IV y V la autora discute la noci&oacute;n de "imperio sobre otros", que no es otra cosa que el gobierno social, y sus consecuencias respecto a la ley y la autoridad. Adem&aacute;s, en los cap&iacute;tulos VI y VII Enr&iacute;quez desentra&ntilde;a la noci&oacute;n de virtudes imperadas para explicar c&oacute;mo Tom&aacute;s de Aquino relaciona las virtudes entre s&iacute;. Hubiera sido muy oportuno que la autora presentara un an&aacute;lisis del texto de <i>Summa theologiae</i> II&#45;II.32.1 ad 1, que es una joya conceptual en cuanto que distingue entre actos que pertenecen a una virtud de manera "elicitiva" <i>(elicitive)</i> y a otra virtud "como a la &#91;virtud&#93; imperante" <i>(sicut imperanti);</i> sin embargo, no aparece una discusi&oacute;n de este texto ni de textos paralelos. El libro cierra con un breve ep&iacute;logo donde la autora explica los diferentes "sentidos del imperio", despu&eacute;s del cual encontramos una adecuada bibliograf&iacute;a y tres &iacute;ndices muy &uacute;tiles: de autores, de materias y de pasajes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lamentablemente, en esta rese&ntilde;a no puedo comentar al detalle estos excelentes cap&iacute;tulos por limitaciones de espacio y de tiempo, as&iacute; que me voy a enfocar en los primeros tres cap&iacute;tulos, los cuales, en mi opini&oacute;n, sirven como cimiento para los dem&aacute;s. En &eacute;stos la autora establece la naturaleza del <i>imperium</i> y la distinci&oacute;n central entre actos imperados y actos el&iacute;citos en Tom&aacute;s. Como lo explica Enr&iacute;quez: "Los primeros tres cap&iacute;tulos siguen, paso a paso, la caracterizaci&oacute;n del concepto ofrecida como parte del an&aacute;lisis del acto voluntario en el texto privilegiado para este estudio: la cuesti&oacute;n 17 de la <i>prima secundae</i> de la <i>Summa theologiae</i> dedicada precisamente a los actos imperados por la voluntad" (p. 17).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer cap&iacute;tulo, <i>"Imperium,</i> acto de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica", se centra en el concepto de imperio en s&iacute; mismo y analiza minuciosamente los textos en los cuales Tom&aacute;s de Aquino trata el tema directamente. El cap&iacute;tulo est&aacute; subdividido en tres secciones: "1. Orden y movimiento", "2. Raz&oacute;n pr&aacute;ctica y especulativa" y "3. La voluntad y el imperio de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica". Las primeras dos secciones explican los fundamentos metaf&iacute;sicos y psicol&oacute;gicos que la autora presupone en el resto de la obra. En la tercera secci&oacute;n comienza de lleno la discusi&oacute;n sobre el concepto de <i>imperium,</i> y se discuten sus aspectos m&aacute;s esenciales: qu&eacute; es, a qu&eacute; potencia del alma pertenece y c&oacute;mo se relaciona con otras facultades. Enr&iacute;quez ofrece una detallada recensi&oacute;n de los puntos fundamentales de la doctrina sobre el imperio. En particular, explica de manera muy instructiva por qu&eacute; el imperio es esencialmente un acto de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica (y no de la voluntad), aunque, como dice Tom&aacute;s de Aquino, este acto de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica presuponga un acto de la voluntad. Esta doctrina realmente no es f&aacute;cil de entender, ya que el Doctor Ang&eacute;lico habitualmente habla del "imperio de la voluntad" o de actos "imperados por la voluntad", pero a la hora de discutir directamente a qu&eacute; potencia pertenece, atribuye el imperio esencialmente al intelecto pr&aacute;ctico y no a la voluntad. Sin embargo, Enr&iacute;quez hace una excelente labor explic&aacute;ndolo claramente. Un aspecto secundario pero de mucho inter&eacute;s es la discusi&oacute;n sobre la sutil distinci&oacute;n entre imperar y deprecar. Resulta particularmente interesante ver c&oacute;mo la autora aplica estos conceptos al gobierno de las potencias irracionales por parte de las potencias racionales del hombre. Estas observaciones sobre imperar y deprecar son muy &uacute;tiles para entender mejor el contenido de lo que sigue y, especialmente, el tercer cap&iacute;tulo, sobre el cual hablar&eacute; despu&eacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el segundo cap&iacute;tulo, "La voluntad y el principio del imperio", Enr&iacute;quez va m&aacute;s all&aacute; del imperio como acto de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, y explica el papel de la voluntad en el mismo. El cap&iacute;tulo est&aacute; subdividido en tres secciones: "1. Actos voluntarios imperados", "2. Actos el&iacute;citos de la voluntad" y "3. <i>Imperium</i> y acto imperado". En la primera secci&oacute;n se establece la distinci&oacute;n fundamental entre actos el&iacute;citos y actos imperados que, como lo nota la autora, "explica &#91;...&#93; la posibilidad de fractura entre lo que es querido y lo que es ejecutado" (p. 51). Los actos imperados de la voluntad son los que proceden esencialmente de otras potencias, como los actos propios de la potencia motriz (por ejemplo, me paro, me siento, camino, etc.), en cuanto que son gobernados o dirigidos por la voluntad, mientras que los actos el&iacute;citos de la voluntad son actos esencialmente volitivos como, por ejemplo, amar, odiar, elegir, consentir, usar (o imperar), etc&eacute;tera.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, seg&uacute;n la interpretaci&oacute;n tradicional, Tom&aacute;s de Aquino utiliza adem&aacute;s los conceptos de "acto interior" y "acto exterior" de la voluntad como terminolog&iacute;a equivalente a la de "acto imperado" y "acto el&iacute;cito" de la voluntad, respectivamente. Es decir, la tesis tradicional es que los actos "interiores" de la voluntad son los actos esencialmente volitivos, los actos el&iacute;citos de la voluntad, mientras que los actos "exteriores" de la voluntad son los actos imperados por la voluntad, aquellos que esencialmente proceden de otras potencias a trav&eacute;s de la direcci&oacute;n de la voluntad. Pero Enr&iacute;quez niega esta tesis diciendo que "&#91;l&#93;as categor&iacute;as el&iacute;cito e imperado no se identifican con las de actos interiores y exteriores". La identificaci&oacute;n tradicional entre la terminolog&iacute;a de actos interiores/exteriores con la terminolog&iacute;a de actos el&iacute;citos/imperados no es expl&iacute;cita en el fil&oacute;sofo estudiado. La autora no lo menciona en el libro, pero esta identificaci&oacute;n proviene de Tom&aacute;s de V&iacute;o Cayetano, comentador de Tom&aacute;s de Aquino, quien concluye que hay que afirmar tal identificaci&oacute;n por necesidad interpretativa. Es decir, Cayetano ve que las dos terminolog&iacute;as tienen la misma funci&oacute;n en los textos tomistas, y si nosotros no lo vemos de esa manera tropezaremos con inconsistencias interpretativas.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Aunque difiero de la autora en este punto, s&iacute; aprecio que haya reunido de manera clara en su investigaci&oacute;n todas las posturas clave y haya continuado con esta discusi&oacute;n tan interesante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer cap&iacute;tulo, que trata de "Los actos voluntarios imperados", es tambi&eacute;n fundamental, pues utiliza el concepto de imperio para explicar de manera detallada la relaci&oacute;n entre la raz&oacute;n/voluntad y las potencias subracionales (o, seg&uacute;n la autora, participativamente racionales), tales como los apetitos sensibles y la sensualidad. Me parece que la doctrina esencial de este tercer cap&iacute;tulo est&aacute; ya contenida <i>in potentia</i> en la de los primeros dos, como una conclusi&oacute;n que est&aacute; presente <i>inpotentia</i> en las premisas &#151;lo que significa que, seg&uacute;n la l&oacute;gica aristot&eacute;lico&#45;tomista, est&aacute; bien argumentada&#151;. El cap&iacute;tulo est&aacute; subdividido en seis secciones: "1. Imperio de la voluntad sobre sus propios actos", "2. Los actos de la raz&oacute;n en cuanto imperados por la voluntad", "3. La racionalidad de los apetitos sensibles", "4. La sensualidad ind&oacute;mita", "5. La actividad vital" y, finalmente, "6. El cuerpo humano". En mi opini&oacute;n, lo m&aacute;s destacable de este cap&iacute;tulo se encuentra en la primera secci&oacute;n, donde la autora explica c&oacute;mo, para Santo Tom&aacute;s, las potencias subracionales (los apetitos sensibles y la sensualidad) son gobernadas por las potencias esencialmente racionales (el intelecto, la voluntad), y, as&iacute;, participan de su racionalidad. Esto permite que los actos de las potencias participativamente racionales se clasifiquen como actos imperados de la voluntad (o del intelecto). De aqu&iacute; se desprende una interesante discusi&oacute;n sobre los conceptos de "hombre virtuoso", "hombre continente", "hombre incontinente" y "hombre vicioso". Tanto en el hombre continente como en el incontinente hay una batalla interior entre la raz&oacute;n y las pasiones: el hombre incontinente es aquel cuyas pasiones dominan a su raz&oacute;n, mientras que el continente es aqu&eacute;l en quien la raz&oacute;n domina a las pasiones. Ninguno de los actos de &eacute;stos es perfecto. Los actos perfectos provienen del hombre virtuoso, cuya situaci&oacute;n es mejor que la del meramente continente, pues en &eacute;l hay una armon&iacute;a entre las pasiones y la raz&oacute;n. Tambi&eacute;n hay una armon&iacute;a, aunque perversa, en el hombre vicioso, pues en &eacute;l la raz&oacute;n no intenta luchar contra las pasiones, que en su caso lo inclinan hacia el mal. Enr&iacute;quez explica todo esto de manera muy l&uacute;cida a trav&eacute;s del concepto de imperio: en el incontinente la raz&oacute;n impera, pero no hay ejecuci&oacute;n del imperio, pues la voluntad elige seg&uacute;n el movimiento de las pasiones; en el continente hay por lo menos ejecuci&oacute;n del imperio, a pesar de la tendencia opuesta de las pasiones pero, por esto, dicha ejecuci&oacute;n causa tristeza; y, en el virtuoso, incluso las pasiones obedecen al imperio de la raz&oacute;n, por lo cual hay armon&iacute;a de acci&oacute;n, y no tristeza, en el acto virtuoso. En el vicioso la raz&oacute;n obedece a las pasiones sin lucha interior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una aplicaci&oacute;n interesante de la discusi&oacute;n central de este tercer cap&iacute;tulo es c&oacute;mo la autora responde al intelectualismo socr&aacute;tico con base en los textos tomistas. Su respuesta tiene dos vertientes: la distinci&oacute;n entre conocimiento universal y particular, y la distinci&oacute;n entre conocimiento habitual y actual, y se ilustra mejor en el caso del hombre continente, quien lucha (victorioso) contra sus pasiones para que sus actos obedezcan a la recta raz&oacute;n. Primero, recordemos que Tom&aacute;s de Aquino entiende el razonamiento pr&aacute;ctico en t&eacute;rminos del silogismo. La autora cita un texto muy instructivo del <i>Comentario a las sentencias,</i> donde se ense&ntilde;a que:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como la raz&oacute;n de alguna manera razona en lo operable, el juicio de la raz&oacute;n se encuentra en la premisa mayor, que es universal; pero en la premisa menor, que es particular, se mezcla la pasi&oacute;n, que tiene influencia acerca de lo particular, de donde se sigue la corrupci&oacute;n de la raz&oacute;n al elegir la conclusi&oacute;n.<sup><a href="#notas">2</a></sup></font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s, bas&aacute;ndose en <i>Summa theologiae</i> Ia, q. 81, a. 3, co., Enr&iacute;quez a&ntilde;ade que:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">as&iacute; como en un silogismo las conclusiones particulares se desprenden de los principios universales, el juicio pr&aacute;ctico de la raz&oacute;n particular &#91;es decir, la potencia cogitativa&#93; depende del juicio de la raz&oacute;n universal. Sin embargo, este sometimiento no siempre es efectivo, porque los apetitos cuentan con otros recursos con los que se resisten a la sujeci&oacute;n racional. (p. 114)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entonces no basta con saber alg&uacute;n principio universal, racional, cient&iacute;fico, sobre lo que es bueno en general para ser moralmente bueno. Por ejemplo, no basta saber que la filosof&iacute;a es buena para decidir concretamente cu&aacute;ntas horas le dedicar&eacute; al estudio filos&oacute;fico esta noche. A la premisa mayor y general hay que a&ntilde;adir un conocimiento particular (una premisa menor) sobre lo que se tiene que hacer aqu&iacute; y ahora. Y este conocimiento no es intelectual, sino que reside en la "raz&oacute;n particular", es decir, en la potencia cogitativa, que es uno de los sentidos internos en el hombre, junto con el sentido com&uacute;n, la imaginaci&oacute;n y la memoria. Y por esto el conocimiento particular, representado por la premisa menor, est&aacute; condicionado por las pasiones. Por lo tanto, la conclusi&oacute;n, que ya est&aacute; <i>in potentia</i> en las premisas, estar&aacute; tambi&eacute;n condicionada por las pasiones. Como dice la autora, "en el incontinente, cuya raz&oacute;n proh&iacute;be en universal lo que &eacute;l juzga bueno en particular &#91;...&#93; &#91;l&#93;a prohibici&oacute;n de la raz&oacute;n constituye un cierto saber, pero es s&oacute;lo un saber universal trabado por el deseo en lo particular" <i>(ibid.).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, las pasiones pueden afectar incluso el conocimiento general de la misma premisa mayor, pues, como dice Enr&iacute;quez, "en la acci&oacute;n del incontinente no impera el juicio universal de la raz&oacute;n; sino que se universaliza el juicio particular de la sensualidad" (p. 117). Es decir, la raz&oacute;n del virtuoso propondr&aacute; una premisa mayor pr&aacute;ctica seg&uacute;n la recta raz&oacute;n, mientras que la raz&oacute;n del hombre vicioso propondr&aacute; una seg&uacute;n las pasiones: "En los razonamientos tanto de la virtud como del vicio no hay oposici&oacute;n entre el universal y el particular" <i>(ibid.).</i> Esto se da porque, como dice Santo Tom&aacute;s, la inferencia en el campo pr&aacute;ctico no siempre se hace seg&uacute;n la recta raz&oacute;n, pues las pasiones a veces intervienen, tentando a la raz&oacute;n a sugerir algunos conocimientos y a omitir otros, de manera que se elija seg&uacute;n la pasi&oacute;n y no seg&uacute;n la recta raz&oacute;n. El ejemplo de Tom&aacute;s de Aquino, el cual forma parte del texto del <i>Comentario a las sentencias</i> que antes reproduje, es muy ilustrativo: ante el conocimiento particular de que "unirse a esta mujer ser&iacute;a fornicaci&oacute;n", la recta raz&oacute;n (la raz&oacute;n del hombre virtuoso) sugerir&iacute;a que "no se ha de cometer fornicaci&oacute;n alguna", y de ah&iacute; se concluye que "no se ha de unir a esta mujer"; pero en el caso del hombre vicioso, su raz&oacute;n se ve dominada por sus pasiones, y, por lo tanto, sus pasiones lo incitan a pensar, como premisa mayor, que "toda fornicaci&oacute;n es deleitable", y por ello a concluir que "unirse a esta mujer es deleitable". Por lo tanto, el virtuoso y el vicioso, aun partiendo de la misma premisa menor ("unirse a esta mujer ser&iacute;a fornicaci&oacute;n"), pueden llegar a conclusiones opuestas porque parten de diferentes premisas mayores.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero ya que el hombre continente y el hombre incontinente sufren la batalla interior entre las pasiones y la raz&oacute;n, debemos preguntar: &iquest;c&oacute;mo logra el hombre continente "callar" (por as&iacute; decirlo) sus pasiones y pensar, seg&uacute;n la recta raz&oacute;n, en la premisa correcta ("no se ha de cometer fornicaci&oacute;n alguna")? Y &iquest;c&oacute;mo pierde la batalla el hombre incontinente, dejando que sus pasiones dicten la premisa mayor? La autora explica l&uacute;cidamente que, en el caso del continente, "&#91;l&#93;a raz&oacute;n, entonces, para hacerse obedecer por estas facultades &#91;a saber, los apetitos sensitivos&#93; &#151;que no le son completamente inferiores&#151; ejerce no s&oacute;lo un mandato, sino una especie de petici&oacute;n &#91;o deprecaci&oacute;n, y&#93; los intenta persuadir" (p. 114). Esta petici&oacute;n, pues, es una suerte de imperio y, como tal, presupone un acto de la voluntad, ya que, como Enr&iacute;quez explica en su primer cap&iacute;tulo, el imperio es un acto de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica que presupone un acto de la voluntad. Es entonces la voluntad, y no el intelecto, la que es a fin de cuentas responsable por los actos buenos y malos. No es la pura ignorancia la que causa el mal moral, sino el hecho de que la voluntad haga que el intelecto impere de una manera en vez de otra. La autora concluye que, en el caso del hombre virtuoso, cuyas pasiones obedecen a la raz&oacute;n,</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#91;l&#93;a raz&oacute;n pide lo mejor a los apetitos sensitivos con un conocimiento asentido voluntariamente, m&aacute;s "interiorizado" &#91;...&#93;. Pero el asentimiento es un acto de la raz&oacute;n imperado, y por lo tanto, libre. De manera que la raz&oacute;n, para poder dominar a los sentimientos, requiere el dominio de sus propios asentimientos. (p. 118)</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero notemos que tanto el continente como el incontinente tienen alg&uacute;n tipo de conocimiento sobre la premisa mayor que es seg&uacute;n la recta raz&oacute;n &#151;la diferencia es que el continente decide hacerse actualmente consciente de ella (y por eso gana la batalla), mientras que el incontinente decide ignorarla de alguna manera&#151;. Como dice la autora: "En efecto, para que la raz&oacute;n pueda imperar sobre los sentimientos requiere, antes, imperar sobre s&iacute; misma: reafirmar el asentimiento" (p. 118). Esto nos trae a la segunda vertiente de su respuesta, que consiste en notar la distinci&oacute;n entre el conocimiento (pr&aacute;ctico) habitual y el actual. Enr&iacute;quez nota, pues, que &eacute;sta es la segunda clave, seg&uacute;n Tom&aacute;s, para refutar el intelectualismo de S&oacute;crates, "cuyo error consist&iacute;a m&aacute;s bien en no distinguir entre los modos de saber&#151;habitual y actual&#151;, y entre el conocimiento universal y el particular" (p. 119).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es obvio que estas consideraciones no pretenden rese&ntilde;ar exhaustivamente todo el contenido del libro de Enr&iacute;quez, sino que sirven meramente como una ilustraci&oacute;n de la profundidad y tecnicidad de la problem&aacute;tica que la autora enfrenta a trav&eacute;s de su obra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a los aspectos f&iacute;sicos del libro, publicado por una editorial europea de gran prestigio, no puedo resistir hacer menci&oacute;n del hecho de que el volumen es est&eacute;ticamente muy agradable, relativamente grueso (412 p&aacute;ginas, unos tres o cuatro cent&iacute;metros de grosor) y su portada inspira seriedad acad&eacute;mica. Adem&aacute;s, utiliza una tipograf&iacute;a muy elegante, f&aacute;cil y c&oacute;moda de leer, y alterna tama&ntilde;os de letra entre las citas y el texto principal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, ser&iacute;a de utilidad incluir una secci&oacute;n de erratas, o quiz&aacute; hasta pensar en una reedici&oacute;n del libro, pues en esta primera edici&oacute;n vemos algunos aspectos por mejorar. Por ejemplo, ocasionalmente el lector encuentra algunos peque&ntilde;os errores ortogr&aacute;ficos. Adem&aacute;s, el sistema de abreviaturas no es homog&eacute;neo y resulta, por ende, bastante inc&oacute;modo. La gran mayor&iacute;a de las abreviaturas para las obras de Tom&aacute;s de Aquino son dif&iacute;ciles de reconocer; por ejemplo, la abreviatura para el <i>Comentario a la &eacute;tica de Arist&oacute;teles</i> (en lat&iacute;n, <i>Sententia libri Ethicorum)</i> es CTC. A lo mejor otra abreviatura para este libro, como SLE <i>(Sententia libri Ethicorum)</i> o CEA <i>(Comentario a la &eacute;tica de Arist&oacute;teles)</i> hubiese sido m&aacute;s f&aacute;cil de reconocer y hubiese ahorrado al lector la distracci&oacute;n de tener que consultar constantemente la lista de abreviaturas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro detalle es que el libro es t&eacute;cnico desde el inicio. Ser&iacute;a conveniente el repaso de algunos conceptos b&aacute;sicos para as&iacute; poder llevar al lector de la mano desde lo m&aacute;s elemental a lo m&aacute;s especializado. Por otro lado, resultar&iacute;a interesante &#151;aunque no sea necesario&#151; hacer una referencia m&aacute;s expl&iacute;cita a las fuentes que Tom&aacute;s de Aquino utiliza para elaborar su concepto de imperio. Pero, aun as&iacute;, la autora consigue adentrarse en la pol&eacute;mica posterior en torno al texto de Santo Tom&aacute;s, lo que hace que el libro sea multidimensional y de gran inter&eacute;s, tanto para estudiosos del pensamiento del Doctor Ang&eacute;lico como para lectores con un enfoque m&aacute;s contempor&aacute;neo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumidas cuentas, la investigaci&oacute;n realizada por Enr&iacute;quez es, globalmente, muy disciplinada, detallada, t&eacute;cnica, profunda, convincente y a veces hasta sorprendente. El libro es &uacute;nico en su campo, pues mientras que hay varios libros afines &#151;por ejemplo, los que discuten la teor&iacute;a de los actos humanos en general en Santo Tom&aacute;s&#151; ninguno de ellos se centra espec&iacute;ficamente en el concepto de imperio. Por eso el estudio de Enr&iacute;quez es, en definitiva, una important&iacute;sima contribuci&oacute;n a la bibliograf&iacute;a sobre la teor&iacute;a de los actos humanos en Tom&aacute;s de Aquino y, por ende, inevitablemente lo tendr&aacute; que estudiar seriamente cualquiera interesado en esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n. Sin lugar a dudas, este trabajo se convertir&aacute; en material de estudio y referencia fundamentales, en el nivel internacional y por muchos a&ntilde;os, para quienes deseen estudiar el tema del imperio en el gran fil&oacute;sofo escol&aacute;stico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> <i>Cfr.</i> Tom&aacute;s de V&iacute;o Cayetano, <i>Commentaria in Summam theologicam s. Thomae Aquinatis,</i> I&#45;II, q. 18, a. 6, en Tom&aacute;s de Aquino, <i>Opera omnia iussu impensaque Leonis</i> <i>XIII EM. edita.,</i> vol. 6, Polyglotta S.C. de Propaganda Fide, Roma, 1895&#45;1899.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2839436&pid=S0185-2450201200010001500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> V&eacute;ase tambi&eacute;n Francisco J. Romero Carrasquillo, <i>The Finality of the Virtue</i> <i>of Religion in Aquinas' Theory of Human Acts,</i> ProQuest Dissertations, Ann Arbor, Michigan, 2009, pp. 110&#45;114.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2839437&pid=S0185-2450201200010001500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> <i>Scriptum super Sententiis,</i> lib. 2, d. 24, q. 3, a. 3, co., citado en la p. 116.</font></p>      ]]></body><back>
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