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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Guillermo Hurtado, <i>Por qu&eacute; no soy falibilista y otros ensayos filos&oacute;ficos</i></b></font></p> 	    <p align="center">&nbsp;</p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Mauricio Beuchot</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Los Libros de Homero, M&eacute;xico, 2009, 87 pp.</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Filol&oacute;gicas Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico</i> <a href="mailto:mbeuchot50@gmail.com">mbeuchot50@gmail.com</a></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al leer este libro de Guillermo Hurtado, breve pero denso, se tiene la impresi&oacute;n de estar en el camino de lo que Leibniz llam&oacute; <i>philosophia perennis.</i> Era la idea de una filosof&iacute;a perenne, de una tradici&oacute;n filos&oacute;fica continuada, que usaba lo antiguo y lo moderno en lo que tuvieran de aprovechable. As&iacute;, Hurtado utiliza igualmente a Arist&oacute;teles, San Agust&iacute;n, Santo Tom&aacute;s, Su&aacute;rez y los m&aacute;s recientes fil&oacute;sofos anal&iacute;ticos. Se coloca en esa modalidad de pensamiento &#8212;el an&aacute;lisis filos&oacute;fico&#8212;, pero su pensamiento es m&aacute;s amplio. Tiene cosas en las que deja lugar a la intuici&oacute;n, se abre a la sospecha y se permite el ensayo. No es ni pura intuici&oacute;n ni puro raciocinio, sino que trata de conjuntar ambas fuerzas, como han hecho los grandes pensadores. Tambi&eacute;n da mucha importancia y cabida a fil&oacute;sofos mexicanos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vincula la curiosidad intelectual con la preocupaci&oacute;n vital o existencial. Es decir, aunque son temas muy abstractos y te&oacute;ricos, responden a inquietudes personales muy hondas del autor. Es algo que &eacute;l mismo ha notado que se ha querido hacer en la filosof&iacute;a mexicana: combinar el profesionalismo con la autenticidad. Es por lo que lucharon pensadores como Jos&eacute; Gaos, Eduardo Nicol y Eduardo Garc&iacute;a M&aacute;ynez.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer cap&iacute;tulo: "&iquest;Qu&eacute; es un cambio?", Hurtado estudia el problema ontol&oacute;gico fundamental, que hizo surgir la filosof&iacute;a cuando los presocr&aacute;ticos empezaron a tratar de explicar la permanencia en medio de la mutaci&oacute;n. Nuestro autor examina dos teor&iacute;as de Arist&oacute;teles, y sostiene que una es m&aacute;s b&aacute;sica que la otra. Se&ntilde;ala en la <i>F&iacute;sica</i> del Estagirita las nociones de cambio <i>(metabol&eacute;</i>) y movimiento <i>(k&iacute;nesis),</i> y defiende el primero como m&aacute;s b&aacute;sico que el segundo, en contra de Lombard, Taylor, Davidson, Kim y Bennett. Estoy de acuerdo con Hurtado, pues si no se da un cambio, no hay movimiento. El paso de la potencia al acto es m&aacute;s b&aacute;sico que el cambio de propiedades. La noci&oacute;n de <i>metabol&eacute;</i> es presupuesta por la de <i>k&iacute;nesis.</i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de argumentar a favor de esa tesis, Hurtado aporta un modelo ontol&oacute;gico&#150;formal del cambio, entendido como conjunci&oacute;n de estados temporalmente ordenados. Es un intento de reconstruir anal&iacute;ticamente el proceso, en la l&iacute;nea de lo que se ha llamado ontolog&iacute;a formal, tanto de algunos fenomen&oacute;logos como de algunos fil&oacute;sofos anal&iacute;ticos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasa Hurtado, en el cap&iacute;tulo siguiente, a revisar la teor&iacute;a de los modos de Su&aacute;rez en las <i>Disputationes metaphysicae.</i> En ellas, el fil&oacute;sofo granadino edifica lo que podemos llamar una ontolog&iacute;a modal, y, como dice Hurtado, es la teor&iacute;a m&aacute;s penetrante que se ha dado en la historia, pero tambi&eacute;n est&aacute; falta de aclaraciones, por lo que muchos no la han entendido bien.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Entre ellos me pone a m&iacute; (p. 29), por eso quisiera resolver amistosamente esa diferencia con Hurtado, aunque s&eacute; que no se va a agotar o a dirimir. En efecto, menciona la cr&iacute;tica que hago de Su&aacute;rez en un art&iacute;culo m&iacute;o, publicado en Chile en 1995, donde defiendo a Santo Tom&aacute;s contra Su&aacute;rez; pero quiero reconocer que la argumentaci&oacute;n de Hurtado me ha hecho ver que no est&aacute;n tan alejadas esas dos teor&iacute;as, la tomista y la suareciana, pues tomistas posteriores a Su&aacute;rez aceptaron y adoptaron la distinci&oacute;n modal, como Francisco de Ara&uacute;jo, dominico espa&ntilde;ol del siglo xvii, que fue tan contrario al jesuita granadino y que, sin embargo, recogi&oacute; cosas de &eacute;l, como la analog&iacute;a de atribuci&oacute;n (adem&aacute;s de la de proporcionalidad). Por otra parte, Hurtado muestra que en la tesis suareciana de la materia y la forma no se da necesariamente regreso infinito, que es lo que a m&iacute; me preocupaba en el art&iacute;culo mencionado. Ese regreso infinito es lo que se da en Frege, y por eso Michael Dummett se apart&oacute; de &eacute;l en ese punto.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Viene otro cap&iacute;tulo ontol&oacute;gico, sobre la persona: c&oacute;mo convertirse en otra persona sin dejar de ser uno mismo. Aqu&iacute; Hurtado se manifiesta otra vez suareciano y aplica su distinci&oacute;n modal (p. 40), que ya hab&iacute;amos visto en el cap&iacute;tulo anterior. Se puede cambiar de modo sin dejar de ser el mismo ente, la misma entidad o individuo humano; es decir, se puede cambiar de modo de ser persona sin dejar de ser el mismo individuo humano, que, adem&aacute;s, seg&uacute;n Su&aacute;rez se individualiza por su entidad total. De manera que el cambio de modo no afecta su entidad, la cual permanece. Una persona es un modo contingente de la existencia de un ser humano.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo notable es que Hurtado asegura que la distinci&oacute;n de Su&aacute;rez corrige las discusiones que se han dado en la filosof&iacute;a anal&iacute;tica reciente sobre la identidad personal, porque estaban mal encaminadas. Ten&iacute;an como supuesto el falso dilema de que la persona y el ser humano o son dos entes separables o son completamente el mismo. La estrategia de Hurtado es una manera muy perspicaz de mostrar su tesis de filosof&iacute;a de la historia; a saber, que, aun cuando hay progreso en la filosof&iacute;a, &eacute;ste no es lineal, y muchas veces hay que volver sobre los pasos propios y sortear los callejones sin salida. Sobre todo, es muy clarividente nuestro autor cuando dice que este problema no tiene una soluci&oacute;n exacta.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo epistemol&oacute;gico da nombre al volumen, y quiz&aacute; por ello Hurtado lo considera como el principal. Por qu&eacute; no es falibilista. El falibilismo es toda una tradici&oacute;n que viene desde los griegos, pero fue Peirce el que le dio ese nombre, y llega por lo menos a Popper; sostiene que toda creencia que tenemos es falible, esto es, que puede resultar falsa. Hurtado hace ver que el sentido com&uacute;n distingue entre creencias que pueden ser falsas y creencias que no pueden serlo, y el falibilismo parece borrar esa distinci&oacute;n; por eso le toca el <i>onus probandi,</i> la carga de la prueba. Adem&aacute;s, el falibilista no puede estar seguro de esa especie de metacreencia (que todas las creencias pueden ser falsas), porque tambi&eacute;n tiene que ser dudosa. S&oacute;lo puede evitar el escepticismo dejando de ser falibilista en ese caso; pero es el caso crucial, y as&iacute; se derrumba su posici&oacute;n. Hay aqu&iacute; una <i>reductio ad absurdum:</i> el falibilista s&oacute;lo puede ser buen falibilista si es infalibilista, esto es, si se contradice, lo cual es el argumento m&aacute;s fuerte y m&aacute;s elegante dial&eacute;cticamente. Sin embargo, Hurtado reconoce que ataca el falibilismo m&aacute;s extremo, porque hay versiones &#8212;como la de Susan Haack&#8212; que son m&aacute;s d&eacute;biles y no se les aplicar&iacute;a esta reducci&oacute;n tan directa.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Antiguamente se distingu&iacute;an dos tipos de escepticismo. Uno es el pirr&oacute;nico, el de Pirr&oacute;n de Elis, y es el de la suspensi&oacute;n del juicio ( <i>epoj&eacute;</i> ) y de la equivalencia de opiniones <i>(isosth&eacute;neia)</i> para alcanzar la paz del alma <i>(ataraxia).</i> Otro es el escepticismo acad&eacute;mico, o de la Academia plat&oacute;nica, la de Espeusipo y Carn&eacute;ades, que es la de la duda. Fue la que combati&oacute; san Agust&iacute;n en su <i>Contra academicos.</i> El escepticismo pirr&oacute;nico no es cognitivista, el acad&eacute;mico s&iacute;: uno busca la paz, incluso sin conocimiento; el otro, salir de la duda, conocer. En este cap&iacute;tulo, intitulado "Dudas y sospechas", Hurtado comienza analizando las nociones de creencia, duda, sospecha y hasta celos. Se&ntilde;ala grados de creencia y grados de duda y aborda la sospecha (que no es creencia ni duda; cohabita con una creencia). La define as&iacute;: "Creo que <i>p</i> pero sospecho que <i>no&#150;p",</i> con lo que la sospecha es una casi creencia, no una duda (p. 72). Est&aacute; m&aacute;s cerca de la creencia que de la duda. No duda de la duda, pero sospecha de ella, y eso impide la ataraxia, trae el desasosiego. A pesar del tono anal&iacute;tico, aqu&iacute; se ve en Hurtado, la vitalidad de un existencialista.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora se&ntilde;alo algo muy curioso sobre la noci&oacute;n de "estar <i>nepantla".</i> Hurtado la toma de Emilio Uranga; yo la tom&eacute; del discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua de Elsa Cecilia Frost, que tan bien conoc&iacute;a a fray Diego Dur&aacute;n y los misioneros dominicos. Como lo dice en su cr&oacute;nica, Dur&aacute;n reprende a un ind&iacute;gena porque le parece que est&aacute; realizando ritos idol&aacute;tricos, y &eacute;l le contesta: "Padrecito, no te preocupes, que estamos <i>nepantla."</i> Es decir, en medio, entre una ley y otra, la de la idolatr&iacute;a y la del evangelio. Cuando escuch&eacute; a Frost decir esto, me pareci&oacute; que rescataba alg&uacute;n sentido del concepto de analog&iacute;a; no todo &eacute;l, pero s&iacute; algo importante: que la analog&iacute;a nos coloca entre dos extremos y nos mantiene en el equilibrio cognoscitivo dif&iacute;cil; por eso acepto lo que dice Hurtado: que la epistemolog&iacute;a ganar&iacute;a mucho estudiando la noci&oacute;n de "estar nepantla" (p. 76). Creo que tambi&eacute;n la hermen&eacute;utica, porque muchas veces nos encontramos as&iacute; ante un texto y dos de sus interpretaciones posibles. Es lo que he querido se&ntilde;alar con mi idea de una hermen&eacute;utica anal&oacute;gica; y, qu&eacute; extra&ntilde;o, aqu&iacute; parece que Hurtado la usa en ese sentido, pues la sospecha es bastante anal&oacute;gica, por cuanto que una sospecha un&iacute;voca ser&iacute;a contradictoria y una sospecha equ&iacute;voca no servir&iacute;a para nada.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo final versa sobre el <i>De utilitate credendi,</i> de san Agust&iacute;n. All&iacute; el santo de Hipona defiende, frente a los maniqueos &#8212;que dec&iacute;an que no podemos creer nada que no sepamos&#8212;, la utilidad de creer aunque no tengamos conocimiento. Su argumento es que, si as&iacute; fuera, tendr&iacute;amos que dejar de creer en cosas que sustentan nuestra vida, lo cual acabar&iacute;a con la misma existencia humana, con las sociedades. Es una refutaci&oacute;n pr&aacute;ctica, de las que Apel llama performativas. Esto nos hace ver que la duda de Descartes no es radical, pues no llega a la vida pr&aacute;ctica. Hay muchas cosas que creemos y que nunca hemos verificado; por ejemplo, si nuestra madre lo es de verdad (nunca le hemos aplicado la prueba del adn) y cosas que aprendimos en la escuela tuvimos que aceptarlas por fe. Eso me recuerda a John Henry Newman y su gram&aacute;tica del asentimiento <i>(The Grammar of Ascent)</i> en la que dice que lo que aprendimos de ni&ntilde;os tuvimos que aceptarlo por asentimiento, no por demostraci&oacute;n; de otra manera no habr&iacute;amos pasado del <i>kindergarten.</i> Tambi&eacute;n me recuerda a Wittgenstein, quien dec&iacute;a en <i>Sobre la certeza</i> que estaba seguro de tener h&iacute;gado, aunque nunca lo hab&iacute;a visto. Lo m&aacute;s importante del an&aacute;lisis de Hurtado es que extrae de san Agust&iacute;n la idea de que la epistemolog&iacute;a no puede ser solipsista &#8212;como la cartesiana&#8212;, sino que debe atender al hombre en su relaci&oacute;n con los dem&aacute;s, esto es, dentro de una sociedad, una cultura, una tradici&oacute;n, en las cuales hay instituciones que est&aacute;n encargadas de cuidar el conocimiento. San Agust&iacute;n defiende a la Iglesia Cat&oacute;lica, alegando su antig&uuml;edad, su difusi&oacute;n y el asentimiento que ha suscitado. Y no cae en falacia de autoridad o de multitud, pues confiar en eso es lo que hacemos en la pr&aacute;ctica. Incluso esto vale para contextos no religiosos, laicos, pues ahora tienen ese papel los estados, las universidades y las empresas (p. 83). Sobre todo, pienso, se cumple esto en la universidad; por m&aacute;s que en ella se ejerza el pensamiento cr&iacute;tico, hay muchas cosas que se aceptan por creencia, por cierta fe, pues de otra manera nunca se llegar&iacute;a a nada. (La misma noci&oacute;n de raz&oacute;n, de por qu&eacute; tenemos que confiar en la raz&oacute;n, no se puede demostrar racionalmente, porque implicar&iacute;a c&iacute;rculo vicioso, como lo han se&ntilde;alado Peirce y Popper.) De modo que el genio de san Agust&iacute;n supo resaltar eso. Tambi&eacute;n me parece que Hurtado ha atinado en subrayar la importancia de lo que en la hermen&eacute;utica reciente, con Gadamer, se llama pertenencia a una tradici&oacute;n, que es sociocultural (en ella aprendemos todo, lo cual no quiere decir que estamos encadenados a ella, pues dentro de ella hay genios revolucionarios).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para finalizar, s&oacute;lo quiero insistir en que Hurtado sabe aprovechar la tradici&oacute;n filos&oacute;fica en sus etapas m&aacute;s antiguas al igual que en las m&aacute;s recientes. En sus discusiones est&aacute;n presentes los pasados y los actuales. Por eso me ha hecho pensar en la continuidad de una filosof&iacute;a perenne, esto es, una tradici&oacute;n filos&oacute;fica cuya l&iacute;nea es protegida por algunos que tienen confianza en la intuici&oacute;n y la raz&oacute;n humanas, tanto en una como en la otra. De esta manera, el libro de Hurtado nos muestra sus aportaciones en la l&iacute;nea de la filosof&iacute;a anal&iacute;tica y en la de la filosof&iacute;a mexicana. En la l&iacute;nea de la filosof&iacute;a anal&iacute;tica, de todas partes, por la seriedad de sus an&aacute;lisis filos&oacute;ficos, en los que &#8212;adem&aacute;s&#8212; ha sabido recoger cosas muy tradicionales, como de Arist&oacute;teles y de Su&aacute;rez. Se podr&iacute;a decir que, junto con ser un fil&oacute;sofo anal&iacute;tico de altura, Hurtado es un metaf&iacute;sico suareciano, lo cual no es poca cosa. Y tambi&eacute;n ha aportado a la filosof&iacute;a mexicana, pues est&aacute; cumpliendo el doble ideal que se han propuesto los m&aacute;s eminentes de sus cultores, a saber, conjuntar el profesionalismo y la autenticidad. Profesionalismo, por el uso de herramientas conceptuales muy finas &#8212;como la l&oacute;gica matem&aacute;tica y la sem&aacute;ntica&#8212; en el an&aacute;lisis filos&oacute;fico; y la autenticidad, por ejercer los valores existenciales de uno mismo con toda honestidad, pues, seg&uacute;n Jos&eacute; Gaos, eso es lo que dejar&aacute; algo en nuestros lectores y en nuestros alumnos: la confesi&oacute;n filos&oacute;fica.</font></p>      ]]></body>
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