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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Corey Robin, <i>El miedo: historia de una idea pol&iacute;tica</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Maximiliano E. Korstanje</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2009, 499 pp.</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Departamento de Ciencias Econ&oacute;micas Universidad de Palermo, Argentina</i> <a href="mailto:maxikorstanje@hotmail.com">maxikorstanje@hotmail.com</a></font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El miedo pol&iacute;tico ha sido un concepto examinado por casi m&aacute;s de dos milenios que lleva de existencia la filosof&iacute;a. Desde Arist&oacute;teles hasta Hobbes, pasando por las m&aacute;s variadas perspectivas, como la de Montesquieu o la de Tocqueville, todos han visto en el miedo una variable importante de la vida social y pol&iacute;tica de un Estado o ciudad. En este sentido, el libro de C. Robin intenta resumir, analizar y explicar el papel del miedo &#8212;tanto interno como externo&#8212; como posibilidad de renovaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n como instrumento de adoctrinamiento interno. El miedo, como lo imaginamos, conduce voluntariamente al sujeto a la apacible tranquilidad de la vida, pero lo obliga a renunciar a ciertas actitudes de resistencia (pasividad). La pregunta subyacente a lo largo de la siguiente rese&ntilde;a versa en la necesidad de comprender el miedo: &iquest;como un instrumento de dominaci&oacute;n que conlleva a la desconfianza y reclusi&oacute;n?, &iquest;o como una forma de lograr la estabilidad? El miedo pol&iacute;tico &iquest;es conservador o disparador?</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El profesor Robin comienza su cap&iacute;tulo introductorio reconstruyendo el mito judeocristiano de Ad&aacute;n y Eva. Dios descubre que luego de comer del &aacute;rbol prohibido, ambos ten&iacute;an miedo y se esconden. Antes del pecado, el hombre caminaba libremente por el jard&iacute;n del Ed&eacute;n hasta que el rigor del trabajo esclaviz&oacute; sus cuerpos y sus mentes. En consecuencia, la imposici&oacute;n &eacute;tico&#150;moral trajo consigo consecuencias indeseables, el miedo. El autor elabora una comparaci&oacute;n por analog&iacute;a de la situaci&oacute;n de Ad&aacute;n con respecto a los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando miles de estadounidenses salieron forzosamente del letargo cultural en el cual se encontraban. La sociedad estadounidense hab&iacute;a estado sujeta a diversos miedos asociados a la Guerra Fr&iacute;a o las revueltas raciales, pero desconoc&iacute;an su responsabilidad directa en la conformaci&oacute;n del problema. Robin persigue la idea de que</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">si bien hay una pol&iacute;tica del miedo, con frecuencia la ignoramos o la mal interpretamos, complicando la interpretaci&oacute;n de c&oacute;mo y porqu&eacute; se usa el miedo. Convencidos de que carecemos de principios morales o pol&iacute;ticos que nos unan, saboreamos la experiencia de tener miedo tal como muchos escritores despu&eacute;s del 11 de Septiembre, pues s&oacute;lo el miedo, pensamos, puede convertirnos de hombres y mujeres aislados en un pueblo unido. (pp. 16&#150;17)</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El miedo se construye, de esta forma, como una base o trampol&iacute;n para poder dominar las controversias subyacentes desde antes del momento crucial en que la sociedad despierte. Ese momento m&iacute;tico se reinterpreta entonces siguiendo una l&oacute;gica bipolar de amigo/enemigo y genera la movilizaci&oacute;n de recursos humanos o materiales con fines espec&iacute;ficos. En los enemigos, por regla general, se depositan una serie de estereotipos con el fin de disminuir su autoestima y masculinidad. Demonizados no tanto por lo que han hecho, sino por sus conductas sexuales, atribuimos a ellos grandes des&oacute;rdenes psicol&oacute;gicos. La incorregibilidad de estas anomal&iacute;as conlleva la idea de confrontaci&oacute;n y posterior exterminio. El miedo como sentimiento primario subpol&iacute;tico debe comprenderse como resultado de las creencias y se encuentra vinculado a la ansiedad. En este contexto, Robin sugiere que el miedo pol&iacute;tico no debe entenderse como un mecanismo "salvador del yo", sino como un instrumento de <i>elite</i> para gobernar las resistencias del campo social. Dicho miedo posee dos subtipos: interno y externo. El miedo externo se construye con el fin de mantener a la comunidad unida frente a un "mal" o "peligro" que se presenta ajeno a ella. En otros t&eacute;rminos, esta amenaza atenta contra el bienestar de la poblaci&oacute;n en general. Por el contrario, el segundo tipo surge de las incongruencias nacidas en el seno de las jerarqu&iacute;as sociales. Cada grupo humano posee diferenciales de poder producto de las relaciones que los distinguen y les dan identidad. Aun cuando este sentimiento tambi&eacute;n lo manipulan grupos exclusivos, su funci&oacute;n es la "intimidaci&oacute;n" interna. Al respecto, Robin explica:</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">mientras el primer tipo de miedo implica el temor de una colectividad a riesgos remotos o de alg&uacute;n objeto &#8212;como un enemigo extranjero&#8212; ajeno a la comunidad, el segundo es m&aacute;s &iacute;ntimo y menos ficticio, se deriva de conflictos verticales y divisiones end&eacute;micas de una sociedad, como la desigualdad, ya sea en cuanto a riqueza, estatus o poder. Este segundo tipo de miedo pol&iacute;tico surge de esta desigualdad, tan &uacute;til para quienes se benefician de ella y tan perjudicial para sus v&iacute;ctimas, y ayuda a perpetuarlo. (p. 45)</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo primero, el autor examina en profundidad las contribuciones y limitaciones de la teor&iacute;a pol&iacute;tica de Thomas Hobbes. El miedo, en cuanto condici&oacute;n necesaria para salir del estado de naturaleza y entrar a la civilidad, deviene como creaci&oacute;n disuasiva para la convivencia social. Enfrentado directamente a los pensamientos revolucionarios de Cromwell y sus seguidores, Hobbes enfatizaba que existen en el hombre dos tipos de pasiones. La primera se refiere a la b&uacute;squeda y el apetito de poseer un objeto espec&iacute;fico, mientras la segunda tendencia es conservadora y se explica por la aversi&oacute;n a ser despojado de los bienes adquiridos. Si la avidez, entonces, deja al hombre en una especie de actitud man&iacute;aca con respecto a los riesgos de desear lo que es de otro, el miedo restaura los desequilibrios de la pasi&oacute;n anterior previniendo que otro lo someta a su voluntad. Con el objetivo de evitar la "guerra de todos contra todos", los hombres crean un Leviat&aacute;n a quien confieren el uso exclusivo de la fuerza o coacci&oacute;n. El imperio de la ley protege al hombre en forma integral, incluso de s&iacute; mismo.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por el contrario, en el segundo cap&iacute;tulo Robin revisa cr&iacute;ticamente la posici&oacute;n de Montesquieu con respecto a la de Hobbes. Tan diferentes debido a las diferentes condiciones socio&#150;hist&oacute;ricas que cada uno atraves&oacute;, pero tan similares en la esencia de su pensamiento, sus contribuciones han resistido el paso del tiempo. En contraposici&oacute;n al r&eacute;gimen desp&oacute;tico de Luis XIV, y por pertenecer a la nobleza, Montesquieu prefiere hablar del "terror desp&oacute;tico" para denunciar las atribuciones de este monarca. Si bien recurre, como Hobbes, al miedo pol&iacute;tico para explicar por qu&eacute; el Estado se mantiene unido, el terror avasalla al individuo despoj&aacute;ndolo de todas sus virtudes. La soluci&oacute;n a esta condici&oacute;n ser&iacute;a el Estado liberal y la distribuci&oacute;n tripartita de poderes, lo cual ayudar&iacute;a al pueblo a limitar los deseos atemorizantes del pr&iacute;ncipe. Las contribuciones de Montesquieu al estudio del miedo pol&iacute;tico versan sobre dos aspectos importantes. Por un lado, advierten sobre el doble juego que mantiene el d&eacute;spota: ilustrado en pol&iacute;tica exterior, pero cruel y autoritario en los asuntos internos. El pr&iacute;ncipe lleva una doble vida asumiendo ambas im&aacute;genes en forma separada. Por otro lado, el miedo no adquiere una caracter&iacute;stica irracional, sino todo lo contrario. Resultado de las expectativas, ambiciones y estrategias de los sujetos, el miedo se constituye tejiendo los hilos de la motivaci&oacute;n. Los individuos desean concretar ciertos fines en su vida, mas lo hacen no por voluntad, sino por miedo a fracasar y por enfrentar los sacrificios que ese beneficio promete. &Eacute;ste es, precisamente, el punto de coincidencia entre Montesquieu y Hobbes.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la secci&oacute;n tercera, Robin introduce en la discusi&oacute;n a Alexis de Tocqueville, quien, a diferencia de los autores antes mencionados, ve&iacute;a en la mayor&iacute;a una temible amenaza para la democracia. En particular, Tocqueville cre&iacute;a que las mayor&iacute;as populares subsumen el yo pol&iacute;tico de los ciudadanos en una masa impersonal, la cual no permite disidencias. Si bien este nuevo r&eacute;gimen pol&iacute;tico no castiga directamente a quienes piensan diferente, los a&iacute;sla conden&aacute;ndolos a la soledad y el ostracismo. Las mayor&iacute;as, seg&uacute;n su visi&oacute;n, logran mayor&iacute;as autom&aacute;ticas sin ning&uacute;n tipo de liderazgo. Basada en un poder pol&iacute;tico que otorga el derecho a la igualdad, la masa crea el riesgo dentro de sus propias filas y no fuera de &eacute;l. En este sentido, Robin sugiere que</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">la descripci&oacute;n de Tocqueville de la mayor&iacute;a tir&aacute;nica, pues, captaba su compleja y confusa sensibilidad sobre esta nueva era democr&aacute;tica. Por una parte, Tocqueville ten&iacute;a una exagerada perspectiva de la omnipotencia de la mayor&iacute;a y supon&iacute;a, equivocadamente, que la lucha pol&iacute;tica entre las fuerzas de la igualdad y las elitistas hab&iacute;a terminado, y que la igualdad hab&iacute;a triunfado. Las v&iacute;ctimas del miedo no eran las de abajo, sino las de arriba. (p. 157)</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al desdibujarse los l&iacute;mites de cada individuo tan ampliamente, el yo democr&aacute;tico crear&iacute;a un mundo cada vez m&aacute;s aterrador, porque aumentar&iacute;a no s&oacute;lo el nivel de ego&iacute;smo, violencia y crueldad, sino tambi&eacute;n la ansiedad. El peligro nace desde dentro de la sociedad y se expresa en la constituci&oacute;n cultural y psicol&oacute;gica de la personalidad ansiosa. En este caso, la ansiedad no se da por un proceso de individuaci&oacute;n y fragmentaci&oacute;n del lazo social, sino todo lo contrario: por la sumisi&oacute;n impersonal del yo a una masa an&oacute;nima. La ansiedad, en otras palabras, es condici&oacute;n <i>in facto esse</i> de la formaci&oacute;n cultural de Estados unidos de Am&eacute;rica por ausencia de estructura, l&iacute;nea jer&aacute;rquica y autoridad. El miedo no viene dado por el uso de la fuerza del Leviat&aacute;n o del d&eacute;spota, sino por la ausencia de l&iacute;mites. La propia ansiedad crea las amenazas internas, pone a los hermanos uno contra otro y los predispone a la desconfianza y la pasividad, listos para sacrificar sus propias libertades personales. Tan reaccionario como a veces conservador y revolucionario, Tocqueville clamaba por un papel activo de Europa en la pol&iacute;tica mundial. No s&oacute;lo ve&iacute;a con buenos ojos las incursiones europeas en &Aacute;frica y Asia, sino que vivi&oacute; con gran entusiasmo la conformaci&oacute;n del etnocentrismo del siglo XIX. El profesor Corey es m&aacute;s que elocuente cuando dice:</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">era un gran acontecimiento empujar a la raza europea fuera de su hogar y someter a todas las otras razas a su imperio o influencia. En contra de aquellos, como &eacute;l, que normalmente difamar&iacute;an a nuestro siglo por su pol&iacute;tica insignificante, Tocqueville insisti&oacute; en que nuestra &eacute;poca est&aacute; creando algo m&aacute;s grande, m&aacute;s extraordinario que el Imperio Romano sin que nos demos cuenta; es la esclavizaci&oacute;n de cuatro partes del mundo a manos de una quinta. (p. 176)</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aclarados los puntos principales en pensadores como Hobbes, Montesquieu y Tocqueville, Robin examina en el cap&iacute;tulo cuarto el terror totalitario. Para nuestro autor, fue precisamente H. Arendt quien, a su manera, critic&oacute; el papel del totalitarismo tanto en la Alemania nazi como tambi&eacute;n en el r&eacute;gimen sovi&eacute;tico estalinista. En palabras de Robin, "si a alg&uacute;n otro pensador le debemos nuestro agradecimiento, o nuestro escepticismo, por la noci&oacute;n de que el totalitarismo fue antes que nada una agresi&oacute;n contra la integridad del yo inspirada por una ideolog&iacute;a, es sin duda, a Hanna Arendt" (p. 188). Y tambi&eacute;n sin lugar a dudas, Arendt es la contracara de T. Hobbes; si en &eacute;l el miedo lleva a la idea de una pacificaci&oacute;n forzosa, en Arendt la sumisi&oacute;n se corresponde con una evidente falta de confianza personal. &iquest;De d&oacute;nde proviene tanta disparidad en el pensamiento de ambos fil&oacute;sofos? Robin parece encontrar una respuesta tentativa asociada a la visi&oacute;n (en Arendt) de un yo cada vez m&aacute;s fragmentado y d&eacute;bil, perspectiva que no ten&iacute;a (obviamente) Hobbes. Entre Hobbes y Arendt, el yo hab&iacute;a sufrido cambios sustanciales producto de revoluciones y contrarrevoluciones pol&iacute;ticas. Las contribuciones de Tocqueville en la conformaci&oacute;n de una idea que implica "la peque&ntilde;ez del yo" frente a la libertad han permanecido en la forma de Arendt de concebir el miedo pol&iacute;tico.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alternando la teor&iacute;a del "terror desp&oacute;tico" de Montesquieu con la autohumillaci&oacute;n del yo de Tocqueville, Arendt propone una nueva forma de concebir lo pol&iacute;tico. El "terror total" se encontraba orientado a destruir de ra&iacute;z la libertad y la responsabilidad por los propios actos en aras de la eficiencia racional. Robin enfatiza que no fue la brutalidad de los cr&iacute;menes cometidos por los nazis o los bolcheviques contra los disidentes lo que gener&oacute; el totalitarismo, sino la impersonalidad y sistematicidad con las que a diario se comet&iacute;an. El objetivo se presenta como si fuera externo al sistema &eacute;tico&#150;moral por voluntad del m&aacute;s fuerte. Esta forma de pensar, propia del existencialismo alem&aacute;n del cual Arendt no se pod&iacute;a desprender, le caus&oacute; serios dolores de cabeza, ya que fue acusada de "traidora"por sus propios correligionarios jud&iacute;os. Las respuestas culturalistas, que apuntaban a que el holocausto y/o el terror total fueron resultado de la herencia cultural alemana o rusa, no la convenc&iacute;an en absoluto. Ella sosten&iacute;a, quiz&aacute; err&oacute;neamente, que lo sucedido en Alemania o Rusia pod&iacute;a ser replicado en cualquier otra naci&oacute;n. Fue as&iacute; que, en su exposici&oacute;n, Arendt no present&oacute; a un Eichmann <i>(Eichmann en Jerusal&eacute;n)</i> provisto de una "maldad extrema" casi diab&oacute;lica, sino como un producto acabado de la l&oacute;gica legal&#150;racional cuya voluntad cr&iacute;tica se hab&iacute;a colapsado por la ideolog&iacute;a nacionalsocialista.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Similar a los primeros frankfurtianos en su argumento (como el caso de Fromm), Arendt insist&iacute;a en que el miedo pol&iacute;tico se estructuraba alrededor del hombre&#150;masa cuyos intereses se sacrifican en aras de un l&iacute;der. Carente de expectativas, pol&iacute;tica y objetivos, la masa pose&iacute;a una personalidad patol&oacute;gica de anomia y desarraigo. Esta desorganizaci&oacute;n era potencialmente funcional para los intereses de los caudillos totalitarios, quienes brindaban (temporalmente) un alivio a la ansiedad del aislamiento. Lo cierto parece ser que:</font></p> 	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">as&iacute; anunci&oacute; Arendt desde muy pronto su orientaci&oacute;n tocquevilliana; fue Tocqueville quien primero recurri&oacute; a la masa como fuente generadora de la tiran&iacute;a moderna y quien argument&oacute; que la experiencia primaria de la masa no era el miedo hobbesiano ni el terror de Montesquieu &#8212;ambos respuesta al poder superior&#8212; era m&aacute;s bien la ansiedad del desarraigo. Como Tocqueville, Arendt cre&iacute;a que la masa era el motor primario de la tiran&iacute;a moderna y que la ansiedad an&oacute;mica era el combustible. Si bien apreciaba que los gobernantes totalitarios como Stalin hab&iacute;an creado las condiciones sociales para esa ansiedad &#8212;y que otros reg&iacute;menes totalitarios pod&iacute;an hacer lo mismo&#8212;, el impulso primario de su argumento fue que la ansiedad de la masa era resultado de una anomia persistente y que produc&iacute;a un movimiento a favor del terror totalitario. (p. 196)</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante, a diferencia de Tocqueville, quien asum&iacute;a que la ansiedad era causa de la igualdad, Arendt la considera derivada de la desestructuraci&oacute;n de las clases sociales y el desempleo. A diferencia del aislamiento, que implicaba que el sujeto siguiera inserto en un &aacute;mbito laboral con relaciones ciertamente estables, la falta de empleo depreciaba la calidad humana confin&aacute;ndola en la desesperaci&oacute;n, en la soledad. El problema central en la tesis de Arendt sobre el terror total es que despoja a los actores de toda responsabilidad &eacute;tica y moral por sus actos. Convirti&eacute;ndolos en casi "ni&ntilde;os de pecho" en busca de prestigio y estatus, nuestra fil&oacute;sofa desdibuja los l&iacute;mites entre el victimario y la v&iacute;ctima. Tambi&eacute;n pone un &eacute;nfasis excesivo en la democracia como r&eacute;gimen liberal, olvidando que incluso ella misma (en ocasiones) puede ser tan autoritaria como los fascismos o el comunismo. En este aspecto, Arendt se separa radicalmente de Tocqueville y Montesquieu. Sin embargo, aceptando que Eichmann, en su ambici&oacute;n por ascender socialmente, se afili&oacute; al partido nazi y mand&oacute; ejecutar a miles de personas sin causa aparente, Arendt vuelve a los postulados de Hobbes con respecto a la vanagloria. De esta forma:</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">con su discusi&oacute;n sobre el arribista y el trepador social, Arendt revirti&oacute; la tendencia &#8212;observada en <i>El esp&iacute;ritu de las leyes</i> de Montesquieu, el segundo volumen de la <i>Democracia en Am&eacute;rica</i> y <i>Los or&iacute;genes del totalitarismo&#8212;</i> de equiparar la pol&iacute;tica del miedo con la p&eacute;rdida del yo y de jerarqu&iacute;as institucionales. Demostrando que los reg&iacute;menes del miedo apelaban a la ambici&oacute;n de hombres como Eichmann, volvi&oacute; a la perspicacia de Hobbes y de <i>Cartas Persas.</i> (p. 227)</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo expuesto se corresponde con la lectura objetiva (o subjetiva, como se quiera ver) de Robin sobre el tema del miedo pol&iacute;tico en pensadores de la talla de Montesquieu, Arendt o Hobbes. Pero &iquest;cu&aacute;l es la propuesta formal de Robin sobre el problema en estudio?, &iquest;y cu&aacute;les sus limitaciones o aciertos? &Eacute;ste es, precisamente, el contenido del cap&iacute;tulo quinto, donde el autor revisa el papel de los intelectuales liberales de las d&eacute;cadas de 1960 y 1970, respectivamente. Desde su posici&oacute;n, la asunci&oacute;n del libre mercado como forma pol&iacute;tica es una expresi&oacute;n de triunfo del "liberalismo de la ansiedad", lo cual parece describir (fielmente) la situaci&oacute;n pol&iacute;tica actual en Estados Unidos. Robin argumenta que los intelectuales han rechazado las creencias ancladas en los derechos sociales y el activismo liberal redirigiendo su cr&iacute;tica fuera de las fronteras, hacia medio Oriente o alguna otra regi&oacute;n.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tesis central de este argumento es que la falta de estructura y coerci&oacute;n constituyen un yo d&eacute;bil (en el sentido tocquevilliano). La falta de un orden social ha reemplazado el miedo pol&iacute;tico que caracterizaba la sociedad moderna de Hobbes o Montesquieu por la ansiedad. El lugar que ocupaba el miedo lo ha tomado ahora la ansiedad, y desde ella nacen todas las relaciones sociales. En palabras del propio autor:</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">el miedo era un instrumento del poderoso contra el impotente y una reacci&oacute;n del poderoso ante la posibilidad de que el impotente lo despojara alg&uacute;n d&iacute;a de sus privilegios. Sin embargo, los te&oacute;ricos actuales de la identidad conciben horizontalmente la sociedad, de modo que la ansiedad es su emoci&oacute;n preferida. Estamos divididos en grupos, pero no hacia arriba y abajo, sino hacia el centro y los extremos. Le preocupa que su per&iacute;metro sea demasiado permeable, que los extranjeros se filtren por sus porosas fronteras y pongan en riesgo su car&aacute;cter existencial y su unidad b&aacute;sica. Como ni hombres ni mujeres est&aacute;n seguros de d&oacute;nde empiezan y d&oacute;nde terminan, hay una apremiante necesidad de diferenciarse de lo que uno no es. (pp. 265&#150;266)</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tendencia a identificarse con una cultura o una naci&oacute;n se corresponde con la negaci&oacute;n de la sociedad pol&iacute;tica. Los intelectuales ansiosos identifican las sociedades civiles como la base sobre la cual deber&iacute;an edificarse las relaciones sociales. Iglesias, universidades y ONGs asumen un papel de protagonismo en la configuraci&oacute;n de la sociedad; en la pol&iacute;tica tradicional, los electores ven corrupci&oacute;n y maximalismo utilitarista. El liberalismo ansioso busca un "yo m&aacute;s fuerte" que no logra encontrar, y as&iacute; aumenta su decepci&oacute;n y frustraci&oacute;n. El liberalismo del terror da, en esta circunstancia, una respuesta a un yo desilusionado. La cuesti&oacute;n es &iquest;c&oacute;mo y a qu&eacute; precio?</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poniendo el &eacute;nfasis en la ansiedad de la victoria y no en el fracaso, Estados Unidos ha sobrevivido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os tanto a la guerra fr&iacute;a como a la democracia social. Pero, una vez ca&iacute;da la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, el inter&eacute;s nacional de Estados Unidos qued&oacute; desdibujado. Sin el comunismo como contravalor, el capitalismo estadounidense se vio envuelto en un clima de inseguridad y duda. En J. Shklar puede encontrarse una respuesta tentativa. Seg&uacute;n esta autora, escribe Robin, el terror es anterior a la desigualdad entre los actores. El poderoso no usa el terror para mantener la distancia con los dem&aacute;s, sino que usa la desigualdad para infundir terror. La desigualdad hace posible el terror, pero no lo dispara. Empero, Shklar retorna al reduccionismo del d&eacute;spota en Montesquieu. Como el despotismo, el terror se conforma como un medio universal que se aloja en las sociedades.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El terror justifica la presencia de la ley y el poder parcial del Estado. La falta de l&iacute;mites y restricciones predispone al yo psicol&oacute;gico a la m&aacute;s atroz de las violencias, tan desenfrenada como terror&iacute;fica. Alternando las contribuciones de Montesquieu con las de Tocqueville con respecto a la ansiedad, Shklar suger&iacute;a que la importaci&oacute;n de la ley y la tolerancia en los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos implicaba una disoluci&oacute;n de las estructuras tradicionales vigentes. Como consecuencia, la progresiva desintegraci&oacute;n "yoica" daba como fruto un aumento en la ansiedad. A mayor igualdad, mayor ansiedad. Una contrarreacci&oacute;n a la globalizaci&oacute;n fue el apego a las instituciones tradicionales, como la religi&oacute;n. "Optando por estilos represivos de la identidad, como el nacionalismo serbio y el fundamentalismo isl&aacute;mico, los desarraigados por la modernidad eran salvajemente crueles y sembraban el terror entre esos otros" (p. 285). Esta moda en el pensamiento intelectual americano daba origen a lo que Robin denomina "liberalismo del terror", una explicaci&oacute;n tentativa, pero fallida, de los propios problemas de identidad y v&iacute;nculo. El terror se transforma, entonces, en la base pol&iacute;tica y la explicaci&oacute;n de las luchas intertribales en todo el mundo. Dicha idea sienta las bases para la intervenci&oacute;n de Occidente con el objetivo de "salvar a otros" y salvarse a s&iacute; mismo como civilizaci&oacute;n. Lo cierto parec&iacute;a ser que (como afirma Robin):</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">resignados a una reducci&oacute;n completa del liberalismo nacional, los activistas liberales ten&iacute;an la esperanza de hacer en otra parte lo que no hab&iacute;an hecho en casa. No ser&iacute;a &eacute;sta la primera vez que los liberales miraban hacia reg&iacute;menes extranjeros sumidos en la ignorancia para compensar el estancamiento del progreso nacional. (p. 290)</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El liberalismo del terror, seg&uacute;n Robin, no es otra cosa que la imposici&oacute;n de los ideales propios de la Ilustraci&oacute;n en el mundo "b&aacute;rbaro", precisamente por incapaces e imposibles de realizar en el propio hogar. El libre mercado impersonal &#8212;tendiente a la estabilidad&#8212; y el fin de la guerra fr&iacute;a pon&iacute;an en riesgo la figura aristocr&aacute;tico&#150;estamental del hero&iacute;smo estadounidense, y precisamente el terror externo o el terror en tierra extranjera se lo devolv&iacute;a.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El 11 de septiembre de 2001 sintetiza la necesidad de un enemigo externo con el adoctrinamiento de tipo interno. La ansiedad de los perpetradores del atentado a las Torres Gemelas no se deb&iacute;a, seg&uacute;n esta elite intelectual, a las intromisiones en materia de pol&iacute;tica internacional en Medio Oriente por parte de Estados Unidos, sino a una mera patolog&iacute;a psicol&oacute;gica asociada al desarraigo y el resentimiento resultado de la modernidad. El miedo como represi&oacute;n de la pol&iacute;tica se encuentra dentro del coraz&oacute;n de Estados Unidos desde mucho antes de esta tragedia, y ya sin la URSS, los intelectuales estaban listos para tomar la causa de la globalizaci&oacute;n como una distinci&oacute;n de su propia civilizaci&oacute;n, y con esto transformar la propia ansiedad en un miedo "vigorizante". De esta forma, la guerra contra el "terror" no s&oacute;lo acabar&iacute;a con una amenaza externa, sino que adem&aacute;s devolver&iacute;a al letargo estadounidense una grandeza adormecida. En este sentido, una de las contribuciones capitales de Robin al estudio del miedo pol&iacute;tico es haber descubierto su naturaleza y accionar dentro y fuera de Estados Unidos. Espec&iacute;ficamente, el miedo no se constituye, como pensaba Hobbes, en la base de la civilidad, sino en un instrumento de dominaci&oacute;n de los grupos privilegiados sobre los relegados. El poder por el cual las elites protegen a los suyos del peligro extranjero se encuentra unido al poder mismo que ejercen sobre aquellos a los que dicen proteger.</font></p> 	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El miedo como represi&oacute;n pol&iacute;tica es mucho m&aacute;s com&uacute;n en Estados Unidos de lo que nos gustar&iacute;a creer, se trata de un miedo a las amenazas contra la seguridad f&iacute;sica o el bienestar moral de la poblaci&oacute;n frente a las cuales las &eacute;lites se posicionan como protectoras, o bien el miedo que sienten los poderosos respecto de los menos poderosos, y viceversa. Estos dos tipos de miedo &#8212;el primero que une a la naci&oacute;n, y el segundo, que la divide&#8212; se refuerzan mutuamente y las &eacute;lites cosechan el beneficio de sus fuerzas combinadas. El miedo colectivo al peligro distrae del miedo entre &eacute;lites y clases bajas, o da a estas &uacute;ltimas m&aacute;s razones para temer a las primeras. . . ya sea que el miedo pol&iacute;tico sea del primero o del segundo tipo, o una combinaci&oacute;n de ambos, apoya y perpet&uacute;a el dominio de la &eacute;lite, induciendo a los inferiores a someterse a los superiores sin protestar ni desafiar su poder, sino adapt&aacute;ndose a &eacute;l. (p. 309)</font></p> </blockquote> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como resultado, una sociedad con miedo es susceptible de ser dominada seg&uacute;n los intereses de una aristocracia y no de la mayor&iacute;a. Por lo tanto, es imposible hablar de un miedo democr&aacute;tico, ning&uacute;n miedo para Robin puede ser democr&aacute;tico, ya que implica sumisi&oacute;n ciega y exclusi&oacute;n. El miedo nace cuando las cosas que hemos aprendido a valorar parecen estar en peligro o en camino a su destrucci&oacute;n (injusticia).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los cap&iacute;tulos sucesivos, incluidos en la segunda parte del libro, Robin examina en profundidad el miedo "al estilo estadounidense" desde varias perspectivas. Durante la &eacute;poca del macartismo, muchos intelectuales, escritores y pensadores fueron acusados de ser comunistas. Es por dem&aacute;s interesante el caso Huggins, afiliado al partido comunista y desafiliado luego de la firma del pacto de no agresi&oacute;n entre Hitler y Stalin. En el a&ntilde;o 1952 fue acusado por el Comit&eacute; de la C&aacute;mara para Actividades antiestadounidenses (HUAC) de colaborar con el Partido Comunista. Huggins no s&oacute;lo dio algunos nombres, sino que, a pesar suyo y por miedo de ir a la c&aacute;rcel, neg&oacute; cualquier participaci&oacute;n en cuestiones pol&iacute;ticas. Seg&uacute;n Robin, su decisi&oacute;n se debi&oacute; a un aspecto racional: si Huggins era encarcelado, &iquest;qui&eacute;n cuidar&iacute;a de su esposa y sus hijos? Su miedo estaba justificado en parte por el poder de un estado represor o coaccionario; si bien la amenaza era verdadera, sus consecuencias fueron inmorales, ya que el miedo hizo que Huggins traicionara sus ideales. Parad&oacute;jicamente, el miedo pol&iacute;tico hace que el ciudadano sienta un horror mayor al pensar en que falte el Estado que al considerar lo terrible que puedan resultar las acciones punitivas de ese Estado. Lo mismo se aplicar&iacute;a para el periodo que sigui&oacute; al 11 de septiembre. El 70% de los medios de comunicaci&oacute;n hicieron una cobertura a favor de Estados Unidos, no por sus convicciones, sino por las represalias de la audiencia y la baja en el <i>rating.</i> El miedo pol&iacute;tico sabe jugar tanto con el aspecto moral de la identidad como con el racional. El sujeto se aterroriza con s&oacute;lo pensar en la posibilidad de quedar aislado en mayor medida que con el castigo del Estado. El miedo al Estado puede asociarse con el compromiso con las causas de la aristocracia que reina en esa estructura, disfrazado bajo figuras como el patriotismo, el amor a la patria o el nacionalismo. Los v&iacute;nculos sociales y familiares son un fuerte conductor del miedo; basta con pensar en la tortura o la muerte de nuestros seres queridos para desistir hasta de las m&aacute;s heroicas resistencias. Sin ir m&aacute;s lejos, "si el miedo es una reacci&oacute;n involuntaria al poder puro, si someternos al miedo es la &uacute;nica respuesta posible a dicho poder, no podemos ser considerados como moralmente responsables por nuestra capitulaci&oacute;n" (pp. 326&#150;327).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hasta aqu&iacute; se han revisado minuciosamente los alcances de <i>El miedo pol&iacute;tico: historia de una idea pol&iacute;tica</i> del profesor C. Robin, el cual se centra en aplicaciones pr&aacute;cticas de las filosof&iacute;as de Hobbes, Montesquieu, Tocqueville, Arendt y Shklar en asuntos asociados al 11 de septiembre, y por ello puede ser catalogado, entre los libros vertidos al castellano, como uno de los aportes m&aacute;s importantes, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, sobre el estudio pol&iacute;tico del temor. Robin contin&uacute;a con la posici&oacute;n que fij&oacute; Arist&oacute;teles de Estagira en su preocupaci&oacute;n sobre la virtud, el temor y la muerte. Ajeno a las contribuciones existencialistas, Robin considera (al igual que el padre de la escuela peripat&eacute;tica) que la virtud como una medida tendiente al equilibrio previene al sujeto tanto de verse envuelto en una acci&oacute;n temeraria que acabe in&uacute;tilmente con su vida, como de terminar en una reclusi&oacute;n cobarde que lo paralice ante la acci&oacute;n del Estado&#150;ciudad. Versado en la ciencia pol&iacute;tica y abocado a contrastar los hechos pol&iacute;ticos m&aacute;s representativos del siglo XX e inicios del XXI, Robin plantea la convergencia de dos tipos de miedo: el externo creado para reforzar el orden interno, y el interno cuya din&aacute;mica conduce a separar a los grupos humanos y reforzar el temor externo. Ferviente cr&iacute;tico de los grupos intelectuales por su visi&oacute;n de Montesquieu, Hobbes y Tocqueville respecto de la construcci&oacute;n de lo pol&iacute;tico, Robin considera el miedo como un elemento patol&oacute;gico dentro de la sociedad. Una soluci&oacute;n tentativa, arguye Robin, es volver al principio igualitario de Rawls o Dworkin. El miedo no debe comprenderse como un prerrequisito para la l&oacute;gica pol&iacute;tica, sino como un obst&aacute;culo, una barrera para alcanzar la justicia y la igualdad. A la pregunta planteada al principio de esta rese&ntilde;a, Robin responde que el miedo produce una tendencia conservadora a perpetuar los privilegios de ciertos grupos en detrimento de otros. Como resultado, el miedo opera en una inestabilidad manifiesta con el objeto de preservar el <i>status quo.</i></font></p>     ]]></body>
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