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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Gustavo Fern&aacute;ndez P&eacute;rez, <i>Her&aacute;clito: naturaleza y complejidad</i></b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Luciano Espinosa</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Th&eacute;mata/Plaza y Vald&eacute;s, Sevilla/Madrid, 2010 (Pensamiento, 10), 330 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Facultad de Filosof&iacute;a, Universidad de Salamanca.</i> <a href="mailto:espinosa@usal.es">espinosa@usal.es</a></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo primero que debe decirse con respecto a este libro es que no nos encontramos con la en&eacute;sima revisi&oacute;n, m&aacute;s o menos erudita, de uno de los llamados padres de la filosof&iacute;a, sino con la obra de un estudioso con voluntad de arriesgar, es decir, de aportar algo diferente y genuinamente original. Claro que tiene muy en cuenta a quienes lo han precedido en el comentario, e incluso esto lo hace de manera exhaustiva y bien documentada, pero siempre con una &oacute;ptica personal y claramente orientada. En otras palabras, lo que hace el autor es menos frecuente de lo que se supone: tiene una posici&oacute;n propia y la expone despu&eacute;s de contrastarla con las dem&aacute;s. Esto se nota especialmente en su traducci&oacute;n e interpretaci&oacute;n de los vocablos griegos, pues, como no pod&iacute;a ser de otro modo, ha puesto especial cuidado en sumar fuerzas entre lo que ofrece la filolog&iacute;a y lo que aporta la filosof&iacute;a. De hecho, se encuentra preparando una edici&oacute;n cr&iacute;tica de los fragmentos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo segundo que hay que destacar es la estructura di&aacute;fana de la obra, que consta de tres partes con temas bien delimitados. La parte inicial tiene sentido metodol&oacute;gico; en ella manifiesta claramente desde qu&eacute; posici&oacute;n y perspectiva lee a Her&aacute;clito: el cruce de caminos inevitable entre su &eacute;poca y la nuestra, mirando a la vez hacia atr&aacute;s y hacia delante, para lo cual se sirve en primer lugar de la hermen&eacute;utica, haciendo expl&iacute;citos y aplicando sus presupuestos (teor&iacute;a de los prejuicios, del c&iacute;rculo hermen&eacute;utico, la fusi&oacute;n de horizontes...), y despu&eacute;s, de la teor&iacute;a de la complejidad surgida al hilo de la ciencia contempor&aacute;nea y sintetizada en gran medida por Edgar Morin. Debe destacarse que ofrece un peque&ntilde;o estudio de ambas orientaciones para justificar plenamente su uso como la forma elegida para buscar la fecundaci&oacute;n mutua entre el pasado y el presente: leer al cl&aacute;sico con otra mirada, pero respetando &#151;insiste el autor&#151; su idiosincrasia y su contexto. No se trata de hacerlo m&aacute;s moderno, pues Her&aacute;clito tiene la gracia especial de no envejecer por virtud del peculiar estilo de su discurso, sino de extraer de &eacute;l nuevas resonancias en un camino de ida y vuelta permanente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La parte central de la exposici&oacute;n entra de lleno en materia, atendiendo a la radicalidad con que el pensamiento presocr&aacute;tico concibe la naturaleza y, lo que no es menos importante, a la inserci&oacute;n del ser humano en ella. Se trata de orientarse en el mundo, y el hombre piensa para entenderse a s&iacute; mismo y vivir m&aacute;s y mejor en todos los registros. Como la oposici&oacute;n es una de las claves que definen esa naturaleza universal y particular, el autor compara el papel diferente que desempe&ntilde;an los contrarios en varios de esos pensadores (Hes&iacute;odo, Anaximandro, Pit&aacute;goras. . .); ello le permite subrayar la importancia decisiva que alcanza en Her&aacute;clito. El m&eacute;rito del presente enfoque estriba en abordar frontalmente la extra&ntilde;a coherencia lograda por el de &Eacute;feso entre lucha y armon&iacute;a, orden y desorden, estructura y dinamismo, necesidad y azar, aclar&aacute;ndola un poco m&aacute;s. Y todo ello fundado precisamente en una noci&oacute;n compleja de <i>logos,</i> esto es, en la realizaci&oacute;n cabal de la etimolog&iacute;a b&aacute;sica que alude a la relacionalidad mult&iacute;voca (que no equ&iacute;voca) de cuanto existe, lo que bien puede desbordar la l&oacute;gica que despu&eacute;s impondr&aacute; Arist&oacute;teles en la tradici&oacute;n occidental, al menos hasta Hegel. Aquella l&oacute;gica pr&iacute;stina parece m&aacute;s profunda, polifac&eacute;tica y multidimensional, como el propio lenguaje que la enuncia, y consigue el milagro de aunar rigor y juego, que es justamente la ins&oacute;lita mezcla que parece regir el universo seg&uacute;n Her&aacute;clito. No es poca cosa abordar ese entramado sin simplificarlo, a lo que contribuye un an&aacute;lisis final de lo divino como resoluci&oacute;n de la oposici&oacute;n al margen de las creencias convencionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera parte se ocupa de las implicaciones antropol&oacute;gicas del discurso anterior, tanto en sentido epist&eacute;mico como en sentido pr&aacute;ctico. Para el griego, conocer es despertar, como es sabido, y eso implica sintonizar el interior del sujeto con el cosmos todo, seguir la misma pauta afirmativa. La met&aacute;fora de los dormidos y los que est&aacute;n en vigilia sirve adem&aacute;s para fundar una larga tradici&oacute;n acerca de los necios y los sabios, de los enfrentados por la disparidad del subjetivismo y los que coinciden en lo com&uacute;n. Por &uacute;ltimo, el estudio de Fern&aacute;ndez P&eacute;rez muestra c&oacute;mo la virtud consiste en acordarse con ese flujo natural, pero desde la &eacute;tica tr&aacute;gica que corresponde a un universo poli&eacute;drico y permanentemente tensado, comprendido en lo esencial, a la vez que siempre desbordante. Lo caracter&iacute;stico de la condici&oacute;n humana es que nunca podr&aacute; controlarlo, y el pensamiento de Her&aacute;clito insiste una y otra vez en evitar la antropomorfizaci&oacute;n, que suele cosificar algo vivo. Por eso, la comparaci&oacute;n con los tr&aacute;gicos griegos resulta iluminadora e higi&eacute;nica, entre otras cosas, para recordar que no hay respuestas definitivas. La justicia inherente al <i>logos</i> c&oacute;smico (<i>dike)</i> tambi&eacute;n incluye lo que nos ciega y nos da&ntilde;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y esto mismo puede decirse de la investigaci&oacute;n que nos ocupa: haber desarrollado todos estos temas y haber buscado una conjunci&oacute;n de las m&uacute;ltiples facetas impl&iacute;citas no pretende en modo alguno zanjar la reflexi&oacute;n, no s&oacute;lo por las razones obvias de prudencia y mesura, sino por atenerse a la filosof&iacute;a en cuesti&oacute;n, a su car&aacute;cter abierto y enigm&aacute;tico, parad&oacute;jico e inacabado. El estudioso, como es el caso, ha puesto empe&ntilde;o y creo que tuvo bastante acierto al proponer una visi&oacute;n amplia, rica en perspectivas y pulcra en la escritura, al servirse, adem&aacute;s, de una potente bibliograf&iacute;a en diversas lenguas y al dejarse llevar por un especial inter&eacute;s en ir a las fuentes. En resumen, cumple todos los requisitos formales del trabajo bien hecho y aporta una mirada en alguna medida distinta, quiz&aacute; m&aacute;s fresca y apasionada. No se le puede pedir mucho m&aacute;s.</font></p>      ]]></body>
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