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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>H&eacute;ctor Zagal (ed.), <i>T&oacute;picos </i>y Marcelo Boeri (ed. invitado) <i>T&oacute;picos</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Ricardo Salles*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b><i>Revista de Filosof&iacute;a, </i>no. 30 (2006) y <i>Revista de Filosof&iacute;a, </i>no. 30 bis (2006).</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Instituto de Investigaciones Filos&oacute;ficas, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. </i><a href="mailto:rsalles@servidor.unam.mx">rsalles@servidor.unam.mx</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con este n&uacute;mero 30, acompa&ntilde;ado del n&uacute;mero monogr&aacute;fico 30 bis, <i>T&oacute;picos </i>celebra quince a&ntilde;os de existencia. Es una ocasi&oacute;n digna de celebrarse porque se trata, sin duda, de una de las revistas de filosof&iacute;a m&aacute;s importantes en lengua hispana. Lo primero que salta a la vista, despu&eacute;s de una comparaci&oacute;n inicial entre estos dos n&uacute;meros y los primeros de la revista, son cambios formales notorios. El dise&ntilde;o de la portada es nuevo y m&aacute;s elegante; la caja de la p&aacute;gina cambi&oacute;, ahora se parece m&aacute;s a la de un libro y le da un aspecto m&aacute;s profesional. Asimismo, la tipograf&iacute;a est&aacute; mucho m&aacute;s cuidada. Por s&iacute; solo, este hecho torna m&aacute;s agradable la lectura de la revista. Todos estos cambios son positivos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tambi&eacute;n son positivos, por supuesto, los cambios de fondo, los cuales son numerosos y sustantivos. El &iacute;ndice general de la revista (pp. 249&#150;271 del n&uacute;mero 30) es prueba de que <i>T&oacute;picos </i>se ha convertido, seg&uacute;n lo apunt&eacute; al principio, en una de las mejores revistas de filosof&iacute;a de Iberoam&eacute;rica. Uno de sus rasgos constantes ha sido la calidad individual de sus art&iacute;culos. Se puede apreciar en cada n&uacute;mero que, como debe ser, el proceso de dictamen por el que atravesaron fue estricto. Se busc&oacute;, en todos los casos, la claridad expositiva y la precisi&oacute;n conceptual. Se trata, pues, en su mayor&iacute;a, de textos que sirven de modelos de trabajo acad&eacute;mico de investigaci&oacute;n. Otro rasgo positivo y constante de <i>T&oacute;picos </i>complementa al anterior; se trata de la alta calidad del trabajo editorial, a cargo de H&eacute;ctor Zagal. Para que una revista acad&eacute;mica sea buena, no basta que publique buenos art&iacute;culos; es necesario, adem&aacute;s, que el editor sepa combinarlos entre s&iacute; para armar cada n&uacute;mero. Los n&uacute;meros no monogr&aacute;ficos de la revista, que son la mayor&iacute;a, revelan, en este sentido, una labor editorial ejemplar. En ellos se nota un equilibrio frecuente entre el n&uacute;mero de autores que ya ocupan un lugar destacado en su especialidad y el de autores m&aacute;s j&oacute;venes, pero no por ello menos valiosos. Esta muy sana heterogeneidad se manifiesta asimismo en el plano tem&aacute;tico y metodol&oacute;gico. Los trabajos rara vez provienen todos de una misma tradici&oacute;n, l&iacute;nea o escuela. Esto, claro, va de la mano con el car&aacute;cter internacional de <i>T&oacute;picos. </i>Este rasgo se ha venido acentuando con los a&ntilde;os, lo cual a mi modo de ver es algo bueno, pues en la actualidad las mejores ideas filos&oacute;ficas circulan internacionalmente. Suelen ser intelectualmente muy pobres aquellas comunidades filos&oacute;ficas que en t&eacute;rminos geogr&aacute;ficos se encierran sobre s&iacute; mismas, sin ni siquiera desear enterarse de lo que se investiga en otros pa&iacute;ses o lugares. Es evidente que &eacute;ste no es el caso de <i>T&oacute;picos </i>y un buen ejemplo de ello son los dos n&uacute;meros a los que se refiere esta rese&ntilde;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sobre los n&uacute;meros monogr&aacute;ficos que ha publicado <i>T&oacute;picos, </i>quiero observar que, cuando su edici&oacute;n ha reca&iacute;do sobre el propio Zagal, el resultado ha sido bueno. Sin embargo, al menos parte del m&eacute;rito tambi&eacute;n es suyo cuando ha dejado la labor editorial en manos de un editor invitado; siempre ha sabido escoger a la persona adecuada y una indiscutible muestra de ello es justamente el n&uacute;mero 30 bis, editado por Marcelo Boeri y dedicado a la <i>F&iacute;sica </i>de Arist&oacute;teles.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A mi juicio es una l&aacute;stima que, por presiones de las fuentes de financiamiento con que se puede contar en este pa&iacute;s, las revistas acad&eacute;micas mexicanas en general, no s&oacute;lo <i>T&oacute;picos, </i>se vean pr&aacute;cticamente obligadas a no publicar n&uacute;meros monogr&aacute;ficos o, en todo caso, a disfrazarlos de n&uacute;meros no monogr&aacute;ficos. Es una l&aacute;stima porque los n&uacute;meros monogr&aacute;ficos suelen marcar hitos en la historia de una revista. Pi&eacute;nsese, por ejemplo, en la prestigiosa revista <i>Mind, </i>que en 2005 dedic&oacute; su n&uacute;mero 456 a celebrar los cien a&ntilde;os de "On Denoting" de Bertrand Russell. Se trata del art&iacute;culo famoso en que Russell presenta su teor&iacute;a de las descripciones. Es una de las teor&iacute;as clave de la filosof&iacute;a del lenguaje del siglo XX. Nadie en su sano juicio se atraver&iacute;a a decir que, por ser monogr&aacute;fico, hubiera sido mejor que <i>Mind </i>no dedicara el n&uacute;mero 456 a celebrar el art&iacute;culo de Russell. Espero que, a pesar de esta limitaci&oacute;n que ha sido impuesta a las revistas acad&eacute;micas mexicanas, <i>T&oacute;picos </i>siga publicando n&uacute;meros monogr&aacute;ficos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tengo comentarios de detalle sobre el contenido de ambos n&uacute;meros. Empezar&eacute; con el 30. Algunos de sus art&iacute;culos son versiones revisadas de ponencias que se dictaron en el Coloquio Internacional "Verdad y Praxis", celebrado en septiembre de 2005 en la Universidad Panamericana. De los seis art&iacute;culos, cinco se restringen al estudio de un tema en un autor particular. El primero, de Gil Mart&iacute;n, versa sobre Habermas; el segundo, de Alejandro Llano, sobre Arist&oacute;teles; el tercero, de Ord&oacute;&ntilde;ez D&iacute;az, sobre Anaximandro; el quinto, de Alejandro Vigo, sobre Gadamer, y el sexto, de Franco Volpi, sobre Wittgenstein y Heidegger. En lo que sigue, me centrar&eacute; en este &uacute;ltimo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Volpi &#151;"La maravilla de las maravillas: que el ente es"&#151; es impactante. Adem&aacute;s de satisfacer est&aacute;ndares muy altos de claridad expositiva y de minucia en la investigaci&oacute;n de fuentes, arroja luz sobre un aspecto conocido, pero poco ventilado, de Wittgenstein. Se trata de la cercan&iacute;a que el propio Wittgenstein percibi&oacute; entre la m&iacute;stica de su &eacute;tica y la m&iacute;stica del existencialismo de Heidegger. Es bien sabido que, para el Wittgenstein de la <i>Conferencia sobre la &eacute;tica </i>y del <i>Tractatus, </i>los enunciados &eacute;ticos, metaf&iacute;sicos y religiosos pretenden expresar lo inexpresable y, por ello, son sinsentidos que "arremeten contra los l&iacute;mites del lenguaje". Sin embargo, lejos de intentar erradicar del discurso humano este uso sinsentido del lenguaje, Wittgenstein le reconoce un lugar ineliminable y valioso en nuestras vidas. Seg&uacute;n &eacute;l: "&#91;l&#93;o que dice la &eacute;tica no a&ntilde;ade nada, en ning&uacute;n sentido, a nuestro conocimiento. Pero es un testimonio de una tendencia del esp&iacute;ritu humano que yo personalmente no puedo sino respetar profundamente y que por nada del mundo ridiculizar&iacute;a".<sup><a href="#notas">1</a></sup> Pues bien, la semejanza que el propio Wittgenstein habr&iacute;a percibido entre esta teor&iacute;a suya y el existencialismo de Heidegger estriba en la tesis que &eacute;ste desarrolla de que es imposible articular discursivamente el sentido del mundo en su totalidad, el cual s&oacute;lo puede expresarse emocionalmente mediante el sentimiento de angustia. Wittgenstein, seg&uacute;n se&ntilde;ala Volpi (pp. 213&#150;214), se refiere de manera expl&iacute;cita a esta semejanza en una conversaci&oacute;n que tuvo con Moritz Schlick en 1929, recogida por escrito por Friedrich Waissman. Pero, como tambi&eacute;n lo recuerda Volpi, los albaceas de Wittgenstein eliminaron esta referencia al nombre de Heidegger en la primera edici&oacute;n del texto de Waissman, que s&oacute;lo se public&oacute; tard&iacute;amente, en 1965, en el n&uacute;mero 74 de la revista <i>Philosophical Review. </i>En otras palabras, los albaceas de Wittgenstein intentaron manipular su obra para que &eacute;sta se ajustara mejor a los prejuicios que ellos mismos ten&iacute;an contra Heidegger. Ahora bien, nada de esto es realmente nuevo y la originalidad del art&iacute;culo de Volpi no radica en mencionar estos hechos, sino estriba, m&aacute;s bien, en el esp&iacute;ritu con que fue escrito. Uno de sus principales prop&oacute;sitos es denunciar el sectarismo filos&oacute;fico a trav&eacute;s de argumentos minuciosos y del estudio bien documentado de un caso particular: un incidente ocurrido, en 1965, en el propio seno de la filosof&iacute;a anal&iacute;tica. Por esta raz&oacute;n, textos como el de Volpi son muy valiosos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pasemos ahora al n&uacute;mero 30 bis, una excelente monograf&iacute;a sobre la <i>F&iacute;sica </i>de Arist&oacute;teles. El editor invitado, Marcelo Boeri, gran conocedor de esta obra, es el autor de varios trabajos anteriores sobre ella y, en particular, de traducciones anotadas de sus libros I, II, VII y VIII.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Este conocimiento especializado de la <i>F&iacute;sica </i>le permiti&oacute; elegir para este n&uacute;mero monogr&aacute;fico de <i>T&oacute;picos </i>un equipo de colaboradores de primera categor&iacute;a en el mundo de habla hispana.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El n&uacute;mero empieza con una presentaci&oacute;n breve pero sustantiva de su contenido, la cual nos ayuda a situar este n&uacute;mero monogr&aacute;fico dentro de los estudios aristot&eacute;licos contempor&aacute;neos sobre la <i>F&iacute;sica. </i>Quisiera citar las palabras del propio Boeri:</font></p>     <blockquote>       <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como resultar&aacute; obvio para cualquier lector atento, este volumen no pretende ser exhaustivo: dado el alt&iacute;simo grado de especializaci&oacute;n a que ha llegado la investigaci&oacute;n aristot&eacute;lica de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, ser&iacute;a dif&iacute;cilmente posible pretender abarcar la totalidad de los temas de la <i>F&iacute;sica </i>en un solo volumen. Sin embargo, creo que este n&uacute;mero de <i>T&oacute;picos </i>presenta un tratamiento m&aacute;s o menos detallado de los temas que discute cada art&iacute;culo, y que los temas son lo suficientemente abarcadores como para dar una idea de algunos de los t&oacute;picos clave de la f&iacute;sica aristot&eacute;lica. (p. 14)</font></p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los temas de los trabajos ocupan, en efecto, lugares clave dentro de la <i>F&iacute;sica. </i>El de Paloma Ba&ntilde;o y el de Alejandro Vigo abordan el problema del tiempo en su relaci&oacute;n con el cambio. Los art&iacute;culos de Fabi&aacute;n Mi&eacute; y del propio Marcelo Boeri versan sobre la naturaleza del cambio y la aparente paradoja que conlleva su explicaci&oacute;n: para que tenga sentido afirmar que algo cambia es preciso que haya en &eacute;l algo que no cambia. Explicar el cambio es el desider&aacute;tum principal de teor&iacute;as aristot&eacute;licas tan fundamentales como la del acto y la potencia, la cual es tratada por Jorge Mittelman. Para concluir, me referir&eacute; un poco m&aacute;s largamente a los trabajos de Alberto Ross y Gabriela Rossi.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ross y Rossi estudian el alcance de la teleolog&iacute;a aristot&eacute;lica, y en ambos art&iacute;culos se aborda el tema ya cl&aacute;sico de cu&aacute;l es, dada la teleolog&iacute;a, el lugar que ocupa el azar dentro del mundo sublunar. En ambos casos se nos recuerda que, para Arist&oacute;teles, son azarosos aquellos sucesos que, no siendo la finalidad de nada, s&oacute;lo pueden darse en el marco de procesos que tienen una finalidad. Pensemos en el hombre que va al &aacute;gora y encuentra a su deudor. Seg&uacute;n la conocida versi&oacute;n del libro II de la <i>F&iacute;sica </i>esto fue una coincidencia, porque el hombre no fue al &aacute;gora <i>para </i>buscar al deudor, sino por otro motivo. Si hubiera ido con ese fin en mente, el encuentro no hubiera sido, por s&iacute; solo, una coincidencia. Por lo tanto, esto establece una condici&oacute;n necesaria para que un suceso sea azaroso: si es azaroso, no puede ser parte de la finalidad por la cual se realiz&oacute; el suceso que lo caus&oacute;. Pero en el cap&iacute;tulo 4 del libro II y, sobre todo, en el cap&iacute;tulo 9 de ese libro, Arist&oacute;teles tambi&eacute;n sugiere una segunda condici&oacute;n, a saber: los sucesos azarosos, a pesar de carecer ellos mismos de una finalidad, ocurren necesariamente en el marco de sucesos m&aacute;s amplios que s&iacute; est&aacute;n dotados de finalidad. Regresando al ejemplo anterior, si el deudor no hubiera ido al &aacute;gora por alg&uacute;n motivo no habr&iacute;a encontrado a su deudor. Esto es, no habr&iacute;a ocurrido el suceso azaroso en que consiste el encuentro. En general, el azar presupone la teleolog&iacute;a: en un mundo donde no hubiera fines que explican por qu&eacute; suceden ciertas cosas, tampoco habr&iacute;a sucesos azarosos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con ello, Arist&oacute;teles reduce hasta cierto punto el azar a la teleolog&iacute;a. No obstante, pese a ser reduccionista, la tesis de Arist&oacute;teles es sumamente d&eacute;bil, y esto es algo que ni Ross ni Rossi parecen recalcar. La tesis de que no habr&iacute;a sucesos azarosos en un mundo sin fines no es, en s&iacute; misma, un paso significativo en la demostraci&oacute;n de que el mundo natural en su conjunto est&aacute; regido por la teleolog&iacute;a. La raz&oacute;n es que esta tesis no implica, por s&iacute; sola, que la mayor parte de los sucesos que ocurren en el mundo tengan una finalidad. Lo &uacute;nico que implica es que, si hay sucesos azarosos, existe al menos <i>un </i>suceso dotado de finalidad. Pero ese suceso puede ser &uacute;nico. Por ejemplo, un f&iacute;sico antiguo podr&iacute;a sostener que el agua del mar se evapora para alimentar al sol, pero que todos los dem&aacute;s sucesos que ocurren en el mundo sublunar carecen de finalidad porque son meros efectos concomitantes de ese proceso b&aacute;sico. &Eacute;sta es una teor&iacute;a reduccionista, como la de Arist&oacute;teles, pero, a diferencia de la de &eacute;l, teleol&oacute;gicamente muy pobre. Para establecer que el mundo natural en su conjunto, o en gran parte, obedece a fines &#151;lo cual se identifica con lo que Arist&oacute;teles quiere defender&#151; se necesitan otros argumentos complementarios. Por lo tanto, su teor&iacute;a reduccionista del azar no es, ni puede ser, una parte fundamental de esa argumentaci&oacute;n teleol&oacute;gica. En el n&uacute;mero 30 bis de <i>T&oacute;picos </i>se tratan varios temas que, como &eacute;ste, son materia de discusi&oacute;n, tanto filos&oacute;fica como filol&oacute;gica. Pero, justamente, no hay nada m&aacute;s gratificante para un estudioso de la filosof&iacute;a antigua que la lectura de interpretaciones que estimulan la imaginaci&oacute;n y la pol&eacute;mica. En consecuencia, me permito felicitar de nuevo a H&eacute;ctor Zagal y a Marcelo Boeri por su trabajo editorial en este n&uacute;mero de <i>T&oacute;picos.</i></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Notas</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> "Lecture on Ethics", <i>Philosophical Review, </i>vol. 34 (1965), p. 12, traducci&oacute;n de Volpi, citado en la p. 224 de su art&iacute;culo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2780124&pid=S0185-2450200800020001300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup><i> Arist&oacute;teles, F&iacute;sica. Libros </i>I&#150;II, trad., introd. y notas de Marcelo Boeri, Editorial Biblos, Buenos Aires, 1993, <i>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2780125&pid=S0185-2450200800020001300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->y Arist&oacute;teles, F&iacute;sica. Libros </i>I&#150;II, trad., introd. y notas de Marcelo Boeri, Editorial Biblos, Buenos Aires, 2003.</font></p>      ]]></body><back>
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