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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Nietzsche: la memoria, la historia: la Segunda intempestiva entre la crítica al historicismo y la negación de la filosofía de la historia]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Reflexiones filos&oacute;ficas</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>Nietzsche: la memoria, la historia: la <i>Segunda intempestiva</i> entre la cr&iacute;tica al historicismo y la negaci&oacute;n de la filosof&iacute;a de la historia</b><sup><a href="#notas">1</a></sup></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Herbert Frey</b></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Instituto de Investigaciones Sociales. Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico.</i></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La <i>Segunda intempestiva</i> es el &uacute;nico escrito en el que Friedrich Nietzsche aborda expl&iacute;citamente el tema de la historia. Trata del papel de la memoria en la historia, pero tambi&eacute;n del olvido, que resulta fundamental para la sobrevivencia humana. Al mismo tiempo, sin embargo, es impl&iacute;citamente un ajuste de cuentas con la ciencia hist&oacute;rica de su &eacute;poca, el historicismo, que cree ir al fondo de la historia con la simple acumulaci&oacute;n cronol&oacute;gica de datos. A esta ciencia y a sus representantes Nietzsche les dedica su sarcasmo, porque consideran que sus m&eacute;todos los llevan a profundizar en los hechos hist&oacute;ricos, cuando en realidad s&oacute;lo se hunden en un c&uacute;mulo de datos. Nietzsche demanda una historia al servicio de la vida, que analice los acontecimientos m&aacute;s relevantes y no vacile en destacar que la historia, en s&iacute;, no tiene ning&uacute;n prop&oacute;sito objetivo que se pueda desentra&ntilde;ar mediante el an&aacute;lisis.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">De la lectura superficial de este breve ensayo no necesariamente se desprende tampoco que se trata de una cr&iacute;tica inclemente a cualquier filosof&iacute;a de la historia que, por adelantado, cree conocer el objetivo &uacute;ltimo de la historia. Si bien est&aacute; claro que la historia requiere de principios estructurales, &eacute;stos no pueden sustentarse en una visi&oacute;n teleol&oacute;gica. Nietzsche aboga por una aproximaci&oacute;n tr&aacute;gica, que sabe que la historia no puede construirse. S&oacute;lo de cuando en cuando grandes figuras individuales logran imprimirle su sello, a pesar de que el curso mismo de la historia no est&eacute; en sus manos. Se requiere de un "delirio encubridor", es decir de la ilusi&oacute;n, para siquiera poder actuar; para poder crear un sentido temporal que, de todos modos, en cualquier momento puede volver a hundirse en el caos. S&iacute;, a pesar de todo, Nietzsche no vuelve a incluir momentos de una visi&oacute;n teleol&oacute;gica de la historia en su construcci&oacute;n, &eacute;sta sigue siendo una pregunta abierta.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Contempla al reba&ntilde;o que pasta junto a ti: no sabe lo que es el ayer o el hoy; retoza, come, descansa, digiere, vuelve a retozar y, as&iacute;, de la ma&ntilde;ana a la noche, de d&iacute;a en d&iacute;a, vinculado fugazmente con su gusto y con su disgusto, es decir, con el est&iacute;mulo del instante y, por lo tanto, ni triste ni aburrido. Contemplar esto afecta mucho al hombre, porque &eacute;ste se ufana de su humanidad frente a los animales y, sin embargo, observa con envidia su dicha &#151;porque s&oacute;lo es eso lo que desea: no estar triste ni vivir con dolor, como los animales; pero lo desea en vano, porque no lo desea como el animal. En alg&uacute;n momento el hombre le pregunta al animal: &#191;por qu&eacute; s&oacute;lo me miras y no me hablas de tu dicha? El animal quiere responder y decir que ello se debe a que 'siempre olvido inmediatamente lo que quer&iacute;a decir'; pero al instante tambi&eacute;n olvida esa respuesta y calla, ante lo cual el hombre se admira &#91;Nietzsche 1980: 248&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con estas reflexiones se inicia la <i>Segunda consideraci&oacute;n intempestiva</i> de Nietzsche, titulada "De las ventajas y desventajas de la historia para la vida<i>"</i>, y que en general es vista como la m&aacute;s importante de las consideraciones intempestivas. En ella, Nietzsche hace un ajuste de cuentas con la ciencia hist&oacute;rica de su &eacute;poca, en relaci&oacute;n con el problema de la objetividad en la historia y la problem&aacute;tica del hombre como un animal que debe convivir con su historia, es decir con su memoria, y que sucumbe ante ello porque no es capaz de lidiar productivamente con su pasado. Sin embargo, lo que es v&aacute;lido para el individuo, tambi&eacute;n es v&aacute;lido para la historia en general. La incapacidad de poder priorizar entre cada uno de los hechos hist&oacute;ricos individuales, de postular una objetividad que sea capaz de representar el asunto mismo como tal, conduce a una esterilidad que ya no est&aacute; en condiciones de comprender los acontecimientos individuales en su singularidad. Si todos los acontecimientos tienen la misma relevancia, entonces ya s&oacute;lo pueden ser expuestos de forma narrativa, pero no procesados intelectualmente. El hombre es el animal que ante la amenaza de la muerte debe escribir y escoger su propia historia, si es que quiere sobrevivir.<sup><a href="#notas">2</a></sup> Lo que significar&iacute;a el no poder olvidar nunca, lo describe Jorge Luis Borges en el cuento "Funes el memorioso<i>"</i>, en 1942. Esta fant&aacute;stica historia se desarrolla en 1887 y es la "evocaci&oacute;n" de un joven indio de Uruguay que, tullido sin remedio despu&eacute;s de un accidente ecuestre, repentinamente se ve bendecido por una memoria absoluta. Diecinueve a&ntilde;os hab&iacute;a vivido Ireneo Funes, que as&iacute; se llamaba el muchacho, como todos los dem&aacute;s. Ve&iacute;a sin mirar, o&iacute;a sin escuchar y olvidaba muchas cosas, de hecho casi todo. Seg&uacute;n la narraci&oacute;n de Borges, antes de caerse del caballo era como cualquiera: un bueno para nada, sin memoria, ansioso de acci&oacute;n y de vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al caer, Ireneo Funes perdi&oacute; el conocimiento pero, "cuando lo recobr&oacute;, el presente era casi intolerable de tan rico y tan n&iacute;tido, y tambi&eacute;n las memorias m&aacute;s antiguas y m&aacute;s triviales". Poco despu&eacute;s se dio cuenta de que estaba totalmente inv&aacute;lido. Pero este hecho apenas lo conmovi&oacute;. Lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que la incapacidad de actuar y de moverse era un precio sumamente menor a cambio de su ahora infalible memoria y su capacidad absoluta, casi blasfema, de percibir y grabarse las cosas. Si antes de su accidente Ireneo era casi incapaz de leer, despu&eacute;s le bastaba una sola lectura de la <i>Naturalis historia</i> de Plinio para enumerar, en lat&iacute;n y espa&ntilde;ol, todos los casos de memorias prodigiosas que aparec&iacute;an ah&iacute;, en el cap&iacute;tulo 24 del s&eacute;ptimo libro: "Ciro, rey de los persas, que sab&iacute;a llamar por su nombre a todos los soldados de sus ej&eacute;rcitos; Mitr&iacute;ades Eupator, que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio; Sim&oacute;nides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez".</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Atado a su lecho, el inv&aacute;lido Ireneo Funes hac&iacute;a palidecer empero a todos estos h&eacute;roes del <i>ars memorativa</i>. Como narra Borges, "sab&iacute;a las formas de las nubes australes del amanecer del 30 de abril de 1882, y pod&iacute;a compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta espa&ntilde;ola que s&oacute;lo hab&iacute;a mirado una vez". Pod&iacute;a reconstruir "todos los sue&ntilde;os, los entresue&ntilde;os. Dos o tres veces hab&iacute;a reconstruido un d&iacute;a entero", aunque cada reconstrucci&oacute;n hab&iacute;a requerido a su vez de todo un d&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, era incapaz de construir pensamientos abstractos, y tampoco le interesaba. En tanto que el humano com&uacute;n forjaba definiciones para poder orientarse en el mundo y reconocerlo, &eacute;l s&oacute;lo necesitaba recordar como plat&oacute;nico de la realidad terrenal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Muri&oacute; pronto, de una congesti&oacute;n pulmonar, en 1889, coincidentemente el mismo a&ntilde;o en que Nietzsche sucumbi&oacute; a la locura. Corri&oacute; el rumor de que en realidad fue el peso de su memoria el que destruy&oacute; su joven vida; lo que puede darse por sentado es que fue la causa de su invalidez.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En cualquier caso, el acceso a las ideas abstractas y a sus apor&iacute;as permaneci&oacute; vetado para este joven indio. Hab&iacute;a aprendido sin esfuerzo lat&iacute;n y una serie de lenguas vivas, pero Borges da a entender que este portento de memoria no estaba muy dotado para pensar. Pensar significa olvidar diferencias, comparar cosas diferentes, generalizar, abstraer. En el mundo de Ireneo Funes, dominado por la memoria, no hab&iacute;a m&aacute;s que particularidades.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando, conforme a su relato, Borges vio por &uacute;ltima vez al muchacho, &eacute;ste ten&iacute;a 19 a&ntilde;os y faltaba uno para su muerte. Seg&uacute;n lo describe, al escritor argentino le pareci&oacute; "monumental como el bronce, m&aacute;s antinguo que Egipto, anterior a las profec&iacute;as y a las pir&aacute;mides" &#91;Borges 1994&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El cuento de Borges, que desde luego Nietzsche no pudo conocer, exhibe los problemas de una persona que es incapaz de olvidar e ilustra de ese modo una problem&aacute;tica que aparece en la <i>Segunda intempestiva</i>. El animal, dice Nietzsche, vive de manera ahist&oacute;rica. Pero el hombre se convierte en hombre cuando comprende la palabra "hab&iacute;a"; esa terrible palabra mediante la cual le sobrevienen al ser humano la tristeza, el odio, la lucha, el dolor y el hast&iacute;o, para recordarle que su existencia es, en esencia, un tiempo imperfecto nunca consumado, un pasado ininterrumpido. Es por eso que el hombre, pero sobre todo el hombre hist&oacute;rico que hace del pasado su compromiso y que no deja atr&aacute;s lo que ha sido sino, al contrario, se define a partir de ello, est&aacute; tan mal dotado para la dicha. Tal vez por este motivo ning&uacute;n fil&oacute;sofo tiene mayor raz&oacute;n que el c&iacute;nico: porque la dicha del animal, como el c&iacute;nico m&aacute;s consumado, es la prueba viviente de la raz&oacute;n del cinismo. No importa en qu&eacute; radique, una parte de la dicha es poder olvidar; es tener la capacidad de sentir por un tiempo de manera ahist&oacute;rica. Pero, para poder actuar, tambi&eacute;n hay que ser capaz de olvidar. As&iacute; como en palabras de Goethe el que act&uacute;a carece siempre de conciencia, as&iacute; tambi&eacute;n, espec&iacute;ficamente, carece de historia. "Imag&iacute;nense", plantea Nietzsche, y uno creer&iacute;a que tiene ante sus ojos la figura borgiana de Ireneo Funes, "imag&iacute;nense el ejemplo m&aacute;s extremo de un hombre que no tenga la capacidad de olvidar &#91;...&#93; como digno disc&iacute;pulo de Her&aacute;clito, apenas si se atrever&iacute;a a levantar un dedo. A toda acci&oacute;n le corresponde el olvido: como del mismo modo para la vida, a todo lo org&aacute;nico no s&oacute;lo le corresponde la luz, sino tambi&eacute;n la oscuridad" &#91;Nietzsche 1980: 250&#93;. Por eso ser&iacute;a factible vivir casi sin memoria, vivir inclusive feliz, como lo muestra el animal; pero ser&iacute;a absolutamente imposible vivir siquiera, sin poder olvidar.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay &#91;contin&uacute;a Nietzsche&#93; un grado de insomnio, de repetici&oacute;n, de sentido hist&oacute;rico en el que todo lo vivo sufre un da&ntilde;o y al final sucumbe, ya sea un hombre, un pueblo o una cultura &#91;...&#93; Por lo tanto, a la capacidad de sentir la tenemos que considerar en cierto grado de manera ahist&oacute;rica, es decir, como la m&aacute;s importante y primigenia, dado que en ella se encuentra el fundamento sobre el cual puede germinar algo recto, sano y grande, algo realmente humano &#91;Nietzsche 1980: 250&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y unas p&aacute;ginas m&aacute;s adelante, Nietzsche llega a la siguiente conclusi&oacute;n: "S&oacute;lo a trav&eacute;s de la capacidad de utilizar el pasado para poder vivir, y de hacer de lo ocurrido historia, el hombre se convierte en hombre; pero, ante un exceso de historia, el hombre otra vez deja de serlo y, sin la coraza de lo ahist&oacute;rico, nunca hubiera podido ni se hubiera atrevido a empezar" &#91;Nietzsche 1980: 253&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Utilizar el pasado para poder vivir y hacer de lo ocurrido historia: esta formulaci&oacute;n de Nietzsche tiene un doble sentido. No s&oacute;lo tiene una interpretaci&oacute;n prospectiva, como por ejemplo con Carlos Marx en el <i>18 Brumario de Luis Bonaparte</i>, en el que un conocido p&aacute;rrafo dice: "los hombres son los hacedores de su propia historia, pero no la hacen de piezas sueltas derivadas de circunstancias elegidas por ellos mismos, sino de otras directamente disponibles, existentes y heredadas. La tradici&oacute;n de los muertos pesa como una monta&ntilde;a sobre la mente de los vivos" &#91;Marx y Engels 1966: 115&#93;; sino tambi&eacute;n tiene una interpretaci&oacute;n retrospectiva, como dice Rudolf Burger en su libro <i>En nombre de la historia</i> &#91;<i>Im Namen der Geschichte</i>&#93;:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tenemos un pasado, pero nos damos una Historia. Y nos la damos a la luz de un dise&ntilde;o &#151;un dise&ntilde;o de lo que somos y lo que queremos ser: de ello depende&#160;lo&#160;que hemos sido. No es el pasado el que nos determina y define, sino que, en tanto le conferimos al pasado que tenemos una estructura significante... y a trav&eacute;s de ella lo convertimos en nuestra historia, en nuestro "haber&#45;sido" &#91;...&#93; nos definimos a nosotros mismos mediante nuestra propia historia &#91;Burger 2007: 36&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En su cr&iacute;tica al historicismo de corte rankiano, Nietzsche tiene claro que el historiador es el que debe conferirle al pasado una estructura de significado para construir con ella una historia en el sentido de una narrativa. Esto significa que de un mar inagotable de acontecimientos isotr&oacute;picos s&oacute;lo selecciona un n&uacute;mero finito; algunos los patetiza, otros los memoriza y otros m&aacute;s los olvida &#151;pero, en realidad, a la mayor&iacute;a ni siquiera los toma en cuenta. La "historia" s&oacute;lo es posible cuando la mayor parte del pasado permanece en la oscuridad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuando a lo largo de su <i>Segunda consideraci&oacute;n intempestiva</i> Nietzsche distingue tres tipos de historia, y analiza sus ventajas y sus desventajas en relaci&oacute;n con su utilidad para la vida &#151;es decir, una historiograf&iacute;a monumental, una anticuaria y una cr&iacute;tica&#151; esto desde luego s&oacute;lo es posible en la medida en que el material en s&iacute; mismo no tenga una determinada estructura de sentido y de significado que obligue a una determinada forma de exposici&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La cr&iacute;tica de Nietzsche a las pretensiones de objetividad de una historiograf&iacute;a que se entiende a s&iacute; misma como ciencia, amenazaba directamente la creencia de los historiadores en una sola verdad sustancial. En su libro <i>Metahistory</i>, Hayden White esclarece la cr&iacute;tica al historicismo de Nietzsche:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">La intenci&oacute;n de Nietzsche es destruir la creencia en un pasado hist&oacute;rico del que se puede sacar una sola verdad sustancial. Para &eacute;l, como para Burckhardt, hay tantas "verdades" sobre el pasado como hay percepciones individuales. El estudio de la Historia, por lo tanto, nunca deber&iacute;a ser un fin en s&iacute; mismo, sino s&oacute;lo un medio hacia un objetivo vital. As&iacute;, Nietzsche distingue dos m&eacute;todos de observaci&oacute;n: uno que niega la vida y que reivindica para s&iacute; la &uacute;nica, permanente, verdadera y "aut&eacute;ntica" forma de contemplaci&oacute;n; y otro que afirma la vida y que permite tantas apreciaciones de la Historia como interpretaciones individuales de sentido existen. El af&aacute;n de un concepto de Historia &uacute;nico, perenne y "aut&eacute;ntico" ser&iacute;a una reliquia de la necesidad cristiana de creer en un Dios verdadero; o un producto de la ciencia positivista, con su dogma de un solo, absoluto y obsoleto conjunto de leyes naturales. A ambos conceptos de verdad y a sus equivalentes art&iacute;sticos &#151;el romanticismo y el naturalismo&#151; Nietzsche les contrapone la relatividad de cualquier apreciaci&oacute;n de la realidad &#91;White 1991: 427&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El escrito de Nietzsche sobre la historia est&aacute; marcado por dos intenciones que marcan su contenido. Cuando &eacute;l habla de las desventajas de la historia para la vida, se trata de un ataque a su visi&oacute;n cientificista, que postula que &eacute;sta debe ser considerada como una ciencia. Es el historicismo de corte rankiano, que busca borrar su propio yo para poder sumergirse sin prejuicios en los acontecimientos hist&oacute;ricos, y que plantea la exigencia program&aacute;tica de "conocer c&oacute;mo realmente fue". El concepto de lo anticuario se reduce a una cifra para la historia cient&iacute;fica, lo que en opini&oacute;n de Nietzsche conduce a una verdad sin consecuencias que ya no tiene importancia para el hombre. Al criticar a la historia como anticuaria, Nietzsche emprende con &aacute;nimo pol&eacute;mico un debate latente en su &eacute;poca, pero cuyos argumentos siguen teniendo significado hasta hoy para la cr&iacute;tica de una ciencia de la historia positivista.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Seg&uacute;n Nietzsche, el enfoque anticuario se basa en una comprensi&oacute;n positivista de la historia cient&iacute;fica, o sea en un conocimiento objetivo, es decir pasivo, que culmina en la imagen del historiador, "quien se ha convertido en un eco pasivo que, a trav&eacute;s de su resonancia, act&uacute;a a su vez sobre otros pasivos similares hasta que, finalmente, todo el ambiente de una &eacute;poca se llena de estas sutiles y familiares reverberaciones que flotan entremezcladas entre s&iacute;" &#91;Nietzsche 1980: 288&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En <i>Sobre el futuro de nuestras instituciones educativas</i>, al igual que en la <i>Primera consideraci&oacute;n intempestiva</i> sobre David Friedrich Strau&#946;, Nietzsche ya hab&iacute;a destacado ciertas caracter&iacute;sticas de la historia anticuaria; y esta idea de una historia nihilista, en tanto positivista, la mantuvo todav&iacute;a hasta <i>La genealog&iacute;a de la moral</i>.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Su pretensi&oacute;n m&aacute;s noble se encamina ahora a convertirse en espejo; rechaza toda teleolog&iacute;a; ya no pretende demostrar nada; se niega a jugar al juez y con ello muestra su buen gusto &#151;afirma tan poco como lo que niega; constata, 'describe' &#91;...&#93; esto es asc&eacute;tico en alto grado; pero no hay que confundirse: al mismo tiempo es nihilista, en un grado m&aacute;s alto todav&iacute;a &#91;Nietzsche 1980: 405&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Al igual que la ciencia natural, la ciencia de la historia desplegada bajo el signo del historicismo es rid&iacute;cula y terrible a la vez. La ciencia de la historia es rid&iacute;cula, por la interminable acumulaci&oacute;n de sus temas de estudio y por su incansable acarreo de nuevos hitos de conocimiento. "Al final, el hombre moderno carga consigo una incre&iacute;ble cantidad de conocimientos que no puede digerir y que luego, cuando tienen oportunidad, le rechinan en el vientre como se dice en los cuentos" &#91;Nietzsche 1980: 274&#93;. Pero la ciencia de la historia tambi&eacute;n es peligrosa, porque el conocimiento que acumula est&aacute; inconexo entre s&iacute;, porque carece de un orden y una valoraci&oacute;n, y porque dentro de &eacute;l todo est&aacute; en pugna con todo. Sobre esta base, Nietzsche apunta hacia el problema del relativismo hist&oacute;rico y su efecto destructivo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Como representante de esta "historia asc&eacute;tica" aparece Leopold von Ranke, cuya exigencia program&aacute;tica de "conocer realmente c&oacute;mo fue" &#91;Ranke 1990: 45&#93; le sirve como hilo conductor al ideal hist&oacute;rico de la objetividad. La descripci&oacute;n ir&oacute;nica que Nietzsche hace del historiador como un "eco pasivo" muy bien podr&iacute;a corresponder a la visi&oacute;n que Ranke tiene de s&iacute; mismo cuando escribe que "me gustar&iacute;a poder borrar mi propio yo y dejar que s&oacute;lo hablen las cosas, que emerjan las fuerzas poderosas" &#91;Vierhaus 1997: 63&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Nietzsche, quien antes y durante la escritura de la <i>Segunda intempestiva</i> hab&iacute;a le&iacute;do algunos libros de Ranke, &eacute;ste se convirti&oacute; en el representante por antonomasia de la concepci&oacute;n de la historia que hab&iacute;a que combatir. En los apuntes p&oacute;stumos de 1873, Nietzsche escribi&oacute;: "Si los historiadores como Ranke se generalizan, no hay ninguna aportaci&oacute;n: estos&#160;planteamientos ya se conoc&iacute;an mucho antes de su trabajo; recuerdan la experimentaci&oacute;n sin sentido de la que Z&ouml;llner se queja en las ciencias naturales" &#91;Nietzsche 1980: 672&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Desde la &oacute;ptica te&oacute;rico&#45;cient&iacute;fica, la pasividad del anticuario se basa en el criterio de la objetividad, pretensi&oacute;n a la que Nietzsche denomina como&#160;el ideal de "la verdad sin consecuencias". Seg&uacute;n &eacute;l, "la objetividad significa que justamente aqu&eacute;l al que no le importa nada un momento del pasado, est&aacute; llamado a representarlo" &#91;Nietzsche 1980: 293&#93;. De modo correspondiente, Nietzsche caracteriza al "impulso anticuario" como el esfuerzo de "concebir al pasado como pasado y no tergiversarlo ni idealizarlo" &#91;Nietzsche 1980: 636&#93;.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que quiere decir con ello se evidencia en un fragmento fechado entre el verano de 1872 y los principios de 1873, en el que Nietzsche introduce el concepto de la historiograf&iacute;a ic&oacute;nica, presumiblemente la precursora de la historia anticuaria &#91;Nietzsche 1980: 418&#93;. Ahora ser&iacute;a la "veracidad ic&oacute;nica" la que estar&iacute;a en marcado contraste con la historia monumental. El esfuerzo ic&oacute;nico de concebir al pasado como pasado y no tergiversarlo, se hace claro mediante la voluntad de testimoniar o, en palabras de Nietzsche, de "divulgar". Nietzsche define a la divulgaci&oacute;n como una forma fundamental del conocimiento hist&oacute;rico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"La Historia, enfocada nada m&aacute;s como un problema de conocimiento y, en menor grado, s&oacute;lo de divulgaci&oacute;n y no de an&aacute;lisis, no tiene en sentido estricto ninguna repercusi&oacute;n sobre la vida" &#91;Nietzsche 1980: 692&#93;. Divulgar significa que uno da fe de lo que sucede, sin asociar con ello los intereses necesarios para su explicaci&oacute;n o comprensi&oacute;n. De este modo, divulgar&#160;algo siempre se orienta hacia la singularidad de las circunstancias. Esta singularidad se encuentra en la base del enfoque ic&oacute;nico y, en la l&oacute;gica de la memoria anticuaria, remite al sentido de lo ic&oacute;nico como testimonial. "De este modo el hombre anticuario cultiva el pasado, porque as&iacute; resulta totalmente individual y un&iacute;voco &#151;sin importar cu&aacute;n insignificante o valioso sea" &#91;Nietzsche 1980: 705&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con la referencia al testimonio ic&oacute;nico de lo individual, Nietzsche traza un rasgo fundamental del historicismo; el mismo que tambi&eacute;n subraya Ranke, quien met&oacute;dicamente parte siempre de lo individual y, en consecuencia, sigue una teor&iacute;a inductiva del conocimiento.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La objetividad ic&oacute;nica del anticuario se basa en el principio del desinter&eacute;s, que no est&aacute; al servicio de tendencias o intereses espec&iacute;ficos, sino que reproduce de manera igualmente "objetiva" todas las cosas y acontecimientos en el conocimiento hist&oacute;rico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La funci&oacute;n de preservaci&oacute;n y duplicaci&oacute;n de la memoria se manifiesta en esta corriente con fuerza irrefrenable. En ninguna otra imagen, el car&aacute;cter "pasivo" de esta memoria hist&oacute;rica queda mejor plasmado que en el concepto de mecanizaci&oacute;n que Nietzsche ve prevalecer en el historicismo. &Uacute;nicamente por el hecho de que los historiadores modernos son pasivos, la investigaci&oacute;n dentro de la "empresa cient&iacute;fica" de la academia puede producirse seg&uacute;n las reglas industriales. Nietzsche escribe que cuando piensa en los historiadores modernos, le vienen a la mente palabras como f&aacute;brica, mercado de trabajo, oferta, utilidad &#91;Nietzsche 1980: 300&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero la gama del gremio de los historiadores no se agota en Ranke; hay adem&aacute;s otra "especie terrible", y &eacute;sta no es precisamente objetiva ni carece de voluntad. Quiere juzgar, quiere valorar, pero sus juicios son falsos porque vive con la creencia de que su tarea es adaptar el pasado al sentido com&uacute;n. "Estos historiadores primarios llaman 'objetividad' a ajustar las opiniones y los hechos del pasado a las corrientes de opini&oacute;n del momento: ah&iacute; encuentran el canon de todas las verdades; su tarea es adaptar el pasado a las trivialidades de la actualidad. En contraposici&oacute;n llaman 'subjetiva' a toda historiograf&iacute;a que no admite como conocedora a esta opini&oacute;n popular" &#91;Nietzsche 1980: 289&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Siguiendo esta tradici&oacute;n, las concepciones &eacute;ticas de la &eacute;poca quedaron luego como &uacute;ltimos referentes en la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica. &#191;C&oacute;mo pudo ocurrir? Porque en su proceso de darle condici&oacute;n cient&iacute;fica a todo y de confrontarse con la filosof&iacute;a de la historia propia del idealismo cl&aacute;sico, la ciencia hist&oacute;rica del siglo XIX excluy&oacute; como "no cient&iacute;ficas" las preguntas previas de la filosof&iacute;a de la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con cu&aacute;l de estas tradiciones polemizaba Nietzsche, queda claro cuando se voltea a ver a Hegel. Pese a todas sus diferencias, cuando de una exposici&oacute;n teleol&oacute;gica de la historia se trata, tanto Hegel como Nietzsche est&aacute;n en contra de una escritura de la historia que se limite a juicios pol&iacute;ticos de valor.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una cierta gran necesidad &#151;&eacute;se es el objeto y el fin de los historiadores, pero tambi&eacute;n del pueblo y del tiempo mismo. A ello se remite todo. La valoraci&oacute;n de este tipo para escribir la Historia tampoco es mucho m&aacute;s elevada: para cualquier autor los materiales est&aacute;n a la vista, cualquiera puede sentirse capacitado; y aqu&iacute; es donde viene la reminiscencia del Fausto de Goethe: el hacer valer su esp&iacute;ritu en ellos, como si fuera el esp&iacute;ritu de la &eacute;poca &#91;Hegel 1970: 17 y 20&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay una saturaci&oacute;n, dice Hegel, de estas historias que se derivan de cada &eacute;poca. Para &eacute;l queda claro lo que est&aacute; por encima de ellas: la contemplaci&oacute;n filos&oacute;fica de la historia, que al proceder en forma "emp&iacute;rica", tambi&eacute;n muestra la "racionalidad" del mundo.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es por ello que s&oacute;lo a partir de la observaci&oacute;n de la Historia del mundo se ha evidenciado, y se evidenciar&aacute;, que act&uacute;a de forma racional... la Historia, sin embargo, hay que asumirla como es; tenemos que proceder de manera hist&oacute;rica, emp&iacute;rica &#91;Hegel 1970: 30&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nietzsche no puede ni quiere compartir esta desmesurada pretensi&oacute;n. Y, a pesar de ello, se hace palpable un vac&iacute;o heredado por la filosof&iacute;a de la historia de corte hegeliano. Quien no deseaba participar del regreso del esp&iacute;ritu mundial a los respectivos esp&iacute;ritus nacionales, enfrentaba como &uacute;nica opci&oacute;n la necesidad de una nueva objetividad.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Habr&iacute;a que pensar en una historiograf&iacute;a que no contuviera una sola gota de la verdad emp&iacute;rica cruda y que, a pesar de ello, pudiera reivindicar en grado m&aacute;ximo el postulado de la objetividad". &#91;Nietzsche 1980: 290&#93;. &#191;Pero c&oacute;mo podr&iacute;a fundamentarse esta objetividad? Para Hegel radicaba en "el ojo del entendimiento, de la raz&oacute;n que traspasa la superficie". La met&aacute;fora del ojo que ve a profundidad reaparece tambi&eacute;n en Nietzsche, pero es entonces el "ojo del artista" el que deber&aacute; estar capacitado para esta tarea; se trata de una "fuerza art&iacute;stica a la que realmente se pueda calificar como objetiva". S&oacute;lo que no hay que reivindicarla, si no se est&aacute;&#160;realmente "consagrado a esta formidable vocaci&oacute;n de ser imparcial" &#91;Nietzsche 1980: 292&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este punto se ha dado muy claramente una sustituci&oacute;n de "raz&oacute;n" por "arte". Ello podr&iacute;a adem&aacute;s respaldarse con el planteamiento general de Nietzsche de "ver a la ciencia bajo la &oacute;ptica del artista, pero al arte bajo la &oacute;ptica de la vida" &#91;Nietzsche 1980: 14&#93;. Se trata de la experiencia que se insin&uacute;a en esta sustituci&oacute;n. Pero, &#191;qu&eacute; es lo que ha experimentado este artista de la historia como para poder reivindicar para s&iacute; la "m&aacute;xima fuerza del presente"?</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si uno se cuestiona sobre el contenido de esta experiencia, se llega a la conclusi&oacute;n de que una experiencia digna de este nombre siempre es una experiencia que "se tiene"; una correcci&oacute;n negativa del conocimiento,&#160;un viraje de la conciencia. Pero como esta experiencia ya no puede ser reflexionada junto con Hegel &#151;sino s&oacute;lo a partir de Hegel&#151; ya no puede ser superada con el conocimiento absoluto. El movimiento de la experiencia negativa permanece y nos muestra que no somos due&ntilde;os "ni del tiempo ni del futuro" &#91;Gadamer 1965: 335&#45;339&#93;. Este razonamiento, redactado en la segunda mitad del siglo XX, puede muy bien aplicarse a Nietzsche. Para entender su respuesta a Hegel, uno debe adentrarse en la relaci&oacute;n entre recuerdo y olvido, a la que Nietzsche propone como un&#160;tercer tipo de historiograf&iacute;a, una que est&eacute; "al servicio de la vida", y es la escritura cr&iacute;tica de la historia que, al mismo tiempo, explica esta experiencia espec&iacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La historiograf&iacute;a cr&iacute;tica, que apenas cobra forma durante la redacci&oacute;n de la <i>Segunda intempestiva</i>, acaba con la obtusa dicotom&iacute;a entre la interpretaci&oacute;n monumental y la interpretaci&oacute;n anticuaria de la historia. Ella misma est&aacute; al servicio de la vida o, para ser m&aacute;s precisos, en ella la "vida" misma se transforma en juez &#91;Salaquarda 1984: 16 y 29&#93;. &#191;Sobre qu&eacute; juzga? Sobre la historia. &Eacute;sta es, entonces, una diferencia sustancial con Hegel. La historia universal ya no es el jurado del mundo, sino la vida, "esa fuerza oscura, agitada, con un deseo insaciable de s&iacute; misma" &#91;Nietzsche 1980: 261&#93;. Para Hegel, toda acci&oacute;n est&aacute; mediatizada por la confianza en la raz&oacute;n que traspasa la historia; la vida, en el mejor de los casos, apenas llegar&iacute;a a ser "administradora" del esp&iacute;ritu secular. Pero si por el contrario la "vida" es la que juzga sobre la historia, entonces introduce en este proceso sus propias categor&iacute;as. Se llega entonces a una antropomorfizaci&oacute;n de la historia. &Uacute;nicamente desde esta perspectiva la dicotom&iacute;a entre "recordar" y "olvidar" se vuelve decisiva.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Empecemos con la primera categor&iacute;a: la "vida" requiere del "olvido" que corresponde a cada acci&oacute;n. &Eacute;ste es en realidad el gran tema de la primera parte de la <i>Segunda intempestiva</i>.</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">De cuando en cuando, empero, esta misma vida que requiere del pasado exige simult&aacute;neamente su destrucci&oacute;n; y es entonces cuando se hace patente cu&aacute;n injusta es la existencia de alg&uacute;n objeto, un privilegio, un mapa o una dinast&iacute;a, por ejemplo, y de cu&aacute;nto este objeto merece ser destruido. Es cuando se observa el pasado en forma cr&iacute;tica, cuando el cuchillo llega hasta sus ra&iacute;ces, cuando se avanza cruelmente por encima de cualquiera piedad &#91;Nietzsche 1980: 269&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La "destrucci&oacute;n" del "olvido" es una doble negaci&oacute;n; se replantea la pregunta sobre lo opuesto al olvido, sobre la memoria cr&iacute;tica. Esta memoria tiene una doble tarea: lucha contra "lo inculcado de tiempo atr&aacute;s", pero luego la tendencia se revierte y se "implanta una nueva costumbre".</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se trata de un intento, por as&iacute; decirlo, de darse un pasado del que uno procede a posteriori &#151;un intento siempre peligroso, por lo dif&iacute;cil que es trazar un l&iacute;mite en la negaci&oacute;n del pasado, y porque las segundas naturalezas casi siempre son m&aacute;s d&eacute;biles que las primeras &#91;Nietzsche 1980: 270&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La interrogante que se plantea entonces en este contexto, es la siguiente: &#191;Qu&eacute; diferencia a esta forma de juzgar, que est&aacute; al servicio de la vida, de los juicios err&oacute;neos de los historiadores que hacen una valoraci&oacute;n meramente pol&iacute;tica? &#191;Qu&eacute; experiencia hist&oacute;rica hay detr&aacute;s? Es la experiencia del fracaso de la filosof&iacute;a de la historia de corte hegeliano, que intenta&#160;simult&aacute;neamente llenar el vac&iacute;o y llevar el concepto de una nueva actuaci&oacute;n al lugar de las acciones previas del esp&iacute;ritu mundial. En ello, la intuici&oacute;n imaginativa del historiador&#45;fil&oacute;sofo juega un papel central. Nietzsche interpreta aqu&iacute; un proceso que Reinhard Koselleck, el te&oacute;rico m&aacute;s conocido de la historia de los conceptos, habr&iacute;a de formular en su ensayo "Standortbindung und Zeitlichkeit. Ein Beitrag zur historiographischen Erschliessung der geschichtlichen Welt" (Vinculaci&oacute;n local y temporalidad. Una contribuci&oacute;n a la investigaci&oacute;n historiogr&aacute;fica del mundo hist&oacute;rico) de la siguiente manera:</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo que convierte a una historia en Historia nunca puede derivarse &uacute;nicamente de las fuentes; requiere de una teor&iacute;a de las historias posibles para lograr, de entrada, que las fuentes hablen. La parcialidad y la objetividad se entrecruzan&#160;entonces de una manera nueva en el campo de tensi&oacute;n formado por la construcci&oacute;n te&oacute;rica y la ex&eacute;gesis de las fuentes. Para la investigaci&oacute;n, lo uno sin lo otro no tiene sentido &#91;Koselleck 1979: 206&#45;207&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por este mismo motivo, la primac&iacute;a de la teor&iacute;a tambi&eacute;n nos obliga a tener el valor de formular hip&oacute;tesis, sin las cuales la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica no puede salir adelante. Porque, en sentido estricto, una fuente nunca nos puede decir lo que debemos decir; pero s&iacute; nos impide, en cambio, elaborar interpretaciones que la contradigan. Las fuentes, por lo tanto, tienen el derecho de vetar una interpretaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero regresemos a la cr&iacute;tica nietzscheana de la filosof&iacute;a de la historia de corte hegeliano. La cr&iacute;tica que Nietzsche hace a Hegel en la <i>Segunda intempestiva</i>, no es en realidad particularmente original; su argumentaci&oacute;n es la de un neohegeliano llegado tarde, cuando critica la adoraci&oacute;n de la "facticidad" como esencia de la filosof&iacute;a de la historia &#91;Nietzsche 1980: 308&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mucho m&aacute;s interesante, sin duda, resulta su af&aacute;n de contraponer a la teleolog&iacute;a de Hegel su propio modelo, el cual se ubica m&aacute;s all&aacute; del historicismo y de la filosof&iacute;a de la historia. Nietzsche comprende muy bien que los sistemas teleol&oacute;gicos de la filosof&iacute;a tambi&eacute;n han significado un "intento de dominaci&oacute;n" de la historia.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hegel, a quien se ha considerado el verdadero 'genio alem&aacute;n de la Historia', tambi&eacute;n la acot&oacute; y dilat&oacute; a su manera, porque se sent&iacute;a en la c&uacute;spide y en la &uacute;ltima etapa del desarrollo y, con ello, tambi&eacute;n en posesi&oacute;n de todos los tiempos precedentes como su mente ordenadora &#91;Nietzsche 1980: 611&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin embargo, para Nietzsche y muchos de sus contempor&aacute;neos esta interpretaci&oacute;n teleol&oacute;gica&#45;teol&oacute;gica del mundo ya no era viable. El "intento de dominaci&oacute;n" ha fracasado y ahora la sabiondez hist&oacute;rica revienta su envoltura normativa y se derrama sobre los hombres.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Es en este contexto donde cobra importancia la tesis de Heinz&#45;Dieter Kittsteiner, quien durante un simposio sobre la <i>Segunda intempestiva</i> de Nietzsche coloc&oacute; en el centro de su conferencia la cr&iacute;tica nietzschena a la visi&oacute;n teleol&oacute;gica de la filosof&iacute;a de la historia.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aqu&iacute; radica tambi&eacute;n el meollo de la doble estrategia que se persigue en este escrito: en el plano obvio se orienta contra el historicismo pero, en el trasfondo, ante todo contra la filosof&iacute;a de la Historia. Porque &eacute;sta produce inconscientemente el historicismo: con su fracaso lo liber&oacute; y, junto con &eacute;l, a 'la enfermedad hist&oacute;rica' que ahora ataca a la 'fuerza pl&aacute;stica' de la vida &#91;Kittsteiner 1996: 65&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En palabras de Nietzsche, "el exceso de Historia ha afectado a la fuerza pl&aacute;stica de la vida; &eacute;sta ya no sabe servirse del pasado como de un alimento vital" &#91;Nietzsche 1980: 329&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La idea de la "fuerza pl&aacute;stica" es un concepto central de la <i>Segunda intempestiva</i>. Por fuerza pl&aacute;stica, Nietzsche entiende la capacidad de asimilar el pasado al servicio de la vida, de modo que no se reduzca a un "conocimiento interno", sino que pueda externarse de manera creativa. Con ello se convierte en un elemento que da forma a la historia. Cuando Nietzsche introduce el concepto de fuerza pl&aacute;stica, lo explica de la siguiente manera: "Me refiero a aquella energ&iacute;a que nos permite crecer de manera original a partir de nosotros mismos, transformar lo pasado y lo ajeno e incorporarlo, curar las heridas, recuperar lo perdido y reconstruir lo roto" &#91;Nietzsche 1980: 251&#93;. Y en el cuarto inciso agrega que, "en todas las &eacute;pocas, el conocimiento del pasado s&oacute;lo es deseable en funci&oacute;n del presente y del futuro" &#91;Nietzsche 1980: 271&#93;. En este contexto vale la pena recordar lo que expone Rudolf Burger en su libro <i>En nombre de la historia</i> (<i>Im Namen der Geschichte</i>).</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si partimos de la tesis de que el pasado s&oacute;lo existe como Historia y, consecuentemente, el peso conjunto de su conocimiento te&oacute;rico siempre constituye un fen&oacute;meno contempor&aacute;neo, ello significa que la ciencia de la Historia, dicho sea de manera precisa y puntual, se distingue de todas las otras ciencias en que es una ciencia de lo que no existe. Porque en tanto narra sobre el pasado, narra de lo que fue; pero lo que fue ya no es y s&oacute;lo existe en la medida en que ahora se imagina y se cuenta. Como ejercicio hermen&eacute;utico, es una funci&oacute;n de la subjetividad de quien la cuenta. Ciertamente depende de hechos, pero su importancia para ser narrados se desprende del conjunto de la narraci&oacute;n misma que, a su vez, se ve determinada por la perspectiva del narrador. Es por ello que su "objetividad" s&oacute;lo es siempre una subjetividad patetizada, basada en la opini&oacute;n &#91;Burger 2007: 40&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El concepto de la fuerza pl&aacute;stica resulta necesario porque la historia ya es incapaz de darse forma a s&iacute; misma. Y &eacute;sta es sin duda tambi&eacute;n la diferencia decisiva con Hegel: la historia se ha quedado sin forma y sin objetivo; la condici&oacute;n amorfa de la ciencia hist&oacute;rica sobredirigida es en realidad s&oacute;lo la manifestaci&oacute;n de que el proceso mismo se ha vuelto inconsistente. En todos los modelos teleol&oacute;gicos el caos hist&oacute;rico fue sometido por la fuerza de la raz&oacute;n. Nietzsche, en cambio, llama a "organizar el caos" &#91;Nietzsche 1980: 33&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este llamado es donde se expresa lo novedoso de la visi&oacute;n nietzscheana de la historia. Bajo la &oacute;ptica hegeliana de la filosof&iacute;a de la historia, la actuaci&oacute;n de los hombres siempre estuvo protegida por la "astucia de&#160;la raz&oacute;n", lo que significaba simult&aacute;neamente que la historia misma ayudaba a generar un fin razonable de la totalidad. Pero si se omite la interpretaci&oacute;n teleol&oacute;gica del acontecer real, entonces la historia pierde su apariencia razonable y se revela como un poder hostil hacia la vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los h&eacute;roes de Hegel pod&iacute;an, por as&iacute; decirlo, "actuar con una fuerza disminuida", porque lo hac&iacute;an bajo la providencia de la raz&oacute;n. Los de Nietzsche, en cambio, tienen que enfrentarse a un proceso extra&ntilde;o y hostil que requiere de una duplicaci&oacute;n de fuerzas. La conciencia de haberse quedado fuera de la historia, se muestra en peque&ntilde;as anotaciones. Quien requiera de biograf&iacute;as, por ejemplo, no debe escoger una titulada "el se&ntilde;or fulano de tal y su &eacute;poca", sino otra con el t&iacute;tulo "un combatiente frente a&#160;su &eacute;poca". Nietzsche conjura a los "mejores ejemplares de su especie" y sue&ntilde;a con el retorno de aquel "grupo de los cien" del Renacimiento &#91;Nietzsche 1980: 295&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este esfuerzo por moldear la historia de manera vigorosa, bajo condiciones doblemente adversas, la historiograf&iacute;a cr&iacute;tica es indispensable. Remueve la losa del proceso hist&oacute;rico que no deja aflorar la vida, hace a un lado el pasado y construye un nuevo origen. A trav&eacute;s de la memoria cr&iacute;tica relega todo lo que frene el olvido y, al hacerlo, se pone al servicio de la vida. En sus escritos tard&iacute;os, Nietzsche sigui&oacute; desarrollando la historiograf&iacute;a cr&iacute;tica para sus propios fines, y la bautiz&oacute; como "m&eacute;todo geneal&oacute;gico". Su adversario ya no era entonces la "educaci&oacute;n hist&oacute;rica", sino la semilla de todos los males: la moral cristiana. &Eacute;sta tambi&eacute;n es responsable de la teolog&iacute;a hist&oacute;rica de corte hegeliano. El m&eacute;todo cr&iacute;tico ayuda a Nietzsche a deshacerse de este adversario: "La refutaci&oacute;n hist&oacute;rica como la definitiva: 'Antes se buscaba demostrar que Dios no existe &#151;hoy se muestra c&oacute;mo pudo surgir la creencia de que existe un Dios &#91;...&#93; ello hace superfluo cualquier alegato de que Dios no existe" &#91;Nietzsche 1980: 86 y 95&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La creencia en la fuerza cr&iacute;tica de la genealog&iacute;a sustituye al ser por el devenir; pero, si algo surge, tambi&eacute;n puede perecer. La memoria cr&iacute;tica le muestra el camino al olvido; al actuar desde la plenitud de la "fuerza pl&aacute;stica" forma la historia de nuevo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Los conceptos "recordar" y "olvidar" est&aacute;n omnipresentes en la <i>Segunda intempestiva</i>, mientras que la palabra "orientar" nunca aparece en ella. "Orientarse", seg&uacute;n explica Emmanuel Kant, significa ponerse en direcci&oacute;n a donde sale el sol, hacia el oriente. Esto recuerda la met&aacute;fora del sol en Hegel, en la que lo hace salir dos veces: una, en la Revoluci&oacute;n francesa; y otra, como buen protestante, en la Reforma alemana. Para &eacute;l estaba fuera de toda duda que la historia hablaba en signos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ello, porque su conocimiento hist&oacute;rico part&iacute;a del presupuesto de que el objetivo &uacute;ltimo de la historia era que "finalmente se haya incorporado de manera consciente, universalmente v&aacute;lida, a la realidad" &#91;Hegel 1973: 529 y 491&#93;. Para Nietzsche esta orientaci&oacute;n ya no existe; a una mirada sin ilusiones la historia no le concede se&ntilde;ales. El vac&iacute;o que la filosof&iacute;a de la historia deja tras de s&iacute; es obvio. Pero precisamente cuando la historia carece de sentido, la pregunta sobre el sentido de la vida se plantea con mayor nitidez. S&oacute;lo que el orden ya no es el resultado del acontecer, sino que tiene que ser trasladado a la historia. Si se busca un plan dentro de &eacute;sta, entonces debe buscarse en las intenciones de un hombre, de una dinast&iacute;a o de un partido poderosos; todo lo dem&aacute;s es confusi&oacute;n. Para Nietzsche, Hegel es el promotor de este optimismo hist&oacute;rico, que finalmente desemboca en una adoraci&oacute;n del "&eacute;xito". Ahora, sin embargo, todos los subyugados por el &eacute;xito se rebelan contra la idea de un sentido inmanente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Quien no comprende lo brutal y carente de sentido que es la historia, tampoco puede comprender el af&aacute;n de darle sentido a la historia" &#91;Nietzsche 1980: 45&#93;. La intenci&oacute;n de Nietzsche, justamente, es darle sentido a la historia porque &eacute;sta no tiene su propio plan. El argumento de la filosof&iacute;a de la historia hab&iacute;a sido que de este actuar ciego y ca&oacute;tico, habr&iacute;a no obstante surgido un fin humano. Pero ahora hay que remitir de nuevo este plan a las intenciones de un actor, a la actuaci&oacute;n de un "hombre poderoso". La opini&oacute;n de que la historia se produce de manera inconsciente es superada por la idea de una nueva "fuerza" hist&oacute;rica. Esta actuaci&oacute;n ya no se puede orientar por "signos" prestablecidos; debe fundamentar de otro modo su misi&oacute;n de hacer&#45;historia y tambi&eacute;n llevar a otro terreno el despliegue de fuerzas que se requieren para ello.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, los conceptos del "horizonte cerrado", la "ilusi&oacute;n" y, finalmente, el "delirio encubridor", cobran un significado especial en la <i>Segunda intempestiva</i> de Nietzsche. Se refieren a un espacio de protecci&oacute;n dentro del cual la "vida", desilusionada por la brutalidad de la historia, apenas logra existir. Son las categor&iacute;as de Nietzsche que ahora suceden a los desautorizados signos de la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Una "fuerza pl&aacute;stica" recuperada no necesita de signos; requiere de una vida dominada por instintos y poderosos cuadros de delirio. La "vida" interpone entre ella y la brutalidad de la historia la "imaginaci&oacute;n art&iacute;stica"; se genera a s&iacute; misma la ilusi&oacute;n necesaria para subsistir.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El lugar que la moral y la raz&oacute;n ocupaban en la filosof&iacute;a de la historia,&#160;lo llenan ahora el "arte" y la "fuerza pl&aacute;stica". El papel que anteriormente jugaban los signos hist&oacute;ricos, lo asume ahora el "delirio encubridor". &Eacute;ste ya no coopera con la historia ni emerge de ella bajo la mirada de la moral y la raz&oacute;n, sino que se le enfrenta her&oacute;icamente.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un cuadro de deliro es un cuadro de la realidad, tal como lo crea la historia art&iacute;stica transfigurada. Los antecedentes de esta visi&oacute;n aparecen ya en <i>El nacimiento de la tragedia</i>, en el planteamiento de que s&oacute;lo en "un horizonte rodeado de mitos" la cultura puede concretarse en su unidad. El diagn&oacute;stico cr&iacute;tico de la civilizaci&oacute;n occidental afirma que la cultura&#160;moderna es sin&oacute;nimo de la desaparici&oacute;n del mito.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para Nietzsche, la historia es tan s&oacute;lo un est&eacute;ril flujo del devenir, al que no vale la pena analizar como tal.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Llegar&aacute; el tiempo", dice Nietzsche en alusi&oacute;n a la filosof&iacute;a de la historia hegeliana, "en el que sabiamente nos abstendremos de todas las construcciones del proceso del mundo y tambi&eacute;n de la Historia de la humanidad; un tiempo en el que ya no contemplaremos m&aacute;s a las masas, sino otra vez a los individuos, como un tipo de puente sobre el terrible flujo del devenir". Este fragmento concluye con el siguiente enunciado: "No, el objetivo de la humanidad no puede radicar en el fin, sino s&oacute;lo en sus m&aacute;ximos ejemplares" &#91;Nietzsche 1980: 317&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la cr&iacute;tica de Nietzsche queda claro el hecho de que todas las construcciones de la historia fueron generadas para el conocimiento de un fin que parec&iacute;a previsible. Esto sin embargo no excluye que, por debajo de la envoltura teleol&oacute;gica, acontecimientos reales pudieran aparecer en el proceso hist&oacute;rico. Para Nietzsche, en todo caso, la historia que ya no tiene importancia es tan s&oacute;lo una motivaci&oacute;n para la "creaci&oacute;n de lo grande". No cree, y con raz&oacute;n, en ninguna construcci&oacute;n de la filosof&iacute;a de la historia; sabe lo suficiente y se aparta del proceso hist&oacute;rico realmente existente. Su sensibilidad, fortalecida en el sufrimiento, le dice una y otra vez que la historia es la enemiga de la vida.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Tras estos planteamientos, puede ya especificarse la diferencia entre las "signos de la historia" y el "cuadro de delirio". El signo hist&oacute;rico sobrepone al an&aacute;lisis del proceso hist&oacute;rico una idea sintetizadora con intenci&oacute;n moral. Induce al error, porque s&oacute;lo recurre al empirismo con la intenci&oacute;n de mostrarlo como una fuerza impulsora hacia la meta anhelada. Los fen&oacute;menos dejan entonces de ser ellos mismos y se convierten en alegor&iacute;as de las ideas que aparecen en ellos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El "cuadro de delirio" de Nietzsche, por el contrario, deja abierta la posibilidad de dar sentido a un acontecimiento sin sentido. La historia se convierte en un material al que se imprime un mito. De este modo, el delirio al servicio de la vida ayuda a dar una orientaci&oacute;n a la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En este contexto, empero, aparece la paradoja nietzscheana sobre la visi&oacute;n de la historia. El mismo Nietzsche que durante toda su vida combati&oacute; la filosof&iacute;a de la historia, se somete a s&iacute; mismo a un nuevo imperativo hist&oacute;rico&#45;filos&oacute;fico que permite anticipar nuevas construcciones teleol&oacute;gicas.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nietzsche tambi&eacute;n piensa que por debajo de las estructuras de los acontecimientos hist&oacute;ricos se desarrollan los verdaderos sucesos, s&oacute;lo que ahora desplaza todo del plano de la acci&oacute;n al de los grandes actores de la&#160;historia universal. &Eacute;sta es la respuesta de Nietzsche a la filosof&iacute;a de la historia tradicional y el n&uacute;cleo de su propia concepci&oacute;n de la historia.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">"Destaco este criterio medular del m&eacute;todo hist&oacute;rico, porque b&aacute;sicamente va en contra del instinto y las tendencias dominantes de la &eacute;poca, y prefiere lidiar todav&iacute;a con la casualidad absoluta, inclusive con el sinsentido mec&aacute;nico de todo acontecimiento, que con la teor&iacute;a de que en todo suceso se desarrolla una voluntad de poder". Esta voluntad de poder es el principio tanto del acontecimiento mismo como de su interpretaci&oacute;n; tambi&eacute;n la ciencia de la historia es s&oacute;lo una "cadena cont&iacute;nua de nuevas interpretaciones y correcciones" que respalda una sola cosa: que una "voluntad de poder" se ha ense&ntilde;oreado de algo menos poderoso &#91;Nietzsche 1980: 314&#93;. Para Nietzsche, ahora, el acontecimiento realmente esencial de la historia es la lucha universal entre la moral de los amos y la moral de los esclavos. Quien una vez convirti&oacute; a "Roma contra Judea, Judea contra Roma" en el s&iacute;mbolo descifrado de la historia de la humanidad, ve ahora en "Judea" el s&iacute;mbolo m&aacute;ximo de todas las desgracias.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El "cuadro de delirio" que entonces se desprende de nuestras reflexiones est&aacute; al servicio de la vida porque hace tolerable la de otro modo intolerable visi&oacute;n de la historia. Con su brutalidad y estupidez, el proceso hist&oacute;rico es intolerable porque nunca ofrece un asidero para la actuaci&oacute;n humana. En las construcciones hist&oacute;rico&#45;filos&oacute;ficas cl&aacute;sicas esta desgracia no jugaba un papel relevante porque, a pesar de los objetivos de los actores, a partir de la actuaci&oacute;n inconsciente pod&iacute;a construirse un resultado humano. Nietzsche sabe lo que se esconde detr&aacute;s: un conocimiento desde el instinto del miedo.</font></p>  	    <blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este fil&oacute;sofo crey&oacute; que el mundo era "conocido" cuando lo remiti&oacute; a la "idea": vaya, &#191;no ser&iacute;a porque la "idea" le era ya muy conocida, porque ya estaba habituado a ella? &#191;Porque ya no le ten&iacute;a tanto miedo a la "idea"? &#91;Nietzsche 1980: 594&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nietzsche, quien ya no cree en la "domesticaci&oacute;n" de la historia, introduce una nueva estrategia para superar el miedo en tanto que repersonaliza los procesos y transforma a actores y grupos de ejecutores en personajes concretos. &Eacute;ste es un procedimiento muy antiguo; fen&oacute;menos contra los que no se puede hacer nada, porque est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; del alcance de la actuaci&oacute;n humana, son reducidos y atribuidos falsamente a presuntos causantes contra los que s&iacute; se puede actuar, porque la acci&oacute;n permite la superaci&oacute;n del miedo. Tal es el resultado &uacute;ltimo del enfoque hist&oacute;rico del "delirio encubridor": la reapertura de una posibilidad de acci&oacute;n. Y &eacute;sta es, nada menos, la aportaci&oacute;n de Nietzsche a la reflexi&oacute;n de la historia, entre el historicismo y la filosof&iacute;a de la historia.</font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Borges, J. L. 1944 Funes el memorioso, en <i>Ficciones</i>. Editorial Sur. Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534823&pid=S0185-1659201500030001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Burger, R. 2007 <i>Im Namen der Geschichte</i>. Zu Klampen. R&ouml;se.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534825&pid=S0185-1659201500030001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Gadamer, H. G. 1965 <i>Wahrheit und Methode</i>. Mohr (Siebeck). Tubinga.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534827&pid=S0185-1659201500030001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hegel, G. W. F. 1970 Vorlesungen &uuml;ber die Philosophie der Geschichte<i>. Werke in 20 B&auml;nden</i>, 12, Suhrkamp. Francfort: 17&#45;20 y 491&#45;529.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534829&pid=S0185-1659201500030001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Kittsteiner, H. D. 1996 Erinnern&#45;Vergessen&#45;Orientieren. Nietzsches Begriff des "umh&uuml;llenden Wahns" als geschichtsphilosophische Kategorie, en <i>Vom Nutzen und Nachteil der Historie f&uuml;r das Leben</i>, D. Borchmeyer (ed.). Suhrkamp. Francfort: 48&#45;88.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534831&pid=S0185-1659201500030001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Koselleck, R. 1979 <i>Vergangene Zukunft. Zur Semantik geschichtlicher Zeiten</i>. Suhrkamp Francfort: 206&#45;207.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534833&pid=S0185-1659201500030001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lipperheide, Ch. 1999 <i>Nietzsches Geschichtsstrategien</i>. K&ouml;nigshausen &amp; Neumann. Wurzburgo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534835&pid=S0185-1659201500030001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">L&ouml;with, K. 1986 Weltgeschichte und Heilsgeschehen<i>. S&auml;mtliche Schriften</i>, 2. Metzler. Stuttgart.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534837&pid=S0185-1659201500030001400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Marx, K. y F. Engels 1996 <i>Werke</i>. MEW, 8. Dietz. Berl&iacute;n.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534839&pid=S0185-1659201500030001400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Mayer, K. 1998 <i>"&Auml;sthetik der Historie. Friedrich Nietzsches "Vom Nutzen und Nachteil der Historie f&uuml;r das Leben"</i>. K&ouml;nigshausen &amp; Neumann. Wurzburgo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534841&pid=S0185-1659201500030001400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Nietzsche, F. 1980 <i> S&auml;mtliche Werke. Kritische Studienausgabe in 15 B&auml;nden</i> (KSA), G. Colli y M. Montinari (eds.). DTV. Munich.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534843&pid=S0185-1659201500030001400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ranke, L. von 1990 <i>Vorreden zu den "Geschichten der romanischen und germanischen V&ouml;lker von 1484 bis 1535"</i>. Ed. Wolfgang Hartwig. Munich: 45.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534845&pid=S0185-1659201500030001400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Salaquarda, J. 1984 Studien zur zweiten unzeitgem&auml;&#223;en Betrachtung. <i>Nietzsche&#45;Studien</i> (13): 16 y 17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534847&pid=S0185-1659201500030001400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Vierhaus, R. 1977 Ranker Begriff der historischen Objektivit&auml;t, en <i>Objektivit&auml;t und Parteilichkeit in der Geschichtswissenschaft</i>, R. Koselleck (ed.). DTV. Munich: 63.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534849&pid=S0185-1659201500030001400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">White, H. 1991 <i>Metahistory. Die historische Einbildungskraft im 19. Jahrhundert</i>. Fischer Francfort: 427.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2534851&pid=S0185-1659201500030001400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p>&nbsp;</p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="notas"></a><b>Notas</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Traducci&oacute;n de Luc&iacute;a Luna Elek.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> Aunque sin duda la <i>Segunda consideraci&oacute;n intempestiva</i> es la que m&aacute;s ha atra&iacute;do la atenci&oacute;n de todos los int&eacute;rpretes interesados en la teor&iacute;a de la historia de Nietzsche, puede empero apreciarse un n&uacute;mero relativamente mayor de aquellos especialistas que corresponden al &aacute;mbito del habla alemana. La investigaci&oacute;n m&aacute;s profunda sobre la escritura de la historia de Nietzsche es la de Katrin Mayer: <i>&Auml;sthetik der Historie. Friedrich Nietzsches "Vom Nutzen und Nachteil der Historie f&uuml;r das Leben"</i> &#91;1998&#93;. La visi&oacute;n de Nietzsche sobre la historia en relaci&oacute;n con la posthistoria, la aborda Christian Lipperheide en <i>Nietzsches Geschichtsstrategien</i> &#91;1999&#93;.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup> </sup> En septiembre de 1994, con motivo del 150 aniversario del natalicio de Nietzsche, se celebr&oacute; en la Academia de Ciencias de Heidelberg un coloquio interdisciplinario sobre la importancia de la memoria hist&oacute;rica para la cultura y la ciencia al inicio del siglo&#160;XX que, en cierta manera, tom&oacute; como referencia la <i>Segunda Consideraci&oacute;n Intempestiva</i> de Nietzsche. Las conferencias fueron publicadas bajo el t&iacute;tulo <i>Dieter Borchmeyer: Vom Nutzen und Nachteil der Historie f&uuml;r das Leben</i>, Francfort, Suhrkamp, 1996. Un significativo est&iacute;mulo para nuestro ensayo lo constituy&oacute; la contribuci&oacute;n de Heiz&#45;Dieter Kittsteiner, con <i>Erinnern&#45;Vergessen&#45;Orientieren. Nietzsches Begriff des "umh&uuml;llenden Wahns" als geschichtsphilosophische Kategorie</i> &#91;1996: 48&#45;88&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">  Igualmente importantes para este trabajo fueron el cap&iacute;tulo de Nietzsche "Die historische Einbildungskraft im 19. Jahrhundert", en la <i>Metahistory</i> de Hayden White, &#91;1991&#93;, as&iacute; como el texto de Karl L&ouml;with <i>"Weltgeschichte und Heilsgeschehen"</i>, <i>S&auml;mtliche Schriften</i>, vol. 2 &#91;1986&#93;. Y nodal para la cr&iacute;tica al historicismo de Nietzsche result&oacute; el libro de Reinhard Koselleck, <i>Vergangene Zukunft. Zur Semantik geschichtlicher Zeiten</i> &#91;1979&#93;.</font></p>      ]]></body><back>
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