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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La mente animal. De Aristóteles y el aristotelismo árabe y latino a la filosofía contemporánea]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Luis Xavier L&oacute;pez&#150;Farjeat (comp.), <i>La mente animal. De Arist&oacute;teles y el aristotelismo &aacute;rabe y latino a la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Leonardo Ruiz G&oacute;mez</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Los Libros de Homero, M&eacute;xico, 2009, 128 pp.</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Departamento de Filosof&iacute;a Facultad de Filosof&iacute;a y Letras Universidad de Navarra</i> <a href="mailto:leonardo_rugo@hotmail.com">leonardo_rugo@hotmail.com</a></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La posici&oacute;n que posee el ser humano como especie en el mundo ha sido una de las cuestiones que la filosof&iacute;a ha tratado de desentra&ntilde;ar a lo largo de su historia. En buena medida, la conceptualizaci&oacute;n de tal posici&oacute;n puede encontrarse preponderantemente por v&iacute;a negativa, es decir, por conocer aquello que no somos. En este sentido, encontramos en los animales un primer referente de semejanza y, a la vez, de cierta distancia respecto de lo que decimos ser los seres humanos. La relaci&oacute;n entre la mente humana y la mente animal se presenta, entonces, como el candidato perfecto para colocarnos en v&iacute;as de establecer esta relaci&oacute;n. En efecto, culturalmente parece haber sido la racionalidad humana la que ha servido como frontera entre lo humano y lo animal; sin embargo, la investigaci&oacute;n contempor&aacute;nea, en muchos de sus &aacute;mbitos, parece estar replanteando y cuestionando fuertemente este paradigma.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en esta t&oacute;nica en la que se inserta el libro <i>La mente animal. De Arist&oacute;teles y el aristotelismo &aacute;rabe y latino a la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea,</i> compilado por Luis Xavier L&oacute;pez&#150;Farjeat y publicado por Los Libros de Homero. El libro, como su propio compilador lo afirma, pretende hacer un an&aacute;lisis sobre el pensamiento de distintos autores de la filosof&iacute;a antigua, moderna y contempor&aacute;nea sobre la posibilidad de la mente animal. Esto &#8212;sostiene el compilador&#8212; no persigue un af&aacute;n meramente historiogr&aacute;fico: "El inter&eacute;s de nuestras investigaciones no es exclusivamente hist&oacute;rico, sino establecer puntos de contacto entre las filosof&iacute;as aristot&eacute;licas y la filosof&iacute;a moderna y contempor&aacute;nea" (p. 13).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&oacute;pez&#150;Farjeat, siguiendo el pensamiento de Hans&#150;Johann Glock, sintetiza de manera sencilla en la introducci&oacute;n del libro los t&eacute;rminos en los que se plantea el problema:</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P1 La reacci&oacute;n de los animales complejos a su entorno solamente puede explicarse por la capacidad para percibir <i>p.</i></font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">P2 Si <i>A</i> percibe p, entonces o <i>A</i> sabe que <i>p</i> o <i>A</i> (meramente) cree que p.</font></p> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">C Los animales complejos pueden saber o creer que p. (p. 12)</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, desde diversas perspectivas y aprovechando el legado de distintas tradiciones de pensamiento, cada autor intentar&aacute; dar razones y argumentos para proveer luz a la cuesti&oacute;n. Sin embargo, a pesar de las distintas perspectivas, hay un criterio de unidad en el libro: "Los autores coincidimos en que, en cierto modo, los animales no&#150;humanos pueden saber o creer que p" (p. 12), afirma el compilador.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer cap&iacute;tulo, escrito por Mar&iacute;a Elena Garc&iacute;a Pel&aacute;ez, se titula "La 'inteligencia animal' en Arist&oacute;teles". En &eacute;l, la autora comienza realizando un an&aacute;lisis detallado de las posturas que consideran a Arist&oacute;teles como un antropocentrista; primero en sentido metodol&oacute;gico, es decir, donde se coloca al hombre como un ser rector (Pellegrin, Lloyd, Nussbaum); en segundo lugar, en sentido cosmol&oacute;gico, es decir, considerando la naturaleza en su conjunto (Sedley, Kosman, Passmore, Singer, Olivares). Finalmente, concluye que estas interpretaciones son poco adecuadas con respecto al pensamiento aristot&eacute;lico y se decanta por una visi&oacute;n no antropocentrista de su pensamiento (siguiendo a Yack, Cooper y Kullmann, pero, principalmente, a Balme).</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Pel&aacute;ez prosigue haciendo una aclaraci&oacute;n de lo que se entiende por inteligencia en el contexto aristot&eacute;lico y retoma, para ello, tres conceptos fundamentales: temperamento, virtud y la facultad correspondiente al intelecto. En los tres an&aacute;lisis aporta una nutrida cantidad de citas y referencias (principalmente de los tratados biol&oacute;gicos) donde demuestra que la alternativa entre una distinci&oacute;n cuantitativa y una anal&oacute;gica entre los animales y el hombre no puede resolverse del todo con los textos que poseemos del Estagirita. Con respecto al temperamento, afirma que es evidente que Arist&oacute;teles reconoce caracter&iacute;sticas temperamentales en los animales y parece llevarnos &#8212;opina Garc&iacute;a Pel&aacute;ez&#8212; a que la diferencia con el temperamento humano es s&oacute;lo gradual. En el caso de la virtud tampoco queda clara la distinci&oacute;n, ya que Arist&oacute;teles menciona en muchas ocasiones el t&eacute;rmino virtud referido a animales; de hecho, parece reconocer una <i>phronesis</i> en ellos. Esto implica &#8212;apunta Garc&iacute;a Pel&aacute;ez&#8212; que se reconoce cierta facultad intelectual, ya que la prudencia pertenece a las virtudes de este g&eacute;nero.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo tanto, el problema radica, para la autora, en que sin una definici&oacute;n clara de lo que Arist&oacute;teles entiende por inteligencia no se puede escoger entre una continuidad de grado o anal&oacute;gica entre los animales y el hombre. La cuesti&oacute;n es que no poseemos esa definici&oacute;n. Es necesario reconocer, entonces, que hay una "discontinuidad, no de incompatibilidad, sino de incompletud acerca de un tema que, si bien pudo haber sido abordado en las obras biol&oacute;gicas, se reserv&oacute; a la psicolog&iacute;a" (p. 30). No se encuentra &#8212;concluye la autora&#8212; una argumentaci&oacute;n satisfactoria al respecto en Arist&oacute;teles; sin embargo, es fundamental, con miras a estudiar este tema, notar la relaci&oacute;n inseparable que guardan para Arist&oacute;teles las condiciones animales (bipedismo e, incluso, la posesi&oacute;n de pulmones) y la inteligencia humana.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo est&aacute; a cargo de Luis Xavier L&oacute;pez&#150;Farjeat, compilador del libro, y se titula "Percepci&oacute;n, intencionalidad y pensamiento animal en Arist&oacute;teles y Avicena". L&oacute;pez&#150;Farjeat comienza haciendo una referencia breve al estado de la cuesti&oacute;n en autores contempor&aacute;neos como Dennett, Davidson, Berm&uacute;dez y McDowell. Destaca la posici&oacute;n de este &uacute;ltimo que, en oposici&oacute;n a la tradici&oacute;n aristot&eacute;lica, asume que los seres vivos son incapaces de entender algo del mundo si no es por capacidades conceptuales.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posteriormente, L&oacute;pez&#150;Farjeat se ocupa de mostrar las complicaciones que el tema de la "mente animal" guarda en el <i>corpus aristotelicum.</i> Muestra textos donde parece haber una clara divisi&oacute;n entre el hombre y los animales (principalmente en <i>De anima</i> y algunos pasajes de la <i>&Eacute;tica nicom&aacute;quea),</i> pero tambi&eacute;n otros donde Arist&oacute;teles parece mostrar con cierta claridad que se puede hablar de una inteligencia animal (sobre todo en los <i>tratados biol&oacute;gicos).</i> Esto deja abierta la puerta a una consideraci&oacute;n cognitiva de la percepci&oacute;n y no excluyente de comportamientos inteligentes.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Avicena seguir&aacute;, precisamente, esa l&iacute;nea: sostendr&aacute;, seg&uacute;n el autor, que el nivel perceptivo en los animales no es conceptual, pero s&iacute; cognitivo. Para ello, es necesario hacer un an&aacute;lisis de la noci&oacute;n aviceniana de <i>estimativa</i> que &#8212;como indica L&oacute;pez&#150;Farjeat&#8212; se refiere a la imaginaci&oacute;n sensitiva o compositiva (que no est&aacute; bajo el dominio de la raz&oacute;n), propia de los animales. La tesis defendida en el cap&iacute;tulo consiste en que la estimativa es capaz, si bien no de producir conceptos, s&iacute; de captar significados y que, por lo tanto, "todos nuestros actos epist&eacute;micos est&aacute;n acompa&ntilde;ados de intencionalidad" (p. 43).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, el autor concluye, con la ayuda de Avicena, que se puede abrir el concepto de cognici&oacute;n al del pensamiento intencional que compartimos con los animales. Esto nos puede ayudar en la exploraci&oacute;n de la mente animal que la ciencia y la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea han retomado con entusiasmo.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Percepci&oacute;n y lenguaje en Tom&aacute;s de Aquino" es el tercer cap&iacute;tulo del volumen y corre a cargo de J&oacute;rg Alejandro Tellkamp. En &eacute;l, el autor comienza haciendo una distinci&oacute;n entre percepci&oacute;n e intenci&oacute;n bas&aacute;ndose, como L&oacute;pez&#150;Farjeat en el cap&iacute;tulo anterior, en textos avicenianos. Para ello describe el papel de la <i>virtus estimativa,</i> que es la facultad de la mente &#8212;localizada en el ventr&iacute;culo central del cerebro&#8212; que permite la adscripci&oacute;n de intencionalidad a los objetos percibidos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio prosigue con un an&aacute;lisis de la diferencia entre sensibles esenciales y accidentales en la <i>Suma teol&oacute;gica</i> de Tom&aacute;s de Aquino. Ah&iacute; se afirma que "los sentidos internos &#8212;sobre todo la <i>vis aestimativa</i> y la <i>vis cogitativa&#8212;</i> juegan &#91;...&#93; un papel causal propio para producir los sensibles accidentales" (p. 54).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis finaliza con una revisi&oacute;n del verbo <i>iudicare</i> que, en opini&oacute;n de Tellkamp, no debe ser meramente entendido como "juzgar", pues este t&eacute;rmino castellano posee connotaciones conceptuales muy claras. Una vez analizada la teor&iacute;a de la intenci&oacute;n en Avicena y los sensibles accidentales, se puede ver que es posible adjudicar un sentido no conceptual de <i>iudicare</i> a la percepci&oacute;n animal. La tesis del autor sostiene que es necesario entender este t&eacute;rmino como "discernir" m&aacute;s que como "juzgar", lo cual nos dar&iacute;a mejores herramientas para aceptar una forma compleja de conocimiento y afrontar de mejor modo el problema de la mente animal.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto cap&iacute;tulo introduce el an&aacute;lisis a la filosof&iacute;a moderna; Mar&iacute;a Isabel Gamboa Cervantes escribe "El mecanicismo animal en la filosof&iacute;a cartesiana". La autora comienza explicando la reacci&oacute;n que han desatado en nuestros d&iacute;as las concepciones mecanicistas de la vida animal que dieron inicio en la modernidad; &eacute;stas han llegado incluso a acusar a autores como Arist&oacute;teles y Descartes de dar razones para justificar el maltrato de animales.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posteriormente, Gamboa Cervantes realiza una descripci&oacute;n de los principios fundamentales que sostienen conceptualmente el mecanicismo cartesiano, a saber, el dualismo y la hip&oacute;tesis del hombre&#150;m&aacute;quina. Menci&oacute;n especial merece en la explicaci&oacute;n de Gamboa la controversia que sostuvo Descartes con William Harvey en torno a la circulaci&oacute;n de la sangre.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Adem&aacute;s de las m&uacute;ltiples reflexiones con las que el autor de La Fleche intenta explicar la fisiolog&iacute;a de todos los procesos vitales (incluso los de algunos sentidos internos, como la memoria), Gamboa apunta textos clave donde Descartes afirma tajantemente la imposibilidad de que cualquier animal no humano sea capaz de pensar (principalmente en el <i>Discurso del m&eacute;todo).</i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la parte final, la autora introduce dos matices fundamentales: el primero es que, aun admitiendo la imposibilidad de un pensamiento animal, como sosten&iacute;a Descartes, no se sigue necesariamente la conclusi&oacute;n de que los animales no poseen sentimientos y, por lo tanto, tampoco la posibilidad para torturarlos sin implicaciones morales. El segundo matiz es de car&aacute;cter exeg&eacute;tico e indica la posibilidad de que Descartes haya cambiado de parecer al final de su vida con respecto a este tema; en efecto, en <i>Las pasiones del alma</i> se muestra dudoso en torno a sostener la misma tesis del <i>Discurso.</i> El autor franc&eacute;s indica ah&iacute; que los animales carecen de raz&oacute;n "y <i>tal vez</i> tambi&eacute;n de todo pensamiento" (p. 72). Esta rectificaci&oacute;n es plausible &#8212;nos dice Gamboa&#8212; si se considera la agudeza intelectual de un autor como Descartes.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mario Gensollen se ocupa del quinto cap&iacute;tulo del libro, titulado "&iquest;Es posible atribuir creencias a animales no humanos y a humanos preling&uuml;&iacute;sticos?" Lo primero que hace Gensollen es reducir la pregunta a la siguiente formulaci&oacute;n: "&iquest;Es posible atribuir creencias a animales que carecen de un lenguaje como el nuestro?" Es importante &#8212;dice el autor&#8212; distinguir entre la posible literalidad de tal atribuci&oacute;n y su utilidad.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, comienza ocup&aacute;ndose de la utilidad de atribuir las creencias a este tipo de vivientes; Gensollen argumenta, principalmente contra Lowe, que el reconocimiento preling&uuml;&iacute;stico (en t&eacute;rminos de MacIntyre) que hay con otros animales presupone esta atribuci&oacute;n de creencias y, por lo tanto, su utilidad. Siguiendo a Dennett, afirma que "es &uacute;til &#8212;a veces, incluso, necesario&#8212; atribuir creencias y otros verbos y contenidos psicol&oacute;gicos a animales no humanos, pues al tratarlos como 'agentes racionales' somos capaces de predecir, explicar y manipular su conducta" (p. 80).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dejada de lado la utilidad, el autor pasa al an&aacute;lisis de la justificaci&oacute;n de la atribuci&oacute;n literal de creencias a animales no humanos. Ah&iacute;, de la mano de Glock, Gensollen se ocupa de realizar una cr&iacute;tica a los argumentos del ling&uuml;ismo (Davidson, Stich, McDowell y Lowe) contra esta atribuci&oacute;n literal de creencias. El autor se ocupa de desactivar los que &eacute;l considera los cuatro argumentos principales de Davidson, a saber: a) el argumento sobre la naturaleza intencional del pensamiento; b) el argumento de que los pensamientos involucran conceptos; c) el argumento de la naturaleza holista del pensamiento; y d) el argumento de que las creencias requieren el concepto de creencia. Gensollen objeta los tres primeros y se ayuda de ellos para matizar la atribuci&oacute;n de creencias a animales que hace el mentalismo ingenuo; el &uacute;ltimo argumento lo refuta para echar abajo completamente la teor&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica de Davidson. Se concluye en este punto que la conducta no verbal no es cualitativamente distinta de la verbal para efectos de la atribuci&oacute;n de creencias.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, Gensollen hace un an&aacute;lisis de la <i>expresividad</i> como medio a trav&eacute;s del cual nos comunicamos siguiendo a Cavell. Dado que el nivel perceptivo se encuentra principalmente en esta expresividad, es necesario asumir que puede entablarse este tipo de comunicaci&oacute;n con los animales.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conclusi&oacute;n es clara para Gensollen: "una posici&oacute;n intermedia es mucho m&aacute;s efectiva que el ling&uuml;ismo para dar cuenta de la vida mental de otros animales" (p. 100), pues no implica incoherencias conceptuales y abre paso a la investigaci&oacute;n etol&oacute;gica para analizar qu&eacute; contenidos y qu&eacute; verbos psicol&oacute;gicos es posible atribuir a los animales.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sexto y &uacute;ltimo cap&iacute;tulo del volumen lleva el t&iacute;tulo "Racionalidad animal" y corre a cargo de Jorge Morales. Lo primero que se observa en esta secci&oacute;n es el establecimiento de las <i>creencias</i> y los <i>deseos</i> como estados mentales cuya combinaci&oacute;n permite explicar la racionalidad en un individuo. Por una parte, el autor muestra las intuiciones por las cuales resulta f&aacute;cil adjudicar deseos a los animales y, por otra, las no tan obvias razones por las que probablemente haya que atribuirles creencias; en concreto, el hecho de que &eacute;stas se relacionan habitualmente con contenidos proposicionales y &eacute;stos a conceptos.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Posteriormente, Morales retoma y expone los principios que la corriente conceptualista (Sellars, Davidson, McDowell y Brewer) asume para admitir la existencia de un concepto y, por lo tanto, de una creencia, a saber, a) que tengan condiciones de verdad, b) que impliquen una justificaci&oacute;n y c) que puedan generar inferencias. El autor admite estos principios, pero argumenta a favor de que los animales cumplen, de hecho, con tales criterios.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Morales admite la necesidad de que las creencias tengan condiciones de verdad para garantizar su sentido, pero defiende un criterio pragm&aacute;tico por el cual los conceptos pueden comprenderse al margen de estructuras ling&uuml;&iacute;sticas (para ello sigue las reflexiones de Schwitzgebel, Millikan y Allen). Posteriormente, el autor se vale de dos conceptos clave para la reinterpretaci&oacute;n del segundo criterio normativista de los conceptualistas desde una perspectiva no verbal; &eacute;stos son los de <i>funci&oacute;n propia</i> de Millikan y el de la <i>perspectiva del agente</i> de Susan Hurley. Finalmente, Morales apela a la capacidad, demostrada cient&iacute;ficamente, que tienen los animales de hacer inferencias transitivas para cumplir con el &uacute;ltimo requisito que imponen los conceptualistas.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El argumento parece, entonces, completo y Morales apunta su conclusi&oacute;n: "si el criterio para hablar de racionalidad es la posesi&oacute;n de creencias y deseos y el uso de &eacute;stas para controlar las acciones del sujeto e inferir nueva informaci&oacute;n, una criatura no&#150;ling&uuml;&iacute;stica puede ser considerada racional" (p. 118).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro posee, adem&aacute;s, un ap&eacute;ndice que contiene la traducci&oacute;n elaborada por Jos&eacute; Molina de la cuarta parte del libro sexto del <i>Liber de Anima seu Sextus de Naturalibus.</i> La traducci&oacute;n parti&oacute; del texto latino de la edici&oacute;n cr&iacute;tica de S. Van Riet. El texto aviceniano versa sobre los sentidos internos y resulta de amplia utilidad para la comprensi&oacute;n del segundo y tercer cap&iacute;tulos del libro aqu&iacute; rese&ntilde;ado.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Del libro se pueden extraer, desde mi punto de vista, distintas conclusiones: a) que el antropocentrismo que nos ha llevado a suponer que el pensamiento y la racionalidad pertenecen de un modo tajante al ser humano es insostenible; b) que la atribuci&oacute;n de elementos racionales a los animales no humanos no puede hacerse sin realizar un trabajo cauteloso para evitar caer en contradicciones; c) que la mente animal nos tiene reservada una nueva perspectiva de lo que somos y lo que es la naturaleza y que, por ello, nuestros esfuerzos por entenderla deben ser constantes y decididos; d) finalmente, que la ciencia y la filosof&iacute;a deben trabajar de la mano poniendo atenci&oacute;n tanto en los nuevos trabajos de investigaci&oacute;n como en la tradici&oacute;n de pensamiento que nos antecede.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cada uno de los cap&iacute;tulos de <i>La mente animal</i> posee, sin duda, un perfil muy particular. El libro guarda el sabor de un esfuerzo colectivo por afrontar de manera seria y ordenada un problema al margen de las diferentes tradiciones filos&oacute;ficas o estilos que puedan seguir los autores. Con trabajos eruditos, por una parte, pero tambi&eacute;n meditativos y comprometidos, el libro demuestra que la tradici&oacute;n no tiene por qu&eacute; ser un lastre para el pensamiento, sino un propulsor con el que se puede ver "a hombros de gigantes". Sin duda, se aborda un tema complicado e interesante en estas p&aacute;ginas con la mayor seriedad y con el profesionalismo que una disciplina tan profunda como la filosof&iacute;a de la mente exige.</font></p>      ]]></body>
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