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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Osvaldo Guariglia y Graciela Vidiella, <i>Breviario de &eacute;tica</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jorge L. Gardea</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Edhasa, Buenos Aires, 2011, 251 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Colegio de Ciencias y Humanidades, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i> <a href="mailto:jorgarpi@yahoo.com.mx">jorgarpi@yahoo.com.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Osvaldo Guariglia y Graciela Vidiella presentan de una manera muy clara y precisa algunas nociones, temas y teor&iacute;as fundamentales de la &eacute;tica y la &eacute;tica aplicada. El <i>Breviario de &eacute;tica</i> invita a pensar problemas que involucran decisiones importantes de la vida. Esto &uacute;ltimo constituye uno de sus logros m&aacute;s relevantes, puesto que hace accesible, a un p&uacute;blico muy amplio, la complejidad de los problemas de la filosof&iacute;a moral.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los autores se&ntilde;alan que el libro fue escrito para subsanar dos deficiencias. Por una parte, la &eacute;tica es una disciplina filos&oacute;fica con una tradici&oacute;n hist&oacute;rica abundante y compleja. Para el lector que se acerca por primera vez a la &eacute;tica "sin prevenciones ni prejuicios" (p. 13) no es f&aacute;cil comprender el entramado de los problemas, el significado de ciertas nociones y la complejidad de las teor&iacute;as &eacute;ticas. Por otra parte, los autores tienen una preocupaci&oacute;n motivada por el creciente auge del escepticismo y el relativismo moral. Consideran que ambas posiciones constituyen un obst&aacute;culo para comprender la importancia de la &eacute;tica como disciplina aut&oacute;noma y objetiva. No hay duda de que el relativismo y el escepticismo pueden generar confusiones y equ&iacute;vocos, y m&aacute;s a&uacute;n si el lector desconoce la importancia del an&aacute;lisis y la cr&iacute;tica en filosof&iacute;a. No obstante, me parece que los autores tienen presente que los problemas de filosof&iacute;a moral no pueden resolverse o reducirse a una fuente singular y unitaria, como planteaba P.F. Strawson. Tampoco ser&iacute;a incorrecto sugerir que una simple oposici&oacute;n al relativismo y al escepticismo conlleva sus propios riesgos. De este modo, si las distintas teor&iacute;as plantean tensiones que no siempre se pueden resolver, entonces insistir en buscar la fuente singular y unitaria podr&iacute;a dar lugar a un nuevo obst&aacute;culo; por ejemplo, plantear falsas dicotom&iacute;as que supongan la incompatibilidad entre obligaciones y virtudes, o bien entre intenciones y consecuencias. Me parece que las distintas teor&iacute;as enfatizan aspectos propios y muy espec&iacute;ficos de las acciones; por ejemplo, es natural esperar que si alguien act&uacute;a intencionalmente, juzguemos su intenci&oacute;n y las consecuencias de su acci&oacute;n. Si esto ocurre, algunas veces daremos mayor importancia a las intenciones y otras veces a las consecuencias, pero todo esto depende de la forma en que consideremos tanto las intenciones como las consecuencias de <i>esa</i> acci&oacute;n. El problema comienza cuando queremos establecer f&oacute;rmulas generales y aplicar un criterio &uacute;nico y singular que omita la diferencia entre la intenci&oacute;n y la consecuencia de la acci&oacute;n. En este sentido, el caso de Edipo es paradigm&aacute;tico, puesto que act&uacute;a sin la intenci&oacute;n de cometer parricidio e incesto, pero sus acciones terminan por hacer ambas cosas. &iquest;Podemos evaluar la intenci&oacute;n sin considerar las consecuencias? &iquest;Podemos evaluar las consecuencias sin considerar la intenci&oacute;n? De este modo, los autores muestran que las teor&iacute;as &eacute;ticas parten de supuestos distintos y ofrecen soluciones a problemas muy espec&iacute;ficos, por lo cual el <i>Breviario</i> orienta al lector para que conozca los puntos centrales de cada teor&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si mi lectura es correcta, entonces el <i>Breviario</i> ofrece elementos para entender que los problemas de la filosof&iacute;a moral no est&aacute;n desvinculados de los casos particulares y de situaciones de la vida cotidiana. As&iacute;, el <i>Breviario</i> es una invitaci&oacute;n a pensar algunos problemas relevantes de la &eacute;tica y muestra la forma en que esos problemas se vinculan con decisiones importantes, tanto individuales como colectivas. Para mostrar esto &uacute;ltimo, expondr&eacute; dos casos que se plantean en el <i>Breviario</i> y detallar&eacute; de qu&eacute; manera los temas y problemas que se analizan permiten orientar al lector para que encuentre argumentos, tentativas de soluci&oacute;n, o bien se percate de la dificultad que hay para encontrar respuestas definitivas a estos problemas. Todo esto con el prop&oacute;sito de mostrar que los temas y contenidos del <i>Breviario</i> han sido seleccionados para encontrar soluciones a problemas fundamentales. Adem&aacute;s, plantear&eacute; algunos problemas que pueden ser objeto de discusi&oacute;n y que probablemente los autores omitieron por las caracter&iacute;sticas de la obra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Primer caso.</i> Hay quienes sostienen que los integrantes de una sociedad no pueden reclamar o exigir asistencia sanitaria como si fuera un derecho porque la salud no es un reclamo justo, y las razones de ello se resumen en decir que "La enfermedad es resultado de la loter&iacute;a natural: el nacer con una malformaci&oacute;n cong&eacute;nita o verse privado de la salud durante un per&iacute;odo de la vida es un hecho infortunado, pero no injusto" (p. 226). Quiz&aacute; alguien pueda creer que el razonamiento es plausible, pues si la enfermedad no est&aacute; causada o provocada por la sociedad, entonces el Estado no tendr&iacute;a la obligaci&oacute;n de compensar o reparar un da&ntilde;o que no ha causado. Tristan Engelhardt sostiene esta tesis y su argumento apela a la defensa de las libertades b&aacute;sicas de los individuos y al principio de autonom&iacute;a. El Estado debe proteger los recursos de los individuos y no ser&iacute;a justo &#151;plantear&iacute;a Engelhardt&#151; quitar esos recursos a individuos que no provocaron ese da&ntilde;o o padecimiento. En todo caso, la intervenci&oacute;n del Estado afectar&iacute;a los intereses y la autonom&iacute;a de esos individuos. No obstante, los autores del <i>Breviario</i> objetan esta tesis porque "la autonom&iacute;a tambi&eacute;n puede violarse por omisi&oacute;n" (p. 227). Esto &uacute;ltimo implica que el ejercicio de la autonom&iacute;a real, y no meramente formal &#151;plantean los autores&#151; requiere ciertos bienes materiales y culturales. De alguna manera desatender la asistencia sanitaria favorecer&iacute;a las desigualdades y limitar&iacute;a las oportunidades de aquellos individuos que padecen una malformaci&oacute;n cong&eacute;nita, o bien har&iacute;a que se vean privados de la salud. De este modo, el lector puede preguntarse si los reclamos justos dependen &uacute;nica y exclusivamente de que la sociedad haya causado ese da&ntilde;o, o bien si los reclamos justos tienen que ver con la necesidad de que esa sociedad intente disminuir las desigualdades provocadas por la loter&iacute;a natural y social. Los autores plantean que este tipo de casos pueden ser objeto de debate p&uacute;blico y discusi&oacute;n sobre la importancia de la asistencia sanitaria y su consideraci&oacute;n como una obligaci&oacute;n, aun cuando no est&eacute; instituida como un derecho. &iquest;Puede resolverse esta diferencia de criterios? &iquest;Existe alg&uacute;n procedimiento razonable que permita resolver los desacuerdos? &iquest;En qu&eacute; cosas deber&iacute;an establecerse acuerdos y por qu&eacute; razones son necesarios estos acuerdos?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Segundo caso.</i> Alexei es el protagonista de la novela <i>El jugador</i> de Fedor Dostoievski. Los autores explican que Alexei se encuentra en la ruina porque no puede contener su deseo de apostar. En cierto sentido es un apostador compulsivo. Llama la atenci&oacute;n el deseo de Alexei de "cambiar su destino". Los autores se&ntilde;alan que se trata de un caso de autoenga&ntilde;o, puesto que Alexei cree que ganar&aacute;, la evidencia indica que no ganar&aacute; y logra convencerse de que ganar&aacute;. Parte de las razones que utiliza para convencerse son presentadas en el texto citado: "Hay que demostrarles &#91;...&#93; que todav&iacute;a puedo ser un hombre &#91;...&#93;. Basta mantenerse firme una vez siquiera, y en una hora puedo cambiar mi destino" (p. 170). El caso es muy representativo de autoenga&ntilde;o y los detalles son importantes para entender este proceso de irracionalidad, pero tambi&eacute;n creo que puede ejemplificar un caso de desconsideraci&oacute;n o imprudencia, o bien de compulsi&oacute;n. Para los autores "Alexei sabe que no debe jugar, y, sin embargo, volver&aacute; a hacerlo; no quiere volver a jugar pero desea hacerlo, y, muy probablemente lo har&aacute;, no puede obrar de otro modo porque <i>su car&aacute;cter ya est&aacute; malogrado"</i> (p. 171). El problema consiste en tratar de entender c&oacute;mo es que alguien puede obrar en contra de su mejor juicio. &iquest;Se trata de deseos que el agente no puede controlar? &iquest;El deseo de seguir apostando es m&aacute;s fuerte que el deseo de no hacerlo? Si esto es as&iacute;, entonces &iquest;qu&eacute; diferencia habr&iacute;a entre el libertino, que act&uacute;a de manera deliberada e intencional, y el agente que obra por debilidad de la voluntad? &iquest;Es suficiente deliberar correctamente para obrar bien? Si "su car&aacute;cter ya est&aacute; malogrado", entonces &iquest;Alexei representa un ejemplo de causalidad necesaria? &iquest;Por qu&eacute; puede haber una separaci&oacute;n entre juzgar que es mejor seguir un curso de acci&oacute;n y actuar en contra de lo que uno juzga que es lo mejor? Las respuestas a estas preguntas requieren el conocimiento de distintas teor&iacute;as de filosof&iacute;a moral. Algunos de estos debates forman parte de la exposici&oacute;n del <i>Breviario,</i> y me parece que si establecemos algunas conexiones entre las partes del libro, lograremos entender las dificultades de esta situaci&oacute;n y por qu&eacute; razones, algunas veces, ciertos casos no pueden solucionarse con base &uacute;nicamente en una teor&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, los casos que he retomado del <i>Breviario</i> plantean situaciones muy distintas de aplicaci&oacute;n de nociones. En un caso se pregunta por la justificaci&oacute;n y obligaci&oacute;n moral de la atenci&oacute;n sanitaria y, en el otro, se plantea un problema de psicolog&iacute;a moral relacionado con el autoenga&ntilde;o, la compulsi&oacute;n y, tal vez, con la debilidad de la voluntad. Se puede entender que la diversidad de teor&iacute;as responden a la especificidad de problemas que cada caso nos plantea, de modo que plantear las dicotom&iacute;as entre "virtudes y obligaciones" supone que no hay diferencias entre las distintas cuestiones; por eso el <i>Breviario</i> es una gu&iacute;a para comprender la diversidad de problemas y la pertinencia de cada teor&iacute;a para comprenderlos. Esto es muy importante porque nos ayuda a entender que no todos los problemas pueden plantearse desde una sola perspectiva te&oacute;rica. Por supuesto que habr&aacute; un momento en que las teor&iacute;as ser&aacute;n incompatibles. En todo caso, el lector debe saber que las teor&iacute;as tienen limitaciones propias y que no resuelven cabalmente <i>todos</i> los problemas. No obstante, el lector podr&aacute; reconocer la importancia de las teor&iacute;as &eacute;ticas para favorecer una actitud reflexiva y cr&iacute;tica que contribuya a la toma de decisiones importantes y tales decisiones pueden tener una repercusi&oacute;n personal o social.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n presentar&eacute; la estructura, las aportaciones y algunos problemas discutibles del <i>Breviario.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La obra est&aacute; dividida en tres partes: 1) los conceptos generales y el m&eacute;todo de la &eacute;tica, 2) las teor&iacute;as &eacute;ticas importantes y 3) temas de &eacute;tica aplicada. En la primera parte los autores plantean distinciones entre las nociones de moral positiva, moralidad y &eacute;tica. Aun cuando estas distinciones se basan en una estipulaci&oacute;n, lo cierto es que el resultado es plausible y muy meritorio, puesto que muestra con precisi&oacute;n la diferencia entre las costumbres espec&iacute;ficas de un grupo o sociedad, limitadas por su contexto hist&oacute;rico, y la forma en que esas costumbres pueden contravenir principios universales, mismos que constituyen el asunto central de la moralidad. Adem&aacute;s, estas distinciones ayudan a entender la forma en que la &eacute;tica cumple una funci&oacute;n anal&iacute;tica y cr&iacute;tica de la moral positiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, los autores ubican el problema de la &eacute;tica en los usos del lenguaje, cosa que les ayuda a establecer diferencias entre descripciones, evaluaciones y prescripciones; por ejemplo, cuando los autores analizan el comportamiento de Alexei y se&ntilde;alan que "su car&aacute;cter ya est&aacute; malogrado", est&aacute;n emitiendo un juicio de valor que expresa tanto la desaprobaci&oacute;n de su car&aacute;cter como el reproche o la cr&iacute;tica moral por su comportamiento. El reproche puede venir del agente o de aquellos que sufren o padecen por su comportamiento.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En un ejercicio de s&iacute;ntesis y precisi&oacute;n metodol&oacute;gica, los autores presentan algunas bases generales de un modelo de argumentaci&oacute;n moral. Para ellos, la argumentaci&oacute;n moral depende de la correcta relaci&oacute;n entre los hechos y las normas, de modo que podemos establecer juicios de valor cuando contrastamos los hechos con las normas y esos juicios ser&aacute;n razonables si se apoyan en principios universales. As&iacute;, se intenta mostrar que un juicio moral particular puede justificarse de manera razonable. En el ejemplo de Alexei, el juicio "su car&aacute;cter est&aacute; malogrado" no s&oacute;lo depende de la descripci&oacute;n de los hechos, sino del contraste entre su comportamiento y las normas o los criterios evaluativos que justifican ese juicio. Incluso, Alexei sabe que no deber&iacute;a seguir apostando, contrasta su conducta con ciertas normas, pero aun as&iacute; no puede dejar de apostar.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del mismo modo, podemos aplicar la argumentaci&oacute;n moral para evaluar el asunto de la asistencia sanitaria. Engelhardt describir&aacute; ciertos hechos y los contrastar&aacute; con normas o criterios evaluativos espec&iacute;ficos para se&ntilde;alar que los males cong&eacute;nitos o la p&eacute;rdida de la salud son un hecho fortuito y no una injusticia. No obstante, el contraste de esos mismos hechos con <i>otros criterios evaluativos</i> nos conducir&iacute;a a un argumento completamente distinto, puesto que ser&iacute;a injusto dejar de ofrecer atenci&oacute;n sanitaria porque esto implicar&iacute;a favorecer desigualdades. Nadie es responsable de la loter&iacute;a cong&eacute;nita o social, pero somos responsables de la forma en que esa loter&iacute;a natural o social influye en el florecimiento humano de los integrantes de la sociedad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los autores, muy acertadamente, incluyen en los conceptos generales la noci&oacute;n de acci&oacute;n. Retoman las distinciones aristot&eacute;licas entre acci&oacute;n voluntaria, no voluntaria e involuntaria y presentan una distinci&oacute;n entre suceso y acci&oacute;n. El asunto principal consiste en mostrar por qu&eacute; razones los agentes son responsables de las acciones que realizan de manera voluntaria y por qu&eacute; razones las acciones realizadas de manera involuntaria deben ser vistas como sucesos y no como acciones, puesto que el agente no ha actuado de manera intencional y tampoco de manera deliberada; especialmente en los casos en los que act&uacute;a <i>"por fuerza externa"</i> (p. 56). De este modo, establecen una conexi&oacute;n entre acci&oacute;n intencional y deliberaci&oacute;n con el prop&oacute;sito de explicar la noci&oacute;n de responsabilidad. En el caso de Alexei, su deseo de seguir apostando es m&aacute;s fuerte que el deseo de abstenerse de apostar y se trata de un caso de debilidad de la voluntad; por eso Alexei actuar&iacute;a de manera intencional y voluntaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando las distinciones son claras y precisas, me parece que los autores dejaron pendientes dos problemas:</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. En el caso de Alexei, bien podr&iacute;a caber una explicaci&oacute;n con mayor detalle del conflicto de deseos que sufre el agente. En los modelos de Michael Smith y Gary Watson, este caso puede deberse a tres patrones de irracionalidad: 1) la compulsi&oacute;n, 2) la debilidad de la voluntad y 3) la desconsideraci&oacute;n o imprudencia. En el primer caso, el agente no puede obrar de otro modo porque no puede cambiar sus deseos, o bien simplemente porque no puede desear de otro modo. As&iacute;, en la compulsi&oacute;n, Alexei no podr&iacute;a dejar de apostar porque ha perdido, en su conjunto motivacional subjetivo en el sentido de Bernard Williams, otros deseos que le permitan dejar de apostar. El "car&aacute;cter malogrado" consistir&iacute;a en la p&eacute;rdida de otros deseos, lealtades o compromisos que lo ayudar&iacute;an a dejar de hacer lo que hace. En el segundo caso, Alexei podr&iacute;a desear de otro modo, pero el deseo de seguir apostando es m&aacute;s fuerte que el deseo de abstenerse de hacerlo y el hecho de que sea m&aacute;s fuerte depende de su conjunto motivacional. As&iacute;, otra persona que no tuviera ese deseo no tendr&iacute;a ning&uacute;n problema para dejar de apostar. En el tercer caso, Alexei seguir&iacute;a apostando simplemente porque no le importa hacerlo; "cambiar su destino en una hora" significar&iacute;a para &eacute;l ganar las apuestas. En este caso hay una conexi&oacute;n fuerte con el autoenga&ntilde;o. Estas tres condiciones plantear&iacute;an un problema a la forma en que valoramos los alcances de la deliberaci&oacute;n. Los autores reconocen que no es nada f&aacute;cil cambiar el comportamiento y que no es suficiente saber que uno no debe actuar de cierta forma para cambiar nuestro comportamiento:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">si s&oacute;lo se tratara de entender cu&aacute;l es, en cada caso, la acci&oacute;n conveniente, desaparecer&iacute;a el conflicto, Alexei dejar&iacute;a de dudar y se alejar&iacute;a del casino en ese preciso instante, si, como cre&iacute;a S&oacute;crates, las virtudes fueran s&oacute;lo conceptos para convertirnos en virtuosos s&oacute;lo har&iacute;a falta estudiarlas y aprenderlas; pero las cosas no son tan sencillas. (p. 171)</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, este planteamiento dar&iacute;a lugar a mostrar y puntualizar las limitaciones de la deliberaci&oacute;n pr&aacute;ctica, puesto que se reconoce que no es suficiente deliberar correctamente para actuar en consecuencia. De este modo, la compulsi&oacute;n, la debilidad de la voluntad y la imprudencia o desconsideraci&oacute;n se convierten en limitaciones reales de los modelos te&oacute;ricos que sostienen que la raz&oacute;n motiva la acci&oacute;n. El problema pendiente consistir&iacute;a en mostrar que cada persona es distinta y parte de la diferencia radica en los deseos, las creencias, las lealtades y los compromisos que forman parte de su car&aacute;cter, y que mientras alguien tenga ciertos deseos e intereses, le ser&aacute; muy dif&iacute;cil modificar su comportamiento simplemente por deliberar. Esto no quiere decir que las diferencias justifican ciertas permisiones o que "relativizan" las normas; simplemente indican que el problema tiene mayor alcance y profundidad que una simple falla en la comprensi&oacute;n de lo que es razonablemente bueno y/o conveniente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. Las observaciones anteriores tienen que ver con la importancia que los autores conceden a la deliberaci&oacute;n. En el cap&iacute;tulo cinco exponen el concepto de deliberaci&oacute;n y su relaci&oacute;n con las acciones y las decisiones. De este modo, plantean que las acciones morales deben satisfacer dos condiciones: 1) que la acci&oacute;n sea intencional y 2) que las responsabilidades sean imputables al agente seg&uacute;n cierta descripci&oacute;n (p. 63). Esto es muy importante y podr&iacute;a sugerir un an&aacute;lisis m&aacute;s detallado de algunos problemas de filosof&iacute;a moral; por ejemplo, el modelo aristot&eacute;lico ayuda a entender la atribuci&oacute;n de responsabilidad por las acciones realizadas voluntariamente. No obstante, podemos preguntarnos &iquest;c&oacute;mo evaluamos las acciones que causan da&ntilde;o pero que el agente no tiene la intenci&oacute;n de causarlo? &iquest;Se pierde la responsabilidad en estos casos? Por ejemplo, si alguien act&uacute;a de manera desconsiderada, imprudente o negligente, dado que no tiene la intenci&oacute;n de causar da&ntilde;o, y el da&ntilde;o pudo deberse a que "no se fij&oacute;", "no puso atenci&oacute;n", "no lo pens&oacute;", &iquest;podemos creer que no hay responsabilidad en esos casos? &iquest;Podemos suponer que sus acciones realizadas sin la intenci&oacute;n de da&ntilde;ar no son objeto de cr&iacute;tica o reproche alguno? Si respondemos que tales acciones manifiestan actitudes de indiferencia o desinter&eacute;s, quiz&aacute; puedan ser objeto de cr&iacute;tica, reproche o censura y, si esto ocurre, entonces el planteamiento inicial, de que la responsabilidad s&oacute;lo tiene que ver con las acciones intencionales y deliberadas, tendr&iacute;a que ampliarse para explicar expresiones y usos del lenguaje como las excusas y las justificaciones en las que se apela a la falta de intenci&oacute;n para aminorar o negar la responsabilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la segunda parte, los autores exponen las teor&iacute;as deontol&oacute;gicas y las teor&iacute;as teleol&oacute;gicas. Plantean tres modelos de las primeras: la &eacute;tica kantiana y las propuestas de Habermas y John Rawls. A mi juicio, la conexi&oacute;n entre los casos espec&iacute;ficos y las distintas teor&iacute;as ayuda a comprender la importancia de cada modelo; por ejemplo, en el caso del problema del derecho a la asistencia sanitaria, los modelos de Habermas y Rawls podr&iacute;an aportar dos elementos. El modelo de Habermas da lugar a debatir la pertinencia de gozar de un derecho de asistencia sanitaria si, y s&oacute;lo si, hubiera un debate p&uacute;blico en el que los afectados y beneficiados de tal derecho participaran. Las normas derivadas de este debate obtendr&iacute;an validez s&oacute;lo si se respeta la condici&oacute;n de que deben participar los afectados. No obstante, estas normas deben legitimarse, v&iacute;a el principio de Universalizaci&oacute;n (U). En consecuencia, una parte muy importante del debate estriba en identificar los efectos colaterales y las consecuencias, positivas o negativas, derivadas de la aplicaci&oacute;n de esas normas o principios y la forma en que la aplicaci&oacute;n general de esa obligaci&oacute;n o derecho puede afectar a cada uno (pp. 124&#45;125). Los autores encuentran dificultades en este modelo, puesto que puede haber casos en los que no haya acuerdos.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, la importancia del modelo radica en que las normas deben ser justificadas de manera argumentada y, dado que se trata de un modelo formal que intenta garantizar imparcialidad y universalidad, no es incompatible con otros modelos que ayuden a encontrar razones para justificar ciertas normas; por ejemplo, el modelo de John Rawls ayudar&iacute;a a identificar criterios razonables para estipular qu&eacute; cosas son justas y cu&aacute;les no lo son. En principio se trata de regular <i>una sociedad bien ordenada</i> (p. 127), en tanto que los principios de justicia "est&aacute;n encargados de reglamentar el modo en que estas instituciones distribuyen los derechos y deberes fundamentales" (p. 127). En el caso que hemos planteado, la f&oacute;rmula del "velo de la ignorancia" (p. 129) contribuye a que los participantes puedan reconocer que "nadie tiene un derecho exclusivo hacia los bienes con los que lo obsequi&oacute; la fortuna; como hab&iacute;amos anticipado, a diferencia de Robert Nozick y sus seguidores, esta teor&iacute;a pretende corregir las desigualdades provocadas por las contingencias de la loter&iacute;a natural y social" (p. 129). Aunado a esto, el modelo plantea dos principios: "Cada persona ha de tener el derecho igual al m&aacute;s amplio sistema de libertades b&aacute;sicas, compatible con un sistema similar de libertades para todos" (p. 130) y las desigualdades han de estar estructuradas para el mayor beneficio de los menos aventajados, junto con ofrecer igualdad de oportunidades (p. 131).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De este modo, los autores muestran la pertinencia de las teor&iacute;as deontol&oacute;gicas para ofrecer argumentos que nos permitan entender problemas o conflictos entre individuos y grupos de las distintas sociedades. As&iacute;, el lector podr&aacute; comprender la forma en que diferentes principios &eacute;ticos favorecen soluciones a los problemas planteados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta &uacute;ltima parte, los autores exponen el utilitarismo y las &eacute;ticas de la virtud. Adem&aacute;s de explicar el principio de maximizaci&oacute;n de la felicidad, llama la atenci&oacute;n la importancia que han dado a las distintas teor&iacute;as del utilitarismo y la forma en que estas teor&iacute;as han interpretado la maximizaci&oacute;n del placer y la clasificaci&oacute;n o evaluaci&oacute;n de distintos tipos de placeres. Hasta cierto punto, los autores exponen lo que podr&iacute;amos reconocer como una caracterizaci&oacute;n de deseabilidad de los distintos placeres. El asunto consiste en encontrar un criterio objetivo que permita incrementar el placer y disminuir el dolor. La soluci&oacute;n de Bentham consiste en establecer una diferencia cuantitativa, y esta diferencia se basa en los par&aacute;metros de "intensidad, duraci&oacute;n, certeza de que ocurrir&aacute;, cercan&iacute;a, fecundidad (cuantos m&aacute;s placeres trae asociados, m&aacute;s fecundo es un placer), pureza (un placer es m&aacute;s puro cuanto m&aacute;s alejado est&eacute; del dolor) y extensi&oacute;n (la cantidad de gente que puede disfrutar de &eacute;l)" (p. 140). Si contrastamos esta caracterizaci&oacute;n con el caso de Alexei, mostraremos la dificultad para entender los casos de irracionalidad. No dudo que los criterios de clasificaci&oacute;n utilitarista sean razonables, pero el problema de Alexei no se reduce a discernir qu&eacute; placeres son razonables y cu&aacute;les no; por ejemplo, elige el placer m&aacute;s intenso y que contiene menor duraci&oacute;n; no tiene certeza de que alg&uacute;n d&iacute;a ganar&aacute; y, mucho menos, de que "cambiar&aacute; su destino en una hora"; su elecci&oacute;n es la menos fecunda, en cuanto que no trae placeres asociados &#151;por el contario, provocan m&aacute;s dolor y sufrimiento&#151; y su extensi&oacute;n es m&iacute;nima &#151;s&oacute;lo &eacute;l disfruta con apostar&#151;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para concluir este apartado, los autores exponen la teor&iacute;a de la virtud en Arist&oacute;teles y la versi&oacute;n comunitarista de MacIntyre. Destacan la importancia de la <i>phronesis</i> y la necesidad de emplear la deliberaci&oacute;n pr&aacute;ctica para saber elegir los medios adecuados para alcanzar los propios fines. Adem&aacute;s, explican por qu&eacute; razones hay una relaci&oacute;n entre la virtud del individuo y la importancia de &eacute;sta para la comunidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la tercera parte, los autores exponen el problema de la felicidad, el derecho a la salud, la globalizaci&oacute;n y los derechos humanos. Estos temas forman parte de un conjunto de problemas de la &eacute;tica aplicada. He retomado algunos de estos problemas para tratar de mostrar que el <i>Breviario</i> constituye una invitaci&oacute;n para pensar los problemas de filosof&iacute;a moral porque aporta elementos te&oacute;ricos para encontrar referentes que motiven al lector a indagar sobre esos problemas y la forma en que algunas teor&iacute;as filos&oacute;ficas han intentado solucionarlos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, los problemas de la compulsi&oacute;n, la debilidad de la voluntad y el autoenga&ntilde;o permiten comprender la dificultad para encontrar soluciones definitivas a todos los problemas. Esto muestra algunas limitaciones propias de la deliberaci&oacute;n pr&aacute;ctica; pero no se trata de un "defecto" de la &eacute;tica y tampoco ofrece una raz&oacute;n para renunciar al esfuerzo de entender tales dificultades.</font></p>      ]]></body>
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