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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Dominique Lecourt, Georges Canguilhem]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as bibliogr&aacute;ficas</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Dominique Lecourt,  <i>Georges Canguilhem</i></b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Lizbeth Sagols* </b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Presses Universitaires de France, Par&iacute;s, 2008, 125 pp. (Col. <i>Que sais&#150;je).</i></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>*Facultad de Filosof&iacute;a y Letras, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. </i><a href="mailto:lsagols@hotmail.com">lsagols@hotmail.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Georges Canguilhem (1904&#150;1995) es conocido como fil&oacute;sofo e historiador de la ciencia. Ciertamente, elabor&oacute; una filosof&iacute;a de la biolog&iacute;a y la medicina y se ocup&oacute; del estatus y los objetivos que ha de tener la ciencia. No obstante, la empresa de Dominique Lecourt en su &uacute;ltimo libro, <i>Georges Canguilhem, </i>es mostrar que este fil&oacute;sofo remodela (junto con Bachelard y Foucault) la filosof&iacute;a de la ciencia positivista al grado de hacerla inseparable de la teor&iacute;a de la vida y del sujeto. A la vez, a Lecourt le interesa exponer el car&aacute;cter &eacute;tico&#150;pol&iacute;tico de la vida y la obra de Canguilhem; car&aacute;cter heredado en gran medida de su maestro Alain y que resulta decisivo para entender la influencia de Canguilhem en el &aacute;mbito franc&eacute;s y m&aacute;s all&aacute; de &eacute;l.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, Dominique Lecourt nos ofrece, a trav&eacute;s de cinco cap&iacute;tulos ("I. La juventud rebelde de un fil&oacute;sofo intransigente"; "II. Una filosof&iacute;a de la medicina"; "III. &iquest;Una epistemolog&iacute;a hist&oacute;rica?"; IV "Filosof&iacute;a"; y V "Ense&ntilde;ar la filosof&iacute;a") una verdadera "biograf&iacute;a de las ideas", en la que se entrelazan los hechos hist&oacute;ricos y biogr&aacute;ficos con la genealog&iacute;a de las ideas capitales. Las ideas y la publicaci&oacute;n de las obras se despliegan en una ambientaci&oacute;n que hace inteligible su g&eacute;nesis y desarrollo, y los datos son enriquecidos e iluminados por el devenir intelectual del fil&oacute;sofo. Se trata, en fin, de un libro expositivo, pero que tiene la gran virtud de resaltar tanto el valor te&oacute;rico de Canguilhem como su valor para la &eacute;tica y la docencia de la filosof&iacute;a.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En "La juventud rebelde de un fil&oacute;sofo intransigente", Lecourt destaca c&oacute;mo las propuestas &eacute;ticas y pol&iacute;ticas de Alain hicieron de Canguilhem un pacifista que, desde 1930, se opuso a los nacionalismos. Pensaba que, a pesar de que siempre habr&aacute; conflictos y guerras, era necesario tratar de evitar la Segunda Guerra Mundial y que para ello era indispensable denunciar toda tentaci&oacute;n de imponer desde fuera, a un hombre o a un grupo, la renuncia a su derecho de humanidad: a su deber de hacer existir la humanidad contra los obst&aacute;culos de la naturaleza, los accidentes de la necesidad, el abatimiento y la brutalidad (p. 22). Desde luego, con esta manera de pensar, Canguilhem no pudo m&aacute;s que aliarse, en 1940, a la resistencia. Pese a ver c&oacute;mo mor&iacute;an muchos de sus colegas y amigos, se mantuvo firme hasta el final. Ello ha hecho que, en numerosos relatos sobre la resistencia, este fil&oacute;sofo sea conocido como "h&eacute;roe".</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s, Lecourt expone c&oacute;mo, siendo ya profesor de filosof&iacute;a, Canguilhem realiza sus estudios de medicina por razones filos&oacute;ficas y no m&eacute;dicas. Buscaba abandonar la mera abstracci&oacute;n y tener contacto con lo concreto, pero de una manera muy singular: en primer lugar, no pretend&iacute;a conocer las enfermedades mentales, sino los problemas que ata&ntilde;en a la realidad biol&oacute;gica del hombre, ese ser viviente en el que aparece la enfermedad y la amenaza de muerte, y en segundo, tampoco ten&iacute;a la idea de que al estudiar medicina conocer&iacute;a una profesi&oacute;n cient&iacute;fica. Parad&oacute;jicamente, nos dice Lecourt, Canguilhem no ten&iacute;a, en un principio, afanes epistemol&oacute;gicos respecto a la medicina; quer&iacute;a adquirir claridad sobre la t&eacute;cnica, o m&aacute;s bien el arte m&eacute;dico, el cual no se deja reducir al puro y simple conocimiento, sino que desaf&iacute;a los c&aacute;nones epistemol&oacute;gicos, ya que no subordina su pr&aacute;ctica a la simplificaci&oacute;n te&oacute;rica de las diversas ciencias que intervienen en ella. Para Canguilhem, lo decisivo en la medicina es que, aunque se apoya en conocimientos cient&iacute;ficos, los traspasa en la toma de decisiones, y en &eacute;sta intervienen la subjetividad y el criterio prudente del m&eacute;dico en relaci&oacute;n con el estado de desamparo del enfermo (p. 33). La consideraci&oacute;n hacia el sujeto enfermo cambia el panorama del m&eacute;dico a la hora de aplicar los conocimientos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta forma, Canguilhem se convierte en un fil&oacute;sofo de la medicina cuya profundidad de an&aacute;lisis lo lleva &#151;nos dice Lecourt&#151; a elaborar una filosof&iacute;a de la vida. El punto de partida es la visi&oacute;n cr&iacute;tica de <i>Lo normaly lo patol&oacute;gico </i>(tesis con la que el fil&oacute;sofo franc&eacute;s obtiene el grado de m&eacute;dico y que lleg&oacute; a ser quiz&aacute; su libro m&aacute;s importante). La filosof&iacute;a de la medicina contenida en este texto se centra en una defensa de la idea de individuo frente a las pretensiones homogeneizantes de la fisiolog&iacute;a y la patolog&iacute;a de Pasteur. Mientras estas &uacute;ltimas piensan que la enfermedad viene de afuera y altera el equilibrio interno del cuerpo, equilibrio que se caracteriza por ciertas cantidades de elementos qu&iacute;micos y moleculares medibles a trav&eacute;s de pruebas de laboratorio, Canguilhem (igual que Hip&oacute;crates) considera que la enfermedad viene del interior del organismo, pues consiste en el estado en que el individuo ya no puede establecer sus propias normas en la relaci&oacute;n con el medio ambiente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estado de salud no es algo que quepa en la "curva de la campana" estad&iacute;stica, no es igual en todos los individuos; por el contrario, es un <i>valor, </i>algo construido desde la conciencia del individuo en interacci&oacute;n con el medio y esa construcci&oacute;n no consiste en apegarse a lo normal en tanto promedio, sino en poder generar sus propias normas en interacci&oacute;n indisoluble con el medio ambiente. Hay, entonces, tantas modalidades de lo normal como individuos, y lo anormal o patol&oacute;gico no es simplemente un exceso o defecto en las cantidades de elementos qu&iacute;micos del cuerpo, sino el estado en que el individuo ya no funciona de acuerdo con sus normas y valores. En particular, el enfermo pierde el valor supremo de la salud que, para Canguilhem, consiste en la aprobaci&oacute;n consciente de una capacidad de sobrepasar las capacidades iniciales (p. 44); y si se pierde esto, viene un desarreglo en todos los otros valores sobre el yo y sobre el mundo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En consonancia con lo anterior, Canguilhem establece un nuevo paradigma de la atenci&oacute;n m&eacute;dica seg&uacute;n el cual el m&eacute;dico no ha de estar subyugado por criterios epistemol&oacute;gicos, sino que tendr&aacute; que partir de la conciencia del enfermo sobre su enfermedad, conciencia que se manifiesta en la llamada al m&eacute;dico. Deben privar la conciencia sobre la ciencia (p. 49) y el encuentro m&eacute;dico&#150;enfermo sobre las pruebas de laboratorio. Por tanto, la curaci&oacute;n no es un retorno o una recuperaci&oacute;n de lo natural, es un evento entre el enfermo y el m&eacute;dico en el que la naturaleza desempe&ntilde;a un papel ambiguo: impone algo, pero a la vez est&aacute; comandada por la conciencia del paciente. Lo decisivo es que en las nuevas condiciones se pueda aceptar una vida que tenga ante sus propios ojos suficiente calidad para ser vivida. Y es que si el individuo y la subjetividad est&aacute;n en el centro, la curaci&oacute;n no puede ser algo objetivo ni total; estriba m&aacute;s bien en la apreciaci&oacute;n subjetiva del sujeto.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con respecto a la epistemolog&iacute;a hist&oacute;rica de Canguilhem, Lecourt resalta c&oacute;mo &eacute;sta no se funda ya en la identificaci&oacute;n (propuesta por Compte) de la filosof&iacute;a de la ciencia con la historia de la ciencia, sino en un estudio del desarrollo hist&oacute;rico del esp&iacute;ritu humano. No es pues s&oacute;lo la ciencia lo que importa; es preciso considerar el todo de la cultura, en especial, las lecciones psicol&oacute;gicas y pedag&oacute;gicas del conocimiento objetivo: de la teor&iacute;a f&iacute;sica de la relatividad y la mec&aacute;nica ondulatoria. Tal psicoan&aacute;lisis demuestra, como tambi&eacute;n lo dice Bachelard, que hay un primado del error sobre la verdad, que no debe concederse verdad absoluta a las intuiciones especulativas y que comprendemos lo real en la medida en que lo organizamos. Resulta imposible, entonces, ver la ciencia como algo verdadero y que se sostiene por s&iacute; mismo, m&aacute;s bien hay que verla en su &iacute;ntima relaci&oacute;n con lo social. En <i>La formaci&oacute;n del concepto de reflejo en los siglos XX y XVIII </i>Canguilhem demuestra que la famosa teor&iacute;a cartesiana del reflejo mec&aacute;nico como rector de los movimientos del cuerpo es de hecho una ideolog&iacute;a social que se traslada a la ciencia y, desde &eacute;sta, vuelve a reforzar las tendencias sociales. En su opini&oacute;n, ello se muestra con claridad en la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea, la cual confiere a la rapidez y el automatismo de las reacciones motrices el doble valor de utilidad y de rendimiento en el trabajo de los obreros. La teor&iacute;a del reflejo sigue viva porque con ella se trata de sostener un tipo de vida automatizada, una vida que niega el sentido y que es sufrida por los obreros como tir&aacute;nica.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para salir del c&iacute;rculo establecido en la teor&iacute;a del reflejo, la epistemolog&iacute;a de Canguilhem propone la primac&iacute;a de lo vital y los valores sobre lo mec&aacute;nico. El mecanicismo proviene, para &eacute;l, de la intenci&oacute;n de dominar la naturaleza y al propio hombre, pero m&aacute;s all&aacute; de &eacute;l est&aacute; la vida misma. La ciencia no debe considerarse desde la perspectiva del poder, sino &#151;como dec&iacute;a Nietzsche&#151; tiene que ser vista con la &oacute;ptica de la vida y del arte (p. 71). En vez de partir de la teor&iacute;a del reflejo, ser&aacute; necesario partir de un an&aacute;lisis del trabajador como individuo social, partir tambi&eacute;n de la producci&oacute;n real y de los avances y problemas de la tecnolog&iacute;a para, desde ah&iacute;, hacer teor&iacute;a. La ciencia tiene que responder a la pr&aacute;ctica concreta.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo anterior se relaciona, desde luego, con una concepci&oacute;n general de la filosof&iacute;a. Para Canguilhem, en una construcci&oacute;n filos&oacute;fica lo importante no es &#151;como en la ciencia&#151; la verdad o la falsedad, sino los valores que sostiene, pues el punto de partida de todo filosofar es la acci&oacute;n y &eacute;sta se orienta siempre por valores espec&iacute;ficos a partir de los cuales se construye una totalidad en la que se confrontan distintas valoraciones. Por otro lado, en la acci&oacute;n encontramos la vida concreta: el individuo y la experiencia, de tal suerte que las construcciones culturales y conceptuales quedan en un papel secundario. La filosof&iacute;a debe confrontar los c&oacute;digos de los lenguajes especializados con lo que permanece profundamente <i>naif </i>en la experiencia vivida (p. 75).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y el principal objeto de estudio de la filosof&iacute;a, en tanto todo viene del individuo y la acci&oacute;n, es la relaci&oacute;n interactiva entre el individuo y el medio en el que (y gracias al cual) se act&uacute;a. La filosof&iacute;a pues (tal como queda plasmado en <i>El conocimiento de lo vivo) </i>no se ocupa de hechos, sino de las interacciones entre los seres vivos y su medio; en especial, se ocupa de la interacci&oacute;n del hombre con su medio, ya que si bien todo organismo se gu&iacute;a por valores (al menos: vivir o morir), s&oacute;lo el hombre piensa y tiene conciencia de &eacute;stos y de su construcci&oacute;n del mundo (p. 95). Pero este m&aacute;ximo grado del pensar supone el error, ya que el hombre no s&oacute;lo vive o muere, no s&oacute;lo tiene hambre, sue&ntilde;o y apetito sexual; est&aacute; guiado por el deseo y, en consecuencia, por la imaginaci&oacute;n de lo posible. El ser humano ha de enfrentar siempre el riesgo de equivocarse, lo cual no ocurre ni en los animales, ni en las "m&aacute;quinas pensantes". Gracias a tal riesgo, el hombre inventa, perturba sus propios h&aacute;bitos de pensar, remueve los estados estacionarios del saber y crea nuevas formas de relaci&oacute;n social. El objeto de la filosof&iacute;a es, entonces, lo vivo en general y la sociedad humana entendida desde el movimiento mismo de lo vivo. El filosofar deja atr&aacute;s, en efecto, a los hechos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, si la filosof&iacute;a es todo lo que hemos dicho, &iquest;c&oacute;mo iniciar su ense&ntilde;anza en la etapa temprana del bachillerato &#151;nivel en el que Canguilhem fue maestro por muchos a&ntilde;os y cuya actividad lo llev&oacute; a escribir el <i>Tratado de l&oacute;gica y moral</i>&#151;. En el cap&iacute;tulo final del libro, as&iacute; como en el Ep&iacute;logo, Lecourt expone mucho m&aacute;s que la pedagog&iacute;a de este fil&oacute;sofo; presenta el centro mismo de su vida y su pensamiento, lo que podr&iacute;amos llamar su <i>ethos: </i>expone la fe en los valores propiamente humanos. Para Canguilhem, la ense&ntilde;anza de la filosof&iacute;a no puede consistir en la transmisi&oacute;n de doctrinas, sino en la reflexi&oacute;n profunda sobre lo cotidiano y el sujeto. En nuestras acciones de todos los d&iacute;as est&aacute;n presentes S&oacute;crates, Descartes, Adam Smith, y muchos otros. A la vez, el punto de partida y de llegada del filosofar es el sujeto que interact&uacute;a con el entorno y desde ah&iacute; valora; por tanto, el filosofar parte y est&aacute; destinado a reforzar la conquista siempre precaria y amenazada de un cierto impulso de libertad, verdad y justicia en la vida individual y colectiva (pp. 98 y ss). La filosof&iacute;a es una ense&ntilde;anza &eacute;tica, algo que ense&ntilde;a a vivir, que educa, esto es (como dec&iacute;a Alain en general de la educaci&oacute;n): algo que propicia el "esfuerzo por tener un libre juicio que nos permita pronunciarnos con seguridad sobre lo que sabemos verdadero y justo" (p. 106). El maestro de filosof&iacute;a no ser&aacute;, entonces, un profesor, ha de ser un practicante, alguien que se entrega al pensar de acuerdo con valores y que ha de saber despertar el gusto por la unidad del esp&iacute;ritu: unidad entre elecciones sobre lo posible y la coherencia de los juicios (p. 102).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lecourt concluye su exposici&oacute;n de la vida y obra de Canguilhem dici&eacute;ndonos que, en definitiva, este fil&oacute;sofo ense&ntilde;aba a "pensar de pie", es decir, con la valent&iacute;a necesaria para construir la propia vida y no caer en la tentaci&oacute;n del nihilismo. Una cita de Jules Lagneau expone de manera magistral, a juicio de Lecourt (y de cualquier lector), lo que tal valent&iacute;a implica:</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el fondo de la cobard&iacute;a no hay m&aacute;s que el mal del ego&iacute;smo. La cobard&iacute;a tiene dos caras: b&uacute;squeda de placer y huida del esfuerzo. Actuar es luchar. Toda otra acci&oacute;n es ilusoria y se destruye. Si estuvi&eacute;ramos solos en el mundo, si no hubiera nadie que pudiera darnos algo, de todas formas la ley seguir&iacute;a siendo la misma: "vivir realmente ser&aacute; siempre tomarse la pena de vivir". Decir que uno no debe vivir realmente su vida es hacer ininteligible el mundo y la propia existencia, es decretar el caos y establecerlo como principio. Pero el caos no es nada. Ser o no ser, s&iacute; mismo o todas las cosas, hay que escoger. (p. 124)</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Suprema tarea la que Canguilhem le asigna a la ense&ntilde;anza de la filosof&iacute;a.</font></p>      ]]></body>
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