<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-2450</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Diánoia]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Diánoia]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-2450</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filosóficas]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-24502010000200009</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Time for Aristotle]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Baño Henríquez]]></surname>
<given-names><![CDATA[Paloma]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad de Chile  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>11</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<volume>55</volume>
<numero>65</numero>
<fpage>225</fpage>
<lpage>232</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-24502010000200009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-24502010000200009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-24502010000200009&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Ursula Coope, <i>Time for Aristotle.</i></b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Paloma Ba&ntilde;o Henr&iacute;quez</b></font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Physics <i>IV. 10&#150;14,</i> Oxford University Press, Oxford, 2005, ix + 194 pp.</b></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad de Chile / Humboldt&#150;Universit&auml;t zu Berlin</i> <a href="mailto:palomabano@hotmail.com">palomabano@hotmail.com</a>.</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estamos aqu&iacute; frente a un estudio sistem&aacute;tico y riguroso de la teor&iacute;a de Arist&oacute;teles sobre el tiempo, que combina con &eacute;xito detallados comentarios al tratado del tiempo &#8212;que se encuentra en <i>F&iacute;sica</i> IV 10&#150;14&#8212;, amplios an&aacute;lisis de posibilidades interpretativas y unas cuantas propuestas novedosas respecto de problemas especialmente dif&iacute;ciles, algunos ya largamente discutidos entre los especialistas. Es principalmente en estas propuestas donde se halla la mayor riqueza del libro. Son tambi&eacute;n, por cierto, las ideas m&aacute;s arriesgadas; pero afortunadamente, en una muestra del estilo honesto y amable en que est&aacute; escrito este estudio, Coope no calla las dificultades que sus propias interpretaciones pueden acarrear y advierte al lector expresamente d&oacute;nde el terreno comienza a volverse menos firme y la interpretaci&oacute;n m&aacute;s "especulativa". Esto &uacute;ltimo no es sino la indicaci&oacute;n de una menor evidencia textual para las sugerencias interpretativas que se desarrollan, en ning&uacute;n caso una excusa para que la explicaci&oacute;n correspondiente se vuelva m&aacute;s oscura o menos coherente. Muy por el contrario, por una parte, la claridad expositiva es sin duda una virtud constante de este libro; por otra, la incorporaci&oacute;n de cada interpretaci&oacute;n de detalle en un todo coherente constituye un objetivo central que Coope nunca pierde de vista y que le permite presentar una reconstrucci&oacute;n de la teor&iacute;a aristot&eacute;lica del tiempo en la que lo que prima es el abordaje sistem&aacute;tico de los problemas.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando &eacute;ste no es un comentario exhaustivo de todo el tratado de Arist&oacute;teles sobre el tiempo, sino primordialmente una presentaci&oacute;n y an&aacute;lisis de la teor&iacute;a aristot&eacute;lica del tiempo &#8212;que incluye, desde luego, amplios comentarios de los pasajes m&aacute;s importantes del tratado&#8212;, el libro de Coope se estructura en buena medida siguiendo el orden de exposici&oacute;n del texto del estagirita. El an&aacute;lisis m&aacute;s detallado se concentra fundamentalmente en los dos primeros cap&iacute;tulos (caps. 10 y 11) del tratado de la <i>F&iacute;sica,</i> lo que es se&ntilde;al de una visi&oacute;n seg&uacute;n la cual las dificultades relativas a una eventual inexistencia del tiempo (cap. 10 en Arist&oacute;teles, cap. 1 en Coope) y la cuesti&oacute;n de la naturaleza del tiempo (caps. 10 y 11 en Arist&oacute;teles; 2, 3, 4, 5, 7 y 8 en Coope), con la correspondiente definici&oacute;n en el centro de la atenci&oacute;n, representan el n&uacute;cleo de la teor&iacute;a aristot&eacute;lica. Los otros puntos de los que Coope se ocupa en detalle son, por una parte, la cuesti&oacute;n del tiempo como medida del movimiento (cap. 12 en Arist&oacute;teles, 6 en Coope), que queda incorporada al gran tema de la pregunta por la naturaleza del tiempo, y, por otra parte, dos asuntos que la autora considera consecuencias de la teor&iacute;a medular del estagirita: el significado de la expresi&oacute;n "ser en el tiempo" (cap. 12 en Arist&oacute;teles, 9 en Coope) y la controvertida cuesti&oacute;n de la relaci&oacute;n entre tiempo y alma (cap. 14 en Arist&oacute;teles, 10 en Coope).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La introducci&oacute;n del libro est&aacute; dedicada a una contextualizaci&oacute;n de la cuesti&oacute;n del tiempo en Arist&oacute;teles, e incluye una breve exposici&oacute;n de dos puntos fundamentales de su <i>F&iacute;sica</i> que se hallan especialmente vinculados con el tema del tiempo: por una parte, la concepci&oacute;n aristot&eacute;lica del cambio, de la cual depende tanto la inclusi&oacute;n de la cuesti&oacute;n del tiempo dentro de los estudios f&iacute;sicos, como tambi&eacute;n, m&aacute;s directamente, la definici&oacute;n de tiempo ofrecida por el estagirita; por otra parte, la teor&iacute;a del continuo, central para varios de los fen&oacute;menos estudiados en la <i>F&iacute;sica</i> y dentro de la que tambi&eacute;n se inscribe la teor&iacute;a del tiempo. A continuaci&oacute;n, el libro se estructura sobre la base de cinco partes, cada una integrada por dos cap&iacute;tulos, en la mayor&iacute;a de los casos muy vinculados entre s&iacute;. Cierra la obra un breve pero muy l&uacute;cido ap&eacute;ndice, de car&aacute;cter bastante t&eacute;cnico, en que la autora toma posici&oacute;n respecto de una expresi&oacute;n clave de Arist&oacute;teles <i>(ho pote on X esti)</i> cuya traducci&oacute;n ha sido muy discutida. En lo que sigue, me referir&eacute; a las cinco partes del libro y me concentrar&eacute; en lo que me parecen los puntos m&aacute;s novedosos de la propuesta de Coope.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La primera parte se abre con un cap&iacute;tulo dedicado a las apor&iacute;as iniciales del tratado. Coope agrupa las dos primeras apor&iacute;as &#8212;la primera referida a la inexistencia de pasado y futuro, la segunda a la imposibilidad de considerar el "ahora" parte del tiempo&#8212;, a continuaci&oacute;n ensaya un par de posibles soluciones que acaban siendo rechazadas y, antes de pasar a la tercera apor&iacute;a aristot&eacute;lica, opta por poner en conexi&oacute;n el resultado de las dos primeras, vale decir, la conclusi&oacute;n de que el tiempo no existe, con parte esencial de la definici&oacute;n que Arist&oacute;teles ofrecer&aacute; en la secci&oacute;n dedicada a la cuesti&oacute;n de la naturaleza del tiempo: su dependencia respecto del cambio. Lo interesante de esta vinculaci&oacute;n radica en que la autora se pregunta si esta dependencia del tiempo respecto del cambio permite resolver adecuadamente las dos primeras apor&iacute;as. Puesto que Arist&oacute;teles jam&aacute;s argumentar&aacute; expresamente en contra de la inexistencia del tiempo en que desembocan dichas apor&iacute;as y, sin embargo, la secci&oacute;n referida a la naturaleza del tiempo sugiere que est&aacute; muy lejos de aceptar esa inexistencia, todo intento por dar con una soluci&oacute;n adecuada a aquellas dificultades iniciales tiene un valor interpretativo incuestionable. Para abordar esta empresa Coope comienza por presentar el problema de la siguiente manera: por una parte, dado que ni lo pasado ni lo futuro existen, el tiempo parece existir s&oacute;lo en virtud de la existencia del "ahora"; por otra parte, la concepci&oacute;n del "ahora" como l&iacute;mite del tiempo lleva a pensar que su existencia es a su vez dependiente de la existencia del tiempo. La manera que tiene la autora de solucionar este c&iacute;rculo &#8212;el cual, de ser insalvable, impedir&iacute;a fundar la existencia del tiempo&#8212; consiste en proponer que aquello de lo que depende el "ahora" para ser lo que es no es el tiempo, sino el cambio. La comprensi&oacute;n del "ahora" como l&iacute;mite del cambio &#8212;ya no del tiempo&#8212; ofrece aqu&iacute; una ventaja. Puesto que Arist&oacute;teles concibe el cambio de tal modo que su existencia queda sostenida en la existencia de las <i>cosas que cambian,</i> Coope asegura que, a diferencia de lo que ocurr&iacute;a con el tiempo, del cambio ya no puede decirse que dependa a su vez del "ahora" (<i>cfr</i>. pp. 24&#150;25). De manera que, seg&uacute;n esta propuesta, la existencia del tiempo s&iacute; se sostendr&iacute;a en la del "ahora", pero la existencia del "ahora" quedar&iacute;a asegurada de manera independiente, a saber, en cada una de las divisiones marcadas dentro del cambio (el cual, por su parte, tiene asegurada la existencia en virtud de la existencia de las cosas que cambian).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Especial inter&eacute;s despierta aqu&iacute; la vinculaci&oacute;n establecida por Coope, en conexi&oacute;n con esta interpretaci&oacute;n, entre las dos primeras apor&iacute;as, que argumentan en contra de la existencia del tiempo, y la tercera, que da cuenta de la doble imposibilidad de concebir el "ahora" como siempre el mismo y como cada vez diferente. La presunta respuesta de Arist&oacute;teles, seg&uacute;n la cual el "ahora" comporta a la vez identidad y alteridad, no resolver&aacute;, sin embargo, el principal de los problemas desarrollados en la presentaci&oacute;n de la apor&iacute;a del "ahora". Se trata del problema de c&oacute;mo representarse el sucederse de los "ahoras" eventualmente m&uacute;ltiples. Seg&uacute;n advierte Coope, la inc&oacute;moda pregunta planteada en la apor&iacute;a por el cu&aacute;ndo del <i>perecer</i> de cada "ahora" podr&iacute;a reformularse, esta vez en los t&eacute;rminos en que Arist&oacute;teles desarrolla la presunta respuesta, como una pregunta por el cu&aacute;ndo del <i>volverse diferente</i> cada "ahora" (<i>cfr</i>. p. 28). La verdadera soluci&oacute;n, sugiere la autora, consiste en admitir que s&oacute;lo hay "ahoras" all&iacute; donde &eacute;stos han sido <i>efectivamente</i> marcados en el cambio, de manera que el "ahora" que deja de existir lo hace simplemente en alg&uacute;n momento &#8212;indeterminado e indeterminable&#8212; dentro del lapso que va desde ese "ahora" cuando era existente hasta el pr&oacute;ximo que sea marcado. No se puede decir con exactitud cu&aacute;ndo deja de existir el "ahora" en cuesti&oacute;n, puesto que la exactitud implicar&iacute;a la fijaci&oacute;n de un determinado "ahora", y eso es precisamente lo que por hip&oacute;tesis no hay dentro del mentado lapso.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como se puede apreciar, la respuesta que Coope ofrece para la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo se suceden los "ahoras" apunta en la misma direcci&oacute;n que su propuesta para salir del aparente c&iacute;rculo de la interdependencia de tiempo y "ahora". En ambos casos lo que ella subraya es la condici&oacute;n dependiente del "ahora". Es fundamental que &eacute;ste sea marcado en el cambio para que exista como tal. Podr&iacute;a decirse que la necesidad de que el "ahora" sea <i>marcado</i> le permite responder a la pregunta por el sucederse de los "ahoras", mientras que la necesidad de que sea marcado <i>en el cambio</i> le permite asentar la dependencia del "ahora" respecto del cambio. Esto &uacute;ltimo, sumado al hecho de que la existencia del tiempo se apoya en la del "ahora", le lleva a concluir que no s&oacute;lo el "ahora", sino tambi&eacute;n el tiempo depende en su existencia del cambio <i>(<i>cfr</i>.</i> p. 30). La importancia de esta dependencia del tiempo respecto del cambio hace que la autora dedique las siguientes partes de su libro precisamente a distintos aspectos de la relaci&oacute;n entre tiempo y cambio. Por lo que se refiere a la cuesti&oacute;n de la dependencia del "ahora" &#8212;y del tiempo&#8212; respecto del <i>acto de marcar</i> una divisi&oacute;n en el cambio, que habr&iacute;a sido esperable que condujera a la cuesti&oacute;n de la relaci&oacute;n entre tiempo y alma, hay que decir que no recibir&aacute; un tratamiento tan amplio dentro del libro. Lo cierto es que Coope parece otorgarle una importancia relativamente menor a la cuesti&oacute;n del papel del alma en la teor&iacute;a aristot&eacute;lica del tiempo. Aborda este asunto s&oacute;lo hacia el final, a prop&oacute;sito del controvertido pasaje en que Arist&oacute;teles plantea expresamente la pregunta por una eventual dependencia del tiempo respecto del alma.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cuanto a la tesis de que no hay tiempo sin cambio, a ella est&aacute; dedicada la segunda parte del libro. En esta secci&oacute;n, destinada principalmente a las relaciones de seguimiento que Arist&oacute;teles establece entre magnitud, cambio y tiempo, llama especialmente la atenci&oacute;n el modo como Coope intenta resolver un problema largamente debatido por los especialistas: si, de acuerdo con la teor&iacute;a aristot&eacute;lica, respecto de las relaciones de anterioridad y posterioridad la magnitud <i>es seguida</i> por el cambio y &eacute;ste por el tiempo, entonces deber&iacute;a ser posible dar cuenta de lo anterior y posterior en la magnitud prescindiendo de toda referencia a lo anterior y posterior en el cambio o en el tiempo. Esto &uacute;ltimo, sin embargo, no resulta f&aacute;cil, y Arist&oacute;teles no parece ofrecer muchas pistas al respecto. La propuesta de Coope <i>(<i>cfr</i>.</i> pp. 72 ss.) es que, respecto de las relaciones anterior&#150;posterior, efectivamente el tiempo sigue al cambio, pero el cambio no sigue a la magnitud. Entre magnitud y cambio lo que habr&iacute;a es una relaci&oacute;n de analog&iacute;a, donde la anterioridad debe ser entendida a partir de la concepci&oacute;n de prioridad natural expuesta en <i>Met.</i> V 11 <i>(<i>cfr</i>.</i> pp. 68 ss.). As&iacute;, anterior en el cambio es aquella parte sin la cual la totalidad del cambio no puede existir, aunque la parte s&iacute; pueda existir sin la totalidad, del mismo modo como anterior en la magnitud es aquella parte de la l&iacute;nea sin la cual la totalidad de la l&iacute;nea no puede existir, aunque la parte s&iacute; pueda existir sin la totalidad. Esta clave interpretativa ofrecida por Coope es de gran inter&eacute;s, pues sugiere un nuevo derrotero para enfrentar c&eacute;lebres acusaciones de circularidad que se le han hecho a la teor&iacute;a aristot&eacute;lica del tiempo. La propia autora se&ntilde;ala, no obstante, que la propuesta no est&aacute; libre de problemas. Uno de ellos es la dificultad de incorporar los cambios infinitamente largos a la teor&iacute;a. Otro &#8212;que ella, sin embargo, no considera insalvable&#8212; es la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo puede una relaci&oacute;n de analog&iacute;a <i>explicar</i> un caso analogado a partir del otro; aqu&iacute;, c&oacute;mo pueden ser explicadas las relaciones anterior&#150;posterior en el cambio a partir de las relaciones anterior&#150;posterior en la magnitud.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tercera parte del libro, que configura una secci&oacute;n medular del an&aacute;lisis de la concepci&oacute;n aristot&eacute;lica del tiempo, y en particular de su definici&oacute;n, examina a fondo las nociones de n&uacute;mero y de medida. Una tesis central de Coope &#8212;y tambi&eacute;n muy convincente&#8212; apunta precisamente a la necesidad de separar ambas nociones, advirti&eacute;ndonos sobre el habitual error de considerar que la definici&oacute;n del tiempo como <i>n&uacute;mero</i> del cambio ser&iacute;a equivalente a una definici&oacute;n del tiempo como <i>medida</i> del cambio. Por lo que se refiere al modo como hay que entender el concepto de n&uacute;mero aqu&iacute; en juego, Coope rechaza las interpretaciones que ven la distinci&oacute;n de Arist&oacute;teles entre "n&uacute;mero numerante" y "n&uacute;mero numerado" como una distinci&oacute;n entre n&uacute;meros abstractos y colecciones de objetos, respectivamente. Los "numerantes" son, en su opini&oacute;n, n&uacute;meros numerantes y a la vez numerados, y corresponden a las cantidades discretas, mientras que los "numerados" son s&oacute;lo numerados y corresponden a las cantidades continuas. Este &uacute;ltimo es, desde luego, el caso del tiempo. El tiempo es n&uacute;mero numerado, afirma la autora, en la medida en que los "ahoras" van siendo contados. Pero lo particular de esta cuenta es que aqu&iacute; lo relevante no es establecer cu&aacute;ntos hay (habr&aacute; simplemente tantos "ahoras" como marquemos), sino el orden en que contamos, que es el orden procedente de las relaciones de anterioridad y posterioridad del cambio (<i>cfr</i>. p. 91). En consecuencia, el hecho de que el tiempo sea definido como n&uacute;mero indica que es definido como algo esencialmente <i>ordenado.</i></font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta idea de Coope est&aacute; estrechamente vinculada con su tesis de que Arist&oacute;teles no <i>define</i> el tiempo como medida del cambio (aunque s&iacute; <i>afirme</i> que el tiempo mide el cambio). No puede haber medida all&iacute; donde no se establece alguna cantidad, y el establecimiento de una cantidad no es, advierte la autora, aquello en que consiste el acto de numerar implicado en el modo como Arist&oacute;teles concibe la esencia del tiempo. As&iacute;, Coope desarrolla su tesis del tiempo como algo esencialmente ordenado en directa contraposici&oacute;n con las interpretaciones que lo conciben como algo esencialmente medido. Esto &uacute;ltimo es un error que la autora asocia con el error de concebir el tiempo como n&uacute;mero del movimiento de la esfera celeste (<i>cfr</i>. p. 105). Un ejemplo del primer error se encontrar&iacute;a en la interpretaci&oacute;n de Annas (1975, pp. 98&#150;100); uno del segundo, en la de Fil&oacute;pono (In <i>Phys.</i> 718, 14&#150;20). Para Coope, efectivamente el tiempo <i>qua</i> medida est&aacute; asociado al movimiento circular uniforme de la esfera celeste, pero &eacute;se no es el tiempo del que se trata en la definici&oacute;n de Arist&oacute;teles. La definici&oacute;n es aquello en lo que desemboca la descripci&oacute;n de las circunstancias en las cuales adquirimos conciencia de que el tiempo ha pasado, y Arist&oacute;teles nunca sugiere que notemos el pasar del tiempo s&oacute;lo mediante la referencia a alg&uacute;n cambio peri&oacute;dico <i>(<i>cfr</i>.</i> p. 97). Este punto puede ser de gran inter&eacute;s, pues no s&oacute;lo salva al tiempo sin m&aacute;s (aqu&eacute;l al que se refiere la definici&oacute;n) de la dependencia respecto de un movimiento particular, como es el de la esfera celeste, sino que tambi&eacute;n har&iacute;a posible el rechazo a la presunta necesidad de regularidad del movimiento del cual depende el tiempo sin m&aacute;s. Esto &uacute;ltimo implicar&iacute;a que podemos servirnos de esta observaci&oacute;n de Coope para hacer frente a ciertas acusaciones de circularidad lanzadas contra la definici&oacute;n aristot&eacute;lica, las cuales se basan en la sospecha de que all&iacute; el tiempo se concebir&iacute;a dependiente no simplemente del movimiento, sino del movimiento con cierta velocidad constante (vale decir, de un movimiento determinado a su vez por el tiempo).</font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la cuarta parte del libro, dedicada a la dif&iacute;cil tesis aristot&eacute;lica de la mismidad y diferencia de tiempos y "ahoras", Coope basa en gran medida su an&aacute;lisis de la cuesti&oacute;n en una lectura particular de un pasaje del cap. 11 del tratado del tiempo (219b10), donde Arist&oacute;teles comienza a desarrollar el tema. Es clave aqu&iacute; su comprensi&oacute;n de la expresi&oacute;n <i>h&aacute;ma</i> en t&eacute;rminos de simultaneidad (y no de "consideraci&oacute;n conjunta"), lo cual la conduce a interpretar la mismidad de los tiempos como mismidad de tiempos simult&aacute;neos. Es una lectura que se aparta de la mayor&iacute;a de los int&eacute;rpretes, y de manera expl&iacute;cita en el caso de Hussey (<i>cfr</i>. Arist&oacute;teles 1983, p. 114, n. 5), pero que podr&iacute;a ser ubicada en la l&iacute;nea de Ross (Arist&oacute;teles 1936, p. 598) y tambi&eacute;n de Conen (1964, pp. 65&#150;91), pese a que Coope no los menciona para estos efectos. La idea central es que la mismidad y diferencia de los tiempos depende de la mismidad y diferencia de los "ahoras" que los delimitan. Especial importancia reviste en este an&aacute;lisis la mismidad de los tiempos, que seg&uacute;n la autora se funda en el hecho de que todos los cambios simult&aacute;neos son contados en el mismo acto de cuenta, lo cual significa que son contados mediante los mismos "ahoras" (<i>cfr</i>. p. 114). Es una interpretaci&oacute;n iluminadora y nada implausible, pero, en mi opini&oacute;n, la dificultad para aceptarla radica en el consecuente quiebre entre aquel modo de entender la mismidad de los tiempos y el modo como Arist&oacute;teles presenta, en un pasaje inmediatamente posterior, la mismidad de los "ahoras". En el primer caso se tratar&iacute;a, sugiere Coope, de la mismidad de tiempos simult&aacute;neos basada en la mismidad de "ahoras" simult&aacute;neos; en el segundo &#8212;y aqu&iacute; su interpretaci&oacute;n no presenta mayor divergencia respecto de la interpretaci&oacute;n habitual&#8212;, de la mismidad de "ahoras" anteriores y posteriores. La autora es consciente de dicho quiebre, pero no lo trata problem&aacute;ticamente, y por lo mismo la defensa de su interpretaci&oacute;n de la mismidad de tiempos y "ahoras" basada en la idea de simultaneidad &#8212;presuntamente <i>contra</i> una interpretaci&oacute;n que considere la sucesi&oacute;n o anteroposterioridad&#8212; no es todo lo expl&iacute;cita o firme que podr&iacute;a haberse esperado.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que se refiere a la c&eacute;lebre tesis aristot&eacute;lica de la mismidad y diferencia de los "ahoras" anteriores y posteriores (219b12&#150;33), el hecho de que Coope la mantenga desvinculada de la tesis de la mismidad y diferencia de los tiempos no le impide, sin embargo, reconocerle gran importancia y analizarla en detalle. La cuesti&oacute;n de la mismidad entre los "ahoras" recibe aqu&iacute; mayor atenci&oacute;n que la de su diferencia. A la diferencia "en <i>l&oacute;gos"</i> &#8212;expresamente se&ntilde;alada por Arist&oacute;teles&#8212; ella agrega una mismidad "en <i>l&oacute;gos" (<i>cfr</i>.</i> p. 126), y analiza ambas en conexi&oacute;n con la analog&iacute;a entre "ahora" y m&oacute;vil que domina la secci&oacute;n del texto aristot&eacute;lico aqu&iacute; examinada. Dicha analog&iacute;a tambi&eacute;n desempe&ntilde;a un papel clave en la explicaci&oacute;n de la mismidad de los "ahoras" en el sentido de "aquello por cuyo ser el 'ahora' es (ho <i>de pote on esti to nun)".</i> Coope considera que con aquella controvertida expresi&oacute;n Arist&oacute;teles se refiere, en el caso del m&oacute;vil, al sujeto del movimiento (por ejemplo, a la <i>piedra</i> que se mueve), y en el caso del "ahora" a lo que el "ahora" es con independencia de su condici&oacute;n de contable, vale decir, al "ahora" considerado en cuanto divisi&oacute;n potencial en el cambio. La mismidad de m&oacute;vil y "ahora", entendida en este sentido, es lo que posibilitar&iacute;a la unidad del movimiento y del tiempo, respectivamente. En un notable intento por superar la frecuente dificultad de los int&eacute;rpretes frente a la idea de un "ahora" movi&eacute;ndose &#8212;representaci&oacute;n surgida a partir de la aludida analog&iacute;a de Arist&oacute;teles entre m&oacute;vil y "ahora"&#8212;, Coope defiende (siguiendo a Broadie (1984, p. 121), pero agregando interesantes argumentos propios) la sugerente tesis de que el m&oacute;vil debe ser comprendido como una cosa <i>definida</i> como algo que est&aacute; en movimiento. Es lo que ella llama la "cosa&#150;en&#150;movimiento". Seg&uacute;n esto, el m&oacute;vil, por ejemplo, no ser&iacute;a la <i>piedra</i> que se mueve, sino la piedra <i>en cuanto que est&aacute; movi&eacute;ndose (<i>cfr</i>.</i> p. 135 ss.).</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro se cierra con una quinta parte dedicada a lo que la autora considera consecuencias de la ya analizada teor&iacute;a aristot&eacute;lica del tiempo. La primera de ellas consiste en que s&oacute;lo algunas cosas est&aacute;n en el tiempo, y aqu&iacute; Coope aborda de entrada un problema que comporta la tesis de Arist&oacute;teles seg&uacute;n la cual las cosas que no est&aacute;n en el tiempo son tanto las que no son nunca como las que son siempre. Respecto de las cosas que no son nunca no hay nada que objetar. La dificultad radica en que en el universo aristot&eacute;lico hay cosas que son siempre y que est&aacute;n en permanente movimiento, como los cuerpos celestes, de manera que estar&iacute;amos aqu&iacute; frente a cosas que se mueven y que no est&aacute;n en el tiempo, lo cual contravendr&iacute;a tesis aristot&eacute;licas supuestamente ya asentadas (como la universalidad del tiempo y la idea de que las cosas que cambian son parte del orden temporal). La soluci&oacute;n ofrecida por Coope tendr&aacute;, entre otros, el m&eacute;rito de cumplir una doble funci&oacute;n: por una parte, la funci&oacute;n de dar cuenta de la relevancia de la distinci&oacute;n aristot&eacute;lica entre las cosas que est&aacute;n en el tiempo y las cosas que, por ser siempre, no est&aacute;n en el tiempo; por otra parte, la funci&oacute;n de facilitar la comprensi&oacute;n de la tesis del estagirita seg&uacute;n la cual el tiempo es una especie de causa.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con lo primero, el solo planteamiento de la cuesti&oacute;n de la relevancia de aquella distinci&oacute;n entra&ntilde;a una hip&oacute;tesis interesante, a saber, que la diferencia entre las cosas de duraci&oacute;n finita &#8212;que son las que est&aacute;n en el tiempo&#8212; y las de duraci&oacute;n infinita &#8212;que no lo est&aacute;n&#8212; remite a un modo de relacionarse las cosas con el tiempo que es radicalmente diferente en uno y otro caso. La noci&oacute;n aristot&eacute;lica de "estar en el tiempo" debe entenderse aqu&iacute; en el sentido de "estar envuelto por tiempo", lo cual implica tener un comienzo y un fin. Sin embargo, sugiere Coope, ello no significa que las cosas que son siempre, y que por ello no est&aacute;n en el tiempo, no formen parte del orden temporal. La distinci&oacute;n ata&ntilde;e m&aacute;s bien a la especial relaci&oacute;n que las cosas de duraci&oacute;n finita tienen con el tiempo y que las hace ser un tipo de cosa diferente respecto de las cosas que son siempre. Se trata de las cosas que son <i>afectadas</i> por el tiempo. Esto debe ser puesto en conexi&oacute;n, considera la autora, con la tesis aristot&eacute;lica de que el tiempo es una especie de causa: causa de decaimiento y corrupci&oacute;n. Su sugerencia es que, puesto que las cosas que est&aacute;n en el tiempo y las cosas de las que el tiempo es causa son las mismas, el tiempo deber&iacute;a ser entendido aqu&iacute; como "parte de la causa formal del decaimiento natural de una cosa" (<i>cfr</i>. p. 156). En este punto, Coope advierte una dificultad: dado que para dar cuenta del "estar en el tiempo" de una cosa se necesita apelar a la duraci&oacute;n que dicha cosa tiene por naturaleza, los entes que se tienen a la vista probablemente deban limitarse a los seres vivos. Sin embargo, el hecho de que esta explicaci&oacute;n tenga que ser le&iacute;da exclusivamente en clave biol&oacute;gica no le resta inter&eacute;s a la idea principal, a saber, que la duraci&oacute;n limitada de una cosa (viva) depende de la existencia de una determinada conexi&oacute;n causal entre ella y el tiempo.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo del libro la autora se concentra en lo que ella estima una segunda consecuencia de la concepci&oacute;n aristot&eacute;lica del tiempo. Se trata del muy discutido problema de la relaci&oacute;n entre tiempo y alma. Como se&ntilde;al&eacute; antes, la dependencia del tiempo respecto del alma no queda incorporada de manera sistem&aacute;tica dentro de las interpretaciones ofrecidas previamente por Coope para la explicaci&oacute;n de la naturaleza del tiempo. Pero esto no significa que ella, una vez enfrentada a la tarea de interpretar el dif&iacute;cil pasaje que se refiere a ello, siga la l&iacute;nea de quienes prefieren no atribuirle a Arist&oacute;teles dicha dependencia. Muy por el contrario, su interpretaci&oacute;n defiende como aristot&eacute;lica, y adem&aacute;s como libre de errores l&oacute;gicos, la tesis de que la existencia del tiempo, que es algo "numerado" en el cambio, requiere la existencia de un intelecto que "numere". A continuaci&oacute;n, la autora se plantea la siguiente pregunta (<i>cfr</i>. pp. 166 ss.): &iquest;por qu&eacute; el hecho de que el tiempo sea contable exige la existencia de seres capaces de contar, si para Arist&oacute;teles la existencia de colores y sonidos no exige la existencia de seres capaces de percibirlos? La respuesta incluye una valiosa tesis interpretativa seg&uacute;n la cual, para el caso del tiempo, ser contable es necesariamente ser contado (mientras que para el caso de colores y sonidos ser perceptible no implica ser percibido). Seg&uacute;n explica Coope, el acto de contar exige, cuando se trata de cantidades continuas, un acto previo de marcar divisiones para establecer secciones que contar. Ambos actos est&aacute;n separados en el caso de una l&iacute;nea, pero no en el caso del cambio, puesto que aqu&iacute; no es posible <i>volver</i> sobre las secciones para contarlas. Marcar las secciones y contarlas s&oacute;lo puede ser un &uacute;nico acto, de manera que si no hay acto de contar tampoco hay secciones contables. En consecuencia, si no hubiera seres capaces de contar, el cambio no s&oacute;lo quedar&iacute;a sin ser contado, sino que tampoco ser&iacute;a contable, con lo cual tambi&eacute;n la existencia del tiempo quedar&iacute;a anulada.</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Annas, Julia, 1975, "Aristotle, Number and Time", <i>The Philosophical Quarterly, </i>vol. 25, pp. 97&#150;113.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2789565&pid=S0185-2450201000020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Arist&oacute;teles, 1983, <i>Aristotle's Physics Books III and IV,</i> traducci&oacute;n, introducci&oacute;n y notas de Eduard Hussey, Oxford University Press, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2789567&pid=S0185-2450201000020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1936, <i>Aristotle's Physics,</i> texto revisado con introducci&oacute;n y comentarios de WD. Ross, Oxford University Press, Oxford.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2789569&pid=S0185-2450201000020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Broadie, Sarah, 1984, "Aristotle's Now", <i>The Philosophical Quarterly,</i> vol. 34, pp. 104&#150;128.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2789571&pid=S0185-2450201000020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Conen, Paul, 1964, <i>Die Zeittheorie des Aristoteles,</i> C.H. Beck, Munich.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2789573&pid=S0185-2450201000020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Annas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Julia]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Aristotle, Number and Time]]></article-title>
<source><![CDATA[The Philosophical Quarterly]]></source>
<year>1975</year>
<volume>25</volume>
<page-range>97-113</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Hussey]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eduard]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Aristotle's Physics Books III and IV]]></source>
<year>1983</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aristóteles]]></surname>
</name>
</person-group>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Aristotle's Physics]]></source>
<year>1936</year>
<publisher-loc><![CDATA[Oxford ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Oxford University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Broadie]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sarah]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Philosophical Quarterly]]></source>
<year>1984</year>
<volume>34</volume>
<page-range>104-128</page-range></nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Conen]]></surname>
<given-names><![CDATA[Paul]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Die Zeittheorie des Aristoteles]]></source>
<year>1964</year>
<publisher-loc><![CDATA[Munich ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[C.H. Beck]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
