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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Dossier</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Am&eacute;rica Latina y el problema de las m&uacute;ltiples modernidades<sup><a href="#notas">1</a></sup></b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Latin America and the Problem of Multiple Modernities</b></font></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Shmuel N. Eisenstadt*</b></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="left"><font face="verdana" size="2">* <i>El profesor Eisenstadt termin&oacute; esta obra en agosto de 2010, poco antes de morir, el 02 de septiembre del mismo a&ntilde;o.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En las p&aacute;ginas siguientes presentar&eacute; algunos comentarios sobre la relevancia de la investigaci&oacute;n sobre Am&eacute;rica Latina y sus patrones de ciudadan&iacute;a, tal como se ven en el marco de las m&uacute;ltiples modernidades. La idea de las m&uacute;ltiples modernidades es muy sencilla aunque problem&aacute;tica (para un an&aacute;lisis comprehensivo, v&eacute;ase Eisenstadt, 2007). La idea b&aacute;sica es que, conforme la mayor parte del mundo se ha vuelto o se est&aacute; volviendo moderna, la vieja dicotom&iacute;a entre sociedades tradicionales y modernas ya no es v&aacute;lida, o ya no resulta muy interesante. Por supuesto, a&uacute;n existen algunas sociedades que quiz&aacute; puedan describirse como tradicionales, como Arabia Saudita y muchos sectores tradicionales de las sociedades de Asia central, pero la mayor parte de las sociedades est&aacute;n, para bien o para mal, entrelazadas con las modernidades, rumbo a la modernidad. Sin embargo, estas modernidades no son iguales, sino diferentes, por ser el producto de complejos encuentros entre la apropiaci&oacute;n variable de los programas pol&iacute;ticos e institucionales de la modernidad y su continua reinterpretaci&oacute;n a la luz de diversas tradiciones, crisis y rupturas. Y el punto importante de nuestra discusi&oacute;n es que ello no es tan s&oacute;lo el resultado de la expansi&oacute;n de la modernidad de Europa Occidental hacia &Aacute;frica o Asia. Todo comenz&oacute;, en efecto, con la expansi&oacute;n europea que ya ocurr&iacute;a en el Occidente m&aacute;s all&aacute; de Europa, en las Am&eacute;ricas. Las primeras m&uacute;ltiples modernidades han sido los Estados Unidos y las distintas sociedades de Am&eacute;rica Central, del Sur y el Caribe, definidas como "Am&eacute;rica Latina" desde mediados del siglo XIX (v&eacute;ase tambi&eacute;n Eisenstadt, 2002).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El principal postulado de esta perspectiva es que las relaciones y los encuentros entre diferentes sociedades en el mundo contempor&aacute;neo no son un di&aacute;logo o un choque de culturas, sino entre diferentes interpretaciones de la modernidad &#45;que, en efecto, resultan culturales en gran medida&#45; y que puede ser mejor entendido en t&eacute;rminos de la continuidad del desarrollo cultural, y la capacidad de transformaci&oacute;n de las m&uacute;ltiples modernidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea misma de m&uacute;ltiples modernidades va en contra de algunos de los supuestos duros, expl&iacute;citos e impl&iacute;citos, de la tradici&oacute;n sociol&oacute;gica cl&aacute;sica y, sobre todo, de las teor&iacute;as sobre la modernizaci&oacute;n predominantes en las d&eacute;cadas de los 50 y 60 del siglo XX. Tambi&eacute;n se contrapone a algunos de los temas dominantes en el discurso contempor&aacute;neo de la globalizaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En efecto, las teor&iacute;as "cl&aacute;sicas" de la modernizaci&oacute;n de los a&ntilde;os 50 del siglo XX identificaron las caracter&iacute;sticas centrales de la modernidad, tales como la descomposici&oacute;n de los viejos marcos institucionales "cerrados" y el desarrollo de nuevas formaciones y rasgos estructurales, institucionales y culturales y, para usar la terminolog&iacute;a de Karl Deutsch, el creciente potencial de movilizaci&oacute;n social. La dimensi&oacute;n estructural m&aacute;s importante de la modernidad, que da cuenta de la descomposici&oacute;n de las formaciones anteriores, relativamente estrechas, se vio en la creciente tendencia hacia una diferenciaci&oacute;n estructural, manifiesta, entre otras cosas, en una creciente urbanizaci&oacute;n, mercantilizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y en el continuo desarrollo de canales de comunicaci&oacute;n y agencias educativas espec&iacute;ficos. A nivel institucional, tal descomposici&oacute;n dio paso al desarrollo de nuevas formaciones, como el Estado moderno, las colectividades nacionales modernas, nuevas econom&iacute;as de mercado &#45;en especial capitalistas&#45; que se percib&iacute;an o defin&iacute;an, hasta cierto punto, cuando menos como entes aut&oacute;nomos. &Eacute;stos, en efecto, estaban regulados por mecanismos espec&iacute;ficos distintos, tales como las reglas del mercado, de la organizaci&oacute;n burocr&aacute;tica y cuestiones similares. En algunas formulaciones posteriores fue el desarrollo de tales esferas aut&oacute;nomas distintas, cada una regulada por su propia l&oacute;gica, lo que muy a menudo se defini&oacute; como la esencia de las formaciones institucionales modernas. De manera concomitante, se consideraba que la modernidad portaba un programa cultural particular, relacionado de manera cercana con modos espec&iacute;ficos de estructuraci&oacute;n de las principales arenas de la vida social, dando forma a tipos espec&iacute;ficos de caracter&iacute;sticas de personalidad (Eisenstadt, 1973).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas teor&iacute;as, as&iacute; como los an&aacute;lisis sociol&oacute;gicos cl&aacute;sicos de Marx, de Durkheim, y en gran medida a&uacute;n de Weber (v&eacute;anse, por ejemplo, Kamenka, 1983; Weber, 1968a, 1968b, 1978; y Durkheim, 1973) &#45;o cuando menos en alguna de las lecturas que se pueden hacer de este autor&#45; han conjuntado, de manera impl&iacute;cita o expl&iacute;cita, estas dimensiones principales de la modernidad tal como vieron su desarrollo en Occidente. Estos enfoques supon&iacute;an que a&uacute;n si estas dimensiones fueran anal&iacute;ticamente distintas, hist&oacute;ricamente aparecen conjuntamente y, esencialmente, se vuelven inseparables. Un supuesto muy s&oacute;lido &#45;a&uacute;n si resulta impl&iacute;cito&#45; de los estudios sobre la modernizaci&oacute;n, era que las dimensiones o aspectos culturales de la modernizaci&oacute;n &#45;las premisas culturales b&aacute;sicas de la modernidad occidental, la cosmovisi&oacute;n racional "secular", incluyendo una fuerte orientaci&oacute;n individualista&#45; se entretejen de manera inherente y necesaria con las estructurales. De manera concordante, la mayor parte de los cl&aacute;sicos de la sociolog&iacute;a, as&iacute; como los estudios sobre la modernizaci&oacute;n de las d&eacute;cadas de 1940 y 1950, y aquellos estudios sobre la convergencia de las sociedades industriales, asumieron, quiz&aacute; impl&iacute;citamente, que las formaciones institucionales b&aacute;sicas, las definiciones de las arenas institucionales, sus modos de regulaci&oacute;n e integraci&oacute;n desarrollados en la modernidad europea y el programa cultural de la modernidad, tal como se desarrollaron en Occidente, ser&iacute;an "naturalmente adoptados", quiz&aacute; con variaciones locales, por todas las sociedades que se modernizaran &#45;o cuando menos en las "exitosas"&#45;. Supusieron tambi&eacute;n que este proyecto de modernizaci&oacute;n, con sus tendencias hegem&oacute;nicas y homogeneizadoras, continuar&iacute;a en Occidente y, con la expansi&oacute;n de la modernidad, prevalecer&iacute;a en todo el mundo. En todos estos enfoques, exist&iacute;a un supuesto impl&iacute;cito de que la modernizaci&oacute;n traer&iacute;a consigo modos de integraci&oacute;n institucional relacionados con los Estados&#45;Naci&oacute;n, con econom&iacute;as pol&iacute;ticas capitalistas y arenas institucionales relativamente aut&oacute;nomas en las sociedades de todo el mundo, lo que proyectar&iacute;a un proceso de creciente convergencia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la realidad que emergi&oacute; fue radicalmente distinta. Los desarrollos en la &eacute;poca contempor&aacute;nea no confirmaron los supuestos de "convergencia" de las sociedades modernas. Los acontecimientos tal como se dieron, indicaron que las diversas arenas institucionales aut&oacute;nomas modernas &#45;la econ&oacute;mica, la pol&iacute;tica, las educativas o la familia&#45; se definen, regulan y conjuntan de distintas maneras en distintas sociedades y en distintos periodos de su desarrollo. La gran diversidad existente entre las sociedades modernas, a&uacute;n entre aquellas relativamente semejantes en t&eacute;rminos de su desarrollo econ&oacute;mico, como en el caso de las principales sociedades capitalistas industriales &#45;las europeas, los Estados Unidos y Jap&oacute;n&#45;, devino m&aacute;s evidente. La vieja pregunta de Werner Sombart, "&iquest;por qu&eacute; no hay socialismo en los EUA?", formulada en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, da cuenta del primer reconocimiento de este hecho, si bien todav&iacute;a de manera impl&iacute;cita (Sombart, 1976). Sin menoscabo de qu&eacute; respuesta ofreci&oacute; Sombart a su pregunta, la pregunta misma es, en efecto, muy relevante. Estaba sorprendido, viniendo de Europa, al observar en los EUA la cristalizaci&oacute;n de un nuevo patr&oacute;n de modernidad, enfatizada por el desarrollo del capitalismo y el industrialismo, pero que no dio paso a movimientos socialistas. Ve&iacute;a ya para principios del siglo XX que, en uno de los capitalismos industriales m&aacute;s vibrantes y de m&aacute;s alto desarrollo, en los Estados Unidos, el socialismo no jug&oacute; el mismo papel central que tuvo en Europa. El ambiente de protesta en conjunto era totalmente distinto. Y pregunt&oacute; por qu&eacute;. No quiero adentrarme en su explicaci&oacute;n. Mi difunto buen amigo, Martin Lipset, public&oacute; varios libros al respecto. Para nuestra discusi&oacute;n, basta se&ntilde;alar que ya en este momento, en el coraz&oacute;n mismo de la modernidad, se cristalizaban modernidades diferentes. Se desarroll&oacute; un problema paralelo respecto a las distintas sociedades que abarca el t&eacute;rmino Am&eacute;rica Latina. Una mirada m&aacute;s de cerca tambi&eacute;n habr&iacute;a indicado que ah&iacute; se desarrollaron modernidades distintas. Por ejemplo, el populismo jug&oacute; un papel estructurante clave en la esfera pol&iacute;tica y en la reconstituci&oacute;n de identidades colectivas a nivel nacional, mucho m&aacute;s all&aacute; del papel que tales formas de liderazgo y de movimientos jugaron en Europa Occidental. Esto es, se desarroll&oacute; una variabilidad de gran alcance a&uacute;n al interior del Occidente &#45;al interior de Europa misma, y sobre todo, entre Europa y las Am&eacute;ricas (EUA, Canad&aacute; y Am&eacute;rica Latina, o m&aacute;s bien, las "Am&eacute;ricas Latinas") &#45;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo mismo fue incluso m&aacute;s evidente respecto a la relaci&oacute;n entre las dimensiones cultural y estructural de la modernidad. Mientras que las distintas dimensiones del proyecto occidental original constituyeron los puntos de partida cruciales y de referencia continua para los procesos desarrollados en la era moderna al interior de diferentes sociedades del mundo, tras la expansi&oacute;n de la modernidad, los desarrollos en estas sociedades han ido mucho m&aacute;s all&aacute; de la versi&oacute;n hegem&oacute;nica y homogeneizadora del programa cultural de la modernidad. Asimismo, han ido m&aacute;s all&aacute; de los contornos concretos y de muchas de las premisas iniciales de este proyecto, y de los patrones institucionales desarrollados en Europa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La modernidad, en efecto, se ha difundido en la mayor parte del mundo, principalmente en sus versiones colonial e imperialista, pero no dio lugar a un patr&oacute;n institucional &uacute;nico, a una civilizaci&oacute;n moderna &uacute;nica, sino al desarrollo de diversas civilizaciones modernas en constante transformaci&oacute;n o, cuando menos, a patrones civilizatorios. Se trata de sociedades o de civilizaciones que en efecto comparten algunas caracter&iacute;sticas centrales, pero que sin embargo tienden a desarrollar diferentes din&aacute;micas institucionales e ideol&oacute;gicas, aunque resulten semejantes. Adem&aacute;s, se han llevado a cabo cambios de gran alcance, que van m&aacute;s all&aacute; de las premisas originales de la modernidad, en todas estas sociedades, incluyendo a las occidentales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A la vez, no obstante, contrariamente a las perspectivas que sosten&iacute;an que la mejor manera de comprender la din&aacute;mica de diferentes sociedades "en proceso de modernizaci&oacute;n" es verlas como continuaci&oacute;n, aunque se plasmen de nuevas maneras, de sus patrones y din&aacute;micas institucionales tradicionales &#45;perspectiva revivida, hasta cierto punto, en planteamientos contempor&aacute;neos como en la teor&iacute;a del "choque de civilizaciones" de Huntington (1996)&#45;, las formaciones institucionales que se desarrollaron en la mayor parte de las sociedades han sido espec&iacute;ficamente modernas, a&uacute;n cuando sus din&aacute;micas recibieran una gran influencia de sus premisas culturales distintivas, de sus tradiciones y experiencias hist&oacute;ricas. En este contexto, resulta de importancia particular el hecho de que los movimientos pol&iacute;ticos y sociales m&aacute;s importantes que se volvieron predominantes en estas sociedades, como los nacionalistas, aun cuando promulgaran a menudo fuertes ideolog&iacute;as antioccidentales, o incluso antimodernas, fueran distintivamente modernas en lo fundamental y promulgaran maneras particulares de interpretar la modernidad. Esto es cierto no s&oacute;lo de los diversos movimientos nacionalistas, socialistas y reformistas que se desarrollaron en todas estas sociedades, m&aacute;s o menos desde mediados del siglo XIX y hasta despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, sino tambi&eacute;n de los movimientos contempor&aacute;neos fundamentalistas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de las m&uacute;ltiples modernidades suscit&oacute; muchas discusiones que la sometieron a cr&iacute;tica, algunas de ellas de diversas maneras constructivas. Una de estas cr&iacute;ticas enfatiz&oacute; la formulaci&oacute;n inicial de esta multiplicidad de modernidades focalizada en diferentes Estados&#45;Naci&oacute;n: los EUA, diferentes estados europeos, India, Jap&oacute;n, como si las arenas nacionales fueran los &uacute;nicos &aacute;mbitos de las m&uacute;ltiples modernidades. Pero ciertamente, esto no puede tomarse como un supuesto b&aacute;sico, especialmente hoy, con la transformaci&oacute;n del Estado&#45;Naci&oacute;n. Ciertamente, los Estados&#45;Naci&oacute;n a&uacute;n no desaparecen y est&aacute;n lejos de hacerlo. Con todo, se transformaron. Pero incluso en este escenario existen otras unidades, regionales y transnacionales, que deben mirarse, y Am&eacute;rica Latina es un conjunto sobresaliente de sociedades para pensar esta problem&aacute;tica. Por ejemplo, considero que algunas de las ideas desarrolladas por Saskia Sassen en un muy buen libro hace algunos a&ntilde;os, pueden resultar &uacute;tiles en este contexto. Sassen analiza c&oacute;mo las constelaciones de derechos, autoridad y territorio no quedan confinadas a los Estados&#45;Naci&oacute;n, sino que se cristalizan en otras unidades, otros marcos que cambian continuamente (Sassen, 2008). Esto no significa que la idea de m&uacute;ltiples modernidades deba abandonarse, sino que es importante aplicarla de manera m&aacute;s diversificada. En efecto, la idea de m&uacute;ltiples modernidades presume que la mejor manera de comprender al mundo contempor&aacute;neo es verlo como una historia de constituci&oacute;n y reconstituci&oacute;n continua de una multiplicidad de programas culturales, con un amplio conjunto de tensiones, ambig&uuml;edades y antinomias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esto implica tambi&eacute;n la necesidad de reexaminar la idea del Estado&#45;Naci&oacute;n como un modelo b&aacute;sico, constitutivo de otros aspectos de la vida pol&iacute;tica y social y sobre todo de membres&iacute;a pol&iacute;tica y ciudadan&iacute;a. Se trataba de un modelo muy potente, pero algunos pueden decir que jam&aacute;s existi&oacute;. En hebreo tenemos una expresi&oacute;n maravillosa que, traducida, dice: "jam&aacute;s existi&oacute;, jam&aacute;s fue, pero fue una met&aacute;fora muy poderosa". No quiero decir que el Estado&#45;Naci&oacute;n jam&aacute;s existi&oacute; pero, es bastante claro que, si se mira de cerca, pr&aacute;cticamente no existi&oacute; ning&uacute;n Estado&#45;Naci&oacute;n puro. Siempre se presenta como algo mucho m&aacute;s heterog&eacute;neo, de mucha mayor complejidad, de lo que su imaginario predica. Y sin embargo fue una met&aacute;fora muy potente, con implicaciones ideol&oacute;gicas e institucionales muy fuertes. En concordancia con lo anterior, uno de los problemas m&aacute;s interesantes en este contexto, es el an&aacute;lisis de las premisas de la constituci&oacute;n de colectividades en general, en especial de las modernas. &iquest;Hasta qu&eacute; punto y de qu&eacute; maneras estas colectividades comparten componentes en com&uacute;n &#45;por ejemplo, para seguir a Edward Shils&#45; entre componentes primordiales, civiles y sagrados? Y &iquest;hay diferencias entre estos y en su articulaci&oacute;n espec&iacute;fica?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto es de especial importancia observar los problemas que conectan al Estado&#45;Naci&oacute;n con la diferencia entre las concepciones y la din&aacute;mica de la ciudadan&iacute;a. La ciudadan&iacute;a en el sentido moderno es b&aacute;sicamente una invenci&oacute;n de la modernidad posrevolucionaria. Las grandes ideas posrevolucionarias de ciudadan&iacute;a no son lo mismo respecto a lo que exist&iacute;a en algunos Estados. Hab&iacute;a muchos derechos ciudadanos en la Europa medieval, as&iacute; como en otros sitios. Pero estos eran distintos de la idea de ciudadan&iacute;a que se desarroll&oacute; en el marco de las grandes revoluciones. De manera similar, a&uacute;n en este primer periodo, la ciudadan&iacute;a moderna se formul&oacute; de maneras distintas, y estaba en constante transformaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Existen Estados&#45;Naci&oacute;n modernos basados en la laicidad, como Francia, Turqu&iacute;a kemalista y otros modelos distintos de Estados&#45;Naci&oacute;n, en los que los elementos religiosos tradicionales son muy fuertes. De manera inversa, &iquest;qu&eacute; sucede si diversos Estados&#45;Naci&oacute;n promulgan las mismas ideas b&aacute;sicas contra un bagaje hist&oacute;rico compartido y una visi&oacute;n de un ideal de unidad no cumplido, como podr&iacute;a ser el caso en Am&eacute;rica Latina, desde la ruptura de la administraci&oacute;n colonial y el fracaso del ideal bolivariano? &iquest;C&oacute;mo afecta esta tensi&oacute;n a los principios de membres&iacute;a pol&iacute;tica y ciudadan&iacute;a tal y como los limita la l&oacute;gica de los distintos Estados&#45;Naci&oacute;n? En este sentido, el estudio del transnacionalismo en Am&eacute;rica Latina resulta crucial. As&iacute;, debemos ser mucho m&aacute;s sistem&aacute;ticos al examinar la idea de m&uacute;ltiples modernidades desde el punto de vista de la constituci&oacute;n de diferentes tipos de colectividades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La segunda cr&iacute;tica a la formulaci&oacute;n temprana de la idea de m&uacute;ltiples modernidades es que suena demasiado esencialista y culturalista y que es, en apariencia, invariable. Aunque creo que tales cr&iacute;ticas son bastante exageradas, se&ntilde;alan un punto muy importante: no s&oacute;lo que estas concepciones est&aacute;n en continua transformaci&oacute;n, sino que tambi&eacute;n debemos analizar los mecanismos sociales mediante los cuales cristalizaron los diferentes patrones de la modernidad, as&iacute; como las agencias que afectan tales transformaciones. Aqu&iacute; entra tambi&eacute;n otro elemento en la formaci&oacute;n de diferentes modernidades, ya sea a la escala de naciones, de regiones, o en una escala global. Se trata del problema de la contingencia. Esta palabra, contingencia, es a la vez tan potente como peligrosa porque, a menos de que especifiquemos qu&eacute; queremos decir por contingencia, tambi&eacute;n se puede volver una especie de categor&iacute;a residual. Si uno desea entender, digamos, c&oacute;mo se desarrollaron los japoneses, la primera modernidad no occidental, no europea, se deben tomar en cuenta varios factores contingentes, como por ejemplo, los modos exactos de su encuentro entre expansiones imperiales. De manera semejante, en el caso de las Am&eacute;ricas Latinas, los factores contingentes han jugado un papel principal respecto a las fronteras espec&iacute;ficas de los diversos pa&iacute;ses, y el modo espec&iacute;fico de su cambiante inserci&oacute;n en la arena internacional, as&iacute; como de la promulgaci&oacute;n de ideas de cambio, de justicia social y de cultura.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro reto al concepto de m&uacute;ltiples modernidades es el an&aacute;lisis sistem&aacute;tico de los criterios de diferencias entre &eacute;stas. Algunas parecen obvias, como en el caso de los modos de protesta y participaci&oacute;n pol&iacute;tica que cristalizaron en el pasado. Pero hay otras, como el peso de las expectativas construidas culturalmente sobre el desenvolvimiento de la legitimidad y la autoridad. Estas diferencias no se han elaborado de manera suficientemente sistem&aacute;tica. Las dimensiones sociales e institucionales, seg&uacute;n las cuales podemos comparar a las distintas modernidades, deben elaborarse de manera mucho m&aacute;s cuidadosa respecto a los cambios en las distintas categor&iacute;as de ciudadan&iacute;a, que constituyen un aspecto muy importante de &eacute;stas. Algunas de estas diferencias pueden ser simplemente locales o accidentales; contingentes de la manera m&aacute;s simple. Otras pueden relacionarse con algunos procesos b&aacute;sicos, inherentes al modo de estructurar las modernidades. Huelga decir que es tambi&eacute;n necesario elaborar de manera mucho m&aacute;s sistem&aacute;tica los distintos patrones de econom&iacute;a pol&iacute;tica, tal y como se desarrollan en distintos marcos modernos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todos estos desarrollos implicaron enfrentamientos continuos entre distintas interpretaciones de la modernidad y, sobre todo, entre diferentes &eacute;nfasis sobre las dimensiones pluralistas o totalizantes del programa cultural y pol&iacute;tico de la modernidad, y entre constituciones de identidades colectivas multifac&eacute;ticas, de frente a otras monol&iacute;ticas o totalizantes (Eisenstadt, 1999). En la arena pol&iacute;tica, estos &eacute;nfasis se fusionaron con tensiones entre un enfoque constructivista que considera que la pol&iacute;tica es el proceso de reconstrucci&oacute;n de la sociedad, y especialmente de una pol&iacute;tica democr&aacute;tica que predica una activa autoconstrucci&oacute;n de la sociedad, contra una perspectiva que acepta a la sociedad en su composici&oacute;n concreta. De igual modo, se fusionaron con las tensiones entre la libertad y la igualdad; entre los componentes civiles y ut&oacute;picos del programa cultural y pol&iacute;tico de la modernidad; entre la libertad y la emancipaci&oacute;n en el nombre de algunos, visiones sociales, muchas veces ut&oacute;picas: sobre todo entre orientaciones y aproximaciones al orden social y pol&iacute;tico de tipo jacobino y/o m&aacute;s pluralistas; y entre la tensi&oacute;n estrechamente relacionada, para utilizar la formulaci&oacute;n de Bruce Ackerman, entre la pol&iacute;tica "normal" y la "revolucionaria". Estas contiendas y confrontaciones no est&aacute;n confinadas a los marcos de una &uacute;nica sociedad o Estado, a&uacute;n si las formaciones institucionales de tales sociedades o Estados constituyen las arenas principales de implementaci&oacute;n de los programas y metas promulgados por tales actividades. La naturaleza misma de las visiones de la modernidad y de su din&aacute;mica institucional ha sido internacional en sus alcances y orientaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De manera semejante, es importante rastrear el equilibrio entre las diversas perspectivas encontradas sobre la modernidad y la ciudadan&iacute;a liberal, surgidas en diversas sociedades. En efecto, de manera concomitante con el creciente reconocimiento de la gran complejidad y variabilidad de las sociedades modernas y contempor&aacute;neas, se desarroll&oacute; una evaluaci&oacute;n de la modernidad mucho m&aacute;s compleja. Desde el principio mismo del discurso sobre la modernidad, de los intentos al interior de las sociedades modernas por comprender la naturaleza de esta nueva era o civilizaci&oacute;n, se desarrollaron dos evaluaciones opuestas de la misma, lo que da cuenta, en efecto, de las contradicciones inherentes a la modernidad. Una de estas evaluaciones, impl&iacute;cita tambi&eacute;n en las teor&iacute;as de la modernizaci&oacute;n y en las de la "convergencia de las sociedades industriales" de los a&ntilde;os cincuenta y principios de los sesenta, ve&iacute;a a la modernidad como una fuerza positiva, emancipadora, progresista, ep&iacute;tome de las promesas de un mundo mejor, inclusivo, emancipador. La otra evaluaci&oacute;n, que se desarroll&oacute; primero desde el centro mismo de las primeras sociedades europeas y que m&aacute;s tarde encontr&oacute; fuerte resonancia en las sociedades europeas no occidentales, en especial bajo el impacto del hecho de que la expansi&oacute;n de la modernidad se llev&oacute; a cabo en sus versiones colonial e imperial, patrocin&oacute; un enfoque negativo, o cuando menos en extremo ambivalente, y consider&oacute; a la modernidad una fuerza moralmente destructiva, dando &eacute;nfasis a los efectos negativos de algunas de sus caracter&iacute;sticas fundamentales, ya fuera la tecnolog&iacute;a, o el poder que adquirieron algunas actitudes y metas ego&iacute;stas y hedonistas. Algunos de los principales debates contempor&aacute;neos, as&iacute; como giros respecto a la ciudadan&iacute;a, deber&iacute;an analizarse en t&eacute;rminos de tal ambig&uuml;edad, ya reconocida en sus par&aacute;metros b&aacute;sicos por los cl&aacute;sicos de la sociolog&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los cl&aacute;sicos de la sociolog&iacute;a &#45;Tocqueville, Marx, Weber o Durkheim&#45; estaban muy conscientes de que la modernidad estaba repleta de tales fuerzas contradictorias, constructivas y destructivas y, en efecto, su actitud ante &eacute;sta era muy ambivalente. Tal ambivalencia se intensific&oacute; en las d&eacute;cadas 1920 y 1930 con el ascenso del fascismo &#45;y el enfrentamiento con &eacute;ste&#45; y con el comunismo, cuya confrontaci&oacute;n devino una de las mayores preocupaciones de la sociolog&iacute;a europea. Despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, la nueva visi&oacute;n optimista sobre la modernidad prevaleci&oacute; durante alg&uacute;n tiempo en los diversos estudios sobre la modernizaci&oacute;n y la convergencia de las sociedades industriales, quiz&aacute; de manera parad&oacute;jica en vista de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, con &eacute;nfasis muy d&eacute;bil sobre sus contradicciones, y pr&aacute;cticamente sin ambivalencias, tanto en sus versiones comunista como "liberal" pluralista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta visi&oacute;n optimista de la modernidad dio lugar, acompa&ntilde;ada de la rebeli&oacute;n y protesta intelectual de fines de los 60 y principios de los 70, con el declive de la Guerra Fr&iacute;a y con el ascenso del "posmodernismo", a &oacute;pticas m&aacute;s pesimistas. Los temas cr&iacute;ticos y la actitud ambivalente hacia la modernidad, que existieron desde el principio mismo del discurso sobre &eacute;sta, resurgieron con fuerza en la escena contempor&aacute;nea en Am&eacute;rica Latina, bajo la &eacute;gida de los aspectos amenazantes y negativos de las pol&iacute;ticas neoliberales de la reestructuraci&oacute;n estatal y del "fundamentalismo del mercado", y en otros sitios relacionado con la amenaza de las armas nucleares y el poder, o con la destrucci&oacute;n del medio ambiente.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La conciencia de los diversos potenciales negativos, destructivos, de la modernidad, se vio continuamente reforzada mediante el reconocimiento de que los procesos de modernizaci&oacute;n, la continua expansi&oacute;n de la modernidad por el mundo, no eran necesariamente muy benignos o pac&iacute;ficos; que no garantizaban el progreso constante de la raz&oacute;n, y que las orientaciones y reivindicaciones promisorias de la modernidad &#45;como la igualdad&#45; no siempre se cumplieron. El hecho de que estos procesos se entretejieran continuamente con las expansiones coloniales e imperialistas, con guerras, violencia, genocidios, opresi&oacute;n y abuso de los recursos, represi&oacute;n y dislocaci&oacute;n de grandes sectores de algunas poblaciones &#45;en efecto, en ocasiones de sociedades completas&#45; fue reconocido m&aacute;s &iacute;ntegramente. En tanto que la perspectiva optimista de la modernidad, las guerras, los genocidios y las represiones, a menudo se representaban como hechos a contracorriente del programa fundamental de la modernidad, a menudo como "vestigios" de actitudes premodernas, se reconoci&oacute; cada vez m&aacute;s que las "viejas" fuerzas destructivas se transformaron e intensificaron radicalmente al entretejerse tanto con las premisas ideol&oacute;gicas de la modernidad, con su tendencia a la expansi&oacute;n, como con los patrones espec&iacute;ficos de la institucionalizaci&oacute;n de las sociedades y reg&iacute;menes modernos, generando tendencias continuas a barbarismos espec&iacute;ficamente modernos. La manifestaci&oacute;n m&aacute;s importante de dicha transformaci&oacute;n fue la ideologizaci&oacute;n de la violencia, el terror y la guerra &#45;que apareci&oacute; de manera m&aacute;s v&iacute;vida primero en la Revoluci&oacute;n Francesa, y despu&eacute;s tambi&eacute;n en los diversos movimientos rom&aacute;nticos y nacionales y comunistas&#45;. Tal ideologizaci&oacute;n devino un componente central de la constituci&oacute;n de los Estados&#45;Naci&oacute;n y de muchos movimientos institucionales revolucionarios, con estos Estados que se volvieron el agente &#45;y la arena&#45; m&aacute;s importante de la constituci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a, as&iacute; como los s&iacute;mbolos de la identidad colectiva; con la cristalizaci&oacute;n del moderno sistema de Estados europeo, que tambi&eacute;n devino un componente central de la expansi&oacute;n de la modernidad m&aacute;s all&aacute; de Europa y se intensific&oacute; con el constante desarrollo de las tecnolog&iacute;as de comunicaci&oacute;n y de guerra. De manera concomitante, se reconoc&iacute;a y enfatizaba m&aacute;s y m&aacute;s, en el discurso p&uacute;blico y acad&eacute;mico, que la cristalizaci&oacute;n de la modernidad y la expansi&oacute;n, en especial, pero no s&oacute;lo bajo la &eacute;gida del imperialismo y del colonialismo, se entretej&iacute;a continuamente con guerras, con exclusiones, represiones y dislocaciones &#45;que muy frecuentemente se legitimaban en t&eacute;rminos de algunos de los componentes de los programas culturales de la modernidad&#45;. El Holocausto, que sucedi&oacute; en el centro mismo de la modernidad, se volvi&oacute; un s&iacute;mbolo de los potenciales destructivos, negativos, de la modernidad, del barbarismo acechante al interior del n&uacute;cleo mismo de la modernidad, con las guerras y genocidios &eacute;tnicos y religiosos m&aacute;s recientes como testigos de la continuidad de estas potencialidades destructivas. En tanto que Am&eacute;rica Latina no experiment&oacute; tales fuerzas destructivas cuyo objetivo fueron grupos en t&eacute;rminos &eacute;tnicos y raciales, incluso durante el apogeo del nazismo y el fascismo, durante el siglo XX y en especial durante las &uacute;ltimas etapas de la Guerra Fr&iacute;a, la regi&oacute;n experiment&oacute; situaciones de guerra civil y violencia y represi&oacute;n masivas a manos de agentes estatales y no estatales, incluyendo el asesinato y exilio de miles de ciudadanos, sobre la base ideol&oacute;gica de la defensa de la civilizaci&oacute;n Occidental en ese mismo hemisferio. Tales formas de represi&oacute;n fueron disputadas, y de &eacute;sta disputa evolucionaron nuevas instituciones y entendimientos de la ciudadan&iacute;a y la modernidad (Roniger y Sznajder, 1999; Sznajder y Roniger, 2009).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En Am&eacute;rica Latina encontramos que estas dos evaluaciones est&aacute;n en constante contienda, en la que el positivismo compteano o spencereano re&uacute;ne gran apoyo con su visi&oacute;n de orden y progreso, en particular en Brasil, pero tambi&eacute;n en el Cono Sur y en M&eacute;xico, pero resiente a la vez el impacto de la modernidad estadunidense, en especial cuando aquel pa&iacute;s se elev&oacute; a la hegemon&iacute;a hemisf&eacute;rica despu&eacute;s de la d&eacute;cada de 1890, y durante la mayor parte del siglo XX. A partir de la continua interacci&oacute;n entre los procesos de cambio en las arenas econ&oacute;mica, tecnol&oacute;gica, pol&iacute;tica y cultural, y los intentos por institucionalizar el programa cultural y pol&iacute;tico de la modernidad, con sus tensiones y contradicciones, las interpretaciones de este programa y la contienda en torno a &eacute;stas, tal como las promulgaron los actores sociales principales, incluyendo a los diversos movimientos sociales, se desarrollaron, en diversos contextos hist&oacute;ricos, una gran variedad de sociedades modernas y en proceso de modernizaci&oacute;n con muchas caracter&iacute;sticas en com&uacute;n, pero tambi&eacute;n evidenciando grandes diferencias entre ellas, esto es, una gran diversidad de m&uacute;ltiples modernidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cualesquiera que sean las diferencias entre las distintas m&uacute;ltiples modernidades, todas compart&iacute;an &#45;dada la continua apertura y potencial de transformaci&oacute;n del programa cultural y pol&iacute;tico, y de los procesos de su institucionalizaci&oacute;n&#45; el reto de poder incorporar tales cambios, las demandas que se desarrollaban constantemente por la incorporaci&oacute;n e inclusi&oacute;n de los principales sectores sociales. Fue esta habilidad la que constituy&oacute; el continuo problema principal de las sociedades modernas, tendencia que ha sido particularmente prominente en Am&eacute;rica Latina en a&ntilde;os recientes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las diversas visiones e interpretaciones de la modernidad, del desarrollo de las sociedades modernas, y de la escena contempor&aacute;nea en t&eacute;rminos de "m&uacute;ltiples modernidades", se colocan firmemente en el marco de estos distintos enfoques y evaluaciones de la modernidad. Implican un punto de vista distintivito de &eacute;sta, a saber, como una civilizaci&oacute;n distinta. Esta perspectiva de la modernidad implica que debe verse a esta modernidad como un nuevo tipo de civilizaci&oacute;n &#45;de manera no distinta de la formaci&oacute;n y expansi&oacute;n de las grandes religiones&#45;. Seg&uacute;n este punto de vista, el n&uacute;cleo de la modernidad es la cristalizaci&oacute;n y el desarrollo de una modalidad o modalidades de interpretaci&oacute;n del mundo o, para tomar la terminolog&iacute;a de Cornelius Castoriadis (1987), de un "imaginario" social distinto, en efecto de la visi&oacute;n ontol&oacute;gica fundamental o, para usar la frase de Bj&ouml;rn Wittrock, de "presuposiciones epistemol&oacute;gicas" (en Wagner, Wittrock y Whitley, 1991) &#45;o, en otras palabras, de un programa cultural propio, combinado con el desarrollo de un conjunto o conjuntos de nuevas formaciones institucionales&#45;, cuyo n&uacute;cleo central, de ambas, es una "apertura" e incertidumbre sin precedentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El captar el car&aacute;cter inconcluso e incierto de las m&uacute;ltiples modernidades implica que la din&aacute;mica de cambio, de las fronteras cambiantes de la membres&iacute;a pol&iacute;tica, y los patrones cambiantes de ciudadan&iacute;a y participaci&oacute;n, deben delinearse de manera sistem&aacute;tica. Examinarlos en el marco de un &aacute;rea cultural compartida, como Am&eacute;rica Latina, puede resultar de importancia primordial, en especial en esta &eacute;poca de confrontaci&oacute;n de proyectos alternativos de ciudadan&iacute;a moderna en la regi&oacute;n. De este modo, tenemos aqu&iacute;, ante nosotros, una agenda de investigaci&oacute;n muy amplia, pero sugerente y desafiante. Es de particular importancia el an&aacute;lisis de las tensiones modernas entre el &eacute;nfasis sobre la jerarqu&iacute;a y la igualdad; entre el &eacute;nfasis sobre la autonom&iacute;a humana y la autorregulaci&oacute;n y los controles restrictivos inherentes a la puesta en marcha institucional de la vida moderna; entre las libertades individuales y la reconstrucci&oacute;n de las identidades colectivas, especialmente prominente en Am&eacute;rica Latina contempor&aacute;nea, bajo la &eacute;gida del multiculturalismo y los cambios constitucionales.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estas sociedades comparten la creencia moderna en que la sociedad puede ser activamente formada por la acci&oacute;n humana consciente, con dos tendencias complementarias, aunque potencialmente contradictorias, desarrolladas en esta visi&oacute;n acerca de las mejores maneras en las que tal construcci&oacute;n pueda llevarse a cabo. La primera es la creencia, presente por lo general durante momentos de agitaci&oacute;n, en la posibilidad de poner en pr&aacute;ctica visiones ut&oacute;picas mayores, e incluso escatol&oacute;gicas. La segunda subraya la legitimidad de las m&uacute;ltiples metas e intereses individuales y colectivos que, en consecuencia, permiten m&uacute;ltiples interpretaciones del bien com&uacute;n. A partir de estas premisas y caracter&iacute;sticas centrales, surgieron diversos aspectos del proceso pol&iacute;tico: presiones constantes para la reestructuraci&oacute;n de las relaciones centro&#45;periferia como el enfoque principal de la din&aacute;mica pol&iacute;tica; una fuerte tendencia hacia la politizaci&oacute;n de las demandas de diversos sectores de la sociedad, y de los conflictos entre ellos; y una lucha continua respecto a la definici&oacute;n de lo pol&iacute;tico. De acuerdo con lo anterior, Am&eacute;rica Latina ha sido tierra muy f&eacute;rtil para la protesta y los movimientos ut&oacute;picos, que se han movilizado por la reconstrucci&oacute;n de los centros pol&iacute;ticos, as&iacute; como por una redefinici&oacute;n de las identidades colectivas y de la econom&iacute;a pol&iacute;tica de sus pa&iacute;ses. Se ha confinado a algunos de estos movimientos a las fronteras "nacionales", en tanto que muchos otros han sido transnacionales, desafiando la hegemon&iacute;a de los Estados&#45;Naci&oacute;n; a&uacute;n otros m&aacute;s han sido sub&#45;nacionales, redefiniendo el formato de las relaciones centro&#45;periferia. Se han desarrollado nuevas formas de patrones de contienda y contenci&oacute;n en todas estas sociedades, en torno a polos enraizados en las antinomias inherentes a los programas culturales y pol&iacute;ticos, espec&iacute;ficos de la modernidad en esta zona. Estas tendencias y cr&iacute;ticas a los modos de ciudadan&iacute;a, tal como han evolucionado en Am&eacute;rica Latina, tienen una importancia que va mucho m&aacute;s all&aacute; que lo regional, y conforman un laboratorio de investigaci&oacute;n comparativa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Castoriadis, Cornelius, (1987) <i>The Imaginary Institution of Society.</i> Cambridge, Polity Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222580&pid=S0185-1918201300020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> Durkheim, &Eacute;mile, (1973) <i>On Morality and Society. Selected Writings.</i> Chicago, University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222581&pid=S0185-1918201300020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Eisenstadt, Shmuel, (1973) <i>Tradition, Change and Modernity.</i> Neva York, John Wile and Sons.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222583&pid=S0185-1918201300020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1999) <i>Fundamentalism, Sectorianism and Revolution: The Jacobin Dimension of</i> <i>Modernity.</i> Cambridge, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222585&pid=S0185-1918201300020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (2002) "The First Multiple Modernities: Collective Identities, Public Spheres and Political Order in the Americas" en Roniger, Luis y Carlos Waisman (eds.), <i>Globality and Multiple Modernities. Comparative North American and Latin American Perspectives.</i> Brighton, Sussex Academic Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222587&pid=S0185-1918201300020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (2007) "Multiple Modernities: A Paradigm of Cultural and Social Evolution" en <i>Protosociology.</i> Vol. 24, n&uacute;m. 1, pp.20&#45;137</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222589&pid=S0185-1918201300020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kamenka, Eugene, (1983) <i>The Protable Karl Marx.</i> Neva York, Viking Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222590&pid=S0185-1918201300020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Roniger, Luis y Mario Sznajder, (1999) <i>The Legacy of Human Rights Violations in the Southern</i> <i>Cone.</i> Oxford, Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222592&pid=S0185-1918201300020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sassen, Saskia (2008) "Neither Global nor National: Novel Assemblages of Territory, Authority and Rights" en <i>Ethics and Global Politics.</i> N&uacute;m. 1, pp. 61&#45;79.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222594&pid=S0185-1918201300020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sombart, Werner, (1976) <i>Why is There No Socialism in the United States?</i> Nueva York, ME Sharpe.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222596&pid=S0185-1918201300020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sznajder, Mario y Luis Roniger, (2009) <i>The Politics of Exile in Latin America.</i> Neva York, Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222598&pid=S0185-1918201300020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Wagner, Peter; Wittrock Bj&ouml;rn y Richard Whitley, (1991) <i>Discourses on Society.</i> Dordrecht, Kluwer.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222600&pid=S0185-1918201300020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Weber, Max, (1968a) <i>Politik als Beruf.</i> Berl&iacute;n, Dunker and Humbolt.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222602&pid=S0185-1918201300020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1968b) <i>On Charisma and Institution Building: Selected Papers.</i> Chicago, University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222604&pid=S0185-1918201300020000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;, (1978) <i>Die Protestajtische Ethik: Kritiken und Antikritiken.</i> Guetersloh, Alemania, Guetersloher Verlagshaus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=8222606&pid=S0185-1918201300020000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas"></a>Nota</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Este texto fue originalmente publicado en ingl&eacute;s en: Mario Sznajder, Luis Roniger y Carlos Forment (eds.), (2013) <i>Shifting Frontiers of Citizenship: The Latin American Experience.</i> Leiden &#45; Boston, Brill, pp 43&#45;54. Agradecemos a los editores de la obra por su compromiso con la Nueva &Eacute;poca de nuestra Revista. Traducci&oacute;n: Luc&iacute;a Rayas. Cuidado de edici&oacute;n: Judit Bokser Misses&#45;Liwerant, Lorena Pilloni Mart&iacute;nez, Eva Capece Woronowicz.</font></p>      ]]></body><back>
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