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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Gustavo Ortiz Millán, La moralidad del aborto]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Gustavo Ortiz Mill&aacute;n, <i>La moralidad del aborto</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Guillermo Lariguet*</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Siglo XXI, M&eacute;xico, 2009, 130 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* CONICET, Universidad Nacional de C&oacute;rdoba </i><a href="mailto:glariguet@yahoo.com">glariguet@yahoo.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gustavo Ortiz Mill&aacute;n, junto con otros fil&oacute;sofos del Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas de la UNAM, particip&oacute; activamente en el debate p&uacute;blico que se suscit&oacute; por la impugnaci&oacute;n de constitucionalidad que se hizo en 2007 a la ley de la ciudad de M&eacute;xico que despenalizaba el aborto para los tres primeros meses de embarazo. La impugnaci&oacute;n fue realizada por la Comisi&oacute;n Nacional de Derechos Humanos y por el Gobierno Federal a trav&eacute;s de la Procuradur&iacute;a General de la Rep&uacute;blica. Finalmente, por votos de ocho ministros &#151;de un total de once que conforman la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n&#151; se confirm&oacute; la constitucionalidad de tal ley.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El libro que tengo el placer de rese&ntilde;ar es el producto de aquel debate. Est&aacute; escrito con dos prop&oacute;sitos anunciados en su pr&oacute;logo: el primero, te&oacute;rico, consiste en ofrecer un an&aacute;lisis argumental y conceptual de los argumentos m&aacute;s socorridos en el debate p&uacute;blico sobre el aborto &#151;tanto del lado conservador como del liberal&#151;, mostrando sus problemas y consecuencias (p. 12); el segundo, normativo, basado en la defensa de una posici&oacute;n liberal&#150;moderada que sostiene la justificaci&oacute;n moral de la despenalizaci&oacute;n parcial del aborto hasta las doce semanas de gestaci&oacute;n (p. 13). Para satisfacer estos dos prop&oacute;sitos en los que la filosof&iacute;a puede mostrar su contribuci&oacute;n a la vida p&uacute;blica de una sociedad (p. 12), el autor divide su obra en once cap&iacute;tulos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque se trata de un libro breve, claro y de &aacute;gil lectura, resulta imposible comentar todos sus detalles. Por este motivo, en la primera parte de mi trabajo resumir&eacute; el principal contenido de los once cap&iacute;tulos que lo conforman. En la segunda parte, expondr&eacute; algunas de las cuestiones filos&oacute;ficas que la lectura de este importante libro me plantea.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo 1 (Conservadores, liberales y moderados: un mapa de posiciones) Ortiz Mill&aacute;n se&ntilde;ala que el tema del aborto parece dividir a la gente en dos posiciones encontradas: o se est&aacute; a favor o se est&aacute; en contra de la despenalizaci&oacute;n. Sin embargo, el autor se&ntilde;ala un aspecto clave para su postura: que al asunto del aborto habr&iacute;a que verlo como una gradaci&oacute;n y que la mayor&iacute;a de la gente se encuentra en alg&uacute;n lugar entre los dos extremos (p. 17). Adem&aacute;s, no parece que la polarizaci&oacute;n de posiciones ayude al di&aacute;logo racional y a la posibilidad de llegar a alg&uacute;n tipo de compromiso consensuado. Para el conservador extremo, la premisa principal es que el cigoto es un ser humano completo desde el momento de la concepci&oacute;n y que tiene un "superderecho" a la vida que derrotar&iacute;a a cualquier otro derecho con el que entrara en conflicto (p. 20). Para este conservador s&oacute;lo ser&iacute;a permisible el aborto (terap&eacute;utico) cuando est&aacute; en riesgo la vida de la madre. Este aborto suele fundarse en la "doctrina del doble efecto", seg&uacute;n la cual si para salvar la vida de la madre hay que realizar un aborto, entonces el mismo est&aacute; permitido (p. 22). A diferencia del conservador extremo que s&oacute;lo acepta el aborto terap&eacute;utico, el moderado suele aceptar tambi&eacute;n el eugen&eacute;sico (malformaciones cong&eacute;nitas) y por violaci&oacute;n, aunque tiene grandes dificultades para aceptar &#151;como ocurre entre liberales extremos y moderados&#151; el aborto por problemas econ&oacute;micos y fallas en los m&eacute;todos anticonceptivos (p. 26).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La posici&oacute;n liberal extrema destaca que es central para la discusi&oacute;n el mayor valor del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, sobre su plan de vida, y realizarlo. Este derecho se asocia con otros, tales como privacidad, integridad corporal, dignidad, igualdad, no discriminaci&oacute;n por raz&oacute;n de g&eacute;nero, libre desarrollo personal, sexualidad y de reproducci&oacute;n (p. 27). Estos derechos deben prevalecer porque son los derechos de una persona nacida y no de una persona potencial; por lo tanto, este liberal extremo niega que sea aceptable atribuir derechos al feto. Adem&aacute;s del argumento de los derechos, el liberal en general utiliza argumentos basados en las consecuencias que se siguen de considerar ilegal el aborto: por ejemplo, fuertes &iacute;ndices de morbi&#150;mortalidad materna; por lo tanto, el aborto es tambi&eacute;n (o primordialmente) un problema de "salud p&uacute;blica", de derecho a la salud que debe garantiz&aacute;rseles a las mujeres (p. 29).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Digamos que la diferencia entre un liberal extremo y uno moderado, empero, no reside tanto en los tipos de aborto permitidos como en el "plazo" para abortar: mientras para el extremo el plazo es ilimitado, para el moderado debe ser limitado. De hecho, para Ortiz Mill&aacute;n el plazo es fundamental para lograr un "pacto entre las posiciones extremas" a fin de encontrar una tercera v&iacute;a (p. 27). Esta tercera v&iacute;a resulta nuclear, ya que se expresa en la postura "moderada" que Ortiz Mill&aacute;n defiende. El esp&iacute;ritu de esta postura consiste en tratar de satisfacer los dos valores en disputa (la vida del feto, la decisi&oacute;n aut&oacute;noma de la mujer) de modo parcial (p. 30). Una posici&oacute;n moderada resulta, por esto, "razonable", y se fundamenta en una teor&iacute;a de doble aspecto. El primero, ontol&oacute;gico si se quiere, sostiene que el feto no adquiere el rango de persona a la que puedan atribu&iacute;rsele derechos hasta por lo menos la duod&eacute;cima semana. &Eacute;ste es el plazo que fijar&iacute;a la permisi&oacute;n moral del aborto. Traspuesto ese plazo, hay que articular el segundo aspecto: el del "balance" o "ponderaci&oacute;n" de derechos en conflicto (p. 31). En otras palabras, pasados los tres primeros meses, el feto empieza a configurar un <i>substractum </i>para la atribuci&oacute;n de derechos (paradigm&aacute;ticamente, del derecho a vivir) que debe sopesarse con respecto a los derechos de la mujer (paradigm&aacute;ticamente, del derecho a decidir sobre su propio cuerpo). El balance presupone dos cuestiones importantes: la primera es que los derechos no se conciben como "absolutos" (p. 34); la segunda es que el "peso" de los derechos es algo "gradual": var&iacute;a de acuerdo con el proceso de gestaci&oacute;n (p. 35). De la mano de esta postura, Ortiz Mill&aacute;n defiende que es posible hacer justicia a ambos derechos (del feto y la mujer) buscando la conciliaci&oacute;n entre posturas extremas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el cap&iacute;tulo 2 (La moralidad de la ley y la moralidad del aborto) el autor mantiene perspicazmente la necesidad de distinguir la moralidad de la ley y la moralidad del aborto, aunque la moralidad de la ley dependa de cu&aacute;l es el plazo que se considerar&aacute; moralmente admisible para interrumpir el embarazo (p. 38). La moralidad de la ley requiere tratar dos puntos discernibles: los derechos que se protegen o desprotegen y las consecuencias negativas que se siguen de legislar de cierta forma. El argumento de los derechos, deontol&oacute;gico, destaca cu&aacute;l es el plexo de derechos vulnerado con una ley que decrete la ilegalidad del aborto, mientras que el argumento teleol&oacute;gico, de las consecuencias, explicita el conjunto diverso de consecuencias sociales, en t&eacute;rminos de salud, que se ven violentadas de efectuarse la prohibici&oacute;n del aborto (pp. 39&#150;48).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La moralidad del aborto, en cambio, para mientes en una doble cuesti&oacute;n: la primera, metaf&iacute;sica u ontol&oacute;gica, basada en la discusi&oacute;n de qu&eacute; constituye una persona humana; la segunda, evaluativa, en qu&eacute; da valor a una vida humana. Ortiz Mill&aacute;n, como hemos visto, defiende que hasta por lo menos el primer trimestre el feto no es una persona. Su tesis es que lo relevante para definir al menos parcialmente una personalidad susceptible de la imputaci&oacute;n de derechos es la posibilidad de atribuir al feto "predicados psicol&oacute;gicos" muy b&aacute;sicos tales como autoconciencia de placer o dolor (sentir fr&iacute;o, calor, hambre, dolor) y no la pertenencia del feto a la especie <i>homo sapiens </i>o el hecho de que el feto comparta el c&oacute;digo gen&eacute;tico de la especie humana (p. 52). El argumento medular de Ortiz Mill&aacute;n es que una ley que convierta en ilegal el aborto es inmoral por entronizar derechos absolutos sobre una base metaf&iacute;sica y filos&oacute;fico&#150;mental inadecuada: el feto no es una persona como s&iacute; lo es la madre; por ende, utilizar un concepto de persona indefendible tiene una consecuencia directa para la evaluaci&oacute;n moral: la ley que proh&iacute;ba el aborto, al menos para el primer trimestre, es inmoral: viola derechos sobre la base de un concepto err&oacute;neo de persona y conlleva consecuencias negativas en t&eacute;rminos de salud social.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, las leyes tambi&eacute;n son inmorales debido a una cuesti&oacute;n de <i>actitudes </i>personales. En el cap&iacute;tulo 3 (El aborto, el homicidio y la hipocres&iacute;a de la ley), Ortiz Mill&aacute;n muestra que la prohibici&oacute;n del aborto no obedece s&oacute;lo a una equivocada equiparaci&oacute;n del aborto con el homicidio (p. 57) sobre la base de una metaf&iacute;sica inadecuada, sino tambi&eacute;n en las actitudes hip&oacute;critas, por ejemplo, de los jueces que apoyan la ley que proh&iacute;be el aborto, aun cuando en la pr&aacute;ctica efectiva no se atreven, debido posiblemente a "remordimientos morales", a encarcelar a ninguna mujer que ha abortado (p. 62).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los argumentos frecuentes para bloquear la permisi&oacute;n del aborto es aquel que sostiene que la "adopci&oacute;n es una soluci&oacute;n real al problema del aborto" (cap&iacute;tulo 4). El autor pone en tela de juicio esta alternativa argumentando que violar&iacute;a la privacidad de la mujer someti&eacute;ndola al posible enjuiciamiento p&uacute;blico de que es una "mala madre" por dar a su hijo en adopci&oacute;n (p. 65). Adem&aacute;s, el autor nos recuerda los prejuicios y el racismo que subyacen a la adopci&oacute;n, por lo cual existe un gran n&uacute;mero de ni&ntilde;os sin adoptar, esto adem&aacute;s del hecho de que varias naciones, como M&eacute;xico, viven una burocracia en su sistema de adopci&oacute;n que involucra obst&aacute;culos legales, administrativos, vac&iacute;os legales y discrecionalidad que de ning&uacute;n modo garantizan el derecho de un ni&ntilde;o a tener una familia e integrarse socialmente (p. 68). Pero incluso &#151;afirma Ortiz Mill&aacute;n&#151;, aunque fuese posible salvar estos obst&aacute;culos, el n&uacute;mero de ni&ntilde;os en adopci&oacute;n sustituibles por abortos podr&iacute;a hacer colapsar el sistema de adopci&oacute;n, por lo cual la medida "adopci&oacute;n s&iacute;, aborto no" es irresponsable. El problema de esta medida no es tanto de orden conceptual &#151;por utilizar conceptos equivocados de persona&#151;, sino emp&iacute;rico: la soluci&oacute;n de la adopci&oacute;n no es "realista" y la propuesta en la que se basa carece de la informaci&oacute;n que requiere el caso (p. 69).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cap&iacute;tulo 5 (Aborto, dignidad humana y discriminaci&oacute;n) reitera argumentos medulares del autor. Su tesis es que el aborto no constituye una discriminaci&oacute;n injustificada hacia el "concebido no nacido", ya que &eacute;ste no puede considerarse sujeto de derechos hasta por lo menos el primer trimestre de embarazo. Sin embargo, el argumento de las doce semanas parece problem&aacute;tico. En primer lugar, a las doce semanas no se ha desarrollado la corteza cerebral ni las conexiones neurofisiol&oacute;gicas indispensables para que podamos atribuir sensaciones de conciencia al feto (p. 53). En segundo lugar, hablar de doce semanas no parece despejar preguntas tales como &iquest;esto quiere decir que la interrupci&oacute;n realizada el d&iacute;a 90 es legal y la que se realiza el d&iacute;a 91 no? En el cap&iacute;tulo 6 (Aborto: doce semanas y un d&iacute;a) Ortiz Mill&aacute;n intenta contestar a esta objeci&oacute;n. La contestaci&oacute;n sagaz del autor es que resulta absurdo comparar etapas cortas en el proceso gestacional ya que el mismo es "continuo y gradual". Las diferencias significativas no se dan en d&iacute;as, sino en semanas de gestaci&oacute;n (pp. 78&#150;79). De hecho, no damos el mismo valor a un &oacute;vulo fertilizado que a un beb&eacute; (p. 77) o no podemos ser crueles con una bl&aacute;stula, pero s&iacute; podemos serlo con un feto de seis meses (p. 79). Ahora bien, si es cierto que "hasta las semanas 12 o 13 no hay a&uacute;n corteza cerebral, sino apenas la placa cortical que le dar&aacute; origen y por tanto el feto es incapaz de tener sensaciones conscientes y experimentar dolor por lo menos hasta la semana 22&#150;24", &iquest;por qu&eacute; se establece la semana 12 como l&iacute;mite para la permisividad del aborto? La respuesta del autor es, primero, que as&iacute; vamos a lo seguro, ya que durante el per&iacute;odo permitido no podemos predicar conciencia ni neuronal ni mental en el feto; segundo, que la salud de la mujer corre menos riesgo si la intervenci&oacute;n ocurre durante el plazo defendido (pp. 80&#150;81).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con todo, la tesis que se funda en la posibilidad cient&iacute;fica de predicar estados mentales fiables desde&ntilde;a el argumento de que el feto es una persona posible (cap&iacute;tulo 7). El lema de este argumento es que si nuestras madres hubieran abortado nosotros no estar&iacute;amos aqu&iacute;. Por progresi&oacute;n, el argumento dir&iacute;a que tampoco tendr&iacute;amos a Mozart o a Einstein, por lo tanto la humanidad se estar&iacute;a privando de genios. Resumiendo, la respuesta de Ortiz Mill&aacute;n es que, mientras en el asesinato se da&ntilde;a a una persona real, en el caso del aborto no hay da&ntilde;o a ninguna persona, por lo que se parece m&aacute;s al caso de la anticoncepci&oacute;n en el sentido que s&oacute;lo se previene un embarazo, por lo cual, el aborto no se parece al asesinato, sino a la abstinencia (o tambi&eacute;n a la anticoncepci&oacute;n). Es el &uacute;ltimo m&eacute;todo anticonceptivo disponible para alguien que no desea tener un hijo (p. 85). A quien s&iacute; se da&ntilde;a es a la mujer que se ve orillada a practicarse un aborto clandestino y con ello a poner en riesgo su propia vida. Con el aborto evitamos que vengan al mundo ni&ntilde;os no deseados, que no recibir&aacute;n los cuidados que se merecen (p. 87). Ahora bien, el argumento de los genios perdidos sigue en pie, por ello Ortiz Mill&aacute;n tambi&eacute;n lo controvierte en forma doble: en primer lugar, la idea de que hemos perdido genios depende de un conocimiento que simplemente no podemos tener: nuestra valoraci&oacute;n de los genios es posible por el conocimiento que tenemos de ellos. Si ellos no hubieran nacido simplemente no los conocer&iacute;amos. En segundo lugar, no basta con el genoma para hablar de genios: son muchos m&aacute;s elementos los que intervienen para producirlos (p. 86).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, &iquest;hasta qu&eacute; punto es posible defender argumentos objetivos a favor o en contra del aborto? En el cap&iacute;tulo 8 (El aborto, la subjetividad de la moralidad y la ley) Ortiz Mill&aacute;n mantiene que los desacuerdos sobre el aborto son genuinos, algo de lo que no puede dar cuenta el subjetivismo &eacute;tico (p. 91); en cambio, una postura objetivista s&iacute; que puede hacerlo. Tal objetividad depende de la posibilidad de "dar razones de nuestra postura y justificarla a la luz de consideraciones p&uacute;blicas" (p. 92). Se requiere este tipo de objetividad para sustentar argumentos a favor del "pluralismo de valores" y la prohibici&oacute;n del Estado de inmiscuirse en asuntos morales dependientes de una decisi&oacute;n privada imponiendo cierta concepci&oacute;n moral. El pluralismo y la tolerancia requieren de ciertos puntos considerados objetivos, de tal modo que tampoco caigamos en el extremo del "todo vale" valorativo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A partir de la clase de objetividad defendida por el autor &iquest;debemos tomar en serio el argumento que sostiene que el aborto viola el derecho del hombre a la paternidad? Este argumento es discutido en el cap&iacute;tulo 9, considerando dos tipos de fuentes: los "hechos" y los "derechos". La s&iacute;ntesis de la discusi&oacute;n que entabla el autor es, en cuanto a los hechos, que en general quienes solicitan que se les practique un aborto son mujeres solteras, pobres, que cuentan con historias de abandono de su pareja, ejercicio de violencia machista sobre ellas, etc. (pp. 96&#150;100). En cuanto a los derechos del hombre a la paternidad y de la mujer a disponer de su propio cuerpo y plan de vida, es necesario acudir a la ponderaci&oacute;n si suponemos que los mismos est&aacute;n en conflicto. El mayor peso del derecho de la mujer depende de diversos factores que se deben considerar (p. 100), pero el nudo que los enlaza parece ser la necesidad de evitar un injustificado derecho de veto del hombre sobre el cuerpo de la mujer; necesidad que resulta destilada por el fallo <i>Planned Parenthood vs. Casey </i>en que una mayor&iacute;a de jueces conservadores utilizaron el mencionado argumento para "negar que la mujer casada requiera el consentimiento previo de su esposo para abortar" (p. 101).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El origen de argumentos contrarios al aborto, como el anterior, tienen, seg&uacute;n Ortiz Mill&aacute;n (cap&iacute;tulo 10), un basamento que, en &uacute;ltima instancia, es "religioso" (p. 117). Por ello, en el cap&iacute;tulo 10 examina la pregunta de si es obligatorio para los cristianos suscribir la tesis de que el embri&oacute;n "es un ser humano desde el momento de la concepci&oacute;n y que la interrupci&oacute;n del embarazo es inmoral y constituye un asesinato" (p. 103). Tras examinar pasajes de la Biblia, temas de la tradici&oacute;n eclesi&aacute;stica y el problema de la autoridad papal, la conclusi&oacute;n del autor (p. 113) es negativa, principalmente sobre la base de que estas fuentes son demasiado incongruentes y faltas de un sustento argumental que sea susceptible de discusi&oacute;n p&uacute;blica. Precisamente, la susceptibilidad de discusi&oacute;n p&uacute;blica de cualquier argumento sobre el aborto es uno de los temas cardinales examinados en el cap&iacute;tulo 11: "Estado laico, derechos reproductivos y democracia". La tesis del autor es que si los argumentos se presentan de modo religioso, no es posible la discusi&oacute;n p&uacute;blica y democr&aacute;tica. Las democracias dependen del concepto de "laicidad", que es la garant&iacute;a de que el Estado ser&aacute; "imparcial" en cuanto a las concepciones de la vida buena y que no las impondr&aacute; a la sociedad (p. 119). Si un Estado es laico, "resulta muy preocupante que las leyes respondan a una determinada visi&oacute;n religiosa" (p. 118). El Estado debe garantizar, adem&aacute;s, que las diferentes perspectivas morales convivan, respetando la autonom&iacute;a y libertad de conciencia de cada individuo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Concluido el resumen del contenido del libro, es el turno de los comentarios. El primero y quiz&aacute; m&aacute;s obvio consiste en destacar que los argumentos analizados &#151;as&iacute; como la propia propuesta filos&oacute;fica del autor&#151; tienen gran alcance conceptual. La propuesta defiende la despenalizaci&oacute;n parcial del aborto para los primeros tres meses de embarazo para <i>cualquier sistema legal </i>y no s&oacute;lo para el sistema mexicano, aunque sean las discusiones sobre este &uacute;ltimo las que le hayan servido de punto de partida.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El sost&eacute;n de la rica propuesta de Ortiz Mill&aacute;n es una teor&iacute;a construida, en primer lugar, en torno a un concepto de persona que depende en buena medida del pensamiento seg&uacute;n el cual "lo que le da valor moral a la vida humana es la mente". "As&iacute; un embri&oacute;n tiene valor cuando tiene sensibilidad o, m&aacute;s generalmente, conciencia" (p. 114). En segundo lugar, la teor&iacute;a defiende que, transcurridos esos tres meses, la prohibici&oacute;n moral del aborto depende del desarrollo "gradual" del feto y la posibilidad de atribuirle un determinado peso al valor vida en su conflicto con el valor otorgado a la decisi&oacute;n de la mujer sobre su propio cuerpo. El instrumento para establecer el grado y peso de los derechos que expresan los mencionados valores ser&aacute; determinado por una ponderaci&oacute;n.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ortiz Mill&aacute;n sostiene que su teor&iacute;a expresa la virtud de la moderaci&oacute;n, la &uacute;nica capaz de conciliar ambas posturas extremas, satisfaciendo parcialmente ambos valores contendedores (tambi&eacute;n Maliandi 2006) y propiciando una discusi&oacute;n racional y consenso en torno al aborto. Son much&iacute;simos los problemas que se pueden discutir a partir de esta teor&iacute;a de alg&uacute;n modo ya conocida a partir de la decisi&oacute;n de la Corte Suprema estadounidense en el caso <i>Roe vs. Wade </i>y propiciada por diversos autores (por ejemplo, Burt 2000; Vald&eacute;s 2000, pp. 87&#150;91). En lo que sigue, comentar&eacute; algunos de estos problemas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Comencemos con la cuesti&oacute;n m&aacute;s general de cimentar parte de la teor&iacute;a en <i>un </i>concepto de persona. Esta decisi&oacute;n filos&oacute;fica resulta debatible por lo que el propio autor (p. 77) se&ntilde;ala:</font></p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">el concepto de persona &#91;...&#93; no es un concepto "cient&iacute;fico", sobre el que todos podamos estar de acuerdo (sin tomar en cuenta que en la ciencia tambi&eacute;n hay desacuerdos), sino uno esencialmente impugnable; tal vez por esto no sea posible, ni para el conservador en sus variantes, ni para el autor, "demostrar" que el feto es o no es un ser humano; es por esto &#151;agrega Ortiz Mill&aacute;n&#151; que es tan dif&iacute;cil el asunto del aborto. (p. 55)</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, como se trata de aquello que Gallie llam&oacute; un "concepto esencialmente impugnable",<sup><a href="#notas">1</a></sup> esto significa que estamos ante la presencia de diferentes <i>concepciones </i>que consideran que la vida humana es valiosa desde perspectivas antag&oacute;nicas (Dworkin 1994, cap. 3) por lo que quiz&aacute; no valdr&iacute;a la pena <i>inflar demasiado </i>una teor&iacute;a con este aspecto ontol&oacute;gico; m&aacute;s bien, se podr&iacute;an considerar los derechos en juego sin esta base <i>sustancialista </i>que no permite demostrar la razonabilidad &#151;o, para ser m&aacute;s contundentes, la verdad&#151; de ninguna de las concepciones y hace tan dif&iacute;cil el asunto del aborto, esto es, llegar a un acuerdo razonable. La falta de acuerdo est&aacute; muy extendida. Recordemos que el autor establece una analog&iacute;a entre el aborto y la "anticoncepci&oacute;n", pero &iquest;hasta qu&eacute; punto es v&aacute;lida esta analog&iacute;a? Aunque la analog&iacute;a del aborto con el asesinato sea descartable, parece necesario distinguir, por mor del concepto de persona utilizado por el autor, una bl&aacute;stula o embri&oacute;n de un feto que ya lleva dos o tres meses de desarrollo; por lo tanto, este embri&oacute;n o feto ya es "concebido", de manera que la analog&iacute;a con la anticoncepci&oacute;n tiene una aplicaci&oacute;n restringida. Empero, es cierto que no todos los liberales como Ortiz Mill&aacute;n acuerdan en el plazo para permitir el aborto. Como nos dice el autor, hay legislaciones que no establecen l&iacute;mite de tiempo (p. 29). Lo que Ortiz Mill&aacute;n dir&iacute;a de estas legislaciones liberales extremas, como de las posiciones opuestas, es que pecan de irrazonabilidad. Para Ortiz Mill&aacute;n, una posici&oacute;n razonable es aquella que <i>estipula </i>el l&iacute;mite del primer trimestre para permitir el aborto. El argumento de "doce semanas y un d&iacute;a" ser&iacute;a absurdo, ya que nos plantear&iacute;a la exigencia de computar el proceso de gestaci&oacute;n por d&iacute;as y no por semanas como resulta adecuado hacer, dado el car&aacute;cter continuo y gradual del mismo. Pero aqu&iacute; habr&iacute;a que subrayar que el problema de la <i>vaguedad </i>no ser&iacute;a extirpable porque todo concepto gradual la presupone, motivo por el cual podr&iacute;amos tener aprietos para evaluar, en el marco de la ponderaci&oacute;n de derechos en conflicto, la permisi&oacute;n o prohibici&oacute;n moral del aborto para los casos no centrales. Segundo, &iquest;no habr&iacute;a cierta tensi&oacute;n en la propuesta del autor? Como vemos, &eacute;l fija como t&eacute;rmino final de la permisi&oacute;n del aborto el plazo de tres meses. Sin embargo, parte importante de su esfuerzo filos&oacute;fico ha consistido en levantar su teor&iacute;a a partir de un concepto de persona &#151;hecha y derecha&#151; que se instanciar&iacute;a reci&eacute;n a partir de las semanas 24&#150;25. &iquest;Por qu&eacute; no permitir tambi&eacute;n el aborto, entonces, a los cuatro o cinco meses? La respuesta de Ortiz Mill&aacute;n es que hacer tal cosa ser&iacute;a irrazonable. El plazo de tres meses nos permite "ir a lo seguro", ya que no habr&iacute;a todav&iacute;a all&iacute; una persona real a la que da&ntilde;ar&iacute;a el aborto. Con todo, siguiendo el argumento de Ortiz Mill&aacute;n, tampoco habr&iacute;a una "persona" a los cuatro o cinco meses y esto es lo que podr&iacute;an objetarle otros parientes de la familia liberal. La respuesta de Ortiz Mill&aacute;n podr&iacute;a ser que aun si lo anterior es cierto, resulta menos invasivo intervenir m&eacute;dicamente a una mujer que desea abortar dentro de los tres primeros meses que hacerlo posteriormente. Pero &iquest;ser&iacute;a decisiva esta respuesta para defender el plazo de tres meses? Hay, por &uacute;ltimo, una cuesti&oacute;n de mayor calado: &iquest;es concluyente el argumento seg&uacute;n el cual la "personalidad" debe comprenderse a partir del momento en que los seres ofrecen una capacidad m&iacute;nima de sentir dolor, hambre, fr&iacute;o, etc., que se activar&iacute;a en las semanas 24&#150;25? Scott Rae (1995, p. 140) sostiene que la posibilidad de sentir tiene una muy escasa conexi&oacute;n con la discusi&oacute;n de la personalidad del feto; pensar que esta posibilidad marca el <i>momento decisivo </i>es confundir la <i>experiencia del da&ntilde;o </i>con la <i>realidad del da&ntilde;o. </i>Seg&uacute;n Rae no se sigue que, del hecho de que el feto en cierta etapa no pueda sentir da&ntilde;o, no resulte da&ntilde;ado realmente. Su ejemplo es que si estoy paralizado y por esto no puedo sentir dolor cuando me amputan las piernas, ello no significa que no haya perdido mis piernas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la luz de las consideraciones anteriores, parece que el concepto de persona tiene todav&iacute;a algunos problemas que contestar. Pasemos ahora a la ponderaci&oacute;n de derechos en conflicto <i>(cfr. </i>Rowan, 1999, cap. 8). Exigir la misma para dirimir conflictos es una manera de avanzar en la idea de que los derechos no deben concebirse como "absolutos en choque" (Tribe 1992); tal concepci&oacute;n impedir&iacute;a no s&oacute;lo la ponderaci&oacute;n, sino que generar&iacute;a una situaci&oacute;n de <i>impasse </i>no susceptible de resolverse en forma conciliatoria.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora bien, cuando se habla de ponderaci&oacute;n es necesario reflexionar sobre dos grandes temas. El primero es a qu&eacute; tipo de conflicto se pretende aplicarla: &iquest;es la ponderaci&oacute;n un procedimiento exitoso para <i>todo tipo </i>de conflicto? Algunos autores han entrevisto en el aborto un ejemplo de conflicto dilem&aacute;tico (Gowans 1987, p. 3; Cohen 2003, pp. 337&#150;338; Platts 2000; Wenz 2007, pp. 382&#150;391; Zucca 2007). Los dilemas son formas severas de conflicto donde la moralidad parece mostrarse limitada para cumplir su funci&oacute;n de suministrarnos una gu&iacute;a "razonable" para, por ejemplo, ponderar <i>objetivamente </i>el peso de los valores conflictivos y llegar a una decisi&oacute;n pr&aacute;ctica. Esto es algo desafortunado, ya que la moralidad pareciera retirarse justo en el momento en que caracter&iacute;sticamente m&aacute;s la necesitamos. Cuando discutimos sobre aborto parece importante interrogarse, antes, sobre si &eacute;ste ejemplifica alguna forma de dilema e, incluso, si algunos casos de aborto podr&iacute;an catalogarse de conflicto tr&aacute;gico en el sentido de que se sacrifica un valor considerado "esencial". Aspiramos a que la gu&iacute;a moral nos lleve a una "respuesta correcta", pero asumir que se sacrifica un valor esencial podr&iacute;a dejar un residuo moral importante que afectar&iacute;a el estatus "correcto" de tal respuesta. El segundo tema es que la ponderaci&oacute;n es un procedimiento cuya objetividad, generalidad y estatus genera mucho debate (v&eacute;ase, por ejemplo, Moreso 2002, pp. 227&#150;249). Ortiz Mill&aacute;n sugiere algunas pistas sobre ambos temas. Del primero, reconoce que no siempre hay acuerdo acerca de si una salida propuesta es "razonable" o no (Lariguet y Mart&iacute;nez 2008); de lo segundo, se podr&iacute;a pensar que su concepto de ponderaci&oacute;n es <i>derivado </i>de su concepto de persona. Como el estatus de persona es producto de una atribuci&oacute;n <i>gradual y continua </i>(tambi&eacute;n Tomasini 2002, p. 81), basada en aspectos <i>emergentes </i>del feto, entonces, su <i>teor&iacute;a impl&iacute;cita de la ponderaci&oacute;n </i>vincula tal atribuci&oacute;n con una sensibilidad a los rasgos relevantes de personalidad que van surgiendo gradualmente y que hay que considerar a la hora de asignar peso a los derechos.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Recordemos que la teor&iacute;a de Ortiz Mill&aacute;n s&oacute;lo activa la ponderaci&oacute;n pasados los tres meses de embarazo; a partir de aqu&iacute;, hay que considerar los <i>grados </i>de desarrollo del feto a fin de establecer el peso de los valores en conflagraci&oacute;n. Durante los primeros tres meses, la teor&iacute;a de Ortiz Mill&aacute;n responder&iacute;a que no hay conflicto alguno y que no hay un residuo moral particularmente importante ya que la interrupci&oacute;n del embarazo no ha da&ntilde;ado a una persona real (o con todas las letras). Pero, pasado el primer trimestre, su teor&iacute;a dir&aacute; que atendamos a la evoluci&oacute;n gradual del feto; por ejemplo, a la semana 25 (seis meses transcurridos) su propuesta probablemente le dar&iacute;a un peso menor a la decisi&oacute;n de la mujer sobre su propio cuerpo<sup><a href="#notas">3</a></sup> y un peso mayor al respeto de la vida del feto<sup><a href="#notas">4</a></sup> que ya expresa algunos de los rasgos que el autor estima relevantes para ser considerado persona: el feto ya tiene corteza cerebral y es factible atribuirle una vida mental simple.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dejar&eacute; la fascinante cuesti&oacute;n de las espinas que ofrece la ponderaci&oacute;n para focalizarme ahora en la cuesti&oacute;n de la <i>razonabilidad </i>de la propuesta de Ortiz Mill&aacute;n. El autor insiste &#151;cuasi arisot&eacute;licamente&#151; en que su postura moderada es la m&aacute;s razonable de todas, acaso por no situarse entre los extremos <i>(cfr. </i>Vald&eacute;s 2001, pp. 83&#150;87). Pero qu&eacute; quepa entender por "razonabilidad" no es un asunto que en filosof&iacute;a est&eacute; del todo determinado. De hecho, el autor admite las discrepancias de concepci&oacute;n acerca de cu&aacute;l propuesta ha de clasificarse como razonable (p. 31). Voy a suponer aqu&iacute; que la "razonabilidad" es una <i>carga argumentativa </i>atribuible a las personas que batallan sobre el aborto que exige: i) ser sensibles a la gu&iacute;a de las mejores razones posibles; ii) esmerarse en construir conscientemente argumentos coherentes; iii) autocriticar los propios argumentos; iv) disposici&oacute;n a tomar en serio los argumentos de las diferentes posiciones. Esta conceptualizaci&oacute;n debe ser distinguida de la pregunta sobre si el aborto, en alguna de sus clases, encarna en ocasiones un conflicto dilem&aacute;tico tr&aacute;gico que afecta la posibilidad de respuesta correcta; tambi&eacute;n es independiente de si la teor&iacute;a de Ortiz Mill&aacute;n es la mejor respuesta posible para el aborto en general o s&oacute;lo para algunas situaciones en particular. Una persona razonable s&oacute;lo deber&iacute;a acreditar sensibilidad para reconocer que "x" es la mejor respuesta posible, no necesariamente para suministrarla ella misma.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Uno de los ejemplos emblem&aacute;ticos en los cuales la razonabilidad resulta costosa se encuentra en la discusi&oacute;n sobre el aborto: la gente en general (los fil&oacute;sofos son parte de la clase) suelen apasionarse por sus argumentos de una forma tan grande que el rasgo de "no absoluto" que expl&iacute;citamente algunos atribuyen a los derechos en conflicto se ve desmentido. Uno de los m&eacute;ritos de la teor&iacute;a de Ortiz Mill&aacute;n es tener conciencia del problema, ya que lo que anima su teor&iacute;a es el deseo de "satisfacer parcialmente ambos valores" y lograr una discusi&oacute;n razonada a fin de llegar a una soluci&oacute;n de compromiso <i>consensuado. </i>Aunque &eacute;l sostiene que la "mayor&iacute;a de la gente" se ubica en la postura moderada que har&iacute;a posible esta soluci&oacute;n de compromiso, resulta algo extra&ntilde;o comprobar que esta posici&oacute;n no ha logrado prosperar en forma <i>mayoritaria. </i>Quiz&aacute; esto ocurra porque el n&uacute;mero de gente razonable es mucho menor de lo que la tesitura optimista del autor admite. Lo que pasa es que algunos son moderados conservadores y otros moderados liberales. Es por esto que ni entre moderados es posible identificar acuerdos claramente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De cualquier manera, la gran cuesti&oacute;n de fondo es <i>qu&eacute; har&iacute;a posible </i>que tal discusi&oacute;n fuese razonable, de modo tal que posibilitara llegar a un acuerdo que, como dice el autor, tenga que ser aceptado por <i>todos </i>(no simplemente una mayor&iacute;a). Habermas ha sostenido que lo que har&iacute;a posible tal discusi&oacute;n es una concepci&oacute;n <i>ampliada </i>de la restrictiva idea original de "raz&oacute;n p&uacute;blica" rawlsiana. Seg&uacute;n Habermas (2006, pp. 121&#150;158), es preciso lograr una posici&oacute;n que, por una parte, del lado "laico" reconozca el valor potencial de verdad que podr&iacute;an tener los discursos "religiosos" para resolver conflictos morales recalcitrantes, y por la otra, que los religiosos construyan argumentos susceptibles de debate p&uacute;blico. Ortiz Mill&aacute;n acoger&iacute;a el "esp&iacute;ritu" de la propuesta de Habermas dada su frecuente menci&oacute;n de la necesidad de encontrar una v&iacute;a intermedia que resulte conciliatoria con respecto a las posturas beligerantes. Ahora bien, Ortiz Mill&aacute;n cree, en primer lugar, que gran parte del problema de que la discusi&oacute;n sobre el aborto se estanque obedece a argumentos en contra del aborto que, a la larga, tienen un <i>origen religioso.</i><sup><a href="#notas">5</a></sup> En segundo lugar, su idea pareciera ser no s&oacute;lo que el Estado deba ser "laico", sino que todos los argumentos se "reconviertan" en laicos a fin de lograr una discusi&oacute;n razonable y p&uacute;blica. Pero esta postura que compart&iacute;a el esp&iacute;ritu inicial habermasiano orientado a <i>ensanchar </i>el &aacute;mbito de la raz&oacute;n p&uacute;blica y a distribuir cargas en ambas partes, respetando el origen de los argumentos como tal, &iquest;no se separa aqu&iacute; de Habermas y presupone un concepto m&aacute;s restrictivo de raz&oacute;n p&uacute;blica? En caso de que la respuesta fuese afirmativa, &iquest;no cerrar&iacute;a las puertas tal posici&oacute;n al consenso extendido que se busca? O, con otras palabras, &iquest;la postura moderada de Ortiz Mill&aacute;n no estar&iacute;a saturada de esta restricci&oacute;n generando <i>reacciones extendidas de rechazo </i>m&aacute;s que de aceptaci&oacute;n?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El apoyo de la propuesta de Ortiz Mill&aacute;n en una idea de <i>laicidad </i>parece un paso necesario para separar Iglesia y Estado, pero &iquest;obliga conceptualmente a transformar los argumentos religiosos en argumentos laicos? Ortiz Mill&aacute;n argumenta que s&iacute; y que la laicidad es garant&iacute;a de "neutralidad" estatal. Lo que pareciera encontrarse bajo su posici&oacute;n es cierta <i>identificaci&oacute;n </i>entre los conceptos de neutralidad y laicidad como enlaces de una posici&oacute;n liberal. Pero esta identificaci&oacute;n, sea o no planteada en el texto del autor, resulta problem&aacute;tica. Hay liberales: 1) como Raz (1986, p. 162), que admiten un denominado "perfeccionismo m&iacute;nimo" que presuponga cierta concepci&oacute;n de lo bueno moral que no resulte coercitiva, o 2) como Dworkin (1983, pp. 47&#150;50), que construye un liberalismo complejo que mantiene la neutralidad del Estado para no violentar la autonom&iacute;a personal de los individuos, pero que admite tambi&eacute;n un liberalismo basado en la <i>igualdad como nudo de una teor&iacute;a de la justicia orientada a tener una mejor sociedad. </i>Esta &uacute;ltima versi&oacute;n del liberalismo parece admitir que cierta idea de bondad moral es admisible en el dise&ntilde;o normativo de la sociedad, pero sin poseer ya una idea tan estricta de neutralidad detr&aacute;s. La postura de Ortiz Mill&aacute;n tiene un aire de familia con estas alternativas cuando se&ntilde;ala que "el Estado debe garantizar la autonom&iacute;a y libertad de conciencia de los individuos" (p. 120) y puntualiza que todos tenemos un <i>igual derecho a estas libertades fundamentales </i>(p. 121). Estos valores ya determinan que el Estado imponga cierta <i>concepci&oacute;n m&iacute;nima del bien. </i>Algo distinto de esto es el concepto de "laicidad" o, quiz&aacute; deber&iacute;amos decir, de <i>cierta concepci&oacute;n </i>de laicidad. Por ejemplo, las constituciones de Francia y Turqu&iacute;a, <i>mutatis mutandis, </i>imponen expl&iacute;citamente el laicismo como una doctrina que admite ciertas acciones y excluye otras: por ejemplo, usar el velo en las escuelas p&uacute;blicas. Este tipo de estrategias ha sido criticado precisamente por obstaculizar un proceso de comprensi&oacute;n mutua (Zucca y Cvijic 2004) como el que busca Ortiz Mill&aacute;n. Por esto, quiz&aacute;, debamos todav&iacute;a discutir mucho acerca de c&oacute;mo nuestras concepciones de laicidad y neutralidad (y agreguemos: de pluralismo, tolerancia y democracia) se conceptualizan y relacionan y, a partir de aqu&iacute;, c&oacute;mo afectan nuestras propuestas te&oacute;ricas.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a de Ortiz Mill&aacute;n sienta las bases para una discusi&oacute;n sensata sobre <i>la moralidad </i>del aborto y sus temas vecinos. No es una teor&iacute;a s&oacute;lo descriptiva y conceptual. Tambi&eacute;n es deliberadamente <i>normativa: </i>pretende operar como el test de <i>razonabilidad </i>de argumentos, actitudes y leyes. Hablar de <i>la moralidad </i>del aborto presupone, impl&iacute;citamente, que la teor&iacute;a de Ortiz Mill&aacute;n elabora las fuentes para establecer cu&aacute;l es <i>la mejor concepci&oacute;n. </i>Es sin duda un movimiento atrevido si uno se ata a la reflexi&oacute;n, <i>&aacute; la </i>Nagel, seg&uacute;n la cual no hay algo as&iacute; como <i>la moralidad </i>&#151;en este caso del aborto&#151;, sino <i>las moralidades </i>del aborto. Ortiz Mill&aacute;n apuesta fuerte, ya que nos ofrece una teor&iacute;a que normativamente deber&iacute;amos considerar como la mejor. Por ejemplo, respecto de las leyes sobre el aborto, la teor&iacute;a de Ortiz Mill&aacute;n est&aacute; destinada a enjuiciar su <i>moralidad </i>&#151;antes que su <i>legalidad constitucional</i>&#151;. &Eacute;ste es un punto de partida interesante. En t&eacute;rminos m&aacute;s abstractos, no parte de la pregunta acerca de qu&eacute; lugar pueda tener la moralidad dentro del derecho, sino, al rev&eacute;s, qu&eacute; lugar pueda tener el derecho dentro de la moralidad. La tesis subyacente, como alega Raz (2009, pp. 188&#150;189), es que si el "Derecho no es moral nada lo es". Puede ser que un derecho dado sea moral, pero algunas de sus leyes no; por ejemplo, por prohibir el aborto irrazonablemente, motivo por el cual tendr&iacute;amos que usar los argumentos de Ortiz Mill&aacute;n para interpretar tal Derecho en forma "innovadora" (Raz 2009, pp. 299&#150;322), de tal forma que evitase la injusticia.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conclusi&oacute;n de mi an&aacute;lisis es que decididamente vale la pena conocer el libro de Ortiz Mill&aacute;n. No hacerlo significar&iacute;a perder la oportunidad de leer una contribuci&oacute;n filos&oacute;fica tan valiosa como la suya.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Brudner, A., 2007, <i>Constitutional Goods, </i>Oxford University Press, Oxford.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797230&pid=S0185-2450201000010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Burt, R., 2000, <i>Constituci&oacute;n y conflicto, </i>trad. G. Garrido, Mary Beloff y Andr&eacute;s D'Alessio, Eudeba/Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797231&pid=S0185-2450201000010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cohen, M., 2003, <i>101 dilemas &eacute;ticos, </i>trad. Borja Garc&iacute;a Bercero, Alianza, Madrid.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797232&pid=S0185-2450201000010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dworkin, R., 1994, <i>El dominio de la vida. Una discusi&oacute;n acerca del aborto, la eutanasia y la libertad individual, </i>trad. Ricardo Caracciolo y V&iacute;ctor Ferreres, Ariel, Barcelona.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797233&pid=S0185-2450201000010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1983, "What Liberalism Isn't", <i>The New York Review of Books, </i>vol. 29, no. 21&#150;22, pp. 47&#150;50. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797234&pid=S0185-2450201000010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gowans, Ch., 1987, <i>Moral Dilemmas, </i>Oxford University Press, Oxford. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797235&pid=S0185-2450201000010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Habermas, J., 2006, <i>Entre naturalismo y religi&oacute;n, </i>trad. Pere Fabra <i>et al., </i>Paid&oacute;s, Barcelona.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797236&pid=S0185-2450201000010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lariguet, G. y D. Mart&iacute;nez, 2008, <i>Els dilemes morals, </i>Universitat Oberta de Catalunya, Barcelona.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797237&pid=S0185-2450201000010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Maliandi, R., 2006, <i>&Eacute;tica: dilemas y convergencias. Cuestiones &eacute;ticas de la identidad, la globalizaci&oacute;n y la tecnolog&iacute;a, </i>Biblos, Buenos Aires.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797238&pid=S0185-2450201000010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moreso, J., 2002, "Guastini sobre la ponderaci&oacute;n", <i>Isonom&iacute;a. Revista de Teor&iacute;a y Filosof&iacute;a del Derecho, </i>no. 17, pp. 227&#150;249.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797239&pid=S0185-2450201000010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Platts, M. (comp.), 2000, <i>Dilemas &eacute;ticos, </i>Fondo de Cultura Econ&oacute;mica/Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas&#150;UNAM, M&eacute;xico. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797240&pid=S0185-2450201000010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rae, S., 1995, <i>Moral Choices. An Introduction to Ethics, </i>Zondervan, Michigan. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797241&pid=S0185-2450201000010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Raz, J., 2009, <i>Between Authority and Interpretation, </i>Oxford University Press, Oxford.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797242&pid=S0185-2450201000010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 1986, <i>The Morality of Freedom, </i>Oxford University Press, Oxford.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797243&pid=S0185-2450201000010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rowan, Jh., 1999, <i>Conflicts of Rights. Moral Theory and Social Policy Implications, </i>Westview, Boulder.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797244&pid=S0185-2450201000010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tomasini Bassols, A., 2002, "Intereses vs. moralidad: el caso del aborto", en <i>Pena capital y otros ensayos, </i>Ediciones Coyoac&aacute;n, M&eacute;xico.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797245&pid=S0185-2450201000010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tribe, L., 1992, <i>Abortion: The Clash of Absolutes, </i>W.W Norton, Nueva York.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797246&pid=S0185-2450201000010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vald&eacute;s, M., 2001, "Aborto y personas", en id. (comp.), <i>Controversias sobre el aborto, </i>Fondo de Cultura Econ&oacute;mica/Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas&#150;UNAM, M&eacute;xico, pp. 69&#150;87.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797247&pid=S0185-2450201000010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;&#150;, 2000, "Aborto y anticoncepci&oacute;n en M&eacute;xico: las actitudes y los argumentos de la Iglesia Cat&oacute;lica", en Platts 2000, pp. 53&#150;95.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797248&pid=S0185-2450201000010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wenz, P., 2007, <i>Political Philosophies in Moral Conflict, </i>McGraw Hill, Boston.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797249&pid=S0185-2450201000010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zucca, L., 2007, <i>Constitutional Dilemmas. Conflicts of Fundamental Legal Rights in Europe and USA, </i>Oxford University Press, Oxford.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797250&pid=S0185-2450201000010001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Zucca, L. y S. Cvijic, 2004, "Does European Constitution Need Christian Values?", <i>Oxford Journal of Legal Studies, </i>vol. 24, no. 4, pp. 739&#150;748.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2797251&pid=S0185-2450201000010001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1 </sup>Dicho sea de paso, el autor distingue su concepto de "persona" de aquellos que s&oacute;lo requieren pertenecer a la especie humana o compartir su c&oacute;digo gen&eacute;tico, aunque en este pasaje citado, como en otros, habla de un concepto de ser humano que no es necesariamente el mismo que de persona. Para el primero s&iacute; que podr&iacute;an bastar concepciones como las que &eacute;l descarta para pensar adecuadamente sobre el concepto de persona, motivo por el cual este pasaje podr&iacute;a tener cierta ambig&uuml;edad.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> La asignaci&oacute;n de peso al derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo est&aacute; afectada por la discusi&oacute;n previa, originalmente planteada por Jarvis Thomson, acerca de en qu&eacute; sentido el feto es o no parte de ese cuerpo o si debe considerarse como un ser relativamente aut&oacute;nomo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> La teor&iacute;a de Ortiz Mill&aacute;n, a fin de mantener su coherencia, &iquest;tendr&iacute;a que decir, por ejemplo, que abortar a los ocho meses &#151;salvo excepciones tales como que peligre la vida de la madre&#151; est&aacute; prohibido?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> La tarea de asignaci&oacute;n de pesos no estar&aacute; exenta de enfrentar problemas de vaguedad, tal como se&ntilde;alo en el cuerpo de este texto.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5 </sup>Aunque su afirmaci&oacute;n podr&iacute;a matizarse. Por ejemplo, hay autores como Brudner (2007, pp. 343&#150;353) que, empleando criterios hegelianos y no religiosos, restringen la posibilidad de aborto para mujeres casadas, fundados en un argumento previo sobre el valor de la estabilidad familiar, en una forma que Ortiz Mill&aacute;n desechar&iacute;a. Otro autor no religioso, Tomasini Bassols (2002, pp. 70&#150;73), defiende criterios para demarcar la permisi&oacute;n o prohibici&oacute;n del aborto en los que tampoco coincidir&iacute;a Ortiz Mill&aacute;n. Por ejemplo, para Tomasini, el criterio demarcatorio entre la prohibici&oacute;n y la permisi&oacute;n del aborto es la "formaci&oacute;n de sangre"; "hasta que el ser vivo no tenga sangre propia, la cuesti&oacute;n de la moralidad ni siquiera se plantea" (p. 71). Con respecto al argumento de que la mujer tiene derecho a disponer de su propio cuerpo como le plazca, este autor se&ntilde;ala que tenemos que atender al hecho de si la mujer "de <i>motu proprio </i>accedi&oacute; a tener o inclusive promovi&oacute; relaciones sexuales de manera que, por descuido o deliberadamente, qued&oacute; embarazada". Seg&uacute;n Tomasini (2002, p. 73) "la pregunta es: &iquest;no es la madre imputable de ninguna clase de responsabilidad frente al ser vivo que ella misma contribuy&oacute; a gestar, por una acci&oacute;n en la que ella libremente tom&oacute; parte?" Pienso que la respuesta del liberal no moderado ser&iacute;a negativa, pero &iquest;tambi&eacute;n lo ser&iacute;a la de Ortiz Mill&aacute;n?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> No me inmiscuyo aqu&iacute; en el delicado problema del equilibrio entre la dimensi&oacute;n moral exigida por la necesidad de innovar una ley injusta y la otra dimensi&oacute;n moral del derecho que tiende en direcci&oacute;n contraria: su "autoridad".</font></p>      ]]></body><back>
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