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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[José Alberto Ross, Dios, eternidad y movimiento]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Jos&eacute; Alberto Ross, <i>Dios, eternidad y movimiento</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>H&eacute;ctor Zagal</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>EUNSA, Pamplona, 2007, 247 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Facultad de Filosof&iacute;a. Universidad Panamericana. </i><a href="mailto:hzagal@up.edu.mx">hzagal@up.edu.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Dios, eternidad y movimiento </i>es un estudio monogr&aacute;fico sobre el tipo de causalidad del primer motor aristot&eacute;lico. Ross revisa a profundidad los pasajes clave del <i>Corpus Aristotelicum </i>y analiza la tensi&oacute;n que existe entre ambas obras a la luz de los principales comentadores antiguos y modernos. Aclarar esta disparidad conceptual entre <i>F&iacute;sica </i>VII&#150;VIII y <i>Metaf&iacute;sica </i>XII es necesario para sostener la consistencia de la propuesta aristot&eacute;lica. Revisemos el itinerario especulativo que se recorre en el libro en pos de este objetivo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El primer cap&iacute;tulo discute el problema de la eternidad del movimiento. El autor reconstruye la argumentaci&oacute;n mediante la cual Arist&oacute;teles defiende la tesis de la actualidad del movimiento y la necesidad de que existan objetos que puedan ser movidos por cada tipo de movimiento. A partir de ello, muestra la necesidad de postular un primer movimiento para explicar el origen del cambio y evitar as&iacute; la regresi&oacute;n al infinito en la cadena causal. La presentaci&oacute;n de Ross facilita comprender cu&aacute;l es el estatus ontol&oacute;gico del motor y lo movido en el mundo natural. En este contexto, resulta atinada la r&eacute;plica que se hace a la objeci&oacute;n de Fil&oacute;pono sobre la presuposici&oacute;n de las realidades susceptibles de cambio. El autor muestra la improcedencia de la distinci&oacute;n entre movimientos eternos y finitos en <i>F&iacute;sica </i>VIII 1 y la anterioridad &uacute;nicamente l&oacute;gica (y no temporal) del movimiento que se postula en dicho pasaje. Por otra parte, la discusi&oacute;n sobre la eternidad del movimiento a partir de la definici&oacute;n del tiempo arroja luz de forma significativa sobre la estrecha relaci&oacute;n entre ambas realidades. Ah&iacute; se discute por qu&eacute; la eternidad del movimiento se desprende de la definici&oacute;n del tiempo utilizada en la <i>F&iacute;sica</i>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo cap&iacute;tulo aborda el tema de la causalidad aristot&eacute;lica. El prop&oacute;sito de esta secci&oacute;n es destacar ciertos aspectos de la causalidad que ayudan a comprender la doctrina del primer motor. La noci&oacute;n de causalidad es eminentemente anal&oacute;gica. Apelar a una noci&oacute;n un&iacute;voca de causalidad, como se&ntilde;ala el autor, dificulta entender la forma en que el primer motor act&uacute;a sobre los dem&aacute;s entes. El recorrido que transita Ross en este cap&iacute;tulo es el siguiente. En primer lugar, discute sobre la mejor traducci&oacute;n del t&eacute;rmino griego <i>ait&iacute;a</i>. Esta cuesti&oacute;n es decisiva ya que Arist&oacute;teles no emplea este t&eacute;rmino en un sentido &uacute;nico. <i>Ait&iacute;a </i>se refiere, ciertamente, a la ejecuci&oacute;n de una acci&oacute;n que produce un efecto distinto. Pero el concepto designa tambi&eacute;n ciertas realidades &#151;materia, forma y fin&#151; que, si bien son causas, no son agentes productivos. El autor resalta la polisemia del t&eacute;rmino <i>ait&iacute;a. </i>Discute con cierto detalle la pertinencia de traducir dicho t&eacute;rmino como "explicaci&oacute;n" y explora los usos de tal palabra en la silog&iacute;stica y la jur&iacute;dica. Con ello muestra que <i>ait&iacute;a </i>&#151;adem&aacute;s de sus distintas resonancias ling&uuml;&iacute;sticas&#151; tiene correlatos ontol&oacute;gicos que no conviene desatender. El siguiente paso es examinar las cuatro especies de <i>ait&iacute;a </i>se&ntilde;aladas por Arist&oacute;teles. El autor apunta las peculiaridades de las causas de tipo material, formal, eficiente y final, as&iacute; como sus distintas modalidades <i>ad intra</i>.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por razones obvias, se pone especial atenci&oacute;n en el an&aacute;lisis del poder causal de la naturaleza (<i>physis</i>). Ross invoca <i>F&iacute;sica </i>II 8 para afirmar que la naturaleza de un objeto es una de las causas que act&uacute;an con arreglo a fines. La filosof&iacute;a de la naturaleza (la f&iacute;sica de los antiguos) no asume axiom&aacute;ticamente la teor&iacute;a de la cu&aacute;druple causalidad. Por el contrario, la investigaci&oacute;n de los entes naturales es la que da pie a dicha teor&iacute;a y, en particular, a la explicaci&oacute;n teleol&oacute;gica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A continuaci&oacute;n, Ross explora los argumentos aristot&eacute;licos en contra del materialismo de Emp&eacute;docles y Anax&aacute;goras. Dentro del <i>Corpus Aristotelicum</i>, el azar no es una explicaci&oacute;n suficiente pare explicar procesos regulares. Los errores en la naturaleza (una cr&iacute;a deforme, por ejemplo) no refutan el car&aacute;cter teleol&oacute;gico del mundo natural. Estas consideraciones conducen al autor a examinar el papel que desempe&ntilde;an el azar y la necesidad en el mundo natural. La estrategia del Estagirita consiste en distinguir entre la necesidad absoluta, que proviene de la materia, de la necesidad hipot&eacute;tica, mucho menos r&iacute;gida. De ah&iacute; concluye que el azar no puede dar cuenta de la eternidad del cambio. El azar es, incluso, un epifen&oacute;meno de la teleolog&iacute;a. Sin suponer una causalidad propia, el azar y la fortuna no podr&iacute;an ser siquiera postulados. &Eacute;ste es, en mi opini&oacute;n, el punto m&aacute;s interesante de todo el estudio.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el tercer cap&iacute;tulo, el autor plantea una primera reconstrucci&oacute;n de la doctrina del motor inm&oacute;vil. La discusi&oacute;n se centra en los libros VII y VIII de la <i>F&iacute;sica. </i>La lectura de Ross de tales pasajes enfatiza de nueva cuenta la imposibilidad de una regresi&oacute;n infinita en la cadena causal. Ah&iacute; apunta que los argumentos de VII 1 y VIII 5 no son reductibles entre s&iacute;. El primero rechaza la posibilidad de que un movimiento infinito tenga lugar en un tiempo finito. El segundo muestra que en las series causales infinitas no hay un agente principal que d&eacute; cuenta del movimiento de lo movido. Esta distinci&oacute;n es valiosa, pues no todos los comentadores le prestan la atenci&oacute;n suficiente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez asentadas la eternidad del movimiento y la existencia de un primer motor, Ross se&ntilde;ala cu&aacute;les habr&iacute;an de ser los atributos de este &uacute;ltimo. Por lo pronto, se descarta que el primer motor mueva por accidente, pues de ser as&iacute; podr&iacute;a dejar de mover. De igual forma, rechaza que el primer motor tenga magnitud, pues de tenerla ser&iacute;a infinita y, como Arist&oacute;teles demuestra, las magnitudes materiales infinitas y en acto no existen. Una magnitud finita tambi&eacute;n resultar&iacute;a problem&aacute;tica: algo finito no puede mover por un tiempo infinito. A partir de estas tesis, se explica por qu&eacute; forzosamente el primer motor tendr&iacute;a que ser inmaterial. El autor muestra c&oacute;mo el primer motor ser&iacute;a preponderantemente causa del movimiento de la primera esfera celeste y, de forma indirecta, ser&iacute;a causa del comportamiento de las otras esferas y de los cambios de generaci&oacute;n y corrupci&oacute;n en el mundo sublunar. Quiz&aacute; en este cap&iacute;tulo se encuentra el <i>quid </i>del libro: &iquest;qu&eacute; tipo de causa es &eacute;sta que se ejerce de manera indirecta?</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ross reconoce que, a pesar de la consistencia de la propuesta aristot&eacute;lica sobre las condiciones de posibilidad de la relaci&oacute;n causal entre el primer motor y el mundo, queda sin resolverse de manera satisfactoria la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo mueve <i>de facto </i>el primer motor a los otros cuerpos. En ese contexto, el autor revisa la pol&eacute;mica sobre si Arist&oacute;teles atribuy&oacute; una localizaci&oacute;n al primer motor, un tema controversial a todas luces, ya que el primer motor es una realidad de &iacute;ndole inmaterial. Si bien Ross ensaya varias interpretaciones para abogar por una lectura d&eacute;bil de esos pasajes, su inter&eacute;s particular no es resolver esa controversia, sino discernir si la causalidad que Arist&oacute;teles le atribuye en la <i>F&iacute;sica </i>es de &iacute;ndole eficiente. La importancia de revisar la localizaci&oacute;n del primer motor estriba, precisamente, en se&ntilde;alar el siguiente punto: si Arist&oacute;teles le atribuyera una causalidad final al primer motor ser&iacute;a irrelevante hablar de su supuesta ubicaci&oacute;n. A favor de esta postura, Ross encuentra sustento en los mismos ejemplos que utiliza Arist&oacute;teles a lo largo de los libros VII y VIII. Todo esto se a&ntilde;ade al hecho de que el argumento de VII 1 supone el contacto entre el motor y lo movido. El autor aprecia la dificultad de dar cuenta con este planteamiento de la relaci&oacute;n de causalidad entre el primer motor y lo movido, pues &iquest;c&oacute;mo se podr&iacute;a explicar que el primer motor no es afectado por el mismo movimiento que produce? En otras palabras, a partir de la descripci&oacute;n de Arist&oacute;teles, s&oacute;lo queda claro que existe una afinidad entre el primer motor y la primera esfera pero no se puede concluir nada m&aacute;s.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto cap&iacute;tulo del libro es una reconstrucci&oacute;n de la teor&iacute;a aristot&eacute;lica del primer motor basado en <i>Metaf&iacute;sica </i>XII. A partir de este libro, Ross expone las discrepancias entre las dos formulaciones de la doctrina del primer motor. Este esfuerzo exeg&eacute;tico no se propone abogar en favor de esta &uacute;ltima formulaci&oacute;n en detrimento de la doctrina de la <i>F&iacute;sica. </i>Ross intenta mostrar la continuidad en ambos planteamientos. Arist&oacute;teles intent&oacute; resolver en la <i>Metaf&iacute;sica </i>varias dificultades que se le hab&iacute;an presentado en la <i>F&iacute;sica</i>. Mediante una detallada revisi&oacute;n de las caracter&iacute;sticas que en la <i>Metaf&iacute;sica </i>se le atribuyen al primer motor &#151;entidad separada, <i>energe&iacute;a</i>, primer objeto de deseo e intelecci&oacute;n&#151;, Ross sostiene la postura de que &eacute;ste mueve como lo deseable y lo inteligible, sin ser el motor mismo movido. Al caracterizar la sustancia de esta entidad como actividad perfecta, Ross discute la actividad del pensamiento que versa sobre s&iacute; mismo como caracter&iacute;stica del primer motor. A partir de ello examina la relaci&oacute;n entre el primer motor y el primer cielo y describe la actividad del primero como algo amable o deseable para el alma del segundo, lo cual da pie a una imitaci&oacute;n que consiste en una traslaci&oacute;n circular y eterna. De la propia naturaleza de la actividad del primer motor infiere que el movimiento m&aacute;s perfecto ser&iacute;a de naturaleza circular.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ross juzga con suficientes motivos que esta interpretaci&oacute;n tradicional del primer motor aristot&eacute;lico es la m&aacute;s consistente y explicativa. No obstante, revisa minuciosamente las objeciones que dicha interpretaci&oacute;n ha recibido y examina el estado de la discusi&oacute;n entre los expertos. El autor destaca fuertes cr&iacute;ticas tales como que en <i>Metaf&iacute;sica </i>XII Arist&oacute;teles jam&aacute;s habla de imitaci&oacute;n en su estudio del primer motor. Revisa, adem&aacute;s, la acusaci&oacute;n seg&uacute;n la cual esta interpretaci&oacute;n atribuye al primer motor el estatus de ideal que imitar para el primer cielo, que no necesariamente deber&iacute;a existir. Otras objeciones contra la lectura defendida por el autor, como &eacute;l mismo se&ntilde;ala, es introducir una causalidad ejemplar &#151;considerada como ileg&iacute;tima dentro de la ortodoxia de la filosof&iacute;a aristot&eacute;lica&#151; y multiplicar los objetos de deseo en el texto examinado. Se alude tambi&eacute;n al car&aacute;cter supuestamente cuestionable de la imitaci&oacute;n circular y a los pasajes que parecer&iacute;an atribuirle una causalidad eficiente al primer motor.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ross responde sistem&aacute;ticamente a cada una de estas objeciones, atendiendo tanto a la coherencia de las mismas como a las contrapropuestas sugeridas por los comentaristas. En primer lugar, el autor sostiene que, si bien Arist&oacute;teles no afirma expl&iacute;citamente en la <i>Metaf&iacute;sica </i>XII que el primer cielo "imite" al primer motor, no deja de ser cierto que en otros pasajes del <i>Corpus </i>este tipo de explicaci&oacute;n es considerado leg&iacute;timo. Ross cita <i>De Anima </i>II 4 y De <i>Generatione et corruptione </i>II 4 para sostener que se puede establecer una relaci&oacute;n teleol&oacute;gica entre dos realidades en t&eacute;rminos de imitaci&oacute;n. Aplicado esto a la relaci&oacute;n entre lo inmaterial y lo material, se explicar&iacute;a por qu&eacute; el movimiento circular del primer cielo se da en virtud de una semejanza con la actividad perfecta del primer motor. Ross sostiene, adem&aacute;s, que la doble atribuci&oacute;n de deseos al primer cielo es improcedente. En realidad, lo que la interpretaci&oacute;n tradicional sugiere es que Arist&oacute;teles se refiere a dos planos de la teleolog&iacute;a presentes en todos los procesos de la naturaleza: la causalidad externa e interna. El autor advierte que una noci&oacute;n del primer motor como mero ideal es insostenible. Si as&iacute; fuera, &eacute;ste podr&iacute;a dejar de mover si el alma del primer cielo lo dejase de contemplar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, se&ntilde;ala que la objeci&oacute;n de Teofrasto a favor de otras formas de imitaci&oacute;n no est&aacute; dirigida contra la interpretaci&oacute;n tradicional del texto, sino en contra de la propia teor&iacute;a aristot&eacute;lica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, Ross apunta que las propuestas alternativas de los cr&iacute;ticos no son fieles a la misma doctrina aristot&eacute;lica. Con relaci&oacute;n a la interpretaci&oacute;n seg&uacute;n la cual el primer motor ser&iacute;a una causa eficiente remota, Ross advierte que "los modos causales son divisiones que se dan dentro de una misma especie de causa, de manera que no se puede articular una serie causal con principios explicativos de distinta especie y, despu&eacute;s, introducir un criterio de anterioridad o posterioridad". De forma an&aacute;loga, la postura seg&uacute;n la cual el primer motor se identifica con el alma del primer cielo se muestra problem&aacute;tica, toda vez que tanto en <i>F&iacute;sica </i>VIII como en <i>Metaf&iacute;sica </i>VII Arist&oacute;teles se&ntilde;ala que el primer motor es separado y sin mezcla. Tal interpretaci&oacute;n, seg&uacute;n nos dice Ross, tampoco podr&iacute;a garantizar la eternidad del movimiento, ya que, en &uacute;ltima instancia, se le atribuir&iacute;a cierto movimiento accidental al primer motor. La identificaci&oacute;n del primer motor con las formas sustanciales es tambi&eacute;n improcedente. Seg&uacute;n la caracterizaci&oacute;n aristot&eacute;lica, el primer motor s&oacute;lo es responsable del movimiento circular del primer cielo, no de la generaci&oacute;n y la corrupci&oacute;n del mundo sublunar. Esta identificaci&oacute;n ser&iacute;a conflictiva de cara a la explicaci&oacute;n aristot&eacute;lica de por qu&eacute; la totalidad de almas no puede dar raz&oacute;n del movimiento continuo y eterno.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las conclusiones, el autor pondera la relaci&oacute;n entre los dos tipos de causalidad atribuidos al primer motor: la eficiente y la final. Ross, de nueva cuenta, se&ntilde;ala las afinidades argumentativas de las dos exposiciones del Estagirita y sostiene que varios elementos de la filosof&iacute;a natural de Arist&oacute;teles se siguen tomando como v&aacute;lidos en la <i>Metaf&iacute;sica. </i>Sin embargo, queda claro tambi&eacute;n que atribuirle una causa eficiente al primer motor es sumamente problem&aacute;tico. El autor ensaya una posible compaginaci&oacute;n de ambas causalidades en el primer motor, tal como lo sugiere Arist&oacute;teles en distintos pasajes de su obra; por ejemplo, <i>F&iacute;sica II 7 y De anima </i>II 4. Se advierte, con acierto, que si bien en esos casos la causalidad eficiente y la final son compatibles, ambas terminan por explicar distintos &oacute;rdenes de realidades, lo cual no ocurre con el primer motor. No hay que perder de vista que el primer motor sirve para explicar la eternidad del movimiento. De ah&iacute;, dice Ross, que la explicaci&oacute;n de la doctrina del primer motor presente en la <i>Metaf&iacute;sica </i>es la m&aacute;s acabada. Ello no significa que implique un rechazo taxativo a la <i>F&iacute;sica, </i>de la cual asume importantes tesis.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En resumen, se trata de un libro que con gran lucidez revisa la argumentaci&oacute;n de Arist&oacute;teles en torno a temas medulares de su filosof&iacute;a. El autor se apoya de manera notable en los comentaristas antiguos y modernos y toma una postura s&oacute;lida y fundamentada dentro de la discusi&oacute;n. Por supuesto, como Ross mismo reconoce, es il&oacute;gico examinar estas cuestiones con la intenci&oacute;n de validar en su totalidad un sistema cosmol&oacute;gico incompatible con los adelantos de la ciencia. Sin embargo, es igualmente improcedente descalificar las propuestas aristot&eacute;licas como algo completamente caduco. La discusi&oacute;n de Arist&oacute;teles en torno a la causalidad, por mencionar s&oacute;lo un tema, es uno de los temas que a&uacute;n puede arrojar luz de manera importante sobre las investigaciones de filosof&iacute;a de la ciencia y de la naturaleza. Me parece que una de las virtudes t&aacute;citas del libro de Ross es contribuir a delinear un marco apropiado para valorar la vigencia filos&oacute;fica de la postura aristot&eacute;lica de cara a nuestra comprensi&oacute;n metaf&iacute;sica y natural del mundo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata, en definitiva, de un texto valioso que contribuye a consolidar los estudios de filosof&iacute;a antigua en espa&ntilde;ol.</font></p>      ]]></body>
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