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</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="4">Rese&ntilde;a</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>El &uacute;ltimo hom&iacute;nido a vuela pluma</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="2"><b>Hilario Topete Lara</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>Fernando Diez Mart&iacute;nez.</b> <b><i>Breve historia del Homo sapiens</i>. Toombooktu. M&eacute;xico. 2014. 255 pp.</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia, INAH.</i></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Algunas de las preocupaciones fundamentales del hombre han sido desvelar el origen de su especie; conocer la profundidad que su condici&oacute;n humana alcanza en el tiempo; saber con precisi&oacute;n acerca de su filog&eacute;nesis en tanto animal, primate, hom&iacute;nido y, por encima de todo, lo que lo hace humano y lo distancia de sus antecesores y de otros animales contempor&aacute;neos, todo ello como forma de pensar en el lugar que ocupa en esta unidad que es el Universo, siendo, como es, diverso en &eacute;l. Pero su condici&oacute;n humana est&aacute; indexada a su condici&oacute;n hom&iacute;nida, y conocerla requiere ir a los or&iacute;genes &#151;de ida y vuelta&#151; con todas las herramientas posibles; de no hacerlo, el viaje est&aacute; condenado a repetirse una y otra vez para llenar vac&iacute;os y corregir yerros. Un viaje as&iacute; realiz&oacute; Fernando Diez Mart&iacute;nez en su <i>Breve historia del Homo sapiens</i>, cuya brevedad no est&aacute; sujeta a discusi&oacute;n; sin embargo, acusa arrojo y omisiones que no es posible dejar de considerar al leerlo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En principio, la creaci&oacute;n, y consecuentemente el fijismo, para el mundo cat&oacute;lico, isl&aacute;mico y judaico se establece en el G&eacute;nesis &#91;1&#45;16, 1&#45;27 y 2&#45;7&#93;, igual que el origen del hombre y la mujer &#91;G&eacute;nesis: 2&#45;21 y 2&#45;22&#93; y el problema queda resuelto. Entre los mayas, seg&uacute;n el <i>Popol Vuh</i>, los dioses Tepeu y Gucumatz (<i>Kukulkan</i>) fueron los creadores de los hombres; los yoruba saben que Oduduwa, por indicaciones de Olorum e intermediaci&oacute;n de una gallina, hizo que los seres humanos emergieran de un &aacute;rbol; Pachacamac, seg&uacute;n los incas, cre&oacute; a la pareja primigenia, y Quetzalc&oacute;atl fue el creador de los hombres del <i>Cem An&aacute;huac</i>. Aunque no son los mismos ejemplos usados por Diez, &eacute;sta es la primera idea expuesta en su libro, y de la que se desprende inmediatamente para revisar las ideas del origen del hombre entre los griegos, durante el medievo, la modernidad y la ilustraci&oacute;n. El fijismo camin&oacute; campante: si todo permanec&iacute;a igual, desde la creaci&oacute;n, las creaturas, en su perfecci&oacute;n, no pod&iacute;an ser sujetas al cambio. Justo por esa v&iacute;a introduce las referencias a quienes, como Linneo, a&uacute;n cautivos del creacionismo, sentaron las bases para el transformismo darwiniano; y suma a ellas las del abuelo Darwin, y las de Lamarck y Wallace, con pinceladas relampagueantes y precisas, para centrar su atenci&oacute;n en el transformismo de Charles Darwin como el eje central de su obra.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">El viejo y superado esquema filogen&eacute;tico &#151;seg&uacute;n el cual los australopitecinos cedieron el lugar al <i>Homo habilis</i>, &eacute;ste al <i>H. erectus</i>, <i>H. Sapiens</i>, <i>H. sapiens neanderthalensis</i> y al H. <i>Sapiens sapiens</i>, sucesivamente&#151; ni siquiera alcanza a aparecer como fantasma. La riqueza de restos f&oacute;siles y la relativa precisi&oacute;n de la temporalidad &#151;gracias a las pruebas de radiocarbono, termoluminiscencia, arqueomagnetismo, y de potasio/arg&oacute;n, entre otros, as&iacute; como la asociaci&oacute;n de restos hom&iacute;nidos con materiales l&iacute;ticos, palinol&oacute;gicos y osteol&oacute;gicos&#151; han permitido reconstituir un rompecabezas evolutivo de los hom&iacute;nidos hasta el &uacute;ltimo de sus supervivientes: el ser humano contempor&aacute;neo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El primer humano</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Hay a lo largo y ancho del trabajo de Diez una preocupaci&oacute;n que aqueja tambi&eacute;n a algunos cient&iacute;ficos, amantes, artistas y religiosos, por citar a algunos tipos humanos: la primeridad; a Diez le ocupa determinar cu&aacute;l fue el primer humano y por qu&eacute;, y lo encuentra en el primer <i>Homo</i>, aunque pone en tela de juicio que sea el <i>H. Habilis</i> el primero. No le falta raz&oacute;n. Una cosa es reconocer la inteligencia (en chimpanc&eacute;s, delfines e incluso el "hombrecillo habilidoso") y otra es reconocer que cualquier g&eacute;nero y grado de inteligencia hace a un animal humano... y no es cuesti&oacute;n de prejuicios, sino de complejidad. En efecto, es com&uacute;n leer en los paleoantrop&oacute;logos que la inteligencia manifiesta del <i>H. Habilis</i> lo hace acreedor al t&iacute;tulo del primer hom&iacute;nido humano, lo que me parece desafortunado. Ya en otros espacios, desde hace casi una d&eacute;cada, y desde diferentes propuestas ensay&iacute;sticas que me ayudaron a comprender al ser humano &#91;Topete 2006, 2008a y 2008b&#93;, hab&iacute;a propuesto destronar a este hom&iacute;nido de tan espec&iacute;fico sitial. La raz&oacute;n era muy elemental: si hoy existe consenso en que lo caracter&iacute;stico de nuestra especie es la cultura (y todo lo que anat&oacute;mica, neurofisiol&oacute;gica y gen&eacute;ticamente, en lo esencial, la hace posible), entonces habr&iacute;a que rastrear en f&oacute;siles, restos y productos las evidencias de esa producci&oacute;n inteligente espec&iacute;fica.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Jordi Sabater Pi &#91;1992&#93; hab&iacute;a avanzado un excelente trecho en la b&uacute;squeda, no de la inteligencia en los primates contempor&aacute;neos m&aacute;s cercanos al ser humano, sino de la cristalizaci&oacute;n (plasmaci&oacute;n) de la inteligencia. Los chimpanc&eacute;s y su creatividad le dieron excelentes pistas para considerar como actos inteligentes "cazar" termitas con una ramita deshojada con los dientes, romper cortezas duras de alimentos para extraer su pulpa o defenderse lanzando piedras u otros objetos contra sus agresores. Esto, seg&uacute;n el primat&oacute;logo, no pod&iacute;a sino evidenciar inteligencia y ser la prueba clara de una producci&oacute;n protocultural; pero, si as&iacute; fuera, &#191;c&oacute;mo identificar, entonces, la cultura en el proceso de hominizaci&oacute;n? &#191;Podr&iacute;a ser a partir de juegos de inteligencia, por ejemplo, con ejercicios de teor&iacute;a de la mente, como propone R. Dunbar &#91;2007&#93;, si no existe ning&uacute;n i. q. fosilizado? Diez propone algo m&aacute;s tangible y perdurable: la producci&oacute;n l&iacute;tica y los complejos procesos inteligentes requeridos para producir artefactos, una idea con la que estoy plenamente de acuerdo desde que la propuse hace casi una d&eacute;cada &#91;Topete 2006, 2008a y 2008b&#93;. En efecto, cuando Sabater Pi afirma que las complejas operaciones de un chimpanc&eacute; que utiliza elementos de la naturaleza y los modifica para satisfacer necesidades, s&oacute;lo alcanzan para generar protocultura, hace gala de una precauci&oacute;n epistemol&oacute;gica similar a la de Diez: la "industria" de lascas olduvayense atribuida al <i>H. habilis</i> consta de una operaci&oacute;n simple: selecci&oacute;n de un n&uacute;cleo y un percutor, un golpe en el lugar preciso y ya. Entre esto y la preparaci&oacute;n de una rama sin hojas para atrapar termitas, o el uso de un "yunque" y un "martillo" por la nutria de california, no hay mucha distancia en tanto que ambas expresiones, a las que prefiero llamar "protoculturales", son s&oacute;lo utensilios y no herramientas. Asimismo, y como corolario, los australopitecinos y <i>H. Habilis</i>, al parecer, "se conformaron" &#151;durante m&aacute;s de dos millones de a&ntilde;os&#151; con un olduvayense que dice poco en favor de una inteligencia compleja y una cultura diversificada.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero Diez, en un momento determinado y en un posicionamiento definitivo, escribe:</font></p>  	    <blockquote> 		    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Pero hace 1.6 m.a. el ergaster fue responsable de una invenci&oacute;n genial: el hacha de mano o bifaz. El bifaz es resultado del proceso minucioso de talla de un canto o una gran lasca en sus dos caras (de ah&iacute; su nombre), de tal modo que el resultado final presenta un filo cortante en buena parte de su contorno. El hacha de mano constituye el artefacto m&aacute;s representativo del segundo gran complejo tecnol&oacute;gico conocido como el achelense... el artesano ergaster estaba plasmando sobre la piedra (de forma planificada y deliberada, unos dise&ntilde;os que ya estaban presentes previamente en su cabeza &#91;...&#93; estaba obligado a seguir determinadas reglas geom&eacute;tricas complejas &#91;...&#93; &#91;Diez 2014: 135&#45;136&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Con tales atributos, <i>H. Ergaster</i> nos es presentado como la primera subespecie a la que puede llamarse, con propiedad, "humano". Sin embargo, bien vale la pena recordar que aunque el achelense constituye una evidencia de un peque&ntilde;o salto (de la utilizaci&oacute;n de lascas para carro&ntilde;ear, m&aacute;s que del n&uacute;cleo protobiface, al evidente uso de la biface para tajar y cortar con impacto, quiz&aacute; "con intenciones" de caza), no sufri&oacute; significativas modificaciones por m&aacute;s de medio mill&oacute;n de a&ntilde;os, a pesar de las diversas especies de hom&iacute;nidos a las que, seg&uacute;n Diez, se encuentra asociada la industria l&iacute;tica. La verdadera explosi&oacute;n de los fuegos de la mente parece m&aacute;s manifiesta en el musteriense, en el chatelperroniense y en el solutrense, sobre todo en este &uacute;ltimo, que no tan s&oacute;lo evidencia la diversidad de formas, t&eacute;cnicas y materiales, sino algo m&aacute;s: el uso de dos elementos tomados de la naturaleza para crear un tercero, como son los objetos enmangables y arrojadizos; es decir, que evidencian la confecci&oacute;n no de utensilios sino de herramientas, por un lado y, por otro, la creaci&oacute;n de objetos con un evidente significado (diversificaci&oacute;n de instrumentos l&iacute;ticos musterienses, denticulaci&oacute;n; pendientes, navajas, cuchillas y hachuelas chatelperronienses; abalorios, pinturas, objetos enmangables solutrenses) y que, adicionalmente, evolucionan en tiempos muy breves en relaci&oacute;n con las industrias l&iacute;ticas que les sucedieron.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>El sexo infravalorado</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En esta obra Diez deja clara su simpat&iacute;a por la hip&oacute;tesis del papel que desempe&ntilde;a el intercambio de sexo por alimentos en la evoluci&oacute;n. Se trata de una vieja idea que sostuvo Owen Lovejoy (a quien, por cierto, no cita) en los a&ntilde;os setenta &#91;Johanson y Edey 1993: 354&#45;376&#93; y que fue confiada al equipo de la Universidad de Berkeley (Tim White y Maytland Edey) encabezado por Donald Johanson a inicios de 1980. La hip&oacute;tesis, basada en el desgaste energ&eacute;tico para el cuidado de los cr&iacute;os, sostiene que el &eacute;xito reproductivo de los hom&iacute;nidos se cifra en los cuidados maternos y paternos para un cr&iacute;o, los cuales son tan eficientes como una ovada de miles de huevecillos; y m&aacute;s cuando los cuidados requieren la cooperaci&oacute;n de los padres, lo cual s&oacute;lo fue posible en el interior de una pareja que se manten&iacute;a unida gracias al intercambio de sexo, por parte del miembro femenino de la pareja, por los alimentos y cooperaci&oacute;n que pod&iacute;a aportar el miembro de sexo masculino. Esta idea, si bien podr&iacute;a parecer s&oacute;lida, aunque con muchas reticencias, hacia el inicio del &uacute;ltimo cuarto del siglo XX hasta la primera d&eacute;cada del siglo XXI era insostenible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las razones para oponerse a un planteamiento como el anterior son las siguientes: <i>a)</i> los hom&iacute;nidos, como evidencian las huellas de Laetoli descubiertas por Mary Leakey, fueron gregarios, y no pod&iacute;an serlo de otra forma, dada su dotaci&oacute;n gen&eacute;tica anatomofisiol&oacute;gica; <i>b)</i> la sexualidad caracter&iacute;stica del Homo, si bien posibilita la c&oacute;pula exclusiva (merced al efecto dopam&iacute;nico que las endorfinas ocasionan, incluso produciendo apego como consecuencia de la oxitocina en el torrente sangu&iacute;neo), no impide la c&oacute;pula con otros miembros del grupo; <i>c)</i> el efecto dopa y el apego oxitoc&iacute;nico no son, por regla general, prolongados, lo que lleva al cambio de parejas, y esto s&oacute;lo es posible dentro de un grupo donde haya machos y hembras disponibles; <i>d)</i> el contacto, el acicalamiento f&iacute;sico o verbal, como propone Dunbar &#91;2007: <i>passim</i>&#93;, aunado a cierta tolerancia a la intromisi&oacute;n, posibilitan el apego, la alimentaci&oacute;n de los cr&iacute;os y la permanencia en grupo, <i>ergo</i>, el grupo y no la pareja garantizan de mejor manera la supervivencia de los cr&iacute;os y su llegada a la etapa reproductiva indispensable para la supervivencia de la especie; <i>e)</i> presupone que los machos cooperaban bajo el supuesto de que los cr&iacute;os de la hembra&#45;pareja debieron ser sus propios hijos, como adicionalmente criticaron Richard Leakey y Roger Lewin &#91;Leakey y Lewin 1994: 99&#45;101&#93;; <i>f)</i>, en ello se trasluce cierto prejuicio judeocristiano detr&aacute;s de la idea de la pareja mon&oacute;gama y la paternidad compartida, un constructo que s&oacute;lo elaborar&iacute;a aquel hom&iacute;nido capaz de categorizar las relaciones, reproducirlas y hacerlas aceptables dentro del grupo, y &eacute;se, &eacute;se es el hombre (y epistemol&oacute;gicamente no se puede demostrar la causa con el efecto).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La c&oacute;pula tiene su recompensa en s&iacute; misma y no existe evidencia de que se encuentre fuera de ella, como suponen que lo es el intercambio de alimentos por "favores" sexuales: flaco favor se hace a la sexualidad femenina y a su condici&oacute;n hist&oacute;rica (prostituta en sus or&iacute;genes y mucho m&aacute;s ac&aacute;), y grave sentencia se hace al macho humano, porque sus &uacute;nicas posibilidades de apareamiento ser&iacute;an dadas por sus habilidades como proveedor, como "comprador de favores"; y se omite algo, aunque este algo apareci&oacute; (en tanto que primero se elabor&oacute; y m&aacute;s tarde se pens&oacute;) milenios despu&eacute;s: los procesos de enamoramiento (m&aacute;s hormonal que racional y axiol&oacute;gico; m&aacute;s emocional que sentimental) y de amoramiento (construcci&oacute;n del amor) &#91;Alberoni 2004; Simone 2004; Casacuberta 2000; Evans 2002&#93;. Una idea similar, aunque con significativas variantes, deambula entre algunos intelectuales, sobre todo espa&ntilde;oles: las hembras, en el proceso evolutivo, seleccionaron machos cooperadores para aparearse con la finalidad de tener un aliado en el cuidado del cr&iacute;o y para que los ayudara a ambos (madre y cr&iacute;o) en la etapa del posparto, cuando la hembra est&aacute; menos capacitada para defenderse debido al desgaste natural del parto &#91;Rodr&iacute;guez 1999&#93;; <i>ergo</i>, el macho fue seleccionado por la hembra entre machos agresivos y ego&iacute;stas: prefiriendo a los machos mansos y cooperadores a los que a cambio recompens&oacute; con c&oacute;pulas, toda vez que ella es receptiva y &eacute;l siempre tiene deseos de apareamiento... &#161;flaca valoraci&oacute;n del papel de la mujer en la evoluci&oacute;n humana!</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Darwin para principiantes</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Todo esfuerzo de s&iacute;ntesis conlleva riesgos. Diez decidi&oacute; correrlos, lo que es elogiable. Uno de los riesgos puede ser la reducci&oacute;n, y en su obra hay un dejo reduccionista en relaci&oacute;n con las ideas generales del transformismo darwiniano, seg&uacute;n el cual, sobre la idea de cierta perspectiva malthusiana (sugiere Diez en su s&iacute;ntesis de la teor&iacute;a transformista en Darwin), el vallisoletano propone que el mayor peso &#151;o punto de arranque&#151; de la evoluci&oacute;n se encuentra en el crecimiento poblacional y la lucha entre las especies por bienes escasos &#91;Malthus 2010&#93;, como si el crecimiento poblacional de una especie estuviese condicionado s&oacute;lo por su &eacute;xito reproductivo, a saber:</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">(1) Llega un momento en que la poblaci&oacute;n de una especie dada es demasiado grande y los recursos del medio ambiente no son suficientes para mantener a todos sus individuos; (2) es inevitable que se inicie una competencia entre ellos por el acceso a esos recursos; (3) cada individuo es &uacute;nico y diferente a los dem&aacute;s, todos ellos cuentan con ventajas o desventajas en esa competici&oacute;n: s&oacute;lo aquellos que dispongan de los rasgos m&aacute;s ventajosos podr&aacute;n sobrevivir (&eacute;ste es el mecanismo que explica la "selecci&oacute;n natural"); y (4) los rasgos que han sido ventajosos en ese proceso se transmitir&aacute;n a la generaci&oacute;n siguiente &#91;Diez 2014: 26&#45;27&#93;.</font></p> 	</blockquote>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Lo cual implica que todo se debe a la superfecundidad de una especie que nunca alcanza una estabilidad num&eacute;rica y s&oacute;lo enfrenta un entorno de recursos limitados; tampoco hay espacio significativo para la recombinaci&oacute;n gen&eacute;tica, aunque s&iacute; para la heredabilidad de caracteres (reproducci&oacute;n diferencial); es decir, poco tiene que ver el entorno, y su lectura de Darwin es tan lineal que no deja nada de espacio al azar (creador), a la vez que endilga a Darwin la idea de que los fenotipos ventajosos &#151;ex aptados, dir&iacute;amos&#151; siempre se transmiten ineluctablemente (esa idea de que siempre se va de lo simple a lo complejo) y, por ende, el papel del genotipo es irrelevante &#91;Garc&iacute;a 2013&#93;. En tiempos del pensamiento complejo, el orden &#151;por lo general&#151; es sujeto de sospecha; adem&aacute;s, el espacio para la mutaci&oacute;n, el flujo g&eacute;nico, la recombinaci&oacute;n (mecanismos de variabilidad) y la selecci&oacute;n sexual (mecanismos de fijaci&oacute;n), ya perfilados por el brit&aacute;nico, est&aacute;n limitados o ausentes.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Malgr&eacute; tout, o las virtudes evidentes</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Ninguna obra es perfecta, afortunadamente para la ciencia, el deporte y el arte. La inerrancia s&oacute;lo es cuesti&oacute;n de teolog&iacute;a, por ello el esfuerzo de Diez es formidable: intenta poner orden entre diversas propuestas filogen&eacute;ticas que desembocan en el <i>H. Sapiens</i>, conciliar el evolucionismo con evidencias paleoantropol&iacute;ticas, paleontol&oacute;gicas, hist&oacute;ricas, anecd&oacute;ticas y prehist&oacute;ricas, y lo hace muy bien. Logr&oacute; confeccionar un libro que "se deja leer muy bien", aunque con alguna met&aacute;fora (carest&iacute;a, por escasez) desafortunada &#91;Diez 2014: 158&#93;, una tasaci&oacute;n generacional en lapsos de dos a&ntilde;os &#91;2014: 145&#93;, alg&uacute;n dejo lamarckiano o engelsiano,<sup><a href="#notas">1</a></sup> la idea del carro&ntilde;eo en la misma base&#45;hogar, sin usar el fuego para ahuyentar depredadores &#91;Diez 2014: 121&#93;, el contrato conyugal del <i>H. Ergaster</i>,<sup><a href="#notas">2</a></sup> o un descuido del corrector de estilo, lo que carece de importancia, ya que no tiene ning&uacute;n efecto en la calidad del escrito. En efecto, la mayor virtud del libro permanece: es conciso, amable con el lector, bien documentado y alejado de la petulancia cientificista; por ello, quienes pretendan profundizar en los procesos de hominizaci&oacute;n y humanizaci&oacute;n habr&aacute;n de encontrar en esta obra un auxiliar invaluable para emprender ese farragoso camino que nos ha llevado a ser &#151;a los seres humanos&#151; el &uacute;nico hom&iacute;nido sobreviviente en lo que, por lo que se sabe hasta el momento, es su &uacute;nico mundo posible.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Referencias</b></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Alberoni, Francesco 2004 <i>Enamoramiento y amor</i>. Gedisa. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531687&pid=S0185-1659201500020001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Casacuberta, David 2000 <i>&#191;Qu&eacute; es una emoci&oacute;n?</i> Cr&iacute;tica. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531689&pid=S0185-1659201500020001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Dunbar, Robin 2007 <i>La odisea de la humanidad. Una nueva historia de la evoluci&oacute;n del hombre</i>. Cr&iacute;tica. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531691&pid=S0185-1659201500020001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Engels, Federico 2005 <i>El papel del trabajo en la transformaci&oacute;n del mono en hombre</i>. Colof&oacute;n. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531693&pid=S0185-1659201500020001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Evans, Dylan 2002 <i>Emoci&oacute;n, la ciencia del sentimiento</i>. Taurus. Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531695&pid=S0185-1659201500020001600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Garc&iacute;a Leal, Ambrosio 2013 <i>El azar creador</i>. Tusquets. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531697&pid=S0185-1659201500020001600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Johanson, Donald y Maitland Edey 1993 <i>El primer antepasado del hombre</i>. RBA Editores. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531699&pid=S0185-1659201500020001600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Leakey, Richard y Roger Lewin 1994 <i>Nuestros or&iacute;genes.</i> <i>En busca de lo que nos hace humanos</i>. RBA Editores. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531701&pid=S0185-1659201500020001600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Malthus, Thomas Robert 2010 <i>Primer ensayo sobre la poblaci&oacute;n</i>. Minerva. Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531703&pid=S0185-1659201500020001600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Rodr&iacute;guez, Pepe 1999 <i>Dios naci&oacute; mujer</i>. Ediciones B. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531705&pid=S0185-1659201500020001600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sabater Pi, Jordi 1992 <i>El chimpanc&eacute; y los or&iacute;genes de la cultura</i>. Anthropos. Barcelona.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531707&pid=S0185-1659201500020001600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Simone, Andreae 2004 <i>Anatom&iacute;a del deseo</i>. RBA Editores. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531709&pid=S0185-1659201500020001600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">Topete Lara, Hilario 2006 <i>Protocultura en el traspatio</i>. Ponencia presentada en las Terceras Jornadas de Evoluci&oacute;n y Cultura. Escuela Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia. M&eacute;xico.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531711&pid=S0185-1659201500020001600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; 2008a Hominizaci&oacute;n, humanizaci&oacute;n, cultura. <i>Contribuciones desde Coatepec</i>, 15, julio&#45;diciembre: 127&#45;155.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531713&pid=S0185-1659201500020001600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <!-- ref --><p align="justify"><font face="verdana" size="2">&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45;&#45; 2008b T&uacute;neles del instinto y hominizaci&oacute;n. <i>Ciencia Ergo Sum</i>, 15, noviembre&#45;febrero: 333&#45;343.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2531715&pid=S0185-1659201500020001600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b><a name="notas" id="notas"></a>Notas</b></font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>1</sup> Literalmente, Diez dice: "hemos llevado a cabo una total reestructuraci&oacute;n de nuestro esqueleto y nuestros m&uacute;sculos para satisfacer las necesidades de la marcha erguida"; 'La necesidad crea al &oacute;rgano', escribir&iacute;a Engels" &#91;Diez 2014: 51; Engels 2005&#93;.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><sup>2</sup> El autor entrev&eacute; que, ante una infancia prolongada de los cr&iacute;os y la necesidad de cooperaci&oacute;n de los engendradores para garantizar la supervivencia del hijo, las hembras utilizaron el sexo como mecanismo de "retenci&oacute;n" del macho... &#161;Como si las hembras <i>ergaster</i> estuvieran enteradas del proceso de c&oacute;pula&#45;concepci&oacute;n&#45;embarazo&#45;parto, es decir, de la paternidad&#45;maternidad! &#91;Diez 2014: 133&#93;.</font></p>      ]]></body><back>
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