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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Luis C&eacute;sar Santiesteban, <i>Heidegger y la &eacute;tica</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Paloma Mart&iacute;nez Mat&iacute;as</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Universidad Aut&oacute;noma de Chihuahua/Aldus, M&eacute;xico, 2009, 240 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Valencia.</i> <a href="mailto:Paloma.Martinez@uv.es">Paloma.Martinez@uv.es</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su c&eacute;lebre "Carta sobre el humanismo", dirigida a Jean Beafreaut en 1946, Martin Heidegger reconoc&iacute;a no s&oacute;lo el deseo y la demanda de una &eacute;tica, sino tambi&eacute;n la necesidad de prestar la m&aacute;xima atenci&oacute;n a esta cuesti&oacute;n en una &eacute;poca marcada, a consecuencia del dominio de la t&eacute;cnica, por el estado de precariedad del hombre en lo relativo a indicaciones y reglas vinculantes. Sin embargo, dicho reconocimiento resulta de entrada incongruente con el escaso espacio, sin duda anecd&oacute;tico en el conjunto de su extensa obra, que el fil&oacute;sofo alem&aacute;n dedicara al asunto de la &eacute;tica y con el desinter&eacute;s por ella que a partir de ah&iacute; cabr&iacute;a deducir.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; sea en ese estado de precariedad se&ntilde;alado por el propio Heidegger, y en la urgencia que despierta por hallar respuestas a la pregunta por el actuar humano, donde se originen tanto los diferentes reproches vertidos sobre su obra a causa de ese presunto desinter&eacute;s, como, en el otro extremo, los numerosos estudios que desde los inicios de la ya dilatada investigaci&oacute;n sobre el pensamiento heideggeriano se han esforzado por sacar a la luz las implicaciones &eacute;ticas en &eacute;l contenidas. Bien aquellas implicaciones que se derivar&iacute;an de este pensamiento m&aacute;s all&aacute; de la literalidad de sus textos e incluso en contra de dicha literalidad &#151;recordemos, a modo de ejemplo, la reiterada negativa de Heidegger a una lectura en clave &eacute;tica de determinados conceptos centrales de <i>Ser y tiempo</i>&#151;, bien aquellas otras que, seg&uacute;n algunos autores, podr&iacute;an desprenderse con mayor o menor evidencia de ciertas afirmaciones efectivamente presentes en tales textos, contempladas a menudo como prueba de la profunda inspiraci&oacute;n &eacute;tica subyacente a su reflexi&oacute;n sobre el ser.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en esta &uacute;ltima tendencia hermen&eacute;utica donde se inscribe el trabajo <i>Heidegger y la &eacute;tica,</i> en cuyo recorrido Luis C&eacute;sar Santiesteban defiende una doble tesis: la falta de una tematizaci&oacute;n expl&iacute;cita de la cuesti&oacute;n &eacute;tica en la obra heideggeriana, lejos de ser &iacute;ndice de una falta de sensibilidad o preocupaci&oacute;n por ella, obedece, por el contrario, a una decidida vocaci&oacute;n &eacute;tica de su pensar, o, lo que es lo mismo, a una posici&oacute;n fundamental del pensador alem&aacute;n respecto de la &eacute;tica; adem&aacute;s, dicha posici&oacute;n o planteamiento &eacute;tico se puede reconstruir &#151;aunque no sin tener que salvar importantes escollos&#151; a partir de ciertas indicaciones dispersas a lo largo de toda su obra que apuntan a la posibilidad de una &eacute;tica originaria. El car&aacute;cter originario de esa &eacute;tica provendr&iacute;a de su &iacute;ntimo entrelazamiento con la reflexi&oacute;n ontol&oacute;gica de Heidegger y, en virtud del mismo, de su renuencia a ser dilucidada desde los conceptos y esquemas de la &eacute;tica tradicional por remitir a un &aacute;mbito anterior a ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La novedad del trabajo de Santiesteban radica en sostener que semejante reconstrucci&oacute;n puede ser llevada a t&eacute;rmino sobre la base de la puesta en conexi&oacute;n de dos principales l&iacute;neas de fuerza: la primera, la identificaci&oacute;n del pensar que piensa la verdad del ser con la <i>&eacute;tica originaria,</i> efectuada por Heidegger en la citada "Carta sobre el humanismo" apelando al significado fundamental del concepto de <i>Ethos</i> como estancia o lugar donde habita el hombre; y la segunda, los an&aacute;lisis desarrollados sobre este mismo concepto en el curso que el fil&oacute;sofo alem&aacute;n impartiera en Friburgo en el semestre de verano de 1944 sobre la doctrina heracliteana del <i>l&oacute;gos.</i> Con ello, el libro objeto de esta rese&ntilde;a se propone subsanar lo que en el marco de los estudios en torno al problema de la &eacute;tica en Heidegger se acusa como una carencia: emprender una investigaci&oacute;n que profundice tanto en esta relevante acotaci&oacute;n sobre la &eacute;tica originaria como en su relaci&oacute;n con el sentido originario del <i>Ethos</i> seg&uacute;n lo interpreta Heidegger a prop&oacute;sito de Her&aacute;clito. Y puesto que, como se ha mencionado, tal <i>Ethos</i> remite al habitar, se apostar&aacute; por adscribir toda la meditaci&oacute;n heideggeriana sobre el habitar al terreno de dicha &eacute;tica originaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez presentado el trazado general y el objetivo de esta obra, nos detendremos en las aportaciones realizadas para alcanzarlo en cada uno de los cap&iacute;tulos que la componen.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer cap&iacute;tulo comienza subrayando que la problem&aacute;tica de la &eacute;tica en Heidegger dista mucho de hallarse agotada pese a los m&uacute;ltiples estudios existentes sobre el tema. Por de pronto, las notorias divergencias detectadas entre ellos ser&iacute;an, en buena medida, fruto de toda una constelaci&oacute;n de factores que dificultan su investigaci&oacute;n: la propia dispersi&oacute;n y parquedad de las afirmaciones de Heidegger sobre la &eacute;tica, su car&aacute;cter poco claro e incluso cifrado, su falta de coincidencia con los supuestos y la terminolog&iacute;a de la &eacute;tica tradicional, y tambi&eacute;n la dificultad que entra&ntilde;a cualquier intento de sistematizaci&oacute;n de su pensamiento. Este &uacute;ltimo factor puede igualmente hacerse valer entre los argumentos que Santiesteban aduce para tratar de responder al interrogante de por qu&eacute; Heidegger nunca escribi&oacute; una &eacute;tica. De entrada, el car&aacute;cter monol&iacute;tico de su pensar deriva de su insistente rechazo a la compartimentaci&oacute;n de la filosof&iacute;a en disciplinas, que para el fil&oacute;sofo alem&aacute;n deb&iacute;an ser suprimidas por haber conducido a su extrav&iacute;o. A ello se suma su cr&iacute;tica a la distinci&oacute;n entre teor&iacute;a y praxis como esferas complementarias y separables en el ser humano, cr&iacute;tica que vendr&iacute;a ligada a la voluntad de pensar de nuevo la esencia del hombre como paso previo a la posible formulaci&oacute;n de una &eacute;tica. Por &uacute;ltimo, Santiesteban destaca que el diagn&oacute;stico heideggeriano de una actualidad regida por el nihilismo y la t&eacute;cnica, donde la propia subsistencia del hombre se encuentra en peligro, dar&iacute;a prevalencia a la tarea de contribuir a la venida de un nuevo destino del ser por encima de la elaboraci&oacute;n de una &eacute;tica. Pero m&aacute;s all&aacute; de tales razones, el autor considera que la negativa de Heidegger a escribir una &eacute;tica, su silencio respecto de esta cuesti&oacute;n, debe ser objeto de interpretaci&oacute;n si, siguiendo al propio Heidegger, se acepta que lo crucial en la obra de un autor no anida en lo que expresamente dice, sino en lo que calla. Partiendo de este supuesto, el silencio de Heidegger sobre la &eacute;tica se explica como un silencio intencionado, destinado a evitar la inclusi&oacute;n de cualquier tematizaci&oacute;n de la misma en el orden de la &eacute;tica metaf&iacute;sica. Con este calificativo se designa aquella &eacute;tica que, al ocuparse de valores, costumbres y virtudes, oculta o encubre la dimensi&oacute;n previa y originaria del <i>Ethos.</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En coherencia con la tesis de que el Heidegger temprano habr&iacute;a comprendido la necesidad de retrotraer las cuestiones &eacute;ticas a la pregunta por el ser sin comprender a&uacute;n el sentido originario del <i>Ethos,</i> abordado al hilo de la <i>Kehre</i> o "vuelta" acaecida en su pensar a partir de los a&ntilde;os treinta, el segundo cap&iacute;tulo del libro se dedica a indagar en las razones por las que la ontolog&iacute;a fundamental de <i>Ser y tiempo</i> se distancia de todo discurso &eacute;tico. Santiesteban plantea que el alejamiento heideggeriano de la consideraci&oacute;n de cuestiones morales en <i>Ser y tiempo</i> es solidario de varios motivos fundamentales de esta obra: su concepci&oacute;n de la praxis desde un punto de vista netamente instrumentalista, enfocada hacia el trato con los &uacute;tiles; el sobrepeso que en ella adquiere el <i>Man</i> o impersonal frente a la existencia propia o aut&eacute;ntica como &uacute;nico espacio donde tendr&iacute;a cabida la moralidad; y junto a ellos, la perspectiva netamente ontol&oacute;gica desde la que se presenta el fen&oacute;meno del <i>Mitsein</i> o coestar, acentuando una neutralidad en su significado que no permite deriva alguna hacia el &aacute;mbito de la &eacute;tica. Apenas un a&ntilde;o despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de <i>Ser y tiempo,</i> Heidegger imparte un curso en el que, sin desarrollar esta anotaci&oacute;n, se&ntilde;ala que la pregunta por la &eacute;tica podr&iacute;a desplegarse en el proyecto de una "Metontolog&iacute;a" encargada de investigar las cuestiones &oacute;nticas eludidas por la ontolog&iacute;a fundamental. Sin embargo, el abandono de este proyecto poco m&aacute;s tarde, y con &eacute;l de la ontolog&iacute;a fundamental, son aclarados oportunamente por Santiesteban como consecuencia, por una parte, de la intensificaci&oacute;n de su confrontaci&oacute;n con el nihilismo y, por otra, de la "vuelta" que conlleva la exigencia heideggeriana de pensar el ser desde &eacute;l mismo, y no desde el <i>Dasein.</i> Pese a que semejante renuncia impide conocer de qu&eacute; manera el an&aacute;lisis del <i>Dasein</i> habr&iacute;a podido dar lugar a una &eacute;tica, el libro sostiene que la comprensi&oacute;n del ente que somos dise&ntilde;ada en <i>Ser y tiempo</i> contiene ya claras implicaciones &eacute;ticas: conceptos tales como el de facticidad, el de culpa en el marco del an&aacute;lisis de la conciencia, o el de resoluci&oacute;n, comportan una depotenciaci&oacute;n de la subjetividad moderna que cuestiona la soberan&iacute;a que &eacute;sta se atribuye a s&iacute; misma y arroja luz sobre el encubrimiento y amenaza que tal atribuci&oacute;n alberga.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El tercer cap&iacute;tulo se centra en esa confrontaci&oacute;n de Heidegger con el nihilismo por la cual se deja atr&aacute;s la ontolog&iacute;a fundamental, con el fin de averiguar su relaci&oacute;n con el <i>Ethos</i> o habitar humano. Dicha confrontaci&oacute;n se halla tan indisolublemente entrelazada con su reflexi&oacute;n sobre la filosof&iacute;a de Nietzsche, el primer gran te&oacute;rico del nihilismo, que Santiesteban defender&aacute; que la noci&oacute;n fundamental del "tr&aacute;nsito" <i>(&Uuml;bergang)</i> &#151;vigente en los textos heideggerianos de la segunda mitad de los a&ntilde;os treinta y entendido como la tentativa de superaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica que supondr&iacute;a el paso del "primer inicio" al "otro inicio"&#151; se gesta precisamente en ese enfrentamiento con Nietzsche. De los diferentes momentos observados en &eacute;l se concluye que, si bien Heidegger no invalida la concepci&oacute;n nietzscheana del nihilismo, no puede, sin embargo, dejar de reducir su alcance al supeditarla a su propia visi&oacute;n del mismo. El nihilismo es, para Heidegger, expresi&oacute;n del "abandono del ser" <i>(Seinsverlassenheit),</i> t&eacute;rmino que Santiesteban define como aquella relaci&oacute;n del hombre con la totalidad del ente que "adopta una actitud de dominio y de devastaci&oacute;n y amenaza con la destrucci&oacute;n, no s&oacute;lo de lo que hace posible el <i>Ethos,</i> sino en general de la vida del hombre sobre la tierra" (p. 147). Al igual que Nietzsche, Heidegger sit&uacute;a el origen del nihilismo en la propia metaf&iacute;sica occidental. Pero, de acuerdo con la idea del abandono del ser, rechazar&aacute; su posible superaci&oacute;n por medio de la voluntad de poder, en la cual diagnostica, por el contrario, su m&aacute;s perfecta consumaci&oacute;n. No obstante, tal distanciamiento no es &oacute;bice para la existencia de ciertos paralelismos entre las versiones del nihilismo de ambos fil&oacute;sofos que Santiesteban resalta: la misma condici&oacute;n de desamparo del hombre que la versi&oacute;n nietzscheana imputa al derrumbe de toda normatividad metaf&iacute;sica la afirma Heidegger como resultado del abandono del ser. Ambas versiones del nihilismo evidencian as&iacute; el estado de crisis del <i>Ethos</i> instaurado por la metaf&iacute;sica para apuntar a un nuevo <i>Ethos</i> posmetaf&iacute;sico, pues tanto en el nihilismo como en el <i>Gestell</i> o dispositivo que determina la actual configuraci&oacute;n t&eacute;cnica del mundo, Heidegger localiza el germen de un nuevo destino del ser, cuyo advenimiento se muestra lastrado por la peculiar ambivalencia de no depender de la influencia o acci&oacute;n directa del hombre y reclamar a un tiempo su colaboraci&oacute;n. A este respecto, Santiesteban introduce una tesis no exenta de pol&eacute;mica: la detecci&oacute;n de un gesto mesi&aacute;nico en Heidegger, hasta cierto punto an&aacute;logo al de Marx, seg&uacute;n el cual el primero se pensar&iacute;a a s&iacute; mismo como "mensajero de la salvaci&oacute;n de la humanidad" (p. 151) frente al imperio del <i>Gestell</i> y la virulencia del nihilismo. S&oacute;lo que en Marx el fin de la enajenaci&oacute;n se subordina a la acci&oacute;n pol&iacute;tica, mientras que Heidegger prescribe al hombre la &uacute;nica tarea de aguardar el nuevo destino del ser y el nuevo <i>Ethos</i> que con &eacute;l se inaugure.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo acomete finalmente la elaboraci&oacute;n de aquello que podr&iacute;a constituir la &eacute;tica originaria emergente del pensar heideggeriano a partir de las claves indicadas en los cap&iacute;tulos precedentes. Siguiendo la estela de la coincidencia entre el pensamiento de la verdad del ser y la &eacute;tica originaria mencionada en la "Carta sobre el humanismo", Santiesteban afirma que dicha &eacute;tica originaria aparece como resultado de focalizar la copertenencia entre tal verdad o desvelamiento del ser y el lugar de residencia esencial del hombre, es decir, su <i>Ethos.</i> Ahora bien, dado que ese lugar de residencia esencial o <i>Ethos</i> alude &#151;seg&uacute;n puede leerse en el curso sobre Her&aacute;clito de 1944&#151; al habitar ya siempre del hombre en medio de la totalidad del ente, a su hallarse ya de antemano arrojado a la relaci&oacute;n con el ente en general, lo que en esa &eacute;tica originaria se dirime no es sino el <i>modo</i> en que el hombre se relaciona con el ente en su conjunto, que ineludiblemente pasa por el modo en que se relaciona con el ser en cuanto tal. As&iacute; se abre la perspectiva seg&uacute;n la cual, desde la propia destinaci&oacute;n hist&oacute;rica del ser, la historia de la metaf&iacute;sica cristalizar&iacute;a en un determinado <i>Ethos</i> o forma de vinculaci&oacute;n al ente; a saber, aquella que vendr&iacute;a mediada por el olvido del ser y habr&iacute;a desembocado en la pretensi&oacute;n del hombre de erigirse en due&ntilde;o y se&ntilde;or del mundo que desaf&iacute;a su supervivencia. Frente a ella, sostiene Santiesteban, el pensar heideggeriano del ser descansa sobre una profunda vocaci&oacute;n &eacute;tica en la medida en que aspira a auspiciar el surgimiento de una nueva relaci&oacute;n con el ente en su totalidad. O, lo que es lo mismo, de un nuevo <i>Ethos</i> que renuncie a tal af&aacute;n de dominaci&oacute;n por saberse fundado en la indisposici&oacute;n del ser humano frente a la retirada o sustracci&oacute;n del ser posibilitante de su propia abertura al ente. Semejante remisi&oacute;n a la relaci&oacute;n con el ente en su conjunto es lo que marca el car&aacute;cter originario del planteamiento &eacute;tico que impregna la reflexi&oacute;n heideggeriana. A la vez, que dicho planteamiento trascienda al ser humano para anclarse al destino del ser implica un giro copernicano con respecto a toda teor&iacute;a &eacute;tica precedente.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Junto con esta tesis, la mayor originalidad del libro de Santiesteban radica en la estrecha conexi&oacute;n que traza entre esta b&uacute;squeda de un nuevo <i>Ethos</i> y la cuesti&oacute;n de las <i>Grundstimmungen</i> o disposiciones afectivas fundamentales tal y como las desarrolla Heidegger en sus escritos privados de la segunda mitad de los a&ntilde;os treinta, dentro del horizonte de la "vuelta" y de la meditaci&oacute;n sobre el destino del ser a ella inherente. En este contexto se ofrece una concepci&oacute;n epocal de dichas disposiciones afectivas fundamentales af&iacute;n a la se&ntilde;alada historicidad o epocalidad del <i>Ethos.</i> Y as&iacute; como en <i>Ser y tiempo</i> las <i>Stimmungen</i> o disposiciones afectivas posibilitan y atemperan el encontrarse del <i>Dasein</i> en medio de la totalidad del ente, Santiesteban asevera que el hallazgo m&aacute;s importante de Heidegger, en lo relativo al tema que nos ocupa, estriba en poner de relieve la fundaci&oacute;n del <i>Ethos</i> o habitar del hombre en medio del ente en su conjunto, en cada &eacute;poca hist&oacute;rica, en cierta disposici&oacute;n afectiva fundamental. Puesto que, adem&aacute;s, las disposiciones afectivas se corresponden con comportamientos fundamentales, la inspiraci&oacute;n &eacute;tica del pensar heideggeriano se traduce en su voluntad de propiciar el surgimiento de una disposici&oacute;n afectiva fundamental que, haciendo justicia a la esencia del ser humano, establezca y module un nuevo comportamiento hacia el ente en general de signo contrario al cimentado sobre el <i>Ethos</i> del nihilismo. No obstante, la ambig&uuml;edad del pensamiento heideggeriano vuelve a hacer aqu&iacute; acto de presencia en una doble vertiente. En un sentido an&aacute;logo al ya apuntado, Heidegger declara que el advenimiento de la disposici&oacute;n afectiva fundamental propia del nuevo <i>Ethos</i> proviene del destino del ser y no puede ser forzado por el hombre. Por otra parte, la fundamentaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica en ese mismo destino del ser impide explicar el tr&aacute;nsito hacia ese nuevo <i>Ethos,</i> asimilado a la torsi&oacute;n o superaci&oacute;n ( <i>Verwindung)</i> de la metaf&iacute;sica, como un mero dejar atr&aacute;s el estado de cosas que &eacute;sta representa. Destacando el paralelismo entre esta imposibilidad de desprenderse de la metaf&iacute;sica y la que compete a la existencia aut&eacute;ntica frente al <i>Man</i> o impersonal en el marco de la anal&iacute;tica existenciaria, el libro propone resolver esta problem&aacute;tica interpretando la torsi&oacute;n de la metaf&iacute;sica no como la instauraci&oacute;n de un orden separado de ella, sino como una suerte de modificaci&oacute;n en su asunci&oacute;n o empu&ntilde;amiento. Tal modificaci&oacute;n estribar&iacute;a en el viraje desde la huida y negaci&oacute;n de la fragilidad, la precariedad y el car&aacute;cter mortal del ser humano hacia un habitar erigido sobre la base de su aceptaci&oacute;n y de la reflexi&oacute;n sobre su falta de morada en el seno del nihilismo. La torsi&oacute;n de la metaf&iacute;sica, concluye Santiesteban, se acompa&ntilde;a as&iacute; de una torsi&oacute;n de la &eacute;tica que, al situar en el habitar el rasgo esencial de la existencia humana, se retrotrae a la dimensi&oacute;n originaria del <i>Ethos</i> con la intenci&oacute;n de superar su olvido por parte de la metaf&iacute;sica y de la &eacute;tica tradicional que se nutre de ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A tenor de este final se plantea la pregunta de si el nuevo <i>Ethos</i> que, seg&uacute;n este libro, aspira a inaugurar el pensar heideggeriano, y que justificar&iacute;a la atribuci&oacute;n al mismo de una inequ&iacute;voca vocaci&oacute;n &eacute;tica, se corresponder&iacute;a con el advenimiento de una nueva &eacute;poca hist&oacute;rica o nuevo destino del ser, entendido como la sustituci&oacute;n de un estado de cosas por otro venidero, o por el contrario, la &uacute;nica transformaci&oacute;n y novedad que cabr&iacute;a conceder a dicho <i>Ethos</i> resultar&iacute;a de la operaci&oacute;n de apropiaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica que el pensar heideggeriano pretende llevar a cabo. Una operaci&oacute;n consistente, por un lado, en reconocerla como el &uacute;nico horizonte vigente en la actualidad, pero que al mismo tiempo vendr&iacute;a por vez primera a poner de manifiesto la existencia de una distancia frente a ella, habilitada por su culminaci&oacute;n en el nihilismo, la cual justamente permite tal reconocimiento. La torsi&oacute;n de la metaf&iacute;sica asociada a ese nuevo <i>Ethos</i> equivaldr&iacute;a entonces a un retroceso o "retorno al fundamento de la metaf&iacute;sica" &#151;seg&uacute;n reza el subt&iacute;tulo de 1949 al escrito de introducci&oacute;n a la conferencia <i>&iquest;Qu&eacute; es metaf&iacute;sica?&#151;,</i> con el cual no se buscar&iacute;a tanto el surgimiento de algo nuevo cuanto el acceso al origen olvidado de la vieja metaf&iacute;sica que har&iacute;a posible comprenderla en su verdadera esencia. Todo ello invita a cuestionar si, m&aacute;s que conducir a la elaboraci&oacute;n de una nueva &eacute;tica, la torsi&oacute;n o superaci&oacute;n de la &eacute;tica afirmada por Santiesteban no desembocar&iacute;a en su disoluci&oacute;n en el seno del pensar que, a trav&eacute;s de la hermen&eacute;utica de los textos de la historia de la filosof&iacute;a, descubre en la finitud del ser el fundamento oculto y largamente sepultado de la metaf&iacute;sica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de estas reflexiones se torna evidente que el libro <i>Heidegger y la &eacute;tica</i> posee la virtud no s&oacute;lo de reabrir, desde una perspectiva audaz y haciendo uso de argumentos sugerentes, una cuesti&oacute;n controvertida y ampliamente discutida dentro del marco de la investigaci&oacute;n heideggeriana, como es la relaci&oacute;n de su obra con la &eacute;tica, sino de hacerlo de tal modo que sus an&aacute;lisis terminan poniendo en juego el sentido y alcance global del pensar de este fil&oacute;sofo. Su lectura no dejar&aacute; por ello de interesar tanto a los investigadores de la problem&aacute;tica &eacute;tica como a todos aquellos que deseen seguir profundizando en la obra de Heidegger desde la consideraci&oacute;n de su enorme potencial de cara a la comprensi&oacute;n e interpretaci&oacute;n de nuestra propia actualidad hist&oacute;rica. Un potencial que reside en sus l&uacute;cidas reflexiones sobre la t&eacute;cnica como forma imperante de desvelamiento del ente y sobre la posici&oacute;n que el hombre ostenta en ella, pero tambi&eacute;n, y tal vez ante todo, en su idea de que no existe otra v&iacute;a para enfrentar sus m&uacute;ltiples desaf&iacute;os, sean &eacute;stos de &iacute;ndole &eacute;tica o pol&iacute;tica, que la de alcanzar un conocimiento riguroso del pasado filos&oacute;fico que sustenta esa actualidad que tanto nos concierne. Pues, a juicio de Heidegger, lejos de tratarse de algo meramente pret&eacute;rito, es ese pasado forjado en la filosof&iacute;a lo que determina m&aacute;s que cualquier novedad hist&oacute;rica la configuraci&oacute;n y constituci&oacute;n de nuestro presente, nuestra efectiva manera de habitarlo y la proyecci&oacute;n desde &eacute;l de toda mirada hacia lo porvenir.</font></p>      ]]></body>
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