<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-2450</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Diánoia]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Diánoia]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-2450</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filosóficas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-24502011000200017</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Reflexiones sobre la paradoja de Orayen]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Pallares Vega]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ivonne]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Autónoma del Estado de Morelos Departamento de Filosofía ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2011</year>
</pub-date>
<volume>56</volume>
<numero>67</numero>
<fpage>211</fpage>
<lpage>219</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-24502011000200017&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-24502011000200017&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-24502011000200017&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Adolfo Garc&iacute;a de la Sienra (comp.), <i>Reflexiones sobre la paradoja de Orayen</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ivonne Pallares Vega</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas&#45;UNAM, M&eacute;xico, 2008, 240 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Departamento de Filosof&iacute;a, Universidad Aut&oacute;noma del Estado de Morelos</i>. <a href="mailto:ipv@uaem.mx">ipv@uaem.mx</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los efectos que tienen las diversas axiomatizaciones que existen para la teor&iacute;a de conjuntos consiste, como es bien sabido, en proscribir la formaci&oacute;n de cierto tipo de colecciones que dan lugar a paradojas como la descubierta por Bertrand Russell a principios del siglo XX. En particular, y de acuerdo con las axiomatizaciones est&aacute;ndar de la teor&iacute;a de conjuntos, no existe el conjunto de todos los conjuntos. La llamada paradoja de Orayen (PO) surge de la siguiente manera. Como el lenguaje de la teor&iacute;a de conjuntos (TC) trata de todos los conjuntos, entonces el dominio de un modelo que capturara la interpretaci&oacute;n deseada del lenguaje de TC deber&iacute;a consistir en el conjunto de todos los conjuntos; pero, de acuerdo con TC misma, este &uacute;ltimo conjunto no existe, de donde parecer&iacute;a seguirse que ning&uacute;n modelo puede capturar la interpretaci&oacute;n deseada de la teor&iacute;a de conjuntos. Orayen explor&oacute; otras formas de interpretar teor&iacute;as formales y propuso dos soluciones a la paradoja que lleva su nombre, soluciones a las que llam&oacute; I y II. En la soluci&oacute;n I, Orayen utiliz&oacute; una noci&oacute;n de modelo que apela, no a conjuntos, sino a un lenguaje base previamente interpretado. En la soluci&oacute;n II, Orayen propuso rechazar la idea de que una &uacute;nica teor&iacute;a de conjuntos ha de servir para interpretar lenguajes formales. Orayen mostr&oacute; c&oacute;mo se puede construir una jerarqu&iacute;a infinita (numerable) de teor&iacute;as de conjuntos de tal forma que cada teor&iacute;a proporcione un conjunto que sirva como dominio de interpretaci&oacute;n para teor&iacute;as en niveles inferiores. La idea es, entonces, que cualquier asignaci&oacute;n de significado para el lenguaje de TC siempre ha de estar por debajo de alg&uacute;n nivel en la jerarqu&iacute;a.<sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Resulta un tanto dif&iacute;cil, en un espacio como &eacute;ste, presentar los temas y argumentos principales de cada ensayo y simult&aacute;neamente hacer justicia a la profusi&oacute;n y creatividad tanto de ideas como de argumentos presentados por los autores, por lo que en esta rese&ntilde;a s&oacute;lo se&ntilde;alar&eacute; algunos puntos en com&uacute;n que hay entre algunos de los ensayos, as&iacute; como otros que ilustran posturas contrastantes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los doce autores que contribuyeron a esta compilaci&oacute;n, Jos&eacute; Alfredo Amor es el &uacute;nico en sostener sin salvedades que la PO no es realmente una paradoja. En su ensayo "La teor&iacute;a de modelos de la teor&iacute;a de conjuntos: un concepto delicado", Amor presenta un argumento que se asemeja al que el mismo Skolem ofreci&oacute; en relaci&oacute;n con la paradoja que lleva su nombre. As&iacute; como en el caso de la existencia de un modelo numerable de la teor&iacute;a de conjuntos, la interpretaci&oacute;n de lo que <i>en el modelo</i> significa ser un conjunto no numerable hace verdadero al teorema que afirma que existe un conjunto "no numerable", Amor nos recuerda que en el caso de la presunta PO el cuantificador "todos" se refiere a todos los objetos <i>del dominio del modelo.</i> Es as&iacute; como, de acuerdo con este autor, el que en teor&iacute;a de conjuntos sea un teorema que no existe el conjunto de todos los conjuntos no presenta problema alguno: si <i>A</i> es el dominio de un modelo dado de la teor&iacute;a de conjuntos entonces, por tratarse de un modelo, <i>en A</i> no existe "ning&uacute;n objeto <i>c</i> ('conjunto') tal que todos los objetos ('conjuntos') del conjunto <i>A</i> est&eacute;n relacionados con el objeto <i>c</i> (en la relaci&oacute;n <i>E</i> que interpreta en <i>A</i> al s&iacute;mbolo relacional &#8712;)" (p. 87). Amor parece encontrar que lo que da lugar a la aparente paradoja es "el supuesto de que la teor&iacute;a debe probar la existencia de un conjunto de todos los conjuntos" (p. 88), supuesto que "hay que rechazar porque est&aacute; equivocado, y as&iacute; no hay ni contradicci&oacute;n, ni paradoja alguna" <i>(ibid.).</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su contribuci&oacute;n "Nota cr&iacute;tica sobre <i>La paradoja de Orayen",</i> Agust&iacute;n Rayo argumenta que el proyecto de Orayen parece no consistir en dar simplemente una sem&aacute;ntica para el lenguaje de primer orden de la teor&iacute;a de conjuntos; m&aacute;s a&uacute;n, que si dicho proyecto fuera dar una caracterizaci&oacute;n sem&aacute;ntica de consecuencia l&oacute;gica, entonces la PO no tendr&iacute;a gran alcance. De lo anterior surge as&iacute; la pregunta de cu&aacute;l es, entonces, el proyecto de Orayen. Seg&uacute;n Rayo, para responderla es necesario considerar el proyecto de dar un sem&aacute;ntica generalizada para lenguajes de primer orden (es decir, el proyecto de caracterizar un predicado de verdad&#45;de&#45;acuerdo&#45;con&#45;una&#45;asignaci&oacute;n&#45;posible&#45;de&#45;significado, noci&oacute;n que tiene como caso particular la de verdad&#45;en&#45;un&#45;modelo). Rayo plantea entonces otra pregunta (a la cual denomina "versi&oacute;n generalizada de la pregunta crucial")<sup><a href="#notas">2</a></sup> concerniente a la posibilidad de hacer <i>sem&aacute;ntica generalizada</i> para el lenguaje de la teor&iacute;a de conjuntos sin apelar a modelos, y propone ver las dos soluciones de Orayen a la PO como dos maneras de responder dicha pregunta. Esta perspectiva la utiliza Rayo para mostrar en qu&eacute; forma se generan dos jerarqu&iacute;as infinitas, una ideol&oacute;gica y otra ontol&oacute;gica, y concluye que la PO sugiere que "es imposible hacer sem&aacute;ntica generalizada para un lenguaje sin utilizar un lenguaje que no s&oacute;lo sea de mayor riqueza expresiva, sino tambi&eacute;n de mayor riqueza l&oacute;gica u ontol&oacute;gica" (p. 45).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo de Atocha Aliseda, "Sobre la parapraxis de Orayen", en cierta forma retoma un tema que Rayo aborda (a saber, la cuesti&oacute;n de si es posible <i>construir</i> cierto tipo de sem&aacute;ntica para lenguajes de primer orden). De acuerdo con Aliseda, un rasgo caracter&iacute;stico de las paradojas consiste en que &eacute;stas nos revelan "alguna dificultad seria en nuestro entendimiento intuitivo de nociones b&aacute;sicas de sem&aacute;ntica o de teor&iacute;a de conjuntos" (p. 53). Una vez as&iacute; caracterizadas, Aliseda ilustra la distinci&oacute;n entre paradojas sem&aacute;nticas (aquellas que involucran nociones tales como verdad, predicaci&oacute;n y definibilidad), y paradojas l&oacute;gicas o de teor&iacute;a de conjuntos; de acuerdo con la autora, en ambos tipos de paradoja se llega a alguna contradicci&oacute;n y hay un uso de la autorreferencia. Utilizando estas distinciones, Aliseda argumenta de manera convincente que la paradoja de Orayen no es de &iacute;ndole sem&aacute;ntica ni l&oacute;gica, y concluye que lo que Orayen identific&oacute; es un problema de naturaleza <i>pr&aacute;ctica</i> que concierne a la imposibilidad de <i>construcci&oacute;n</i> del dominio de un modelo de la teor&iacute;a de conjuntos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "&iquest;Hay un supuesto conjuntista en la paradoja de Orayen?", Agust&iacute;n Barrio sostiene que la PO presenta una grave dificultad para el proyecto de dar una teor&iacute;a general de la interpretaci&oacute;n. De acuerdo con Barrio, el problema que nos presenta la PO radica "en la circularidad de una teor&iacute;a que proponga expresar, por sus propios medios expresivos, c&oacute;mo formalizarse, en el sentido de poder contar, dentro de sus propios compromisos ontol&oacute;gicos, con una colecci&oacute;n (sea o no sea &eacute;sta un conjunto) capaz de reunir a todas aquellas entidades de las que habla ella misma" (p. 200). Aunque lo anterior est&aacute; en claro contraste con la postura que defiende Amor, ambos autores abordan la cuesti&oacute;n de qu&eacute; tan clara es o puede ser nuestra comprensi&oacute;n del concepto de clase propia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Axiomas, formalizaci&oacute;n y teor&iacute;a de conjuntos", Ignacio Jan&eacute;, tal y como &eacute;l mismo lo se&ntilde;ala, no aborda la PO directamente; pero, al igual que Barrio, tambi&eacute;n exhibe un problema de circularidad relacionado con ciertos usos de la teor&iacute;a de conjuntos. En el centro de la discusi&oacute;n de Jan&eacute; yace una interesante distinci&oacute;n entre dos formas en que podemos concebir una teor&iacute;a matem&aacute;tica. De acuerdo con Jan&eacute;, dada una teor&iacute;a matem&aacute;tica <i>T</i> (la aritm&eacute;tica, por ejemplo), la "teor&iacute;a reglamentada" <i>T<sup>reg</sup></i> es el resultado de dos procesos. El primero consiste en la <i>reglamentaci&oacute;n del lenguaje</i> de <i>T,</i> reglamentaci&oacute;n que es b&aacute;sicamente un proceso de simbolizaci&oacute;n, donde el significado de los s&iacute;mbolos y expresiones procede del lenguaje previo a la reglamentaci&oacute;n. Cuando, una vez obtenido el lenguaje reglamentado, se fijan los medios de demostraci&oacute;n, se obtiene finalmente lo que Jan&eacute; denomina la <i>teor&iacute;a reglamentada T<sup>reg</sup>.</i> La <i>teor&iacute;a formalizada T<sup>form</sup></i> es una versi&oacute;n idealizada de <i>T<sup>reg</sup></i>.<sup><a href="#notas">3</a></sup> El objetivo principal de introducir teor&iacute;as formalizadas es estudiar sus correspondientes teor&iacute;as reglamentadas. Esto &uacute;ltimo requiere que las teor&iacute;as formalizadas <i>T<sup>form</sup></i> se introduzcan como objetos matem&aacute;ticos; y como tales, las teor&iacute;as formales se definen dentro de alguna teor&iacute;a matem&aacute;tica (a lo sumo reglamentada), a la cual Jan&eacute; denomina la metateor&iacute;a o teor&iacute;a subyacente a <i>T<sup>form</sup>.</i> La introducci&oacute;n de una teor&iacute;a formalizada <i>T<sup>form</sup></i> para el estudio de la correspondiente teor&iacute;a reglamentada conlleva, por lo tanto, la <i>aceptaci&oacute;n</i> de la teor&iacute;a subyacente a <i>T<sup>form</sup></i> (aceptaci&oacute;n en el sentido de que es, por ejemplo, adecuada o correcta). Para teor&iacute;as <i>axiom&aacute;ticas</i> formales tales como, por ejemplo, la teor&iacute;a <i>R<sup>form</sup></i> de (el campo ordenado de) los n&uacute;meros reales, la metateor&iacute;a correspondiente suele ser alguna teor&iacute;a (reglamentada) de conjuntos <i>TC<sup>reg</sup>.</i> De acuerdo con Jan&eacute;, exhibir en <i>TC<sup>reg</sup></i> un modelo de <i>R<sup>form</sup></i> consiste b&aacute;sicamente en dar una <i>explicaci&oacute;n en t&eacute;rminos conjuntistas</i> de lo que son los n&uacute;meros reales. La concepci&oacute;n de una teor&iacute;a de conjuntos, digamos ZF, como teor&iacute;a formalizada no tiene en principio nada de especial: los axiomas de ZF<sup>form</sup> definen en la metateor&iacute;a de conjuntos la clase de sus modelos; y, aunque no sea posible demostrar que dicha clase es no vac&iacute;a, esto no es impedimento para el estudio de los posibles modelos y de las relaciones entre ellos, pues de ser necesario siempre se puede trabajar bajo la hip&oacute;tesis de su existencia. El problema surge cuando tratamos de <i>usar ZF<sup>form</sup></i> y sus modelos en forma an&aacute;loga al caso de, por ejemplo, los n&uacute;meros reales, es decir, cuando pretendemos que ZF<sup>form</sup> nos <i>explique</i> qu&eacute; son los conjuntos, pues esto equivaldr&iacute;a a pedir una explicaci&oacute;n de qu&eacute; son los conjuntos en t&eacute;rminos de los modelos de sus axiomas, es decir, en t&eacute;rminos de los conjuntos mismos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Irresolubilidad de la paradoja de Orayen", Max Freund describe el problema planteado por Orayen como uno concerniente a "la imposibilidad de formalizar teor&iacute;as del tipo de ZF o de von Neumann en tanto ellas mismas se usen como metateor&iacute;a sem&aacute;ntica para la sem&aacute;ntica de lenguajes formales (o, por lo menos, de lenguajes formales de primer orden)" (p. 137) De acuerdo con Freund, la PO surge de tres presupuestos que conciernen a la interpretaci&oacute;n, a la formalizaci&oacute;n y a la l&oacute;gica. Seg&uacute;n el presupuesto de la interpretaci&oacute;n, una sola teor&iacute;a de conjuntos debe proporcionar la sem&aacute;ntica de los lenguajes formales, as&iacute; como las entidades en la interpretaci&oacute;n; seg&uacute;n el presupuesto de la formalizaci&oacute;n, la metateor&iacute;a sem&aacute;ntica debe ser expresada como una teor&iacute;a formal; y, finalmente, el presupuesto l&oacute;gico consiste en asumir la l&oacute;gica cl&aacute;sica. Freund argumenta que la PO no puede solucionarse en la medida en que nos apeguemos a estos tres presupuestos y asumamos formalizaciones finitistas. Despu&eacute;s de una exposici&oacute;n clara de las dos soluciones que Orayen mismo ofreciera a la PO, Freund muestra, por un lado, que uno de los rasgos que tienen en com&uacute;n las dos soluciones de Orayen consiste en el abandono del presupuesto de la interpretaci&oacute;n; y por otro lado, muestra en qu&eacute; forma esta estrategia da lugar a ciertos problemas. El objetivo principal de Freund es, entonces, el ofrecer una soluci&oacute;n a la PO siguiendo una estrategia similar a la de Orayen pero sin caer en los problemas que enfrentan las dos soluciones propuestas por este &uacute;ltimo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que Freund, Mario G&oacute;mez Torrente discute las soluciones a la PO propuestas por Orayen, pero dentro del contexto del concepto de consecuencia l&oacute;gica. En "Interpretaciones y conjuntos", G&oacute;mez Torrente argumenta que, al menos en lo que concierne al concepto de consecuencia l&oacute;gica, tenemos razones "para aceptar el supuesto de que podemos trabajar &#91;...&#93; como si cualquier interpretaci&oacute;n aceptable fuera conjuntista" (p. 209), pero sostiene que dichas razones son, no s&oacute;lo complicadas, sino muy probablemente susceptibles de generar controversia. G&oacute;mez Torrente examina entonces tres propuestas que parten, por un lado, del abandono de la teor&iacute;a de conjuntos como fuente (exclusiva) de interpretaciones y, por otro lado, de una definici&oacute;n de consecuencia l&oacute;gica en t&eacute;rminos de una nueva colecci&oacute;n de interpretaciones, es decir, de una noci&oacute;n de consecuencia l&oacute;gica en un nuevo sentido t&eacute;cnico. La primera propuesta corresponde, de acuerdo con G&oacute;mez Torrente, a la Soluci&oacute;n I de Orayen; pero un problema grave que &eacute;sta presenta consiste en que "si el lenguaje interpretado del que sacamos nuestras interpretaciones expresivas es un lenguaje habitual y no algo postulado <i>ad hoc,</i> entonces parece claro que habr&aacute; oraciones de orden superior satisfechas por todas las interpretaciones expresivas, pero no satisfechas por alguna interpretaci&oacute;n intuitiva" <i>(ibid.).</i> La segunda propuesta, que corresponde a la Soluci&oacute;n II de Orayen, tiene, seg&uacute;n G&oacute;mez Torrente, el problema de embarcarnos en la jerarqu&iacute;a de las hiperclases de tal modo que "para definir expl&iacute;citamente la noci&oacute;n de verdad de una f&oacute;rmula de orden superior &#91;...&#93; habremos de cuantificar por lo menos sobre clases de clases (y sobre hiperclases de estratos superiores cuanto mayor sea el orden de la f&oacute;rmula)" (p. 211). La tercera propuesta (a la cual el autor denomina hiperclasista) parte de la correspondencia que existe entre, por un lado, la jerarqu&iacute;a de las hiperclases y, por otro lado, la jerarqu&iacute;a de valores de las variables de orden superior. De acuerdo a esta propuesta, las interpretaciones se conciben como ciertos valores de las variables de orden superior del lenguaje de la teor&iacute;a de tipos. As&iacute;, por ejemplo, si se toma como universo b&aacute;sico el universo de los conjuntos, entonces, y siguiendo la sem&aacute;ntica tradicional, las hiperclases ser&iacute;an los valores que toman las variables; sin embargo, tal y como G&oacute;mez Torrente se&ntilde;ala, esta propuesta genera incomodidades ontol&oacute;gicas similares a las de la segunda propuesta. A continuaci&oacute;n este autor presenta y examina una variante de esta &uacute;ltima propuesta a la cual denomina pluralista. Pero, sostiene G&oacute;mez Torrente, el problema principal de la propuesta pluralista es que genera incomodidades, aunque no ontol&oacute;gicas, s&iacute; de tipo ideol&oacute;gico. El supuesto que comparten estas dos propuestas es que hay una pluralidad de todos los conjuntos, pluralidad que determina el valor de verdad de cualquier f&oacute;rmula &#151;de cualquier orden&#151; del lenguaje de la teor&iacute;a de conjuntos. De acuerdo con G&oacute;mez Torrente, si se niega este supuesto habr&aacute; que concluir que la supuesta interpretaci&oacute;n deseada de la teor&iacute;a de conjuntos no es tal y que, en un sentido estricto, sus f&oacute;rmulas no tienen un valor de verdad. Ante tal situaci&oacute;n, se&ntilde;ala G&oacute;mez Torrente, una actitud que podr&iacute;a adoptarse es la siguiente: en la medida en que las afirmaciones de la teor&iacute;a de conjuntos no lleven a inconsistencias, se pueden utilizar para lograr una aproximaci&oacute;n a los conjuntos que deseamos postular. G&oacute;mez Torrente confiesa no tener una defensa para una postura tan radical como &eacute;sta, pero sostiene que tal defensa ofrecer&iacute;a una justificaci&oacute;n completamente transparente de la tesis de que ninguna consecuencia l&oacute;gica en el nuevo sentido t&eacute;cnico es invalidada por ning&uacute;n otro tipo de interpretaci&oacute;n.<sup><a href="#notas">4</a></sup> </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En contraste con las contribuciones de Barrio y Jan&eacute;, Sandra Lazzer sostiene que la circularidad no es la fuente del problema; m&aacute;s espec&iacute;ficamente, que no se trata de una cuesti&oacute;n de circularidad en la relaci&oacute;n de autoaplicaci&oacute;n. En "Circularidad l&oacute;gica y conjuntos", Lazzer argumenta que el problema con el que nos confronta la PO es el siguiente: por un lado, nos vemos tentados a concebir el universo que involucra la teor&iacute;a como si fuera un conjunto y, m&aacute;s a&uacute;n, esperamos que en alg&uacute;n momento la teor&iacute;a muestre que dicho universo es un conjunto; pero, por otro lado, tomarlo como si fuera un conjunto requiere un uso del lenguaje de la teor&iacute;a de conjuntos cuyo universo de interpretaci&oacute;n no puede ser un conjunto. De acuerdo con Lazzer, la verdadera causa de la PO radica entonces en que "la sem&aacute;ntica parece requerir esencialmente un universo conjuntista pero, tan pronto como tratamos de determinar su dominio de cuantificaci&oacute;n, &eacute;ste se nos desdibuja en las manos, revel&aacute;ndose como un conjunto y no como el aut&eacute;ntico universo que buscamos" (p. 77). Lazzer se&ntilde;ala oportunamente que apelar a las clases propias no resuelve el problema "porque se rechaza <i>qua</i> conjunto lo que es considerado en todos los otros aspectos como un conjunto" <i>(ibid.).</i></font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que Lazzer, Adolfo Garc&iacute;a de la Sienra parte de que la PO es una aut&eacute;ntica paradoja; sin embargo, y en contraste con Lazzer, Garc&iacute;a de la Sienra considera que cierta teor&iacute;a de las clases puede ayudar a evitar que surja la PO. En "Teor&iacute;a general de las clases", Garc&iacute;a de la Sienra argumenta que la adopci&oacute;n de cierta modificaci&oacute;n que &eacute;l mismo propone de la teor&iacute;a de Ackerman&#45;Muller (modificaci&oacute;n a la que denomina ARCU), permitir&iacute;a hacer teor&iacute;a de modelos sin riesgo de que surja la PO. La presentaci&oacute;n que el autor hace de ARCU sugiere la mayor&iacute;a de las veces que esta teor&iacute;a es lo que Jan&eacute; denominar&iacute;a una teor&iacute;a reglamentada.<sup><a href="#notas">5</a></sup> El proyecto de Garc&iacute;a de la Sienra, sin embargo, va m&aacute;s all&aacute; de evitar paradojas como la de Orayen, ya que su intenci&oacute;n es que dentro de ARCU se pueda desarrollar, no s&oacute;lo la teor&iacute;a de modelos, sino toda la matem&aacute;tica conocida, exceptuando tal vez la geometr&iacute;a. De acuerdo con de la Sienra, "las construcciones de &#91;la teor&iacute;a de modelos&#93; son entidades acerca de las que trata ARCU. En particular, los modelos <i>son conjuntos</i> &#91;...&#93;, los lenguajes formalizados <i>son conjuntos</i> de urelementos &#91;. . .&#93; y las relaciones entre los segundos y los primeros <i>son funciones &#151;es decir, conjuntos</i> nuevamente&#151;" (p. 133, las cursivas son m&iacute;as). Lo anterior sugiere que el proyecto de Garc&iacute;a de la Sienra incluye la utilizaci&oacute;n de ARCU como algo muy similar a una teor&iacute;a formalizada en el sentido de Jan&eacute;. Las distinciones introducidas por este &uacute;ltimo ofrecen as&iacute; una nueva perspectiva desde la cual evaluar la teor&iacute;a propuesta por de la Sienra, no s&oacute;lo con respecto a la PO, sino tambi&eacute;n como teor&iacute;a fundamentadora de una gran parte de la matem&aacute;tica conocida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "Sem&aacute;nticas de la l&oacute;gica de segundo orden", &Aacute;ngel Nepomuceno nos presenta una distinci&oacute;n entre sistemas abstractos y los modelos o representaciones de &eacute;stos. Un sistema (matem&aacute;tico) est&aacute; dado por una clase no vac&iacute;a de objetos y por ciertas relaciones que se establecen entre &eacute;stos. Lo que distingue a un sistema abstracto de sus modelos es que los objetos del primero "se conocen &uacute;nicamente mediante las relaciones establecidas" (p. 156), mientras que los modelos se obtienen mediante especificaciones ulteriores. Este autor argumenta que los problemas que se suscitan al intentar elaborar una teor&iacute;a de modelos de segundo orden le ata&ntilde;en m&aacute;s a la teor&iacute;a de conjuntos que a la l&oacute;gica propiamente dicha, y que "si la paradoja se da, la circunstancia de pasar a segundo orden sin m&aacute;s no nos librar&iacute;a de ella" (p. 170). Nepomuceno termina su discusi&oacute;n abordando dos temas. El primero concierne a la posibilidad de considerar otros universos matem&aacute;ticos (como sistemas abstractos) y menciona propuestas tales como el uso de espacios topol&oacute;gicos como sem&aacute;nticas para la l&oacute;gica intuicionista, o el uso de categor&iacute;as concretas. Con respecto a este primer tema, Nepomuceno no nos dice mucho m&aacute;s all&aacute; de que propuestas como las dos anteriores abren la pregunta concerniente a "si se podr&iacute;an usar otras teor&iacute;as que introduzcan sistemas de objetos abstractos como universos matem&aacute;ticamente interesantes al margen de un modelo de la teor&iacute;a de conjuntos" (p. 171). El segundo tema que Nepomuceno discute al final de su contribuci&oacute;n concierne a cierta forma de abordar las paradojas propuesta por J.M. Sag&uuml;illo; de acuerdo con esta propuesta, la noci&oacute;n de paradoja es con respecto a un sujeto cognoscente, como, por ejemplo, una comunidad cient&iacute;fica que adopta cierto paradigma. Nepomuceno argumenta que, aplicada al caso particular de la PO, la propuesta de Sag&uuml;illo muestra que la paradoja s&oacute;lo surge cuando el paradigma es de tal naturaleza que el sujeto que opere bajo dicho paradigma sostendr&aacute; que es posible tener una teor&iacute;a general de la interpretaci&oacute;n, y tambi&eacute;n que los &uacute;nicos dominios de interpretaci&oacute;n son los conjuntos que provee la teor&iacute;a intuitiva de conjuntos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alberto Moretti nos presenta, en "Interpretaciones y conjuntos", un argumento a favor (aunque con ciertas reservas) de la v&iacute;a sustitucional para la interpretaci&oacute;n de los lenguajes de primer orden. Moretti utiliza una construcci&oacute;n ascendente de teor&iacute;as de conjuntos con creciente poder referencial para mostrar que, desde un punto de vista matem&aacute;tico, no es incorrecto pensar que mediante la teor&iacute;a de conjuntos se confiere o se construye la significatividad de los lenguajes de primer orden, ni tampoco pensar que la sem&aacute;ntica de las teor&iacute;as de primer orden siempre puede darse en t&eacute;rminos de alguna teor&iacute;a de conjuntos; sin embargo, de acuerdo con Moretti, pensar as&iacute; es filos&oacute;ficamente insatisfactorio. Seg&uacute;n este autor, la fuente de significatividad de los lenguajes de primer orden la constituyen los lenguajes naturales; lo m&aacute;s que podemos lograr con la teor&iacute;a de conjuntos es una representaci&oacute;n &uacute;til de la significatividad de dichos lenguajes en la mayor&iacute;a de sus usos. Para Moretti, optar por la v&iacute;a sustitucional es como adoptar la idea de que s&oacute;lo es necesario dar una <i>explicaci&oacute;n</i> del significado de los lenguajes de primer orden, pero no una <i>interpretaci&oacute;n.</i> Moretti expone al final de su contribuci&oacute;n ciertas dificultades que enfrenta la v&iacute;a sustitucional, dificultades cuya formulaci&oacute;n involucra, sin embargo, los lenguajes de segundo orden, de ah&iacute; en parte las reservas con que se pronuncia a favor del enfoque sustitucional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "De la interpretaci&oacute;n", Axel Barcel&oacute; sostiene que lo que muestra la PO es que si el cuantificador universal en</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">(a) <i>p</i> es verdadera bajo toda interpretaci&oacute;n</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">opera &uacute;nicamente sobre interpretaciones cl&aacute;sicas en teor&iacute;a de conjuntos, entonces cuando el lenguaje de <i>p</i> es el propio lenguaje de la teor&iacute;a de conjuntos formalizada en l&oacute;gica de primer orden, no est&aacute; garantizada la inferencia de (a) a</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">(b) <i>p</i> es verdadera en su interpretaci&oacute;n natural.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barcel&oacute; se&ntilde;ala que de acuerdo con Putnam, lo que logr&oacute; mostrar Orayen es que la noci&oacute;n de "interpretaci&oacute;n" que aparece en (a) no es la misma que la que aparece en (b), pero que, adem&aacute;s de esto, Putnam no dice mucho m&aacute;s. Barcel&oacute; destaca entonces dos sentidos distintos en que se ha entendido la noci&oacute;n de "interpretaci&oacute;n" dentro de discusiones recientes acerca de la definici&oacute;n tarskiana de consecuencia l&oacute;gica: por un lado est&aacute; la noci&oacute;n de que una interpretaci&oacute;n es un an&aacute;lisis conceptual o una reducci&oacute;n de la noci&oacute;n prete&oacute;rica. Y, por otro lado, est&aacute; la idea de que dar una interpretaci&oacute;n es explicar cient&iacute;ficamente la noci&oacute;n prete&oacute;rica. Barcel&oacute; argumenta que ninguna de estas dos nociones captura el concepto de "interpretaci&oacute;n" en teor&iacute;a de modelos y la tesis principal que defiende es que la noci&oacute;n t&eacute;cnica de "interpretaci&oacute;n" representa (o modela), dentro de la teor&iacute;a (tarskiana) de consecuencia l&oacute;gica, la noci&oacute;n prete&oacute;rica (es decir, la noci&oacute;n en uso en l&oacute;gica y matem&aacute;ticas previa a la teor&iacute;a de modelos). De ser correcta esta tesis, surge de manera natural la pregunta acerca de hasta qu&eacute; punto es fiel esta representaci&oacute;n o modelo. Pero, se&ntilde;ala Barcel&oacute;, lo importante es que esta pregunta por la adecuaci&oacute;n de la relaci&oacute;n de modelado depende al menos de dos cosas: el objetivo de la teor&iacute;a de modelos en su totalidad y la naturaleza del concepto prete&oacute;rico. La importancia de la PO radica, de acuerdo con Barcel&oacute;, en haber abierto la discusi&oacute;n acerca de cu&aacute;les son los objetivos de la teor&iacute;a de modelos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La colecci&oacute;n de ensayos compilados en <i>Reflexiones sobre la paradoja de Orayen</i> constituye, en primera instancia, una muestra clara de lo fruct&iacute;feras que pueden ser las paradojas. Tanto la introducci&oacute;n, como los doce ensayos que integran esta antolog&iacute;a, configuran un complejo entrelazado de ideas que, en la mayor&iacute;a de los casos, van m&aacute;s all&aacute; de la paradoja de Orayen propiamente dicha; as&iacute;, por ejemplo, tal y como Adolfo Garc&iacute;a de la Sienra muestra en su excelente introducci&oacute;n, a pesar de que a los autores no se les pidi&oacute; que abordaran un tema espec&iacute;fico en torno a la PO, surge de los ensayos tomados en conjunto toda una perspectiva filos&oacute;fica de la l&oacute;gica. Esta compilaci&oacute;n constituye tambi&eacute;n un recorrido por los diversos tipos de reacciones que una (presunta) paradoja puede suscitar, desde rechazar que lo sea, hasta aceptar que s&iacute; constituye una aut&eacute;ntica paradoja, lo cual a su vez suscita preguntas acerca de sus implicaciones, de su naturaleza, de su(s) causa(s) o acerca de la posibilidad de solucionarla.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> La contribuci&oacute;n de Agust&iacute;n Rayo contiene una exposici&oacute;n detallada y cr&iacute;tica de estas dos soluciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> La pregunta que Rayo denomina "crucial" surge de manera inmediata de la PO y es la siguiente: &iquest;es posible formular la interpretaci&oacute;n deseada de la teor&iacute;a de conjuntos sin apelar a modelos o, por lo menos, sin apelar al tipo de modelo que da lugar al problema?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> "Idealizada" en el sentido de que, en contraste con la teor&iacute;a reglamentada, en la teor&iacute;a formalizada "no hay l&iacute;imites a la complejidad de las posibles f&oacute;rmulas ni a la longitud de las posibles deducciones" (p. 96).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> En la segunda mitad de su contribuci&oacute;n, G&oacute;mez Torrente presenta en detalle una objeci&oacute;n a la que podr&iacute;a enfrentarse esta postura radical.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> As&iacute;, por ejemplo, de la Sienra introduce dos <i>s&iacute;mbolos</i> constantes, <i>U</i> y V, para <i>designar</i> a la clase de urelementos y a la de todos los conjuntos, respectivamente.</font></p>      ]]></body>
</article>
