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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Trabajo calificado, especialización y productividad laboral urbana en la frontera norte de México: un análisis de panel de efectos mixtos]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Trabajo calificado, especializaci&oacute;n y productividad laboral urbana en la frontera norte de M&eacute;xico: un an&aacute;lisis de panel de efectos mixtos</b></font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Jorge Eduardo Mendoza Cota; Jos&eacute; Antonio Cabrera Pereyra</b><b>*</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>* Departamento de Estudios Econ&oacute;micos de El Colegio de la Frontera Norte (COLEF), M&eacute;xico,</i> &lt;<a href="mailto:emendoza@colef.mx">emendoza@colef.mx</a>&gt; <i>y el Colegio de Sonora, M&eacute;xico</i>, &lt;<a href="mailto:jacp1104@gmail.com">jacp1104@gmail.com</a>&gt;, <i>respectivamente.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Manuscrito recibido en agosto de 2012;    <br> 	aceptado en marzo de 2014.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resumen</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El art&iacute;culo eval&uacute;a el impacto del trabajo calificado en la productividad y retornos del trabajo a nivel de subsectores industriales de las zonas urbanas m&aacute;s pobladas del norte para el periodo 2001&#45;2009. Se observ&oacute; que el porcentaje de trabajadores con escolaridad alta, que labora en los 53 subsectores considerados en el estudio, creci&oacute; de 9.69 a 14.34 por ciento. Las estimaciones de los modelos de panel fijos, aleatorios y mixtos sugieren que los retornos a escala son crecientes siempre y cuando se tenga la presencia de flujos de capital positivos e inversi&oacute;n extranjera directa. Tambi&eacute;n se destaca que existe una importante variabilidad en los resultados, a nivel de ciudad, aunque &eacute;sta deriva m&aacute;s de las caracter&iacute;sticas de la actividad econ&oacute;mica que de la localizaci&oacute;n de las ciudades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Clasificaci&oacute;n</b> <b>JEL<a href="nota">*</a>:</b> C33, J24, O14, R11.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Palabras clave:</b> productividad, salarios, trabajo calificado, ciudades, frontera norte.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La frontera norte de M&eacute;xico ha experimentado cambios importantes en su estructura y din&aacute;mica econ&oacute;mica en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os como consecuencia de la creciente integraci&oacute;n econ&oacute;mica entre M&eacute;xico y Estados Unidos. Frente a ello, se ha observado un importante crecimiento econ&oacute;mico y de la poblaci&oacute;n en las ciudades fronterizas, lo que ha generado la expansi&oacute;n urbana de las mismas. Asimismo, se han desarrollado sectores econ&oacute;micos importantes, particularmente el de la manufactura de exportaci&oacute;n y las maquiladoras, causando aglomeraciones industriales en la regi&oacute;n. Por ello, resulta importante estimar el efecto de estos cambios en el mercado laboral de las zonas urbanas de la frontera norte, ya que esto permitir&iacute;a conocer si la urbanizaci&oacute;n, la especializaci&oacute;n econ&oacute;mica y los niveles de educaci&oacute;n de la fuerza laboral han provocado cambios en los niveles de productividad y las remuneraciones de los trabajadores en estas zonas urbanas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al respecto, cabe destacar que los incentivos a especializarse, as&iacute; como las decisiones de mantener un flujo continuo de inversiones en infraestructura f&iacute;sica y mejoras tecnol&oacute;gicas en las actividades econ&oacute;micas surgen primordialmente de los retornos crecientes derivados de la inversi&oacute;n en capital humano. El crecimiento tanto de una regi&oacute;n econ&oacute;mica como de una ciudad o pa&iacute;s, o de una determinada industria, depende b&aacute;sicamente de la maximizaci&oacute;n en el uso intensivo de las habilidades y conocimientos adquiridos por el factor trabajo (Acemoglu, 2002; Henderson, 1974; Rosen, 1983). Adem&aacute;s, cabe destacar que la competencia de mano de obra en el mercado de trabajo local tambi&eacute;n incentiva el aprendizaje (Schultz, 1972; Glaeser, 2011; OECD, 2012).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, el surgimiento de las econom&iacute;as de escala en las industrias es un proceso complejo, no s&oacute;lo porque puede venir de cualquiera de las distintas divisiones del trabajo que se dan dentro de determinada actividad moderna (Henderson, 2003), sino porque, a nivel agregado, puede existir la presencia de dichas econom&iacute;as de escala sin que pueda detectarse concretamente de qu&eacute; actividades han surgido. A nivel agregado, un derrame (es decir, el beneficio de la interacci&oacute;n dentro o fuera de las empresas entre trabajadores con distintas habilidades y diversas disponibilidades de tecnolog&iacute;a) se traduce en el crecimiento de una determinada firma, en el contexto del sector industrial al que se adscribe la actividad econ&oacute;mica de dicha empresa.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se ha se&ntilde;alado que el proceso de ajuste del mercado laboral, particularmente en lo relacionado a los salarios nominales, el empleo y la productividad, es complejo y no se limita exclusivamente a una relaci&oacute;n como la curva de Phillips (Galindo y Catal&aacute;n, 2010). Por tanto, en el &aacute;mbito macroecon&oacute;mico, es dif&iacute;cil estimar los efectos de escala generados por derrames de habilidades y conocimiento. En ese sentido, se ha se&ntilde;alado que la existencia de econom&iacute;as de escala se aprecia en &aacute;reas geogr&aacute;ficas reducidas, ya que en ellas se facilita la libre transmisi&oacute;n de conocimientos entre pares (trabajadores) debido a la proximidad f&iacute;sica (Barro y Sala&#45;i&#45;Martin, 2004). En este contexto, tanto la ciudad como las industrias pueden ser un nivel de an&aacute;lisis m&aacute;s adecuado para estimar los efectos de escala surgidos del conocimiento (Barro y Sala&#45;i&#45;Martin 2004: 219).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la perspectiva urbana, el potencial de los individuos y de las empresas que participan en los mercados deriva de la adquisici&oacute;n de habilidades y conocimientos, mediante los cuales es posible la aplicaci&oacute;n de m&eacute;todos y t&eacute;cnicas de producci&oacute;n que permitan desarrollar econom&iacute;as de escala o, en su defecto, aminorar el impacto en el crecimiento econ&oacute;mico que pueda derivar de una crisis econ&oacute;mica surgida de alteraciones fuera del control de la ciudad y sus agentes econ&oacute;micos (Jacobs 1970; Glaeser y Redlick, 2008; Glaeser, 2011; OEDC, 2012).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este sentido, el presente art&iacute;culo busca encontrar evidencia de que el trabajo calificado, entendiendo por calificaci&oacute;n la escolaridad y especializaci&oacute;n, presenta rendimientos a escala mayores que el trabajo poco calificado en las zonas urbanas m&aacute;s densamente pobladas del norte de M&eacute;xico entre 2001 y 2009, y que estos retornos no son s&oacute;lo beneficios individuales, sino que existe un derrame de capital humano, tanto pecuniario como no pecuniario, a nivel subsector industrial y ciudad, entendiendo por pecuniarios los impactos monetarios de tener conocimiento, y no pecuniarios los efectos en la producci&oacute;n misma. Del mismo modo, se pretende estimar los retornos a trav&eacute;s del tiempo entre los sectores de la actividad econ&oacute;mica y entre las ciudades. Lo anterior basado en la premisa de que la atracci&oacute;n de los trabajadores hacia la ciudad surge de los incentivos de intercambiar habilidades que complementen las ya adquiridas, de aprender de los otros y de beneficiarse de la diversidad de habilidades (Marshall, 1890; O'Flaherty, 2005).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En espec&iacute;fico, se analizan las diez zonas urbanas m&aacute;s pobladas del norte de M&eacute;xico bajo la luz de las habilidades y conocimientos de los individuos que las integran. Con m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas de cambios en pol&iacute;ticas e instituciones que han reestructurado la actividad de la regi&oacute;n norte del pa&iacute;s (Mendoza Cota, 2002; Urciaga Garc&iacute;a y Almendarez Hern&aacute;ndez, 2008) se espera observar que la din&aacute;mica laboral en las ciudades, sus empresas e individuos, haya cambiado, y que el tener habilidades y conocimientos sea un factor decisivo en las diferencias en producci&oacute;n y retribuciones al trabajo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El trabajo se divide de la siguiente manera: en el apartado dos se esbozan elementos emp&iacute;ricos sobre las condiciones laborales en la actividad econ&oacute;mica de las diez zonas urbanas m&aacute;s pobladas del norte de M&eacute;xico durante dos cortes de tiempo: 1999 y 2009. Con base en ello, en el apartado tres se presentan las bases te&oacute;ricas del estudio, en el cuatro se incluye la metodolog&iacute;a del estudio, en el cinco que discuten los resultados econom&eacute;tricos y, finalmente, en el seis se exponen las conclusiones.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>L</b><b>AS PARTICULARIDADES DE LOS MERCADOS LABORALES URBANOS DEL NORTE DE M&Eacute;XICO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta secci&oacute;n se describe el comportamiento de las variables que caracterizan el mercado laboral de las principales ciudades de la frontera norte de M&eacute;xico. En ese sentido, la <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> muestra la productividad (&#960;)<sup>1</sup> y remuneraciones promedio (&#969;) en logaritmos para cada ciudad durante 1999 y 2009. Se aprecia en la mayor&iacute;a de los casos que ambas variables decrecieron durante los a&ntilde;os considerados. En Hermosillo, Torre&oacute;n, Saltillo y Tampico las remuneraciones sobrepasan a la productividad. En el resto de las ciudades ocurre lo contrario. El &uacute;nico caso que m&aacute;s se acerca a una situaci&oacute;n de igualdad entre &#960; y <i>&#969;</i> es Ju&aacute;rez, en 2009. En tal sentido, puede concluirse que no hay igualdad en el comportamiento de las remuneraciones y productividad en los datos analizados, lo que sugiere que existen factores localizados en los centros urbanos que implican una diferenciaci&oacute;n en el comportamiento de los mercados laborales.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g1"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4g1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a> muestra los a&ntilde;os de escolaridad del personal ocupado de 53 subsectores industriales<sup><a href="#nota">2</a></sup> (de acuerdo con la clasificaci&oacute;n del Sistema de Clasificaci&oacute;n Industrial de Am&eacute;rica del Norte, SCIAN, del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica y Geograf&iacute;a, INEGI) para las diez &aacute;reas urbanas m&aacute;s pobladas de las seis entidades del norte de M&eacute;xico en el a&ntilde;o 2000. En concordancia con la escolaridad promedio de los seis estados en su conjunto, la mayor&iacute;a del personal ocupado en los subsectores mencionados cuenta con nueve a&ntilde;os de escolaridad, 28.1% del total del personal.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g2"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4g2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los otros dos grupos m&aacute;s grandes son: seis a&ntilde;os de escolaridad, que engloba a 16.9% del personal ocupado, y 12 a&ntilde;os de escolaridad, con 13.9% del total. Cabe destacar que estos tres grupos (6,9 y 12 a&ntilde;os de escolaridad) representan 58.9% de todo el personal ocupado en dichos subsectores en el 2000. Esta cifra, sumada al 14.43% de los restantes niveles de escolaridad (entre ocho y once a&ntilde;os), representan 73.33% del total del personal ocupado. Es decir, 73 de cada 100 empleados tienen entre 6 y 12 a&ntilde;os de escolaridad. Por su parte, el total de personal con educaci&oacute;n superior (de 16 a&ntilde;os de escolaridad en adelante) suman 9.69% del personal total de estas zonas urbanas, mientras que 9.29% cuenta con menos de cinco a&ntilde;os de escolaridad, lo equivalente a primaria incompleta o educaci&oacute;n nula.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a> muestra los a&ntilde;os de escolaridad del personal ocupado de los 53 subsectores econ&oacute;micos para las diez &aacute;reas urbanas m&aacute;s pobladas de las seis entidades del norte de M&eacute;xico en el 2010. Para el final de la d&eacute;cada, 56.1% de los trabajadores ten&iacute;an nueve a&ntilde;os de escolaridad, una ca&iacute;da de 2.8% respecto a 2000. De igual manera, el grupo de 6 a 12 a&ntilde;os de escolaridad, que en 2000 sumaban poco menos de tres cuartas partes del total, representa para 2010 s&oacute;lo 69.21% del total, una ca&iacute;da de poco m&aacute;s de cuatro por ciento.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g3"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4g3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El personal con primaria incompleta (de 0 a 5 a&ntilde;os de escolaridad) tambi&eacute;n experimento una ca&iacute;da, ya que en 2010 registra 8.3% del total, 1.01% menos que en 2000. La ca&iacute;da generalizada en todos los grupos podr&iacute;a estar indicando una ca&iacute;da en el empleo en general, dadas las condiciones recesivas experimentadas a nivel global durante la d&eacute;cada; sin embargo, el grupo de 16 y m&aacute;s a&ntilde;os de escolaridad creci&oacute;, al pasar de 9.69% en 2000, a 14.34% para 2010. Es de se&ntilde;alar que tanto en la <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a> como en la <a href="#g3">3</a> existen variaciones en la escolaridad, aunque peque&ntilde;as. No obstante, las diferencias de 2000 a 2010 en la composici&oacute;n de los estratos con mayor escolaridad se estiman considerables durante el periodo.</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por lo que corresponde a la especializaci&oacute;n laboral, en la <a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a> se presenta el &iacute;ndice de especializaci&oacute;n construido para cada &aacute;rea urbana de la muestra en los tres momentos en el tiempo que se tienen. El &iacute;ndice hecho fue normalizado (es decir, media cero y desviaci&oacute;n constante por a&ntilde;o) con el fin tener un punto de comparaci&oacute;n en la distribuci&oacute;n por a&ntilde;o de la utilizaci&oacute;n de la mano de obra en los 53 subsectores en cada zona urbana. Se opt&oacute; por incluir en esta gr&aacute;fica el a&ntilde;o 2004, ya que permite ver la transici&oacute;n en actividades dentro de las zonas urbanas estudiadas durante la d&eacute;cada.</font></p>     <p align="center"><a name="g4"></a></p>     <p align="center"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4g4.jpg"></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se destaca que el subsector de actividad econ&oacute;mica en el que se presentan elevaciones por arriba del promedio nacional es el de fabricaci&oacute;n de equipo de computaci&oacute;n, comunicaci&oacute;n, medici&oacute;n y de otros equipos, componentes y accesorios electr&oacute;nicos (334), el cual constantemente presenta un &iacute;ndice m&aacute;s elevado en varias de las ciudades analizadas para el 2009, salvo en Tijuana y Mexicali, donde ya presentaba picos en 2004 y 1999. De hecho, de 2004 a 2009 cae en Mexicali la intensidad en el uso de poblaci&oacute;n ocupada en dicho subsector. Dos casos que pudiese decirse se esperaban son los picos presentes en Tampico (221: Generaci&oacute;n, transmisi&oacute;n y suministro de energ&iacute;a el&eacute;ctrica, y 324: Fabricaci&oacute;n de productos derivados del petr&oacute;leo y del carb&oacute;n) y Hermosillo (112: Ganader&iacute;a (s&oacute;lo acuicultura animal), 5 los tres a&ntilde;os, pero mayor en 2009). Notable es la ca&iacute;da en Tampico del subsector 221 durante 2004&#45;2009, ciudad donde la industria petrolera tiene presencia, caso &uacute;nico entre las diez zonas urbanas analizadas. Dada la fuerte influencia de las actividades primarias en el estado de Sonora, no es raro que Hermosillo muestra especializaci&oacute;n en un subsector de dichas actividades, pero s&iacute; lo es la creciente especializaci&oacute;n durante los tres cortes temporales.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En adici&oacute;n al subsector 334, la presencia del 333: Fabricaci&oacute;n de maquinaria y equipo, del 335: Fabricaci&oacute;n de equipo de generaci&oacute;n el&eacute;ctrica y aparatos y accesorios el&eacute;ctricos, del 336: Fabricaci&oacute;n de equipo de transporte y del 339: Otras industrias manufactureras, reafirman la importancia de la industria de ensamblaje en la regi&oacute;n norte de M&eacute;xico. Sin embargo el panorama y la relevancia en el tiempo en cada caso particular es distinta: en Tijuana, por ejemplo, la especializaci&oacute;n del subsector 339 creci&oacute;, al igual que en Ju&aacute;rez. En cambio, en Chihuahua y Ju&aacute;rez la especializaci&oacute;n en el subsector 336 cay&oacute; durante la d&eacute;cada, mientras que en Saltillo repunt&oacute;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a>, al igual que la <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>, permite ver los cambios entre las variables independientes: <i>h</i> (porci&oacute;n de trabajadores con escolaridad alta), <i>h</i> (porci&oacute;n de trabajadores con escolaridad baja) y <i>s</i> (especializaci&oacute;n laboral).<sup><a href="#nota">3</a></sup> En la mayor&iacute;a de los casos <i>h</i> es mayor que <i>l</i> tanto en 1999 como en 2009, las excepciones son Monterrey, en 1999, y Reynosa, en 2009. De 1999 a 2009 es visible la ca&iacute;da en las tres variables consideradas, siendo m&aacute;s evidente en la especializaci&oacute;n laboral para casi todos los casos.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><a name="g5"></a></font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4g5.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En conclusi&oacute;n, el fen&oacute;meno que quiz&aacute; se est&eacute; viendo aqu&iacute; es la reordenaci&oacute;n de la masa laboral ante los cambios en los mercados de trabajo, dadas las condiciones recesivas de la d&eacute;cada. Empresas van y otras vienen, mientras que la poblaci&oacute;n ocupada se va adaptando a la situaci&oacute;n. Asimismo, la <a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a> permite concluir que es posible desarrollar un an&aacute;lisis econom&eacute;trico a fin de encontrar efectos marcados de tiempo en la especializaci&oacute;n. En el caso de la escolaridad en el trabajo, las disparidades son quiz&aacute; m&aacute;s presentes entre ciudades que de un periodo a otro, aunque con la gr&aacute;fica es posible exhibir que en efecto existen.</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4e1.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">donde <i>i</i> es el subsector econ&oacute;mico; <i>c</i>, la ciudad; <i>t</i>, el a&ntilde;o; <i>j</i>, el estrato educativo, y <i>n</i>, la naci&oacute;n (M&eacute;xico).</font></p>      <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>PERSPECTIVA TE&Oacute;RICA DEL AN&Aacute;LISIS DEL MERCADO LABORAL&#45;URBANO</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La perspectiva te&oacute;rica de la investigaci&oacute;n se sustenta en dos vertientes definidas: la teor&iacute;a del capital humano y las teor&iacute;as econ&oacute;micas sobre sistemas de ciudades. Dado que las posturas que se adscriben a una o a otra no son mutuamente excluyentes, se busca integrar las dos visiones a manera de s&iacute;ntesis de las recopilaciones te&oacute;ricas con el objetivo de estar en posibilidad de tener elementos te&oacute;rico&#45;conceptuales que permitan darle perspectiva a las estimaciones econom&eacute;tricas sobre el efecto del trabajo calificado en la productividad laboral de las &aacute;reas urbanas de la frontera norte de M&eacute;xico.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Teor&iacute;a del capital humano</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El capital humano es una categor&iacute;a econ&oacute;mica que considera al trabajo altamente calificado como un factor de la producci&oacute;n, intangible y capaz de generar riqueza, no s&oacute;lo al individuo que la posee sino a la sociedad en su conjunto. Adem&aacute;s, es un rasgo distintivo de quien lo posee debido a que, en la forma de conocimiento y t&eacute;cnica, el trabajador al igual que el capitalista cuenta con un acervo para hacer uso de &eacute;l (Schultz, 1972: 5&#45;6). Por ello, la inversi&oacute;n en educaci&oacute;n es una actividad rentable (Becker, 1993: 17) o, dicho de otra manera, existen retribuciones por su uso que derivan de los rendimientos por la aplicaci&oacute;n de dicho capital en el proceso de producci&oacute;n. As&iacute;, tanto la escolaridad como el entrenamiento en el trabajo o aprendizaje al hacer<sup><a href="#nota">4</a></sup> son importantes para el trabajador (Lucas, 1988). Independientemente de la forma en que dicho conocimiento y las habilidades laborales hayan sido adquiridos (de manera formal o informal), est&aacute;s elevan las ganancias y productividad (Becker, 1993: 20&#45;1).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si conceptualmente es posible desglosar al capital humano por lugar de adquisici&oacute;n (escuela y trabajo), en t&eacute;rminos t&eacute;cnicos es posible tambi&eacute;n definirlo como un bien rival y no rival. El capital humano es rival si se le concibe como aquel conocimiento cuya aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica en la producci&oacute;n no es concebida sin la presencia f&iacute;sica del individuo, y no rival si se le asume como el acervo que, si bien es producido por individuos, permanece y puede ser aplicado tanto por el creador del mismo como por otros (Romer, 1990).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para varios autores (Romer, 1990; Lucas, 2008; Moretti, 2004) es en la no rivalidad del aspecto del capital humano donde se deben buscar derrames de &eacute;ste. Por derrames debe entenderse la influencia del capital humano por encima y m&aacute;s all&aacute; del rendimiento individual que un individuo pueda percibir por tenerlo (Moretti, 2004). En otras palabras, se debe asumir que los factores de la producci&oacute;n funcionan bajo rendimientos crecientes a escala y que el proceso, despu&eacute;s de un tiempo, ha madurado lo suficiente como para asumir que la creaci&oacute;n de conocimiento, como una externalidad, ha surgido y favorecido la productividad (Barro y Sala&#45;i&#45;Martin, 2004).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, en la literatura no queda claro cu&aacute;l es esta no rivalidad y de d&oacute;nde surge. Existe la posibilidad de que surja de la investigaci&oacute;n y el desarrollo (Romer, 1990) que una empresa o industria lleve a cabo para la mejora de su proceso productivo. Puede provenir de la interacci&oacute;n entre individuos cuyo nivel de capital humano es el promedio en la econom&iacute;a o del nivel agregado de capital humano (Lucas, 1988; Barro y Sala&#45;i&#45;Martin, 2004; Moretti, 2004).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el presente trabajo se utiliza la siguiente ecuaci&oacute;n:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">log&#952;<sub><i>j</i></sub>, = &#966;<sub><i>j</i></sub>, + &#947;(<i>S</i>)</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">donde log&#952;<sub><i>j</i></sub> es un par&aacute;metro que captura la productividad, &#966;<sub><i>j</i></sub> representa el aporte individual y &#947;(<i>S</i>) el aporte colectivo de los trabajadores.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, se considera que &#978;<b>=</b> <i>AK<sup>&#945;</sup></i> + <i>L</i><sup>&#946;</sup>, donde <i>K</i> es el capital y <i>L</i> es el trabajo, se asume que &#945; + &#946; = 1 (Barro y Sala&#45;i&#45;Martin, 2004). De esta forma, en las econom&iacute;as imitadoras como M&eacute;xico, el aporte del capital f&iacute;sico no es total, sino que se comporta como el agregado de lo disponible (&#978; <b>=</b> <i>AL</i><sup>&#946;</sup>&#931;<sup>N</sup><sub>c=1</sub> <i>X<sup>&#945;</sup></i>). Suponiendo que <i>A</i> (los cambios en productividad) depende de la educaci&oacute;n total de los trabajadores en la ciudad, entonces <i>A</i> = &#947;(<i>S</i>), mientras que <i>L</i> est&aacute; en funci&oacute;n de la escolaridad o aporte marginal de educaci&oacute;n, es decir: <i>L</i> = &#966;<sub><i>j</i></sub>.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, se obtiene &#978; = &#947;(<i>S</i>)&#966;<sub><i>j</i></sub><i>K</i>, cuya transformaci&oacute;n logar&iacute;tmica genera la ecuaci&oacute;n: 1n&#947; = 1n&#947;(<i>S</i>) + 1n&#966;<sub><i>j</i></sub> + 1n<i>K</i>. Retornando la ecuaci&oacute;n inicial, el modelo toma la forma de: log&#952;<sub><i>j</i></sub> = &#966;<sub><i>j</i></sub> + &#947;(<i>S</i>), donde &#952; es un cambio en la productividad (<i>productivity shifters</i>), &#966;<sub><i>j</i></sub> son efectos de grupo (<i>j</i>) que capturan variaciones de capital humano individuales y <i>S</i> es el <i>stock</i> de capital humano total (Acemoglu y Autor, 2011: 47&#45;50; Moretti; 2004: 2271).</font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>La teor&iacute;a econ&oacute;mica en los sistemas de ciudades</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las econom&iacute;as de escala pueden surgir en distintos niveles de la actividad econ&oacute;mica, pero invariablemente, que surjan o no, es un asunto que permanece ligado a las caracter&iacute;sticas de la ciudad e individuos que la habitan. En muchos sentidos, la ciudad es la m&aacute;s peque&ntilde;a unidad geogr&aacute;fica observable, donde la interacci&oacute;n de los agentes econ&oacute;micos puede verse como un sistema interconectado y regido por la heterogeneidad de los individuos que determina el aporte individual a la riqueza generada (Hesham M. y Anas, 2004).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las habilidades y conocimientos son, en gran parte, esenciales para comprender el porqu&eacute; de esta heterogeneidad entre agentes y, por ende, un elemento importante para explicar la presencia de econom&iacute;as de escala. Entre muchas otras cosas, la heterogeneidad del factor trabajo urbano, y su capacidad para especializarse o diferenciarse, define el patr&oacute;n de la vida econ&oacute;mica dentro de la ciudad y, a final de cuentas, el desarrollo o deterioro de la misma (Glaeser, 2011; Jacobs, 1970).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las primeras discusiones sobre la aglomeraci&oacute;n econ&oacute;mica suelen atribu&iacute;rsele a Marshall, quien dedica en su obra central un buen espacio a la discusi&oacute;n de la localidad, en espec&iacute;fico a c&oacute;mo los patrones de la aglomeraci&oacute;n de la actividad econ&oacute;mica divergen entre las distintas ciudades y pueblos, trayendo consigo habilidad y destreza (Marshall, 1890). A partir de ah&iacute; surgen dos vertientes claras del estudio de la difusi&oacute;n del conocimiento en las ciudades: la b&uacute;squeda de beneficios por aglomeraci&oacute;n que generan econom&iacute;as se&ntilde;aladas por Marshall, Arrow y Romer (Henderson, 2003; Glaeser, 1999) y los beneficios por diferenciaci&oacute;n en las actividades econ&oacute;micas o las econom&iacute;as se&ntilde;aladas por Jacobs (Jacobs, 1970; Glaeser, 1999).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cabe destacar que las teor&iacute;as sobre sistemas de ciudades suelen centrarse en analizar el surgimiento de la aglomeraci&oacute;n humana, as&iacute; como la existencia o desaparici&oacute;n de las ciudades (Hesham M. y Anas, 2004; Glaeser y Redlick, 2008). Entre sus discusiones destaca un concepto clave para el trabajo presente, que es el de la especializaci&oacute;n laboral. Tanto aglomeraci&oacute;n industrial como polinizaci&oacute;n de nuevas actividades surgen, inicialmente, de la asimilaci&oacute;n de conocimientos no del individuo, sino de la masa laboral en s&iacute; (Glaeser <i>et al.,</i> 1992; Henderson, 2003). El concepto trastoca lo ya abordado en teor&iacute;a del capital humano sobre el aprendizaje en el trabajo. Sin embargo, los autores citados lo exponen como inherente a la ciudad, como un fen&oacute;meno humano con un patr&oacute;n geogr&aacute;fico (Bacolod, Blum y Strange, 2009), que refleja la abundancia en la mano de obra capacitada en una actividad en espec&iacute;fico dentro de la localidad (Glaeser, 1999; Henderson, 1994).</font></p>          <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Finalmente, otro elemento te&oacute;rico que se introduce en el enfoque anal&iacute;tico del trabajo es la especializaci&oacute;n, que surge del tiempo empleado en una actividad. Retomando como punto de partida la ecuaci&oacute;n de Duranton y Puga (2004) se obtiene: <i>x</i>(<i>h</i>) = &#946;&#91;<i>l</i>(<i>h</i>)&#93;<sup>1+</sup><sup>&#952;</sup>, donde <i>x</i> es el producto, &#946; la productividad, <i>h</i> el tiempo que el trabajador <i>l</i> dedica a la producci&oacute;n de x, y &#952; la intensidad del beneficio individual de especializarse. Si se asume el capital f&iacute;sico como dado al nivel agregado, lo anterior implica que &#978;= &#946;<i>L</i><sup>1+&#952;</sup>, es decir, que la especializaci&oacute;n genera retornos crecientes al trabajo.</font></p>      <p>&nbsp;</p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Teor&iacute;as sobre cambios en la productividad y su medici&oacute;n</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El estudio de la productividad es muchas veces situado bajo la perspectiva de la convergencia o divergencia entre regiones a un nivel agregado. Existe evidencia de una marcada convergencia en el mundo industrializado durante el siglo pasado: los pa&iacute;ses con baja productividad laboral a finales del siglo XIX experimentaron una tasa de crecimiento mayor de dicha convergencia a lo largo del siglo XX (Baumol, 1986). Tambi&eacute;n el entorno ha sido estudiado como elemento que afecta a la productividad laboral (Sveikauskas, 1975), as&iacute; como los ciclos econ&oacute;micos (Jorgenson y Griliches, 1967).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las fuentes de los choques de productividad son alteraciones en las posibilidades de producci&oacute;n, como la tecnolog&iacute;a, y variaciones en los costos de utilizaci&oacute;n de los factores, entre los cuales est&aacute; el factor trabajo. El impacto del conocimiento en el terreno productivo es un choque en la productividad, ya que potencia las posibilidades de producci&oacute;n de una planta, industria o regi&oacute;n (Bernanke, 1981). Las teor&iacute;as antes mencionadas (capital humano y teor&iacute;as sobre sistemas de ciudades) indagan sobre estos choques y su relaci&oacute;n con la adquisici&oacute;n de conocimiento. Cabe destacar que la medici&oacute;n de los choques de productividad como los derrames de conocimiento implica dividirlos en pecuniarios y no pecuniarios (Acemoglu y Autor, 2011). Por ello, el modelo planteado en el apartado anterior, log&#952;<sub><i>j</i></sub> = &#966;<sub><i>j</i></sub>+ &#947;(<i>S</i>), permite una buena aproximaci&oacute;n al medir &#952;<sub><i>j</i></sub>, ya sea la productividad misma (<i>&#947;</i>/<i>L</i> o &#960;) o la percepci&oacute;n monetaria del trabajo por el aporte a la producci&oacute;n, puesto que en equilibrio competitivo</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4e2.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">por lo que en teor&iacute;a el salario o remuneraci&oacute;n es una buena <i>proxy</i> para medir la productividad.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>FORMALIZACI&Oacute;N DEL MODELO APLICADO</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A fin de conciliar las posturas te&oacute;ricas que componen el marco, la aplicaci&oacute;n y la practicidad del modelo emp&iacute;rico aplicado, se parte de unidad regional de an&aacute;lisis a nivel de ciudades, las cuales est&aacute;n enmarcadas en el entorno nacional. Desde esta perspectiva, se asume a la econom&iacute;a mexicana como un pa&iacute;s que imita la tecnolog&iacute;a, lo que puede formalizarse como: (&#978; <b>=</b> <i>AL</i><sup>&#946;</sup>&#931;<sup>N</sup><sub>c=1</sub> <i>X<sup>&#945;</sup></i>), con <i>X</i> como bienes intermedios disponibles (Barro y Sala&#45;i&#45;Martin, 2004: 352) o capital f&iacute;sico <i>K.</i> Es de se&ntilde;alar que la &uacute;nica diferencia entre un pa&iacute;s imitador y uno creador de tecnolog&iacute;a reside en diferencias entre <i>A</i> y L. En particular, las diferencias en <i>A</i> (ya sea asumido como un par&aacute;metro de productividad o el nivel agregado de capital humano) son atribuibles a diferencias institucionales entre pa&iacute;ses, como el acceso a educaci&oacute;n y el entorno productivo en el que las empresas operan (Acemoglu y Dell, 2010: 4). Para M&eacute;xico y, en espec&iacute;fico, la realidad productiva del norte del pa&iacute;s, dos grandes cambios son el modelo de Industrializaci&oacute;n por Sustituci&oacute;n de Importaciones (ISI) de mediados del siglo veinte y el Programa Nacional de Industrializaci&oacute;n Fronteriza de la segunda mitad del mismo siglo (Bataillon, 1988: 39&#45;40), que gener&oacute; la llamada industria maquiladora de exportaci&oacute;n.</font></p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El objetivo de este trabajo es analizar los pormenores de los efectos de ambos cambios en los patrones de crecimiento econ&oacute;mico. De esta manera, el estudio parte del supuesto de que dichos cambios han ocurrido, es decir, las ciudades en cuesti&oacute;n pasaron dichas etapas y, actualmente, se encuentran en condiciones determinadas que, se esperar&iacute;a, permitan ver al capital humano y a la especializaci&oacute;n como factores clave en la productividad y remuneraciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Formalmente, siguiendo a Acemoglu y Autor (2011: 47&#45;8), para las zonas urbanas del norte de M&eacute;xico la funci&oacute;n de producci&oacute;n estar&iacute;a determinada como sigue:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2">&#978; <b>=</b> <i>AL</i><sup>&#946;</sup>&#931;<sup>N</sup><sub>c=1</sub> <i>X<sup>&#945;</sup></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">donde <i>L</i><sup>&#946;</sup> = <i>h</i><sup>&#946;1</sup> <i>S</i><sup>&#946;2 </sup><i>l</i><sup>&#946;3</sup>, <i>h</i> es el aporte marginal del trabajador en la industria <i>i</i> con mucha escolaridad y <i>l</i> el de poca escolaridad, <i>X</i> representa a los bienes intermedios o capital f&iacute;sico disponible y <i>s</i> a la especializaci&oacute;n laboral local entendida como:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4e3.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">0&nbsp;porci&oacute;n (&#948;) de trabajo en una industria <i>i</i> en la ciudad <i>c</i> respecto a la industria <i>i&nbsp;</i>a nivel nacional (<i>n</i>).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si una econom&iacute;a es imitadora existe un costo de imitar las innovaciones exteriores (Barro y Sala&#45;i&#45;Martin, 2004: 353&#45;5). En el modelo a aplicar no se toman precios ni se buscan los efectos de mercado por la imitaci&oacute;n. Es decir, no se busca determinar un costo explicito en la formalizaci&oacute;n, por el contario, se asume que el costo va impl&iacute;cito al dividir la participaci&oacute;n del trabajo (&#946;) en varios elementos. El trabajo, pues, no exhibe retornos similares a los de una econom&iacute;a innovadora a menos que existan todos los elementos requeridos (trabajo calificado, especializaci&oacute;n laboral).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Asimismo, un cambio tecnol&oacute;gico surgido de inversiones en capital f&iacute;sico, <i>K</i>, sucede si la fuerza laboral cuenta con la calificaci&oacute;n necesaria (Acemoglu, 2002). Bajo el esquema que se ha construido el modelo, sin embargo, dicho cambio por inversiones en <i>K</i> se internaliza: la fuerza laboral ya tiene una escolaridad y especializaci&oacute;n dadas. En una naci&oacute;n imitadora, los flujos de capital son internos y externos, y divisibles, puesto que existen registros de los flujos de inversi&oacute;n extranjera directa (IED), cuyo impacto es considerable, especialmente en las zonas del norte de M&eacute;xico (Gallagher y Zarsky, 2007; Feenstra y Hanson, 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es posible que <i>K</i> (o los insumos intermedios &#931;<sup>N</sup><sub>c=1</sub> <i>X<sup>&#945;</sup></i>, como se les ha nombrado antes tambi&eacute;n) se tome como un flujo fijo. Si en el tiempo <i>t</i> tenemos <i>K<sub>t</sub></i> = 1, entonces en <i>t</i> + 1 tendremos <i>K</i> = 0 si:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4e4.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">y en <i>t</i> + 2 si:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4e5.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es decir, si <i>N</i> es la suma de actividades en la econom&iacute;a (o bienes intermedios disponibles), entonces:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4e6.jpg"></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ser&aacute; como se asume formalmente al capital f&iacute;sico cuyos valores son 0 y 1 solamente. Tambi&eacute;n <i>IED</i> = 1 si el subsector <i>i</i>, en la ciudad <i>c</i> al a&ntilde;o <i>t</i> recibe flujos de inversi&oacute;n extranjera directa, y 0 en otro caso.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>METODOLOG&Iacute;A DE ESTIMACI&Oacute;N</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con base en los aspectos te&oacute;ricos presentados anteriormente en la ecuaci&oacute;n &#91;1&#93; y retomando los supuestos considerados en el apartado anterior, se desarroll&oacute; un modelo emp&iacute;rico para medir las variables transformadas en logaritmos, el cual engloba los efectos individuales de capital humano sobre la productividad &#966;<sub><i>j</i></sub> y los efectos globales y(S), o del capital humano total, y en el cual se esperar&iacute;a observar derrames de capital humano de la siguiente manera:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">log&#952; = &#91;&#946;<sub>1</sub> log(h) + &#946;<sub>2</sub> log(l) + &#946;<sub>3</sub> log(s)&#93; + &#947; log(A) + &#945; log(&#8706;K/&#8706;t) + <i>IED</i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ecuaci&oacute;n en la cual:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">1. log&#952; es el par&aacute;metro que mide la productividad laboral. En esta investigaci&oacute;n, log&#952; = log&#960; = log&#969;, donde &#960; es la productividad medida en t&eacute;rminos de volumen de producci&oacute;n (valor agregado) y <i>&#969;</i> son las remuneraciones percibidas.</font></p>  		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">2. &#966;<sub>j</sub>= &#91;&#946;<sub>1</sub> log(<i>h</i>) + &#946;<sub>2</sub> log(<i>l</i>) + &#946;<sub>3</sub> log(<i>s</i>)&#93; es la parte de efectos individuales, con <i>h</i> como trabajo con escolaridad alta, <i>l</i> como trabajo con escolaridad baja y <i>s</i> un &iacute;ndice de especializaci&oacute;n.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">3. &#947;(<i>S</i>) = &#947; log(<i>A</i>) es la parte de la educaci&oacute;n total en la ciudad, la suma de todos los a&ntilde;os de escolaridad de todo el personal ocupado en el &aacute;rea urbana, o los efectos globales, de donde se espera surjan los derrames. Con el fin de mantener la notaci&oacute;n en min&uacute;sculas que se tiene de las variables, se considerar&aacute; que &#947; log(<i>A</i>) <b>=</b> <i>a,</i> que no es el mismo que el coeficiente a del capital f&iacute;sico.</font></p>  		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">4. &#945; log(&#8706;K/&#8706;t) + <i>IED</i> es la parte de capital f&iacute;sico, tanto el flujo existente como el aporte del capital extranjero. Ambas variables son ficticias (valores de cero y uno).</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, el modelo permite estimar el impacto de los determinantes de la productividad laboral en las ciudades m&aacute;s grandes del norte de M&eacute;xico, utilizando diversas variables que afectan las habilidades y calificaci&oacute;n de la fuerza de trabajo. En primer t&eacute;rmino, la variable del punto 2 recoge los efectos marginales de los trabajadores de cada una de las industrias consideradas. Dichos efectos se relacionan con los diferentes niveles educativos de los trabajadores y el grado de especializaci&oacute;n laboral que &eacute;stos tengan (&#966;<sub><i>j</i></sub>). Adicionalmente, se construy&oacute; una variable que incluye el efecto total de la educaci&oacute;n y la posibilidad de que esto genere efectos de derrame o difusi&oacute;n de las habilidades laborales debido a la aglomeraci&oacute;n de trabajadores en las industrias y ciudades consideradas &#91;&#947;(<i>S</i>)&#93;. Finalmente, se incluy&oacute; una variable que representa el capital f&iacute;sico con valores de cero a uno, con el fin de controlar los efectos del capital en la productividad laboral.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Modelo de panel con efectos mixtos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De origen, la estructura del modelo implica que los datos presenten una estructura multinivel de tres dimensiones: ciudad, subsector y tiempo. El modelo deber&aacute; entonces tener, matricialmente, la siguiente forma:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><i>y<sub>ict</sub></i> = x<sup>'</sup><i><sub>ict</sub></i> &#946; + <i>u<sub>ict</sub></i></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">donde <i>i</i> denota el subsector econ&oacute;mico, <i>c</i> la ciudad, <i>t</i> el tiempo y <i>x</i> es un vector de <i>K</i> variables explicativas (Hsiao, 2003: 302), las cuales se han definido en el apartado anterior.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Baltagi (2001: 175), el t&eacute;rmino de perturbaciones tiene tambi&eacute;n una estructura con errores anidados de la siguiente manera:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><font face="verdana" size="2"><i>u<sub>ict</sub></i> = &#181;<i><sub>c</sub></i>+ &#965;<i><sub>ic</sub></i> + &#949;<sub>ict</sub></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Expresi&oacute;n en la cual &#181;<sub>c</sub> representa el error correspondiente a la ciudad y <i>&#965;<sub>ic</sub></i> el error correspondiente a la industria.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por consiguiente, los componentes del error anidado se convierten en estimadores de la magnitud que aportan a la varianza total las actividades en el subsector i, en la ciudad <i>c</i> y en el conjunto de niveles <i>ict</i>. Se asume que se distribuyen normalmente con media cero y &#963;<sub>&#181;</sub><sup>2</sup><i>, &#963;<sub>&#965;</sub></i><sup>2</sup><i>,</i> &#963;<sub>&#949;</sub><sup>2</sup>, respectivamente. El modelo contempla una descomposici&oacute;n de la matriz de varianzas y covarianzas del error que permite realizar una regresi&oacute;n de m&iacute;nimos cuadrados ordinarios (MCO) de los datos transformados. Sin embargo, realizarla es similar a realizar una regresi&oacute;n de m&iacute;nimos cuadrados generalizados (MCG) de la regresi&oacute;n original con pesos basados en la variabilidad entre y por grupos. (Hsiao, 2003: 303). Por ello, tambi&eacute;n se estim&oacute; un modelo de panel con efectos mixtos, que permite la transformaci&oacute;n de la varianza del error, controlando as&iacute; por la jerarqu&iacute;a en el orden de los mismos (Stata Press, 2011; Rabe&#45;Hesketh y Skrondal, 2008). En particular, en la medida que las &#946; del modelo de panel son consideradas como las medias entre grupos, es posible estimar la varianza entre los grupos de los modelos considerados.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, dada la naturaleza de la base de datos utilizada, es imposible considerarla como un t&iacute;pico modelo de panel en el que se tienen <i>y</i> a&ntilde;os y <i>x</i> observaciones en el territorio u, otra categor&iacute;a agrupable. Por ello, el t&eacute;rmino "panel" se utiliza aqu&iacute; para describir una t&eacute;cnica de estimaci&oacute;n econom&eacute;trica y no porque los datos con que se cuentan se comporten como un panel en s&iacute;. Es por ello que se corren las regresiones de efectos fijos y aleatorios con los datos basados en dos variables de grupo diferentes: por ciudad <i>c</i> y por subsector <i>i.</i> Ello puede traer consigo dos consecuencias: que los coeficientes de las variables al nivel 1 (subsector) y nivel 2 (ciudad) se inflen, o salgan no significativos, o que se presenten casos de multicolinealidad entre variables.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El <a href="/img/revistas/ineco/v73n287/a4c1.jpg" target="_blank">cuadro 1</a> muestra los resultados de los modelos de panel estimados. En aquellos donde la productividad es la variable dependiente y se asumen efectos aleatorios, es posible captar efectos por ciudad. Los coeficientes de determinaci&oacute;n totales obtenidos rondan ente 0.42 y 0.52, lo cual, para datos de panel, se estima adecuado. Estos modelos asumen una estructura de panel heteroced&aacute;stica, con el fin de que cualquier resultado que muestre una variabilidad considerable salte a la vista de inmediato. Ese no fue el caso, por lo menos, en las variables relacionadas al trabajo y nivel de educaci&oacute;n.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Datos</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los datos se obtuvieron de los censos oficiales de M&eacute;xico publicados por el INEGI. Se utilizaron en espec&iacute;fico los <i>Censos Econ&oacute;micos</i> de 1999 y 2009, y los <i>Censos de poblaci&oacute;n y Vivienda</i> de 2000 y 2010. Los primeros registran datos de la actividad econ&oacute;mica ocurrida durante 1998 y 2008. Continuando con el estilo del Censo, se mantendr&aacute;n los a&ntilde;os que &eacute;ste estipula en el an&aacute;lisis de las variables, as&iacute; cuando se menciona 1999, en realidad es informaci&oacute;n sobre 1998, mismo esquema se aplica para 2009.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De los <i>Censos Econ&oacute;micos</i> se extraen cuatro variables: valor agregado censal bruto, remuneraciones totales, personal ocupado y formaci&oacute;n bruta de capital fijo. De los <i>Censos de Poblaci&oacute;n</i> se extrae informaci&oacute;n de los microdatos, en espec&iacute;fico sobre la escolaridad acumulada del personal ocupado en las actividades econ&oacute;micas locales de las diez ciudades a considerar. Por &uacute;ltimo, todos los datos fueron ajustados para que quedaran como n&uacute;meros &iacute;ndices, donde el valor m&aacute;s peque&ntilde;o entre los subsectores, por ciudad, ser&iacute;a 1, y el valor m&aacute;s alto 100. Todas y cada una de las variables aqu&iacute; descritas fueron tratadas de esta manera. Formalmente, se puede decir que cada variable <i>X</i> se transforma en:</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><img src="/img/revistas/ineco/v73n287/a4e7.jpg"></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo logaritmo natural obtenido se saca de las variables transformadas por este proceso.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>RESULTADOS DE LOS MODELOS DE PANEL Y MCG</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los modelos del <a href="/img/revistas/ineco/v73n287/a4c1.jpg" target="_blank">cuadro 1</a> se presentan los resultados de los modelos de panel de efectos fijos, aleatorios y MCG, por ciudad y subsectores. En los modelos donde las remuneraciones son la variable explicada, el agrupar por subsector resulta m&aacute;s contundente, dadas las pruebas individuales y conjuntas. Los coeficientes de determinaci&oacute;n totales obtenidos (R cuadrada total) rondan ente 0.58 y 0.66, lo cual, para datos de panel, se estima bueno. Las pruebas LM de Breusch&#45;Pagan indican que es pertinente mantener los modelos de efectos aleatorios. La prueba de Hausman para los datos agrupados por subsector tambi&eacute;n lo confirma. Sin embargo, la prueba de Hausman para los datos agrupados por ciudad no lo confirma, ya que se presenta una situaci&oacute;n similar a la de los modelos con productividad como variable dependiente.</font></p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a los resultados de las pruebas de Hausman, se sabe que la estructura de los datos no es de un panel normal y que su comportamiento pod&iacute;a o no ajustarse al de un panel tradicional. Es por ello que no sorprende del todo que pruebas como la de Hausman arrojen resultados no del todo claros. La respuesta est&aacute; en la naturaleza misma de dicha prueba, ya que se espera que, dado un n&uacute;mero infinito de datos, el resultado sea siempre un valor positivo y la matriz de varianza&#45;covarianza (VCE) sea definida positiva. Sin embargo, en bases de datos finitas, esto no siempre resulta as&iacute;. De esta manera, mientras que en la primera prueba de Hausman estimada se tiene que la matriz de varianza&#45;covarianza compuesta para la prueba no es definida positiva, en la segunda prueba el resultado fue completamente negativo. Al respecto, existe evidencia te&oacute;rica reciente (Schreiber, 2008) que indica que, en caso de un estad&iacute;stico negativo, es posible tomar el valor absoluto del indicador, aunque la matriz de varianza&#45;covarianza, construida de los par&aacute;metros, no sea definida positiva. Lo anterior independientemente de que el indicador obtenido sea positivo o negativo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es importante subrayar las caracter&iacute;sticas del modelo multinivel con efectos mixtos. Dicho modelo es una regresi&oacute;n de m&aacute;xima verosimilitud con efectos mixtos: fijos y aleatorios. Los efectos fijos estimados son los mismos que se obtendr&iacute;an corriendo una regresi&oacute;n de m&aacute;xima verosimilitud en panel. Los efectos aleatorios no son par&aacute;metros en s&iacute;, sino el efecto que dicha variable tiene sobre la varianza total del modelo (Stata Press, 2011). Debe recordarse que se est&aacute; asumiendo que <i>y<sub>ict</sub></i> = <i>x<sub>ict</sub> &#946;</i> + <i>u<sub>ict</sub></i> donde <i>u<sub>ict</sub></i> = &#181;<sub>c</sub> + <i>&#965;<sub>ic</sub></i> + &#949;<sub>ict.</sub> Es decir, que el resultado obtenido para efectos aleatorios son los componentes del t&eacute;rmino de error <i>u<sub>ict</sub></i> (Guti&eacute;rrez, 2008).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el <a href="/img/revistas/ineco/v73n287/a4c2.jpg" target="_blank">cuadro 2</a> se construye de la siguiente manera: tres modelos cuya variable dependiente es productividad y tres modelos con remuneraciones como variable explicada. Lo &uacute;nico que var&iacute;a entre ellos es la construcci&oacute;n de los efectos aleatorios: en el modelo 1 se consideran variables sobre el ordenamiento de los datos (ciudad y subsectores), en el modelo 2 se asumen efectos aleatorios en algunas variables relevantes por subsector, mientras que en el modelo 3 se hace al nivel de ciudad por ciudad.</font></p>     <p align="justify">&nbsp;</p>      <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resultados de los modelos mixtos: productividad</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer modelo, donde la variable dependiente es la productividad, la varianza total es de 0.832. Se destaca que alrededor de 14% es atribuible a diferencias entre la ciudad de origen de la actividad desarrollada, mientras que 22.3% a las diferencias en la actividad realizada misma (calculo obtenido de los coeficientes del <a href="/img/revistas/ineco/v73n287/a4c2.jpg" target="_blank">cuadro 2</a>). En los modelos dos y tres, con productividad como variable dependiente, el trabajo con escolaridad alta, <i>h</i>, impacta los t&eacute;rminos aleatorios m&aacute;s como efecto por diferencias entre subsector, o actividad realizada, que por diferencias entre las distintas ciudades.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La especializaci&oacute;n laboral s, o concentraci&oacute;n de mano de obra, resulta significativa y considerable (11.38% de la variabilidad del modelo 2) si se le asume como un cambio en el tiempo (variaci&oacute;n en el indicador de 1999 a 2009) cuyo impacto es por subsectores. Es decir, existen cambios considerables en la concentraci&oacute;n de trabajo, lo que sugiere un reordenamiento de la distribuci&oacute;n de la masa laboral a nivel local en las distintas ciudades, pero el efecto no se puede considerar como significativamente distinto para cada una de ellas, sino que se dio, en general, en las diez &aacute;reas urbanas consideradas, o en determinados subsectores independientemente de la ciudad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una variable de sumo inter&eacute;s es el acervo de capital humano por subsector, que s&oacute;lo se incluye en el modelo 2 y &uacute;nicamente cuando se considera la productividad como variable dependiente. La elasticidad de la productividad a dicho factor es inel&aacute;stica, el coeficiente obtenido es peque&ntilde;o, lo que indica que el acervo de conocimiento y habilidades no es un eje determinante de la producci&oacute;n. Sin embargo, se destaca el coeficiente positivo obtenido del acervo de capital humano hacia la productividad. Cambios en el acervo de capital humano por subsector solamente explica 0.45% de la varianza del modelo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De acuerdo con Moretti (2004), es en esta variable donde debe ponerse atenci&oacute;n para evidencia contundente de derrames de capital humano. Se concluye pues, de acuerdo a lo encontrado en los modelos mixtos de productividad, que los derrames no pecuniarios si existen, son muy peque&ntilde;os y se limitan a la industria que los tiene, no m&aacute;s all&aacute; en el resto de las actividades. Dada la elevada significancia de la IED en los modelos, toda evidencia apunta a que los efectos se magnifican en firmas cuyo subsector es receptor de este tipo de capital.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Resultados para las remuneraciones</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el primer modelo, donde las remuneraciones son la variable dependiente (parte inferior del <a href="/img/revistas/ineco/v73n287/a4c2.jpg" target="_blank">cuadro 2</a>) las diferencias entre ciudades explican s&oacute;lo 6.77% de la varianza total, mientras que las disparidades entre subsectores explican 79.02%. De esta manera, la mayor parte de la variabilidad se relaciona con las diferencias entre subsectores, a diferencia de los modelos con productividad como variable explicada. La remuneraci&oacute;n percibida por el personal ocupado responde al rubro del trabajo, y la diferencias que derivan de la localizaci&oacute;n en las ciudades en que labora es porcentualmente reducida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los modelos 2 y 3 el trabajo con escolaridad alta se insert&oacute; como una variaci&oacute;n en el tiempo y como una diferencia entre subsectores. Tanto en el efecto aleatorio en la ciudad como en el efecto del subsector la diferencia en el tiempo en los porcentajes de personal con escolaridad alta es m&aacute;s relevante; en el modelo 2, por ejemplo, explica 18.3% de la varianza total. Es decir, que de 1999 a 2009 las remuneraciones percibidas variaron en un rango de &plusmn;18% y, dado que el signo del coeficiente fijo en el modelo 2 de la misma variable es negativo, se considera posible asumir una ca&iacute;da.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La especializaci&oacute;n laboral se inserta como un efecto aleatorio en diferencias en el tiempo. A diferencia de los modelos de productividad, en las remuneraciones la especializaci&oacute;n no explica significativamente el porqu&eacute; de la variabilidad entre subsectores.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Prueba de raz&oacute;n de verosimilitud y criterios AIC y BIC</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los modelos de efectos mixtos no se puede, tal como se hace en los modelos de panel convencionales, realizar la prueba de Hausman, que implica comparar dos modelos separados. Es com&uacute;n, en estos casos, realizar pruebas LR (raz&oacute;n de verosimilitud) entre un modelo y otro con el fin de ver si la inclusi&oacute;n de par&aacute;metros aleatorios es pertinente (Rabe&#45;Hesketh y Skrondal, 2008). Las pruebas LR que se presentan en el <a href="/img/revistas/ineco/v73n287/a4c2.jpg" target="_blank">cuadro 2</a> indican que, para el caso de la productividad, el mejor modelo es el 2 (con efectos aleatorios por subsector). Para las remuneraciones, tanto el modelo 2 como el 3 resultan mejores al modelo 1, sin embargo, el 2 arroja un par&aacute;metro Ji&#45;cuadrado m&aacute;s alto, por ello tambi&eacute;n se toma &eacute;se como el mejor modelo. Los criterios AIC y BIC corroboran lo mismo, ya que son medidas que eval&uacute;an las ventajas de la bondad del ajuste del modelo con relaci&oacute;n a su nivel de complejidad, lo que permite realizar la selecci&oacute;n del modelo. Por ello, se puede concluir que tanto la prueba de m&aacute;xima verosimilitud como los criterios utilizados apoyan la bondad de ajuste de las estimaciones, donde la productividad laboral es la variable dependiente.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>CONCLUSIONES</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los resultados muestran que el mercado laboral experiment&oacute; cambios como consecuencia del crecimiento de la calificaci&oacute;n del factor trabajo y la urbanizaci&oacute;n. De esta manera, se aprecia que la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n ocupada de las ciudades m&aacute;s pobladas del norte de M&eacute;xico tiene entre 6 y 12 a&ntilde;os de escolaridad acumulados. Adem&aacute;s, entre 1999 a 2009, la proporci&oacute;n del personal con escolaridad alta empleado en los 53 subsectores considerados creci&oacute; de 9.69 a 14.34 por ciento. Las tendencias de la informaci&oacute;n indican que la percepci&oacute;n salarial de los subsectores con mayor proporci&oacute;n de trabajo con escolaridad alta creci&oacute; en comparaci&oacute;n a los subsectores con mano de obra menos educada; sin embargo, la tendencia de la productividad fue opuesta. Lo anterior sugiere que el trabajo m&aacute;s educado pudo haberse relocalizado a sectores con baja productividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por su parte, los resultados obtenidos de las estimaciones econom&eacute;tricas de los modelos de efectos mixtos muestran heterogeneidad. Los coeficientes para la proporci&oacute;n de trabajadores m&aacute;s educados y los coeficientes de la inversi&oacute;n extranjera directa fueron positivos en todos los modelos. No obstante, el coeficiente de la especializaci&oacute;n solamente muestra impactos positivos en las remuneraciones al nivel de an&aacute;lisis de ciudad. Por tanto, m&aacute;s all&aacute; de las caracter&iacute;sticas del periodo analizado, los retornos a escala son crecientes siempre y cuando se tenga la presencia de flujos de capital e inversi&oacute;n extranjera directa positivos en el contexto urbano. Lo anterior sugiere que contin&uacute;a la presencia de enclaves, cuya repercusi&oacute;n quiz&aacute; ya trascendi&oacute; m&aacute;s all&aacute; de una sola empresa, pero no ha permeado fuera de los confines del subsector o empresa en cuesti&oacute;n. Dichos resultados concuerdan con el trabajo de Jordaan (2008) en que las estimaciones econom&eacute;tricas sugieren que la IED genera externalidades negativas dentro de las industrias, pero externalidades positivas mediante los encadenamientos hacia atr&aacute;s.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro hallazgo de este trabajo es que las estimaciones muestran que las diferencias entre subsectores son el origen de gran parte de la variabilidad tanto en la productividad como en las remuneraciones. As&iacute;, se aprecia que el modelo de efectos mixtos evidencia que en los modelos donde las remuneraciones son la variable dependiente, las diferencias entre ciudades explican en menor grado los cambios en la varianza total. La mayor parte de la variabilidad deriva de los cambios entre subsectores. Esto indica que la locaci&oacute;n geogr&aacute;fica no aporta gran variabilidad, sino m&aacute;s bien la actividad a nivel de los subsectores es el determinante de mayor relevancia. Finalmente, si se incluyen efectos de tiempo, el crecimiento de la especializaci&oacute;n laboral en las ciudades y subsectores econ&oacute;micos resulta positivo en la din&aacute;mica del crecimiento de la productividad laboral y las remuneraciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De esta manera, los hallazgos del estudio sugieren que existen algunos aspectos que son favorables para el crecimiento y empleo laboral en el sector manufacturero de las &aacute;reas urbanas de la frontera norte de M&eacute;xico. En particular, se destacan los efectos positivos en el crecimiento de la educaci&oacute;n de la fuerza de trabajo, pero tambi&eacute;n la especializaci&oacute;n laboral, particularmente al nivel de subsectores. Por ello, el desarrollo de pol&iacute;ticas de desarrollo de aglomeraciones industriales al nivel de subsectores es potencialmente un factor para el crecimiento de la productividad y salarios manufactureros. En ese sentido, la posibilidad de atraer inversiones que permitan generar las aglomeraciones a un mayor nivel de desagregaci&oacute;n, las cuales podr&iacute;an derivar en econom&iacute;as externas, es un campo de acci&oacute;n de una potencial pol&iacute;tica industrial. Lo anterior podr&iacute;a tener un papel decisivo en la expansi&oacute;n de la productividad del sector manufacturero en M&eacute;xico.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acemoglu, D., 2002. Technical Change, Inequality and the Labor Market, <i>Journal of Economic Literature,</i> 40(1), pp. 7&#45;72.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561813&pid=S0185-1667201400010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acemoglu, D. y Autor, D., 2011. Lectures in Labor Economics. &#91;en l&iacute;nea&#93; MIT Economics Department. Disponible en: &lt;<a href="http://economics.mit.edu/files/" target="_blank">http://economics.mit.edu/files/</a>&gt;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561815&pid=S0185-1667201400010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Acemoglu, D. y Del, M., 2010. Productivity Differences Between and Within Countries. <i>American Economic Journal: Macroeconomics,</i> 2, pp. 169&#45;88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561817&pid=S0185-1667201400010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bacolod, M., Blum, B.S. y Strange, W.C., 2009. Skills in the City. <i>Journal of Urban Economics,</i> 65(2), pp. 136&#45;53.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561819&pid=S0185-1667201400010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Baltagi, B.H., 2002. <i>Econometric Analysis of Panel Data.</i> Segunda edici&oacute;n. West Sussex, Inglaterra: John Wiley &amp; Sons Ltd.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561821&pid=S0185-1667201400010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Barro, R.J. y Sala&#45;i&#45;Martin, X., 2004. <i>Economic Growth.</i> Segunda edici&oacute;n. Cambridge, MA: The MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561823&pid=S0185-1667201400010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bataillon, C., 1988. <i>Las Regiones Geogr&aacute;ficas en M&eacute;xico.</i> Cd. de M&eacute;xico, M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561825&pid=S0185-1667201400010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Baumol, W.J., 1986. Productivity Growth, Convergence, and Welfare: What the long&#45;run data show. <i>The American Economic Review,</i> 76(5), pp. 1072&#45;85.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561827&pid=S0185-1667201400010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Becker, G.S., 1993. <i>Human Capital: A Theoretical and Empirical Analysis, with Special Reference to Education.</i> Tercera edici&oacute;n. Chicago, IL: The University of Chicago Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561829&pid=S0185-1667201400010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Bernanke, B., 1981. <i>The Sources of Labor Productivity Variation in U.S. Manufacturing, 1947&#45;80</i> &#91;Papel de trabajo no. 712&#93;. <i>National Bureau of Economic Research (NBER),</i> Cambridge, MA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561831&pid=S0185-1667201400010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Duranton, G. y Puga, D., 2004. Micro&#45;Foundations of Urban Agglomeration Economies. En: Henderson, V. y Thisse, J.F. (comps.). <i>Handbook of Regional and Urban Economics</i> &#91;Volume 4: Cities and Geography&#93;. Amsterdam: North Holland/Elsevier.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561833&pid=S0185-1667201400010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Feenstra, R.C. y Hanson, G.H., 1995. Foreign Investment, Outsourcing and Relative Wages &#91;Working paper no. 5121&#93;. <i>NBER,</i> Cambridge, MA. &#91;en l&iacute;nea&#93; Disponible en : &lt;<a href="http://www.nber.org/papers/w5121.pdf" target="_blank">http://www.NBER.org/papers/w5121.pdf</a>&gt;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561835&pid=S0185-1667201400010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gallagher, K.P. y Zarsky, L., 2007. <i>The Enclave Economy: foreign direct investment and sustainable development in Mexico's Silicon Valley.</i> Cambridge, MA: The MIT Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561837&pid=S0185-1667201400010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Galindo L.M. y Catal&aacute;n, H., 2010. El mercado laboral en M&eacute;xico: &iquest;una curva de salarios. <i>Comercio Exterior,</i> 60(3), pp. 221&#45;32.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561839&pid=S0185-1667201400010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Glaeser, E.L., 2011. <i>Triumph of the City.</i> Nueva York, EE.UU.: The Penguin Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561841&pid=S0185-1667201400010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Glaeser, E.L., 1999. Learning in Cities. <i>Journal of Urban Economics,</i> 46, pp. 254&#45;77.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561843&pid=S0185-1667201400010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Glaeser, E.L., Kallal, H.D., Scheinkman, J.A. y Shleifer, A., 1992. Growth in Cities. <i>Journal of Political Economy,</i> 100(6), pp. 1126&#45;52.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561845&pid=S0185-1667201400010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Glaeser, E.L. y Redlick, C., 2008. Social Capital and Urban Growth &#91;Working paper 14374&#93;. <i>NBER,</i> Cambridge, MA. &#91;en l&iacute;nea&#93; Disponible en: &lt;<a href="http://www.nber.org/papers/w14374" target="_blank">http://www.nber.org/papers/w14374</a>&gt;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561847&pid=S0185-1667201400010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Guti&eacute;rrez, R.G., 2008. Tricks of the Trade: Getting the most out of xtmixed. En: <i>Fall North american Stata Users' Group Meetings</i> &#91;pp. 1&#45;36&#93;. Estados Unidos: StataCorp LP.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561849&pid=S0185-1667201400010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Henderson, V.J., 1994. Externalities and Industrial Development. <i>Cityscape: A Journal of Policy Development and Research,</i> 1(1), pp.75&#45;93.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561851&pid=S0185-1667201400010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Henderson, V., 1974, The Sizes and Types of Cities. <i>The American Economic Review,</i> 64(4), pp. 640&#45;56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561853&pid=S0185-1667201400010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Henderson, V., 2003. Marshall's Scale Economies. <i>Journal of Urban Economics,</i> 53(1), pp. 1&#45;28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561855&pid=S0185-1667201400010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hesham M., A&#45;R. y Anas, A., 2004. Theories of Systems of Cities. En: Henderson, V. y Thisse, J.F. (comps.). <i>The Handbook of Regional and Urban Economics</i> &#91;Volume 4: Cities and Geography&#93;. Amsterdam: North Holland/Elsevier.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561857&pid=S0185-1667201400010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hsiao, Ch., 2003. <i>Analysis of Panel Data.</i> Segunda edici&oacute;n. Nueva York, NY: Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561859&pid=S0185-1667201400010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jacobs, J., 1970. <i>The Economy of Cities.</i> Nueva York, EE.UU.: Vintage Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561861&pid=S0185-1667201400010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jordaan, J., 2008. Intra&#45; and Inter&#45;industry Externalities from Foreign Direct Investment in the Mexican Manufacturing Sector: New evidence from Mexican regions. <i>World Development,</i> 36(12), pp. 2838&#45;54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561863&pid=S0185-1667201400010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jorgenson, W. y Griliches, Z., 1967. The Explanation of Productivity Change. <i>The Review of Economic Studies,</i> 34(3), pp. 249&#45;83.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561865&pid=S0185-1667201400010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lucas, R.E., Jr., 1988. On the Mechanics of Economic Development. <i>Journal of Monetary Economics,</i> 22, pp. 2&#45;42.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561867&pid=S0185-1667201400010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lucas, R.E. Jr., 2008. <i>Ideas and Growth</i> &#91;NBER Working Paper Series no. 14133&#93;. <i>National Bureau of Economic Research,</i> Cambridge, MA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561869&pid=S0185-1667201400010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marshall, A., 1890. Alfred Marshall &#45;The Principles of Economics. <i>McMaster University: Archive for the History of Economic Thought.</i> &#91;en l&iacute;nea&#93; Disponible en: &lt;<a href="http://soc-serv2.socsci.mcmaster.ca/~econ/ugcm/3113/index.html" target="_blank">http://soc&#45;serv2.socsci.mcmaster.ca/~econ/ugcm/3113/index.html</a>&gt;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561871&pid=S0185-1667201400010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mendoza Cota, J.E., 2002. Educaci&oacute;n, experiencia y especializaci&oacute;n manufacturera en la frontera norte de M&eacute;xico. <i>Comercio Exterior,</i> 52(4), pp. 300&#45;8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561873&pid=S0185-1667201400010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Moretti, E., 2004. Human Capital Externialities in Cities. En: Henderson, V. y Thisse, J.F. (comps.). <i>Handbook of Regional and Urban Economics</i> &#91;Volume 4: Cities and Geography&#93;. Amsterdam: North Holland/Elsevier.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561875&pid=S0185-1667201400010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">OECD (Organisation for Economic Co&#45;operation and Development) 2012. <i>Skills. OECD: Skills Shortages.</i> &#91;en l&iacute;nea&#93; Disponible en: &lt;<a href="http://skills.oecd.org/hotissues/skillss-hortages.html" target="_blank">http://skills.oecd.org/hotissues/skillss&#45;hortages.html</a>&gt; (Consultado el 23 de mayo de 2012).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561877&pid=S0185-1667201400010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">O'Flaherty, B., 2005. <i>City Economics.</i> Cambridge: Harvard University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561879&pid=S0185-1667201400010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rabe&#45;Hesketh, S. y Skrondal, A., 2008. <i>Multilevel and Longitudinal Modeling Using Stata.</i> Segunda edici&oacute;n. College Station, EE.UU.: Stata Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561881&pid=S0185-1667201400010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Romer, P., 1990. Endogenous Technological Change. <i>The Journal of Political Economy,</i> pp. 71&#45;102.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561883&pid=S0185-1667201400010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rosen, S., 1983. Specialization and Human Capital. <i>Journal of Labor Economics,</i> 1(1), pp. 43&#45;9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561885&pid=S0185-1667201400010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schreiber, S., 2008. The Hausman Test Statistic can be Negative even Asymptotically. <i>Jahrbuecher fuer Nationaloekonomie und Statistik (Jornal of Economics and Statistics),</i> 228(4), pp. 394&#45;405.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561887&pid=S0185-1667201400010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Schultz, T.W., 1972. Human Capital: Policy issues and research opportunities. En: Schultz, T.W (ed.). <i>Economic Research: Retrospect and Prospect</i> &#91;Vol. 6: Human Resources&#93;. Cambridge, MA: National Bureau of Economic Research (NBER).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561889&pid=S0185-1667201400010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Stata Press, 2011. xtmixed &#151; Multilevel mixed&#45;effects linear regression. &#91;manual&#93; Disponible en: &lt;<a href="http://www.stata-press.com/manuals/xt_xtmixed.pdf" target="_blank">http://www.stata&#45;press.com/manuals/xt_xtmixed.pdf</a>&gt;    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561891&pid=S0185-1667201400010000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref -->.</font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sveikauskas, L., 1975. The Productivity of Cities. <i>The Quarterly Journal of Economics, </i>89(3), pp. 393&#45;413.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561893&pid=S0185-1667201400010000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Urciaga Garc&iacute;a, J. y Almendarez Hern&aacute;ndez, M.A., 2008. Salarios, educaci&oacute;n y sus rendimientos privados en la frontera norte de M&eacute;xico. <i>Regi&oacute;n y Sociedad,</i> XX (41), pp. 33&#45;56.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=4561895&pid=S0185-1667201400010000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="nota"></a><b>NOTAS</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* JEL: Journal of Economic Literature&#45;Econlit.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los autores agradecen los valiosos comentarios y sugerencias de dos dictaminadores an&oacute;nimos de la revista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> La productividad laboral se obtuvo dividiendo el valor agregado entre el personal ocupado de los 53 subsectores de la actividad productiva urbana.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> 112 Ganader&iacute;a, 221 Generaci&oacute;n, transmisi&oacute;n y suministro de energ&iacute;a el&eacute;ctrica, 311 Industria alimentaria, 312 Industria de las bebidas y del tabaco, 313 Fabricaci&oacute;n de insumos textiles, 314 Confecci&oacute;n de productos textiles, 315 Fabricaci&oacute;n de prendas de vestir, 321 Industria de la madera, 322 Industria del papel, 323 Impresi&oacute;n, 324 Productos derivados del petr&oacute;leo y del carb&oacute;n, 325 Industria qu&iacute;mica, 331 Industrias met&aacute;licas b&aacute;sicas, 332 Fabricaci&oacute;n de productos met&aacute;licos, 333 Fabricaci&oacute;n de maquinaria y equipo, 334 Equipo de computaci&oacute;n, comunicaci&oacute;n, componentes y accesorios electr&oacute;nicos, 335 Generaci&oacute;n el&eacute;ctrica y aparatos, 336 Equipo de transporte, 337 Muebles y productos relacionados, 339 Otras industrias manufactureras, 432 Comercio al por mayor de productos textiles y calzado, 433 Comercio al por mayor de productos farmac&eacute;uticos, de perfumer&iacute;a, accesorios de vestir, art&iacute;culos para el esparcimiento y electrodom&eacute;sticos, 434 Comercio al por mayor de materias primas agropecuarias, 435 Comercio al por mayor de maquinaria, mobiliario y equipo para actividades agropecuarias, industriales y de servicios, 461 Comercio al por menor de alimentos, bebidas y tabaco, 462 Comercio al por menor en tiendas de autoservicio y departamentales, 463 Comercio al por menor de productos textiles, accesorios de vestir y calzado, 464 Comercio al por menor de art&iacute;culos para el cuidado de la salud, 465 Comercio al por menor de art&iacute;culos de papeler&iacute;a 466 Comercio al por menor de enseres dom&eacute;sticos, computadoras y art&iacute;culos para la decoraci&oacute;n de interiores, 467 Comercio al por menor de art&iacute;culos de ferreter&iacute;a, 468 Comercio al por menor de veh&iacute;culos de motor y refacciones, 469 Intermediaci&oacute;n y comercio al por menor por medios masivos de comunicaci&oacute;n, 481 Transporte a&eacute;reo, 484 Autotransporte de carga, 491 Servicios postales, 492 Servicios de mensajer&iacute;a y paqueter&iacute;a, 511 Edici&oacute;n de publicaciones y de software, excepto a trav&eacute;s de Internet, 512 Industria f&iacute;lmica y del video, 522 Instituciones de intermediaci&oacute;n crediticia y financiera no burs&aacute;til, 523 Actividades burs&aacute;tiles cambiarias y de inversi&oacute;n financiera, 531 Servicios inmobiliarios, 541 Servicios profesionales, cient&iacute;ficos y t&eacute;cnicos, 561 Servicios de apoyo a los negocios, 562 Manejo de desechos, 621 Servicios m&eacute;dicos de consulta externa, 622 Hospitales, 623 Residencias de asistencia social y para el cuidado de la salud, 721 Servicios de alojamiento temporal, 722 Preparaci&oacute;n de alimentos y bebidas, 811 Servicios de reparaci&oacute;n y mantenimiento, 812 Servicios personales, 813 Asociaciones y organizaciones.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>3</sup> La variable que refleja la especializaci&oacute;n laboral se calcul&oacute; dividiendo el personal ocupado total (por subsector, por ciudad y por a&ntilde;o) entre el personal ocupado total (por subsector y a&ntilde;o nacional).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>4</sup> Lo que se refleja en el concepto de <i>Learning&#45;by&#45;doing.</i></font></p>      ]]></body><back>
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