<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0185-1918</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista mexicana de ciencias políticas y sociales]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev. mex. cienc. polít. soc]]></abbrev-journal-title>
<issn>0185-1918</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0185-19182010000300008</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA["De niñas, montoneros y gorilas"]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Waldman Mitnick]]></surname>
<given-names><![CDATA[Gilda]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Nacional Autónoma de México Facultad de Ciencias Políticas y Sociales ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[México D.F]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<volume>52</volume>
<numero>210</numero>
<fpage>157</fpage>
<lpage>159</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-19182010000300008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0185-19182010000300008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0185-19182010000300008&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;as</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>"De ni&ntilde;as, montoneros y gorilas"</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Gilda Waldman Mitnick</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Rese&ntilde;a del libro de Laura Alcoba, <i>La casa de los conejos, </i>trad. Leopoldo Brizuela, Barcelona, Editorial Edhasa, 2008, 136 pp.</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, Facultad de Ciencias Pol&iacute;ticas y Sociales, Circuito Mario de la Cueva s/n, Av. Universidad 3000, col. Copilco&#150;Universidad, del. Coyoac&aacute;n, M&eacute;xico, D.F., 04510.</i> <a href="mailto:waldman99@yahoo.com">waldman99@yahoo.com</a></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">  Casi a fines del a&ntilde;o 2008, fueron encontrados &#150;en lo que fuera uno de los centros clandestinos de detenci&oacute;n que funcionaron durante el &uacute;ltimo r&eacute;gimen militar en la ciudad de La Plata, Argentina&#150;, m&aacute;s de diez mil fragmentos de huesos calcinados. Los restos se encontraban en unas dependencias policiales utilizadas como centros clandestinos durante la &uacute;ltima dictadura militar (1976&#150;1983). En el sitio fue hallado, tambi&eacute;n, un pared&oacute;n con cerca de doscientos impactos de bala, posiblemente utilizados para fusilamientos. A ra&iacute;z de este macabro hallazgo, el pasado volvi&oacute; a hacerse presente en la sociedad argentina, evidenciando que los cr&iacute;menes cometidos durante el r&eacute;gimen militar no est&aacute;n aun cabalmente esclarecidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historia reciente de Argentina, y en particular el per&iacute;odo dictatorial, es una tem&aacute;tica que sigue motivando decenas de investigaciones. Ciertamente, existe una abundante bibliograf&iacute;a al respecto, fundamentalmente de tipo testimonial y period&iacute;stico, a la cual se agrega una historiograf&iacute;a que ha introducido el empleo de la historia oral y la memoria. A lo anterior cabe a&ntilde;adir innumerables textos de an&aacute;lisis sobre la traum&aacute;tica experiencia dictatorial. Si bien gran parte de las reflexiones en torno a la historia de las d&eacute;cadas de los 60 y 70 tienen como ejes tem&aacute;ticos la movilizaci&oacute;n social, los movimientos pol&iacute;tico&#150; armados, el terrorismo de Estado, la reestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica o los cambios culturales, tambi&eacute;n han comenzado a publicarse desde hace ya un tiempo numerosos testimonios que narran las historias de vida y las experiencias militantes de quienes, comprometidos con la lucha armada y con la utop&iacute;a de cambiar el mundo, fueron posteriormente v&iacute;ctimas del terrorismo de Estado.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No obstante que los libros publicados a partir de la segunda mitad de la d&eacute;cada de los 90 se refieren, particularmente, a las experiencias de varones, tambi&eacute;n pueden mencionarse algunos trabajos realizados desde una perspectiva de g&eacute;nero que realizan un aporte significativo. Entre estos &uacute;ltimos, cabe destacar los libros de Marta Diana, <i>Mujeres guerrilleras </i>(Buenos Aires, Planeta, 1996), Gabriela Saidon, <i>La Montonera. Biograf&iacute;a de Norma Arrostito </i>(Buenos Aires, Sudamericana, 2005) y Laura Giussani, <i>Buscada. Lili Massaferro: de los dorados a&ntilde;os cincuenta a la militancia montonera </i>(Buenos Aires, Norma, 2005). A ellos puede agregarse la reciente publicaci&oacute;n, en 2008, de <i>La casa de los conejos, </i>un libro en el que su autora, Laura Alcoba, una escritora argentina residente en Par&iacute;s desde 1979, traza con una voz narrativa infantil su propia historia: la de la ni&ntilde;a de siete a&ntilde;os, hija de un militante montonero (preso durante el per&iacute;odo que abarca el relato) que se va a vivir clandestinamente durante algunos meses de comienzos de 1976 con su madre, tambi&eacute;n militante de la misma organizaci&oacute;n, a la casa donde funcionaba la imprenta clandestina de Montoneros, en la ciudad de La Plata, encubierta bajo la fachada de un criadero de conejos. La madre y la ni&ntilde;a abandonaron la casa a mediados de 1976 y, pocos d&iacute;as m&aacute;s tarde, la imprenta fue destruida en un impresionante operativo que dej&oacute; como resultado siete montoneros asesinados y una beb&eacute; secuestrada que hasta el d&iacute;a de hoy no ha sido posible localizar.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En verdad se trata de un libro de memoria. Laura Alcoba necesit&oacute; treinta a&ntilde;os para poder plasmar en &eacute;l sus recuerdos. Aunque se&ntilde;ala al comienzo del texto que pens&oacute; que deb&iacute;a dejar pasar tiempo o esperar que ya no hubiera sobrevivientes, lo que la decidi&oacute; a relatar esa experiencia fue un viaje a Argentina y la visita a la casa, hoy convertida en museo.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la subjetividad m&aacute;s &iacute;ntima, la mirada de una ni&ntilde;a reconstruye una historia personal y generacional. Por una parte, el clima de violencia, angustia, miedo, desapariciones y secuestros de beb&eacute;s, propio de los a&ntilde;os 70 en el marco del horror dictatorial, as&iacute; como la vida cotidiana de un grupo de militantes agobiados por las presiones y peligros de su inminente derrota. Por la otra, el desamparo y la vulnerabilidad de una peque&ntilde;a de siete a&ntilde;os, obligada por las circunstancias a vivir en la clandestinidad (mud&aacute;ndose de domicilios, utilizando documentaci&oacute;n falsa, perdiendo su apellido, viajando en la parte trasera de un coche sin comprender cabalmente por qu&eacute;, visitando de vez en cuando en la c&aacute;rcel a su padre o encontr&aacute;ndose a escondidas en una plaza con sus abuelos). La voz infantil habla no s&oacute;lo desde la clandestinidad, sino fundamentalmente desde el miedo, la incertidumbre, el terror y, tambi&eacute;n, desde la inocencia y la perplejidad de una ni&ntilde;a que, sin saber c&oacute;mo hacerlo, debe asumir responsabilidades adultas y comportarse casi como una militante comprometida (mantener el secreto de lo que verdaderamente es el lugar, pasar desapercibida en la escuela, conocer las reglas de seguridad, manejar el secreto, etc&eacute;tera), cometiendo, sin embargo, algunos errores que agudizaban el peligro que corr&iacute;a la organizaci&oacute;n y que le valieron serios rega&ntilde;os.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien el material del libro es autobiogr&aacute;fico, no se trata de un testimonio, aunque las fronteras entre ambos se confundan. La casa de los conejos es, m&aacute;s bien, una reconstrucci&oacute;n ficcional, en la que las estrategias narrativas le dan una densidad particular a lo testimonial&#150;autobiogr&aacute;fico. Para Laura Alcoba, reconstruir la mirada de la ni&ntilde;a s&oacute;lo se puede hacer a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n, pues &eacute;sta es el &uacute;nico lugar posible para recrear la atm&oacute;sfera de angustia y miedo de la &eacute;poca. La brutalidad de los hechos se vuelve aun m&aacute;s intensa desde la mirada infantil, penetrante y a la vez ingenua, construida desde lo &iacute;ntimo y lo privado. La toma de distancia a partir de la ficci&oacute;n impide que la narraci&oacute;n adquiera un car&aacute;cter ideol&oacute;gico, explicativo o moral. El lector queda librado a su propia interpretaci&oacute;n y valoraci&oacute;n de lo acontecido. La estrategia narrativa est&aacute; construida a trav&eacute;s de peque&ntilde;os cap&iacute;tulos&#150;fragmentos muy peque&ntilde;os, que parecen ser instant&aacute;neas de un &aacute;lbum de fotos. Pero ninguna fotograf&iacute;a calca la realidad tal cual es, sino que est&aacute; siempre mediada en un encuadre, desde un &aacute;ngulo y una luminosidad espec&iacute;fica. El &aacute;lbum de <i>La casa de los conejos </i>comienza con la fotograf&iacute;a n&iacute;tida de la voz en primera persona de la autora&#150;narradora ya adulta, dirigi&eacute;ndose a Diana Terrugi &#150;la militante de montoneros responsable de la imprenta y cuya hija desapareciera en el ataque a la casa&#150;, y finaliza con otra fotograf&iacute;a igualmente n&iacute;tida en la que la misma autora&#150;narradora resume de manera escueta el destino de los personajes. Entre ambas fotograf&iacute;as, el &aacute;lbum se desgrana en una alud de escenas borrosas y casi inconexas (como la memoria misma: fragmentaria, selectiva, carente de un orden cronol&oacute;gico lineal), estructuradas ficcionalmente al tiempo que la mirada fotogr&aacute;fica tampoco es fija; la narradora mira en un permanente movimiento entre el "afuera" y el "adentro", el "nosotros" y el "ellos", lo visible y lo invisible, el silencio y la palabra.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que fuera "la casa de los conejos" est&aacute; convertida actualmente en un museo de la memoria. La &uacute;nica persona que puede contar la historia de esa casa, por lo menos durante los meses que vivi&oacute; all&iacute;, es Laura Alcoba. Todos, salvo ella, su madre y quien los delat&oacute;, est&aacute;n muertos. Relatada desde su particular punto de vista, y tomando en consideraci&oacute;n que nadie m&aacute;s sobrevivi&oacute;, la interrogante que atraviesa todo el texto es: "&iquest;Por qu&eacute; algunos han muerto y yo no?" La respuesta cae como pesado granito dispuesto a disolver el entender: "el azar", palabra ideada en un juego de crucigramas y que resulta ser "la m&aacute;s adecuada ya que se hab&iacute;a formada sola, por azar". Sin embargo, es un "azar" cr&iacute;ptico, escrito inicialmente con faltas de ortograf&iacute;a ("asar"), incluso su correcci&oacute;n ("Izabel") se entreteje con los otros vocablos del crucigrama: "Videla", "dar", "muerte", "arte". Una met&aacute;fora pertinente para el azar de la sobrevivencia, la denuncia del horror y la oportuna escritura de este libro.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Informaci&oacute;n sobre la autora</b></b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Gilda Waldman Mitnick</b> Soci&oacute;loga. Doctora en Sociolog&iacute;a por la FCPyS&#150;UNAM, de donde es profesora de tiempo completo. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, CONACYT, nivel II. Sus principales l&iacute;neas de investigaci&oacute;n son: historia y memoria, literatura y sociedad. Es autora de numerosos cap&iacute;tulos en libros as&iacute; como de art&iacute;culos publicados en revistas especializadas, entre ellos: "Imaginaciones autobiogr&aacute;ficas. Voces, tiempos y espejos en dos autobiograf&iacute;as de mujeres" (2010); "Mujeres por mujeres. Miradas femeninas en la novela hist&oacute;rica contempor&aacute;nea chilena. Primeras aproximaciones" (2010); "El rostro en la frontera" (2009); "&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el hogar? Apuntes para una reflexi&oacute;n" (2009) y "Violence and Silence in Dictatorial and Postdictatorial Chile" (2009).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[ ]]></body>
</article>
