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<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Economía]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Economía y economía política de Friedman: una crítica desde el viejo keynesianismo]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Econom&iacute;a y econom&iacute;a pol&iacute;tica de Friedman: una cr&iacute;tica desde el viejo keynesianismo</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Thomas I. Palley*</b></font></p>     <p align="center">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Consejero de Pol&iacute;tica Econ&oacute;mica en la Federaci&oacute;n Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL&#45;CIO, por sus siglas en ingl&eacute;s) e Investigador asociado en el Economic Policy Institute</i>. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:mail@thomaspalley.com">mail@thomaspalley.com</a>. </font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Manuscrito recibido en enero de 2014    <br>   Aceptado en mayo de 2014</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La influencia que Milton Friedman ha ejercido en la profesi&oacute;n econ&oacute;mica es enorme. Si bien en parte su &eacute;xito se debi&oacute; a las fuerzas pol&iacute;ticas que han hecho del neoliberalismo la ideolog&iacute;a dominante a escala mundial, tambi&eacute;n las dirigi&oacute; y contribuy&oacute; a ellas. El triunfo profesional de Friedman es testimonio de las d&eacute;biles bases intelectuales de la profesi&oacute;n econ&oacute;mica que acepta ideas que son conceptual e intelectualmente inconsistentes. Su triunfo ha llevado a que la econom&iacute;a retroceda hacia el prekeynesianismo y haya expulsado de la academia al keynesianismo. El pensamiento de Friedman tambi&eacute;n enmarca la as&iacute; llamada econom&iacute;a neokeynesiana, que simplemente es nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica a la que se agreg&oacute; la competencia imperfecta y las rigideces nominales. Al permitir la afirmaci&oacute;n de que la macroeconom&iacute;a est&aacute; plenamente caracterizada por una divisi&oacute;n entre nuevo keynesianismo y nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica, la primera cierra la pinza que excluye al viejo keynesianismo. Mientras dicha pinza no se abra, la econom&iacute;a permanecer&aacute; a la sombra de Friedman.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> Friedman, monetarismo, nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica, nuevo keynesianismo, neoliberalismo.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Clasificaci&oacute;n JEL:</b> A10, B10, B30, E00.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>LA INFLUENCIA DE FRIEDMAN EN LA ECONOM&Iacute;A</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Milton Friedman muri&oacute; el 16 de noviembre de 2006, a la edad de 94 a&ntilde;os. Como muchos hicieron notar en ese momento, quiz&aacute; fue el economista m&aacute;s influyente en el &uacute;ltimo cuarto del siglo xx. Si el periodo previo (1945&#45;1975) fue la "era de Keynes", al siguiente periodo de treinta a&ntilde;os (1975&#45;2005) se le podr&iacute;a leg&iacute;timamente calificar de la "era Friedman". &Eacute;ste no s&oacute;lo contribuy&oacute; a reformular el pensamiento en econom&iacute;a al desplazar la econom&iacute;a keynesiana, sino que tuvo una incidencia pol&iacute;tica profunda cuando estableci&oacute; una relaci&oacute;n entre capitalismo y libertad en su famosa obra publicada en 1962. Esta incidencia la atrapa Summers (2006) en su paneg&iacute;rico a Friedman titulado "The Great Liberator", que apareci&oacute; en el <i>New York Times</i> poco antes de morir: "no hace mucho todos &eacute;ramos keynesianos. De igual forma, cualquier dem&oacute;crata honesto admitir&aacute; que ahora todos somos friedmanianos".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora, en los albores de la crisis financiera mundial de 2008 y el consecuente gran estancamiento, los eventos van desfilando uno a uno ante Friedman, lo cual ha creado una esquizofrenia intelectual cuando dichos eventos hablan de lo acertado del viejo keynesianismo y, no obstante, la econom&iacute;a pol&iacute;tica de Friedman sigue siendo dominante entre la elite econ&oacute;mica y pol&iacute;tica. Esa condici&oacute;n obstaculiza una reactivaci&oacute;n te&oacute;rica plena de la econom&iacute;a de Keynes, acarreando consigo graves consecuencias en la pol&iacute;tica econ&oacute;mica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este ensayo presenta la cr&iacute;tica que desde la perspectiva del viejo keynesianismo se hace a la aportaci&oacute;n intelectual de Milton Friedman.<sup><a href="#notas">1</a></sup> Cuestiona tanto la calidad como la perdurabilidad de los argumentos econ&oacute;micos de Friedman, si bien reconoce su impacto como economista pol&iacute;tico y su postura pol&iacute;tica. La etiqueta viejo keynesianismo se invoca espec&iacute;ficamente para distinguirla del nuevo keynesianismo, ya que esta &uacute;ltima se ha corrompido y ha confundido el significado del keynesianismo, dificultando m&aacute;s la distinci&oacute;n entre econom&iacute;a keynesiana y macroeconom&iacute;a de Friedman, que ahora da forma a la macroeconom&iacute;a moderna.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La econom&iacute;a neokeynesiana es una mutante gen&eacute;rica del as&iacute; denominado "keynesianismo bastardo" IS&#45;LM asociado con Paul Samuelson de la Escuela de Econom&iacute;a del Massachusetts Institute of Technology (MIT).<sup><a href="#notas">2</a></sup> El nuevo keynesianismo abandona el vestigio keynesiano y deja atr&aacute;s el umbral intelectual, de manera que las expectativas racionales devienen la nueva macroeconom&iacute;a a la que se agrega la competencia imperfecta y las rigideces del precio y salario nominal. En consecuencia, ser&iacute;a mejor etiquetarla como "nueva econom&iacute;a pigoviana" (Palley, 2009), que por el &eacute;nfasis que pone en las imperfecciones del mercado representa el enfoque de Arthur Pigou, quien fuera el gran rival intelectual de Keynes en Cambridge en los a&ntilde;os de 1930. Esto quiere decir que el nuevo keynesianismo tiene poco que ver con Keynes y mucho con Friedman, padre intelectual de la nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este v&iacute;nculo estrecho entre Friedman y el nuevo keynesianismo pasa en gran medida desapercibido y esa falta de reconocimiento coloca una barrera casi infranqueable para entender y reabrir la macroeconom&iacute;a. Al afirmar que la macroeconom&iacute;a se caracteriza por una divisi&oacute;n entre nuevo keynesianismo y nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica, aqu&eacute;l cierra la pinza que excluye al viejo keynesianismo.<sup><a href="#notas">3</a></sup> Mientras dicha pinza se mantenga cerrada, la econom&iacute;a permanecer&aacute; a la sombra de Friedman, y liberarse de ese atenazamiento requiere reacondicionar el papel que desempe&ntilde;a el pensamiento de Friedman en la econom&iacute;a neokeynesiana y hacer clara la distinci&oacute;n entre la econom&iacute;a del viejo keynesianismo y la econom&iacute;a del nuevo keynesianismo.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>UNA TAXONOM&Iacute;A DE LA APORTACI&Oacute;N DE MILTON FRIEDMAN</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <a href="#e1">esquema 1</a> proporciona una taxonom&iacute;a de la aportaci&oacute;n de Friedman, que hemos dividido en cuatro partes y que nos es &uacute;til para estructurar lo que resta de este ensayo. Al primer aspecto lo denominamos "primeros trabajos" de Friedman e incluye sus aportaciones a la metodolog&iacute;a, la econom&iacute;a internacional, la teor&iacute;a del consumo, la teor&iacute;a de la demanda de dinero y la pol&iacute;tica de estabilizaci&oacute;n. El segundo aspecto lo denominamos "monetarismo"; al tercero, "nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica", que asociamos con la doctrina de la tasa natural de desempleo a la que tambi&eacute;n se hace referencia como tasa de desempleo no aceleradora de la inflaci&oacute;n (NAIRU, por sus siglas en ingl&eacute;s). Tobin (1980; 1981) hace referencia al monetarismo original como monetarismo marca I y a la nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica como monetarismo marca II. El cuarto aspecto lo denominamos "pol&iacute;tica econ&oacute;mica" y hace referencia al trabajo de Friedman referente a la relaci&oacute;n entre capitalismo y libertad.</font></p> 	    <p align="center"><a name="e1"></a></p> 	    <p align="center"><img src="/img/revistas/ineco/v73n288/a1e1.jpg"></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>PRIMEROS TRABAJOS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aun cuando los primeros trabajos constituyen un cuerpo ecl&eacute;ctico, su impacto ha sido fuerte y establece las bases para sus aportaciones posteriores y hay una consistencia significativa entre ambas partes.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Metodolog&iacute;a</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siendo que ante todo es un macroeconomista monetarista, Friedman tuvo un impacto importante en la comprensi&oacute;n que los economistas tienen de la metodolog&iacute;a. Su ensayo "The Methodology of Positive Economics" (Friedman, 1953a) ha tenido una influencia profunda, prolongada y mal&eacute;fica en la comprensi&oacute;n que los economistas tienen de la econom&iacute;a. En efecto, una generaci&oacute;n de estudiantes abrev&oacute; en esa fuente e impacto a pr&aacute;cticamente la mayor&iacute;a de ellos (los viejos keynesianos incluidos). Dejando a la profesi&oacute;n pr&aacute;cticamente vac&iacute;a de cualquier preocupaci&oacute;n metodol&oacute;gica, sigue dominando en la comprensi&oacute;n econ&oacute;mica y su pr&aacute;ctica, a pesar de sus profundas deficiencias.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El marco metodol&oacute;gico de Friedman descansa en una distinci&oacute;n entre econom&iacute;a "positiva" y econom&iacute;a "normativa". El n&uacute;cleo de la premisa es: "La econom&iacute;a positiva es, en principio, independiente de cualquier postura &eacute;tica o juicio de valor &#91;...&#93; lidia con lo 'que es' y no con lo 'que deber&iacute;a ser' (Friedman, 1953a: 4) (Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s).</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Friedman, la econom&iacute;a positiva tiene que ver con teor&iacute;a econ&oacute;mica, mientras que la normativa tiene que ver con la econom&iacute;a pol&iacute;tica y con lo que deber&iacute;an ser las metas de la econom&iacute;a. De acuerdo con esa afirmaci&oacute;n, la teor&iacute;a es a&#45;valorativa y los valores del te&oacute;rico no la afectan, como tampoco los valores de la sociedad en la cual trabaja el te&oacute;rico. Esto es ampliamente sostenido y sirve para aislar a la econom&iacute;a dominante de cualquier acusaci&oacute;n que la se&ntilde;ale como una econom&iacute;a sesgada. Adem&aacute;s, en la medida que no hay un discurso activo en torno a la metodolog&iacute;a o que se interese en ella, estorba cualquier argumentaci&oacute;n que se coloque sobre la mesa contra una teor&iacute;a sesgada. En esta tendencia, se ense&ntilde;a a los estudiantes que la teor&iacute;a econ&oacute;mica ortodoxa est&aacute; exenta de valoraciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una segunda falacia metodol&oacute;gica fue la afirmaci&oacute;n de Friedman respecto a la no pertinencia de la realidad de los supuestos para la teor&iacute;a econ&oacute;mica: "La pregunta pertinente que hay que formular sobre los 'supuestos' de una teor&iacute;a no es si son descriptivamente 'realistas', porque nunca lo son, sino si son aproximaciones suficientemente pegajosas para los prop&oacute;sitos en cuesti&oacute;n. Y esta pregunta s&oacute;lo se la puede responder viendo si la teor&iacute;a sirve (Friedman, 1953a: 15) (Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Friedman, una teor&iacute;a no puede ser juzgada por el realismo (o carencia del mismo) de sus supuestos, dejando que &eacute;stos sean un par&aacute;metro libre a ser construido y seleccionado de forma tal que la teor&iacute;a funcione.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al formular el argumento, Friedman, el pol&eacute;mico, apela a la ciencia natural para luego hacer un truco de prestidigitaci&oacute;n que transfiere el argumento a la econom&iacute;a. Y, sin embargo, la econom&iacute;a es una ciencia social y del comportamiento que la marca como algo fundamentalmente diferente. Los &aacute;tomos no hacen teor&iacute;a de los &aacute;tomos, no obstante, los actores econ&oacute;micos (los economistas) hacen teor&iacute;a en relaci&oacute;n con otros actores econ&oacute;micos. Los economistas son te&oacute;ricos y actores por igual en la econom&iacute;a. Tienen capacidad introspectiva y sus propias experiencias econ&oacute;micas, aportando una base adicional para evaluar una teor&iacute;a que no est&aacute; ah&iacute; disponible en las ciencias naturales. Esas ideas introspectivas y experiencias son informaci&oacute;n que imponen l&iacute;mites adicionales a la teor&iacute;a econ&oacute;mica que deben reconciliarse con la teor&iacute;a. Pero Friedman ignora campalmente ese hecho.<sup><a href="#notas">4</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Juntas, la negaci&oacute;n de los valores en la teor&iacute;a y la negaci&oacute;n del realismo de los supuestos, levantan una barrera contra la cr&iacute;tica. La negaci&oacute;n de valores en la teor&iacute;a protege a la moderna macroeconom&iacute;a en contra de los cargos de que est&aacute; altamente politizada; mientras que la negaci&oacute;n del realismo de los supuestos protege a la teor&iacute;a macroecon&oacute;mica, incluyendo los microfundamentos de la macroeconom&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los viejos keynesianos son culpables por aceptar el deficiente an&aacute;lisis metodol&oacute;gico de Friedman y, sin embargo, son quienes se han venido a convertir en las v&iacute;ctimas de ese an&aacute;lisis debido a que protege contra la cr&iacute;tica a la teor&iacute;a microecon&oacute;mica y a la macroeconom&iacute;a ortodoxas (incluida la cr&iacute;tica keynesiana) que podr&iacute;a impulsar el cambio.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Econom&iacute;a internacional</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con relaci&oacute;n a la econom&iacute;a internacional, el ensayo de Friedman (1953b) en defensa de los tipos de cambio flexible ("The Case for Flexible Exchange Rates") ha tenido una importancia enorme. Posterior a la gran depresi&oacute;n, los tipos de cambio flexibles fueron vistos con suspicacia pol&iacute;tica a causa de las devaluaciones competitivas de los a&ntilde;os de 1930. Friedman fue pionero en la rehabilitaci&oacute;n de los tipos de cambio flexibles, argumentando que facilitaban el ajuste econ&oacute;mico internacional, evitando la necesidad de dolorosos y disruptivos ajustes en el nivel de los precios internos, y evitando la posible inquietud e inestabilidad asociada con la devaluaci&oacute;n oficial discrecional.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman argumenta que los tipos de cambio flexibles son preferibles dado que constituyen un mecanismo de mercado autoajustable y no uno que descanse en intervenciones gubernamentales, que es muy probable se ejerzan con muchas deficiencias y que sean potencialmente desestabilizadoras. En contraste, se parte del supuesto de que el mercado se estabiliza. El argumento es que existe un tipo de cambio de equilibrio fundamental. Cuando el tipo de cambio se deval&uacute;a, los especuladores compran y obtienen ganancias en la medida que hacen que la tasa suba hasta alcanzar un equilibrio fundamental: cuando se sobrevalua, los especuladores venden y se enriquecen conforme hacen descender la tasa hacia el equilibrio fundamental.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los dos argumentos, respecto al papel que desempe&ntilde;a la estabilizaci&oacute;n de los mercados y los efectos disruptivos de las intervenciones de pol&iacute;tica p&uacute;blica discrecionales, aparecen reiteradamente en el an&aacute;lisis macroecon&oacute;mico monetario de Friedman. Desde la posici&oacute;n ventajosa de un viejo keynesiano, hay tres cr&iacute;ticas que se pueden hacer a la validez de los argumentos referentes a los tipos de cambio.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Primera, Friedman afirma la estabilidad de los mercados de los tipos de cambio (FX). Pero, la evidencia emp&iacute;rica muestra que &eacute;stos nunca est&aacute;n en paridad con el poder adquisitivo (PPA) y que, por el contrario, parecen seguir largos vaivenes que se extienden por encima y por debajo del PPA. Adem&aacute;s, los modelos emp&iacute;ricos son terriblemente malos para predecir el tipo de cambio real (Meese y Rogoff, 1983; Taylor, 1995; Rogoff, 1999; Isard, 2007; Chinn, 2008). Estas caracter&iacute;sticas del tipo de cambio llevaron a Tobin (1978) a proponer un peque&ntilde;o impuesto a las transacciones con FX para desalentar a los especuladores y reducir la volatilidad de los tipos de cambio. Este escepticismo del viejo keynesianismo hacia el papel que desempe&ntilde;a la estabilizaci&oacute;n de la especulaci&oacute;n en los mercados de FX se extiende hacia los mercados financieros de forma m&aacute;s amplia. En la <i>Teor&iacute;a General,</i> Keynes (1936) cuestiona la capacidad de los mercados financieros para establecer tasas de inter&eacute;s apropiadas debido a fluctuaciones en la preferencia de liquidez. Minsky (1992) formul&oacute; su hip&oacute;tesis de estabilidad financiera, seg&uacute;n la cual los mercados financieros tienen una predisposici&oacute;n gen&eacute;tica a crear gradualmente condiciones inestables (Palley, 2011).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segunda, la econom&iacute;a pol&iacute;tica de Friedman se construye en t&eacute;rminos de un mercado competente con un conjunto unificado de intereses <i>vs</i> un gobierno incompetente. Los viejos keynesianos cuestionan ambos supuestos, el de la competencia de los mercados y el de la incompetencia de los gobiernos. Adem&aacute;s, los keynesianos de izquierda critican el supuesto de los intereses del mercado unificado. En realidad, las econom&iacute;as est&aacute;n marcadas por la clase y otras divisiones econ&oacute;micas. En un mundo de tipos de cambio flexibles, el capital financiero puede disciplinar a los gobiernos amenazando con salir si se empe&ntilde;an en seguir pol&iacute;ticas no favorables a dicho capital. Este problema se agudiza, particularmente, en las econom&iacute;as de mercado emergentes, si bien tambi&eacute;n aflige a las econom&iacute;as desarrolladas. Por ejemplo, el presidente Francois Mitterand abandon&oacute; su programa keynesiano de est&iacute;mulos en junio de 1993, que marc&oacute; el desplazamiento europeo hacia el neoliberalismo, y ese abandono se le puede atribuir en parte a las presiones del mercado financiero internacional que se ejercieron en contra del marco franc&eacute;s. Ese tipo de conflictos se encuentra totalmente ausentes de la econom&iacute;a pol&iacute;tica de Friedman.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tercera, desde la perspectiva de Friedman, y respecto a los efectos econ&oacute;micos reales que tiene la flexibilidad de los tipos de cambio, supone que tienen resultados benignos. No obstante, los estructuralistas latinoamericanos (Sunkel, 1958; Olivera, 1964) argumentan que la depreciaci&oacute;n del tipo de cambio puede acarrear una inflaci&oacute;n disruptiva a consecuencias de las restricciones estructurales y desequilibrios en las econom&iacute;as en desarrollo. La depreciaci&oacute;n en el tipo de cambio tambi&eacute;n puede ser contradictoria (Krugman y Taylor, 1978).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La teor&iacute;a del consumo</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La famosa monograf&iacute;a de Friedman (1957) <i>A Theory of the Consumption Function</i> constituye su aportaci&oacute;n a la teor&iacute;a del consumo. Los viejos keynesianos la aceptaron en gran medida e hicieron aportaciones afirmativas importantes. Sin embargo, tambi&eacute;n conten&iacute;a implicaciones importantes subversivas para el keynesianismo y de las cuales da la impresi&oacute;n que los viejos keynesianos no estuvieron conscientes.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>La Teor&iacute;a General</i> de Keynes introduce en la macroeconom&iacute;a la noci&oacute;n de una funci&oacute;n de consumo agregado. Con base en su afirmaci&oacute;n de una ley psicol&oacute;gica general, Keynes (1936: 96) afirma que la propensi&oacute;n marginal al consumo (PMC) se reduce con el ingreso, lo que implica una disminuci&oacute;n de la propensi&oacute;n promedio de consumo (PPC); esta afirmaci&oacute;n la cuestion&oacute; Kuznets (1946), que mostr&oacute; que la econom&iacute;a estadounidense se caracterizaba por una PPC constante de largo plazo. El hallazgo de Kuznets marc&oacute; una aparente contradicci&oacute;n mediante la cual datos de corto plazo mostraron una PPC decreciente, en comparaci&oacute;n con datos de largo plazo que mostraron una PPC constante.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La hip&oacute;tesis del ingreso permanente (HIP) que formulara Friedman reconcili&oacute; esta aparente contradicci&oacute;n y tambi&eacute;n hizo aportaciones te&oacute;ricas importantes. La hip&oacute;tesis afirma que los hogares consumen una proporci&oacute;n fija del ingreso permanente, definido como valor anual de las corrientes de ingreso y riqueza que se espera tener a lo largo de la vida. Respecto a la teor&iacute;a, la HIP hace hincapi&eacute; en la naturaleza de visi&oacute;n futura que caracteriza a las decisiones de consumo, que toman en consideraci&oacute;n tanto ingresos presentes como futuros. Esa dimensi&oacute;n de visi&oacute;n futura hab&iacute;a quedado entendida en la formulaci&oacute;n de Keynes, que tend&iacute;a a destacar el papel que desempe&ntilde;a el ingreso presente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segundo, la HIP explic&oacute; por qu&eacute; el gasto en consumo tender&iacute;a a ser muy estable y fluctuar&iacute;a menos en comparaci&oacute;n con el ingreso presente. Eso se deb&iacute;a a que el ingreso permanente, que se calcul&oacute; a lo largo de la vida, es mucho m&aacute;s estable en comparaci&oacute;n con el ingreso presente que fluct&uacute;a con el ciclo econ&oacute;mico. De forma que, el consumo s&oacute;lo cambia en respuesta a cambios en el ingreso permanente, y las fluctuaciones temporales en el ingreso presente no tienen un impacto, excepto si llegan a una fracci&oacute;n tal que afectan al ingreso permanente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tercero, la HIP explica la persistencia del gasto en consumo, proporcionando una alternativa a las normas y h&aacute;bitos de consumo como explicaci&oacute;n de la persistencia. De acuerdo con la HIP, la persistencia del consumo se deriva de la estabilidad del ingreso permanente que fluct&uacute;a muy poco a causa de su alcance, esto es, que se extiende a lo largo del ciclo de vida. Este contraste con normas y h&aacute;bitos que explican la persistencia en t&eacute;rminos de altos costos de utilidad resultado del ajuste al consumo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuarto, la HIP result&oacute; consistente con la teor&iacute;a de consumo de m&aacute;xima utilidad a lo largo del ciclo de vida, que desarrollaron Modigliani y Brumberg (1954), la cual implica el supuesto especial de una tasa de inter&eacute;s cero, una tasa de descuento cero, sin restricciones de liquidez y mercados financieros perfectos completos que permiten la monetizaci&oacute;n de corrientes de ingreso futuro en el ingreso permanente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Referente a la aportaci&oacute;n emp&iacute;rica, Friedman reconcilio la diferencia entre regresiones (de secci&oacute;n cruzada) de estimaciones de consumo de corto plazo y regresiones de series de tiempo de estimaciones de consumo agregado de largo plazo apelando a un argumento de errores estad&iacute;sticos en las variables. El argumento es que las estimaciones de secci&oacute;n cruzada usan el ingreso real de los hogares m&aacute;s que el ingreso permanente de los hogares. Dado que la mayor parte de los hogares se ubica en la parte media de la distribuci&oacute;n de los ingresos, la distribuci&oacute;n observada del ingreso real de los hogares (que es igual al ingreso permanente m&aacute;s sacudidas transitorias) tiende a estar m&aacute;s extendida en comparaci&oacute;n con el ingreso permanente. En consecuencia, las regresiones que hacen estimaciones usando el ingreso real tienden a encontrar una pendiente plana: as&iacute;, encuentran que las estimaciones de funci&oacute;n de consumo de secci&oacute;n cruzada son m&aacute;s planas respecto a las estimaciones de series de tiempo de la funci&oacute;n de consumo per c&aacute;pita agregado.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay dos aspectos subversivos de la HIP de Friedman que b&aacute;sicamente pas&oacute; por alto el viejo keynesianismo. Primero, la HIP afirma que todos los hogares tienen la misma PMC constante de su ingreso permanente. En consecuencia, la redistribuci&oacute;n del ingreso no impacta al gasto en consumo agregado y la desigualdad del ingreso deja de ser pertinente para el gasto en consumo y la demanda agregada (DA), lo cual resulta inconsistente con el pensamiento keynesiano basado en la funci&oacute;n de consumo de Keynes, donde la desigualdad del ingreso reduce el gasto en consumo y la DA porque la PPC decrece con el ingreso. Por ende, al aceptar la HIP los viejos keynesianos neutralizaron un elemento importante de la agenda de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica keynesiana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segundo, la funci&oacute;n de consumo keynesiana era de estancamiento, es decir, implicaba tendencias de estancamiento que se autoafirmar&iacute;an conforme la econom&iacute;a creciera y el ingreso se incrementara a consecuencia de una declinaci&oacute;n de PPC. Este argumento estaba asociado con la postura del keynesianismo de izquierda articulada por Steindl (1952). La HIP debilit&oacute; tal argumento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ello apunta hacia una distinci&oacute;n entre el viejo keynesianismo y los keynesianos de izquierda. Los viejos keynesianos creen que la distribuci&oacute;n del ingreso es importante para la DA y que la econom&iacute;a puede quedar atrapada por el desempleo debido a una DA escasa atribuible a la desigualdad del ingreso. Los keynesianos de izquierda agregan la hip&oacute;tesis del estancamiento secular. La HIP debilita ambas posturas. No obstante, el argumento del viejo keynesianismo puede restaurarse v&iacute;a una teor&iacute;a del consumo con ingreso relativamente permanente (Palley, 2010) que amalgama los argumentos de Keynes (1936), Duesenberry (1948 &#91;1971&#93;; 1949) y Friedman (1957). De acuerdo con la HIP relativa, la PPC de los hogares es una funci&oacute;n negativa del ingreso relativamente permanente de los hogares. En consecuencia, la creciente desigualdad del ingreso puede reducir la PPC en toda la econom&iacute;a. De esta forma, las ideas perspicaces con que Friedman formul&oacute; su teor&iacute;a del consumo se tornan consistentes con la teor&iacute;a del viejo keynesianismo y la relaci&oacute;n que observa entre desigualdad del ingreso y DA.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Demanda de dinero</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro elemento importante de los primeros trabajos de Friedman fue su ensayo "The Quantity Theory of Money: A restatement" (1956 &#91;1969&#93;), cuyos contenidos constituyen los elementos te&oacute;ricos de la doctrina que vendr&iacute;an a ser conocidos como "monetarismo". Este ensayo de Friedman aporta una declaraci&oacute;n sistem&aacute;tica de la macroeconom&iacute;a monetarista de la escuela de Chicago, que desarrollaron en los a&ntilde;os de 1930 Henry Simons y Lloyd Mints. De acuerdo con Friedman, la versi&oacute;n de la teor&iacute;a cuantitativa de la escuela de Chicago era una teor&iacute;a de la demanda de dinero: "La teor&iacute;a cuantitativa es, en primer lugar, una teor&iacute;a de la demanda de dinero" (Friedman, 1956 &#91;1969: 95&#93;) &#91;Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La formulaci&oacute;n que Friedman hace respecto a la demanda de dinero ocasiona que surjan cuatro aspectos importantes. Primero, la demanda de dinero no es una porci&oacute;n fija del ingreso como sostiene la ecuaci&oacute;n de Cambridge de la balanza de efectivo; por el contrario, es una funci&oacute;n de todas las variables pertinentes incluyendo preferencias, tecnolog&iacute;as de transacci&oacute;n, tasas de rendimientos en todos los activos (incluso bienes durables), inflaci&oacute;n, riqueza e ingreso nominal. Tambi&eacute;n es homog&eacute;nea en grado con relaci&oacute;n a los precios (Friedman, 1956 &#91;1969&#93;: 100&#45;2&#93;). Segundo, la demanda de dinero es una soluci&oacute;n resultado de un programa de selecci&oacute;n de maximizaci&oacute;n de rendimientos definido en magnitudes reales (Friedman, 1956 &#91;1969&#93;: 102&#93;). Tercero, la demanda de dinero es una transformaci&oacute;n funcional de la velocidad del dinero y viceversa, de forma que la velocidad del dinero queda determinada por la raz&oacute;n de ingreso nominal respecto a la demanda de dinero (Friedman, 1956 &#91;1969, p. 103&#93;). Y cuarto, la funci&oacute;n demanda de dinero es estable. Ello no significa que sea constante: no significa que no est&eacute; sujeta a frecuentes y grandes cambios impredecibles:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El te&oacute;rico cu&aacute;ntico acepta la hip&oacute;tesis emp&iacute;rica seg&uacute;n la cual la demanda de dinero es altamente estable &#151;m&aacute;s estable que funciones como la funci&oacute;n de consumo &#91;...&#93; el te&oacute;rico cu&aacute;ntico no quiere decir, y en general no lo hace, que la cantidad real de demanda de dinero por unidad de producto o la velocidad de circulaci&oacute;n del dinero sea num&eacute;ricamente constante a lo largo del tiempo; &#91;...&#93; Ya que espera que la estabilidad se encuentre en la relaci&oacute;n funcional entre demanda de cantidad de dinero y las variables que la determinan&#91;...&#93; (Friedman, 1956 &#91;1969: 108&#45;9&#93;) &#91;Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde el punto de vista del viejo keynesianismo, la reformulaci&oacute;n que hace Friedman (1956 &#91;1969&#93;) de la teor&iacute;a de la cantidad de dinero es plenamente aceptable, s&oacute;lo se vuelve problem&aacute;tica cuando posteriormente se la coloca en el contexto del monetarismo. De hecho, la formulaci&oacute;n que hace Friedman de la demanda de dinero como parte de un programa general de maximizaci&oacute;n de rendimientos corrige una especificaci&oacute;n de flujo muy importante en el modelo keynesiano IS&#45LM (Hicks, 1937). La especificaci&oacute;n IS&#45LM inicial trata las decisiones que toman los hogares respecto al ahorro (relativas a LM) como separadas del portafolio de decisiones (relativas a LM). Dicha separaci&oacute;n contribuye a un falso debate que representa a la teor&iacute;a de preferencia de liquidez keynesiana como una teor&iacute;a basada en el <i>stock</i> de las tasas de inter&eacute;s y a la teor&iacute;a cl&aacute;sica de fondos prestables como una teor&iacute;a de tasas de inter&eacute;s basada en el flujo (Smith, 1958; Tsiang, 1956; Patinkin, 1958). Sin embargo, una vez que la demanda de dinero es vista como parte de un problema de elecci&oacute;n unificada en el cual los agentes obtienen el m&aacute;ximo de rentabilidad al ahorrar y al mismo tiempo tomar decisiones sobre la asignaci&oacute;n de cartera, la distinci&oacute;n es debatible. Las preferencias de liquidez es por igual una teor&iacute;a de <i>stock</i> como de flujo debido a que las variables que afectan las decisiones de ahorrar tambi&eacute;n afectan a las decisiones de cartera y viceversa. Las decisiones que tienen que ver con el flujo de ahorro y las que tienen que ver con el <i>stock</i> se toman al mismo tiempo como parte de un proceso de toma de decisiones unificado e interdependiente. La forma como Friedman enmarca la demanda de dinero refuerza, por ende, la teor&iacute;a keynesiana de tasas de inter&eacute;s basada en preferencia de liquidez que qued&oacute; incorporada en la formulaci&oacute;n que hace Tobin (1982) del modelo IS&#45LM keynesiano de m&uacute;ltiples activos.<sup><a href="#notas">5</a></sup></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ir&oacute;nicamente, el aspecto de la reformulaci&oacute;n que hace Friedman (1956 &#91;1969&#93;) de la teor&iacute;a de la cantidad &#151;que a la postre pasar&aacute; a ser controvertida&#151; tiene que ver con la estabilidad de la demanda de dinero, que es una aseveraci&oacute;n que los viejos econom&eacute;tricos keynesianos que trabajaban con la demanda de dinero aceptaban ampliamente en los a&ntilde;os de 1960. No obstante, la estabilidad de la demanda de dinero y la velocidad del dinero vinieron a convertirse en un tema al quedar insertos en el monetarismo. Esto se debe a que el monetarismo sostiene que la estabilidad de la velocidad prueba que las fluctuaciones econ&oacute;micas no son el resultado de acciones del sector privado sino, por el contrario, resultado de cambios inducidos que el banco central aplicaba en la oferta de dinero.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Pol&iacute;ticas de estabilizaci&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El &uacute;ltimo elemento que conforma los primeros trabajos de Friedman tiene que ver con los escritos donde aborda las pol&iacute;ticas de estabilizaci&oacute;n, tanto fiscales como monetarias. Un art&iacute;culo muy importante que aborda este aspecto fue el de "A Monetary and Fiscal Framework for Economic Stability" (Friedman, 1948), y un segundo fue el de "The Lag in Effects of Monetary Policy" (Friedman, 1961). El trabajo de 1948 es totalmente keynesiano en cuanto que identifica la necesidad de estabilizar la DA para reducir el desempleo y las fluctuaciones c&iacute;clicas. Una lectura desde la perspectiva del viejo keynesianismo en 1948 probablemente habr&iacute;a encontrado poco con lo cual no estar&iacute;a de acuerdo. Sin embargo, en el art&iacute;culo hab&iacute;a argumentos que posteriormente se utilizar&iacute;an no s&oacute;lo en contra de los viejos keynesianos, sino que se pondr&iacute;an al servicio de la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica neoliberal.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo de Friedman referente a la pol&iacute;tica de estabilizaci&oacute;n se enfoc&oacute; en dos temas: rezago en la aplicaci&oacute;n de pol&iacute;ticas y las incertidumbres creadas por pol&iacute;ticas discrecionales. En su trabajo de 1948 Friedman escribe:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay una fuerte presunci&oacute;n que estas acciones discrecionales en general quedar&aacute;n sujetas a largos rezagos en comparaci&oacute;n con las reacciones autom&aacute;ticas y, por ende, ser&aacute;n desestabilizadoras incluso con mayor frecuencia &#91;...&#93;. Las bases de esta presuposici&oacute;n puede verse mejor si subdividimos en tres partes el rezago total en cualquier acci&oacute;n que busque compensar una alteraci&oacute;n: 1) el rezago entre la necesidad de una acci&oacute;n y el que se reconozca dicha necesidad; 2) el rezago entre el reconocimiento de la acci&oacute;n necesaria y realizar la acci&oacute;n, y 3) el rezago entre la acci&oacute;n y sus efectos (Friedman, 1948 &#91;1971: 344&#93;) &#91;Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los diversos rezagos asociados con la pol&iacute;tica discrecional hablan de la superioridad de los estabilizadores autom&aacute;ticos, cuando son posibles. Esto es algo con lo cual un keynesiano de viejo cu&ntilde;o tambi&eacute;n concordar&iacute;a, empero, en trabajos subsecuentes donde aborda el monetarismo, la cr&iacute;tica de Friedman a la pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica se fue politizando crecientemente, reflejando su econom&iacute;a pol&iacute;tica y su antipat&iacute;a hacia el gobierno. As&iacute;, en lugar de que el problema fueran los rezagos t&eacute;cnicos, la incompetencia del gobierno y su sesgo se convirtieron en el problema; como lo evidencia la afirmaci&oacute;n que hace Friedman en el sentido de que la pol&iacute;tica monetaria discrecional fue la principal causa de la gran depresi&oacute;n. Dado ese razonamiento, las reglas para guiar las pol&iacute;ticas pasaron a ser un medio importante para reducir la incertidumbre inducida por las pol&iacute;ticas y con ello evitar sobredimensionar cualquier beneficio de la discrecionalidad. Esta cr&iacute;tica pol&iacute;tica de la pol&iacute;tica discrecional qued&oacute; silenciada en su art&iacute;culo de 1948, si bien ya estaba presente:</font></p>  	    <blockquote> 	      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, me gustar&iacute;a enfatizar el objetivo modesto de la propuesta &#91;...&#93;. Lo que reclama demos seria consideraci&oacute;n es que proporciona un marco estable para medidas fiscales y monetarias que eliminan en gran medida la incertidumbre e implicaciones pol&iacute;ticamente indeseables de las medidas discrecionales tomadas por las autoridades gubernamentales &#91;...&#93; (Friedman, 1948 &#91;1971: 351&#93;) (Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s).</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una caracter&iacute;stica final del trabajo de Friedman de 1948 es que identifica y hace hincapi&eacute; en la rigidez del precio y los salarios como causa del desempleo. Desde el punto de vista de la econom&iacute;a te&oacute;rica, dicho hincapi&eacute; habla de la firme creencia de Friedman en las rigideces como la causa del desempleo; desde la &oacute;ptica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica habla de su creencia en la estabilidad y lo &oacute;ptimo que resultan las econom&iacute;as de mercado con precios flexibles, y, desde la perspectiva pol&iacute;tica, habla de su creencia en la necesidad de flexibilizar los precios y los salarios nominales. Estas caracter&iacute;sticas del pensamiento de Friedman se reafirmar&iacute;an cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s en su teor&iacute;a de la tasa natural de desempleo (Friedman, 1968).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>MONETARISMO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El monetarismo representa una consolidaci&oacute;n de los primeros trabajos de Milton Friedman en el &aacute;mbito de la macroeconom&iacute;a monetaria. Tambi&eacute;n lo lanzaron a la palestra mundial como un te&oacute;rico de la macroeconom&iacute;a.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La causa emp&iacute;rica a favor del monetarismo la asent&oacute; Friedman en la historia monetaria de Estados Unidos de la que fue coautor (Friedman y Schwartz, 1963a; 1963b); la causa te&oacute;rica a favor del monetarismo la estableci&oacute; en su reformulaci&oacute;n de 1956 de la teor&iacute;a cuantitativa y en su monograf&iacute;a de 1971 "A Theoretical Framework for Monetary Analysis", mientras que el an&aacute;lisis de la pol&iacute;tica monetarista, incluida la cr&iacute;tica a la pol&iacute;tica keynesiana, la dej&oacute; asentada en un documento del Institute of Economic Affairs titulado "The Counter&#45;Revolution in Monetary Theory" (Friedman, 1970).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El monetarismo emp&iacute;rico (Friedman y Schwartz, 1963a; 1963b) busc&oacute; aportar evidencia hist&oacute;rica que apoyara las aseveraciones te&oacute;ricas del monetarismo, entre las cuales debe incluirse una relaci&oacute;n estrecha y estable entre oferta de dinero e ingreso nominal y la afirmaci&oacute;n de que el crecimiento en la oferta de dinero ocasiona crecimiento en el ingreso nominal. Asimismo, afirm&oacute; que la Reserva Federal (Fed) era en gran medida responsable de la severidad de la gran depresi&oacute;n debido a que de forma errada amarr&oacute; la pol&iacute;tica monetaria en el momento mismo del inicio de la depresi&oacute;n:</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando se examina la evidencia en detalle result&oacute; que hab&iacute;a que culpar en gran medida a una pol&iacute;tica econ&oacute;mica equivocada. En el periodo de 1929 a 1933, en Estados Unidos hubo una reducci&oacute;n de un tercio en la cantidad de dinero. Es claro que esa reducci&oacute;n provoc&oacute; que la depresi&oacute;n se alargara por m&aacute;s tiempo y la hizo m&aacute;s severa de lo que tendr&iacute;a que haber sido. Adem&aacute;s, e igualmente importante, result&oacute; que dicha reducci&oacute;n no fue consecuencia de que los caballos se negaran a abrevar. No fue consecuencia de una incapacidad para tirar de las riendas. Fue consecuencia directa de las pol&iacute;ticas que sigui&oacute; el sistema de la Reserva Federal (Friedman, 1970: 6) &#91;Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s&#93;.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este argumento emp&iacute;rico se utiliz&oacute; a su vez para respaldar la recomendaci&oacute;n monetarista que dirigi&oacute; la pol&iacute;tica monetaria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El monetarismo te&oacute;rico (Friedman, 1956; 1971) se lo puede comprender mejor por medio de la ecuaci&oacute;n de Fisher:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><i>MV = Y = Py</i> &#91;1&#93;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">donde <i>M</i> es la oferta de dinero nominal; <i>V</i>, la velocidad del dinero; <i>Y</i>, el producto interno bruto (PIB) nominal; <i>P</i>, el nivel de precios; <i>y</i>, el PIB real. Esta relaci&oacute;n se la puede transformar a una de tasas de cambio dada por:</font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="2"><i>g<sub>M</sub>+ g<sub>V</sub>= g<sub>Y</sub>= g<sub>P</sub>+ g<sub>y </sub></i><sub></sub>&#91;2&#93;</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">donde <i>g<sub>M</sub></i> es la tasa de crecimiento de oferta de dinero nominal; <i>g<sub>V</sub>,</i> la tasa de velocidad del cambio; <i>g<sub>Y</sub>,</i> la tasa de crecimiento de PIB nominal; <i>g<sub>P</sub>,</i> la tasa de inflaci&oacute;n, y <i>g<sub>y</sub>,</i> la tasa de crecimiento del PIB real.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la teor&iacute;a monetaria, la oferta de dinero y el crecimiento en la oferta de dinero son aspectos que controla el banco central. La demanda de dinero y la velocidad son estables, como lo sostuvo Friedman (1956 &#91;1969&#93;) en su reformulaci&oacute;n de la teor&iacute;a de la cantidad, implicando que <i>gv</i> = 0. Finalmente, la relaci&oacute;n de causalidad va de <i>MV</i> a <i>Py</i> como supuestamente los documentaron Friedman y Schwartz (1963a; 1963b). Entonces, al ensamblar las piezas se entiende que la autoridad monetaria controla el crecimiento del ingreso nominal. Si el crecimiento del PIB real est&aacute; determinado ex&oacute;genamente de acuerdo con la teor&iacute;a neocl&aacute;sica del crecimiento y es igual a un porcentaje k, entonces la autoridad monetaria puede conseguir estabilidad de precios mediante crecimiento estable del producto real estableciendo un crecimiento de oferta de dinero nominal igual a un porcentaje <i>k</i> por a&ntilde;o.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este marco monetarista consolida la mayor parte de los temas en los primeros trabajos de Friedman en macroeconom&iacute;a monetaria. La econom&iacute;a de mercado privado es estable debido a la estabilidad de la velocidad y la demanda de dinero. Dejando de lado los trastornos aleatorios, las fluctuaciones en la actividad econ&oacute;mica se deben a fluctuaciones en el crecimiento de la oferta de dinero ocasionada por la pol&iacute;tica monetaria, lo cual hace que las pol&iacute;ticas incompetentes de los gobiernos sean las responsables de las fluctuaciones econ&oacute;micas. A nivel de las pol&iacute;ticas, ello augura el reemplazo de pol&iacute;ticas monetarias discrecionales por pol&iacute;ticas basadas en reglas. Desde una perspectiva monetarista, la regla debe ser un crecimiento estable de porcentaje <i>k</i> de oferta de dinero.<sup><a href="#notas">6</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una tercera caracter&iacute;stica del modelo monetarista es que la pol&iacute;tica fiscal no es ineficaz: "Los keynesianos hac&iacute;an referencia, como una clara implicaci&oacute;n de su postura, a la proposici&oacute;n de que la pol&iacute;tica fiscal por s&iacute; misma es importante en cuanto afecta el nivel de ingreso &#91;...&#93; Los monetaristas rechazaron esa proposici&oacute;n y sostuvieron que la pol&iacute;tica fiscal por s&iacute; misma es en gran medida ineficaz, y que lo que importa es lo que sucede a la cantidad de dinero (Friedman, 1970: 8) &#91;Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s&#93;. La l&oacute;gica de esta aseveraci&oacute;n se sigue de la ecuaci&oacute;n de Fisher m&aacute;s la afirmaci&oacute;n de que <i>MV</i> es causa de <i>Y</i>.</font></p>    	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una cuarta caracter&iacute;stica del monetarismo, que tambi&eacute;n ya se deja ver en los trabajos de Friedman sobre econom&iacute;a pol&iacute;tica, es la pol&eacute;mica inteligente de Friedman. Esto lo ejemplifica la afirmaci&oacute;n que hace en cuanto a que "la inflaci&oacute;n siempre y en todo lugar es un fen&oacute;meno monetario" (Friedman, 1970: 11), que si bien se ha convertido en un aforismo del monetarismo, ning&uacute;n viejo keynesiano habr&iacute;a estado en desacuerdo con ese planteamiento. La inflaci&oacute;n tiene que ver con la tasa de cambio de los precios nominales y esto es intr&iacute;nsecamente un fen&oacute;meno monetario, sin embargo, la pregunta de fondo es &iquest;qu&eacute; ocasiona la inflaci&oacute;n? Para los monetaristas, la inflaci&oacute;n la ocasiona el banco central que maneja el crecimiento de la oferta de dinero por encima del crecimiento del producto real. Los viejos keynesianos sostienen que la inflaci&oacute;n tambi&eacute;n puede tener su causa en la econom&iacute;a del sector privado. Los mercados financieros pueden end&oacute;genamente alimentar el crecimiento excesivo de demanda nominal y los mercados laborales pueden disparar la inflaci&oacute;n de costos v&iacute;a el conflicto sobre la distribuci&oacute;n del ingreso. Los economistas estructuralistas latinoamericanos (Sunkel, 1958; Olivera, 1964) tambi&eacute;n hicieron hincapi&eacute; en inflaci&oacute;n importada que surge de las condiciones de subdesarrollo econ&oacute;mico.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">M&aacute;s que simplemente rechazar la teor&iacute;a monetarista de la inflaci&oacute;n, el viejo keynesianismo rechaza el monetarismo tanto en su aspecto emp&iacute;rico como te&oacute;rico. En lo que se refiere al aspecto emp&iacute;rico, Tobin (1970) hizo la cr&iacute;tica y mostr&oacute; que el patr&oacute;n de oferta de dinero &#151;correlaciones de ingreso nominal que Friedman y Schwartz (1963a; 1963b) afirmaron conformaban el monetarismo&#151; era, de hecho, consistente con un modelo ultrakeynesiano, donde el d&eacute;ficit presupuestario era contrac&iacute;clico y monetariamente financiado. Temin (1976) hizo otra cr&iacute;tica al monetarismo emp&iacute;rico en la que concluye que la hip&oacute;tesis del <i>shock</i> del gasto keynesiano para explicar la gran depresi&oacute;n expone en mejores t&eacute;rminos lo oportuno de y el patr&oacute;n de tasas de inter&eacute;s y de ajustes de ingreso en comparaci&oacute;n con la hip&oacute;tesis del <i>shock</i> de la oferta de dinero monetarista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cr&iacute;tica de Friedman a la pol&iacute;tica monetaria que sostuvo la Reserva Federal en el periodo 1929&#45;1930 es f&aacute;cilmente equiparable con la cr&iacute;tica hecha por el viejo keynesianismo a la Fed, por actuar de manera inferior al &oacute;ptimo. No hay duda que la Reserva Federal pudo haber hecho m&aacute;s, especialmente a la luz de las lecciones de la revoluci&oacute;n keynesiana en macroeconom&iacute;a. No obstante, ello no equivale a decir que fue la causa de la depresi&oacute;n. Adem&aacute;s, habla de la necesidad de pol&iacute;ticas discrecionales m&aacute;s que pol&iacute;ticas basadas en reglas. La crisis financiera de 2008 confirm&oacute; ampliamente lo innovadora que puede ser la Reserva Federal y su disposici&oacute;n para formular pol&iacute;ticas que a la postre contribuyeron a controlar la crisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En relaci&oacute;n con el monetarismo te&oacute;rico, Tobin (1974) critic&oacute; a Friedman por el uso que hizo de un modelo IS&#45LM. En un modelo as&iacute;, la &uacute;nica forma de derivar proposiciones monetaristas respecto a la ineficacia del dinero dirigiendo al ingreso nominal y las pol&iacute;ticas fiscales es suponer una curva lm vertical, en la cual la demanda de dinero es estrictamente proporcional al ingreso. Dado que dicha hip&oacute;tesis es rechazada expl&iacute;citamente, ello mostr&oacute; la incoherencia te&oacute;rica del monetarismo.<sup><a href="#notas">7</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otra cr&iacute;tica te&oacute;rica completamente distinta es la de los poskeynesianos (Kaldor, 1970; 1982; Moore, 1988; Palley, 2013) que objetaron la teor&iacute;a monetarista de la oferta de dinero. La piedra angular del monetarismo es que los bancos centrales controlan la oferta de dinero, dejando, en consecuencia, que el control de &eacute;sta sea fuertemente ex&oacute;geno. Los poskeynesianos buscaron demoler esa piedra angular y afirmaron que la oferta de dinero est&aacute; determinada end&oacute;genamente por los empr&eacute;stitos bancarios. Esta cr&iacute;tica no s&oacute;lo deshace las recetas de pol&iacute;tica monetaria que se enfocan en el crecimiento de la demanda de dinero, sino que deval&uacute;a la explicaci&oacute;n monetarista de las fluctuaciones econ&oacute;micas, la misma que culpa a los bancos centrales por, supuestamente, administrar con deficiencia la oferta de dinero. Finalmente, tambi&eacute;n cuestiona la afirmaci&oacute;n monetarista seg&uacute;n la cual la Reserva Federal fue la causante de la gran depresi&oacute;n al permitir que la oferta de dinero se contrajera catastr&oacute;ficamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En lo que concierne a la pol&iacute;tica monetarista, al usar un modelo IS&#45LM estoc&aacute;stico, Poole (1970) mostr&oacute; que dirigirse a la oferta de dinero resulta &oacute;ptimo cuando los <i>shocks</i> dominan en IS (sacudidas en el sector real). La l&oacute;gica es que dirigirse a las tasas de inter&eacute;s a&iacute;sla la econom&iacute;a real de turbulencia que se origina en el sector financiero.</font></p>    	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El an&aacute;lisis de Poole (1970) gener&oacute; la pregunta emp&iacute;rica respecto a la estabilidad de LM y la demanda de dinero. Para los monetaristas, los desarrollos hist&oacute;ricos produjeron otro estallido debido a que los a&ntilde;os de 1970 dieron con el periodo de "p&eacute;rdida de dinero", cuando las ecuaciones convencionales de demanda de dinero sistem&aacute;ticamente predijeron excesivamente balanzas de dinero real y posterior a ello las ecuaciones de demanda de dinero probaron ser reiteradamente inestables (Goldfeld y Sichel, 1990).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La gota que derram&oacute; el descredito del monetarismo fue su error en la acci&oacute;n. Como lo documentara Tobin (1981), al inicio de los a&ntilde;os de 1970 los banqueros centrales abrazaron crecientemente el monetarismo y para el mes de octubre de 1979 la Reserva Federal formalmente adopt&oacute; metas cuantitativas para las reservas bancarias. Sin embargo, esa d&eacute;cada se caracteriz&oacute; por un promedio de inflaci&oacute;n alta al igual que de desempleo, acompa&ntilde;ado por gran volatilidad del crecimiento de la oferta de dinero. Despu&eacute;s de ese mes de octubre de 1979, la Reserva federal experiment&oacute; con metas de reserva cuantitativas que produjeron significativa volatilidad de las tasas de inter&eacute;s que contribuyeron a complicaciones con el tipo de cambio. Estas dificultades llevaron al abandono de procedimientos de operaci&oacute;n monetarista en 1981. Todo este episodio se acerca m&aacute;s a un mero experimento, hasta donde es razonablemente posible en el mundo pol&iacute;tico de la econom&iacute;a pol&iacute;tica y como el propio monetarismo se encontr&oacute; deseando que se lo viera, tal y como hab&iacute;a predicho el viejo keynesianismo.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>NUEVA MACROECONOM&Iacute;A CL&Aacute;SICA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora el monetarismo es una curiosidad hist&oacute;rica, te&oacute;rica y emp&iacute;ricamente desacreditado, y, no obstante, el macroeconomista Milton Friedman no lo est&aacute;. La raz&oacute;n es la reinvenci&oacute;n que Friedman (1968) hizo del monetarismo como nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica (NMC), a la que Tobin (1981) hace referencia como monetarismo marca II. La nueva teor&iacute;a se enfoc&oacute; en la curva de Phillips e introdujo la idea de una tasa natural de desempleo, tambi&eacute;n conocida como la NAIRU. Explica la curva de Phillips en t&eacute;rminos de una percepci&oacute;n err&oacute;nea que la teor&iacute;a monetaria tiene del ciclo econ&oacute;mico. La interpretaci&oacute;n err&oacute;nea de la inflaci&oacute;n tiene como resultado que la econom&iacute;a genere una relaci&oacute;n emp&iacute;rica que semeja la curva de Phillips del antiguo keynesianismo. Empero, de aclararse tales interpretaciones err&oacute;neas, la econom&iacute;a vuelve a la tasa natural de desempleo que no resulta afectada por la inflaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La teor&iacute;a de Friedman (1968) de percepci&oacute;n err&oacute;nea de la inflaci&oacute;n oper&oacute; como contrapropuesta a la curva de Phillips de la teor&iacute;a del viejo keynesianismo que afirmaba la existencia de un <i>trade&#45;off</i> en el largo plazo entre inflaci&oacute;n y desempleo. Esa afirmaci&oacute;n keynesiana cuestion&oacute; una creencia esencial para el monetarismo respecto a la neutralidad del dinero en el largo plazo. De acuerdo con la teor&iacute;a de Friedman, la tasa natural de desempleo o NAIRU refleja fricciones reales e imperfecciones en los mercados laborales:</font></p>     <blockquote>           <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para evitar malos entendidos, perm&iacute;taseme enfatizar que al hacer uso del t&eacute;rmino tasa "natural" de desempleo no quiero sugerir que sea inmutable o que no cambie. Por el contrario, muchas de las caracter&iacute;sticas del mercado que la determinan son antrop&oacute;genas y producto de pol&iacute;ticas. En Estados Unidos, por ejemplo, la tasa de salario m&iacute;nimo legal, las leyes Walsh&#45;Healy y Davis Bacon y la fortaleza de los sindicatos, todo ello hace que la tasa natural de desempleo sea mayor de lo que tendr&iacute;a que ser. La mejora en el empleo, la mejora en la informaci&oacute;n disponible sobre vacantes de empleo y oferta laboral, etc&eacute;tera, har&iacute;an que la tasa de desempleo natural tendiera a la baja. Utiliz&oacute; el t&eacute;rmino "natural" por la misma raz&oacute;n que Wicksell lo hizo; para tratar de separar las fuerzas reales de las fuerzas monetarias (Friedman, 1968 &#91;1979: 96&#45;7&#93;) &#91;Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s&#93;.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con la teor&iacute;a microecon&oacute;mica neocl&aacute;sica est&aacute;ndar, la oferta de dinero y la inflaci&oacute;n no pueden impactar en el equilibrio del mercado laboral dado que estas variables no impactan en la demanda de fuerza de trabajo (esto es, el producto marginal del trabajo) o la oferta de fuerza de trabajo, al punto que hay una relaci&oacute;n aparente de pendiente negativa de la curva de Phillips, fen&oacute;meno temporal producto de una percepci&oacute;n err&oacute;nea de la tasa de inflaci&oacute;n entre los trabajadores. Incrementos en el crecimiento de la tasa de oferta de dinero aumentan la inflaci&oacute;n y los trabajadores podr&iacute;an ampliar la oferta de fuerza de trabajo al punto que la elevada inflaci&oacute;n y los ofrecimientos resultantes de un salario nominal alto son percibidos err&oacute;neamente como un incremento en el salario real. Sin embargo, al momento en que los trabajadores se percatan de que no hubo tal alza en el salario real, la oferta de fuerza de trabajo se contrae y la econom&iacute;a regresa a su tasa natural de desempleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman formul&oacute; su teor&iacute;a &#151;basada en una percepci&oacute;n err&oacute;nea&#151; en un contexto de expectativas adaptativas. Lucas (1973), su colega en la escuela de Chicago, la coloc&oacute; en el contexto de expectativas racionales, lo cual vino a restringir posibilidades pol&iacute;ticas con relaci&oacute;n a explotar el <i>trade&#45;off</i> que ofrec&iacute;a la curva de Phillips. En la versi&oacute;n de las expectativas adaptativas de Friedman, los responsables de formular pol&iacute;ticas pod&iacute;an mantener un crecimiento acelerado de la oferta de dinero, enga&ntilde;ando as&iacute; a los trabajadores al mantenerse un paso adelante en las expectativas adaptativas de los &eacute;stos. En la versi&oacute;n de expectativas racionales de Lucas, tal posibilidad de persistir en el enga&ntilde;o no era posible debido a que los trabajadores estar&iacute;an conscientes de la regla de aceleraci&oacute;n de la oferta de dinero a la que recurren los responsables de formular pol&iacute;ticas; una regla que tomar&iacute;an en cuenta al formar sus expectativas respecto a la inflaci&oacute;n y, por ende, la neutralizar&iacute;an.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El monetarismo marca II tiene similitudes y diferencias importantes en relaci&oacute;n con el monetarismo marca I. La principal diferencia es que la formulaci&oacute;n de este &uacute;ltimo se realiz&oacute; a la sombra del keynesianismo y, por lo tanto, atribuy&oacute; poder a la pol&iacute;tica monetaria para impactar al producto real. El monetarismo marca II representa una ruptura total con el keynesianismo y un retroceso a la macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica prekeynesiana, con el agregado de su preocupaci&oacute;n respecto a las expectativas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta ruptura representa una evoluci&oacute;n l&oacute;gica del pensamiento de Friedman. Sus trabajos iniciales y el monetarismo marca I no acaban de entonar bien con el keynesianismo, dejando poco claro en los lectores qu&eacute; relaci&oacute;n ten&iacute;a Friedman con la econom&iacute;a keynesiana. Ambas versiones del monetarismo sostienen la neutralidad de largo plazo del dinero, si bien el monetarismo marca II pone en claro las bases de dicha afirmaci&oacute;n y tambi&eacute;n las bases de la no neutralidad de los efectos de corto plazo. El monetarismo marca I (Friedman, 1971) apela a la existencia de una misteriosa "ecuaci&oacute;n perdida" que supuestamente divide la respuesta a cambios en la oferta de dinero en efectos sobre precios y sobre producto real. El monetarismo marca II divide los cambios de oferta de dinero en cambios esperados y cambios no esperados; los primeros tienen un efecto s&oacute;lo a nivel de precios, mientras que los cambios inesperados producen resultados combinados a nivel de precios y temporales en el producto real. Dicha mezcla depende de la pendiente de la curva de oferta agregada (esto es, la curva del costo marginal de las empresas). El monetarismo marca I (Friedman, 1971) tambi&eacute;n apela a la fijaci&oacute;n de la tasa de intereses real. En el monetarismo marca II es invariante ante cambios esperados en la oferta de dinero, pero puede desviarse en respuesta a cambios inesperados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El monetarismo marca II tambi&eacute;n cambia la l&oacute;gica de la posici&oacute;n que mantiene Friedman en relaci&oacute;n con la pol&iacute;tica fiscal. En efecto, el monetarismo marca I afirma que la pol&iacute;tica fiscal era eficiente respecto al producto debido a una restricci&oacute;n monetaria. Por su parte, el monetarismo marca II invoca una l&oacute;gica econ&oacute;mica completamente distinta: ahora la pol&iacute;tica fiscal puede afectar la composici&oacute;n del producto y la tasa de intereses real v&iacute;a su impacto en la DA; sin embargo, no afecta al producto a menos que afecte la oferta de fuerza de trabajo o el producto marginal del trabajo.<sup><a href="#notas">8</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Quiz&aacute; el mayor cambio en el monetarismo marca II tiene que ver con el modelaje. El monetarismo marca I carece de un modelo macroecon&oacute;mico coherente, por lo que Friedman fue reiteradamente superado por su rival Tobin (1970; 1974) en los debates profesionales. El monetarismo marca II coloc&oacute; el pensamiento de Friedman en el contexto del modelo macrocl&aacute;sico que pod&iacute;a formularse con coherencia matem&aacute;tica (Sargent, 1979: cap. I). Al empatarlo con las expectativas racionales (ER) el modelo adquir&iacute;a una mayor complejidad matem&aacute;tica que sedujo a economistas que llegaron a creer que la t&eacute;cnica matem&aacute;tica era m&aacute;s importante que las ideas econ&oacute;micas, una creencia que encontr&oacute; apoyo en la metodolog&iacute;a de Friedman de la econom&iacute;a positiva y su negaci&oacute;n del realismo de los supuestos. Tal pensamiento tambi&eacute;n contagi&oacute; a los viejos keynesianos, lo que ayuda a explicar porque tantos estudiantes en el campo del viejo keynesianismo cambiaron de bando. Adem&aacute;s las ER son, en gran medida, de muy poco inter&eacute;s en los modelos keynesianos est&aacute;ndar, al mismo tiempo que ofrecen cr&iacute;ticas adicionales para los keynesianos en el modelo cl&aacute;sico. En consecuencia, el monetarismo marca II se benefici&oacute; con las implicaciones resultantes de la incorporaci&oacute;n de las ER al marco del modelo cl&aacute;sico, revirtiendo la inferioridad que aflig&iacute;a al monetarismo marca I.<sup><a href="#notas">9</a></sup></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la misma forma en que el monetarismo marca I extrajo de los primeros trabajos de Friedman, as&iacute; tambi&eacute;n procedi&oacute; el monetarismo marca II. Primero, la explicaci&oacute;n de la tasa natural de desempleo se la construye en t&eacute;rminos de imperfecciones y rigideces del mercado. Esta liga se remonta al ensayo de Friedman de 1948 que aborda la pol&iacute;tica de estabilizaci&oacute;n que hace hincapi&eacute; en el papel que desempe&ntilde;an las rigideces de los precios en la creaci&oacute;n de desempleo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segundo, el monetarismo marca II parte del supuesto de que la econom&iacute;a es estable y se encuentra en una situaci&oacute;n de equilibrio con pleno empleo o gravita r&aacute;pidamente hacia ello. Esta caracterizaci&oacute;n es una constante en el trabajo de Friedman y se la defiende por la atracci&oacute;n que ejerce su "metodolog&iacute;a de la econom&iacute;a positiva" (Friedman, 1953a). En lugar de explicar c&oacute;mo se consigue el equilibrio, los modelos neocl&aacute;sicos de expectativas racionales simplemente lo suponen. Se sostiene que la realidad se corresponde con un resultado que es un equilibrio estable, a&uacute;n si ello exige descansar en supuestos poco plausibles respecto a trabajadores y hogares ordinarios tomando decisiones que permiten precios que a su vez permiten establecer equilibrio en el mercado o precios que adoptan la senda del ajuste que abre la v&iacute;a a la estabilidad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tercero, dejando de lado las sacudidas impredecibles, tanto el monetarismo marca I como el monetarismo marca II afirman que las fluctuaciones en la actividad econ&oacute;mica se deben a fluctuaciones en la oferta de dinero ocasionadas por los bancos centrales. Cuarta, evitar ese tipo de pol&iacute;ticas que inducen fluctuaciones exige reglas para las pol&iacute;ticas monetarias. Sin embargo, el monetarismo marca II cambia ligeramente la justificaci&oacute;n para el uso de reglas. El monetarismo marca I subraya problemas administrativos con rezagos "internos" y "externos" que son los que hacen que la pol&iacute;tica discrecional resulte inferior en relaci&oacute;n con pol&iacute;ticas autom&aacute;ticamente estabilizadoras o basadas en reglas. El monetarismo marca II ve las reglas como un dispositivo de comunicaci&oacute;n que puede reducir las percepciones err&oacute;neas en los agentes del sector privado. Luego, es ese aspecto de comunicaci&oacute;n lo que exige credibilidad pol&iacute;tica, de forma que el p&uacute;blico crea a la autoridad monetaria cuando anuncie una regla para una pol&iacute;tica, y ello engendr&oacute; una agenda de investigaci&oacute;n subsidiaria con relaci&oacute;n a la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas, como la independencia del banco central. M&aacute;s a&uacute;n, da la impresi&oacute;n que Friedman adopt&oacute;, incluso, una postura m&aacute;s hostil hacia el gobierno como parte de su evoluci&oacute;n como economista pol&iacute;tico (aspecto al que regresaremos m&aacute;s adelante). De forma que, mientras el monetarismo marca I vio al gobierno como incompetente pero ben&eacute;volo, el monetarismo marca II, adem&aacute;s de verlo como incompetente, lo vio como mezquino, como lo reflejan expresiones del tipo de pol&iacute;ticas que "enga&ntilde;an" a los trabajadores. Ello aporta una justificaci&oacute;n adicional para el uso de reglas: evitar rezagos, mejorar la comunicaci&oacute;n y atar las manos al gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En suma, el pensamiento friedmaniano del segundo monetarismo contiene supuestos y temas presentes tanto en sus primeros trabajos como en su trabajo relativo al primer monetarismo, su hip&oacute;tesis de la tasa natural y su teor&iacute;a monetaria de la percepci&oacute;n err&oacute;nea del ciclo econ&oacute;mico constituyen un rechazo a la econom&iacute;a keynesiana y un revivir de la macroeconom&iacute;a prekeynesiana. Visto a trav&eacute;s de la lente del viejo keynesianismo, los primeros trabajos de Friedman y el del primer monetarismo siempre han mostrado malestar hacia las ideas keynesianas, asign&aacute;ndoles un peculiar car&aacute;cter que no les permite ser "una cosa ni la otra". El monetarismo marca II constituye una ruptura total con la macroeconom&iacute;a keynesiana y representa la conclusi&oacute;n l&oacute;gica de sus cuestionamientos. Rechaza la teor&iacute;a keynesiana de la demanda que determina el equilibrio de producto y empleo, para adoptar la teor&iacute;a cl&aacute;sica del equilibrio del mercado laboral, y tambi&eacute;n rechaza la teor&iacute;a keynesiana de la tasa de inter&eacute;s, al mismo tiempo que rechaza las preferencias por la liquidez y adopta la teor&iacute;a cl&aacute;sica de los fondos prestables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los viejos keynesianos evidentemente rechazan la NMC por razones te&oacute;ricas, sin embargo, tambi&eacute;n la rechazan por razones emp&iacute;ricas. Como lo documenta Okun (1980), las implicaciones de la NMC no tienen soporte emp&iacute;rico. Primero, el ciclo econ&oacute;mico muestra desviaciones persistentes significativas en torno a tendencia del producto que resultan inconsistentes con las expectativas racionales de la teor&iacute;a de la tasa natural. Segundo, los salarios reales son ligeramente proc&iacute;clicos, no obstante, de acuerdo con la teor&iacute;a de la percepci&oacute;n err&oacute;nea del ciclo econ&oacute;mico, deben ser estrictamente contrac&iacute;clicos en la medida que los trabajadores son enga&ntilde;ados y ofertan fuerza laboral adicional. Tercero, la renuncia al empleo es fuertemente proc&iacute;clica, si bien debe ser contrac&iacute;clica de acuerdo con la NMC. Ello se debe a que las contracciones econ&oacute;micas son resultado de que los trabajadores son enga&ntilde;ados para que retiren fuerza de trabajo (esto es, que renuncien al empleo).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mishkin (1982) aporta otro cuestionamiento a las expectativas racionales de la versi&oacute;n friedmaniana de la teor&iacute;a monetaria de percepci&oacute;n err&oacute;nea del ciclo econ&oacute;mico. Contrario a las predicciones del monetarismo marca II, Mishkin informa que cambios plenamente anticipados en la pol&iacute;tica monetaria tienen efectos reales sistem&aacute;ticos que son similares a aquellos que provocan los cambios no anticipados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La tasa natural de desempleo tambi&eacute;n ha probado ser operativamente in&uacute;til para prop&oacute;sitos de pol&iacute;tica. Si bien ha sido ideol&oacute;gicamente &uacute;til para argumentar a favor de pol&iacute;ticas que atacan a los sindicatos, el salario m&iacute;nimo y los derechos de los trabajadores &#151;al tiempo que se afirma que dichas caracter&iacute;sticas incrementan la tasa natural&#151; ha sido totalmente in&uacute;til para dirigir pol&iacute;ticas macroecon&oacute;micas. Esto se debe a que no es posible observar la tasa natural y por lo mismo se tiene que estimar, y las estimaciones emp&iacute;ricas han probado ser altamente variables. As&iacute;, por ejemplo, para la econom&iacute;a de Estados Unidos, las estimaciones han variado entre cuatro y ocho por ciento (Staiger <i>et al.,</i> 2001). Este rango tan amplio hace que la estimaci&oacute;n resulte in&uacute;til para guiar pol&iacute;ticas macroecon&oacute;micas en la medida que los responsables de formular pol&iacute;ticas no tienen idea de qu&eacute; lado de la tasa natural se encuentra la econom&iacute;a.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, el monetarismo marca II adolece de lo mismo que critica al poskeynesianismo en cuanto a su teor&iacute;a de la oferta de dinero, como lo hace el monetarismo marca I. En efecto, ambas formas de monetarismo toman la oferta de dinero como sujeta a estrictos controles ex&oacute;genos por parte de la autoridad monetaria, cuando, de hecho, posee elementos end&oacute;genos significativos relacionados con el cr&eacute;dito bancario.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>ECONOM&Iacute;A POL&Iacute;TICA</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuarto aspecto de las aportaciones de Friedman se refiere a la econom&iacute;a pol&iacute;tica, como lo representa su cl&aacute;sico <i>Capitalismo y Libertad</i> (Friedman, 1962 &#91;2002&#93;). Esta es quiz&aacute; la aportaci&oacute;n que m&aacute;s ha perdurado y que es el aspecto m&aacute;s influyente de su legado. En efecto, influy&oacute; profundamente tanto en la profesi&oacute;n econ&oacute;mica como en el p&uacute;blico en general, empujando a todos a adoptar una visi&oacute;n del mundo m&aacute;s favorable al mercado, hacia las empresas y contra el gobierno.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El hombre y su circunstancia est&aacute;n &iacute;ntimamente relacionados. La defensa que Friedman hizo de sus ideas se benefici&oacute; de la guerra fr&iacute;a, que fue testigo del impulso que Estados Unidos diera a una creencia idealizada en el libre mercado como parte de su respuesta al desaf&iacute;o geopol&iacute;tico que signific&oacute; la existencia de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Tambi&eacute;n se benefici&oacute; del contraataque que las corporaciones estadounidenses levantaron contra las pol&iacute;ticas y econom&iacute;a del <i>New Deal</i> keynesiano. As&iacute;, el respaldo recibido en los a&ntilde;os de 1950 a trav&eacute;s del <i>American Enterprise Institute</i> result&oacute; crucial para hacer de Friedman un intelectual con presencia p&uacute;blica. Dicho lo anterior, tambi&eacute;n hay que se&ntilde;alar que si la circunstancia fue propicia para la visi&oacute;n de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de Friedman, &eacute;ste tambi&eacute;n fue el hombre para la circunstancia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman y George Stigler, su colega en la Universidad de Chicago, pueden ser considerados como los padres intelectuales del neoliberalismo estadounidense. El neoliberalismo es tanto una filosof&iacute;a pol&iacute;tica como econ&oacute;mica (Palley, 2012: cap. 2). En tanto que filosof&iacute;a pol&iacute;tica, sostiene que una econom&iacute;a de mercado con <i>laissez&#45;faire</i> es la mejor manera de promover la libertad individual. Y como filosof&iacute;a econ&oacute;mica, sostiene que una econom&iacute;a de mercado desregulada &#151;de <i>laisse&#45;faire</i>&#151; es la mejor forma de promover la eficiencia econ&oacute;mica y el bienestar econ&oacute;mico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El neoliberalismo estadounidense de Friedman sostiene que las econom&iacute;as de mercado reales en el mundo producen con resultados bastante eficientes (esto es, el &oacute;ptimo de Pareto), definido esto como resultados que permiten que alguien mejore sin hacer que alguien m&aacute;s empeore. El resultado es que el gobierno debe quedarse al margen, en tanto que la pol&iacute;tica p&uacute;blica no puede mejorar los resultados del mercado. Aun cuando reconoce que hay fallas del mercado (como los monopolios, el monopolio natural, externalidades, suministro deficiente de bienes p&uacute;blicos), &eacute;stas son vistas como relativamente raras y de peque&ntilde;a escala. Adem&aacute;s, se afirma que, por lo general, las intervenciones del gobierno empeoran la econom&iacute;a debido a la incompetencia burocr&aacute;tica, a reguladores que quedan atrapados por intereses especiales y a distorsiones pol&iacute;ticas.<sup><a href="#notas">10</a></sup> La conclusi&oacute;n es que las fallas del mercado son relativamente raras y que en la mayor&iacute;a de los casos incluso una falla del mercado no justifica la intervenci&oacute;n del gobierno porque los costos de las fallas de intervenci&oacute;n del gobierno exceden los de las fallas del mercado. La opci&oacute;n para la sociedad es un gobierno minimalista &#151;un gobierno vigilante&#151; que &uacute;nicamente proporcione defensa nacional, protecci&oacute;n de la propiedad y las personas y obligue el cumplimiento de los contratos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un problema para evaluar el neoliberalismo estadounidense es que sigue dos l&iacute;neas: el neoliberalismo de l&iacute;nea dura de la escuela de Chicago asociado con Milton Friedman y el de l&iacute;nea moderada de la escuela del MIT asociado con Paul Samuelson. El neoliberalismo del MIT argumenta que las econom&iacute;as del mundo real est&aacute;n permanentemente afectadas por fallas del mercado. Asimismo, sostiene que el gobierno puede remediar las fallas del mercado y que se ha exagerado con el argumento de la escuela de Chicago referente a la incompetencia del gobierno. Es posible prevenir la incompetencia del gobierno mediante el dise&ntilde;o de buenas instituciones que transparenten la operaci&oacute;n del gobierno, que lo obliguen a rendir cuentas y est&eacute; sujeto a la competencia pol&iacute;tica democr&aacute;tica. En contraste con el neoliberalismo de l&iacute;nea dura de la escuela de Chicago, el neoliberalismo del MIT sostiene que las intervenciones de pol&iacute;tica para responder a las fallas del mercado por lo general pueden beneficiar a todo mundo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una cr&iacute;tica que el viejo keynesianismo hace al neoliberalismo de l&iacute;nea dura de Friedman se dirige a un aspecto m&aacute;s profundo del que aborda la cr&iacute;tica del neoliberalismo moderado del MIT. La cr&iacute;tica del viejo keynesianismo va directo al capitalismo de libre mercado, al que aplica el t&eacute;rmino de "sistema Manchester":</font></p>  	    <blockquote> 	      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">No veo razones para suponer que el sistema presente de verdad haga un uso deficiente de los factores de la producci&oacute;n. Hay en efecto errores de previsi&oacute;n que, sin embargo, no se evitar&aacute;n centralizando las decisiones. Cuando se da empleo a nueve mil hombres de un total de diez mil, que est&aacute;n dispuestos y aptos para el trabajo, no hay evidencia que muestre que la fuerza de trabajo de estos hombres est&eacute; mal dirigida. La queja contra el sistema presente no es que sea menester emplear a estos nueve mil hombres en distintas tareas, sino que debe haber tareas disponibles para emplear a los mil hombres restantes. Es en la capacidad de determinar el volumen, que no en la direcci&oacute;n, donde el sistema presente est&aacute; quebrado (Keynes, 1936: 379) &#91;Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s&#93;.</font></p> </blockquote>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El problema no es que hay que desechar y reemplazar ese sistema, sino repararlo. No obstante, el diagn&oacute;stico que los viejos keynesianos hacen del problema no coincide con el de los economistas del MIT.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La escuela del MIT ofrece un diagn&oacute;stico pigoviano basado en las fallas y fricciones del mercado, que desemboca en una econom&iacute;a neokeynesiana. Una cr&iacute;tica desde la perspectiva del viejo keynesianismo se deriva de la econom&iacute;a de la <i>Teor&iacute;a General</i> de Keynes. Las econom&iacute;as del mundo real est&aacute;n marcadas por incertidumbres fundamentales respecto al futuro, habitadas por seres humanos con emociones motivadas por el flujo y reflujo de los esp&iacute;ritus animales. En econom&iacute;as como esa, la DA cae cuando la gente demora sus planes para hacer gastos y ahorra su dinero, como respuesta a la incertidumbre y sus &aacute;nimos deprimidos, hasta que se disipan sus temores con relaci&oacute;n al futuro incierto. Adem&aacute;s, las econom&iacute;as de mercado tambi&eacute;n pueden producir desigualdades en los ingresos, lo cual tambi&eacute;n puede socavar la DA.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Puede que el sistema de mercado no tenga capacidad para restaurar un nivel suficiente de DA para garantizar el pleno empleo, pues no hay mecanismos de coordinaci&oacute;n para reciclar el gasto aplazado y recuperar el gasto presente. Los precios bajos tampoco resuelven el problema en una econom&iacute;a monetaria donde se recurre ampliamente al endeudamiento, pues una ca&iacute;da en el nivel general de precios incrementa el peso de las deudas, lo que acarrea restricciones en el gasto. Asimismo, el sistema de mercado puede ocasionar mora que puede hacer zozobrar al sistema bancario y subvertir los mercados financieros. La deflaci&oacute;n y la perspectiva de precios futuros bajos pueden alentar a la gente a aplazar su gasto, pues los consumidores tienen la expectativa de precios futuros bajos (Palley, 2008).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Estos argumentos desembocan en una econom&iacute;a pol&iacute;tica fundamentalmente distinta. Las econom&iacute;as de <i>laissez&#45;faire</i> no producen autom&aacute;ticamente los resultados &oacute;ptimos o cuasi&#45;&oacute;ptimos de Pareto. Tambi&eacute;n pueden tener consecuencias negativas serias para la libertad, lo que puede socavar la aseveraci&oacute;n de que el <i>laissez&#45;faire</i> es la mejor manera de promover la libertad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Primero, mercados desencadenados pueden producir alto desempleo y grandes desigualdades de ingreso que traen como resultado privaciones econ&oacute;micas que vac&iacute;an de contenido el significado de la libertad, caricaturiz&aacute;ndola, y eliminan los medios para ejercerla. En t&eacute;rminos de Sen (1999: XII), el desempleo y la privaci&oacute;n econ&oacute;mica son formas de "ausencia de libertad".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Segundo, las desigualdades de ingreso y riqueza pueden acarrear profundas consecuencias pol&iacute;ticas porque inclinan el poder pol&iacute;tico a favor de los ricos. Dado que parte de la libertad democr&aacute;tica implica el ejercicio de la libertad pol&iacute;tica por medio del sistema democr&aacute;tico, este cambio de poder, que se inclina hacia los ricos impl&iacute;citamente, reduce la libertad de los dem&aacute;s. Parafraseando a George Orwell, crea un mundo donde unos son m&aacute;s libres que otros; una forma de ausencia de libertad pol&iacute;tica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tercero, la inclinaci&oacute;n de las econom&iacute;as de <i>laissez&#45;faire</i> a generar alto desempleo y desigualdad de ingreso tambi&eacute;n amenaza directamente la libertad pol&iacute;tica y estabilidad al producir enajenaci&oacute;n. Esta es la base misma de la cr&iacute;tica que Polanyi (1944) dirige al neoliberalismo en el an&aacute;lisis que hace de los fracasos del capitalismo del siglo XIX y que desembocaron en el fascismo de comienzos del siglo XX. Un sistema pol&iacute;tico&#45;econ&oacute;mico que no valora a la gente puede operar en momentos de prosperidad, pero corre el riesgo de desplomarse en momentos prolongados de privaciones econ&oacute;micas e inseguridad. Bajo tales condiciones no ser&iacute;a dif&iacute;cil que se d&eacute; un distanciamiento de los procesos democr&aacute;ticos y una vuelta a la supresi&oacute;n de la libertad en la forma de pol&iacute;ticas de intolerancia que tomen a ciertos grupos &eacute;tnicos y raciales como chivos expiatorios, o incluso un regreso a pol&iacute;ticas autoritarias que atacan la libertad de todos. Al prescindir del problema econ&oacute;mico, la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de Friedman queda imposibilitada de ver los temas de la ausencia de libertad y de la necesidad de un sistema econ&oacute;mico que genera resultados pol&iacute;ticamente sostenibles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una cuarta cr&iacute;tica (Palley, 2012: cap. XII) al neoliberalismo estadounidense de Friedman es la que proviene de Adam Smith, el patrono economista del que se apropia injustificadamente el neoliberalismo estadounidense. Smith cree que los mercados necesitan individuos socializados con una sensibilidad &eacute;tica para operar eficientemente; un argumento que formul&oacute; en su <i>Teor&iacute;a de los sentimientos morales</i> (Smith, 1759 &#91;1976a&#93;), que vio la luz p&uacute;blica casi veinte a&ntilde;os antes de <i>La riqueza de las naciones</i> (Smith, 1776 &#91;1976b&#93;). Dichos sentimientos morales son susceptibles de ser ense&ntilde;ados y constituyen una forma de capital social que se reproduce colectivamente y que genera valores como los de confianza y honestidad, que son esenciales para que operen los mercados sin verse abrumados por los costos de transacci&oacute;n ni de cumplimiento. Su creaci&oacute;n requiere de inversi&oacute;n p&uacute;blica &#151;como en educaci&oacute;n&#151; que crea elementos de identidad social compartida y un sentido de inclusi&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una vez m&aacute;s, el neoliberalismo estadounidense de Friedman est&aacute; incapacitado para ver estas necesidades, y esa incapacidad significa que tiene una interpretaci&oacute;n equivocada de las bases de una econom&iacute;a de mercado eficiente. Esto desemboca en una situaci&oacute;n ir&oacute;nica, esto es, una situaci&oacute;n donde las pol&iacute;ticas neoliberales de Friedman agotan sin reabastecer el capital social necesario para la operaci&oacute;n de un capitalismo eficiente y, por lo tanto, socav&aacute;ndolo. Tal es una interpretaci&oacute;n plausible de la historia de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os en los cuales a la sociedad se la fue dejando sin el capital social creado en el periodo previo del viejo keynesianismo socialdem&oacute;crata. El agotamiento de ese capital social es evidente en la crisis financiera de 2008, donde una de las causas que contribuyeron a ella fue el saqueo que cometi&oacute; el sector financiero; que se consigui&oacute; mediante un sistema de incentivos de pago que recompens&oacute; a los ejecutivos y jefes de los departamentos de cr&eacute;dito por los negocios que cerraban en el presente sin importar sus consecuencias futuras. La ausencia de integridad entre los ejecutivos contribuy&oacute; a una falla sist&eacute;mica de enormes proporciones que dej&oacute; al descubierto la l&oacute;gica poderosa de Adam Smith que le permiti&oacute; identificar la importancia de los sentimientos morales.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una perspectiva econ&oacute;mica desde el viejo keynesianismo rechaza las inadecuadas bases sociales de la econom&iacute;a pol&iacute;tica neoliberal de Friedman y reconoce que una econom&iacute;a de mercado requiere de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y sociales del viejo keynesianismo para generar de manera eficiente prosperidad sustentable y compartida. Esa necesidad hace que emerjan temas importantes respecto a la eficiencia del gobierno; un tema que Friedman trajo correctamente a colaci&oacute;n y, no obstante ello, adopt&oacute; una econom&iacute;a pol&iacute;tica que contrapuso mercados y gobiernos. Gobiernos a los que consider&oacute; incompetentes y centrados en sus propios intereses, de ah&iacute; su exhorto a reglas para las pol&iacute;ticas y un gobierno minimalista. Al igual que el neoliberalismo moderado, el viejo keynesianismo cree que es posible conseguir mejores resultados una vez que se ubica al gobierno en un contexto de competencia democr&aacute;tica con reglas constitucionales apropiadas y una desigualdad de ingreso razonable para contrarrestar los efectos pol&iacute;ticos del dinero y la riqueza.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, hay una diferencia socio&#45;pol&iacute;tica fundamental respecto a Friedman. Mientras &eacute;ste representaba la econom&iacute;a del sector privado como si tuviera un inter&eacute;s unificado, el viejo keynesianismo de izquierda considera al mercado como un lugar de conflicto, particularmente conflicto de clases y entre trabajo&#45;capital. M&aacute;s que un &uacute;nico inter&eacute;s en el mercado, hay intereses en competencia e intereses en conflicto. El desaf&iacute;o para los pol&iacute;ticos es gestionar esos intereses y evitar que intereses particulares ejerzan una influencia excesiva sobre el gobierno y la pol&iacute;tica. Se requiere de instituciones y reglas pol&iacute;ticas para estructurar y negociar dichos conflictos. Es una construcci&oacute;n de econom&iacute;a pol&iacute;tica que contrasta fundamentalmente con la visi&oacute;n simplista de Friedman, que considera un "nosotros" desclasado (el mercado) <i>vs</i> un "ellos" (el gobierno).</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONCLUSI&Oacute;N: BUSCANDO DEJAR ATR&Aacute;S LA SOMBRA DE FRIEDMAN</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La influencia que Friedman ha ejercido en la profesi&oacute;n econ&oacute;mica ha sido enorme y ello se refleja en la declaraci&oacute;n de Summers (2006) en el sentido de que "ahora todos somos friedmanianos". Que Friedman haya tenido tal efecto sobre la profesi&oacute;n en cierto sentido refleja las fuerzas pol&iacute;ticas y sociales que han hecho del neoliberalismo la doctrina mundialmente dominante desde la d&eacute;cada de 1980. Tambi&eacute;n es un testamento del poder ret&oacute;rico de Friedman. Si bien es cierto que poderosas fuerzas pol&iacute;ticas crearon la ola neoliberal, tambi&eacute;n es verdad que Friedman dirigi&oacute; la ola y contribuy&oacute; a ella.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El triunfo profesional de Friedman tambi&eacute;n es un testamento a la debilidad de las bases intelectuales y el anti&#45;intelectualismo de la profesi&oacute;n economista. En tanto que integrantes de la sociedad, los profesionales de la econom&iacute;a inevitablemente se ven atrapados por y contribuyen con olas que barren con la sociedad. Empero, tambi&eacute;n han sido formados para contar con capacidad para mantenerse a la vera, observar y cuestionar dichas olas y, sin embargo, en el caso de Friedman la profesi&oacute;n fall&oacute;. Un cuestionamiento cuidadoso de sus ideas deja al descubierto que son sustancialmente defectuosas, conceptual y emp&iacute;ricamente, y que las defiende una metodolog&iacute;a de econom&iacute;a poco consistente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ahora el punto de vista y las ideas de Milton Friedman est&aacute;n profundamente enraizadas en la sociedad y en la profesi&oacute;n econ&oacute;mica, y su triunfo ha hecho retroceder la comprensi&oacute;n econ&oacute;mica a un momento prekeynesiano. Lo cual quiere decir que la meta sigue siendo aquella que identific&oacute; Keynes: "&#91;...&#93; no deshacernos del 'sistema Manchester', sino indicar la naturaleza del ambiente que requiere el libre juego de las fuerzas econ&oacute;micas si es que ha de realizar los plenos potenciales de la producci&oacute;n (Keynes, 1936: 379). &#91;Traducci&oacute;n del texto original en ingl&eacute;s).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El desaf&iacute;o inmediato es c&oacute;mo crear el espacio para que se escuche la voz de la econom&iacute;a del viejo keynesianismo que ha sido expulsada de la academia. Con sus doctrinas del monetarismo marca I y monetarismo marca II (nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica), Milton Friedman encabez&oacute; la carga de la derecha contra el viejo keynesianismo y, no obstante, quien cerr&oacute; la pinza fue la econom&iacute;a neokeynesiana que nada tiene que ver con la econom&iacute;a keynesiana, pero que ha enga&ntilde;ado a los economistas y los ha hecho creer que s&iacute;. El as&iacute; denominado nuevo keynesianismo no es otra cosa que simple monetarismo marca II al que se agreg&oacute; la competencia imperfecta y las rigideces de precios y salario nominal. Y, sin embargo, al permitir la aseveraci&oacute;n de que la macroeconom&iacute;a se caracteriza por una divisi&oacute;n entre nuevo keynesianismo y nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica, el primero cre&oacute; una pinza que excluy&oacute; al viejo keynesianismo. En tanto dicha pinza se mantenga activa, la econom&iacute;a permanecer&aacute; a la sombra de Milton Friedman.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Imaginar c&oacute;mo abrir la pinza exige hacer emerger el papel que desempe&ntilde;a el pensamiento de Friedman en la econom&iacute;a neokeynesiana y hacer clara la distinci&oacute;n entre la econom&iacute;a del viejo keynesianismo y la del nuevo keynesianismo. La palabra y las ideas son las herramientas para ello y el proceso debe iniciar con el cambio de etiqueta de neokeynesianismo a econom&iacute;a neopigoviana, y despu&eacute;s seguir dejando al descubierto el n&uacute;cleo friedmaniano que comparten la nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica y la nueva macroeconom&iacute;a pigoviana.</font></p>  	    <p align="justify">&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barro, R.J., 1974. Are Government Bonds Net Wealth? <i>Journal of Political Economy,</i> 82(6), pp. 1095&#45;117.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585138&pid=S0185-1667201400020000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barro, R.J. y Gordon, D.B., 1983. A Positive Theory of Monetary Policy in a Natural Rate Model. <i>Journal of Political Economy,</i> 91(4), agosto, pp. 589&#45;610.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585140&pid=S0185-1667201400020000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Chinn, M.D., 2008. Real Exchange Rates. En: Durlauf, S. y Blume, L.E (eds.). <i>The New Palgrave Dictionary of Economics.</i> Segunda edici&oacute;n. &#91;en l&iacute;nea&#93; Palgrave Macmillan. Disponible en: &lt;<a href="http://www.dictionaryofeconomics.com/dictionary" target="_blank">http://www.dictionaryofeconomics.com/dictionary</a>&gt;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585142&pid=S0185-1667201400020000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Duesenberry, J.S., 1948 &#91;1971&#93;. Income&#45;consumption Relations and their Implications. En: Mueller, M.G. (ed.), 1971. <i>Readings in Macroeconomics.</i> Londres: Holt, Rinehart and Winston, Inc., pp. 61&#45;76.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585144&pid=S0185-1667201400020000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Duesenberry, J.S., 1949. <i>Income, Saving and the Theory of Consumption Behavior.</i> Cambridge, MA.: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585146&pid=S0185-1667201400020000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1948. A Monetary and Fiscal Framework for Economic Stability. <i>American Economic Review,</i> 38, junio, pp. 245&#45;264 &#91;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585148&pid=S0185-1667201400020000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->Reimpreso en: Mueller, M.G. (ed.), 1971. <i>Readings in Macroeconomics.</i> Nueva York: Holt, Rinehart and Winston, Inc., pp. 337&#45;52&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585149&pid=S0185-1667201400020000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1953a. The Methodology of Positive Economics. En: <i>Essays in Positive Economics,</i> Chicago: University of Chicago Press, pp. 3&#45;43.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585151&pid=S0185-1667201400020000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1953b. The Case for Flexible Exchange Rates. En: <i>Essays in Positive Economics,</i> Chicago: University of Chicago Press, pp. 157&#45;203.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585153&pid=S0185-1667201400020000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1956 &#91;1969&#93;. The Quantity Theory of Money &#45; A Restatement. En: Friedman, M. (ed). 1969. <i>Studies in the Quantity Theory of Money.</i> Chicago: University of Chicago Press &#91;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585155&pid=S0185-1667201400020000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->Reimpreso en Clower, R.W. (ed.). <i>Monetary Theory:</i> Penguin Books, pp. 94&#45;111&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585156&pid=S0185-1667201400020000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1957. <i>A Theory of the Consumption Function.</i> New Jersey: Princeton University Press for National Bureau of Economic Research.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585158&pid=S0185-1667201400020000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1961. The Lag in Effects of Monetary Policy. <i>Journal of Political Economy</i>, 69(5), octubre, pp. 447&#45;66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585160&pid=S0185-1667201400020000100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1962 &#91;2002&#93;. <i>Capitalism and Freedom.</i> Chicago: University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585162&pid=S0185-1667201400020000100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1968. The Role of Monetary Policy. <i>American Economic Review,</i> 58, mayo, pp. 1&#45;17 &#91;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585164&pid=S0185-1667201400020000100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->Reimpreso en: Korliras P.G. y Thorn, R.S. (eds.), 1979. <i>Modern Macroeconomic Thought: Major Contributions to Contemporary Thought.</i> Nueva York: Harper and Row, pp. 91&#45;102&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585165&pid=S0185-1667201400020000100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1969. The Optimum Quantity of Money. En: <i>The Optimum Quantity of Money and Other Essays.</i> Chicago: Aldine.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585167&pid=S0185-1667201400020000100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1970. The Counter&#45;revolution in Monetary Theory &#91;IEA Occasional Paper no. 33, mimeo&#93;. <i>Institute of Economic Affairs,</i> Londres.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585169&pid=S0185-1667201400020000100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M., 1971. A Theoretical Framework for Monetary Policy &#91;Occassional Paper no. 112&#93;. <i>National Bureau of Economic Research</i> (NBER), Nueva York &#91;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585171&pid=S0185-1667201400020000100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->Reimpreso en: Gordon, R. (ed.), 1974. <i>Milton Friedman's Monetary Framework.</i> Chicago: University of Chicago Press, pp. 1&#45;62&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585172&pid=S0185-1667201400020000100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M. y Schwartz, A., 1963a. Money and Business Cycles. <i>Review of Economics and Statistics</i> &#91;Suplemento&#93;, febrero, pp. 32&#45;64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585174&pid=S0185-1667201400020000100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Friedman, M. y Schwartz, A., 1963b. <i>A Monetary History of the United States, 1867&#45;1960.</i> Princeton: Princeton University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585176&pid=S0185-1667201400020000100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Goldfeld, S.M. y Sichel, D.E., 1990. The Demand for Money. En: Friedman, B.M. y Hahn, F.H. (eds.). <i>Handbook of Monetary Economics</i> &#91;Vol. 1&#93;. Amsterdam: North&#45;Holand, pp. 299&#45;356.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585178&pid=S0185-1667201400020000100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hicks, J.R., 1937. Mr. Keynes and the "Classics": A suggested interpretation. <i>Econom&eacute;trica,</i> 5(2), pp. 147&#45;59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585180&pid=S0185-1667201400020000100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p> 	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Isard, P., 2007. Equilibrium Exchange Rates: Assessment methodologies &#91;imf Working Paper no. WP/07/296&#93;. <i>International Monetary Fund,</i> Washington, D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585182&pid=S0185-1667201400020000100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kaldor, N., 1970. The New Monetarism. <i>Lloyds Bank Review,</i> 97, julio, pp. 1&#45;18.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585184&pid=S0185-1667201400020000100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kaldor, N., 1982. <i>The Scourge of Monetarism.</i> Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585186&pid=S0185-1667201400020000100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Keynes. J.M., 1936. <i>The General Theory of Employment, Interest, and Money.</i> Londres: Macmillan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585188&pid=S0185-1667201400020000100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Krueger, A.O., 1974. The Political Economy of Rent&#45;seeking Society. <i>American Economic Review,</i> 64(3), pp. 291&#45;303.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585190&pid=S0185-1667201400020000100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Krugman, P. y Taylor, L., 1978. Contractionary Effects of Devaluation. <i>Journal of International Economics,</i> 8(3), agosto, pp. 445&#45;56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585192&pid=S0185-1667201400020000100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kuznets, S., 1946. <i>National Product Since 1869.</i> Nueva York: National Bureau of Economic Research (con asistencia de L. Epstein y E. Zenks).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585194&pid=S0185-1667201400020000100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lucas, R.E. Jr., 1973. Some International Evidence on Output&#45;inflation Tradeoffs. <i>American Economic Review,</i> 63(3), pp. 326&#45;34.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585196&pid=S0185-1667201400020000100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Meese, R.A. y Rogoff, K., 1983. Empirical Exchange Rate Models of the Seventies: Do they fit out of sample? <i>Journal of International Economics,</i> 14(1&#45;2), febrero, pp. 3&#45;24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585198&pid=S0185-1667201400020000100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Minsky, H.P., 1992. The Financial Instability Hypothesis &#91;Working Paper no. 74&#93;. The Jerome Levy Economics Institute of Bard College, Nueva York &#91;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585200&pid=S0185-1667201400020000100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->Publicado en: Arestis, P. y Sawyer, M. (eds.), 1993. <i>Handbook of Radical Political Economy.</i> Alders&#45;hot: Edward Elgar, pp. 153&#45;158&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585201&pid=S0185-1667201400020000100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mishkin, F.S., 1982. Does Anticipated Monetary Policy Matter? An econometric investigation. <i>Journal of Political Economy,</i> 90(1), febrero, pp. 22&#45;51.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585203&pid=S0185-1667201400020000100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Modigliani, F. y Brumberg, R., 1954. Utility Analysis and the Consumption Function: An interpretation of cross&#45;section data. En: Kurihara, K (ed.). <i>Post Keynesian Economics.</i> Londres: George Allen and Unwin.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585205&pid=S0185-1667201400020000100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moore, B.J., 1988. <i>Horizpntalists and Verticalists: The Macroeconomics of Credit Money.</i> Nueva York: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585207&pid=S0185-1667201400020000100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Niskanen, W.A., 1971. <i>Bureaucracy and Representative Government.</i> Chicago: Aldine&#45;Atherton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585209&pid=S0185-1667201400020000100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Okun, A., 1980. Rational Expectations&#45;with&#45;Misperceptions as a Theory of the Business Cycle. <i>Journal of Money, Credit, and Banking,</i> 12(4), pp. 817&#45;25.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585211&pid=S0185-1667201400020000100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Olivera, J.H.G., 1964. On Structural inflation and Latin&#45;American "Structuralism". <i>Oxford Economic Papers,</i> 16(3), pp. 321&#45;32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585213&pid=S0185-1667201400020000100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Palley, T.I., 2008. Keynesian Models of Deflation and Depression Revisited. <i>Journal of Economic Behavior and Organization,</i> 68(1), octubre, pp. 167&#45;77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585215&pid=S0185-1667201400020000100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Palley, T.I., 2009. After the Bust: The outlook for macroeconomics and macroecono&#45;mic policy. En: Hein, E., Niechoj, T. y Stockhammer, E. (eds). <i>Macroeconomic Policies on Shaky Foundations: Whither mainstream economics?</i> Marburg, Alemania: Metropolis&#45;Verlag, pp. 371&#45;91 &#91;Serie de studios de la Research Network Macroeconomics and Macroeconomic Policies (FMM) no. 12&#93;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585217&pid=S0185-1667201400020000100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Palley, T.I., 2010. The Relative Permanent Income Theory of consumption: A synthetic Keynes&#45;Duesenberry&#45;Friedman model. <i>Review of Political Economy,</i> 22(1), enero, pp. 41&#45;56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585219&pid=S0185-1667201400020000100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Palley, T.I., 2011. A Theory of Minsky Super&#45;cycles and Financial Crises. <i>Contributions to Political Economy,</i> 30(1), pp. 31&#45;46.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585221&pid=S0185-1667201400020000100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Palley, T.I., 2012. <i>From Financial Crisis to Stagnation: The Destruction of Shared Prosperity and the Role of Economics.</i> Nueva York: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585223&pid=S0185-1667201400020000100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Palley, T.I., 2013. Horizontalists, Verticalists, and Structuralists: The theory of endogenous money reassessed. <i>Review of Keynesian Economics,</i> 1(4), pp. 406&#45;24.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585225&pid=S0185-1667201400020000100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Patinkin, D., 1958. Liquidity Preference and Loanable Funds: Stock and flow analysis. <i>Econ&oacute;mica,</i> 25(100), noviembre, pp. 300&#45;318.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585227&pid=S0185-1667201400020000100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Polanyi, K., 1944. <i>The Great Transformation: The political and economic origins of our time.</i> Nueva York: Farrar &amp; Rinehart.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585229&pid=S0185-1667201400020000100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Poole, W., 1970. Optimal Monetary Policy Instruments in a Simple Stochastic Macro Model. <i>Quarterly Journal of Economics,</i> 84(2), mayo, pp. 197&#45;216.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585231&pid=S0185-1667201400020000100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Robinson, J., 1962. Review: Money, Trade and Economic Growth. By H.G. Johnson (Londres: Allen &amp; Unwin, 1962, pp. 199, 25s.). <i>The Economic Journal,</i> 72(287), septiembre, pp. 690&#45;2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585233&pid=S0185-1667201400020000100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rogoff, K., 1999. Monetary Models of Dollar/Yen/Euro Nominal Exchange Rates: Dead or undead. <i>The Economic Journal,</i> 109, noviembre,, pp. F655&#45;F659.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585235&pid=S0185-1667201400020000100052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sargent, T.J., 1979. <i>Macroeconomic Theory.</i> Nueva York: Academic Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585237&pid=S0185-1667201400020000100053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sen, A.K., 1999. <i>Development as Freedom.</i> Oxford: Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585239&pid=S0185-1667201400020000100054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Smith, A., 1759 &#91;1976a&#93;. <i>The Theory of Moral Sentiments</i> &#91;Reimpreso con base en la edici&oacute;n de 1790 por Raphael D.D. y Macfie, A.L. (eds.), 1976a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585241&pid=S0185-1667201400020000100055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --> <i>The Glasgow Edition of the Works and Correspondence of Adam Smith</i> &#91;Vol. 1&#93;. Oxford: Clarendon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585242&pid=S0185-1667201400020000100056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Smith, A., 1776 &#91;1976b&#93;. <i>An Inquiry Into the Nature and Causes of the Wealth of Nations</i> &#91;Reimpreso con base en la edici&oacute;n de 1784 por Todd, W.B. (ed.). <i>The Glasgow Edition of the Works and Correspondence of Adam Smith</i> &#91;Vol. 2 &#93;. Oxford: Clarendon Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585244&pid=S0185-1667201400020000100057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Smith, W.L., 1958. Monetary Theories of the Rate of Interest: A dynamic analysis. <i>Review of Economics and Statistics,</i> 40(1), febrero, pp. 15&#45;21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585246&pid=S0185-1667201400020000100058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stigler, G.J., 1971. The Theory of Economic Regulation. <i>Bell Journal of Economics and Management Science,</i> 2(1), pp. 3&#45;21.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585248&pid=S0185-1667201400020000100059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Staiger, D., Stock, J.H. y Watson, M.W., 2001. Prices, Wages, and the NAIRU in the U.S. in the 1990s. Cambridge, MA.: National Bureau of Economic Research.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585250&pid=S0185-1667201400020000100060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Steindl, J., 1952. <i>Maturity and Stagnation in the American Economy.</i> Oxford: Basil Blackwell.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585252&pid=S0185-1667201400020000100061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Summers, L.H., 2006. The Great Liberator. <i>New York Times,</i> 19 de noviembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585254&pid=S0185-1667201400020000100062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sunkel, O., 1958. La inflaci&oacute;n chilena: un enfoque heterodoxo. <i>El Trimestre Econ&oacute;mico,</i> 25(100:4), octubre&#45;diciembre, pp. 570&#45;99.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585256&pid=S0185-1667201400020000100063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Taylor, M., 1995. The Economics of Exchange Rates. <i>Journal of Economic Literature,</i> 33(1), marzo, pp. 13&#45;47.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585258&pid=S0185-1667201400020000100064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Temin, P., 1976. <i>Did Monetary Forces Cause the Great Depression?</i> Nueva York: WW Norton.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585260&pid=S0185-1667201400020000100065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tobin, J., 1969. A General Equilibrium Approach to Monetary Theory. <i>Journal of Money, Credit, and Banking,</i> 1(1), pp. 15&#45;29.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585262&pid=S0185-1667201400020000100066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tobin, J., 1970. Money and Income: Post hoc ergo propter hoc? <i>The Quarterly Journal of Economics,</i> 84(2), mayo, pp. 301&#45;19.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585264&pid=S0185-1667201400020000100067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tobin, J., 1974. Friedman's Theoretical Framework. En: Gordon, R.J. (ed.). <i>Mlilton Friedman's Monetary Framework.</i> Chicago: University of Chicago Press, pp. 77&#45;89.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585266&pid=S0185-1667201400020000100068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tobin, J., 1978. A Proposal for International Monetary Reform. <i>Eastern Economic Journal,</i> 4(3&#45;4), julio&#45;octubre, pp. 153&#45;9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585268&pid=S0185-1667201400020000100069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tobin, J., 1980. <i>Asset Accumulation and Economic Activity.</i> Chicago: Chicago University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585270&pid=S0185-1667201400020000100070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tobin, J., 1981. The Monetarist Counter&#45;revolution Today &#45; An Appraisal. <i>The Economic Journal,</i> 91(361), marzo, pp. 29&#45;42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585272&pid=S0185-1667201400020000100071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tobin, J., 1982. Money and Finance in the Macroeconomic Process. <i>Journal of Money, Credit, and Banking,</i> 14(2), mayo, pp. 171&#45;204.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585274&pid=S0185-1667201400020000100072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tobin, J., 1993. Price Flexibility and Output Stability: An old Keynesian view. <i>The Journal of Economic Perspectives,</i> 7(1), invierno, pp. 45&#45;66.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585276&pid=S0185-1667201400020000100073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tsiang, S.C., 1956. Liquidity Preference and Loanable Funds Theories, Multiplier and Velocity Analysis: A synthesis. <i>American Economic Review,</i> 46(4), septiembre, pp. 539&#45;64.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585278&pid=S0185-1667201400020000100074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tullock, G., 1967. The Welfare Cost of Tariffs, Monopolies, and Theft. <i>Western Economic Journal</i> (ahora <i>Economic Inquiry),</i> 5(3), pp. 224&#45;32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4585280&pid=S0185-1667201400020000100075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>         <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><b><a name="notas"></a>NOTAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este trabajo aparecer&aacute; en Robert Cord (ed.). Milton Friedman: Contributions to Economics and Public Policy. Oxford: Oxford University Press, de pr&oacute;xima aparici&oacute;n (2015). El autor agradece los comentarios del comit&eacute; revisor de la revista y tambi&eacute;n al traductor.</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> El t&eacute;rmino "viejo keynesianismo" lo us&oacute; Tobin (1993), mi maestro y mentor, para describir su perspectiva macroecon&oacute;mica. Tobin fue el gran rival intelectual de Friedman. Ambos recibieron el Premio Nobel de Econom&iacute;a que otorga el <i>Riksbank</i> de Suecia. Desde mi punto de vista, si bien Friedman perdi&oacute; en la argumentaci&oacute;n intelectual, gan&oacute; la guerra en el terreno de las ideas. Por su parte, Tobin gan&oacute; en la argumentaci&oacute;n, pero perdi&oacute; la guerra; al menos por ahora.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Este t&eacute;rmino lo acu&ntilde;&oacute; Robinson (1962). El keynesianismo bastardo interpreta la <i>Teor&iacute;a General</i> de Keynes a trav&eacute;s de la lente de la rigidez de precios y salarios nominales, aunque retiene de Keynes su teor&iacute;a monetaria de las tasas de inter&eacute;s.</font></p>     	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> Para ser precisos, hay tres posturas: la nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica de Friedman (1968) con expectativas adaptativas; la nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica de Lucas (1973) con expectativas racionales y la macroeconom&iacute;a neokeynesiana. Friedman ampli&oacute; el error de contrataci&oacute;n nominal habida cuenta de las expectativas adaptativas; Lucas tiene error de contrataci&oacute;n nominal muy temporal habida cuenta de las expectativas racionales, mientras que el nuevo keynesianismo ha ampliado el error de contrataci&oacute;n nominal debido a los costos del men&uacute; y contratos nominales de largo plazo. Todos comparten un marco macroecon&oacute;mico meta&#45;te&oacute;rico que ve el problema macroecon&oacute;mico en t&eacute;rminos de error de contrataci&oacute;n nominal, aun cuando la explicaci&oacute;n y la duraci&oacute;n del error de contrataci&oacute;n var&iacute;en.</font></p>         	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> A la fecha, la no pertinencia del realismo de los supuestos es una caracter&iacute;stica atrincherada de la econom&iacute;a moderna que resulta dif&iacute;cil de cuestionar. En m&uacute;ltiples sentidos, la nueva "econom&iacute;a del comportamiento" se centra en ello y ha comenzado a tener un cierto &eacute;xito. Ello explica por qu&eacute; tantas proposiciones de la econom&iacute;a del comportamiento no son otra cosa que aspectos de sentido com&uacute;n. Si la introspecci&oacute;n formara parte de las herramientas que utilizan los economistas te&oacute;ricos, la econom&iacute;a del comportamiento ser&iacute;a menos necesaria en la medida que la econom&iacute;a iniciar&iacute;a con supuestos realistas y plausibles que se corresponder&iacute;an con una comprensi&oacute;n y experiencia introspectivas.</font></p>                 <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>5</sup> El marco unificado para la decisi&oacute;n qued&oacute; incorporado en el modelo de Tobin de 1982, si bien no form&oacute; parte del mismo en el modelo de 1969.</font></p>             	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>6</sup> En su ensayo relativo a la cantidad &oacute;ptima de dinero, Friedman (1969) aplica la microeconom&iacute;a de la Escuela de Chicago para sostener que la tasa de inter&eacute;s nominal debe ser cero. La l&oacute;gica microecon&oacute;mica es que la producci&oacute;n de dinero no est&aacute; exenta de costos y, por lo tanto, el costo marginal de mantener dinero debe ser cero. Si el punto de equilibrio de la tasa de inter&eacute;s real es 3% (esto es, igual a la tasa de crecimiento real) y la tasa nominal de inter&eacute;s es cero, ello implica una tasa de deflaci&oacute;n de 3%. Aplicando la l&oacute;gica de la macroeconom&iacute;a monetarista de la ecuaci&oacute;n de Fisher, supone que el crecimiento de la oferta de dinero nominal debe ser cero.</font></p>                 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>7</sup> Tobin (1974) tambi&eacute;n mostr&oacute; que los intentos de Friedman (1971) de responder a las cr&iacute;ticas keynesianas s&oacute;lo empeoraron la situaci&oacute;n. En una de sus respuestas Friedman se desplaz&oacute; a un marco keynesiano convencional, donde la econom&iacute;a confronta una curva con pendiente positiva de oferta agregada (oa) en producto real&#45;precios en el tiempo, de forma que la divisi&oacute;n de producto nominal cambia entre precios y producto real dependiendo de la pendiente de la oa. En una segunda respuesta Friedman tuvo que esgrimir que la tasa real de inter&eacute;s era constante, con la tasa nominal ajust&aacute;ndose instant&aacute;neamente y en una relaci&oacute;n uno a uno con la inflaci&oacute;n, de forma que el dinero no tenga efectos de largo plazo. No s&oacute;lo no es posible mantener emp&iacute;ricamente esta descripci&oacute;n de las tasas de inter&eacute;s real, sino que tambi&eacute;n significa que la pol&iacute;tica fiscal fue ultrapoderosa, lo que contrasta con las afirmaciones monetaristas.</font></p>                     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>8</sup> Barro (1974) restringir&aacute; m&aacute;s dichos efectos con su hip&oacute;tesis neoricardiana que afirma que los hogares poseen un horizonte infinito y neutralizan recortes de impuestos y del gasto del gobierno al reconocer que implican un incremento futuro de impuesto igual y contrario del mismo valor neto presente. </font></p> 	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>9</sup> Tobin (1980: cap. II) enfatiza la distinci&oacute;n entre expectativas racionales y equilibrar continuamente el mercado, y hace notar que es lo primero lo que da al monetarismo marca II su atractivo profesional.</font></p>     	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>10</sup> El argumento de la ineficiencia del gobierno est&aacute; claramente presente en el trabajo que Friedman dedic&oacute; a la pol&iacute;tica de estabilizaci&oacute;n (Friedman, 1948; 1961) y en el monetarismo marca I (Friedman y Schwartz, 1963a; 1963b). Este argumento allan&oacute; el camino para que posteriormente se enfocara en el planteamiento de las pol&iacute;ticas basadas en reglas. Desp&uacute;es, el argumento de la ineficiencia lo complementaron los referentes a la incompetencia burocr&aacute;tica (Niskanen, 1971), captura regulatoria (Stigler, 1971) y comportamiento rentista (v&eacute;ase, por ejemplo, Tullock, 1967; Krueger, 1974). Para finales de los a&ntilde;os de 1980 la idea del funcionario ben&eacute;volo pero incompetente fue reemplazada por la de funcionario p&uacute;blico mezquino (Barro y Gordon, 1983).</font></p>      ]]></body><back>
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